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Full text of "Manual de historia uruguaya"

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MANUAL DE HISTORIA ÜKUaUAYA 



EDUARDO ACE VEDO 



MANUAL DE 



HISTORIA URUGUAYA 



'v^ 



TOMO I 

(Abarca los tiempos heroicos» desde la conquista 

del territorio por los españoles, hasta 

la cruzada de los Treinta y Tres orientales) 



MONTEVIDEO 

IMP. "EL. SIOUO II.USTRADO' 

CAtLK SAN «OSÉ) 938 

1916 







1105982 




^^¿^/it^,^¿J^Geyc/A^ 







Hay das maneras de escribir un texlo de 
historia nacional. La primera, dando en- 
trada a muchos detalles que fatigan el ce- 
rebro, sin dejar sedimento alguno; y la se- 
gunda, sacrificando esos detalles para dar 
amplitud a la parte de hechos susceptibles 
de deterntinar orientaciones y de formar un 
criterio permanente en el alumno. 

He optado por la segunda, porque me pa- 
rece la más pedagógica y la que mejor res- 
ponde al decreto gubernativo de mayo del 
corriente año, (1916) cuando señala la necesi- 
dad de redactar una obra de historia nacional 
"adaptable a la vez a la enseñanza primaria 
y a la secundaria, como libro de lectura y 
temías de composición, en la primera, y 
como texto de clase en la segunda. . . repro- 
duciendo los hechos sustanciales así como 
los documentos de más resonancia, cuya lec- 
tura permita a las generaciones del presente 
vivir la vida del pasado y de esta manera 
fortificar el sentimiento nacionaV\ 



CAPITULO I 

I<A HISTORIA Bni, URUGUAY 

Í3U punto de arranque. 

La liisíoi-ia. del pueblo uruguayio lan-anea realmente de las inva- 
¿ioiies inglesas. 

Hasta el arribo del almirante Poipbam y idel general Beresford 
al Río de la Plata, Montevideo y los demás eentros de población 
uruguaya eran simples engranajes de una organización militar ae- 
riuinaiment'e esipañola, de la que estalban sistemiáticamente excluidos 
los criollos y todos sus intereses cívicos y eeomómicos. 

El esipañol procedenite de Espaüa era el dueño del gobierno, y 
sus intereses eran los únicos que se tomaban en cuenta- 

La vida oscura, casi claustral, de la población criolla, torna así 
la historia iprámitiva del Uruguay en historia exclusivamente espa- 
ñola, con personajes esipañales, únicos que se mueven en el escena- 
rio hasta la rendición de Buenos Aires a las tiro|pas inglesas). 

Durante los treseientos años que añedían centre la toma de pose- 
feáón ,por Soilís y la, reconquista de Buenos Aires, el Uruguay resul- 
ta entonces un trozo de España, sin 'historia ipropia, sin derechos y 
sin intereses 'projpios, iporque hasta la mismia vida econóimiica esta- 
ba subordinada a la ¡madre ipatria,, que todo lo cenítralizaba, teme- 
rosa de un antagonisirao de inteiieseis que ipudiera obstaculizar ila ab- 
soluta absorción y el absoluto aprovechamiento del Continente por 
sus conquistadores. 

Están, sin duda alguna, en el coloniaje los orígenes remotos, des- 
de que la estructura intelectual, moral y física del uruguayo surgi- 
do a la vida cívica en 1806, es eú resultado de una adaptación de la 
raza es|pañola al territorio conquistado a los eharrúas, y de una se- 
lección de tipos transmitida de padres a hijos ipor la ley de he- 
rencia. 



EDUARDO ACEVEDO 



El pueblo uruguayo surge a la vida con tres actos de 
gloria. 

Pt'ix) el L'rugnay, oomo oi^anismo .pix»pio, surge a la vida oon 
ocasión de la toiaa de Buenos Aires por 1(«9 inírleses, y desde ese 
mon lento para servir de ;riua al Río de la PJaía. 

Frente ail sometimieníto tranquilo y resignado de Buenos Aires, 
lt>s friollos de Montevideo se or?raniza.n militai'niente, confieren a 
su Gobernador Ruiz Huidobix) facultades (jue las instituciones re- 
servaban expresamente a la Corte de Madrid y, fuertes en su de- 
recho, cruzan el río, asaltan las «posiciones fortificadas y oblisran al 
ejército inglés a caipitular sin condiciones^ 

. Tal es el acta de nacimiento del pueblo uruguayo, acta de naci- 
miento de un pueblo gigante, que dieeipierta a Buenos Aires de la 
siesta colonial y iprovoca la destitución del Virrey Sobreraonte. 

En una se^nda etaipa de su desarrollo cívico, da el pueblo uru- 
guayo en 1808 el molde de las Juntas Gubernativas demoledoras 
del andamiaje eapañal. Repudiado al iprincipio en Buenos Aire^. 
oomo un invento diaibólieo, fué allí, sin embargo, donde tuvieron 
que fundir los proceres .de Mayo la fórmiiia revolucionaria de 1810. 

Conuplolando su obra, ipresenta luego el pivdblo uruguayo en las 
Instrucciones de 1813, el tipo iiiPinpei^le de oi-ganización institu- 
cional que habría de sennr de miniólo a la Argoníina y que aún hoy. 
a más de caen años de distancia, (x>ntiaúa siendo el eje de los niés 
nobles mo\Tmieintos de la \"ida cívica en todo el antiguo doroinio 
{•olonial . 

Necesidad de formar el sentimiento nacional. 

Se trata <le un desarrollo orgánico y pn^resivo, que convierte al 
Uruguay en admirable laboratorio de las nuevas nacionalidades, 
pero que a la vez lo condena a doloixjsos ¡«acrificiotí. bajo forma de 
incesantes guerras de exterminio de hombres y de absorción de te- 
iTÍt«n<*!, iniciadas i>or los misn^is •puel>los hermanos que más ha- 
brían de apiTovechar de «u ejemplo y de su inspulso orientador. 

La historia ipolítioa del Uruguay es fl« -más rica de todas las de 
las colonias españolas, hasta 1820 \por ilo míenos. Porque deepués 
de ese nño, en que Artigas desn\nareoe del escenario. emf)ieza un 
período, síílo inftcaTiunpido ipor la epo^peya de los Treinta y Tres, 
de disensiones que desamgnan y postran durante tres cuartos de si- 
glo, mientras los dontós países avanzan en yuiz a la soiiAra del mis- 
mo ipiYMrraima institucional que actúa ('<»nio factor de gnieira y d? 
ruinas iiTcjpflrables -p>ara el «pueblo qtie ío haWa incubado. 



HANUAL DE HISTORIA URUGUAYA 9 

Y hay que difundirla en las escuelas de nuestra población cosmo- 
polita, como medio de propender a la formación de un "sentimien- 
to nacional", a 'base de glorias absolutamente indiscutibles, o, lo 
que es lo mismio, de una herencia eomiún que nadie se atreva a re- 
pudiar, sean cuales fueren las actuales y futuras divergencias de cri- 
terio, entre calorados o blancos, liberales o católicos, individualistas 
o socialistas, nacidos en el país o extrainjeros vinculados a él por 
su familia o ipor sus intereses. 



CAPITULO II 



DESCUBRIMIENTO Y TOMA DE POSESIÓN DEI/ 

TERRITORIO URUGUAYO POR LOS ESPAÑOI^ES 



Exploraciones iniciales. 

Dos veces llegó Juan Díaz de Solís ail Río de la Plata: en 1512 
y en 1516. 

La primera, se detuvo a la altura de MiaJdo«iado, y fué recibido 
en forma amistosa por los charrúas, que eran los dueños del terri- 
torio. 

La s^iuida^ desembarcó ta.mbién en Maldouado, y reanudando su 
viaje costeó el Río dte la Plaita, al que bautizó oon él nombre de 
"^lar Dulce"; dio nombre a la Isla de Martín García, en recuerdo de 
uno de sus oomjpañeros de viaje allí fallecido; y tomó piosesión de 
la tien-a firme, a la altura de la Colonia. Esta ve/, los cimrrúas, 
veugrando, san duda alguna, ofeiiíws recibidas, atacaron a los oon- 
quii^taidores y dieron muerte en la pelea a Jua'ii Díaz de Solís. 

Cuatix> años ideepuós, una segunda ejqixxlición española, al man- 
do do Hernando de ^Magallanes, arribó al Río de la Pllata; bautiíó 
el Cerro con el nbmibi'e que tiene «lotualmente la capital del Uru- 
íTuay; y alejándose luego de nuestras costas, en dirección al extre- 
mo del Continente, descubrió el estrecho que Ueva el nomlbre del 
jefe de la exjpedioión. 

.'En 1527, una tercera expedición oE^pañola al roaindb de Sebastián 
Gaboto, construyó una fortaleza a orillas del río San Salvador, y 
extendiendo sus exploraciones al Parama an^ató a k>s indios de 
aquella rcirión una carga de plata, que provcaiía de otnis tierras, 
pero que asimismo dio livjrar a que el "Mar Dulce" de Solís recibie- 
ra la denominación actual de Río de la Plata. 

Loa charrúas. 

Etstaba ipoAiAado el territorio fürf Uruguay, al tiem]>o del descn- 
Vrímienfco, por diversas tribi» indígenas, destacándose ilos charrúas, 
que ocupaban todo el litoral del Océano, del Río de la Plata y del 



JíANüAL DE HISTORIA URUGUAYA 11 

a-ío Uruguay; lus ehamúírí, que ocuipaban las islas del río Negro; 
los yares, que cairocían de residencia fija; los guenoas, minuanes o 
charrúas áe Santa Fe, trii^ile denomiiniaeión que a.piliciaiban los es- 
pañolee a otras importantes tribus oorQipiíe:-itas, sieg'ún todos los in- 
dicios, de verdaderos idharrúas uruguayos que se balbían corrido a 
las márgenes del Paraná y que luego tuvieron que replegarse a su 
teri'itoi'io de origen ante la presión esipañola. 

'Los eharrúas figuralban a la cabeza de todas las demás naciones 
indígenas del T'^riiguay. Sus cualidades eran verd adera m.eote no- 
tables. 

Paseían en el más alto grado de desarroillo el esipíritu. de inde- 
pendencia y el amor a la tierra natal. Cairecáan de jefes, funcio- 
narios o maaidatarios ipermanentes, y sólo admitían la designación 
d'e swperiorei5 para una. tarea determinada o en míomientos de 
guen-a. 

El valor de los eharrúas jamás fué sxi(i3ierado, ni siquiera iguala- 
do en todo el amplio escenario primitivo del eon.tinente americano. 

Verdaderos valientes, jamás atacalban al hombre paicíftoo y eran 
humanitarios con eil vencido. 

Alimentában,se con iprodnetos de la caza y de la pesca. 

Su género de vida y el dilatado territorio que estaban obligados 
a recorrer y defender, les daba condiciones de agilidad y fortaleza 
que admiraban a los esipañoles. 

"Hoy aquí, miañana alHá — ^esciibe ell historiador Lozano— siemipre 
peregrinos y siefmpre en su patria, liaMándoise en todas partes para 
BU útil, y gozanido ide los frutogí del país, según las estaciones del 
año" . 

Luchas que sostienen con los españoles. 

Durante tres siglos laostuvieron la lueJia, una lucha brava a la 
que sólo ipiudo poner término ell conquistador español raediante el 
exterminio totail del vigoroso pueblo que defendía palmo a palmo 
su terri'torio, en eoindieiones de tenacidad y de heroísmo no supe- 
radas en la historia de Aimériea- 

Con la. expedición ide Selbastián Gaboto en 1527, ennpieza la to- 
ma efeeitiva de posesión del territorio uruguayo por los españoles. 

E,se euenpo expedicionario eonstruyó efectivamente un fuerte a 
orillas del río San Salivador, y organizó la exploración de la costa 
uruguaya. Pero los exploradores, que iban &\\ mando del eai}iitáfti 
Juan Alvarez Ramón, fueron derrotados ipor hís indios yaros, y el 
fuerte de San Salvador fué atacado y destruido .por ilos charrvias. 



12 EDUARDO ACEVEDO 

La gnaniición tuvo (jue reemlbaTcarse con (ic^^imo al Paraná, en te- 
rritorio argentino, y Gaboro volvió a España absolutamente decep- 
cionado . 

En 1535 arriibó ail Río de la l^ata la expotlición de don Pedro 
de Mendoza y los eapañoiles íomaron posesión de la re^ón que hoy 
ocupa Buenos Aires, habitada a la sazón por los indios querandíes. 
A raíz de una den\>ta infligida íi los indígenas, fundó allí don Pe- 
dro de Mendoza una cii>dad. Pero los querandíaü volvieron al ata- 
que, ayudadlos por los charrúas, y sitiaron e inoexidiai*on la pobla- 
ción, obligaiudio a sus habitantes a desaJojar esa zona que sólo pudo 
ser reconquistada en 1580 i[!(or don Juan de Garay, mediante 3a 
fundación definitiva de la ciudnd de Buenos Aires. 

Los eapañoles tuvieron, por efecto de ese desastre, que dirigirse nJ 
Paraguay, donde fundaron la Asunción, como asiento más tranquilo 
para el gobierno del Río de la Plata. 

Uno de los gobernajiíes de la Asunción, don Domingo ^lartínez 
de Irala, ordenó en 1552 al capitán don Juan Romero la fundación 
de un (pueblo en territorio uruguayo. De aaierdo con efia orden, 
Romero fundó ila ciudad de San Juan, aunque en coiuliciones muy 
precarias. Ix)s <iharrúas oibligaron, efectivamente, a los nue^'os co- 
lon<")s a reembal^Clarse con destino al Paraguay. 

En 1573 arribó al Río de la Plata y se situó a la altura de la 
Colonia otra fuerte e^qpedición española, al mando de don Juan Or- 
tiz de Z^irata 

•Los charrúas recibieron sin violencia a los e-xpedicionarios. Pero, 
las tendemdas de la qpooa se encargairon bien pronto de promover 
la ruptura de relaciones. 

TTn desertor español había buscado asilo en el <^annnlO charrúa, y 
Orliz de Zi'irato resolvió, por vía de ropresalia, la ajprensión de wi 
indígena. Los soldados encargados del eum!)>limiento de esa orden, 
arrestaron al sobrino del caudillo más iprestigioso de (los charrúas. 
Zapicáiu, que así «se llamiaiba el caudillo, consiguió al fin la libertad 
ffel prisionero, a caanbio de la entrega del desertor. Pero ya Jo.<í 
ánimos quedal)nji agi-iados y los charrúas en ipleno tren de luoha 
íKina la defensa de su territorio y la libertad de sus poWadores. 

El (plan de caroipaüa que se trazó Zaipioíln abarcaba la zona qno 
se extiende desde la Colonia, hasta las márgenes del Paraná, con el 
concui'so de otros caiidillos que re.«i|wndían a su influencia. 

En una primera batalla, salieron triunfantes los indí<rena«. Pero 
los eaT:>arvoIís recibieron refuerzos de Sa-n<a Fe, al maindo de Juan 
de Garay, y de Sam Vicente, cA mando de Melgarejo, y las condi- 
ciones de ía lucha cnmiilíiaron fundaimentalmcnte. 

Atacaron asimismo los charrúas al cuerpo exipedicíonario de Qa- 



MANUAL DE HISTORIA URUGUAYA 13 

ray en las rtuárgenes del San Salvador, lübilájidose oom tal motivo la 
más grande y saaigirienta batalla de la época. Todos los principa- 
les oaudillos indígenas, indluiso Zaipicán, fueron muertos por los 
españoles, y los charrúas abandonaron el eamipo en plena derrota. 

Como consecuencia del nuevo giro que tomaba la conquista, Or- 
tiz de Zára.te, que había buscado asilo en la isla de Martín G-arcía, se 
dirigió a las aniárgenes del San Salvador y fundó nna ciudad, que 
poco deapuéa era abandonada, bajo ía ipiresión de los indígenas, re- 
emiharcándose los ipobladores para la Asunción. 

Corresponden a este período algunos actos de crueldad que por 
primera vez atribuyen los tesitigos de la conquista a los charrúas, 
que ya hahían perdido a todos isus caudillos y que estaban bajo la 
presión de mía formidable derrota. 

Cerca de treinta años corrieron sin que los esipañoles volvieran 
a territorio uruguayo. En 1603, finaikniente, el Gro'bernador de la 
Asunción, Hernando Arias de Saavedra, resolvió dirigirse contra 
los charrúas, y así lo hizo al frente de un ejército de quinientos 
soldadas. 

Esta vez los charrúas salieron victoriosos. Todo el ejército espia- 
ñol quedó tendido en el campo de batalla, eseiaipando a duras penas 
el jefe esjpedicionario. 

A raíz de ese gran desastre, escriibió el Groibernador a la Corte de 
Esipaña un memoralbile oficio, en que decía quie era imiposible domi- 
nar el territorio uruguayo por la fuerza, y que entonces lo que 
convenía era ensayar la conquista de las almas, por medio de la 
prédica religiosa. 

En 1617 fué creada la Gobernación del Río de la Plata, con asien- 
to en Buenos Aires, segregiándose sus territorios del gobierno que 
.regía en la Asunción. 

El primer Goibernador ddl Río de la Plata, don Diego de Gón- 
gora, inició el plan de conquista paeífica prqpiuesto por Hernando 
Arias de Saavedra. 

De iese imipailso inicial resultó en 1634 la fundación del pueblo 
de Santo Domingo de Soriano, con ilos chañas de la Isla del Vizcaíno. 

Los charrúas recibieron sin violencia, a los misioneros y varios 
de sus caudillos consintieron en ir a Buenos Aires ipara saludar al 
Gobernador Góngora y a su sucesor don Francisco de Céspedes. 
Pero nada miás pudo conseguirse de su ardoroso espíritu de inde- 
pendencia y de su entrañable cariño a la tierra ide la que iban sien- 
do desalojados. 



14 EDUARDO ACEVEDO ' 

£1 exterminio de la raza. 

Poco tÍ€ímipo después de la fundación de la ciudad de Montevi- 
deo, fué asesinado un charrúa, y eso iinstó para provocar el alza- 
miento de todos los indígenas próxiinos a la plaza. 

Varias expediciones esipañolas salieron en su j^wxsecucdóu, pero 
fueran derrotada.s, con i>érdida de casi todos k» hombres de guerra 
de la naciente ciudad- 

"Quedó (la población, escribía uno de los funcionarios de la épo- 
ca, en la deterioi-idad que se deja suponer: llenas d» lamento las 
fannilias y sin reaneílios a tanta fataliidad"'. 

Algunos años más tarde, ante el anuncio de posibles disturbios 
en él campo die los indios minuanes, com'unioába el (Gobernador de 
Buenos Aires, don José de Andonaeguy, al Cabildo de Montevideo, 
que halbía dado órdenes al Comandante ^lilitar de la |})laza para 
que ''pasase a cudiillo" y "exterminase" a los rebeldes, como ya se 
lialbía luedio oon loe eJiarrúas de la jurisdicción de Santa Fe. 

Tja campaña que entonces se inició, tnvo mejor resultado que las 
auterioi'es. Tras niia larga persiecncióii, los charrúns fuei*on derro- 
tados y deshechos en las ntó-rgenes del Queguay. 

Otra camipaña igual'raente eficaz organizó el piñmer Crobernador 
de Montevideo, don José Joaquín de Viana, ante el amago de ailza- 
mien tos . 

Después de un sangriento comibate en laí^ márgenes del arroyo 
Taciiarí, los charrúas tuvieron que i^legarse al Norte del río Ne- 
gro, ya miiy ra'lead<>^ '>"• '^-- -"VM-mes bajas «sMfndns en Ins últimas 
batallas. 

En 1800 pi'ocuró <1 Virrey del Río de h\ Plata, maixiués de Avi- 
les, reducir a la obediencia a los reatos flotantes de charrúas y mi- 
nuanes. Y ante el fracaso de sus gestiones, oi-ganizó contra ellos 
una fuerte expe<lición militar aíl mando del capitán de blandengues, 
don Jorge Paehwo Cdballos, a quien los cronistas de .la época atri- 
buían la oostimalbi'e de enccrrai* a los prisioneros en cueros frescos, 
como uKodida de seguridad. 

Lá columna exipetlicionaria exterminó dos tolderías de charrúas 
ubicadas en el Arapoy Grande y en las Soipss y luego remató su 
obi*a en las márgenes del Taciiarerabó, donde est.iba el oarnipasncnío 
principal. 

Según el p;irl*j de I'iu?heco, dos miierttts eran .....u-.^ «,.;«. i'aé im- 
posible contarlos, y €3cii>licando la cansa del exterminio, agregaba 
que los chaiTÚas habían "peleado uno a uno y dos a dos con tanto 
eapíritu oormo si tuvieran a su lado un ejército"; y que "entre ellos 
no hubo quien .se quisiera rendir". 



MANUAL DE HISTORIA URUGUAYA 15 

M emipezar el siglo XIX ya no existían, pues, los primitivos due- 
ños dell territorio urug'uayo. Haibían caído ipor su espíritu de inde- 
pendenoia y su entrañable amor a la tierra. 

Si los estpañoles, en vez de ¡pretender iiedaiicários por la fuerza, los 
hubieran buscado como aliados, habrían ipodido oponer a la invasión 
portugniesa de Santa OaitaJina, del Río G-raande, de las Misiones, una 
barrera fonnidable, lilbrando luego ail tiempo la obra de fusión de 
razas encaminada a la desaparición definitiva de .la barbarie, obra 
tanto más fácil cuanto que todos los tes.tigos de la época están con- 
testes en reconocer las grandes condiciones del iuidígena uruguayo. 



CAPITULO III 

ABSORCIÓN T>n TJEíRRITORIOS POR 1,0S PORTUGUESAS 

Primitivos dominios españoles sobre el Atlántico. 

Las tierras eapaüoías <liel AtláiUioo lleguban liast» Canaaie<i, lo 
qiKí imiportai decir que Jas aotuailes fpiroWníias brasileñas deJ Paraná, 
Santa Catalina y Río Gi-ande del Sur, fonmalban (parte integraníe 
del territorio uruguayo, y scmrían lioy de asienío a una irran na- 
ción, oon base en Montevideo, sd la desidia de lo» conquistadores 
por un lado y la inagrotalble voracidad portuguesa, por otro, no hu- 
bieran separado territorios que estaban uiúdos jK>r la naturaleza y 
\)ov el títailo de la (primera ijK)sesión. 

Carecían de colonias y de fortificaciones, y eso explica la mara- 
villosa facilidad del avance .portugués. 

El mismo temtorio actual ded Uruguay, estuvo expuesto varias 
veces al zai^zo, y el zaiipazo se liaibría dado, desde un príticipio, 
si la proximidad ded pdigix> no hubiera deapertiulo el espíiilu gue- 
n*ero de las autoridades españolas que tenían asiento en Buenos 
Aires. 

Pimdación de la Colonia por los portugueses. 

En 1680, el Gobernador de Río de Janeiro, don Manuel Lobo, 
fundó la ciudad de la Colonia, frente a Buenos Aires, (j)ara n"^< -u 
rar el rao\'iimiento de avance hasta el puerto miamo dte ^louteviWc;». 
y a la vez explotar el eomercio de contrabando oon las poblaciones 
do] Río de la Plata, que estaíban aisladas del m^indo, sin poder ex- 
l>ortar sus frutos, ni tanupoco imiportar mercaderías extranjeras. 

iias nufomlades ef^iviñolas de Buenos Aii^es, reaccionando contra 
en Tnodorra, despacharon una exipedición militar a cargo de Vera 
M-ujioo, que cruzó el río y tomó por asalto la pdaza. Pero casi en 
seguida se encarsró la diploniacia de restituir la ipiresa a los portu- 
gueses, sin perjuicio de los derecJRW de las coronas de España y 
Portugal, que serían ventilados oport unamente. 



IMANüAL DE HISTORIA URUGUAYA 17 

Dueñc>s del terreno, los portuguieses se ipreociiiparoin de consoli- 
darlo, niediaiiíte un fuerte iinipulso oomereial que llegó a inspirar 
verdadei'o pavor al Cabildio de Buenos Aires. 

Véaise, efectivaimente, lo que decía esa ■eorporacióii al Rey de Es- 
paña, al pedir en dieiemibre de 1699 la desti'ueción de (la Colonia: 

"Crecerá de suerte la Colonia de San G-abriel que será en breve 
una de las mayores ip'obla dones de la Euroipa y de pequeña oenite- 
11a, no apagada en los principios, pasarla a rayo que encienda y de- 
vore toda la América, mayormente si como tiene tratado aquella 
Corona fortifica y se ajpodera de la Isla, de Maldonado, que está sita 
en la boca de este gran río". 

Las aiitorídades de Buenos Aires que liabían dejado y continuaban 
dejando perder todos los territorios que dan al Atlántico, sólo reac- 
ción aJbaii ante la vecindad del invasor. 

La diiplomacia portuguesa supo triunfar, sin emíbargo, de todas 
las resistencias. Eil tratado celebrado en 1681 por las coronas de 
España y Portugal, halbía restituido transitoriamente la Coionia a 
los usurpadores, mientras se arribaba a la discusión definitiva soibre 
límites . 

Pues bien : un segundo tratado celelbrado en 1701, se encargó de 
ratificar la restitución de una manera lisa y llaria, o sea sin suíbor- 
dinar el título a futuros delbates sobre límitesi. 

Felizmente para la integridad de(l dominio esfpañol, poco después 
se rompían las relaciones entre España y Portugal, y el Gobernador 
de Buenos Aires, Valdez Inclián, cruzaba el río con su ejército, po- 
nía sitio a la Colonia, y obligaba a los portugueses a emíbaiicarse 
para Río de Janeiro a principios de 1705. 

De nixev'o la. diplomaeia se encargó de inutijlizar el esfuerzo de 
las anmas y de restituir la Colonia a los portugueses, y otra vez el 
territorio uruguayo se convirtió en emiporio del contrabando, solbre 
lia ddble base de la compra de frutos de Buenos Aires y de la venta 
de mer<;aderías europeas trans^portadas por buques portugueses e 
ingleses princijpalmente. 

Eran tan tentadoras las ganancias, que el corsario francés Este- 
ban I\Toreau tomó tamlbién posesión de tierra iiruguaiya a la altura 
de Maldonado y de Castillos, ipara explotar el comercio de cueros, 
f-ibligando a.l Gobernador de Buenos Aires don Bruno Mauricio de 
Zabala, a desipaebar dos expediciones militares que desalojaron a 
los franceses y mataron a su jefe. 

Fundación de Montevideo. 

Asegurado el dominio de la Colonia por la dipilomaeia, trataron 
los iportugueses de ensanchar el radio sometido a su influencia. 

M, DK H. U.— 2 



13 EDUARDO ACEVEDO 

A fiu€s de 1723, arñbó a Montevideo una flota al maaido de Fi-ei- 
íñB Fonset-a, cumtpuesta de cuatro 'buques y de trescientos hombres? 
de desembarco. Los invasores bajaron a tierra; construyeron un 
parapeto que se hizo ipedazos por efecto de la salva real del 1.° ene- 
ro de 1724; y se linhieran adueñado dtel puerto, en la misma forma 
que de la Colonia, sin ila oportuna intervención del (lobemador de 
Buenos Aires. 

Zabala se ipuso en marolia al frente de un ejército que dcftñó pa- 
recer incontmiTestable, c«'>mo que ante mi simple llegada resolvie- 
ron los portuí^ueses abandonar el i-eíluclo tjue luvbían construido y 
emlbarcarse- 

Con el pixípósito de evitar anált^»as agredones, Zabala dio prin- 
cipio dte ejecución en el acto a un vasto plan de fortificiíciones, tra- 
zado por el iníjeniero don Domingo Petrarca, y se preoeisp^ de 
allegar pobladores a esa zona desierta- 
La Corte de España, íjue haibía. indicado varias voces la nece- 
sidad de fundar la ciudad de Monlevidieo, promietió el envío de cin- 
cuenta familias de Galicia y de las Isias Canarias, y ratificó un 
■ prograima de Zaíbala i>ara estimular a ot.r:»s tantas familias de Bue- 
nos Aires a cruzar cd río, con el halago de las siguientes conoesio- 
nes: declaTación de hijodalgos y dle noble linaje a favor de los 
pobladores y descendientes legítimos; p«í?o de gastos de viaje; re- 
parto de solares, chacras y estancias; rájalo de doscientas vacas y 
de cien ovejas a cada jwblador; ayuda de bi'azos y de materiales 
para la edificación de viviendas; distribución de semilla^" í-.>noH<v 
gratis, durante un año, de carne, yerba y tabaco. 

Fueron muy pocas las famiilias de Buenos Aires y de Eti^iia <iuc 
respoiulicron a esos estímulos. Pero con ellas quedó formado el núclot> 
de la ciudad de 1726. Sólo tres años después, Zabaila levantó el acta 
oficial de fundación de Montevideo y dot¿ a la nueva i"K>blación del 
Ayuntamiento encarado de su gobierno civil y administrativo. 

El primer Cabildo, que entró a actuar t^l I." de enero de 1730, 
estaba oonupuesto (iv>r los siguientes vecinos; José Vera Perdónalo. 
José Feí'nández Medina, Cristóbal Cayetano de Herrera, Juan Ca- 
nejo Sotío, procedentes todos cilios de las Islas Canarias ; y Ber- 
nardo Gaytán. ,Tosé GlonaáQez de Meló, Jor^je Burgués y .Juan An- 
tonio Artigas, procedentes de Buenos Airosv 

•Tal es el oiigen de la ciudad de Montevideo: una reacción contra 
la invasión portuguesa. Y vale la pena de destacar que entre los 
fundadores figura el abuelo del Jefe <le los Orientales, a título de 
contingento argentino. 

También b.-^bía bocho i-eiterada»; indiciuiones la Corte de España 
a fnvMi- .L. in futulnción <]o ""-i fíit.ii.i ..., ^r.,l.l.>n.l.^o. Poro Zabaüa^ 



MANUAL DE HISTORIA URUGUAYA 19 

después de estmliar personaknen.te aquellas eoetas, aeoiujpañado del 
ingeniea'o Petrai-ca., produjo un informe negativo, invocando Jas 
dificultades opuestas por los arenales y la falta de un puerto a.mjplio 
y abrigado. 

Prosigue la invasión portuguesa con el concurso español. 

Lt)s portugueses obtuvieron el desquite en otroisi puntos del terri- 
txttio aiDíbicionado . 

Tomaron posesión del Río Graaide y ensancharon su radio de in- 
fluencia en la Colonia. 

El Goibierno de Buenas Aires, que sólo adoptaba medidas ante 
la proximidad del ¡peiligro, dirigió una exipiedieión contra la Colonia 
en 173Ó; y halbría caído de nuevo la plaza, si la diplomacia no se 
hubiera encargado de con'certar un armisticio, a la esipera de me- 
joi"€(9 oiportunidades para dar la tarascada. 

AiTibaron;, finalmente, las Cortes de España y Portugal a x\n 
tratado de límites en 1750. De acuerdo con sus oláusvilas más inte- 
resantes del punto de vista uruguayo, ilos portugueses devolvían la 
Colonia del Sacra-miento, a cainibio de enormes oomipensa clones te- 
ra-itoriales, que arrancalban del dominio español] las zonas de Santa 
Catalina, Río Grande y Misiones orientales. 

Entre los indios de las Misiones ilevanitó enonne })olvareda el 
tratado. Los habitantes del ipaieblo de San Juan, escribían al Go- 
bernador de Buenos Aires : "Que así como los animales se hallan 
bien en su querencia y cuando tratan de echarlos acometen, ellos 
con miíá i'azón acometerían forzados contra, su voluntad'". Los del 
pueblo de San Luis, deelaraiban que "siendo aquella tienda donde 
halbíaai nacido, se halbían criado y 'bautizado, en ellla querían morir". 

Las poblacioues misioneras estaban constituidas ipor familias in- 
dígenas, reducidas a una vida sedentaria y de intensa actividad in- 
dustrial, que aseguraba ¡plenamente la efectividad del dominio es- 
pañol en extensos territorios. Por eso mismo interesaba su desi- 
trueción a los invasores, y a la obra se lanzaron con el concurso de 
los ípíTopios españoles. 

Un fuerte ejército eonupuesto de españoles y pK>rtugueses arras<S 
el núcileo de civilización allí constituido, ipasando a, la vez a sangre y 
fuego a buena ¡parie de sus colonos. 

Cuando la transferencia a Portugal parecía próxima a su fin, 
surgieron desavenencias lentre las Cortes de IMadrid y de Lisboa, y 
un nuevo tratado, el de 1761, anuló el pacto que acababa de dar 
lug>ar al exterminio de las Misiones, y devolvió al dominio español 
sus antiguos límites y lí^nla^ (VM Pía parte do AnT'rif-r'. 



20 EDUARDO ACEVEDO 

Los portugueses se adueñan del Rio Grande. 

Pci-o los poi-tuííiie&tó, lejos de devolver los enormes territorios 
que lia'bían ocuiiado en el Río Gmnde a la sombra ded tratado 
anulado, ■prosÍ4í:uieron y aseguraron su avance, mediante la oons- 
Irnceióii <le lia Fortaleza de Santa Teresa, sobre la zona de Mal- 
(.tonado . 

Rotas de nuevo las hostilidades entre España y Portugal, el 
general Ceballos, Gobernador die Buenos Aires, marohó el frente 
(le un ejército sobre la Colonia del Sacraouento ; dbdi^ a la guar- 
nición a capitular, y en seguida se dirigfió a Maildonado, donde tomó 
las fortalezas de Sania Teresa y San Miguel. 

Ese im(petuoso impulso i'«ivindicador quedó detenido poa* el tra- 
tado de 1763, que devolvió la Colonia a los portugueses y reconoció 
los dereolios de Eíipaña al Río Grande y fortalezas conquistadas. 

La invasión continuó, sin embaído, bajo í'omm de bandas de 
salteadores que se internaban por todas ^xiiies, ail imando de caudi- 
llos audaces, entix? los que sobreealía Pintos Bandeira. Y el Virrey 
V'crtiz se decidió, al íin, a nmrchar contra ellos en 1774, al frente 
de una exf>edición militar que limpió de invasores el territorio. 

Dos años despuési, tomaban su desquite los portugueses cou el 
asalto a Río Grande, cuya guarnición tuvo que replegarse al fuerte 
de, Santa Teresa en 1776. 

Habían llegado a su Imiite máximo los atiroipellos y la Corte 
de Madrid oreó, entonases, el Virreinato del Río de la Pfata, como 
medio de aumentar la aoción política y xuiUtar de estas regiones, 
que no jXKiían oontimuir i>or más tiemipo sometidas al Virrey del 
Perú. 

El prianer nombramiento de ViiTcy recayó en el gteneral don 
Pedro de Ceíballos, quien salió die Es^iaña ai frente de un ejército 
de nueve mil honilbixis; tomó tposceión, en 1777, de Santa Catalina 
y de la Colonia <lel Sacramento; y, cuando se dirigía a Maldonado, 
)>ara ensanchar su gran camjmña de reooiiquisla de territorios usur- 
pados, le sorprendió el tratado de Snn Ildefonso, ajustado a fines 
del mismo año 1777. 

•De acuerdo con el nuevo trata<lL>, qiioilabaii en poder de Ilspaña 
la Colonia del Sacra-miMito y Jas Misiones dol Uruguay, y |vis::han 
a los portugueses las (jirovincias de Santa C^vtalina y de Río Grande. 

Destrucción de la Colonia por los españoles. 

La Colonia carecía ya de importancia militar y económica. > por 
(NO los portugueses la aban^lonaban . 



•MANUAL DE }IISTORIA URUGUAYA 21 

El ViiTey Ceballos, en «'feeto, a naíz <1e su enti-ada ^aeífiea a la 
plaza, iprevia rendición de las tropas portug'aesas, había destruido 
las murallas y los baluartes y también tías edificios valiosos de los 
tres mil habitantes quie allí había, entre amos y esclavos. 

La ciudad había quedado convertida en un montón de escombros 
y la población haibía sido emlbarcadla con destino a Río de Janeiro 
y Buenos Aires. 

Y no satisfeciio eon la demiolieión general, había hecho arrojar 
los eseomforos a la canal del! río, eon el iprojmsito de que "los por- 
tugueses no apetecieran mlás e^a 'plaaa, y ai:n cuando las poieneias 
garantes la reclamasen, no pudiera servirles jpara nada*". 

La conquista de las Misiones orientales. 

En cuanto a las ^Misiones orientales, ya se encargarían los portu- 
gueses de conquistarlas a la somlbra del incurable abandono de Jas 
auftoridades españolas y ¡diel indefinido aphi7.amiento de la demar- 
cación de límites sobre el terreno. Y así lo hicieron . 

Emtpezaron por correrse en 1798 hasta la Lag-una Merim, \'io- 
lando de un 'mioido descarado el tratado de límites. 

Y en 1801, pretextando 'eil estado de gueiTa entre las coronas de 
Esipaña y Portugal, pero realmente desipués que el esíAd'o de gue- 
rra había terminado, prosiguieron su a.vanoe en totla la extensa 
línea fronteriza y se posesionaron ¡para sieimipi-e de las Misiones 
uruguayas, comipiuestas, a ila sazón, de eatoree mil almas, y de un 
territorio de cuarenta leguas de ancho por cien leguas de fondo. 

La conquista portuguesa se verificó por una partida de cuarenta 
hombres al mando del soldado Canto, que marchaiba sin insignias 
militares, y que al amipairo de su disfraz dbtxivo fláeilmente la ca- 
pitulaeión de la ipequeña guardia allí destacada al mando de Fran- 
cisco Rodrigo . 

En formia más violenta tuvo que realizarse el avance portugués 
en el resto de la línea divisoiia eon el territorio uruguayo. Las 
fuerzas españolas, afinque inferiores en númei'o, opusieron resis- 
tencia, esipeeialmiente en Cen'o Lairgo, dánidose con. elilo el espec- 
táculo de la lucha armada, y de la a'bsoreión do territorios en pleno 
proceso de deraiarcaedón de límites! 

Artigas y Rondeau contra los portugueses. 

Durante esta etapa de la conquista surgen en el e«ieena.rio Artigas 
y Ron deán. 

A Rondeau tocó el honor de la .ion:ada contra una fuerza portu- 



22 " EDUARDO ACEVEDÍ) 

sruesa <jue al mando de Francisco Barreto traspuso la frontera &a 
1804. 

La Corte de Eapaña aplaudió ese acto niiilitar, censurando a la 
voz la desidia del Virreinato. 

Los jwi-tugueses, de<úa el Re>' a su delegado de Bueno» Aires, 
no contestan los i'eclamos y. en consecuencia, lo que eoiTespoiide 
ce que las fuerzas españolas ¡penetren en el territorio que dios 
detentan y readquiei'an lo que se ha perdido g>or la fuerza o la 
inacción, de suerte que las quejas en \iez do nmiir .1.. <>s;t,. v,,l.», 
jvartan del otro. 

Prevenía la Corte que no debía aplazai-se ijxjr miu> tiempo la lor- 
niación de poblaciones en la frontera, único medio, a<rrc,ir»ba, de 
im{)edir que cointinuarau invadiendo los iwrtugueses en plena paz. 

Estos trabajos de colonización fronteriza babía-n sido iniciados 
en añas anteñores, aisladamente, 'bajo la dirección /i>ersona(l y di- 
recta del gi'an naturalista don Félix de Azara. El Virrey Aviles, 
al aceip<t»ar el ]>lan de colonización ideado }>or Azara, jiuso al ser- 
vicio del insigne explorador al ayudante Joáé Artigas y al tenientie 
(razoón, con la manifestación de que ambos reunían las cualidades 
iieecsarias i>ara ol desernipcño de la delicada tarea. 

Pronto se pei-snadió Azara de que sin \a ayuda de fueiv.as suti- 
cientes era imjxisible la colonización de la frontera. El hecho es 
que & fines áe> 1801, dio órdenes a Artigas de retirarse de ía guar- 
dia de Baíoví y diiñírii-se a Montevideo. El futuro Jefe de los 
Orientaíes. aunque sufnendo ya la presión de la ola. invasora. trató 
de iManlenersíe todavía en sus posiciones; pero el C^omandanto de 
Batoví, don Félix Gtómez, traicionó los iatei^eses confiad r»s a su celo, 
y entoiíces Ai-tigas tuvo que retrogradar hasta Cerro 1-argo a la 
eaptera de los nconterámienios. 

Por qué los españoles perdían sus territorios. 

Hemos visto que la fundación de Montevideo constituye un inci- 
dente de la lucha contra ila invasión portiigticsu Y es interesante 
agregar, que una de las «primeras preocupaciones de sus autoridades 
fué la de iiufr^ir <inc a la soniilira de alianzas de fiunilia, llegara 
<>1 invasor a aj>oderarí>e de estas regiones del Píata. Al dirigirse don 
Bruno ¡Mauricio de Zabala al Cabü'do de ISIontevideo, con ocasión 
de la renovación de sus miemibroe, le deooostra^a la necesidad de 
impedir la entrada de portugueses y de i)r<>hibir casamientos con 
ellos, previniénd<»lo que si alguna nnijer violase la prohibición, 
la niatvdara presa a Buenos Aires, aunque el casamiento se hulbiera 
va í'iii'.^iMrindo. 



'MANUAL DE HISTORIA URUGUAYA 23 

Pero, a despeolio de todas las dificuiltades, los portugueses jamás 
.retrogradaban en su vasto ip.lau de aibsoreión. Ellos, aunque infe- 
riores del ipunto de vista militar, colonizaban las regiones invadidas, 
en tanto que los españoles se contentaban con destacar expediciones 
victoriosas siemjpTe, ipiero que al retornar a Buenos Aires volvían a 
dejar abandonado el campo a los vencidos, quienes reanudaban 
entonces su obra con nuevos elementots de pobilaeión y de conquista. 
En la guerra, eran derrotados; pero en la paz, se desquitaban de 
sus contrastes. 

Las invasiones de 1811 y de 1816. 

Instalada la Junta Revolucionaria de Mayo e ins.urreocionada 
toda la campaña uruguaya, quedó Montevideo como único baluarte 
de la dominación española, y a la plaza de Montevideo se dirigió 
la diiplomacia ¡portuguesa con el ofrecimiento de un ejército, que 
fué aceptado, y que traspuso la frontei'a al mando del general Souza 
en jiulio de 1811. Feíizmente para las libertades del Río de la 
Plata, Artigas opuso una resistencia fomiidable al ejército de Sou- 
za, y así los trabajos de conquista violenta, como los de creación 
de una monarquía indep en diente, fracasaron. 

E-n 1816, la diplomacia argentina se puso de acuerdo con la di- 
13lomaeia portuguesa, y de esie acuerdo surgió la conquista del terri- 
torio uniguayo, desipués de cuatro años de lucha gigantesca, que los 
Treinta y Tres orientailes se encai'garon de reanudar más tade. 

Absorción y reconstitución de territorios por factores econó- 
micos. 

Fuera de esitos dos actos finales de carácter militar y de algaina 
que otra tentativa de lucha dentro de los murois de la Colonia del 
Sacramento, todas las demás etapas de la conquista portuguesa en 
los territorios del Paraná, Santa Catalina, Río Grande y Misiones, 
traducen sim^ples avances en teiTÍtorios no colonizados, 

Y si es así como han |p.asado ilas cosas, si son los intereses eco- 
nómicos más que los multares los que explican estas enormes mu- 
tilaciones territoriales, bien podría el Urugaiay halagarse con la 
persfpeetiva de una reorganización de fronteras que sus hijos obten- 
■drían por el crecimiento de ¡su población, por el desarrollo de sus 
industrias, por la influencia civilizadora de sus leyes, .por la acción 
de sns organismos económicos, por In energía de sus capitales, por 
ía ropercusión de sus instituciones de enseñanza. 



CAPITULO IV 

nit MBDIO AMBIENTE DEI, PUEBLO URUGUAYO 

Tres siglos se intei]poneu entre el d^esoubriuiieiUo del territorio 
urug^uayo, bautizado con la sangre de Solís en 1516, y la «'oiiqnisia 
portuguesa de 1816. 

Y tres siíjlos d« rudos e incesantes «'ombates sostenidos iK)r <?sjpa- 
ñojes, portugueses y dhannias, en que cada uno de estos elementos 
etílicos trata de exterminar a los otros y no ij>ide ni da cuartel. 

A las ¡iiohas vei"dadera«iente militareí*, a las Ijatallas y combate» 
en que intervienen, de uno y otro lado, fueraas tnás o menos orpi- 
nizadas, se agrega en ^1 curso de los tres siglos otro fac<or m¿s: 
el bandolerismo i>ortugm>s, bajo Ja t'onna de jrruijxvs de a.-esinos y 
ladJ?ones, que se internan 'periódicaraiente en el ten-itorio español 
abandonado, para matar al poblador pacífico, saquear haciendas 
Iwavías, y, de vez en cuando, establoetH* un baluarte jiara iucJiar 
contra lias fuei'zas regulare? y fundar, de paso, títuUw para la con- 
quista definitiva-. 

Tal es el medio ainlbiente de formnción del pu«A)lo uruguayo. 
Y de ese medio aanbiente tenía que resultar, ««no efectivamente 
resaltó, un elemento étnico lleno de virilidatl, lleno de patriotismo, 
deflborda.nte de energíns, preparado (pjira todas las luchas de la vida. 
y con aptitudes para trazar rumlxis n !od<v-í ! '^ dom:'i< !ii;<>hU><; <]o 
la América española. 



CAPITULO V 

I/A ADMINISTRACIÓN URUGUAYA 

DURANTE BI. COI.ONIAJ]e 

Diversas autoridades coloniales. 

Los pueblos de la América esipañola estaban regidos durante el 
coiloniaje ipor autoi-idades que residían en España y por autorida- 
des que residían en Aonórica, 

Residían en Espafia, el Rey, cuyas facultades eran ilimitadas; 
el Consejo Real de Indias, que realmente ejercía el gobierno supe- 
rior de los ,pue)blos de Amiérica, ;por dielegación del Rey; la Casa 
de Contratación de las Indias, que se ocupaiba de todo lo relativo 
ail comercio entre España y América; y el Consulado de Indias, 
verdadero tribunal encargado de resolver algnmas de las cuestiones 
a que daba lugar ese mismo comercio. 

Residían en América, el Virrey, que era el representante del 
Rey; la Audiencia Real, que tenía a su cargo la adiministración 
suiperior de justicia; los Intendentes y Grobernadores ; el Consulado, 
que era el trilbunal encargado de resolver los ipleitos comercia'les ; los 
Cabildos, que adiministraiban todos los demJás intereses loealesi. 

Los Cabildos. 

Sólo dos de esas autoridades tenían origen ¡popular: el Consulado 
y el Cabildo. 

El Consullado era elegido anualmente -por los eomlerei antes que 
hacían el tráfico entre la miadre ipatria y las colonias, pero tanto 
los electores como los elegidos debían ser iet?ipañoles. 

El Cabildo era organizado generalmente por el Cabildo anterior. 
Forma exceipción honrosa €(1 de Montevideo, que en tres épocas 
memorables fué elegido directamente por el pueblo. Sus miembros 
podían ser españoles o americanos. 

Tanto por su origen, como por su composición, la institución de 



26 " EDUARDO ACEVEDO 

los Cabildos era durank* el coloniaje la única verdaderamente po- 
pular, y en torno de ella se agrupaban invariabdemente los criollos 
l>ara robustecer su autoridad. 

Componíase el Cabildo de seis a doce individuos, según la im- 
portancia de la localidad. Sus miembros debían ser vecinos del 
lugar, y ipor eso cada ciudad o población tenía Cabildo propio. 

Su ipn^i-ama de trabajo abarcaba, entre otras cosas, la adminis- 
tración de justicia en materia civil y criminal, la policía, la salu- 
bridad, la vialidad, la defensa de menores. 

Cada miembro se ocupaba, generalmente, de ima tarea determi- 
nada. Así los Alcaldes de 1." y de 2.° voto, administraban justicia; 
el Alcalde de Hermandad entendía en los delitos cometidos fuera 
«le las poblaciones; el Juez de Policía, tenía a su cargo el maute- 
nimieuto dol orden ipúblieo y la limpieza de la población; el Síndico 
Pn»curador asumía la defensa de los intereses del Fisco; los De- 
f('iisort« de menoies y de 'pobres, tenían la representación de lt>s 
que i)or su escasa edad o falta de ixícunios no ijKhiían defenderse 

De vez en cuando, el Rey ' concedía el cargo de capitular vita- 
Jicio, como un honor a grandes servicios; y de vez en cuando, tam- 
bién, el cargo de cabildante era sacado a rema-te y adjudicado por 
largos años al que ofrecía una suma de dinero a las autoridades 
españolas. Pero eran excepciones. La masa de los Caibildos man- 
tuvo siempre su tradición jjopular, y basta era de íey, no acatada 
jx)r cierto, que los agentes del Rey se abstuvieran de toda coacción 
o influencia sobre los electores de cabildantes. 

I^as 866101109 de los Cabildos se realizaban, iK>r regla general, 
con la sola concurrencia de los capitulares. A veces, sin embargo, por 
iniciativa d«il mismo Cal)ildo, o de acuerdo oon el pedido directo 
del pneíblo. tenían lugar sesiones públicas, en Ins que hacían oir su 
■jtalabra los delegados del vecindario. 

Ksas sesiones i>úlblicas recibían la deiiouiiiiación de ''ChbildioS 
abiertos". Y en ellas se resolvían casi siemijire cuestiones de inte- 
rés generail para todos los vecinos. En realidad, el pueblo mismo 
asumía el gobierno en el cabildo abierto, y ya veremos al pueblo 
uruguayo dando en esa forma los nv'is grandes giasos instituciona- 
les de la época. 

El Cabildo de Montevideo y los Comandantes Militares. 

■Kl primer Cabildo de Montevideo fué nombrado el 1." de enero 
de 1730, por don Bruno Maiirioio de Zabala. Gofbernador del Río 
de la Plata. 

No fueron tranquilos sus comienzos. Dos de los capitulares resul- 



MANUAL DE HISTORIA URUGUAYA 27 

íaron expuilsados por sus colegas y, a consecuencia de ello, tuvo que 
protestar el Gobernador Zabala contra "los lances escandalosos con que 
el ibuUicioso genio y poco celo" de los propios funcionarios alteraba 
"la paz que con tan rqpetidais exipresiones" había reeomendado a 
todo el vecindario, 

A otras luchas itíás graves y permanentes daban oiúgen los cons- 
tantes rozamientos entre el Cabildo y los Coonandanteis Militares o 
Grobernadores que desconocían «u autonomía o «trababan su progra- 
ma de amiplia vitalidad nacional. 

En €|1 curso de uno de esos ineident-es, el Goibernador de Buenos 
Aires, don Miguel de Salcedo, destituyó al Alcalde de 2.° voto; 
quitó al Cabildo la facultad de reunirse sin previa aiutorizaeión del 
jefe de la troipa, y dispuso que el eajpitular destituido- pi'obase 
diversas acusaciones que había dirigido a un oficial, bajo aipercibi- 
miento de prisión y emíbargo de 'bienes, "para que de este m.odo 
(decía) sepa tener resipeto a la, milicia y cabos principales, como 
que estáb ahí representando a mi persona". 

Cada día resultaban máis tirantes la® relaciones, y al fin, el 
Cabildo resolvió comisionar a uno de sus miembros, don Juan de 
Achuearro, para que se trasladase a Buenos Aires e impusiera al 
Gobernador de toda la gravedad de la situación. El comisionado 
presentó un memoiñal en que solicitaba: 

"Que al Comandante que es, y los que se sucediesen en el comian- 
do militar de la ¡plaza, no se entrometan ni mezclen en el gobierno 
político y administración de justicia de esta ciudad, coimo hasta 
aquí lo han practicado, sin que se les haya concedido jurisdiceióu 
por el Rey nuestro Señor, ni otro tribunal a quien competa". 

Precisando miás sus anhelos, ipidió luego el Cabildo al Gobenador 
estas tres cosas: 

Que se deslindase la jui-isdiceión civil de la (militar; que los 
Diilitares no tuvieran tiendas ni puliperías en la ciudad; que fueran 
ex)>ulsados del puefblo los extranjeros. 

Pero los conflictos continuaban, y entonces resolvió el Cabildo 
dirigir un memorial a la Corte de Madrid con el siguiente capítulo 
de cargos : 

Que al vecindario y sus autoridades civiles eran ajados y menos- 
preciados por el Comandante de la guarnicióu y subalternos; que 
los militar&s monopolizaban el oomiercio de la ciudad y eran, en 
realidad, los únicos mercaderes en ejercicio; que los mismos mili- 
tares se habían adueñado de los mejores solantes de la ciudad, y 
ocuipaban grandes superficies, gracias a ila ayuda del Gobernador 
de Buenos Aires y el Comandante de la püaza; que el obispo de 
Buenos Aires cobralba indebidamente diezmos a Montevideo. 

Mientras el memorial seguía su trámite en Madrid, projpuso el 



28 KDÜARDO ACEVEnO 

i atJiíiU) ai > .;K)f nia(i;ii" iic liiiouos Aiix-ís el iiuiiun-;iiiuoiuo tio un 
"Teniente del Rey", funcionario que ya tenían oti-as ciudades del 
Río de la Plata, ",para que manejara y íjobernara lo «político, a 
fin de evitar y c<>i*íar las conupetencias v disturhit^s hik» 1;.i li:;hi(li> 
entre el Cabildo y el Conaandante". 

Tratábnse de un lp.«:ai*teniente del (i<ViHnMia(i(>i-, jiori) sm mando 
de fuerzas, y que, ipor lo mismo, podría actuar entre el Coman- 
dante de la guarnición y el Cabildo, 

Fué aceptada la idea y nocabrado ipara al nuevo empleo don 
Juan de AcJiucarro. Pero el Cabildo soetaivo su derecho a ser 
oído y consultado antes de la desiírnación, dando lugar con ello a 
una. Tí^pliea del Gol>enia<lor Andonaegui. que oen-aba el debate en 
forma agresiva: 

"Y así inmediatamente vista ésta, sin r^i>lica alguna, pondi-á en 
posesión a don Juan de Aehuearro en el empleo de tal Teniente 
General, dando lias fianzas acostumbradas, y en su defecto sabré 
volver por la autoridad que la .piedad del Rey se ha di<r!iado con- 
ferirme, para cuyo efecto tengo dadas al Comandante de esa plaza 
las órdenes convenientes". 

Creación de la Gobernación de Montevideo. 

L;i Corte de Madrid decretó en 1749 la creación del cargo de 
Gobernador de Montendeo. 

En los diez y nueve años transcurridos desde la fundación oficial 
de la ciudad, en 1730, habían ¡ictuado como Coinai>dantes Militares 
de la }T(laza don Francisco A. de í-^imos. don Francisco do Cárdenas, 
don N. Carbfljal, don Fructuoso de Pnlafox, don Alfonso de la 
Vega, don JotȎ de Arce y Soria, don Francisco Lobato, don Do- 
mingo Santos de Uriarte y don Francisco Gorriti; todos ellos bajo 
la dependencia directa del Gobernador de Buenos Aires. 

Ija creación del empleo de Gobernador, constituía una viva as^- 
ración del pueblo de ^íonte\'idoo y de sus auioñdados civiles y 
da^a, a la vez, ila medida de la imiportancia que ya había adquirido 
el Uruguay. 

Los Gobernadores de Montevideo y el Cabildo. 

K] primer Gobernador de Montevideo fué el coronel don José 
Joaquín de Viana. Aunque nombrado d¡r<M*tí'riente por la Corte 
de Madrid, qne<la'ba subordinado al Gobierno de Buenos Aires en 
todos los asuntos militares, económicos y políticos de imiportancia. 

Entrtí a desempeñar su empleo a principios del aüo 1751, y no 



MANUAL DE HISTORIA URUGUAYA 29 

t-e lüostró más respetuoso de los fueros del Caibildo que los (Jober- 
uadores de Buenos Aires y sr.s delegados los Comandantes Milita- 
res de la i)Iaza. 

Lo demuestra el incidente surgido con motivo de la designación 
<le don Pedro León de Romero y Soto .para el cargo de Teniente 
General. Las leyes exigían la presentación de flanza y el acuerdo 
ÚG la Keal Audiencia, y el Cabildo reclamó el eum,plimiento de 
ambas formalidades. No ipudo ser más insultante la répüea del 
Gobernador Viana, Después de echar en cara a los oaíbáldantes 
•í-iue no saibían leer ni escribir, en su mayor número, les decía : 

"Fuera mejor que todo el quie tal cueir)po capitular no hubiere, 
porque de esta creación recibe tantos perjuicios el vecindario, así 
en los que son electos 'para mandar, como en e|l mayor cueipio que 
queda a 'obedecer; ipues la primera parte, o bien se ha de extraer 
al ejercicio de buscar sus vidas en el manejo de sus pulperías y 
tabernas, o ibien con indecencia tan fea han de seguir su adminis- 
tración con desdoro del común aprecio de su dignidad, que a la 
vista del vulgo des provoca a despreciar el mandato." 

Terminaba el Gobernador anunciando que en caso de resistencia 
a sus órdenes, adoptaría las "medidas convenientes ^para la correc- 
ción y castigo" y advertía, de paso, que ya había arrestado por 
análogo delito a uno de los caipitulares . 

Aparte de este ineidonte, en que el sable continuaba alzado con- 
tra la eanporación que representaba al pueblo, es lo cierto que el 
coronel Viana se ocupó intensamente del fomento del Uruguay y 
que, gracias a ello, la población de j'\iontevideo, que no afcanzalba 
a un mililar de almas, (pudo duplicarse bajo su gobierno y encon- 
trarse bien alojada y provista de subsistencias en 230 casas, un 
centenar de chacras de la'branza y 140 estancias, con ganado vacu- 
no, yeguarizo y lanar en abundancia. 

La administración de Viana se extiende de 1751 a 1764. 

A su reemiplazante el coronel don Agustín de la Rosa le concedió 
la Corte facultades más amplias, y de ellas se valió el nuevo Go- 
bernador para prosegmr la lucha contra la coiporación popular. 

Deseando formar nn Cabiildo que le obedeciera ciegamente, pro- 
puso en 1771 a varios caipitulaix^ una lista que él mismo había 
redactado; y para asegurar el triunfo, concurrió a la sala eaipd- 
tular el día de la elección al frente de tropa armada. No obtuvo 
el i'esultado que deseaba, y entonces ,pa'omovió un altercado, soste- 
niendo (ine los caipitullares no podían iser reelectos: y agriándose los 
diálogos, arrestó a todos los iniiemibros del Cabildo- Ante ese acto 
de violencia, el Gobierno de Buenos Aii-es separó a de la Rosa y puso, 
interinamente, en su lugar a don José Joaquín de Viana. 

A los culatazos, se agregaba la resonante venta de eirupleos de 



30- EDUARDO ACEVEDO 

justicia por el Tribunal de la Reíul Hacienda de Buenos Airee, 
El oficio de Alguacil Mayor del Cabildo de Montevideo, fué así 
sacado a remate en 1771, y adjudicado a don Ramón de Cáeeres, 
mediante el precio de 1,500 pesos. 

La administración de don Agustín de la Hosa se extiende de 
1764 a 1771. 

Su continuador interino, Viana, fué reemplazado por el teniente 
coronel don Joaquín deil Pino, quien tampoco hizo buenas migas 
con el Cabildo. 

Durante su administración, que corre de 1773 a 1790, tuvo Jugar 
un incidente muy ruidoso entre las dos autoridades de ^lontevideo. 

El Gobernador sostuvo la tesis de que los Alcaldes de 1." y 2.<* 
voto debían darle conocimiento de las causas que subieran para sen- 
tencia, a lin de que él iproveyora lo que debía liac*>rse, sin cuyo 
requisito consideraba menoscabada su autoridad. Y como los Al- 
caldes .sostuvieran lo contrario, el Virrey Vertiz, que se encontraba 
accidentalmente en Montevideo, decretó el arresto de los dos capi- 
tulares . 

La Corte de Madrid, ante la cual apeló el Ca/bildo, dio la razón 
a los Ailcaldes y ajplioó una multa al Qolbernador por abuso de 
autoridad . 

A don Joaquín del Pino sucedió el brigadier don Antonio 01a- 
guer Feliú, cuya administración se extiende de 1790 a 1797. 

El nuevo Grobernador acentuó el menosip recio por el Cabildo. 
En un pinmer incidente protestó contra la reeleceión del Alcalde 
de l.er voto, y habiendo sido confinnada su protesta t>or el Virrey 
de Buen<»s Aies, .reunió a lia corporación y. bajo la. presión de la 
soldadesca, arrancó el non>bram¡ento de otro Alcalde. En un se- 
g^mdo incidente, vetó la elección de do< --Miiituinros y reanudó el 
empleo de los medios de fuerza. 

La representación poqjular del Cabildo M-^uía mermando a la 
vez (por la creciente venta de oficios. Eli eanijiJeo de Alcalde pro- 
vincial fué rematatlo y adjudicado a don Juan Antonio Bustillos 
por el precio de 7,300 ipesos. 

Ocupó luego la gobernación el general don José de Bustamante 
y GueiTO., cuya administración corre de 1797 a 1804. 

Siguiendo la tradición, no se mostró más respetuoso oon el Ca- 
bildo. Exigió que en los días de besamanos, los cabildantes de- 
positaran lias varas de -mando detrás de la puerta de su despacho, 
procurando con ello humillar a la autoridad popular. 

Ijo reemplazó el brigadier don Pascual Ruiz Huidobro, hasta la 
oonqnista de la nlaza do l\To!if<>vídívi mor lo.-; íivjIc-ís. en febrero 
de 1807. 

•Cuando ios ini^lcscs dosniojanm la iu¡i/.a <'n .-¿«'{hk-üiím <• del masmo 



MANUAL DE HISTORIA URUGUAYA 31 

año, entró a desemipieñar la gobernación el coronel don Francisco 
Javier de Elío, por encoiitrai-se Riüz Hmdobvo en Inglaterra, como 
prisionero de guerra. 

Durante estas dos últimas administraciones, el Caibildo de Mon- 
tevideo, saliendo del rango subalterno a que lo habían relegado los 
primeros Gobernadores, asume reail y ampliamente el ejercicio de 
la soberanía potpular, y se pone a la c-abeza del movimiento que da 
por resultado la independencia de todo el Río de la Plata. 



CAPITULO VI 
I.A política económica d]si< coloniaje 

Ideas de la época. 

Los piidblos de Aímérica d«bían ser tributarios de las fábricas de 
España, como inedio de imi>©dir que el oro y la plata de siis mina* 
pasaran a manos de los extranjeros. Taiapoco deibían tener indus- 
trias propias, porque alias podían rebajar la imiportancia de la pro- 
ducción española. 

''Yo entiendo (decía uno de los prqpa^ndistas de esas ideas al 
Rey Felipe III) que esta opinión que se debe comerciar con ex- 
tranjeros, (para que así abunde el reino en mercadería.s, es arbitrio 
del mismo demonio, que tiene «puesto entre los que la sustentan 
para desfruir un rciiu» que Dios li:i nuuiti'iiiilo tjín católici) y cris- 
tiano" . 

"En los tratos («iifia un j;rupo do coim'n-iaiitt's :ii nnMuirea es- 
pañol), cuando no son de gnínero a {jénero, sino de frénero a mone- 
da de poso y valor intrínseco, siemipre pierde el que recibe y com- 
it>ra, porque éste se (|ueda oími la ropa que el tiem.po consume, y 
el otro con la «plata y oro que nunca se acaba'*. 

Toda la política económica de la ^poca está concentrada en esas 
proposiciones famosas: impedir la entrada de hotnbres y de mer- 
caderías extranjeros en AonóricA; procurar que el oro y la (¡ilata 
de las minas de América quediM-^- '••• Kspnña y perpetuamente en 
manos de (los ee^pañoles. 

Las colonias debían 'permanticer aisladas del resto del mundo, 
jwrque sólo así se conswftua que el oro no marchara al extranjem. 
Y tampoco debían tener industrias ipropias, porque al tenerlas qui- 
taftran a la metrópoli una parte de las monedas que a ella era ne- 
cesario que fueran. 



MANUAL DF, HISTORIA URUGUAYA óó 

Tres grandes errores económicos. 

<Ese ipilan de engrandecimieutu de España, estaba basado en tres 
gruesos errores: peiseguir al extranjero; considerar que el 
oro vale niás que otra mercadería.; impedir el desarrollo industrial 
de las colonias. 

Empecemos ipor el primero. 

No podía España fabricar todas las mercaderías que necesitaban 
las colonias. Y entonceS; el comerciante español se veía obligado 
a. eomprai-las en otro mercado, o se ingeniaba el comerciante ex- 
tranjero ipara introducir clandestinamente sus mercaderías en las 
<;olonias. Hasta la misma Corte de Madrid concedía permisos es- 
peciales al comercio extranjero, que éste se encargaba de agrandar 
I)or medio del fraude. 

El Virrey marqués de Loreto, babla-ndo en la Memoria corres- 
pondiente a su administración, del comercio de contrabando, expre- 
sa que a pesar de todos sus esfuerzos para, exipulisar de la rada de 
Buenos Aires a los barcos portugueses, los contrabandistas conti- 
nuaban despacbándose a su gusto, porque en Madrid se negociaban 
permisos que daban lugar a los más graves abusos. Así, por ejem- 
plo, decía, el segundo Comandante del Resguardo, don Manuel Ci- 
priano de Meló, adquirió un permiso que autorizaba a comjtrar 
mercaderías portuguesas por valor de "treinta pesos"; pero la 
palabra "pesos" pasó a representar, por obra del fraude, "embar- 
caciones portugalesas", y como consecuencia de ello, el favoreeido 
solicitó y obtuvo el despacho del eargamenito de treinta barcos! 

Llegado el caso extremo, el contrabandista recurría a las armas. 
Cuenta el Deán Funes que el Goibernador Zabafla se propuso com- 
batir rudamente el contrabando, y que consiguió apresar importan- 
tes partidas de cueros y otros artículos. Pero agrega, refiriéndose 
a los abusos que cometían los ingleses a la sombra de la venta de 
negros de África, que el capitiáin King desacató la autoridad de 
Zabala y amenazó con hacer fuego sobre los agentes fiscales que 
})retendían revisar las bodegas deil "Duque de Cumberland", reple- 
to de mercaderías prohibidas; y habla también del navio "Carteret" 
que, de regreso a Inglaterra, emíbareó en Buenos Aires, a pesar de 
todas las prohibiciones, algunos millones de pesos oro y algunos 
millares de cueros vacunos. 

Pasemos al segundo. 

Si había error en proscribir ail extranjero y a las meroaderías ex- 
tranjeras, mayor error había todavía en sostener que lo que intere- 
saba a España era tragarse e|l oro y la pla,ta de las colonias, por 
ser riquezas miás valiosas que las mercaderías obtenidas a cambio 
de ellas. 

M. DE ir. u.— 3 



34 EDUARDO ACEVEDO 

El oro y la ipjata. en barras son mercaderías, como los cueros, 
los trigos, los paños que el comercio comipra en uua región para 
reven<ler en otra- 

Cuando el Estado los convierte en monedas, six-ven pai'a facilitar 
ios camibios, ipei'o nada miás que para faciiUtarlos. 

El ag'ricultor puede eamlbiar o .pennutar una bolsa de trigo, que 
no le hace falta, i>or un som'bi'ero, o por un par de zapatos de que 
tiene necesidad. Pero, el caan'bio directo de pi*oducto por producto, 
está espuesto a grandes dificultades. No es fiácil, desde luego, que 
se encuentren las dos personas que desean cambiar, es decir, el 
escultor que ofrece una bolsa de trigo por un par de zafl>ato9 y 
el zapatero que necesita tingo. Y aún suiK>niendo que se encuen- 
tren, puede resuiltar que uno de los productos valg^ mtis que el otro 
y sea imposible fraccionarlo, como sería el caso del agricultor que 
sólo pudiera ofrecer un caballo, en cambio de un pwvr de zaipatos. 

Con la inten'ención de la 'moneda, todas las diñculiades desapa- 
recen. El agricultor vende su bolsa de trigo por cuatro pesos en 
monedas de oro o píata y una vez provisto de esas monedas, com- 
pra los zapatos o el sombrero de que tiene necesidad. 

¿Qué se diría del agricultor que se limitara a vender sin com- 
prar nada; a convertir en monedas todos los productos de su oose- 
chaj sin adquirir ninguna de las mercaderías que necesita para su 
alimentación, su abrigo y su confort? 

Es necesario ahorrar, sin duda alguna. Todo el que trabaja está 
moralmente obligado a guaixlar una parto de los ingresos, ipara 
constituirse un caipital o fondo de previsión. Pero ahorrar todo, 
significa renunciar al camibio, condonarse a una vida de miseria, a 
la enfermedad y a la muerte. 

Pues bien : tampoco un pueblo jpuoile liiratajse a vender los pro- 
ductos que elabora. Tiene, a la vez, que cou]|i)rar los que se elabo- 
ran en otras r^ones de la tierra. Sólo así saca realmente prove- 
cho de sus propias riquezas. 

Acumular oro y plata naás alkí de lo «jue se necesita para el 
cambio, es, en realidad, en^pobreoei-se, o por lo menos dificultar el 
desarrollo de las industrias. El exceso de moneda, por otra parte, 
nb puede mantenerse indefinidamente en un país. I^a sola diferen- 
cia del interés, ibastíi para illevarlo, a despecho de totlas las prohi- 
biciones, a los palíaos en donde escasea y es más solicitado. 

En cuanto al tercer error de la ipolítica comercial española, sal- 
ta a los ojos que al ma,ntener en la pobreza a las colonias no se 
colocaba a <la nictró,poli en situación de enriquecerse. Una América 
rica y i)r{)S);>era, Imbiera podido comprar a la madre ipatria rauclio 
miás do lo qiM' (M>in!>rab:in los rais!'r:0)l(v-; imcblos dol coloniaje. 



MANUAL DE HISTORIA URUGUAYA 35 

Las i'egiones del Río de la Plata y sus extensos tei'ritorios sobre 
el Atliálntico, que hubieran podido atraer pobladores que consolida- 
sen al dominio esipañol, quedaron, por falta de industrias y de co- 
mercio, condenadas a una vida raquítica, de la que sacaron grueso 
provecho los portugueses, que tenían a,ptitudes colonizadoras, sin 
duda alguna, su|periores a siis rivales. 

Para que nadie pudiera arrebatar el oro y la plata de América, 
se estableció al iprincipio una sola línea de navegación entre la 
madre patria y las colonias. Los barcos «argados de mercaderías, 
debían salir de un puerto único de España y llegar a otro puerto 
único de América. 

Los puertos de entrada y salida fueron multiplicados después. 
Pero durante largo tiempo, el Río de la Plata no figuró entre ellos. 
Todo el comercio de estas regiones tenía que hacerse por inteitne- 
dio del Perú. 

Como i"esrjltado de tantos extravíos, cada barco contrabandista 
se llevaba de retorno oro y plata, en vez de cargar eixeros, carnes, 
cereales y otros de los productos que se depreciaban o perdían por 
falta de eomipradores. 

ÍE1 aislamiento intelectual. 

Para que la obra de aislaanienito económáeo fuera estable, delbían 
las colonias permanecer en la ignorancia, y con ese propósito se 
difundían .prevenciones y se dictaban medidas encaminadas a de- 
primir el nivel intelectual de ilos criollos. 

'Uno de los Gobernadores de Buenos Aires, don José de Andonaegui, 
dando cuenta al Virrey del Perú del derrumbe de una iglesia anti- 
gua, atribuía el hecho a las abogados y a los pleitos con que ellos 
fomentaban odiosidades en el vecindario. Eil obispo de Buenos 
Aires, en un oficio al conde de Aranda, se oponía, en 1769, a la 
creación de una universidad, alegando que "de la cátedra de leyes 
no se sacaiían sino mayores enredos". 

No era más favoralble el juicio que mierecía la Medicina. En los 
píueblos del Pacífico, sobre todo, era una (pirofesión baja y menos- 
preciada, de la que sólo los negros solían hacerse cargo. 

La instrucción de los eríoUos, según escribía el jesuíta Iturri al 
director del Colegio Carolino de Buenos Aires, en 1787, debía limi- 
tarse a "tres faciütades": las de "leer, escnbir y contar". Y esas 
tres únicas facultades debían establecerse, en su concepto, sobre 
las ruinas de todas las universidades: americanas. 

"Hasta que las Provincias del Río de la Plata asumieron eil ma- 
nejo de sus proipios neigocios en 1810 (dice el histoiiador Parish) 



■ "'() EDUARDO ACEVEDO 

por toda eeta vasta extensión de territorio que ee extiende desde 
Buenos Aires hasta Linm, más de mil leguas, incluyendo muchas 
ciudades y lugares ix)i)uloso6, con sus universidades, colegios, es- 
cuelas y sus tribunales de justicia civiles y eclesiásticos, se sabe 
que sólo existía una .prensa miserable y vieja que había pertene- 
cido antiguamente a los jesuítas de Córdoba". 

Cuando el Virrey Vertiz trató de sacar partido de esa vieja im- 
prenta, no pudo encontrar en Buenos Aires una sola persona que 
su(piera distribuir letras y manejar la prensa. Fué necesario que 
el Gobernador de Montendeo lo sacara de apuros, enviándole un 
andaluz que fué recibido hasta coíi pomipa, como qu¿ el pix>pio Vi- 
iTey lo presentó al Cabildo y le arregló eil casamiento con una jo- 
ven de la Casa de Expósitos, formándose así el asieoito de una de 
las más distinguidas familias de Buenos Aires antiguo. La impren- 
ta, que estriba destinada al sostén de la Casa de Huérfanos, tomó 
el nombre de Impi"enta de los Niños Exipíósitos. 

I^a circulación de libros estaba sujeta a una reglamentación es- 
tricta. En 1779, el Ministro español Gálvez dirigió una circular 
a las autoridades coloniales, que da idea de la severidad reinante. 

"El doctor rruillerrno Robertson, (decía) Rector de la Univer- 
sidad de Edimburgo y cronista de Escocia, ha escrito y publicado 
en idioma ingjlés la historia del descubrimiento de América; y te- 
niendo el Rey justos motivos para que dicha obra no se intix)du7,ca 
en Eqpaña y en sus Indias, ha resuelto Su Majestad que con el 
mayor rigor y xngilancia .se impida su embarco j^ara las Américas 
y Filipinas, ni en el idioma inglés ni en nin^n otro a que sea tra- 
ducida o se traduzca; y que si hubiera algunas partidas o ejempla- 
res de dicha obra en los puertos de unos u otros dominios, o in- 
troducidos ya tierra adentro, se detengan y embarguen a disposi- 
ción del Ministerio de mi cargo. Y de su real orden lo particijx» 
a V. E., para que tomando las providencias más estrechas y con- 
venientes tenga al delbido cirnuplimiento esta resolución." 

La lectura de la obra de Robertson podía ser castigada hasta eou 
l>ena de muerte, según una real cédula que la Suprema Junta de 
Nueva Granada incluyó entre sus "Motivos para reasumir los de- 
rechos de la Soberanía". La misma Junta citó el hecho de que ha- 
biendo el patriota granadino ^Manuel Pombo, comiprado en F*ila- 
délfia una iiivprenta con destino al Consulado de Cartagena, ei Vi- 
rrey Amar obtuvo una 7oal ordon ano iirohibía v\ uso de esa im- 
prenta. 

El título 24 libro 1 do la iiiM;>piiaoi('>ii <ie ludi.ns contiene diver- 
sas leyes reglamentarias de la impresión y venta de libros. Estaba 
prohibido vender o imprimir libros en América sin licencia del 



MANUAL DE HISTORIA URUGUAYA 37 

Consejo de Indias o de otra autoridad ig-ualniente emipeñada en ■ 
impedir la difusión de las ideas. Esas leyes permanecieron en vi- 
gencia hasta los últimos momentos de la dominación española. Lo 
prueba, una real cédula de 11 de abril de 1805, seg'ún la cual toda 
obra concerniente a la Amiériea, debía reonitii'se ad Consejo de In- 
dias en demanda de licencia. 

Recién en 1796 tuvo Montevideo una escuela laica, y sólo en 
1809 tuvo una escuela gratuita en la que se enseñaba lectura, es- 
critura, gramática y religión. 

Tucuimám y Charcas contaban con Universidades. Buenos Aires, 
que gozaba de enseñanza secundaria en el Real Colegio de San 
Carlos, quiso tener tamlbién escuelas de náutica, dibujo y escultu- 
ra; pero apenas inst aliadas, fueron suiprimidas por la Corte de 
Madrid, a título de disciplinas de ipuro lujo, y sustituidas por \ina 
cátedra de medicina y cirugía . 

Y nada más había para estimiular a la juventud estudiosa del 
Río de la Plata, trecientos años después del descubrimiento de 
Juan Díaz de Solís ! " 

Las riquezas del Río de la Plata y su exterminio. 

Dice don Félix de Azara en su "Memoria Rural del Río de la 
Plata", que en ila primera mitad del siglo diez y oeho, pastaban 
"cuarenta y ocho millones" de animales vacunos cimarrones, en 
una sola zona de cuarenta y dos mil leguas cuadradas. 

Y agrega que al finalizar el mismo siglo, la existencia había ba- 
jado a "seis millones y medio", como consecuencia del exterminio 
reailizado al solo objeto del aprovechamiento del cuero y del sebo, 
porque de la carne nadie se ocupaJba. 

Véase cómo describe Azara^ en otra de sus Memorias, el proce^- 
dimiento de exterminio: 

"Se junta una cuadrilla de gente, por lo común perdida, facine- 
rosa, sin ley ni rey, y va donde hay ganados. Cuando hallan una 
tropa o punta de elíai, se fonnan en semicírculo, los de los costados 
van uniendo el ganado y los que van en di centro llevan un palo 
largo con una media luna bien afilada con la que desbarretan todas 
las reses, sin detenerse, hasta que acaban con las que hay o las que 
tienen por necesarias. Entonces vuelven por el mismo camino y 
el que desgiarretó, armado de una chnza, penetra con ella en la en- 
traña de cada res para raataiila, y los demás le quitan el cuero para 
estirarlo con estacas. Toda la carne se pierde y, cuando mucho, 
se aprovecha algnín sebo. Además se pierden los terneros jóvenes 
que quedan sin madres". 



38 EDUARDO ACEVEDO 

"Los negociantes <le '»Ioute\ideo y Buenos Aire?; son los que fo- 
mentan estas Tnatanziis que el Gobierno prohibe a veces y otras 
«lisimula a sus favoritos y otras las reduce a matar solo los ma- 
chos, Pero rara vez consigue lo que manda, y si alguna vez suce- 
de, que yo lo he visto una sola en cuatro o cinco años, hay un pro- 
ducto admirable. En fin, este es un asunto en que cabe y hay mu- 
cho monopolio difícil de cortar, por la utilidad que tiene para los 
que andan en él y que se acabará antes de mochos años, porque 
desaparecerán los ganados y quedarán los camp>os desiertos". 

Ijq. "Revista del Río de la Plata" reprodujo del ardiivo del ca- 
nónigo Seguróla, un informe í>l Virrey solbre reparto de tierras y 
ganados, cuyas conclusiones coii'''-'"" <->'> !<>< ^.-o.—.i;. .<;,»„),,« ,},<■ 
exterminio que menciona Azara. 

¡Establece ese informe, con relación a .'a riqueza pci'.iaria de la 
Banda Oriental en 1790, que los estancieros pobres aplicati marca 
a su ganado, ipero los ricos no; que hay estancias hasta de ochenta 
y cien leguas, como la de Alaáibar; que cuando los ganados salen 
de las sierras uruguayas, se forman partidas que acorralan y des- 
gaiTcttan con media luna desde a ca'balln. sin perdonar vacas, si- 
guiendo las (persecuciones y matanzas de un campo a otro y .p»eT- 
teneciendo a cada hacendado los animaks caídos en su respectivo 
establecimiento. 

El primer ensayo industrial en vasta escala para el aprovecha- 
miento de la carne del Uruguay, corresponde a don Francisco Me- 
dina, quien fundó un establecimiento saladeril y otro cL. oy\-A ,^o 
vacas y cerdos para el siuninistro de la materia priiuíi 

A la mnierte del (progresista industrial, el Virrey de laúcaos Ai- 
res, maix^ibés de Tx)reto. embargó sus bienes, y dejó perder todas 
las salazones prqpara-das para la exporta<»ón, cegando así una 
fuente de riqueaa en la que. sin duda alguna, habría encontrado la 
Corte de España resultados pecuniarios inmensamente mayores que 
en las minas de plata y oro que absorbían toda su atención. 

El proceso económico del coloniaje: lo formulan los labrado- 
res en 1793. 

Varias veces procuraron los labradores y los estancieros del Río 
de la Plata abrirse corrientes de ex}">ort ación jmra sus (prodtictos, 
iinico medio de fomentar los intereses rumie-;. d;i<1n l.i rolniiva in- 
significancia del consumo interno. 

En 1793 60 dirigieron los labradores de Buenos Aire:? al \ itrey 
en demanda de medidas protectoras "de este gremio (decían), el 



•MANUAL DE HISTORIA URUGUAYA 39 

más pobre y numeroso y que cultiva unos terrenos los más fértiles 
del tmundo, susceptibles de ,producir cosechas inmensas de granos, 
ca^paoes no sólo de mantener a Es|paña en caso de caresitía, sino 
tamlbién a mucha parte del resto de Europa". 

"En medio de tan bellas iproporeiones (agregahaii), se ven los 
labradores de estas dilatadas campañas en la mayor poibi'eza y ani- 
quilamiento, por no tener salida de sus frutos a falta de comercio 
y extracción, lo que ha motivado, y particularmente el antecedente 
año de 92, que el trigo se haya vendido aún después de la cosecha 
al (precio bajo de 10 a 12 realles la fanega, sin embargo de ser do- 
ble mayor que la de España; y siendo constante que las costas de 
siemlbra y recogida aiseienden a miueho más, es consiguiente la pér- 
dida. De este iprincipio, se siguen males de la mayor consecuencia, 
y el abandono de maichas pohres labradores que por no tomar el 
arado con repugnancia dimanada de la ninguna recomipensa de su 
trabajo, m;ás ibien se entregan al ocio y la pereza^ naciendo de esto 
otros tantos ladrones y salteadores, como la experiencia lo tiene 
acreditado" , 

Y lo amplían los estancieros en 1794. 

Un año idespués, en 1794, los estancieros de Montevideo y Bue- 
nos Aires se dirigían al Ministro don Diego Gardoqui, en demanda 
de medidas tendientes al aprovechamiento de la carne vacuna. 

El Memorial de los estancieros es todo nn formiidabile proceso de 
la (política económica de la época. 

Emipieza por establecer que las reses vacunas se cuentan por mi- 
illones; que hay parajes mny adecuados para el establecimiento de 
saladeros, y ipiuertos cómodos de emibarque, como los de Montevi- 
deo, Buenos Aires, Maldonado y Colonia; que la propensión de la 
gente de campo se adapta maravillosamente a, la cría, conservación 
y explotación de los ganados; que hay una producción abundantí- 
sima de granos, lanas, avestrucesi, peces, lobos marinos; que tam- 
bién se cuenta con algodón en Corrientes y Misiones, y con minas 
de oro en Maldonado y San Luis. 

"La caza, la ipesca, la pastoril, la agricultura y la metalurgia, 
son las cinco artes fundamentales de cualquier Estado, y las que 
producen las materias ¡primas para formar el nervio de la nación". 

Examina luego el Memorial estas cinco fuentes de riqneza, para 
concluir que el (pastoreo es la que atrae más intensamente la aten- 
<íión del hombre de campo; y suministra, con tail motivo varios da- 
tos estadísticos de interés. 

El ganado ealbaüar cuenta "un crecido número de millones", a 



40 EDUARDO ACEVEDO 

uno y otro lado del río, y se luulliplica de una manera tan extra- 
ordinaria que los estancieros tienen que reunirse en ciertas oportu- 
nidades del año y organizar matanzas para la tlefensa <le si*v 
pasturas. 

De la abundancia del ganado vacuno, dan testimonio ios odio- 
cientos mil cueros que annalmcnte emipieza a exportarse. Hay niia 
matanza anual de 600,000 animales. De ellos, 150,000 coiTesjion- 
den al consumo de las ^poblaciones de Montevideo, Buenos Aires^ 
Santa Fe, Corrientes y Misiones, resultando "que por no aprove- 
oharee los frutos que producen las cuatrocientas cincuenta mil ca- 
bezas, pierde ila nadón, a resen'a de los cueros, el ingreso de cerca 

de Ooho millones <'" -v^ow lon.lí.V^ ,nu> f„í^<Mi -.m F'.;nnn:i V <Mi 

ottros parajes". 

"Por lo que dejamus expuesto, ¿uu esiu cuiiiprubadv) (iu<' eisie o 
el país njás x'ico del mundo por bailarse bajo un cliiua duloe, con 
muoboe puertos que favorecen el comercio, abundantes tierras que 
producen copiosamente los alimentos de primera necesidadi, como- 
es el 'i>an y la carne, pues ambos ramos pueden formar un gran fon- 
■ do de comiercio y una masa no pequeña de riquezas más seguraí; 
que las que iproducen las manufacturas, por tener éstas una exis- 
tencia precaria dependiente deí g:usto y de las industinas de las 
otras naciones, y a veces del capricho de la moda; y aún míis se- 
guras también que las minas de oro y plata, porque éstjs, cuanto 
más se cavan, menos producen, o bien sea (])or queílar en agua, u 
poi'que se pierden y se agotan las vetas, o bien n ivdiic <'l liciu-fi- 
ciarlas ocasiona más gastos t" 

"iCuüIl será la verdadera, sólida y permanente arte <ie iiae<'f (ii- 
neroT ¿Cuál la sola lícita y aprobada por Dios y la naturaleza? 
La .pastoril, sin duda, que produce abundantes ganados, y la agri- 
cultura mucho trigo, ayudada del comercio marítimo: estos son los 
medios justos de enriquecerse y procurar atraer los metales, sacán- 
dolos de los países que los poseen y que se hrjüan escasos de otras 
especies y socorriéndoles con ellas por el dinci'o <iiu» les sobra. <> 
permutándolas por oti-as que necesitamos: este es y debe ser el 
ilnico fin del comercio; nuestros ganados, que producen abundante 
carne, cuyo alimento es, después del pan, el más necesario a la 
vida hinnana. líos cueras, sebos y lanas, son una pieilra imín que 
ayudada del comercio atrae con fuerza y enriquece todos los años 
a la nación: es una locara pretender otros manantiales: estas son 
unas miníis ricas que se poseen con s^uridad, se cultivan con tran- 
quilidad y se disfrutan con justicia; y para esto, mereciendo el 
fomento de nuestro Soberano. ; quién duda que podríamos llegar al 
colmo de la mavor fí'licMü'l. v n íjdi nlln <Trní1«> íi;h' «■ niulrí.-i 



MANUAL DE HISTORIA URUGUAYA 41 

cargar todos los años seiscientas a setecientas embarcaciones, regii- 
ladas una con otra de doscientas cincuenta toneladas, con granos, 
lanas, cueros, sebos, carnes, astas y cerda, que producen el ganado 
vacuno y calballar, y ipiedes, crines y su grasa para curtidos, con 
más aceite de ballena., de lobo y sus pieles, tocinos de los cerdos, 
sin otros frutes que produce la agricultura, como el trigo, lino, 
oáñaano, ailgodón y otros?" 

Después de esta soberbia lección de economía política dada a la 
Corte de Madrid, entran los hacendados de Montevideo y Buenos 
Aires a estudiar las dificultades de un vasto plan de establecimien- 
tos de salazón: falta de obreros eom,petentes en la manipulación 
de carnes; falta de toneleros; escasez de barriles; pobreza de los 
estancieros; falta de embarcaciones. 

Véase cómo las solucionan : 

HalbTÍa que combinar un programa de premios y castigos, para 
impedir que continúe la obra de exterminio de los ganados al solo 
objeto de aprovechar el cuero, la lengua y la picana o parte más 
gorda del anca. Sería €il medio de reformar a los dos o tres mil 
homibres que en la Banda Oriental se ocupan del exterminio del 
ganado, y que viven tan alzados como los mismos animales, llevan- 
do una vida vagabunda, de la que suelen aprovecharse los portu- 
gueses ipara la formación de partidas volantes encargadas de di- 
fundir cil terror, mediante el robo y el saqueo. 

Las carnes preparadas han hecho ya su experiencia, sin embar- 
go. Pueden llevarse a grandes distancias. Al Asia mismo han ido 
varios barriles y han vuelto a Cádiz después de largos viajes en per- 
fecto estado de conservación. 

Lo que necesitamos ahora es generalizar la salazón en forma de 
que cada estanciero pueda pretparar carne en proiporción al gana- 
do que posea,, y ese resultado se conseguiría toda vez que el Rey 
contratara un centenar de irlandeses solteros, con aptitudes para 
esta industria. El sueildo del Estado cesaría a medida que los con- 
tratados fueran encontrando ocujpaeión a cargo de los hacendados, 
y se viera, "con gloria de la nación, que toda la Provincia era un 
saladero'". 

Estos irlandeses formarían luego familias, qne "serían unos 
maestros permanentes, no sólo de salar carne, sino también de ha- 
cer quesos y manteca, de lo que resultaría otro ramo de comercio 
no pequeño, porque aunque aquí se sabe el arte de hacer manteca, 
se ignora el modo de .preparanla para que se conserve baiena para 
largos viajes". 

Habría que contratar ta,mbién toneleros, bajo la promesa de pa- 
garles aiparte de su sueldo un apremio por cada aprendiz que for- 



42 EDUARDO ACEVEDO 

üuiíL'ii. Kii cu. Hilo a maderas, sobran en el Paraíruay la< que fo 
prestan para la construcción :le barri'les. 

Para suplir la falta de embarcaciones y de coiTcsponsales o aijeii- 
tes de venta de carnes saladas, podría promoverse una compañía 
con ipriviilegios comerciales de imfportancia, dotada de amiplios al- 
macenes de depósito en Montevideo y Buenos Aires y oonoesiones 
coniplenientarias para la exportación de mantt-ca, quesos, lenguas, 
cueros de carnero y madera. 

Y concluyen los estancieros con esta moraleja política: 
"Hasta ipara mantener la tranquilidad de los pueblos y obtener 
ol respeto a las leyes y al Gobierno conviene di comercio, pues co- 
mo suoninistra albundantes materias no sólo para vivir, sino para 
vivir con sosiego y con gusto, los aoostumbra a la ipaz y a la quie- 
tud, haciéndoU's aborrecer los alborotos públicos." 

¡El criollo para la servidumbre! 

En resiuuen: la Corte de Madrid se había ipropuesto extraer 
■ todo el oro y toda la plata de las minas de sus colonias, y reducir 
a la ixxblación americana a la condición de consumid» >rn 1I0 los 
productos de las manufacturas españolas. 

EJl eje de este monstruoso programa era el aislamiento ¡híh^huio 
de las colonias, y ;para obtener ese aisl-amiento se proliibía todo 
contacto con «1 extranjero y con las mercaderías extranjeras, y se 
imipedía en toda forma el desa.rrollo intelectual de los colonos. 

La pdblación estaiba dividida en tres categorías: el indígena, 
condenado al exterminio: el español criollo, o sea el nacido en 
América de ipadres eapafiodes, considei^ado como un ser inferior o 
l>eligr()«o; y el español procedente de España, para el que estaban 
i'^esenados todos los honores y prerrogativas. 

•Em su oi*ación patrióticji dcH 25 de Mayo de 181.'), en Tucumán, 
C4>ndcnsaba así el dt>etor Pedro Ignacio de Castro el proceso del 
exclusivismo español : 

Durante los trescientos años de su cautividad, sólo ha tenido el 
oontinente, 4 ^^^reyes y 14 Gobernadores americanos, habiendo ve- 
nido de España 170 de los primeros y 602 de 1<^ segundos: ni el 
•libujo se nos pennitía aprender, para perpetuar así nuesti-a ser- 
vidumbre bajo el poderoso garante do la ignorancia; nuestra Amé- 
rica se preseDita por eso idiota y supersticiosa, pobre y desolada, 
semejante a una casa robada, sin puentes, sin caminos arreglados, 
sin (poderse explotar sus grandes riquezas naturales y oon un co- 
Tíiercio tan supeditado a los puertos peninsularos que el azogue de 
Almadén o de la Istria, por ejemjplo, comprado allí a dooe pesos 
el quin-tal, era vendido aquí a setenta y tres! 



■MANUAL DE HISTORIA URUGUAYA 43 

Ante ol cabildo abierto de mayo de 1810, sostuvo el obispo Lúe, 
■de Buenos Aires, reflejando viejas ideas, "que mientras existiera 
en España un ipedazo de tierra debía Esipaña mandar en Amiérioa, 
y que mientras existiera un solo español en la América, ese espa- 
ñol debía mandar a los 'americanos, pudiendo sólo venir el mando 
a ríos hijos del (país cuando ya no hubiera un solo español en él"- 

El Vin-ey del Perú, Abaseal, en su bando de 13 de julio del piro- 
pio año. expresaba con más cinideza el mismo piensamiento an^aiga- 
do en la conciencia española, cuando decía que los americanos eran 
'Tiomlbres destinados por la naturaleza a vegetar sólo en la oscu- 
ridad y el abatimiento". 

"Es el último extremo de una arrogancia insensata (replicaba 
Mariano Moreno desde "La Gaceta de Buenos Aires") y el último 
grado de desgracia a que se nos pudiera reducir. Colonos de Es- 
paña, hemos sufrido con paciencia y con fidelidad las privaciones 
■consiguientes a nuestra dependencia. Trescientos años de pruebas 
continuadas, han enseñado a nuestros mjonarcas que las Américas 
estaban miáis seguras en el voluntario vasallaje de sus hijos, que en 
las fuerzas de sus dominadores. El español europeo que pasaba a 
ellas, era noble desde su ingreso, rico a los ,poeos años de residen- 
cia, dueño ele los empleos y con todo el ascendiente que da sobre 
los que nibedecen la prepotencia de hombres que mandan lejos de 
isus hogares. El curso de las vicisitudes humanas reduce la Espa- 
íía a la eselaAdtud, todos los pueblos libres de lia monarquía reco- 
bran sus derechos primitivos, y cuando los naturales del ¡país pa- 
recían destinados por la naturaleza misma de las cosas a subrogar 
el rango de sus dominadores, se ofenden éstos de ilas moderadas 
(pretensiones con que aquéllos se contentan. Y aunque se recono- 
cen sin ípatria, sin apoyo, sin ¡parientes, y enteramente sujetos ail 
arbitrio de los que se complacen en ser sus hermanos, les gritan to- 
davía con desprecio: americanos, alejaos de nosotros, resistimos 
vuestra igualdad, nos degradaa-íamos con ella, ipues la naturaleza 
os ha creado ipara vegetar en la oscuridad y el abatimiento; aturde 
semejante atentado y aturde mucho más que en la gran ciudad de 
Lima se haya fonnulado este insulto ipitblicamente" . 



CAPÍTULO Vil 



I<UCHAS COMERCIAI^BS ENTRE 

MONTEVIDEO Y BUENOS AIRES 



Importancia del puerto de Montevideo. 

Tenían los gotK'niant<3s españoles un alto conoepio de la impor- 
tancia del puerto de Montevideo. 

En 1784, don Juan José Vertiz, Virrey dd Río de la Plata, ee- 
cribió una "Memoria de grobiorno" oon destino a su sucesor el mer- 
linos de I»reto. 

l^ecía en ella que el puerto de Montevideo ocuipaba el segundo- 
lugar en toda la extensión de la Aniiérica española. Es cierto, agre- 
g&ba, que no tiene minas en ex-plotaeión, aunque tampoco debe ol- 
vidarse que en las inmediaciones de Maldonado, donde se está con- 
centrando una población de españoles asturianos, existen muchas 
vetas de oro y plata, jaspes, niánnolee y otras piedras valiosas, y 
asimismo que en los pueblos de Misiones hay oro, iplata y az<^:ue y 
sólo faltan i)eritos que estwlien y reconozcan esas fuentes de ri- 
quezas. Pero aún cuando no las hubiera en las enti'dñas de la tie- 
iTa, concluía la Memoria, bastaría para demostrar ila im|p>ortaacia 
del puerto de Montevideo, el opulento comercio a que podría hacer 
frente con destino a (^ile, Tucumlfiji, Potosí y Lima. 

Eso escribía el Vin-ey Vertiz para demostrar la necesidad de 
consolidar la situación española en Montie\ndeo, contra posibles zar- 
pazos de los .portugueses y de los ingleses. 

Pocos años despii^, era <lon José de Bustainante y Guerra, Gk>> 
bornador de Montevid<H>, quien .se eneaigaiba de llamar Ja atención 
del Cabildo acerca del futuro halagador del gran puerto uruguayo. 
Luego de indicar la urgencia de comibatir el desaseo de las calles, 
como metlio de que las aguas no siguieran arrastrando escombros 
e inmundicias que diariamente disminuían los fondos de la bahía, 
agregaba: 

"Son bien palpables *las i*azones que se presentan a los ánimos 



3IAXUAL DE HISTORIA URUGUAYA 45 

/despreocupados e instruidos, cuando se reflexiona que este puerto 
ha de abrigar dentro de ipoeos años más de 200 emlbarcaciones, sin 
¡lue puedan competir con él en su capacidad y aún seguridad, eje- 
cutadas las obras iproj-^otadas de fortificación, los pequeños puer- 
tos, imipropiamiente llamiados tales, de Ensenada y Maldonado; y si 
lio S€ atiende al sólido em.pedrado de las calles y a la perfección 
<le 'la policía que es indispensable, sin desatender la limpieza del 
ipuerto prevenida por Su Majestad en la real cédula de oreación 
del Consulado, vendría a ser el de Montevideo en el ipunto en que 
consideramos de mayor (prosperidad y opulencia, la triste ruina y 
memoria de la, indolencia y abandono del mayor y casi único (pxierto 
del Río de la Plata". 

La idea de "empedrar -las calles'', representaba toda una revolu- 
ción en el ambiente atrasado de las colonias. Hay que recordar, 
efectivamente, que el marqués de Loreto, Virrey del Río de la Pla- 
ta, al ocuparse en su "Miemoria de gx^bierno"' de los pantanos de 
las calles de Buenos Aires, sostuvo la tesis de que el em,pedrado 
podría ser causa del derruanibe de muchos edificios, "por el tormen- 
to que recibirían de los carruajes", aparte de que obligaría a po- 
ner llantas de hierro a las ruedas de los vehículos y herraduras a 
los animales, operaciones muy onerosas, en su concepto, por lo cual 
sintetizaba así su ¡pilan de ipiavimentación urbana nada menos que 
para la capital del Viri-einato: 

"Creo que sólo debe tratarse, por ahora, de ir argamasando las 
calles con cascotes y tosca que aún quedará más unida al barro que 
la piedra, haciendo esta operación sobre los mismos lodazales, en 
cuya forma excusarán pisones o les bastarái con menos, cubriendo 
4lespués todo el ¡piso con arena buena; entendido que para afirmar- 
lo, iparticularmente en las rampas o derramies que él hace para la 
barranca, hay recurso en las osamentas de los mataderos, eligiendo 
las miás ventiladas y depuradas de su médula, iproductiva de gusa- 
nos, aunque no nocivos, incómodos". 

El Gobierno de Buenos Aires procura trabar el desarrollo 
de Montevideo. 

Apenas instalado el primer Cabildo de Montevideo, las autorida- 
des de Buenos Aii'es se apresuraron a transmitirle instrucciones 
para "haeer registros" en los barcos que cruzaran el río, "decomi- 
sando lia .plata sellada y géneros de comercio transiportados sin li- 
cencia" y asimismo pai'a "inspeccionar todas las enibaroacioaies 
que se (preparasen a salir de Montevideo, cuidando que no fueran 
portadoras de mercadería alguna, y Irntando de ©vitar rigurosa- 



46 EDUARDO ACEVEDO 

mente las arriha<las niaJiciosas de navios y embarcaciont^s a. este- 
puerto" . 

JMonlovidoo dobíu (luodar, (poies, absoliuaiueiUi; ajsiano. Podía 
oonjprar las mercaderías transportadas de Buenos Aires, con licen- 
cia. Pero le estaba ¡prohibido exportar sus frutos y le estaba prohi- 
bido, además, admitir barcos que no procedieran de Buenos Aires. 

Contra este insoportable régimen prohibitivo, no tardó en alzar- 
se el Cabildo. 

Don Frajieisoo de Alzáibar quedó encargado de ilustrar a la 
Corte de Madrid acerca del estado lastimoso de la ciudad. En el 
pliego de instrucciones dadas al comisionado, p>edía el Cabildo que 
se oonoediera a los vecinos de Montevideo la licencia de que ya go- 
zaban los de Buenos Aires para conducir: 

"Seibo, cecina y harinas al Brasil en trueque de oro y algunos 
narros ipara sus estancias y labrar tierras, por no ser perjuicio 
este tráfico al servicio de Su Majestad; con cuyo alivio, y sabiendo 
que sus frutos han de tener salida, se adelantaiián al trabajo con 
gran esfuerzo. Lograrán esta ciudad y su vecindario considerable 
adelantamiento, asignando Su Majestad, al año, tres balandras <> 
sumaquillas que, aunque son pequeñas por ser ilargo el trecho y ca- 
minar costeando, podrán hacer su viaje por tiempo oportuno del 
verano". 

El Comandante Militar de la plaza, coronel Santos de Uñarte, 
uniendo sus votos a los del Cabildo, decía en su dictamen para do- 
mostrar la situación angustiosa del Uruguay: 

"IjOs granos que se producen no costean «1 alimento de Monte- 
video, por no tener sailida, y es imposible contratar (peones por lo 
crecido de los salarios. Los ganados cimarrones, han sido monopo- 
lizados por los portugueses al abrigo de los nuevos fuertes cons- 
truidos de Río Grande para acá". 

Recién en 1774, la Corte de Aíadrid autorizó a las poblaciones 
del Río de la P.lata para poii:<'niar con v] VovÁ. yU'v.co. Xncva 
Granada y Guatemala. 

Gracias a esa medida, pudo imciarsi» un.i poriu-nic do naveiración 
entre el Río de ila Pinta y el Perú, que ipemiitín exportar cnorrw, 
carne y sebo, o importar diversos artículos de consumo necesario. 

Ciuitro años después, en 1778. otra real cédula /puso al Río de la 
Plata en perfecto pie de igualdad con las colonias que ya gozaban 
del privilegio de comerciar directamente con España, y para facili- 
tar el nuevo intercambio de productos autorizó la creación de las 
aduanas de ^lontcvideo y de Buenos Aires. 

^asta entonces sólo habían podido disponer los países del Plata, 
como consecuencia de largas gestiones, y eso mismo "anualmente". 



MANUAL DE HISTORIA URUGUAYA 47 

de un ;baroü de cien toneladas de regislro, para remesar a Espiaüa 
productos naturales y traer de retorno mercaderías de consumo. Todo 
el resto de su movimiento de imipoilt aciones y exportaciones comer- 
ciales, tenía que haoense 'por intermedio del Perú. 

Los colonos debían resignarse, sin erntergo, a no competir con la 
metrópali. Apenas cobraba alas una industria similar a las espa- 
ñolas, se dictaba un decreto restrictivo. Fueron así restablecidas las 
leyes que prohibían en América la plantación y explotación de viñas 
y olivos, y más de una vez recibió órdenes terminantes el Virrey 
del Río de la Plata, para com¡p,rar toda la lana de vicuña que se 
cosechase en el territorio, por haberse divulgado la noticia de que 
en Buenos Aires era utilizado ese iproducto en la fabricación de 
sombreros ! 

En 1791 fué habilitado el Río de la Plata ipara ejercer el comercio 
de negros esclavos durante al plazo de seis años. 

También se autorizó a favor de la "Compañía Maiítimia" una es- 
tación de pesca en Maldonado, para la explotación ide ballenas y 
lobos, creándose a la vez allí una oficina real de hacienda y habilitán- 
dose el ipuerto para todas las expediciones de la compañía. La 
exiplotación marchó con desahogo mientras tuvo a su servicio obreros 
ingleses y norteamericanos, ip,ráeticos en eil negocio; pero cayó en 
ruinas una vez que ese personal emigró deil país, como consecuencia 
de intimaciones que afectaban sus ci'eencias religiosas. 

El impulso comercial que emipezalba a tomar el Uruguay, a la 
sombra de las franquicias acordadas por la Corte de Madrid, fué 
causa de grandes alarmas allende el Pllata. 

En 1797, los comierciantes de Buenos Aires promovieron gestiones 
para reconcentrar en la Ensenada de Barragán toda la corñente 
marítimia entre el Río de la Plata y España. El Consulado encontró 
justo el reclamo y lo elevó a la Corte de Madrid. 

Pero el Cabildo de Montevideo resolvió dirigir al Rey una contra- 
representación, que tuvo pleno éxito. Véase lo que decía el Alcalde 
de l.er A^oto en la sesión en que se tomó esa salvadora actitud: 

"Nuestra provincia sería la más perjudicada con ila derogación 
pedida, a causa de su (posición local, la asombrosa fertilidad de sus 
campos y la abundancia casi increíble de Sius ganados y otros 
frutos, a ipesar de los cuales sólo se ha visto basta aquí que teniendo 
ventajas y (proporciones quizás solbre todas las otras partes de la 
tierra ipara ser la provincia más rica y naiáis florida, es, sin embargo, 
la más pobre y la más infeliz, sólo porque no ha logrado salida o 
gente que consuma sus frutos, conocidos por los mlás apreeiables del 
mundo, y otros muchos más que podría ¡producir si se cultivara la 
industria y agricultura que hasta ahora estuvo sin el menor ejer- 



48'- KDI'ARW» ACEVEDO 

ciciu y, ].tir coü-sci-iieiieia, leúiicidos a la mayor indigencia millares 
de hombres que hay en esta eampaiía, sin destino, ociijpaoión ni 
ejercicio". 

Otro incidente comercial surgió en seguida entre los dos puertos 
del Plata. Con motivo de haber ordenado la Corte de ^íadrid que 
se practicaran estudios (para la construcción de un faro en el Cerro 
de Montevideo, el Consulado de Buenos Aires, invocando que el 
faro sólo aprovecharía al puerto de Montc\'ideo, pidió que se ubi- 
cara en la Isla de Flores, Punta del Sur o Punta I^ara, Pero la 
resolución fué mantenida y el Cerro de Montevideo sin-ió de asiento 
íil primer faro del Río de la Piala. 

Una página de la época. 

El historiador don Juan Manuel de la Sota, que tuvo oportimidad 
de recoger informaciones directas de la é(poca. o de los que conser- 
vaban fresco el i"eeuerdo de datos suministrados por testigos presen- 
ciailcs, ha escrito esta /página reveladora del origen remoto del anta- 
gonismo económico entre Montevideo y Buenos Aires: 

"La Banda Oriental del Río de la Plata fué destinada por los 
po'bladores de Buenos Aires jpara proveerse de leña, carbón y ma- 
deras gruesas, de que se carecía en la ribera austral, donde yace 
la ciudad de Buenos Aires: como en especial ipara cría de ganados, 
que oío sólo sufragasen entóneos y en lo venidero a su (propia 
subsistencia, sino también que produjesen sobrante producci''- ' 
cueros para comerciar en l^n útilísimo género''. 

"Habiéndola reservado para este objeto, donde los animales pro- 
creasen con liibertad y quietud, y ee alimentasen sin escasez de 
pastos, se abstuvieron por miioho tiem;po de fonnar poblaciones 
capaces de im«pedir la cría que sucesiva y rápidamente se fué 
multiplicando después" . 

Agrega el mismo historiador (jue, para explotar osos granados, haibía 
que sacar licencias del Ayuntamiento de Buenos Aires, bajo obligación 
de ceder la tercera parte al tesoro de aquella ciudad, y que con 
tal motivo se formaban fuertes partidas que establecían su asiento 
a orillas de los ríos y arroyos, einanando de los apellidos de loe 
jefes o capataces de esos grupos muchas de nuestras denominaciones 
geográficas, como Pando, Solís, Maldonado y Rocha. 

Ija Banda Oriental había sido, pues, en sus comienzos, algo así 
como una estancia del Municipio de Buenos Aires, y es explicable 
entonces que el Consulado procurara por todos los medios a su 
alcance, oponei'se al desarrollo comercial de ^Nfontevideo. /porque 
ese desarrollo .«i'/nificaba, a In ''•' <"'" I* ;"'V»"""'1'>'"''n económica 



MANUAL DE HISTORIA URUGUAYA 49 

\le la eátancia, la organización de lui rival comercial en el Río de 
la Plata. 

Y hay tpie advertir que la estancia era de una riqueza insupe- 
rable ! 

El doctor Miguel Lastarrla, Secretario del Vii'rey, marqués de 
Aviles, dice en sus "Colonias Orientales del Río Paa'aguay o de la 
Plata", que, "del casi millón de cueros que se extraen del Río de 
la Plata, más de la mitad salen del territorio oriental"; agrega en 
cuanto a las carnes que es "muy sensible el mejor sabor de las 
<\e la Banda Oriental, que aún de regalo las llevan a Buenos Aires"; 
y cierra el elogio cxju este magnífico broche : 

"La gran parte de nuestro territorio comiprendida entre la línea 
■divisoria del Brasil, cunso del Uruguay, ribera del Río de la Plata 
y del mar, hasta donde principia aquelUa línea, es el depósito de 
la salud, de la riqueza, de la comodidad de los fieles vasallos de 
Su Maj^tad en la Provincia de Buenos Aires". 



M. DK H. U.— 4 



CAPITULO VIII 

I,AS INVASIONES INGLESAS 

Cuál era, en ese momento, la situación del Kio de la Plata. 

Sintetizando el contenido de los capítulos anteriores, puede ca- 
racterizarse así el estado 'l'l T?í" <^> --i Plitn ..i luMur»,. ,1,. 'dií-Iip^.x 
la conquista inglesa: 

El elemento indígena, cxlc-ruiuiaUo luiuimciilc cu ei Liu^jiiay y 
casi exterminado en las demás provincias; el criollo o americano, 
sometido en absoluto al yugo español, sin derochoe, verdadero pfuia 
en su patria; ila ganadería y la agricultura, asfixiadas (por falta de 
salidas; la obra entera de la civilización, detenida por temor de 
.que al alzarse el nivel general de la cultura y de la riqueza, que- 
dara en riesgo la clase dominadora; y, ij^ara colmo de mades, una 
lucha económica cada día más acentuada entre las dos riberas del 
Plata, por el cSmpeño de las autoridades españolas de Bueno- ^m- - 
en deprimir a Montevideo. 

¿Podía aguardarse, dentro de ese cixadro, una vigí» ..i- 

tiva popular rontra ol camibio de amo? o dominadorcí^ Ai- 

la Plata? 

Es Jo qui- in>> >n<i ii contestar i.» ¿niiinu <iv jmh.]!-- 
actitud de Montevideo. 

Toma de Buenos Airee por los ingleses. 

La primera expetlición inglesa se /i^rodujo a me 
bajo el mando del almirante Popham y del gcner;.: 

Pasaron de lai^ los cs^pedicionarioe por el puerto de Monto- 
video, ¿n dirección a la costa argentina. 

El 25 de junio desemdiarcó el general Bereeford, al frente de 
1,600 soldados, en Quiílmee. 

Una división de mil hombres, que había salido a su encuentro, 
se dispersó ante la simple aproximación del invasor, sin haber su- 
frido una sola baja por oonoepto de muertos o heridos. 



MANUAL DE HISTORIA URUGUAYA 51 

Dos días después, el ejército inglés entraba a Buenos Aires, cuya-, 
población contaba ya alrededor de cincuenta mil almas, también 
sin lucha, ¡previa i'endieión de las fuerzas militares que la guar- 
necían . 

Y en el acto, la ciudad prestó juramento de obediencia al mo- 
narca inglés, por el órgano de sus autoridades, quedando el mismo 
Cabildo al frente del gobierno civil. 

Uno de los testigos de la época, don Ignacio Núñez, dice que 
ílespués de los primeros momientos de estupor, Bei-esford y sus jefes 
y oficiales recorrían las calles de la ciudad, del brazo de las prin- 
cipales señoras de la soiiedad argentina. 

Había pasado, pues, la población de Buenos Aires, del dominio 
español al dominio inglés, sin derranmr una sola gota de sangre, 
y hasta sin conflictos sociales de ninguna especie. 

Montevideo decreta la reconquista y se da una organiza- 
ción política revolucionaria. 

De este lado del Plata, el ambiente oficial era también de apo- 
camiento. El Virrey había huido de Buenos Aires, y el Go- 
bernador de Montevideo, don Pascual Ruiz Huidobro, parecía re- 
suelto a mantenerse en una situación de expectativa, doblemente 
justificada ipor la falta de órdenes superiores y por la pequenez 
de lia guarnición de la plaza, que sólo constaba <ie quiniento» 
soldados . 

Pero la población de Montevideo se alzó como un solo hombre, 
para organizar la reconquista de Buenos Aires. Verdad es qne 
ya sabía lo que ei^a triunfar de los ingleses. Y véase cómo lo 
había aprendido: 

Don José de Bustaraiante y Guerra, uno de los Gobernadores de 
Montevideo, se embarcó de regreso para España, a fines de 1804, 
al mando de una escuadra que conducía cinco millones de ipesos en 
metálico y un riquísimo cargamento de mercaderías. Del metálico 
correspondía a remesas del comercio uruguayo, con destino a pagos 
internacionales, un millón y medio de pesos, y el resto del dinero 
> las mercaderías a Lima. Al llegar a la altura del Cabo de Santa 
María, la escuadra inglesa del comodoro Moore atacó y venció a 
la española, ajpoderándose de sus caudales y mercaderíasi. Tal atro- 
pello produjo enorme imipresión en nuestra plaza; y vivos deseos 
de emprender represalias, de forma que apenas fué autorizado el 
corso por el Gobierno Español, el pueblo de Montevideo armó dos 
barcos llamados "Oriente" y "Reina Luisa", oon trescientos hom- 
bres de combate, que se lanzaron al océano y atacaron, vencieron 



52 - EDUARDO ACEVEDO 

y trajeron ai I'uerto una media <loc«na de barcos iujrleses rejp^lelos 
de prisioneros y de valiosas mercaderías que Qjermitieron i^esarcir 
las (pérdidas. 

Ya sabía, pues, Montevideo, lo que era pelear con los ingleses, y 
,])or eso se alzó oomo un solo hombre para organizar la reconquista 
de Buenos Aires. 

Concurso pei'sonal y concui'so ipecuniario ; todo fué ofi-ecido a 
las autoridades i>ara marchar contra el invasor, en manifestaciones 
ruidosíus <|ue loí'orrían Ja-s calles, caldeatoan la atmósfera, triunfaban 
de las vacilaciones de Ruiz Hiiidobixí, e infumlían en el Cabildd 
impulsos revolucionarios de üa mayor impK>rtancia . 

Como resultado de esa nue\'a fuerza papular que tan de imjpro- 
viso surgía dentro de la plaza fuerte de Montevideo, el Cabildo 
declaró en su famosa sesión del 18 de julio de 180(5: 

"Que en virtud de haberse retirado el Viney al interior del fwí.<, 
de iialilarse susjíenso el Tribunal de la Real Audiencia y juramen- 
tado el Cabildo de Buenos Aires, era y d*»bía respetarse en lod:is 
las circunstancias al Gobernador don Pascual Ruiz Huid<»bro. ivimo 
Jefe Supiienio del C^ontinente, piuliendo obrar y i)ro<'e<ler con la 
plenitud de eeta aut«)rid«d para salvar la ciudad amenazada y 
desalojar la catpital del Virreinato". 

Era un formidable g«lpc de maza contra el andamiaje institu- 
cional existente. 

}j& vida de las colonias del Río de la llata era «le al>soIuta 
«érvidumbre cívioa. Ningún cargo podía creai-se, eevw^iaJn^^'ntc 
en una ciudad subalterna como Montevideo, sin la aut<»rización del 
Key y la inten-cmión del Virrey, l'ero he aquí q\w el í^abildo 
de Montevideo, alzado por el }>u€tblo, asume la 'iiiersoneiía del Rey. 
■se suplanta, más bien dicho, al Rey de Kspafia, deja de lado jil 
Virrey, y .por .sí y ante sí inviste a Ruiz Huídobro de una función 
nueva y verdaderamente extraonlinaria y lo autoriza pina empren- 
der lia ix»c<mqu¡sta de Buenos Aires! 

Desde «wa declaración famosa, la primera que se hace en to<lo 
el e.vtenso csceJiario de la dominación española, el coloniaje quetla 
herido de muerte y en plena germinación la idea de la indepen- 
dencia .im.ericana. 

Y para que no hubiera dudas acerca del alcance de sus términos, 
el j)ro}>io Ruiz Huidobro se encaí^ de anteponer en seguida su 
n>andato popular de Jefe Supremo a su mandato oficial de Cm 
hernador. 

En n>siniesla. efectivamente, a inia circular do) Virrey, recabando 
contingentes para mardiar sobre Buenos Aires, y a una orden et»- 
l^ecial sobre en^•ío de tropas veteranas y artillería de campaña, con- 
testó Ruiz Huidobro: en cuanto a la circular, que "había tenido por 



MANUAL DE HISTORIA URUGUAYA 53 

conveniente suspender su ..piiblicacióii, por hallarse autorizado por- 
fcl Oabildo para la reconquista"; y en cuanto a la tropa veterana^ 
que "no podía enviársela, pues debía marehar en la expedición". 

'Las ¡líneas estaban tendidas y la revolución muy avanzada pai-a 
quo el Virrey se arriesgara a insistir, CoiTÍa el peligro de que el 
pueblo de Montevideo lo destituyera, y pi'eíirió acatar esa autori- 
dad que se sobreponía tan audazmente a la suya. Aprobó, pues, 
la exipedición reeonquistadora. limitándose a insinuar a Ruiz Hui- 
dobro, "que si en la demora no litíbiera peligro, esperase los re- 
fuerzos que él debía llevanle, pero que si temiere perder la opor- 
tunidad del ataque y se conceiptuase con testante seguridad, pro- 
cediese en consecuencia". 

El Virrey se ofrecía a ir "en ayuda" del Jefe Supremo de IMon- 
tevideo, y la autoridad divina de los Reyes de España y de sus 
delegados en Amiéiiea, quedaba desconocida y ya definitivamente 
herida de muerte por obra del sobeilbio gesto del pueblo lu'uguayo. 

Ruiz Huidobro cede el mando del ejército a Liniers. 

Tocaban a su término los preparativos militares, sobre ila base 
de un concurso popular ilimitado en hombres, dinero, armas, caba- 
lladas, víveres y embarcaciones destinados a la reconquista de 
Buenos Aires, y tamibién a la defensa de Montevideo que no podía 
quedar confiada a su pequeña guarnición de quinientos hombres, 
liallándose a la vista la escuadra de Popham, en actitud amena- 
zadora. 

Cuando todo estaba pronto y la columna expedicionaria en tren 
de marcha tenía ya un efectivo de mil quinientos soldados, pareció 
inminente el ataque a Montevideo por las trqpias inglesas, y hubo 
que efectuar un camlbio en la jefatura del ejéi'cito reeonquistador. 

Precisamente, en esos momentos de alanna llegaba de Buenos 
Aires, en demanda de tropas, el cajpitán franoési don Santiago Li- 
niers, al servicio del Gobierno Español, y entonces las autoridades 
de Montevideo, concillando das exigencias de la propia defensa con 
las de la reconquista, resolvieron que el Grobernaídor Ruiz Huido'bro 
quedara al frente de la plaza, y que la columna expedicionaria 
marebara a las órdenes de Liniers. 

Hablan algunos testigos presenciales. 

Don Ignacio Nuñez describe asi el efecto que .produjo en Mon- 
tevideo la noticia de la toma de Buenos Aires: 



54 EDÜABDO ACEVEDO 

•Todo se puso en naovimiento para preparar una expedición, 
ti eí^|t logándose en eil pueblo el primer entusiasmo nacional que yo 
mismo he ])resenciado ; se mandaron agentes a Buenos Aires pai"a 
tomar conocimientos; se promovió la formación de nuevos cueriio> 
de milicias; se compraron armas y municiones; se a.pirestaron l«>s 
Traques de guerra y se contrataron buques de transporte". 

Agrega que antes de la llfgada de Liniers ocurrió algo "q\ie en 
otras circunstancias hubiera bastado para trastornar todos los pro- 
yectos", refiriéndose a las órdenes del Virrey, desacatadas por Rui/. 
Huidobro, y al anuncio del bomíbardeo y ataqiu» a Montevideo por 
la escuadra inglesa. 

Dice el Deán Funes: 

"Cuando Ruiz Huidobro recibió la carta de Liniers, era preci- 
samente el momento en que asegurado del oonsentimiento del Ca- 
l>ildo y de las generosas asistencias del vecindario, se ocupaba de 
la organización de un ejército que debía tener el mismo destino 
bajo sus órdenes". 

En este estado de cosas ''se tuvieron noticias (positivas de que 
intentaba el enemigo Ibomibardoar a Montevideo y tentar un des- 
embaToo". 

"Ya no era prudente que Ruiz Huidobro fuera a ser restaurador 
de otra plaza con riesgo de la suya. En N-irtud de esta ocurrencia, 
<i[uedó Liniers autorizado oon el poder l^al para dispone»- Ao la fuerza 
alomada como jefe de la precitada emipresa". 

Un manuscrito del archivo del canónigo don Bartolomé -\i 
publicado por Carlos Guido y Sipano, refleja en estos térn 
^ efecto que la toma de Buenos Aires produjo en ^Montevideo. 

"Se inflamaron todos sus vecinos de tan extraordinario coraje, 
-que corrieron a la tma de la noche a demostrar genei'osos a su 
(íobei'iiador don Pascual Ruiz Huidobro, los efectos de su patrio- 
tismo y lealtad, sacrificando al momento sus vidas y hncioiidas c^a 
defensa de su religión, de su Rey y de su patria". 

"No se ipuede exiplicar sin emoción los ofreoimienli»> <ir Miiat> > 
haciendas que se siguieron, y en que veíamos con admiración venir 
de lo nnás di.stanfe de la camflmña muchos ^nobres hacenda<li)s y la- 
bradores, dejando sus casas, haciendas, familias, v a1);;nil<>¡ianu<> 
sus vidas al amor de tan digno objeto" 

'El Oabilldo se reunió, agrega, con ¡usisuiuin <n-¡ (.oik-uiíkiim. 
para tratar seriamente de la reconquista de Buenos Aires, sin di'S- 
<!uidar la defensa de la plaza de Montevideo, "amenazada y eon 
pocas tropas y oon menos dinero para levantarlas". 

Y mproduoe, finalmente, la lista de los donativos populares, en 
la que se deetiiean: 



MAKUAL DE HISTORIA UEUGUATA 55 

.El comercio de Montevideo, con 100,000 pesos; el cuerpo de 
hacendados, saladeristas y abastecedores, con 50,000; don Mateo 
Ma^-ariños, con 8,000 ijiesos y 40 barriles de aguardiente; don Fran- 
cisco Antonio Maciel, con 70 negros: don Juan José Seco, eon un 
cuenpio de cabaiUería com¡puesto de 200 hombres; el negro Fran- 
cisco Ortegadio, eon 1,000 pesos y su propia persona para incor- 
poranse a la expedición; los pulperos de la ciudad, con 3,379 pesos; 
los panaderos, con 1,391 pesos; una suscripción papular destinada 
a premios, con 10,414 ipesos; otra suscripción, a cargo de don An- 
tonio Vilardebó, don Faustino García y don Manuel Diago, con 
39,261 pesos; una suscripción ablenta por los militares y destinada a 
premios a los soldados que mlás se distinguieran en la reconquista, 
con 2,488 pesos; la eonupañía de Miñones, formada en dos días 
para servir sin sueldo, costeando al comerciante Miguel Monel el 
gasto de los soldados que ¡por su ¡pobreza no ¡podían uniformarse. 

El ejército de Montevideo reconquista a Buenos Aires. 

Oigamos a los capitanes de dragones don José Espina y don 
Aroibrosio Pinedo, oficiales de uno de los cuerpos salidos de Monte- 
video a órdenes de Liniers: 

"El 22 de julio emiprendió marcha la columna compuesta de 700 
hombres, a la que se incorporó mucha gente en la Colonia. La 
fuerza de línea ascendía a 800 hombres; el sei^vicio de artiillería a 
100 hombres; y la tropa y tripulación de los buques a 700. En 
conjunto, 1,600 plazas" . 

"Estábamos igualmente en la persuasión de que a nuestro arribo 
a la otra Banda, encontraríamos tres a cuatro mil hombi-es prontos 
a reun írsenos" . 

"Estando nosoti^os cercanos a partir, so presentó en la Colonia 
don Juan Martín de Pueyrredón, uno de los caudillos de ila Unión, 
y mianifestó a nuestro g'eneral, públicamente, que no debía contar 
con dicho socon'o, iporque las tropas de Buenos Aires, reunidas a 
(í-o efecto en el campo de Piedriel, habían sido descubiertas y mal- 
baratadas por las fuerzas británicas. 

"Nuestro general, en vez de apocarse con tan infausta noticia, 
dio muestras de la magnanimidad de su ctn'azón, diciendo con ale- 
gre soniíblante: no importa, nosotros bastamos para vencerlos". 

"y Ja verdad es que esta heroica confianza, difundida con rapi- 
dez en todo él ejército, fué el presagio miás seguro de la victoria". 

•El 3 de agosto salió la ex(pedieión de la Colonia y al día si- 
guiente tuvo lugar el desembarco en el puerto de las Conchas. La 
cohimna avanzó hasta San Isidro y luego aeanxpó en da Cliacaritn, 



56 " EDUARDO ACEVBDO 

donde el i'a]>elláii iloii DiUiiasK^ Larrañaga tlij»» mi iuüs». «•iii]>hmi- 
(liéndose acto continuo la niaroha hasta los mataderos dt'l M¡."*t>rere, 
a oñllafi de la ciudad. 

Ya en ese punto "nos c'oiuenz<'> a ac<>niip*iñar muolio pueblo", 
contribuyendo "con sus esfuerzos a que nuestra artillería no se 
embarrase en los tlodazales". 

Reanudadla la marcha y acampado el ejército expedicionario en 
el Retiro, y después de librados los primeros oomibates con los in- 
gleses, se presentaron gi-uxKtó de vecinos y de soKlatlog de las fuerzas 
de Juan Vázquez y Luc^is Vivas, de las milicias derrotadas de Puey- 
rrodón y Muííoz y de los ciieri>os de Buenos Aires, "unos con malas 
armas, y otros pidiéndolas con instancia". ComiH)ndrían "do qui- 
nientos a seis<íienlo8 honubres'' . 

Liniers, concluyen dos señores Espina y Pinedo, llevó v. .n...(¡.c 
contra las posiciones de la Plaza Mayor, y obtuvo el día 12 una 
victoria completa, y como consecuencia de ella la reudición, a dis- 
creción, de los invasores. 

Buenos Aires desconoce la importancia de la reconquista 
uruguaya. 

L^ catuipañu había sido, pues, iai)iiiisiina : iiiu-iiMla el '-- de julio, 
con la salida de la coilunuia de Montevideo, terminaba el 12 de 
agosto siguiente, con la recoiujuista de Buenos Aii^es, liabiendo 
tenido el ejército inirl''"- «-i niiii<M<.nt:i>, li.iins, v ln iMilnmu.i h'.-hm- 
quistadora doscientas. 

Kra obra exclusiva de la micuilnu y del cuiicui-sj i>er><>n;il di'l 
vecindario de Montevideo. Ivos contingentes de Buenos Aires, tar- 
díos y muy pobres, escasjimente habían aumentado las fuerzas de 
Liniei^ 

Y por eso Ruiz Hmdobro y el Cabildo <le Montevideo pidieron 
las banderas arrebatadas a los ii^leses. 

Fué la .señal de un r.iuvo y cTnvo incidente entre las dos ciu- 
dades del Plata. 

Kl (^abildt» de iMu•ill>^ .\in>i. iiiv:;i> of <>ii a ijiun-i> \ .1 lui Iveal 
Audiencia, que se i)rouunc¡aron (por la negativa, dealaró "que era 
una temeridad (pretender abrojyarse la gloria de una acción que ni 
aun hubieran intentado los de Montevideo a no contar con la ir<nte 
y au.xilio que estaban dispuestos en Buenos Aires". 

Llevado el ipleito ante la Corte de Madrid, en donde Aíunu \ km.-.» 
estaba repix'senlado por don Nicolás Herrera y don Raymundo 
fluerra, y Buenos Aines por don Juan Martín de PueyritMlún, dio 
el Rev. en alrril de 1H07. el triunfo a Montevideo, concediéndole 



MANUAL DE IlIvSTORIA URUGUAYA 57 

"el título dtí luuy liel y recuiiquistadora; facultad para que use de 
la distinción de maceros, y qxie al eiscudo de sus armas piueda aña- 
dir las banderas inglesas abatidas que apresó en dicha reconquista, 
con una eoi-ona de olivos sobre el Cerro, atravesada con otra de las 
reales armas, palma y espada", 

Exist« un "Estado general de los oficiales y trú(i)as que se baiUa- 
ron en las acciones de guerra al mando del eapitám de navio don 
Santiago Liniers, ipara la reconquista de Buenos Aires", que lija 
el monto de las fuerzan en 1,936 hombres, incluyendo: 

La plana mayor del ejercito, el ,primer regimiento de artillería, 
la real marina y marinería, la infantería de Buenos Aires, los dra- 
gones de Buenos Aires, los blandengues de la frontera de Buenos 
Aires, las milicias auxiliares de (la mismia frontera, los voluntarios 
de caballería de la Colonia, los voluntarios de infantería de Mon- 
tevideo, los Miñones, los voluntarios ipatriotas y los vohuitarios 
patriotas de cabajllería, 

Eise "Estado general" fué levantado por don Marcos Balearce, 
quien hae« constar en una advertencia., que él recibió órdenes de 
formar el cuadro de todos los dementos que habían concurrido a 
la reconquista, y que para redactarlo sacó datos de los mismos cuer- 
pos, hospitales, ,p¿irroqiuias y Alcaldes de Biienos Aires, a raíz de 
los sucesos. 

Comparando dos contingientes que desembarcó Liniers en la costa 
argentina, con el total de las fuerzas reoonquistadoras que arroja 
el Estado del general Balearce, resulta que el concurso de Buenos 
Aires era de unos (luinientos hombres, o sea. la misma cifra que 
establecen los oficiales Espina y Pinedo en su crónica de la cam- 
paña- 

Y hay que agxegar que eran quinientos hombres desmorailizados 
por la derrota, y sin armas muchos de ellos. 

Preparativos contra la segunda invasión. 

La íprimera invasión inglesa sorprendió, pues, a Buenos Aires 
en plena siesta colonial. 

■Los criollos íU"g«ntinos no tenían la mjás remota idea de sus 
fuerzas propias, ni atribuían importancia al camíbio político que 
se operaba. En vez del monarca esipañol, el monarca inglés. Era 
igual ixiTia ellos, según resulta de las crónicas de la época. 

En cambio, los criollos de Montevideo, que baíbían ya actuado 
on largas luchas contra los charrúas y contra Jos (portugueses, es- 
iaban despiertos, plenamente despiertos, y con la conciencia clara 
de sus fuerzas, cuando la escuadra de Poipiíam dio su manotón. 



r)lS EDUARDO APEVEDO 

Y por eso en el acto uiismo de recibida la infausta noticia tic la 
rendición de Buenos Aires, so lanzaron a la calle, dieron nn punta- 
pié aJ régimen colonial, y organizaron por su propia cuenta el 

- ejército de la reconquista . 

Su ejemii)lo, ijírestigiado i>or el éxito, debía estimular y estimuló 
f, los criollos de la ca)pital del Virreinato, del doble punto de vista 
político y milrtar. 

La escuadra del almirante Popham, lejos de abandonar las aguas 
del Plata, después de la rendición deil ejército del general Beresfoi"d. 
manteníase en ellas, en actitud amenazadora. 

El pueiblo de Buenos Aires echó, pues, a un lado al Virrey, y 
]>idió el trasipaso de sus poderes militares a Liniere, y oíbtuvo amibas 
cosas con expresa conformidad de Sdbrenxinte, que veía su csusa 
irremediablemente perdida. Era la reproducción de la aetitud del 
])noblo uruguayo al investir a Ruiz Huidobro con el mando supremo 
en la víspera de la reconquista, y al desacatar las órdenes del 
Virrey . 

Y en el acto empezó a preocuparse de su organización militar y a 
preparar la formidaible resistencia que le .piermitiría vencer a un 
ejército inmensamente, 'mayor que el que había hecho su entrada 
triunfal y sin derramar una sola gota de sangre meses antes, eon el 
general Beresford a la cabeza. 

Sobremonte expulsado de Montevideo. 

El Virrey Sobremonte, ooiTÍdo de Buenos Aires, se dirigió a 
Montevideo al frente de sus indisciplinadas milicias de caballería, 
para asumir la defensa de fia plaza, seriamonto amonazarln por h 
escuadra del almirante Popham. 

Pero el pueblo uruguayo, que ya había descoiKn-nK» .sa íiukmkkuI 
en la víspera de la reconquista, volvió a desconocerla ahora. Pidió 
{I gritos que el Virrey se fuera. Y tanto se caldeó el ambiente, 
que el Cabildo tuvo que comisionar a varios de sus miembros para 
manifestar a Sobremonte, que en el estado de ánimo del vecindario 
erji iniínosiblo contener la agitación pública de otro modo que con 
su iniíTiediata retirada de la ciudad, in\ñtación que acató el Virrey, 
a raíz de protestar que sólo saldría de allí **muerto o por la fuerza'*. 

La segunda invasión inglesa. Saqueo de Maldonado. 

La escuadra inglesa, que liabía i>ecibido un refuerzo de 1,400 
honilbrcs al mando del general Backhouse, rompió el fu^^> sobre 
Montevideo, con la idea de proteger ivn desembarco. Pero ante la 



MANUAL DE HISTORIA URUGUAYA 59 

xeeistencia de la plaza, emprendió maroha coa rumbo a Maldonado, 
a la espera de nuevos contingenbes, iposesionándose de didia ciudad 
a ñnes de octubre de 1806. 

El vecindario de Maldonado, en una Memoria que presentó al 
año sigaiiente al Cabildo de Montevideo, reilata en los términos 
que extractamos a continuación ila entrada a la plaaa del ejército 
inglés y su conducta con los vencidos: 

Al tenerse noticia del desembarco, el capit-án de blandengues don 
Miguel Borras, reunió 230 homlbr&s, que fueron distribuidos en los 
niódanos, en la torre de observación y en las calles de la ciudad. 

Pero la resistencia era in]\posible, y el ejército inglés quedó dueño 
de la plaza con baja de 37 muertos y 40 heridos, siendo tamíbién 
uíuchas las pérdidas de los patriotas. 

En el acto empezó el saqueo de la ciudad, y continuó durante tres 
días y tres noches, tomando (parte en la tarea más de tres mil 
hombres de tropa y toda la marinería de ilos setenta barcos fon- 
deados en la bahía. Las casas eran registradlas' una por una; las 
ropas, el dinero, las alhajas, robadas; los muebles, hechos pedazos; 
los hombres de todas edades, insultados, golpeados y encerrados 
luego en los cuarteles; das mujeres violadas; los archivos público? 
del ]\Iinisterio de la Real Hacienda, de la Superintendencia, de la 
Comanilancia Militar y del Cabildo, saqueados también y sus pa- 
peles tirados a la calle. 

Por fin, apareció un bando del general BacMiouse, ofreciendo 
garantías; recuperaron la libertad los prisioneros, excepto ochent» 
soldados; se restituyó una pequeñísima parte de la ropa saqueada; 
hubo distribución de raciones a las familias necesitadas; y se pa"i* 
hibió la venta de bebidas alcohólicas a ilos soldados. 

El ejército utilizaba como leña las puertíis, las ventanas y los 
muebles de las casas de Maldonado. 

La resistencia, concluye ila Memoria que extractamos, vencida en 
la ciudad, prosiguió en las cercanías y en la eamipaña, hostilizando 
incesanít emente a las tropas inglesas que se arriesgaban a salir en 
busca de ganados. 

Monte video, pide auxilios a Buenos Aires y es desatendido. 

Al iprincipio, pareció que el ejército inglés se ¡proponía atacar 
a Montevideo por tierra, y fueron destaeadias diversas partidas 
para hostilizarlo, las cuales se aproximaron con denuedo hasta for- 
malizar un verdadero sitio en torno de Maldonado, que obligaba 
a los ingleses a buscar sus provisiones en da escuadra. Pero lie- 



60 



"íaron mievos y considerables refuerzos a cargo del geueral Aucli- 
muty, y entonces quedó resucito un plan de ataque por mar. 

Después de la primera experiencia, reveladora de la falta abso- 
luta de organización en Buenos Aires y del jxxleroso nervio mili- 
tar de Monte\-ideo, resolvían así los {generales ingleses atacar y 
destruir el foco princi^pal de la. defensa española del Río de la 
Plata, ipara reanudar luego la obra de Beresford. 

Montevideo sólo había podido oi-ganizar una guarnición de tres 
mil soldados, y fuera de sus muros vagaba el "\'irr^y a la caÍK'za 
de otros tres mil Iwmbres de caballería que, en parte principal, 
procedían de Córdoba y del Piaraguay, sin armas, sin difsciplina y 
dispuestos a imitar a su jefe en la constante huida de los sitios de 
peligro . 

El ejército de Auehmirty contaba cerca de seis mil combatientes 
de línea. 

Era miuy grande el desequilibrio, y el Cabildo deepaelió una 
(amisión a Buenos Aires en demanda de auxilios militares. 

Cuamlo Ja iprimera invasión, Montevideo se había anticijjjado de 
tal manei'a al grito de socorro de Buenos Aires, «jue Liniers en- 
contró la exi>edición pronta para pai-tir, y en estado ya de vencer 
o los ingleses, como el mismo se encaí^ de decirlo a Pueyrredón 
en la Colonia, al enterai'se de que con ninguna otra fuerza i' •' ■ 
contar allende el Plata. Y todo olio, a pesar de que la <is<t 
de PopJiam ci-uzaíba a la vista de Montevideo, auneiiazando con 
desembarcos que obligaban •> "" 'Ipsprenderee de tan considerables 
fuerzas militares. 

¿Qué resultados obtuvo, ealretauto, la delegación del Cabildo? 

Habla Liniers: 

"Yo quise pasar a Montevi<leo con algrunas troi>as jiara socorrer- 
lo; pero los habitantes de aquí se niptisieron y solamente me per- 
mitieron enviar quinientos hombres que Herrón a ella con felici- 
dad, pero que no pudieron ix'tardar su pérdida sino muy p(K?o tiem- 
|>o. El Gobernador .pidió bien ipronto un refuerzo mayor. En- 
tonces me concedieron que lo llevase, pero era ya tarde" 

El general Belgrano, refiriéndose a los preparativos de i;i «•\¡>«- 
dición militar que se resolvió eJiviar en ayuda de Monte\'ideo. dice 
que de todos los cuei]po6 de Buenos Aires salían voluntarios, (pero 
agrega: 

"Sin enibargo, de que hubo jefe, que yo vi, que cuando pre^fun- 
taron a su batallón quién quería ir, le hizo señas con la cabeza 
para que no contestase". 



MAN^UAL DE HISTORIA URUGUAYA 61 

El asalto a Montevideo. 

La escuadra inglesa, compuesta de un centenar de buques, se 
presentó a la vista de Montevideo el 15 de enero de 1807, y a.l 
día siguiente se produjo el desembarco de la trqpa en el Buceo. 

Tjais caballerías de Córdoba y del Paraguay, que había traído 
Siteemonte, faltas de disciplina y de armas, se desbandaron sin 
pelear a los primeros tiroteos, sosteniendo todo el fuego los blan- 
dengues de Montevideo y algunas fuerzas salidas de la plaza, que 
al liu tuvieron que retirarse con muchas pérdidas. 

Frente al desastre, y como medida heroica, resolvieron las auto- 
ridades de Montevideo que la guamieión abandonara las muraillas 
y fuera a presentar batalla eu campo abierto. 

Las troipais de línea apenas excedían de 2,000 hombres'. Con 
ellas y algunos centenares de soldados de caiballería, emprendió 
marcha el brigadier don Bernardo Leeocq hasta la altura del Cristo, 
bajo los fuegos del ejército de tierra y de la escuadra. Pero tuvo 
que replegai'se en derrota, eon pérdida de la tercera iparte de sus 
■efectivos, entre muertos, heridos, prisioneros y dispersos. 

Volvió en esas circunstancias el Cabildo de Montevideo a reiterar 
el pedido de auxilios. En su oficio de 23 de enero, decía al Caíbildo 
de Buenos Aires, ,para alejar temores sobre un posible ataque a 
dicha plaza : 

"Lo que sí ¡podemos asegurar a V. S., es que en tanto no seamos 
vencidos de nuestro común enemigo, no tiene esa ciudad el más 
leve motivo para recelar que él pase a invadirla- Si él fuese 
vencido ¡por nosotros, no podría reembarcar sus trapas; sería cuan- 
do estuviesen disminuidas y no se hallaría en estado de intentar la 
conquista de esa ciudad. Y si lo hiciese, sabe V. S. por expe- 
riencia que ésta, sin reparar en los peligros de su indefensión, sa- 
bría acudir con todas sus fuerzas a dar ayuda a esa capital". 

Recién entonces, ante la caída inminente, se autorizó a Liniers 
para organizar una expedición, de la que solamente quinientos 
hombres al mando del brigadiei* Aree pudieron llegar en la vís|pera 
dftl asalto, pues el grueso del ejército, con Liniers a la cabeza, tuvo 
que retroceder a Buenos Aires, ante la noticia de que la plaza había 
sido tomada el día 3 de feibrero. 

Actuación heroica de los blandengues 

Entre las fuerzas que oomlbatieix)n dentro y fuem dé las mura- 
llas, se destacó el regimiento de blandengues de Montevideo. 



62 EDUARDO ACEVEDO 

Véase cómo describe su ipaiLicipación en la ludia el coronel dou 
Cayetano Ramírez de ^\j"e!lano, oomandante del regimiento: 

"Parte del regimiento estaba en Cerro Lai^o cuando llegó la or- 
den de regresar a Montevideo y situarse en Punta Carretas j>ara 
observar las operaciones del ejército inglés. El resto de los blan- 
dengues estaba en MaJdonado, en número de 120 hombres, y sufrió 
el (primer choque con el ejército invasor, siendo deshecho en lucha 
desiguajl, con pérdida de 8 hombres, 14 heridos de gravedad y mu- 
chos prisioneros. 

A la llegada de la escuadra inglesa al Buceo, el regimiento de 
bdandengues y otras tropas fueron destinados a inupedir el des- 
embarco, sin ¡poder construirlo a causa del continuo fuego de ios 
buques. Desde el saladero de Magariños, la tropa hizo fuego y 
detuvo el avance de los ingleses. Puestos de nuevo los invasores 
en marcha sobre la plaza, los blandengues i-eunidos a las milicias 
de Córdoba y del Paraguay, que mandaba el ViiTey, salieron a su 
encuentro y fueron atacados a la bayoneta /por fuerzas muy •••;■ 
ñores, sufriendo los blandengues 24 bajas entro muertos y )> 
■ y teniendo que retirarse en derrota al mat^ulero de Silva. Allí 
reanudaron su ataque los ingleses y tuvieron los blandengues que 
retirarse en dirección a la plaza, seguidos ipor los atacantes que se 
posesionaron del Cristo. 

I>e la plaza volvió a salir el regimiento, en unión 
tropas, con resultados también adversos, sufriendo loa bietidengues 
30 muertos y varios heridos. 

De retgreso, fueron destinados los blandengues a la. muralla y 
allí sufrieron el vigoroso fuego de mar y tierra hasta el asalto del 
3 de febrero, con pérdida de muchos muertos y heridos, cuyo nú- 
mero no os posible precisar, porque se ignora el de los iprisionems 
;nifr fueron eniíb&rcados para Inglaterra. 

"Del citado cuerpo, concluye el comandante del regimiente 
currieron a la acción conmigo los cajiitanes don Bartoílomé '■' 
don Carlos Maciel, don Felipe Cardozo, el ayudante mayo 
José Artigas, los alféreces don Pedro Martínez, don José ^^ 
Victorica, y los cadetes don Juan Corbera, graduado de^aJ. .».. 
don Roque Gómiez de la Fuente, don Prudencio Zufriateííui, don 
Juan ^íanuel Pagóla, que murió .la nochv del ataque, ■ 
portado todos con el mayor onardocünicnto, sin iperdon; 
de fatiga, animando a las tropas, sin embargo de que no lo nc- 
CGsitaiban por el ardor con que se arrojabn- -' *'•■ -m /'" • < •'"■^- 
migoe". 



MANUAL DE HISTORIA URUGUAYA 63 



El pa/rte oücial áel Gobemaáor de iviünte video. 

El Gobernador Ruiz Huidobro, que fué hedió prisionero y remi- 
tido en ese carácter a Inglaterra, redactó su parte oficial en Madrid, 
el 30 de diciembre de 1807. Oigamos su relato: 

Desde el 20 de enero hasta el 3 de febrero en que ee consumó 
el asalto, no hubo un solo momento de descanso ni ipara la gnar- 
nición, ni para el vecindario. Del vigor de lia resistencia, puede 
dar idea el número de las bajas. El soilo asalto a la plaza costó 
a sus defensores setecientos muertos y heridos y más de mil a los 
ingleses. 

"Nada menos costó la rendición de una plaza sin murallas en 
la mayor parte de su i'ecinto, sin estacada, sin minasi, sin puentes 
en sus puertas sencillas como las de una casa piarticuilar, con una 
cindadela que sobre tener desiplomado uno de sus baluartes, está 
dominada, como toda la plaza, de un punto inmediato. Así es 
que nuestras cureñas y cañones eran despedazados con una fre- 
cuencia admirable, y que sólo pudo remediar durante tanto tiempo 
una actividad extraordinaria". 

"Los sacrificios que hizo de sus 'nvós sagi'ados intereses este pue- 
blo fiel, para verificar la reconquista de Buenos Aires, no fueron 
más que unos ensayos de las acciones heroicas que ha ejecutado 
para sostener una resistencia que illenó de asombro a los enemigos. 
El dinero, las propiedades, las alhajas, la sangre de sus propios 
hijos, todo se me ofreció con placer, con amistad y con instancia. 
Un soldado, un colo vecino no hubo que se quejase de la extraor- 
dinaria fatiga de quinee días con sus noches de alarma, con oonti- 
i'uo fuego y trabajo incesante. Ellos veían con indiferencia las 
ruinas de sus casas, cuyo costo absorbía la mayor parte de los 
s'udores de toda su vida. La muerte de sus hijos, parientes, amigos, 
no fué capaz de suspender ni un instante el ardor de sus nobles 
Kentimientos" . 

Una Memoria del Cabildo. 

También el Cabildo de Montevideo redactó una Memoria en marzo 
de 1808 para instruir a la Corte de Madrid acerca dé la magnitud 
del esfuerzo reaüzado contra los invasores. 

Habla en ella de los reveses de Sobremonte, de la salida de la 
guarnición, del combate desgraciado que tuvo lugar en el Cristo, del 
regreso precipitado a la plaza, del avance del ejército inglés hasta el 
Cordón, Arroyo Seco y Adiada, de la aiproximación de los buques 
de la escuadra a la costa para el bombardeo de la ciudad ; y agrega : 



6 i - EDUARItO ACEVEDO 

"KI fu6gi> eontiimaba simKanif..ii. ..,.< tle.MlL' hu- ii.aim -u- ui ma- 
ñana en que emí[>ezaba, hasta las siete tle la nodie, de una y otra 
parte, y los días que podían arrimarse los buques eni conupleto »'l 
fuego ix)r mar y tierra, y tan excesivo el que s<» lii/o por iiiu'>í!i:i 
parte, que Herrón a reventar algunos cañones"' 

"Ija parte de tierra de la Cindadela, biitería nc .^:ui .-x'diisu;!!!. 
Parque de Artillería y Cubo del Sur. estaban ya o! día 2 do febrero 
demolidos sus raerlones y más de diez y seis varas de brecha abierta 
por el portón de San Juan". 

"En la tarde de ese mismo día enviaron los enemigos un parla- 
mento pidiendo la (plaza bajo de unas capitulaciones honrosas en 
consideración a la vij^orosa defensa que se había hwho y a tener 
brecha abierta, pero el vecindario y su .iruarniciún no admitían más 
contrato que el de vencer o morir ijjor Ja religión, iK>r su Rey y por 
4>u ipatria, con cuyo motivo se toeó el propio día ti"es veces ¡renerala 
para estar todos prevenidos". 

"La mortandad que hubo de parte del enemigo no pudo saberse 
con certeza, poi^jue nunca quisieron declararla, giero sí se ha sabido 
que ha sido mudia y de los nuestros de bastante consideración, puen 
en tres días continuos no se acabaron de enten*ar. 

"Eí número de heridos de ellos y nuestros, era considerable; 
ocupaba el del enemigo sólo la Iglesia Matriz, hospitales y algunas 
casas particulares que se desocuiparon, y los nuestros las bóvedas de 
la muralla y el Hospital del Rey. 

"Las tropas enemigas, mientras duró el toque de ataque, no per- 
donaron la vida a nadie, ,perr> despu«*s que quedó ya todo sosegado. 

s«')lo hacían prisioneros m iodo* los lK)!ií1)rcs <in<> (>tu'oiifr:ih:in. fiu^sí-n 

1>1 ancos o n^ri'os. 

'^FA trat<) <|ue en ios Ir.Kjuos datxiii ;¡ los prisioneros cr;i tan in- 
humano, que muchos murieron de necesidad y la mayor .jiarte de 
ellos se hallab.in ya a los siete días enteramiente enfermos y sin 

alientos i>;>'-> in.iii..;ii-<^>". 

Los vencedores hacen honor a los vencidos. 

Fué grande y heroica, como se ve, la resistencia de la plaza, y 
los vencedores ee mostraron dignos de ella, según i-esulta do los 
siguientes jiiárrafoe de un oficio que dirigió el Cabildo de Monte- 
video en agosto de 1807 al coronel Rn»\vne. jefe de la guarnición 
inglesa de la (])laza: 

"Algunas de las trqpas victoriosas, consi demudóse con derecho a 
las propiedades de los ciudadanos, eni|pezaban a saquear. ¡Qué actos 



MANUAL DE HISTORIA URUGUAYA 65 

An violencia no habrían cometido, si no fuera por vuestra actitud y 
iirmeza ! ¡ Qué, sin vuestra resalucióu y virtud, podría haber refre- 
nado las furias de los soldados exasiperados, engreídos oon la vic- 
toria, en uiiedio de una ciudad cuyos habitantes se hallaban fugi- 
tivos o prisioneros, cuyas calles estaban llenas solainente oon los 
heridos, los muertos y los morfbundos ! 

"Dos horas después del ataque, esta ,pilaza parecía un desierto. 
Un silencio profundo y letárgico reinaba en toda la ciudad. No se 
veía ningún objeta, salvo solamente los cuerpos de los heridos y los 
muertos. Aún vos mismo, señor, parecíais consternado de la escena 
solemne. N"o ¡permitíais que sonase la aguda trom(peta, ni el pífano, 
ni la caja, ni ningún instrumiento de míisica marcial. Ed ruido de 
los cañones había cesado; no se oía nada que inteiTumpiese el triste 
y terrible silencio de aquellas horas fatales. A pesar de haber huido 
todos los habitantes, abandonando sus posesiones, todos sus bienes 
y efectos queda'ban, por la justicia y la benignidad de los vende- 
dores, tan seguros como si hubieran sido guardados por ellos mismos. 
En el primer momento de confusión, se cometió algún insignificante 
-exceso 5 ipiero por el mismo, en la gran plaza de la ciudad, fueron los 
perpetradores del exceso públicamente castigados con la mayor se- 
veridad; y sólo a los ruegos encarecidos de ayunos del Cabildo, 
fuisteis inducido a (perdonar la vida a dos reos que estaban conde- 
nados a morir. Todo artículo, por pequeño e insignificante, que se 
hailló en poder de cualquier soldado o marinero, fué enviado al Ca- 
bildo para ser devuelto, si era posible, a su verdadero dueño. Las 
faimilias eran tratadas con la mayor ternura y respeto. El orgullo 
(le las tropas victoriosas que acababan de conquistar la, ciudad y 
■entrar a sangre y fuego, quedó en un momento suprimido y su re- 
gocijo reducido a la quietud y tranquilidad. Después de eso, ningu- 
Jia vez han caiosado el menor diisturbio ni vejación á los habitantes". 

Apart-e, pues, de los ipñmeros rigores a que fueron sometidos los 
prisioneros, se esforzaron los ingleses en destruir la deplorable ini- 
iupsii'in (¡up sus exf-csdí habínn iproducido en Maldonado. 

No consiguen ios ingleses dominar la campaña uruguaya. 

Sobre su amplia base de oiperaciones en Montevideo, empezaron 
los ingleses a extender su radio de acción y de influencia a la cam- 
paña, mientras se completaban y organizaban las fuerzas que debían 
lanzarse sobre Buenos Aires. 

Ocuparon algunos puntos de Canelones, San José y la. Colonia. 

Pero lia resistencia emjpezó a organizarse, con eil concurso de al- 
«iuiioíí vecinos de valimiento, y de Liniei"s, que alentaba los trabajos 

M. DE ir. u. — 5 



66 l-iÚAKiio ACEVEDO 

<lesde Bmeiius Aires; y varios de lo» destacamentos iiiglt'j>os que se 
habían internado tuvieron que replegai:se a Montevideo, acosados 
por los patriotas. 

La Colonia másma estuvo a punto de ser reconquistatla (por uiui 
fuerza que cruzó el río bajo el mando del corone! don Francisco 
Javier de Elío. 

En la Memoria que el Cabildo de -ú<»iii(vi(ieu reuaou» von (tf:siiti<» 
a la Corte de Madrid en 1808, se refiere que Elío penetró en la 
plaza, causó varias bajas a los ingleses, e introdujo en sus filias tal 
oonfusión, "qae parte de los enemigos cnníMn <"i< c.-tt k.i. oon l.iy 
armas en la mano, a embaj-carse" . 

"Después de esta acción (concluye el Cabiiaoj, tuvo otra c¿ mismo 
señor EJío entre el río de San Juan y el de San Pedro, de no poca 
consideración, pues habiendo salido de dicha plaza novecientos cin- 
cuenta soldados con eu pequeño tren, a atacar a los nuestros que 
eran mucho menos por no haberse reunido aún a dicho Elío todas 
las fuerzas de su mando, y halber huido la caballería, que mandaba 
Muñoz, fué taA la defensa que hizo con aquella poca gente y tan 
reñido el combate, que casi llegaron a la mano con el enemigo, de 
cuyo convbate resultaron de los nuestros algunos muertos, heridos y 
prisioneros; y de los enemigos pasaron de ciento cincuenta entre 
muertos y heridos; quedando tan aterrados los ingleses de ««ta acción, 
que las trqpas que se em'barcaban para ir contra Buenos Aires s-» 
hallaban tan atemorizadas que fué preciso para hacer el embarco de 
ellas e iraipedir no se les huyesen, acordonar eil muelle de centinelaf. 
pues estaban muy acobardadas*'. 

En cambio revolucionan el ambiente del Río de la Plata. 

I^a i)laz:i de Montevideo permlanieció en ^joder de loe ingleses desde 
el 3 de febrero de 1807, día del asalto, hasta el 9 de .«Híptiemibre 
del mismo año, en que asumió el mando el nuevo Gobernador espa- 
ñol don Francisco Javier de Elío. 

Durante es.^s siete meses, l^ ingleses realizaron una dohüe cam- 
])aña contra el coloniaje español: de ideas, por la prensa; de hechor^, 
fíor el conaercio libre. 

De la primera, S3 encargó "La Estrella del Sur". 

"En esta región (decía en su programa), las ventajas de una im 
prenta libre nunca se han experimentado". 

"Nuestra conducta acreditará ila honradez de nuestros sentimientos, 
igualmente que la sabiduría y suavidad de nuestras leyes. La bri- 
llantez que reviste el espíritu de la libertad, penetrará las nieblas 
que oscurecen vuestros ojos". 



MANUAL DE HISTORIA URUGUAYA 67 

l^a España, agTogaíba en otros números, "es el esqueleto de m%. 
gigante", sin condiciones ya para gobernar y hacer felices a los (pue- 
blos de Amiérica,, por ila absoluta decatdeneia de su genio, de su po- 
derío, ide sus industrias. 

Proeiu'ó "el esqueleto", por intermedio de la Real Audiencia de 
Buenos Aires, prohibir la circulación del diario inglés- Véanse los 
ténninos de su bando de junio de 1807: 

"Los enemigos de nuestra santa religión, del Bey y del bien del 
género humano, escogieron entre todas sus armas, como la más fuerte 
jsara el logro de sus malvados designios, la de una imprenta, por 
medio de la cual les fuese fácil difundir entre los habitantes de ^ta 
América, esjpecies las miáis perniciosas y seductoras". 

Algo mlás procuró hacer la Audiencia para contener esa prédica 
deauoledora. Pidió, efectivamente, a Mariano Moreno que escribiera 
una réplica. Pero, segvui ha referido don Manuel Moreno, el futuro 
director de la "Gaceta de Buenos Aires" pudo producir el eonvenci- 
miento de que era más prudente el silencio. 

De la segunda tarea, se encargaron varios centenares de comer- 
ciantes ingleses que habían marchado detrás del ejército expedicio- 
nario, y que desparramaron sus mercaderías, realizando una demos- 
Iraeión viviente de las ventajas de la libertad de comercio y de la 
monstruosidad del régimen con que España aherrojaba al Río de la 
Plata, para satisfacer el apetito devorador de un grupo de comer- 
ciantes que se encargaba de engañar al mismo Fisco, con ayuda del 
contrabando. 

El ejército inglés ataca a Buenos Aires y es vencido. 

A principios de mayo de 1807, iJilegó a Montevideo el general Wlhi- 
telocke, con el nombramiento de General en Jefe de todas las fuer- 
zas inglesas, y a fines de junio eruzaiba el río al frente de doce mil 
hombres, desembarcaba en la Ensenada de Barra^n y se ponía 
inmediatamente en marcha sobre Buenos Aires, cuya guarnición se 
aproximaba a nueve mil homjbres. 

Los atacantes derrotaron y dii5(persaron totailmiente a! ejército de 
Liniers, que había salido a su encuentro. 

Pero en el acto se oi'ganizó la resistencia dentro de la plaza 
misma, bajo el impulso de don Martín de Alzaga, y después de un 
sangriento combate en que la división atacante, compuesta de seis 
mil homlbres, perdió la mitad de sus efectivos, entre muertos, heridos 
y prisioneros, se iuiciaron y concluyeron negociaciones de paz el 
6 de julio de 1807. 

IjOS defensores de Bvienos Aires habían sufrido una 'pérdida de 
300 muertos y de 500 heridos. 



68 EDUARDO ACEVEDO 



Desocupación de Montevideo. 

M iniciarse las uegociaciones de paz. se liiuitó Liniere a exigir 
el reem'barct> iimíetliato del ejército iíiglés, con sus aiinos y pertrecht>s 
de gmerni. 

Pero don Martín de Alzaga, alma de la organización de la de- 
fensa, exigió, adetnáe, la desocupación de la plaza de Montevideo. 

Es decisivo el testinaonio de Jos contenvporáueos. 

El geiieraJ Martín Kodrígiiez afirma en su "Momoria Histórica" 
que cuando Alzaga expresó la nec^esidad de exigir la <lesoci»i>ación 
de Montevideo, declaró Liniers que eso "era un disparate; que los 
ingleses nuncA abandonarían la plaza de Montevideo; piero Alzaga 
insistió y Liniei-s tuvo que ceder". 

Don Ignacio Núñez declara también que Alzaga, enlwmlo de las 
bases de la capitulación, pidió que se imipusiera Ja desocupación de 
^Montevideo, y que, "el geno'->i T ínio..^ >;.. \w'. ,<i>i;.^-.,L. ;, .,,.,,•,!•,,• <«^,. 
temperamento**. 

■ El Cabildo de Buenos Anci, cu oluio ijiíe ihiiuiu al lícy el H> 
de maiVA) de 1808. coiTrrbnrn el beclio en forma t<'rminnnf(\ Tínbl.i 
dé Liniers: 

"Sólo ti'ató de prup,.,n-. ..1 ingl«* el reeu¿bar«.. >.f .-,» n.^i-.t.-. 
entregándole loS fvisioneros sin otra cualidad ni condición : que el 
señor Alzaga, Alcalde de l.er voto, manifestó repugnancia y (V)n- 
vino, j)or último, que se propiusiera el reembarco de las tropas con 
la entrega de los [prisioneros de; aquel día y aún Uw que se tomaron 
al general Beree^ford. pero a condición de que el enemigo evacuase 
la plaza de Montevideo y todo eJ Río de la Plata, en el conc<^>to de 
que si no adliería a eí'tas pri>posici()r.es sería pasado a cucliillo to<lo 
el ejército. El general, conformándose oon las idejus del Alcald?, 
entró inmediatamente en la casa capitiJar y en elia ftrmó el oficio". 

Acq|>tada j.M)r "\^niitelo('kp la capitulación en esa forma, y de 
acuerdo con sus chíusulas expresas, la desocupación de Buenos Aires 
se produjo a mediados de julio y la de Montevideo a principios d» 
septiembre siguient*. 

Liniers era el centro del elemento criollo de Buenos Aires, y Alzaga 
era el mt'w efipañol de todos los españoles deJ Virreinato. 

Quiere decir, que la liberación de Montevideo no emanaba de los 
erioHos, sino de los 'jieninsulares. 



MANUAL DE HISTORIA URUGUAYA 69 

L'¿. obra efectiva de las invasiones inglesas. 

La priraercí invasión ing/'iesa había seiTitlo para dar a los eriolloé 
clel Río de la Plata la ipJena conciencia de su poderío. No eran 
nada hasta estí momento ; y desde entonces fueron dueños absolutos 
de su destino. 

Corresjpionde el honor de la jornada al pueblo de Montevideo, que 
se arma y orgajiiza con sus propios recursos, se yergue contra el 
Virrey Sabremonte, confiere a Ruiz Huidobro Un mandato revolucio- 
nario sujijerior a todos los existentes y rinde al ejército inglés en 
las calles de Buenos Aires, 

En la segunda invasión, Montevideo tiene que luchar solo contra 
las fuerzas superiores que lo atacan por mar y ipor tierra, y aún 
cuando cae, sirve de antenaural al resto del Río de la Rlata. por su 
heroica y prolongada resistencia que abre anchos claros en los re- 
gimientos ingleses y entona el ambiente de Buenos Aires, que ya 
no podía ser de afeotuoso recibimiento, sino de heroica hieha tam- 
bién, cual correspondía al fuerte pu-eblo hei'niano que despertaba a 
la vida proipáa , 

Como eonsecueneia de la titiániea defensa de Buenos Aiies, el 
Río de la Plata quedaba dueño absoluto de la situación, y aunque 
todavía nadie pensaba en romper cabos con España, ya las viejas 
colonias sin derechos cívicos, se habían convertido en pueblos autó- 
nomos, con facultaídes para voltear y constituir gobiernos. 

Algo más dejalban las invasiones inglesas: el conocimiento prác- 
tico de las ventajas de la prensa libre y el conocimiento iprá«tico 
de las ventajas del libre intereamíbio de productos, dos cosas que 
la política española había proscrito, precisamente porque sabía que 
podían servir de palanca contra la sei'viduirabre de la vida colonial, 

Y dejaban asimisfmo nn nuevo germen de distan eiamient o entre 
Montevideo y Buenos Aires, y no ciertamente por ciílpa de las 
nutoridades uruguayas, sino como idésde el coraáenzo de la lucha 
económica, ipor culpa de las autoridades de la capital del Virreinato. 

Y así quedaron los dos pueblas del Plata J día en que la es- 
cuadra inglesa (levó anclas, en viaje de retorno a E uropa : dueños 
de sus destinos por la disci(plina militar que se liabían dado, y por 
la f'oslumibre que ya habían adquirido de influir decisiva mente en 
la organización de sus gobiernos; pero más airados que nunca, por 
resonantes agravios que felizmente liabrían de colaborar en la obra 
de emancipación ya iniciada. 



CAPITULO rx 

LA JUNTA DE GOBIERNO DE 18O8 

dontinúan las disidencias entre Monte video y Buenos Aires. 

Al reasumir el Virrey Liuiers su jurisdicción eu el territorio 
uruguayo, eatró a <JCU(par la gobernación de Montevideo el coronel 
don Francisco Javier de Blío, en reemplazo de Ruiz IIuidobix>. 
«nviado a Inglaterra como prisionero de guerra a raíz de la caída 
de la ciudad. 

El nuevo Gobernador se encauzó en el acto eu las corrientes de 
indeíHmdencia a que los acontecimientos venían empujando al .pueblo 
uruguayo. 

Inició la lucha con el envío de su renuncia al Virrey. El sabía 
que con esa actitud añrmaJba su autoridad, en xoz de exponerla a una 
derrota, poixjue lonía de su ilado al Cabildo y al pueblo. 

Y 110 se engañalui. El ('abildo de Mout^^Wdeo stí dirigió, efeoti- 
"vamente, a Liniers, ijiádiéndole que nt> aceptase la renuncia. 

"Nuestra seguridad, decía el Cabildo en eu oficio, ]>ende del valor, 
actividad y celo del (jue nos manda. Estas y otras circunstancias 
tiene acreilitadas y está dando continuas y clanus prueba,»* de ello el 
señor Elío; ól se vuelve todo fu^?o; sin reposo ni descans^o, no hace 
ni casi se emiplca en otra cosa que en orgnnixar las que nos han 
de ix>ner a cubierto de la temida cruel dominación inglesa que nos 
ajnenaza" . 

Por su parle, el ipuoblo de Montevideo, que también estaba preo- 
eiipado con e>l peligro de una tercera expedición inglesa, se reunió 
para pedir que Elío fuera mantenido en su ipaiesto de Gobernado)-. 

El Virrey, muy alarmado ante (v<a iuteneJición del ipueblo, exifiió 
a Elío ol castigo de los instigadores del tumulto, y entonces asumió 
el Cabildo de Montevidt^ ila defeiis;i .Id imcblo en fonnn frnncn- 
mente revolncionaria . 

"I^s juntas populan* (decía el < anime a KIioj <-\iaii<t-' >"i! m- 



JTANUAL DE HISTORIA ÜEUGUATA 71 

xigidas a representar, podir y suplicar e-oii veneracióu lo comenientc 
a la ¡seguridad de la patria; cuando en ellas se desciAre que en el 
corazón del pueblo no hay más que amor a su nnonarca, y pior él a 
sus ma-gistrados, lejos de ser perjudiciales, considera el Cabildo que 
soíT convenientes y deben agradeeei-se" . 

"Bajo este principio se ve este Ayuntamiento en la necesidad 
de iTedir a V. S. suspenda todo iproeedimiento contra individué al- 
gruno de los que concun-ieron a la Sala Capitular, a. quien nos vere- 
mos en la necesidad de sostener por cviantos medios sean légrales 
y permitan las ileyes". 

No tardó en surgir otro factor de discordia. 

Tx>s comerciantes ingleses que venían a retaguardia de la expe- 
dición de Whiteloeke, habían liquidado en Montevideo los fuertes 
cargamentos de mercaderías con que se ¡preparaban a formalizar sus 
relaciones de intercambio, y ell Virrey procuró dificultar su circula- 
ción mediante un impuesto del 25 % sobre las destinadas al con- 
sumo, y de otro mayor sobre las que fueran exportadas, levantando 
eon ello giiuesa polvareda. 

Organización de la Junta de Gobierno de 1808. 

'Sdbre este amíbiente de continuas disidencias, vino a repercutir, 
finalmente, como la últimia gota de agua en im recipiente ya lleno, 
la guerra europea. 

Liniers era francés y Elío español. 

Cuando Napoleón se adueñó de España, mediante la renuncia del 
trono arrancada a Carlos IV y a su hijo Fernando VII, y más 
tarde cuando se produjo la insurrección española contra la domi- 
nación francesa, las autoridades de Montevideo resolvieron romper 
y i"om|páeron relaciones con las de Buenos Aii'es, acomipañando los 
cnollos a sus respectivos gobernantes. 

Los uruguayos rodearon a Elío. y los argentinos rodearon a Tá- 
niers. 

B\ié Mamado Elío a Buenos Aires para responder de la insubor- 
dinación, y no habiendo acudido al llamado, Liniers lo destituyó y 
designó para reen3)plazarlo al capitán do navio don Juan Ángel 
Michelena. 

Sin dar tiempo al cam'bio. se reunió el pueblo de Montevideo para 
exigir el mantenimiento de su Grobernador y la celebrnción inmediata 
de un cabildo abierto. 

El caíbildo abierto tuvo lugar el 21 de soptienibre de 1808. y ño 
]o que en él se resolvió va a enterarnos el acta de la sesión : 

"Siendo como 1as diez de In mañana coiumrrió a las puertas de 



<2. EDUAKDO ACEVKDO 

das casas eaij)itulariís un iimienso piwblo, que se difuiidúi i»x>i- IikUi 
la extiensióu de la Plaza Mayor, repitiendo los eJanvcM-es de la nociie 
anterior e insistiendo en suá pretensiones y en la celebración de un 
c-abikto abierto que se le habí» acordado, y coiiu) el negocio im];)e- 
riosaanente exigiese una i>ronta resolución para no irritar niiis al 
l)ueblo exaltado, >los señores Presidente v capitulares, a ejemplo de 
lo que en iguales apuros ha practicado la ca»pital. adaptaron el tem- 
jieramento de permitir que eligiese a su albedrío un detenhina<l<) 
número de sujetos, <i>or cuyo medio explicase sin confusión sus iu**- 
tancias, y con su acuerdo (|uedasen libradas en et^te acto; y en con- 
foiTíúdaíl con estos |])rine.ipio8 iXH'iayó la elección en los señores Juan 
FrarMnsoo Grarcía de Zúñiga, eownel comaudasi-te del re^inienlo de 
Voiuintarios de Infantería de esta plaza; doctor José Manuel Pérez, 
presbítero; i-everendo (padre irnardián del ("Convento <le San Fnin- 
cisco, fray í^ancisco Javier Carvallo; don Mativ» Ma^iriño'.*, don 
Joaquín de (íhopitea. don Manuel Diago, don Ildefoaiso García,^ 
<lon Jaime Illa, don Cristíbel Salvañach, don José Antonio Zubi- 
liaga. don Mateo fíalleiro. don José Cardozo, don Antonio Pt 
don Antonio de .San Vicente, don Rafad Fernández, <lon Juan > 
cío Manlínez, don Miguel Antonia) Vilardebó, don Juan Manuel de ia 
Serna y don Miguel .Costa y Tejedor; todos vecinos antigmis de 
esta ciudad, notoriamente acaudalados, del mayor crédito y con- 
cepto". 

Tal es lo que consta en el pre.^mbulo del acta. 

•El pueblo de ^Tonte\ideo, se congrejraba en la plaza y el«!«:ía a fn\.< 

hombres mtós importantes, }>ara que ,-.•<.•.<• .;...••.,. .. i.,., ,!..i;i ; 

y resoluciones del Cabildo. 

T^na vez designados esos diipuladus, entró el Cabildo a ut.iparM 
de los sucesos <lel ilía. Seguimos exrtraclando el .acta : 

"Después de varias discusiones, oída la <n})inión de los represen- 
tantes del i^ueblo. de la clerecía, jefes militares y de rentas, Asesor 
de Goibiemo doctor EugtMiio Elias, e interino de Marina doctor Lucas 
Jí»sé Obes. declaró la Junta jwr unánime consentimiento, voto y dic- 
1:unen de aquellos vocales: 

"Que para salvar al pueblo de lo*? disturbios que le amenazab 
<lftbía obedecerse, pero no cumplirse la citada orden sii»iv-'rior" . 

"Que el señor Gobernador «levase por su imrte los recnrsf^s que 
la ley le franquea en estos casos, bien a la Real Audiencia territorial, 
sin. cuyo acuerdo procetlió el Excclentísirao Virrey a su deiposiciói 
del mando, o bien tentando este arbitrio al mismo Soiberauo" 

"Sin apartai-se de esta ciudad, i>or inten»sar así a la tran4iuili(la'l 
pública, por tener este ve<Mndario cifrada en él su e»i>eranza. ca.*^-» 
«le realizarse alguna invasión por los enemigos de ila c»>ronaj esperar- 



UANÜÁL DE HISTORIA URUGUAYA i o 

xa que con fiuidam«iito lian lieclio concebir la notoiia a^pititud, acti- 
Aidad y valor de este jefe, de que tiene dadas las más i-elevantes 
pruebas... y finalmente ser este el voto del pueblo a cuyas instan- 
cias se han congregado en este *lía". 

"Que en el entretanto y liastii que con mtejor acuerdo se establezca 
aquel plan de gobierno más adaptabde a las circunstancias y reso- 
luciones sucesivas de la caipital, se reconozca esta Junta, presidida 
por el indicado Gdbernador don Francisco Javier de Ello, como la 
particular y subalterna de este pueblo." 

"Que todos los jefes militares que son presentes, quedan obliga- 
dos a consultanie cualquier g'énero de órdenes que directamente se 
les comunique por el Excelentísimo señoi' Virrey don Santiago Li- 
niers, o bien por otra autoridad de la caipatal, ínterin las cosas sub- 
sistan en el estado que hoy tienen, y que el objeto de la presente 
determinación no se entienda ni interprete por m»tivo alguno ser 
otro que el de evitar coimaociones populares y eonsei'var esta parte 
del Virreinato en la debida obediencia de su ilegítimo sobei-ano el 
señor don Fernando VII, defenderlo hasta donde nuestras fuerzas 
alcancen y en un todo y por todo servirle como fieles vasallos". 

Quiere decir, pues, que los miembros del Cabildo y los represen- 
tantes del puebllo resolvían desacatar el decreto del Virrey que 
destituía al Gobernador Elío y constituií^se desde aquel mismo mo- 
mento en Junta Suprema de Grdbierno, no sometida a ninguna otra 
autoridad de la tierra- 

Esta acta enteramente revolucionaria, estiál firmada por todos los 
hombres representativos de Montevideo antiguo, por todos los honis- 
bi-es que más valían por su¡ posición y pior su cultura en el momen- 
to en que así a^parecían en el escenario. He aquí sus firmas: 

Javier de Elío, Piaseuail José Parodi, Pedro Francisco de Berro, 
Manuel de Ortega, José Manuel de Ortega, Manuel Vicente Crutié- 
iTez, Juan José Seco, Juan Domingo de las Carreras, José Manuel 
Péi-ez Castellano, Fray Francisco Javier Carballo, Juan Francisco 
G-areía, Joaquín Ruiz Huidobro, José de Pozo, Cayetano Ramírez 
fU» Areilano, Juan Balbín Vallejo. Beniardó Barateguy, Veiitura 
(lómez, José Martínez, José Antonio Fernández, Indaileeio de j\Iur- 
guiondo, doctor Juan Andrés Piedra Cueva, Pedro Vidal, Joaquín 
de Soiia, Joaquín Veretal, Diámaso Antonio Ijarrañaga. Vicente 
Fernández Saavedra, Miguel IMurillo. Luis González Vallejo, x\.n- 
tonio Cordero, Miguel Antonio Vilardebó, Juan Ignacio Martínez, 
Francisco Antonio Luaoes, Antonio Pereira, Rafael B. Zufriateguy, 
Manuel Diago, José Cardozo, José Antonio Zubillaga, José Prego 
de Oliver, ]\íigueil de Cabra, T^iiguel Zamora. Diego Ponze, Jaime 
IWa, Juan ^.lanuel de la Serna. Antonio de San Vicenie, Joaquín 



74- EDUARDO ACEVEDO 

de Chofpitea, Rafae] Fernánilez, Mateo Magariños. Cristóbal Sal- 
vañach, Miguel Costa y Tejedor, Ildefonso García, Mateo Gallcí^o, 
doctor José Giró, doctor Lucas José Obes. doctor José Eníjenio de 
Elias. 

Buenos Aires exige la disolución de la Junta. 

I^as autoi idoíltís de Buenos Aii^es procuraron parar el fonnida- 
ble goípe que Montevideo daba a la organización colonial. 

Se recabó el dictamen de los Fiscales Villota y Caspe, y las con- 
clusiones a que éstos arribaron fnen»n sjvucionadas de inmediato 
y oomiinicadas a Montevideo. 

Para los Fiscales, el cabildo .abierto del 21 lialbía adoptado "un 
inedio tan escandaloso corno opuesto a nuestra constitución." 

"En estos dominios gobiernan loe representiuitt* deí monarca 
que se ha jurado y proclamado. 

"El pnxíedimieiifo de Montevideo, efecto sin duda de un desgra- 
ciado momento de efeiTescencia [popular, suscitado por alanos 
. díscolos, que no dejó a su Gobernador y Cabildo toda la reflexión 
de que son susce?ptibles, podría ocasionar la ruina de estas provin- 
cias, la absoluta subvír.sióii de nuestro gobierno, <'l trastorno de su 
f.albii\ constitución, e imixiner una niancliii nthic ;ioii«'l i>ii<>1)lo que 
tiene acreditada su noble fidelidaíF'. 

Concluían los Fiscales aconsejando l:is M-run-ntes jui'v<'ncion<s al 
Gobernador de Montevideo, y por su intermedio al Cabildo: 

"Que haga, separar de los libros capitulares el acuerdo o acta en 
que se extendió la formación de dicha Junta, haciendo sabor sepa- 
radamente a cada una de las pei'sonas que la ooiuponían, que quedsi 
Kwprimida por ser contraria a la constitución del gobierno esl '.' 
rido. y opuesta a la legislación de estos dominio?:; que se abst< 
de ipractica.r directa ni indirectamente g<>stión alguna referente a 
ella, y en caso de -<•.l♦>••.^•■>n,.;,'1. «.o,-.'" <>...., i..i,n.i..w ,.,. i..^- ,„>.,.... ,.,,,. 
prescribe la ]ey. 

"Que prevengsi ;il t'abildu m" alisLcnga cn lo sutxvsivo do cdobiar 
ninguno abierto." 

No so hizo esperar la róplica de la Jinita de Gobierno. Doclar»'» 
que ella había sido "erisrida por unánime consentimiento del pue- 
blo y acaso inspirada por el cielo"; y agregó que sólo j>odría di- 
.*rf»lverse en el caso de que la Audiencia inronusier.i el inodio "pai-a 
contener a un pueblo intrépido que ¡pj'otestaba tnicidar a sus vocji- 
les en el acto de sn dú«rt1nción y subroípar otros representantes." 

Por su parte, el Cabildo de Monte^Md('n ]^v<»ciir<' conqnictn' ' 
'Opinión del Cabildo de Buenos Aires. 



HANUAL DE HISTORIA URUGUAYA 75 

''El pueblo de üMontevideo — le decía. — que duS hace poco tiempo 
Tantos asuntos a la historia de la América, vuelve a ser hoy toda 
Ja exjpeetación de este gi'an Continente". 

"Seguramente después de los sucesos de nuestra invasión, no se 
ha ipresentado otro ilance míis di^o de la ipix-oteeción y cuidados de 
ese Ayuntamiento" . 

"El puefblo pidió que se hiciese una Junta de Gobierno. . , ¿qué 
remiedio haibía sino concederla f Un pueblo tumultuado es como el 
rayo: donde halla m!ás resistencia, allí es mláte poderosa su acción". 

"Los honrados vocales de la Junt^a de Grobiemo son intimados a 
disolverla, bajo graves penas. Ellos quisieran hacerlo, porque no tie- 
nen emipeño en lo contrario; pero su seguridad individual corre un 
riesgo inevitable; dóciles, pues, a la ley del mas fuerte, se manten- 
drán velando por el bien de sus convecinos, mientras las circuns- 
tancias no varíen". 

La Real Audiencia interrogó por segunda vez a sus Fiscales Vi- 
Jlota y Casipe. Y com» ellos dijeran que "la Junta ni era legítima, 
ni era insipiración del cielo, sino una efervescencia popular tumul- 
tuosa'^, reiteró, en carta sellada con el seltlo real, su anterior man- 
dato de disolución. 

A lo que contestó la Junta que aún en los tiemipos pacíficos "la 
obediencia a los reales rescriptos, cédulas y provisiones, suele pa- 
decer sus falencias^', y que con mayor razón ddbería padecerlas en 
circunstancias en que su cumpíimiento "acaso irritaría a un pue- 
blo que no encuentra medios entre la permianencia de la. Junta y 
el derramanriento id'e sangre". 

La fórmula revolucionaria explicada por el doctor Pérez 
Castellano. 

l^^l doctor .Tose Manuel Pérez Castellano, iniciador de la Biblio- 
ieca de Monte\ádeo y uno de los m|ás notables criollos de la égwca, 
explieaoa así las dos gloriosas iniciativas uruguayas en oficio diri- 
í>ido al obispo ide Buenos Aires, a raíz de la organización de la 
Junta de Gobierno, de la que él formaba ¡parte: 

"ÍjOs españoles americanos somos hermanos de los esipañoles de 
Eui'opa. . . Ix)s de allí, viéndose privados de nuestro muy amado 
Bey el .señor don Fernando VII, han tenido facidtades para pro- 
veer a su seguridad y defender los imipi'escriptibles derechos de la 
Cororui, creando juntas de gobierno que han sido lia salvación de 
la ijjatria y creándolas casi a un misimo tiemjx) y como inspiración 
divina. Lo mismo sin duda podemos hacer nosoti-os. pues somos 
Igualmente liibres". 



i'i EDUARDO ACEVEDO 

'"Si se tiene a mal que Maiitev'ideo haya sido la primera ciudad 
de iVméricív que manifestase el noble y enérg^ieo sentimiento «le 
iírualai*se con las ciudades de su nvtdre patria... la obli^torojí u 
eso circunstancias que .son notorias y no es un delito ceder a la 
necesidad. También fué la primera ciudad (|ue *te*|>ertó u! valor 
doiinido de los anuerícanos. La brillante reconquista de la oapita!. 
Ui obstinada «lefensa de esta plaza toimwla por asalto, no se le ha 
iwemiado ni en comiún ni en sus indivi<luos y aún .se le ha tinulo a 
««cui'ecer aquella acción írlorioea, con mil artiíicicuí írroseros e in- 
decentes que han sido a! escándalo de la razón y la just¡<áa". 

Ei ejemplo de Montevideo cunde en el resto del continente. 

La Junta de Montevideo continuó oi-ganizada y dio el mohle 
de la Revolución a to<lo al eontinente esiFañol. 

El L" de enero de 1809. hubo una visíortisa tentativa en Buenos 
Aires para eitíar una Junta de (Gobierno a base iwpular. Emanaba 
el movimiento del propio r:'^>iM<i inov.-i/ln nor Ik ti-.m-i^ ..<¡>afi<)- 
las de la guarnición. 

.Mariano Moreno, el- nuii; ;;ruiule ilc nos ih'1i>;u1uic.- de ki <■ 
fué uno de los primeros en concurrir al cabihlo abi«M-t<> y cu 
£ favor de la proyectada Junta. 

Pero sus compatriotas, con d<Mi Cornelio Saavedra a i.i vitbeza, 
lejos de imitarlo, rodearon a Liniers que había resuelto i-enuiiciar, 
aclamaron al Virrey y <lesarmaron a los batallones eui'opeos que 
resiK>n<lían aul Cabildo. 

La ciudad de Oharcas reanudó la tentativa el 2.') de mayo de 
1809. Con motivo de una disidencia entre el araobispo y el clero, 
se ti-abaron en luoha el Gobernador y la Audiencia. El Gobernador 
fué depuesto, y se constituyó un jíobionio popular presidido |tor 
la Audiencia, indepen<liriit<' del Vii-rcy do I?!H'1i«.s Aires. ¡>cio adic- 
to a Fernando A1I. 

Doe meses después estalló oiro movimiento en La i'az. > 
dose .una Junta Poi)ular (jue c«>n<MM.'tó sus ideas en esíla . 

'.'Hasta aquí hemos tolerado una €8i>ecie d<' destierro en ei seno 
de nuestra misma patria: henK)s visto con indifeivncia por más de 
tres siglos sonnetida nuestra iprimitiva libertad al desqwtismo y 
liraMiía de un xmurpador injusto, que deirradán«lonos de la especie 
humana, nos lia reputado iM)r .salvajes y inirado «mho e.<*clavo8". 

"Ya es tiempo de orgaaiizar un .««iíitema nuevo de gobierno, fun- 
dado en los intereses de nuestra (patña... Ya es tiempo, en fi". de 
levantar el estandarte de la libertad en eetas desgraciadas colonias, 



■MAXüAIi DE HISTORIA URUGUAYA 77 

^tlquiriilas sin d iiueuor título y conservadas con la mayor injus- 
ticia y tiranía". 

El general Goyenecbe, encargado de sofocar la revolución de La 
Paz, y que venció y tomó ¡prisioneros a todos los \proinotores del 
movimiento, dictó este terrible fallo el 28 de febrero de 1810 : 

"Atento a los autos y mérito de la causa y a lo que de ellos re- 
siiilta. debo declarar y declaro a don Pedro Domingo Murillo, titu- 
lado coronel Presidente, a Gregorio García Lamza, a Basilio Cata- 
cora y Buenaventura. Bueno, represen tantees del pudblo, al presbí- 
tero José Antonio Medina, al subteniente Juan B. Sagarnaba, 
Melchor Giménez, Mariano Graneros, Juan Antonio Figueroa y 
^Vpolinario Jens, por reos de alta traición, infames, aleves y sub- 
versores del orden i^úblico, y en consecuencia les condeno a la pena 
ordinaña de horca, a ila que seiuib conducidos airnastrados a la cola 
de una bestia albardada y suspendidos por mano del verdugo hasta 
que hayan |p/erdido la vida". 

"Desipué.s de seis horas de la ejecución, se cortai^á las cabezas a 
Murillo y .Jens y se colocarán en sus resjpeetivos escarpíos, cons- 
truidos a este fin, la primera en la entrada del Alto Potosí, y la 
segunda en el pueblo de Croico, para que sirvan de satisfacción a la 
majestad ofendida, a la vindicta pública del reino y de escarmiento 
a su memoria". 

El 19 de albril de 1810 el Ayuntamiento de Caracas declaraba 
que la Provincia de Yenezuela, "en uso de sus derechos naturales 
y políticos, procedería al establecimiento de un gobierno que ejer- 
ciese Ja autoridad a nombre y en representacióm de Femando VII", 
y creaba en seguida una Junta de Gobierno. 

Pocos meses después, se constituía en Quito otra Junta Supre- 
ma de origen popular, también a nombre de(l monarca español. 

La vigorosa iniciativa de Montevideo había desip«rtado, pues, al 
Continente, preparando la insurrección general contra el dominio 
español . 

Es disuelta la Junta de Gobierno. 

La Junta de Gobierno de Montevideo subsistió hasta mediados 
de 1809, en cuya época el Virrey Liniers fué reemplazado por don 
Baltasar Hidalgo de Cisneros. 

El oficio de disolución, honrosísimo para el pueblo que acababa 
de asumár el ejercicio de la soberanía, estaba así concebido : 

"La Suprema. Junta Central Gubernativa, del Reino ha visto con 
la matyor satisfacción la lealtad y patriotivsmo que ha destplegado 
la capitular provincial de e^a ciudad en Ins últimas ocurrencias 



(S EDUARDO ACEVEDO 

(le esf Virreinato. <\iw tiioron motivo n la creación de tlicbi Junta". 
"Su Majestad me enem^a dé a V. S. las g-racias en su real nom- 
bre ii>or los últimos servicios eon que se ha <lisrtingtiido en la** ac- 
tuales circunstancias y quiere Su Majestad que el Presidente de la 
Junta Provisional dé a cada uno de sus vocales una auténtica oer- 
tificación y que adeniás les comonique a todos esa sdberane reeo- 
lución". 

El coloniaje herido de muerte. 

Quedaba restablecido el coloniaje en el Rio de la Plata. Pero ya 
con su sentencia de muerto confirmada. 

En la primera instancia, el pueblo de Montevideo había arrin- 
conado al Virrey ; había otorgado a eu Gobernador ivn 
perior a todos los de la Corona de España; se liabía <> ,, 
militarmente; y con todo ese caudal revaUícionario a cuestas, ha- 
bía cruzado el río, Itabía vencido a Beresfoi-d y había inoculado 
ni pueblo de Buenos Aires sus misuaas enerurías, promoviendo así 
con el ejemplo el formidable movimiento arji^^ntino que en st^iida 
}>ermitía dqponer al Virrey, nombrar en sn \w.\r nn t^obrrr.t^rití- t]f 
oirigen popular y vencer a Whitelocke. 

y en la segunda, creaba una Junta de iñ'Oieriio que, <■ 
en Buenos Aires a iprineipios de 1809, debía servir lluego ■•■ 1 
ceres de mayo para organizar la revolución argentina, exactamente 
.wi.v.> ,.! ,.,-vi..v- ..t,, r,,.,v'v /.-nTi.> !-^ v4>romos más adelante. 



CAPITULO X 



BIy rio DIB 1/A PI/ATA CONQUISTA , 

AI/GUNAS FRANQUICIAS ECONÓMICAS 



ÜD paréntesis de tranquilidad. 

Libre momentáneamente la atmiósfera de los factores políticos 
que tan hondas agitaciones acababan de prodacir, pudo consagrar- 
se el nuevo Virrey Cisneros a la realización de un plan eeonómioo 
por el que venían (pugnando los hacendados y (labradores de Mon- 
tevideo y Buenos Aires. 

El tesoro colonial estaba en eiisis. Las rentas habían disminuido 
y los gastos aumentado. Para salir de aipuros, resolvió el Virrey 
permitir ia importación de caer cadenas extranjeras y la exportación 
de frutos naeioniales. Era el miedio de fomentar los des|paehos de 
aduana. 

'Ya hemos hecho conocer la i-qpresentación de los laibradores en 
1793 y la de los hacendados en 1794, encaminadas ambas a favor 
de la apertura de mercados para los productos de la agricultura y 
de la ganadería, dos industrias condenadas a perpetua ruina por 
las incalifi caíbles restricciones comerciales a que estaban sometidas 
¡as colonias. 

Eepreiísntación de les hacendados y agricultores en 1809. 

La iniciativa del Virrey Cisneros daba nueva oportunidad a esas 
gestiones, y, en consecuencia, los hacendados y labradores de amebas 
márgenes del Plata resolvieron reanudarlas, confiando su defensa 
al doctor Mariano Moreno. 

En su representación de septiembre de 1809, formula así el doc- 
tor Moreno el ipTOoeso contra los comerciantes del Plata que habían 
puesto el grito en el cielo ante la actitud dal nuevo Virrey: 

"De un pueblo que no tiene minas, nada más saca el erario que 



80 K.Dl'ARDO ACEVEIK) 

ios tioii'í'iiut; y eoiitiúbuoicius iiinuiieslo;-! subiv las mercaiiiMÍaus : los 
upreciablcs frutos <le que aibiUKla est-a provincia y el ct)iisuino pro- 
liorciotiado a su jx>blación, son loe verdaxleros manantiales de ri- 
queza, que deberían jJii-estar al Gobierno abundantes recui-sos; pero 
por <lesf»:racia, la iaí|j^K)rtac¡óu de negociaciones de Esipaña es hoy 
día tan rara como en el riiyor de la }?uerm con feí Gran Bretaña, 
y los frutos iHinmanecen tan estancados como oiitoncts v"»r falt;> 
de bu<|u<ís (jue verifiquen su extracción" . 

"Debieran cubrirse de igaiominia los qm- cmii i^m- ;iuiu «-i co- 
mercio a lí»s injíleses en estas c¡rcunstiancia.s, ee un mnl ipara la na- 
ción y para la provincia". 

Desde la invasión iufjitwa <le 18()ü el Río de ila Plata quedó a(bier- 
to al comercio inglés, que se ha eiMíai^do de proveer casi entem- 
ííiente el consumo del país, y esa ingente importación contra las 
leyes y reiteradaí« ,i>rohibiciones no ha tenido otro resultado <juc pri- 
var al tesor») ijh'iWíco de fuertes derechos y a la industria *lel iwís 

del fomento íHIc Ii;\l)rí;i l(><'ilii«li) íM>n 1;>< <>vnort ;i<'ion<'< il<> im> >■<•- 

tomo Ubre. 

• "¿Qué cosa mas rulieiUa inieile i>ret>eüt4ii>e (jUe la sisla ile un 
comerciante «pie defiende a urandes voces la observancia de las le- 
yes prohibilivíis del comercio extranjero a la puerta de su tienda 
tn que no se encuentran sino géneros ingleses de clandestina in- 
1 ro<lueción ?" 

Cuando fué iHJstituítli\ al «lorainio espíañol lo plaza de Montevi- 
(U>o, había aillí un gran d^i>Ó8Íto «le mercaderías inglesas. Cono- 
ciéndose que no retornarían al j)aís de origen, se propuso su im- 
]>oftación en ii)rovealio de los inteix?ses del Estado, de los consu- 
midores y «le h\ .salida de los frutos estancados. Pero se ckunó 
(H»ntra este sticrilegio, se argumentó con las leyes prohibi4ivas y 
IM» hubo ii;;'s renx'dio oiU' i>rolii1>¡r la iiniwnhu'ión d<' i'sas iii<'r<-a- 
( loria - 

»Pnes ou'ii : los <juo e>iai>aii a la cabeza ue c"sa (•auii)aiia intro- 
dujeron ipor valor de n*'** de cuatro millones, y la aduana jHTcibió 
aiK'uas noventa y seis mil i|x>sos. debiendo recibir un millón y 
medio. 

Habla en seguida el doctor Moreno del régimen im,])lantado por 
los ingleses: 

''Ocupada la ¡plaza de Montevideo fxtr las armas inglesas, se abrió 
puerto franco a la introducción de jMpvtílla nación y exportaciones 
del jmís (conquistado: la campaña gemía en las agitaciones consi- 
guientes a toda nueva conquista; sin enJbargo, la l)enéfica influen- 
cia del comercio se hizo sentir entre los horrores de la guen^», y 
!(^s estruendos del cañón eíiemigo fueron precui'soiHís no tanto de 



MANUAL DE HISTORIA URUGUAYA gl 

lili yugo, que la energía de nuestra gente logró ramjper fáeilmiente, 
•cuanto ée la general labundancia que derrarmada ¡por aqu^dlos cam- 
]»os hizo gustar a nuestros labradores comodidades de que no te- 
nían idea. El inmenso cúmulo de frutos acopiados en aquella ciu- 
dad y su oami^aña fué extraído enteramente; las ventas se prac- 
ticaron a iprecios ventajosos, los géneros se compraron por ínfimos 
valores, y el camipestre se vistió de telas que nunca había conoei- 
•do, después de haber vendido con estim^aeión cueros que siempre 
vio tirar como inútiles a sus abuelos. V. E. ha transitado feliz- 
mente una gran parte de aquella camipaña, ha 'pialpado las como- 
didades que disfrutan sus cultivadores; era- necesario que hubiese 
lionrado igniaJmente nuestros campos, para que la comparación de 
sus liaibitantes excitase la compasión debida a sus miserias". 

Invoca para ilustrar el punto, el contundente ejemplo de la mis- 
ma ciudad de Montevideo durante /las divergencias entre la Junta 
de Gobierno y el Virrey Lániers : 

"Rota la unidad entre esta capital y Montevideo por el estable- 
-cimiento de la Junta, se contaba arruinada dicha plaza ipior la su- 
presión de las remesas para sostenerla, pero la. necesidad hizo adop- 
tar el arbitrio de admitir las importaciones y exportaciones que el 
sisteínaa ordinario prohibe. 

"V. E. tuvo la satisfacción de encontrar aqud ¡pueblo en una 
situación admirable. Considerables auxilios remtidos a la metró- 
poli, las tropas pagadas hasta el día corriente, las atenciones del 
Gobierno satisfechas enteramente y las arcas reales con el crecido 
residuo de trescientos sesenta mil pesos. ¡ Cuan distinta era la si- 
tuación de esta capitail! El erario sin fondos algunos, empeñado 
(11 cantidades que por un orden reg'ular nunca podrá, satisfacei', 
las troipas sin pagarse más de cinco meses, los ingresos enteramen- 
te aniquilados y la metrópoli sin haber recibido el menor socorro". 

y remontándose a los prejuicios y errores a que obiedecía el plan 
de restricciones vigente, decía : 

Ix)s verdaderos intereses de la metrópoli están fundados en la 
prosperidad de las colonias y en «1 aumento de sus riquezas. Si las 
eolonias tuvieran libertad para producir y comerciar, ¿quién no ve 
cuánto prosiperarían sus fuerzas, su población, sus i'iquezas? 

"No puede tolerarse la satisfacción con que se asienta que el co- 
mercio con los ingleses destruiría las manufacturas de España. 
Las fábricas nacionales jamás pudieron tproveer enteramieait* el 
eonsum*! de iVmérica; jamás bastaron para las necesidades de la 
Penínsuila, y aunque se subrogó el arbitrio de comprar manufac- 
turáis extranjeras y estamparles nueva forma para esparlolizarlas, 
pocos hombres han podido decir que los géneros que vestían eran 



82 EüUAP.nO ACEVEDO 

nacionales. En vano mandó el Rey que la tercei'a parte do iikIo 
cargamento fuera de industria nacional; los comerciantes se valie- 
ron del fraude para eludir esta orden, obrando no tanto la malicia, 
cuanto la imposibiilidad de que nuestras fáíbrieas corres(pondieraii 
c todas las domandas. Ello es que la mayor ¡parte del cxMísiimo de 
América ha sido siempre de efectos extranjeros, sin que se pued-a 
alcanzar ipor qué principios el comercio de la nación haya reser- 
vado su oelo {>ara cuando no pueda ministrar ni aún aquella pe- 
queña parte que antes sufragaba". 

Se dice que el comercio oon los ingleses darlS flugar a la extrac- 
ción de nuestra moneda; que los extranjeros nos llevartán la plata. 
Esto es lo mifimo que decir que nos llevarán los cuer"*^ i- i^"' *>] 
sebo, desde que da plata os un fruto igual a los dentó.-- 

"Si se desea evitar la extracción considerable de nuiíicrunu que 
se ha producido en estos últimos tienupos, liabría que nbrir Jos 
puertos aJ comercio, para que el negociante inglés pueda extender- 
se a todo género de exportaciones. Es funesta consecuencia del 
contrabando poner al introductor en la (precisión de extraer en di- 
nero efectivo los valores importados". 

Hase calculado prudentemente en seis millones de pesos las mer- 
caderías inglesas introducidas en el Rio de la Plata desde el año 
1806, y la mayor parte de estos considerables valores han sido ex- 
traídos en numerario, en virtud de estar (prohibida la ex5>ortacióii 
de nuestros frutos, cuyo emibarque clandestino ofrece grandes 
riesgos. 

Cierra su alegato el doctor Moreno, oon un dato formidabile: 
Hay quien dice que oon las franquicias comerciales, Uceará la 
agricultura al último desprecio. La salvación deberá consistir en- 
tonces en que los frutos queden estancados por falta de compra- 
dores y se pierdan por su infructuosa abundancia, "teniendo por 
último destino llenar las zanjas y pantanos de nuestras oallee". 

"Sí, señor: a este grado de abatimiento ha Hígado nuestra agii- 
eultura en estos últimos años; se ha cegado con trigo los paiitanoí? 
de esta ciudad". 

Ventajas que obtuvo el tesoro público. 

Tuvo esta vez la representación de los labradores y haocndndos 
el éxito que todo el Río de la Plata anhelaba. 

tEil exhaiisto tesoro del Virreinato fué el prinut i.i\ «'icrmí-. i^t 
renta se quintuiplicó, gracias al notable aumento de las importaciones 
de mercaderías ingilesas y de las exportaciones de frutos del pftís, no 
obstante las trabas que a los despachos oficiales oponían los propios 
derechos aduaneros. 



HANUAL DE HISTORIA URUGUAYA 83 

A nuediaclos de 1810 el comei'cio de Buenos Aires, en una repre- 
sentación dirigida a la Junta Gubernativa, haíblaha del contraban- 
do que seguía creciendo, e invocaba como causa ía elevación de las 
tarifas. Y véase si tenia razón : 

En esos mismos días había llegado con procedencia de Liverpiul 
lina partida de medias de algodón, gravadas con un derecho equiva- 
lente a ocho ¡pesos por docena, y las medias se vendían, despachadas, 
a nueve pesos! El derecho legal era de treinta y tres por ciento, 
pero en la práctica subía a ciento pior ciento. También había llegado 
de Río de Janeiro una partida de íbiayetones cuyo derecho era de 
nueve reales por yarda, mientras que el precio de venta en plaza 
no excedía de ocho reales! 



CAPITULO XI 

LA REVOLUCIÓN DE MAYO DE 1810 

TJua nueva repercusión del conflicto europeo. 

I^ guerra napuleónica, causa ocasional de la Junta Gubernativa 
<le 1808, seffiíía actuando, entretanto, t!on alternativas de resurgi- 
miento del dominio «spañol y de triunfos de los ejércitos f ranee ■ 
se»; y esas alternativas tenian que mantener a los ameñcanos en 
continuas dudas y en. intensa preocupación acerca del destino que 
k's csta.ba dei>arado. 

lyleín') un momento en que casi todo el territorio de In 1 
había jiosado al dominio de los franceses y en que las an, 
españolas se habían disuelto de hecho, quedando las colonias de 
^Vmérica abandonadas a su pj'opia sueite. 

fjl ipueblo <le Buenos Aires se resolvió entonot* a petlir la cele- 
bración de mi rabiído abierto y la orsrani/Acióii de un fíobierno 
local que recmiplazase al que había (•;id)icn<1o |w>r 1m (lis<iliicióii de 
las autoridades de la metrópoli 

£i cabildo abierto de mayo de 1810. 

Tuvo lujrar el cabiUlo abierto el 22 de mayo *U' 1810. 

El obispo Lué sostuvo en él, como ya lo benH)s diobo, que "mientras 
existiese en España un pedazo <le tierra habitado por et^pañolee, ese 
IMjdazo de tierra debía mandar a la América ; y que mientras exis- 
tiese un solo español en la América, ese ee^íañol de^ía maridar a 
los' aanericanos. pudiendo sólo venir ol mando a los hijos del país 
ciUMido 5'a no hubiera un solo español en él". 

Era lia síntesis de la política del coloniaje: la. América constituía 
un patrimonio de Ksjxiña y los am'"-'-""'^ •"■ ■ ■•"•irnonio de los 
españolee . 

"I^a España, oontestó el doctor Caüíelli. ha ta«luc^ído en su po- 



31 ANUAL DE HISTORIA URUGUAYA 85 

der pava coa la América^ y con ella las autoiidades que son su con- 
secuencia. Al ipiueblo corresponde reasrumir la soberanía, del mo- 
narca e instituir, en reipresentaeión suya, un golbiemo que vele por 
su sejguridad". 

Objetó, con razón, eil doct-or Villota, Fiscal de la Real Audiencia,, 
que la soberanía del Virreinato del Río de la Plata no residía en 
el municipio de Buenos Akes, y que en consecuencia había que 
organizar una nueva asamblea en que estuvieran representadas to- 
das las Provincias. 

El doctor Passo se a^presuró entonces a presentar a Buenos Ai- 
les '^como una bermiana mayor que en una grave emergencia de 
familia asiune la gestión de sus negocios, oon el propósito de ser 
útil a, sus administrados". 

Era muy deipiimente la tesis para los demias pueblos, y el pro- 
pio doctor Passo consideró necesario agregar que la consulta se- 
haría, j>ero miás adelante, una vez que fueran separadas las autori- 
dades coloniales que estaiban interesadas en el mantenimiento del 
\ lo jo régimen. 

Triunfaron estas ideas que en el fondo tendían a implantar el 
predominio de Buenos Aires sobre los demás poieblos detl Virrei- 
nato, y el debate quedó terminado con la sanción de una fórmula 
que declaraba caducada la autoridad del Virrey Cisneros y autori- 
zaba al Caibildo >para organizar una Junta de Gobierno, con mandato- 
del pueíblo, pero que gobernaría a nomibre de Fernando VII. 

Procuró el Cabildo detener la caída del Vin*ey, constituyendo 
una Junta presidida 'i)or Cisneros, de la que formaban parte Saa- 
vedra y Castelli, ídolos del ipueblo y del ejército. 

Pero el .puéiblo no se dejó enigañar, y congregándose de nuevo 
obligó al Virrey a i^nuneiar, y el día 25, mientras se consideraba 
esa renuncia, imspuso ail Cabildo una lista oomibinada en la propia 
plaza pública, en la que figuraban Saavedra, Castelli, BelgTano, 
Azeuénaga, ^íatheu, Passo y Moreno, para constitoir la Junta Gu- 
bernativa de las Provincias del Río de la Plata, con la precisa obli- 
gación de despachar una expedición militar para auxiliar a las Pro- 
ATiicias del interior en la Hbre elección de sus diputados al congreso- 
que habría de reunií-se. 

Véase la fórmula idel juramento exigido por la Junta en el acto 
de su instalación: 

"¿Juráis a Dios nuestix> Señor, y estos santos Evangelios, reco- 
nocer la Junta provisional Gubernativa de las Provincias del Río 
de la Plata, a nombre del sefwr don Femando VII y pai-a guarda 
de sus augustos derechos; obedecer sus órdenes y decretos, y no- 
atentar directa ni indirectamiente contra su autoridaid, propendien- 
do pública y privadamente a su seguridad y respeto?" 



86 " EDUARDO ACEVEDO 



Se repite la fórmula uruguaya de 1808. 

La fónnula úel 25 de Mayo de 1810 es, pues, la exacta reproduc- 
^•ióii de la que había senado al pueblo de Montevideo para organi- 
zar la Junta de Gobierno del 21 de scíptiembrc de 1808. 

En uno y otro caso se constituía una corporación de origen po- 
pular rúas alta que todas las autoridades coloniailes; ipero en uno 
y otro caso también se prevenía que esa autoridad, que no tenia 
constitución, que no reconocía límites ni barreras de ning^ina espe- 
cie, í;robernaría a nombre de Fernando VII. el monarca destronado, 
para conservar sus derechos. Y para que la semejanza fuera com- 
pleta volvía a funcionar en 1810 el cabildo abierto que tanta pol- 
vareda había levantado dos años antes cuando era Montevideo el 
que recurría a ese poderoso resorte de la vñda democrática. 

Es tanto xnáe neoesíirio hacerlo constar así. cuanto que la actitud 
de resLstencia de Montevideo contra la Junta Gubernativa de Ma- 
yo, ba sido interpretada ipor miichos publicistas como una tentativa 
del coloniaje contra la independencia del Río de la Plata. 

Nada mlás inexacto que esa interpretación. 

"Don Florencio Varete, que tan ipreparado estaha para escribir la 
liistoria, dice el general Mi4re, no ix>día discurrir si la Junta del 25 
de Mayo empezó determinada a emancipar al país de la tutela pe- 
ninsular o siguió solamente al ;princiipáo ol im^pulso que había mo- 
\-ido a las Provincias españolas y a Montevideo; y exclamaba oon 
tal motivo: a medida que av*anzo en el estudio de los movimientos 
de nuestra rovolniión ^.. li!if»o pitís f>s]>os<i ol «'írciilo <!,« iinilw que 
me ciñe". 

Ha escrito tambuu i'l ;;vnei"ai' Mitro que l;u"p>^ ;i;. ■ ~ 'it-^unés 
de pn»ducida la revolución, era proscripta la h.-uultiM ccKste y 
blanca que Belgrano desjdefraba en reemplazo de la bandera espa- 
ñola, al frente del ejército qne debía marchar sobre Montevideo; 
y ajaregíi (jue como Beltrrano repitiera ^a tcniíaíiva pai^a entonar 
las fibras patrióticas de su ejército en Jujuy. el Gobierno "le or- 
denó que pusiera remedio a tamaño desorden, con la prevención de 
que sería la última vez que sacriñearía a tal extremo los respetos 
de su autoridad", .Tanonestación severa que obligó al ¡procer a de- 
clarar que desharía en el acto la bandera celeste y blanca "para 
C[\w h«) hubiera menvoria de ella". 

El propio Congreso de Tucumán explicaba así en su manifiesto 
de 25 de octubre de 1817 el alcance de la Junta Gubernativa de 
1810: 

"Íjüs Provincias Unidas han sido acusadas por el Gobierno Es- 



MANUAL DE HISTORIA URUGUAYA 87 

pañol de TObelión y de jpei'fidia ante las demás na.ciones, y denun- 
ciado como tal el famoso acto de emancipacióu que exipddió el Con- 
gr&io de Tucumán a 9 de julio de 1816; imputándoles ideas de 
anarquía y miras de introducir en otix)s países princiipios sedicio- 
sos, al mismo tiempo de solicitar i!a amistad de esas mismas nacio- 
nes y el reconocimieuto de ese memorable acto para hacer entrar 
en su rol". 

"Entretanto, nosotros establecimos nuestra Junta de Gobierno a 
semejanza de las de España. Su institución fué puramente provi- 
soria y a nomíbre del cautivo Rey Fernando. El ViiTey don Bal- 
tasar Hidalgo de Cisneros exipidió circulares a los Gobernadores 
para que se pa'eparasen a la ¡truerra civil y armasen sus provincias 
contra lias otras". 

Dos variantes de la fórmula de Mayo. 

Si de ese ¡punto de vista la fórmula de 1810 es la exacta repro- 
ducción de la fórmula uruguaya de 18€8, señala en caimibio aquélla 
dos gi'aves variantes que en mianera alguna pueden considerarse 
c^mo i'esultado de una evolución progresiva : el derramamiento de 
sangre realista, y el absoluto desconocimiento de ila autonomía de 
los demás pueíblos del Virreinato. 

El exterminio de los realistas. 

El doctor Mariano Moreno, Secretario de la Junta Gubernativa 
y el verdadero hombre de pensamiento de la Revolución, fué en- 
cargado de formular "el plan de operaciones que el Gobierno Pro- 
visional de las Provincias del Río de la Plata debía poner en práic- 
tica para consolidar la libertad y la independencia'*. 

Y el doctor Moreno produjo un informe del que varaos a repro- 
dncii- algunas frases reveladoi'as de la índole fiel medio airabionte 
que a todos dominaba y enceguecía: 

"El homlbre es hijo del rigor y nada hemos de conseguir con la 
moderación y la benevodencia . . . L-os tres millones de honíbres del 
coloniaje fueron manejados ii)or unos pocos mandones mediante la 
fuei'za,. . . Jamiás se han eeliado los cimientos de una nueva repú- 
blica de otro modo qne por el rigor, el castigo y la saixgre de todos 
aquellos miemibros que pudieran impedir su progreso... Hay que 
d^omibarazar el suelo de los eseomíbros; quiero decir, concluyamos 
con nuestros enemiig"os . . . No debcí escandalizar ol sentido de mis 
voces de cortar cabezas, de verter sangre, y sacrificar a toda costa, 



88 EDUARDO ACEVEDO 

aún cuando teng&n semejanza coa las costumbrec; de los uiitru|)ófa- 
g06 y cañbeB. Si nos presentan a la Libertad ci^a y armada de 
nn 'puñal, es jwiYjue ningiin Estado envejecido o pro\'incias pue- 
den regenerai"se sin verter arroyos de sangre. . . Todos los enemi- 
gos que caigan en pc»der de la /¡rntria y (jue sean de iniport:mcia por 
su jerarquía administmliva o militar, por su riqueza, por su influ- 
jo o por su talento, deben ser decapitados ... A los jpatriotos que 
delinquen, hay que ti*atarlos con oonsidei-acioncs y extif.ma bon- 
dad; pero en cambio la conducta del (lobicriio debe íer cruel y 
sangmnaria con dos enemigos, especialmente si son de talento, pues 
entonces hay que matarlos. . . I^as denuncias de los particulares 
contra los enemigos, n.ún cuando sean totalmente infundadas, deben 
ser satisfeclias fK)r el frobierno con la aplicación de ({)onas, a fin de 
no enervar a los denunciantes... Los bandos y inandntos pn1ilic<is 
deben ser muy sanguinarios y muy ejecutivos". 

Estas ideas, que erají las ideas de la época y que i><>i lo h.imuo 
dejan intacta la figura culminante y gjloriosa de Mariano Moivno. 
no se estampaban en el papel a manera de lunenazas o de instru- 
mentos de presión. Kr¡ui idt»ns qne s«' cicciiiab:".!. (M:in idi-ii^ vi- 
vientes . 

En circular do 27 de junio de 1810 h\ .iiin!;i iriiixTaaliva < 
nicaba en estos t/>rminos a todos los Cabildos su plan de exter) 
de Tin movimiento de restauración española en Córdoba : 

'^La Junta cuenta con recursos efectivos (Xira hacer entrar cu 
Biis deberes a los díscolos que .pretendan la división de estos pue- 
blos que i« hoy día tan peligrosa: los persc4ruirá, y han'i un ejem- 
plar castigo que escaTmiente y aterre a los inudvados". 

Cnando ya se consideraba inminente la aí)rensión de los facto- 
res de ese laovimiento realista, la Junta Oubeniativa comnni"A '•> 
siguiente sentencia de muerte al jefe de la expedición niilitaj- : 

"Ija Jmrta manda que sean nrcabuceados don Saniia^-o Linieis, 
don Juan Gutiérrez de la Concha, el obis|K» de Córdoba, don Vic- 
toriano Rodríguez, el coiponel Allende y «1 Oficial Reafl don Jorge 
Moreno. En el momento en que todos o cada uno de elU»s ipfladofi 
sean cuales fueren las circunstancias, se ejecutará esta resolución 
sin dar lugar a momento*» que proporcionen ruegos y relaciones 
capaces de comiprometer el cum.plimicnto de esta orden y el honor 
de V. E. Este escarmiento debe ser la base de la estabilidad del 
nuevo sistema, etc.''. 

^Firman: Conielio Saaverlra, Juan Jow» Castelli, Manuel Beigr«- 
ro, Manuel de Azcuénaga, Domingo Matheu, Juan lArrea. Juan 
José Passo y Mariano Moreno. 

La terrible sentencia, fué ejecutada, y entonces la Junta Gubcr- 



MANUAL DE HISTORIA URUGUAYA 89 

rativa resolvió ipubliear un manifiesto en el que de&pufe de algunas 
observaciones generales, decía refiriéndose a los españoles: 

"La iieri^ peligra y la existencia de estos liomibres inquietos ei'a 
arriesgada en todo punto del suelo. T^a impunidad de crímenes tan 
detestables podría ser un ejemplo fataKsimo, y si algún día la causa 
que protegemos contra los insurgentes en las. Provincias STifriere 
un contraste, que comprometiese los sagrados derechos del Estado 
y de los pueblos de que estamos encargados, seríamos responsables 
del cúmulo 4e males e infortunios que ha;bría ocasionado nuestra 
imiprudente condescendencia. No hay arbitrio. Es preciso llenar 
dignamente ese impoi"tante detoer. Aunque la sensibilidad se re- 
eist-a, la. razón suma ejecuta, la ¡piatría imperiosamente lo manda". 

"A. la piesencia de estas poderosas consideraciones, exaltado el 
furor de la justicia, hemos decretado el sacrificio de estas víctimas 
a la salud de tantos 'mállares de inoeentea Sólo el terror del su- 
plicio puede servir de escarmiento a sus cómplices. Las recomen- 
dables cualidades, enupleos y servicios, que no han debido autorizar 
sus malignos proyectos, tampoco han podido darles un título de 
impunidad que haría a los otros más insolentes". 

'TSl terror seguirá a los que se obstinaren en sostener el plan acor- 
dado con éstos". 

Se ve que hay perfecta eonoordancia entre el dictatmien de Mariano 
Moreno y las resoluciones oficiales de la Junta, emanadas, sin duda 
alguna, de la misma pluma que esta vez recibía la consagi'aeión 
d olorosa de los hechos. 

Antes de finalizar el año 1810 fué deei'etado otro ruidoso bau- 
tismo de sangre. 

El doctor Casteilli recibió de la Junta. Gubernativa dos plieg'os 
de instrucciones destinados al ejército expedicionario contra los rea- 
listas. He aquí algunas cláusulas de esos pliegos: 

"Jamás aventurará cámbate sino con ventajas de una superio- 
ridad conocida ; procuraría disponer al soldado para ataques prin- 
cipales y en la primera victoria que libre dejarla que los soldados 
hagan estragos en los vencidos para infundir el terror en los ene- 
migos". 

"Pi-ocuraná. entablar relaciones ocultas y mandar emisarios a los 
pueblos; estableoei'á relaciones secretas con Goyeneche y otros ofi- 
ciales enemigos, alimentándoles de esperanzas, pero sin cveev jamás 
sus ¡promesas, y sin fiar sino de la fuerza"- 

"El Presidente Nieto, el Gobernador Sánz, el obispo de la Paz, 
y Goyeneche, deben ser arcabuceados en cualquier lugar donde sean 
habidos, y a todo hombre que haya sido prinlcipal director de laj. 
expedición". 



90 EDUARDO ACEVBDO 

Y (íc ;n;aer(io oon estas instniccioues, fuei"on pasados por las 
armas el tjeneral Nieto, d j?eneral Córdoba y el Golbernador inten- 
dente Paula Sáiiz. 

La dictadura en vez del gobierno constitucional. 

La clánsula 10." del acta a^irobada el 25 de Mayo de 1810. por 
el Cabildo de Buenos Aires, disponía que la Junta Gubernativa 
debía "despachar sin pérdida de tiempo órdenes circirlaros a los 
jefes del iutorior y demás a quienes corresponde, encargándole^ 
irtuy estrechaToente y bajo de reeiponsabilidad, haíünin que los res- 
pectivos Cabildos de cada uno convoquen por medio de esquelas 
la parte ])rineipal y más sana del vecindario pan» que. formando 
un conirreso de sólo los que en aquella forma hubieren sido llama- 
dos, elijan .sus representantes y éstos hayan de reunirse a la mayor 
bre^'edad en esta, capital para rr^tnhli-^rnr la forn.a do srobierno que 
se considere wás conveniente" 

•Pero en diciemibre del prqpúo .ui<< i.->iu. >,• ciunijn, d»- orientación 
y la Junía Gubernativa anunció el suceso al país en un manifiesto 
que llevaba da firma de tod<is sus miembros sin discrepancia albina. 

"Considerando — decía la Junta — que en el estado ya mjás tran- 
quilo del reino, era lle<2:ada la qportunidad de consolidar eíl gobier- 
no par los princiipios mismos de su instñtnción, convocó a los nueve 
diputados existentes en esta capital, y abriéndose la sesión el día 
18 del presente mes, se dio principio a una discusión pacífiíca en 
la que la verdad; ila sinccridaid y la buena fe por parte del Gobierno, 
decidieron su incorporación, como alai quedó resuelto, prestando 
todos al día sicriiiente el juramento en los mismos términos» preve- 
nidos en el acta de su iprimera instalación y tomatido posesión de 
sn empleo de vocales". 

Se ha diohí) que Mariano Moreno, el nimien de la Revolución 
de Mayo, se opaiso a este camlbio radical de orientación, y que la 
disidencia .suririda en tal oportunidad determinó sti separación vo- 
luntaria de la Junta Gubernativa. Pen» «I manifiesto a que a«oa- 
bomos de referirnos tiene su firma como Secretario de la Corpo- 
ración . 

1» (|ue hay de cierto, e» que desde las columnas de "La Gaceta 
de Buenos Aires". h.nbía í»os*tenido y .sostenía la necesidad de una 
constitución. 

"El pueblo no debe contentarse, escribía el doctor Moreno, oon 
que sus jefes obren bien; él debe af^párar a que nunca puedan obrar 
-mal; que sus pasiones tcuíjan un dique m£s fii'n}e que el de su 



MANUAL DE HISTORIA URUGUAYA 91 

propia voluntad; y que delineado el eamino de siis o|pieraciones por 
reglas que no esté en sus manos trastornar, se derive la bondad del 
Goibiemo, no de las personáis que lo ejercen, sino de una constitu- 
ción firme, que obligue a los sucesores a ser igualmente buenos que 
los primeros, sin que en ningún caso deje a éstos la libertad de 
haxjerse malos im^pimemente" . 

Si el Congreso se hubiera reunido, de sus (decisiones Iiaibría ema- 
nado seguramente una carta política provisoria que hubiera dado 
satisfacción a la expectativa pública mientras se planteaba con 
toda calma el iproblema de la organización definitiva. 

Pero los proceres de Mayo, optaron (por constituir una dictadura 
colegiada, para dar aipilicación a los diputados de las provincias. 

De ese engendro y de sus (posteriores transformaciones, sólo podía 
surgir una corriente malsana de despotismo, de fraude, de usurpa- 
ciones contra la soberanía, de motines y de sangre, como la que, 
efectivamenlte, llena el decenio comprendido de 1810 a 1820, en 
forma que obligaba a exclamar al general Belgrano, a raíz de la 
instalación del Congreso de Tucumán: 

"No hemos cooiocido laás que el despotismo bajo los GK>berna- 
dores y Virreyes y bajo las Juntas, los Triunviros y 'los Directorios". 

Montevideo rechaza la fórmula de Mayo. 

El 24 de mayo, cuando ya el movimiento revolucionario tomaba 
su dirección definitiva, desembarcó en Montevideo don Juan Jacinto 
dé Vargas, Secretario de Cisneros. 

Según el libro de aet&s del Cabildo, para manifestar que el 
Virrey ''esiperaba fuese su autoridad debidamente respetada por el 
pueblo y el vecindario"; y según una correapondenicia ip'uiblicada en 
"La Gaceta de Buenos Aires", para gestionar el itraslado a Mon- 
tevideo de todas las altas autoridades coloniales. 

La (llegada del Secretario del Virrey produjo una, gi"an agitación 
popular, y antes de que ella tomara cuerpo volvió a sesionar el 
Cabildo, con asistencia de varios uruguayos notables, como Larra- 
ñaga, el doctor Pérez Castellano, el doctor Nicolás Herrera y el 
-doctor Lucas José Obes; y de esa nueva sesión salió una orden 
para que "se indicara a don Juan Jacinto de Vargas, a fin de 
imjjodir que hubiera 'una conmoción popular o fuere víctima de ima 
trqpelía, la conveniencia de que se retirara al campo hasta nueva 
providencia" . 

En la coniespondencia de "La Gaceta de Buenos Aires" se ilus- 
tra esa referencia de los libros capitulares con esta otra: 

Que el Secretario del Virrey habría sido víctima de la indigna- 



9'2 KM'AHPO AOKVKnO 



i-Kiii j:fni'iii;. >, > i < ' liiunHiiriii- ue .>íiiii:i.; i: > \r iiU')U'V;l «lil'li^ 

eseaiH? . 

Pocos días después desentha realba «>tro coiiiisioaado. t'l capitán 
de patricios don Jlartín Galaiíi, con un oficio de la Jiiuta de Buenos 
Aires, recabando la adhesión de las autoridades de Montevideo al 
movimiento de Iklayo. 

Jja niiííión de Galain tenia que ser m«s sinitpútica que la de 
Vargas, para un pueblo que, como el de Montevideo, había inau- 
;; arado y axílimatado en ^louérica el procedimiento de las Junta.s 
pqpulares de Gobierno; y, en consecuencia, que<ló resuelta la oele- 
bración de un caíbildo abierto para considerar el oficio y reso';ver 
lo que fuese más conveniente a la autonomía uruí^uaya . 

l>an<lo cuenta el Cabildo de Montevideo a la Junta de Buenos 
Aires del resultado de la asamblea, se exjpresaba así: 

"Después de una larga discusión, se acordó que debía este pueblo 
unií-se oordialmente a esa capital para sostener los intereses de la 
patria, y los deredios sagitados de nuesti-o legítimo y único sobe- 
rano el señor don Fernando VII, pero que esta unión y el i*eco- 
nocimiento consiguiente de la superior autoridad de V. E. debía 
ligarse a ciertas modificaciones y caJidades relativas a la seguridady 
defensa, conservación y buen gobierno de esta ciudad y su preciosa 
campaña, hov nik'* oxjp\iesla <iut' nunca a los horrores do una iii- 
■"/asáón" . 

Nombrada «¡i Comisión encargada de dieiauíinar acerca lic esas 
condiciones — agregaba el Cabildo — y pronto el pueblo spara elegir 
el diputado que haibría de incorporarse a la .Tunta, hasta la verifi- 
cación del Congreso, llegó el correo de España con la noticia de 
la inst-alación de un Consejo de regmieia y diversas proelainas 
de ese Consejo y de la Junta Suprema de Oidiz, a los americanos; 
y en vista de ello queda en .«íuspenso la incorporación, a la espiera 
de la actitud que asumirá Buenos Aires ante la reconstitución de l-'^s 
autoridades de España . 

RqpJicó la Jjunta Gubernativa, que ya estaba en marcha "un 
oficial de honor, para instruir al gobierno soberano que encontrase 
legítimamente <>stablecido on España". 

"Ijo sustancial, decía lu^»o, es que todos permanezcamos fieles 
vasallos de nuestro monarca el señor don Femando VIT. que cum- 
plamos el juramento de reconocer ed gobierno soberano de España 
legitimamente efitablecido, que examinemos con circunspección la 
^egiümidad del establocimientc», y no la oonsideremos como una v<»z 
vana, sino como la primera regla directiva de nuestra resolución : 
y que, entretanto, estreciiemos naiestra unión, redoblcfnos nuestros 
esfuerzos para socorrer la metrópoli, defendamos su causa, obser- 



■MAXUAL DE HISTORIA URUGUAYA 93 

-^i-emos siis leyes,, celebremos sus .Lriunfos, Moremos siis desgracias, 
y hagamios lo que hicieron las Juntas provinciales del reino antes 
-de la instalación legítima de la central, que no tenían una repre- 
sentación soberana del Rey por quien peleaban, y no por eso eran 
menos fieles, menos leales, menos heroicas, ni menos dispuestas a 
prestar reconocimiento a un supremo poder, ajpenas se constituyó 
legítimaimente" . 

Uno de los voeailes de la Jiuita de Buenos Aires, el doctor Passo, 
se trasladó a Montevideo para reforzar la argumentación de esa 
uota . 

Volvió entonces a sesionar el cahildo abierto, o lo que es ignial 
volvió el pueblo de Montevideo,, por medio de sus delegados, a 
reunií'se en la sala capitular, y de nuevo se declaró que, "entre- 
tanto la Junta no reconociese la soberanía del Consejo de regencia 
que había jurado al pueíblo, no podía ni debía reconocer la autori- 
dad de la Junta de Buenos Aires, ni admitir p«aeto alguno de con- 
cordia o de unidad". 

Habilitación del puerto de Maldonado. 

La actitud de Montevideo no concordaba con la qu>e asumían 
otras poblaciones uruguayas, la Colonia, por ejemplo, donde la 
Couiaíidancia (prestó acatamiento a la Junta Grubernativa, luego 
-de reimir al vecindario y obtener su voto favorable. 

En la esperanza de conquistarse adhesiones, la Junta Guberna- 
1iva volvió a dar tüámite a un viejo expediente del coloniaje sioibre 
fortificación y fomento de la ciudad de Maldonado, iniciado bajo el 
■gobierno de don Pedro de Ceballos. 

Eíu sti d'oereto de 2 de julio de 1810, establecía que Maldonado 
hahía llegado a adquirir verdadera importancia como centro de 
Tioblación y de ganadería, gracias a la naturaleza de su territorio 
y al cello del Ministro de la Real Hacienda, don Rafael Pérez del 
Puerto; pero que das invasiones inglesas habían destruido esa fuen- 
te de i>oblación y de riquezas, y que, en consecuencia, era necesario 
llevar allí nueva vida, facilitando las exportaciones y abaratando 
las importaciones. 

"Socorrida® las necesidades de aquellos habitantes por ila facilidad 
y baratura de las importaciones, excitados al trabajo por el lucro y 
vente jas de una exportación activa, se aumentará la ipoblación que 
sigue naturailmente a la riqueza: y foimiada una barrera en los 
líixdtes del territorio esip'añol, quedará éste seguro de invasiones 
por aquella parte y cesará el ignominioso abandono con que hasta 
¿iliora se ha mirado el fomento y pros)peridad de pueblos confi- 



94 EDUARDO ACn'EDO 

laiiies con un reino cxiranjero, dejando su ronuna expuesta a cual- 
quier invasión y destruyendo el estímulr> del trabajo por la poea 
scíTuridad de su producto". 

Terminaiba. el decreto haibilitando el puerto de AIaldo>nado para las 
importaciones y exportaiciones relativas a su jurisdic^ón y cam- 
pañas inmediatas. 

El Cabildo de la localidad favorecida se apresuró a contestar en 
ténninos entusiastas: 

"Maldonado, este pueblo expirante, revive hoy en su existencia 
política al impulso de las sabias prondencias de V. E. La habi- 
lita«ión de su puerto lo hará en breve numerar entre los grandes 
de esta América". 

Pero el decreto no pudo recibir cumplimiento, y así se encarpó 
de anunciarlo la ipropia Junta, en virtud de que eran las autori- 
dades de Montevideo las que dominaban en Maldonado. 

Por qué Montevideo rechazó la fómmla de Mayo. 

La Junta Gubernativa cerró el incidente entre Montevideo y 
Buenos Aires, con iina orden del día en íjue fonnulaba así sus 
agravios : 

"Son ya demasiado notorios ilos motivos que produjeron la ins- 
talación de la Junta en la capital, y Montevideo no debía oponerse 
8 la subsistencia del proyecto después que oon menores fuudamen- 
tos sostuvo su Junta de Observación, que obtuvo aprobaciones do 
la Corte en el ajoto de disolverse". 

"Las apologías que se escribieron en favor de aquella resolución, 
jiístificaban la nuestra: y una ciudad del rango de Buenos Aires 
no debió esperar resistencia de un iptiéblo subalterno que había 
elajnado tanto por la int^^dad de aquellos deredios que en las 
circunstancias del día autorizan a los pueblos para semejante con- 
ducta". 

Montevideo se había dado en 1808 una Junta dte Gobierno ])ei- 
fectamente igual a la que se daiba Buenos Aires en 1810. 4 Por 
(|ué, p^ies, rechazaba lo que era en realidad obra de su propio 
impulsoí 

Asoman en los antecedentes que acabañóos de reproducir la^ 
capeas fundamentales de la nueva disidencia. 

Para Buenos Aires, Montevideo era una ciudad subalterna; una 
ciudad que debía obediencia ciega a la capital; una ciudad sin 
derechos propios. 

Para ^^ontevideo, Ja fórmula de Mayo significaba simplemente 
,>i,;,. ,1^ „Tv,^-. pj^ y^j5 ¿e] ^njQ español, el amo criollo; y n>i 



n f 



■MANUAL DE HISTORIA rRUGüAYA 95 

camlbio nada favorable ciertamente, porque si la Corte de iíadriü' 
en más de una oporttinidad había dado la razón a Montevideo, lo 
c¡ue es el gobierno de la capital del Virreinato, siemipre había 
procurado imipedir el desarrollo económico del Uruguay, como me- 
dio de que las energías de todo el Río de ila Plata quedaran reeon- 
ceúatradas en una sola ciudad. 

iSi en vez de enviar comisionados para obtener la adbeiáón a 
favor de una J^unta ya votada, se hubiera reconocido la igualdad 
de todas las provincias, bajo forma de convocatoria inmediata de 
un congreso llamado a resolver sobre lo que conviniera a los inte- 
reses generales del Río de la Plata, el pueblo uruguayo no habría 
regado su concurso a Buenos Aires, y con toda seguridad habría 
llevado a ese congreso da fónnula más avanzada de la época, por- 
oue astaba preparado para darla. 



CAPITULO XII 



CUALES ERAN LAS IDEAS POLÍTICAS 

DE LOS REVOLUCIONARIOS DE 1810 



£n la víspera de la Revolución. 

Todos los hi>mbres dirigentes de la Revolución de 31ayo erun 
monarquistas, y eso explica, en buena parte, los acontecimientos 
jqae vamios a historiar en los caipítulos siguientes. 

lEs necesario, pues, fíjar exaotameuite el criterio a ese reeipecto, 
antes de proseguir el desarrollo de la Revolución aquende y allende 
fl Pinta. 

Luenos Aires rechaza el plan de anexión a Portugal. 

A principios de 1808 tía Corte portuguesa tuvo que emigrar de 
I-isboíi con destino a Río de Janeiro, a consecuencia de haber sido 
conquistado su territorio eurqpeo i>or los ejércitos de Napoleón. 

lEncaibczabiin la f»mália real el príncipe don Juan de Braganza 
y su esposa la princesa Carlota, hija de Carlos IV y hermana de 
Fernando VII. El iprínci^pe, que entonces gobernaba como Re- 
gente por enfermedad de la madre, fué m«s tarde coronado bajo 
<! íwmbre de Juan VI. 

Procuró desde el primer m<imenlo la Corte ]>ortuguesa ajwderorse 
del Río de la Pla^a. 

Felizmente qxira los intereses americanos, actuaban dos influencias 
verdaderamente antagónicas: mientras que don Juan de Bragaxiza 
pretendía ila anexión del Río de la Plata a la corona portuguesa. 
1.1 princesa Carlota deseaba las colonias Q^mra ella, como única 9uce- 
Mtra legítima al trono de España después de las abdicaciones de 
Carlos IV y Femando VII, arrancadas por Najxyleón. T^ diver- 
gencia fpolítica era ;profunda, tan profunda como el distanciamiento 
de hecho que existía entre los dos esposos, pr(>v(K»a<l<>. on inan 
7iarte, (por la conducta irregular de la princesa. 



MANUAL DE HISTORIA URUGUAYA 97 



Ei jlinisti'o de Relaciones i'^xitíriores íSuiiza Coatiiuho, empezó 
;j>or dirigir una nota exploradora al Caibildo dé Buenos Aires. 
Anunciaba en ella que España estaba totalmente ocupada por Na- 
poleón, y que la Corte de Braganza se ofrecía para lomar a Buenos 
Aires y a todo el Virreinato, "bajo su real protección, respetando 
todos sus derechos y fueros y empeñando su real palabra de no 
gra\^arlos con nuevos impuestos y de garantirles, además, una com- 
pleta libertiid de coimercio". Y prevenía que en caso de negativa 
la Corte de Braganza se pondría de ¡leuerdo c-imx s-u poderoso aliado 
'cl Gobierno Inglés. 

Pero el Cabildo de Buenos Aires rechazó con altanería el ofre- 
cÍBiiento y las amenazas. 

Estos pueblos, decía en su respuestíi. es'táln acostumlbrados ''a 
arrostrar todos los ¡p-eligros y ha,eer toda clase de sacrificios en 
defensa de los sag-rados derechos del más justo, miás (piiadoso y más 
benigno de los monarcas; y si en otras ocasiones y tan recientemen- 
te este pueblo ha dado ante el miundo (piruebas inequívocas de lo 
que puede hacerse por medio del. valor exailtado por la lealta,d y 
por el entusiasmo de una causa, de igual mainera está pronto a 
derramar hasta la última gota de su sangre, antes de permitir que 
la mlás m'íninia porción de esitos vastos territorios sea usurpada a 
la corona de España". 

Pero gestiona la coronación de la princesa Carlota. 

No euoontraban iguales resistencias los trabajos de la princesa 
Carlota a favor de la organización de una monarquía esipañola en 
Anaérica . 

Uno de los proceres argentinos, don Satiu'uino Rodríguez Peña, 
residente en Río de Janeiro, tomó a su cargo con verdadero entu- 
feiasmo la tarea de convencer a sus jpiaisanos de la necesidad de 
que arrimaran el hom)bro a la ejecución de ©se programa. 

"I^n señora doña Canlota, princesa de Portugal y del Brasil, e 
infanta de Esipaña, (decía en carta de 4 de octubre de 1808), tiene 
una educación ilustrada y los sentimientos más heroicos. Esta mu- 
jer singular y que la creo única en su clase, me parece dispuesta 
a saciifiearlo todo poi* alcanzar la notable satisfacción de, sei-vir de 
instiamiento a la felicidad de sus semejantes. Es inijposible oir 
hablar a esta princesa sin amarla : no posee una sola idea que no 
6iea generosa, y jamiás da lugar a las que infunden en estas per- 
sonas . la adulación y al despotismo. Parece ¡prodigiosa la venida 
de tan digiia princesa, ipor su eduí'aeión. intenciones y demias extra- 
^¡rdinarias circunstancias que la adornan, en cuya vii'tud no dudo 

M. DIC lí. ! . — 7 



98 EDUARDO ACEVEDO 

Tii utítíídes deben dudur de que ella, sea la heroíiui que LocesiUiín;».-, 
y la que. se'jruramento. nos conducirsi al irtls alto prado de feli- 
cidítd". 

El lllM<)ria<ii>r m";:~^iici)i) i'fiL-^iii ua ohví;, íiim-uiíiíi ijai- t..^i'> ii.t- 

bajos llegaron a tener tanto éxito que a mediados de 1809 fimcio- 
naba en Buenos Aires una Junta secreta compuesta de los cons- 
picuos ciudadanos Manuel Belfrrano, Nicoláis Rodríguez Peña, Juan 
José Passo, Manueá Alberdi, Nicolás Vieytes y Juan José Castelli. 
para proclamar en momien.to oportuDO a la Carlota; que ese Cit- 
ante envió a Río de Janeiro al señor Pueyrredón, con el ©ncaj^> 
de gestionar el traslado de la princesíi a Buen<»s Aires; que el 
plan fracasó, por la negativa del príncipe don Juan a autorizar 
el viaje, dominado 'por el temor de que una vez al frente del Vi- 
rreinato atontara su consorte contra la integridad territorial del 
Brasil- Agiega Pereyra da Silva, que entonces regresó Pueyrre- 
dón, llevando el oonvencimiento "de que no se conseguiría hi pre- 
sencia de la (princesa en Buenos Aires". 

El Secretario de la princesa, don José Presas, dice que ives cir- 
cunstancias pudieron influir en la negativa del príncipe de Bragan- 
za: las intrigas de los que consideraToan inevitable la rmina de la 
Corte, una vez que la princesa adquiriera mando: la influencóa di' 
Inglaterra a favor de la independencia de las coíonias españolas; 
y el temor del príncipe de que su esposa pudiera organizar ejérratos 
en Buenos Aires y arrebatarle su trono de Portugal. 

iLa historia del Río de la Pln):i confirniíi nlcr;;i::w^n!c las aseve- 
raciones de Pereyra da Silva 

Habla el general Mitre de la Junta de -Montevideo do 1808, > 
do las tentativas para establecer otra simiJar en Buenos Aires: 

"BcJgrano trató de sac^r (partido de estas efervescencias, invi- 
fnjido a Saavedra y demfis jefes de cucr"" r. -nje aceptaran la 
monarquía con la princesa Carlota". 

"No hay duda — agrega — de que si en a<ju-c¡las circunstancias 
la infanta hubiera decidido venir a Buenos Aires, hsibría encon- 
trado n.poyo, pues todos los jefes de cuerpo, incluso don Comelio 
Saavedra. se habían comprometido a sostener su tproclamación" . 

Añ;>s dcj^'uft», en 1814, se le instauró a Saavedra un juicio por 
residencia, y el procer dio a su acoderado un pliego de insfniccio- 
nef, en el cual se relatan ilos trabajos ipora traer a l.i orinw'sn 
Carlota il Río de la Plata. Reproducimos de] pliego: 

"Tvos principales promotores de estas ideas es sabido i'i:!'r<»ti tu 

aqnel er t^inpc9 el finado doctor José Castelli, don Hi'^ólito Vieytes, 

el dnc'tnr ^*ariano Moreno y otros, mandando s'.is plic^is y corres- 

r'vn^l.i. -.- , 'q (^orte del Br'e-' '■"»• mnnn de don Nifol'y Peña a 

n Saturnino". 



MANUAL DE HISTORIA URUGUAYA 99 

Refiere luego Saavedra iiua entrevista que tuvo con Vieytes, er. 
que éste le pix)|puso el mismo plan, y agrega: 

"Cuando concluyó su discui'so le dije: ya, el señor don Manuel 
Belgraao ha hablado conmigo de estos negocios, y estamios de acuer- 
do en que yo, oon mi cuerpo de patricios, tan lejos de hacer opo- 
sición al proyecto, lo seguiremos". 

El monarquismo durante la Revolución de Mayo. 

Ha dicho don José María Roxas, historiando los sucesos del 25 
de Mayo de 1810, que él presenció, que los patriotas argentinos, 
aunque se daib'an cuenta de que con su actitud se separaban de 
España, juzgaban que sería imlposible por largo tiem-po organizar 
gobierno propio, y que siemipre pensaron en la necesidad de bus- 
carlo fuera del Río de la Plata. 

"Traer el gobierno de afuera, agrega, fué la idea de los princi- 
píales patriotas, y siguieron propagándola desde los primeros tiem- 
pos Saavedra, San Martín, Belgrano, Castelli, Pueyrredón, etc. 
Ningún homibre de jiuieio ¡pensó en la repúibliea". 

Otro testigo ipiiesencial de los sucesos, el doctor Tomás íianuel 
Anchorena, declara que al iniciarse el movimiento de Mayo, se partía 
siemipre del reconocimiento de Fernando VII, y sólo se aspiraba a 
constituir una nación distinta aunque gobernada por un mismo Rey, 
para que no se sacrificaran estos (pue/blos a los intereses de la 
Península. 

"De este modo era como yo oía discurrir entonces a los patriotas 
de primera fila die nuestro país... Fué después de reunida la 
Asamblea General . . . que se observó un manifiesto despego por el 
monarca español . . . Mas, no por eso cayó en descrédito el go- 
bierno monárquico constitucional, que, siegún yo oía discurrir en- 
tonces generalmente, se deseaba que el monarca fuera algún vas- 
tago de la familia, de Borbón reinante en Esipaña. Nadie, nadie 
se ocupaba del sistema reipublieano federal, porque todas lias pro- 
vincias estaban en tal estado de atraso, de /pobreza, de ignorancia 
y de desunión entre sí, y todas juntas profesaban tal odio a Buenos 
Aires, que era conao hablar de una quimera el discurrir sobre el 
establecimiento de un si'stema fedeml". 

Después de la Revolución de Mayo. 

AI finalizar el año 1814 resurgió oon bríos la idea del gobierno 
monárquico, y deside ese momento, los trabajos prosiguieron sin in- 
terrupción hasta el año 1820. 



100 EDCAKDO ACEVEDO 

El j;eueial Bülyraiiu y Uuii Bermiidiuo Rivadavia fueron en- 
viados a las Cortéis de Inglaterra y España, con un jiJiogo de ius- 
iriiccioiies retiervatlas, en que el Director Posadas les prevenía que 
el primordial objeto de la misión era. "a-segurar la independencia 
•■de América, negociando el establecimien-to de monarquías consti- 
tucionales en ella, ya fuera fon un jjríncipe español, si se podía, 
ya con uno inglés o de otra casa (p>odero6a, si la España insistía 
eu (la dependencia serAñl de las colonias", 

Al llegar a Río de Janeiro, fueron sorprendidos los comisionadas 
cou la noticia de una revolución que liaibía dado ¡por resultado la 
renuncia del Director Posadas y el nombramiento idel general Alvear. 

Entrega del Rio de la Plata al monarca inglés. 

El nuevo gobernante dcs^jachó en ol acto otra misión ante la 
Corte de Río de Janeiro, a cargo de don ^Manuel José García, con 
dos notas, una para el Ministro de Relaciones Exteriores de la 
Gran Bretaña, que debía pasarse a Belgrano y Rivmlaviu, y otra 
]wira el Embajador inglés en el Brasil, que debía entregaj- el propio 
Gaxcía . 

En la primera expresalm el Gobierno Aj^entino, que las Provin- 
cias, eran inhábiiles "para gobernarse a sí mismas, y que necesita- 
ban una mano exterior que las dirigiese y contuviese en la esfera 
del orden, antes que se (precipitaran en los lioneros de la anarquía". 

"'Estas provincias desean i>ertenecer a la Gran Bretaña, recibir 
sus leyes, obedecer su gobierno y \'ivir 'bajo su influjo poderos<i. 
Ellas .«JO abandonaíi sin condición alguna a la generosidad y buena 
fe del Gobierno Inglés, y yo esstoy resuelto a sostener tan jn-1:i 
fwlicilud para libertarlas de las majes que las afligen". 

*^s necesario que se aprovechen los momentos, que vengan in>p;i> 
<iue impongan a los genios dísoojos, y mi jefe ¡plenamente autorizado 
que empiece a dar al país las formas que sean de s»i beneplácito, 
del Rey y de la Nación, a cuyos efectos espero que V. K. me dará 
sus avisos eon la reserva y prontitud que conviene (para preparar 
oportunamente la ejecución". 

En la s^unda nota, decía el Director Alvear: 

"Ha is^ido necesaria toda la \prndencia, política y a.«cendiente del 
Go})iorno actual, para ajpagar la irritación que ha causado en la 
nwusa de estos habitantes el envió de diputados al Rey. La sola 
idea de comíposición oon ilos españoles los exalta hasta el fanatismo 
y totlos juran en público morir antes que sujetarse a la metrój>oli. 

"En estas circunstajicias, sólo la generosa nación británica puede 
poner nn v«'Tiie<Ho eficaz a tantos nvales, acogiendo en sus l»i!i/<i< ;< 



MANUAL DE HISTORIA URUGUAYA KJT 

t'Stas pa'ovinciarf, que obedecerán su gubieiuo y reci'biráu sus ieye^ 
con placer, porque conocen que es el único medio de evitar la des- 
trucción del país, a que estiiiln dis)puestas antes que volver a la an- 
tigua servidumbre, y es^peran de la saibiduría de esa nación una. 
existencia pacífica y dichosa. 

"La Inglaterra, que ba piH>íegiido la libertad de ios ne^gros en la 
costa de África, impidiendo con la fuerza el comercio de eseiavatiu'a 
a sus íntimos aliados, no puede abandonar a su suerte a los habi- 
tantes del Río de la Píata en el a,cto mismo en que se arrojan a. 
sus brazos generosos". 

Estos oficios no fueron entregados a sus respectivos destinaita- 
rios. Rivadavia guardó el suyo, y aconsejó a García que lo imi- 
tara, porque la gestión "podía teñirse con el colorido del crimen". - 

Proyecto de coronación de un príncipe español. 

Belgrano y Rivadavia partieron en el acto iJiaia Euroipa, y allí,.- 
en unión oon don Manuel de Sarratea, inieiaron gestiones ante Cai'- 
los IV pam la coronación de su hijo el príncipe don Francisco- 
de Paula. 

Ya esta;ban muy adelantados los tralbajos, y hasta redactado un 
proyecto de Constitueión para el "Reino Unido de la Plata, Perúí 
y Chile", cuando Carlos IV se echó atrás. 

Son muy ilustrativos los documentos de esta gestión dipknnática. 

En su nota inicial de 16 de mayo de 1815, decían Belgrano y 
Rivadavia a Carlos IV, que las miras: de todos los hombres públieos' 
de Buenos Aires habían sido invai-iablemente estas tres: que la,^ 
monarquía era la única foa-ma adecuada a los hlábitos del pueblo;; 
que ningún príncipe extranjero podía asegurar la felicidad tan 
eficazmente como uno de la familia de España; que si fuera imipio- 
sible el noraibramiento de un <príncix>e, haibría que mantener la in- 
tegridajd de la monarquía, ipero con una administración independiente 
en los asuntos internos de las provincias. 

Agregaban que Canlos ÍV era el único ini!)naiTCa que rt^onoeíau 
las Provincias; expresaban el deseo de que 8 cediera a favor de 
su hijo don Francisco de Paula el dominid y solteraníí» f1r>i Río de 
la Plata ; y concluían con esta siiplica : 

"Prositernándose a las plantas de Vuestra Majestad, en ,su nombre 
propio y en el de sus constituyentes, imploran de Vuestra Majestad 
comio su soberano, les otorgue el objeto de su ardiente súplica, y 
que Vuestra Majestad se digne extender benigna,mente su ^")iatei"ial 
y x>oderosa protección a tres millones de sus más leales vasallos, y 
asegure \a felicidad de las generaciones venideras". 



102 KDUAniX) ACEVKDO 

No es menos expresivo el eucaixízatüieul*) del acta que asigna.ba 
a Caries IV sus emolumentos reales: 

"Don Manuel de Sarratea, don Bernardino Rivadavia y don Ma- 
niiel Belgrano, plenamente facultados ;por el Supremo Gobierno <\ 
lius Provincias del Río tle la Plata ¡para tratar con el Rey nuestro 
señor don Carlos IV (que Dios g^uarde) a iin de oanseguir d<'l 
juíito y piadoso ánimiO de Su Jíajestad la iustitución de un reino 
en aquellas Provincias, y cesión de él al serenísimo señor infante 
don Francisco de Paula, en todas y las más necesarias formas, pr»)- 
metemos y juramos jK>r nosotros y nuestros comitentes". 

V«»anse ahora los lincamientos del proyecto de constitución del 
"Reino Unido del Río de la Plata, Perú y Chile": 

I^a corona sería hei^ditnria; la persoi'.a del Rey sería ¡sagrada 
e inviolable, iporr» sus Ministros res]x>nsable8 ; el Rey mandaría las 
fuerzas, declararía la guen*a, neíroeiaría los tratados, distribuiría 
los empleos y nombraría la nobleza conupuesta de duques, oondes y 
inaixiueses»; el í^ierpo Lí^^islativo sería integrado tix>r el Rey, por 
la nobleza y representantes del comiin; formarían la Cámara alta 
los duques, condes y nrorqueses; y la segfiinda Stjla. los diput 
del pueblo: ninguna orden del Rey sería cumplida sin la fimí:. 
sus Ministros; los Jueces serían nonibrados por el Rey; la nación 
gozaría del derecho de propiedod, de la libertad de cnltoís. de la 
libertaíl de imiprentA y de la seguridad individual- 

Hasta el manifiesto que debía iniizar Carlos IV había sido n*- 
■<laetado por los comisión ados, con párrafos tan expresivos como éste: 

"Lea Provincias del Río de la Hata han «do las ¡piriineras que 
postradas a mis reales ipáes, protestan que no han iveonocido ni 
puoden reconocer otro 5>oberano l<^timo que yo, y como de su Rey 
y padre llaman y piden de mí el remedio de \o» males que f»adecon 

E* Congreso de Tucumán y la dinastía de los Incas. 

He aquí la fórmula de la declaratoria de la independencia ar- 
;.'en'liim, tal como fué víH^ada pi>r el Congreso de Tucumíii, en su 
sesión del íí de jitlio de 181G: 

"Nos, los reipivsentantes do bis Pi'ovincLas Unidas de Stul América, 
retmidos en congresí> general, inviK-ando al Eterno que preside el 
IT-nivereo, en el noínbre y por la autoridad de los pueblosk que re- 
prt-sentamos, pr«>testand<) al cielo, a las naciones y hombres '■ ' 
del globo, la justicia que r<^la nuestixis votos: deciarannos solcí" 
mente a la fas de Ift tierra que es voluntad unánime e indubitable 
•de wtas ^l'o^^ ■ ompor los violentos vínculos que las ligaban a 



MANUAL DE HISTORIA URUGUAYA 103 

los Reyes de Espaíía, recuperar los deredios de que fueron despo- 
jadias, e investirse del alto carácter de runa nación libre e indepen- 
<liente del Bey Feraando VIT. sus suc/esores y metrópoli. Quedan, 
en oon secuencia, de hecho y de dei'echo con amtplio y pleno poder 
para d:í.rí-''e las foranas que esiüje la justieia e impMJne el eúmu'lo de 
sus actuales circunstancias" . 

¿>>nsba en el libro de actias oorrespotidiente a la sesión del 19 del 
!nis»mio mes de julio, que el señor Medrano : 

''Pidió que, pues se había de pasar al ejército el acta de la inde- 
l>en'dencia y fórmula del juramento de ella, después de las expre- 
siones "sus sucesores y metrópoli", se agregase: y de toda domina- 
ción extranjera. Dando (pior i'azón que de este modo se sofocaría 
el riTímor esparcido por ciert{>s hombres malignos de que el Director 
dtíl Estado, el general Belgrano, y aún algunos indi\áduos del So- 
berano Congreso, alimenitaban ideas de entregar al país a los por- 
tugueses; y fué acordado". 

Pero es lo cierto que en todo el transcurso del mes de julio, antes 
y d«sspu<)s de 'la declaración de la independencia y de la fórmula 
complemenítaria del •señor Medrano, el Congieso dedicó buenas horas 
.al estuidio del proyecto ide estalblecimiento de una monarquía en el 
II ío dé la Plata. 

En la sesión secreta del 6 de julio el general Belgrano. espeeial- 
uiente invitado por el Congreso para transmitir impresiones acerca 
del ente-río eurojpieo en los asuntos del Río de la Plata, expresó que 
en el viejo mundo predoanárnuban absolutamiente las ideas monárqui- 
cas, y que, "en su concepto, la forma de gobierno más conveniente 
para, estas Pix>vincias, sería la de una monarquía temj>erada, lla- 
mando la dinastía de los Incais por la justicia que en sí envuelve la 
restitución de esta casa> tan inicuamente dPS]>ojada del trono poi- 
una sangríenta revolución". 

En la siesión del 12 de julio se mociono a favor dol estableci- 
miento "di(í lai monarquía temperada en la dinastía de los Tncas y 
sus legítiiDos sucesores, designándose desde que las circunstancias lo 
pennitiesíH), para sede del gobierno, la mism;> ciudiul de Cnzco. que 
había sido antiguawnente sai Corte". 

El 20 de julio continuó el debate sobre la forma de gobica-uo. 
" Se oyeron ( dice el diario de sesiones ) las exposiciones de 
algunos señores diputados, que llenando el tiem^picj d^^HÜcado a esta 
í-esióu, presentaron los unos la cuestión pi'olblemátiea con los motivos 
que las detenían para no decidirse :por la monarquía temperada, 
í. pesar de lais ventajas o imionores inconvenientes que ofrecía con 
resip«cto a la« dem!i%!, y opinaron otros por su positiva conveniencia, 
-atendiendo al estado y circumstaneias del país, y wr comparaeión. a 



101- EDUARDO ACEVEDO 

](y% bienes j lociles qiu" totUus elias, respectivaiiuníf. m-.^',; 
•lecidicndose cosa alguna, terminó la set-ión". 

El íTrtbierno nionárqiiicit constitucional!. exoliiiiKiija t'l dn>;:ui''.' <. as- 
tro en la .sesión 4lel 'M «le julio, es el que 'Mió el Señor a su nnti.ínio 
¡nieblo. el que Jeeuoriíito in.stit.uyó en su líjlesia". 

Todavía prosi^juió el debate liasta los i)ñmcn>s días de ;^c(>st*). en 
que el diputado Anehorena. recogiendo el proíj;ratnia de Artigas, sos- 
tuvo que el único régimen capaz de solucionar todas las diferenciafi 
era "el de la federación de las Provincias". 

Eli general BeJgrano se a^presuró a lle\-ar la noticia de esto» de- 
l)at(?s al ejército que estaba bajo sus órdem^s. 

Con ocasión de la ceremonia de la jum de la iudo|)enden€Ía, habl^ 
a sus soldados de la monarquía constitucional; del restaMeci miento 
de la easa de los incas; y anticipí) que después de lmi>er asistido a 
las deliberaciones del Congreeo de Tucinmn. le imrwía que tendría 
reailización "ese pensamie»ito tan raojoual. tan noble y tan justo". 

Y en una proclama decía a los pueblos del Peni : 

"■^'n inu^ti'os padres d<?l Congreso, han resuelto ix^vivir y rei\'in- 
dicar la sangre de nuestros Incas, para que nos gobiernen. ' 

"Yo, yo mismo, he oído a los padres de nuestra patria reunidos, 
hablar y resolver, rebosando de alegría, que í]>ondrán do nuestro 
roy a ilos hijos de nuesti'os Incas". 

El Caívildo de Buen«is Aires colaboró en csjí o^l)i"a de propaganda 
oticial. En oHeio de 20 de sqptiemibre de 1816, suscrito por don 
Firanci.seo Escalada y don Félix J. Frías, manifestaba al general 
.luán R. Bail caree: 

"Con el objeto .de <^ne los honrados hdiitantes de la eamq^aiía 
logren ser en lo '{xxsible ilustrados sobre la fojTnn monáKfnico-eons- 
titueional y el rostablecinidento de los lufas. coino ])aso utilLsimo a 
la nación y muy conveniente en las circunstancia.s, lia acordado el 
ExcTuo. Ayuntamiento, <'orresi)ondíendo en esto a las intoncioiws del 
Soberano Congreso, se ixuiiran en nmuo de V. E. quince ejemplares 
íle los númei*os 5.'> y 56 de "El Censor", y TiO de la owclama que 
1.a hecho ipuíblicnr d Tnisnm Ayuntrnuiont'". 

Variante a que da lugar la invasión portuguesa. 

Ixxs planes de Belgrano que, como se ve, estalban en tren de gran- 
des (progresos, no p»>dían esciJipar a la influencia nwMlificadora de la 
invasión }X)rtuguepa al territorio uruguayo. Y ^i'frieriHi. efectiva 
mente, la acción de eee nuevo factor. 

En su sesión del 4 de st\ptiemibre de 1810 rf>;.»l\u'> vi i ^nli;iv.-^" 
de Tucnmjfiu despachar un ctnríisionado ante el general I^'cor. jefe- 



O.IAXrAL ])G rriSTORTA URUGUAYA 105 

de la expedición iiivasora, con dus pliegas de instrucciones, que' 
\amos a transcribir en lo pertinente al tenoia. monárquico : 

"Tam!bién le exjwnidná la gran aee¡ptación deil Congreso entre las 
Provincias y la confianza de estáis en sus deli!:>eraciones, y que, 
a pesar de la exalUxeión de ideas deniiocnáltieas que se ha. experimen- 
tado en toda la Kevolución, el Cong^i'eso, la i>ai'te sana e iluírtrada 
del pueblo y aún el común de éstos, están dispuestx>s a tni sistema 
monárquico constitucional o moderado, bajo las bases de la consti- 
tución inglesa acomodadas al oslado y circunstancias de estos pue- 
blos, de un modo que asegure la tranquilidad y orden interior y 
estreche sus relaciones e intereses con 1í)s del Bi-asil. iiai«4a. el punto 
de identificarlos en la mejor fonnn. tiTiosible" . 

"Procurarti \)€reuadirle del interés y conveniencia que de estas 
ideas resulta al g'dbernante del Brasil en declararse protector de la 
libertad e independencia de estas Provincias, restableciendo la casa 
de ilois Incas y enlazíándola con la de Braganza". 

"Si desipués de los injás podei'osos esfuer//OS que deberá hacer el 
comisionado para recabar la aiuterior proposición, fuera rechazada, 
propondrá la coronación de vni infante del Brasil en estas Provin- 
cias, o la de cualquier infante extranjero con tal que no sea de 
Rs,paña, ipara que enlazándole con alguna de las infantas del Brasil, 
gobieime este país bajo de una constitución que deberá dar el 
CongTeso" . 

"Si se le exigiese al eomásionado que esta* provincias se incorpo- 
ren a las del Brasil, se opondrá abiertamente manifestando que sus 
instnieciones no se extienden a este caso y exponiendo cuántas ra- 
zones se presenten para demostrar la imposibilidad de esta idea y los 
inales que ella produciría al Brasil. Pero si después de apurados 
todos los resortes de la política y del convencimiento, insistieren en 
el emipeño, les indicará como luna oasa que sale de él y que es lo miás 
a que tai! vez podmn prestai'se estas ¡provincias, que foinnando un 
Estado distinto del Brasil reconocerían ¡por su monarca al de aquél 
mientras mantenga su corte en oste continente, pero Ibajo una cons- 
titución que le presentará el Congreso". 

Resulta del libro de actas que los pliegos de instrucciones fueron 
saaicionados por- una mayoría de veintidós votos "conformes de toda 
conformidad", y que sóilo indicaron enmiendas seis* congi'esistas, quie- 
nes dijeiH>n : el primen), que la monarquía debía .ser necesariamente 
a base de los Incas; el segundo, que no podía ocultarse que los pnt?- 
hlos aspiraban al régimen republicano; el tercero, que antes de darse 
comienzo a la organización monárquica, había que obtener la pa- 
cificación general del ])aís; el cuarto, que sólo en el caso de incapa- 
cidad para luchar contra las fuerzas i)ortugnesas. era i>osi'ble admitii 



106 EDUARDO ACEVEDO 

l;i dominación exti-anjcra ; el (V-iinto, qiu' ^; .. lesignacióu del en- 
viado interviniera el Con?:reso; y el sexto, que se declarase que el 
ejército portugués no i^odría a,poderar8e de Ui Pro\incia de Entre 
Ríos. 

•En la misnm sesión, fueron nonibirados el eoixnnel Florencio Terra- 
da y don Mip^uel l'i'">'"< "" -■^.'■■.; !-• uvitidos ante el arenera! 
Lecor. 

Meses míis tarde, gp. 11 de cuero de 1817. volvió a reunirse en 
sesión secreta el Conj^eso de Tucunján {xara sancionar otro plie.£?o de 
instrueoiones eon deslino al Director Pueyrredón- Véase el contenido 
de sus principales cláusulas: 

"Se encArsfarú al enviado don Manuel José García que procure 
recabar de In Corte de Río de Janeiro el reconiKiiiniento solcnnne de 
ki independen cia de las Provincias Unidas dial Río de la Plata". 

^'Se itrataoá de convencer a García, para q|Ue él lo haga can el 
Ministro del Brasil, de la absoluta iragjosibilidad de que estos puc' '■> 
se tpresten a fomiar un i>olo Estado con los de aquel reino, fM>r 
las razones que se indican en las iiustrucciones de 4 de septien>bre y 
deralíiu que ocurran, así como de los inconvenientes del todo insu- 
perables que se presentan para ila realización dé diciho proyecto 
incompatible con la indei>endenc¡a absoluta que han .furado''. 

"Se l«e liaiú otro cneíinzo para que nianitiestc que estos puebhw 
no insisten ya en las ideas puramente democráticas a que se indi- 
naban atl principio de la Revolución : la disposición <lel Conjjreso y 
fwirte sana de ellos por una monaniuía moderada, sobre las bases 
de la Constitución injrlesa en cuanto ííea aplicable a nuestras cir- 
cunstancias" . 

"Sobre todos estos antecedentes, podná. ol enviado liaoer proposi- 
ciones para la coronación de un infanta del Brasil en la forma que 
(X presan las instrucciones citadas, y bajo las condiciones si^aiente^: 
Que serj'i de careo de aquel Gobierno allanar las dificultades que 
frésente la Esfpnña; que b Banda Orienta! del rrri'^uay forme c<m 
Asta un solo Estado". 

Sigue ocupándose el Congreso de Tucumán de la erección de 
un trono. 

Tranacurre al^n tiempo más y el CouírreHo de Tucumán rcsuoho 
cambiar de programa, sin menjíriui de la idea monárquic^i 

En octubre de 1818 fué comisionado el doctor José Valeiimi ^ki- 
mez aparenten»ente i>ara neijociar en Eun^pa el reconocimiento de 
la independencia; ;nero en realidad pnra nesriieiaT una monarquía. 

Un año despu(''s. dando cuenta de la nvarcha de las gestiones, ol 
Director Rondeau expresaba al Congreso lo siguienite: 



MANUAL DE HISTORIA URUGUAYA 107 

El Gol)ierno Francés pi*i>poiie al '"duque de Luca, antiguo here- 
den) del reino de Etruria y entroncado por (línea 'materna con la 
aiijgiusta diuastía de los Boribonies", e indica que ese candidato 
l>od'ría contraer enlace con una de las princesas del Brasil. Piero 
en iconceijjto cM doctor Gómez, el duque no tiene ni el poder ni las 
fuerzas ^'pai'a ipiresidií' los deslinos de 'unc« pueblos que s.e han 
hecho dignos de la expectación de la Europa y que han eonuprado 
si: liboríad al precio de tantos y tan extraordinaiios sacñfieios" . 

En su sesión del 3 de novieuübre de 1819, el Soberano Congreso, 
dosipués de un cambio de ideas ac/erca de la incotnipatibi/lidad del 
]ux>yecto con la constitución ¡política ya jurada, iresolvió aceptai- 
''con condiciones" la ipropuesta francesa, ]ioi- casi unanimidad de 
votos, pues sólo dos diputados se retrajeron, uno de ellos declai^an- 
do que la propoíiición era "degraidoute y perjudicial a la felicidad 
nacional". 

No figuran "h\s oonidiciones" en el libro de acta© de donde ex- 
tr-aemos estos datos. Pero el general Mitre, que tuvo oportunidad 
de examinar al archivo secreto, establece que se r^olvió contestar 
al doctor Gómez que examinado el plan de coronación del (príncipe 
de I^uca, el Congreso Nacional de las Provineias Unidas de Sud 
Aníérica "no lo encuentra in,ot>nciliable ni con los principales ob- 
jetos de la Revolución, la ilibertad e independencia política, ni con 
los grandes intereses de las mismas provincias". 

Y agrega que ol Congreso concreti^ba así las comdiciones de la 
aceptación : 

Que debía recabarse el c^onsoí ti miento de las cinco mns altas po- 
tencias de Europa; que el matrimonio del duque oon la princesa 
del Brasil debía tenei- por T'esultado la lYínnncia de Su Majesta<l 
Fidelísima "a los territorios que ¡poseía la España conforme a ila íilti- 
mia demarcaeióoi", y a, las indemnizaciones por los gastos de la actual 
etnprftsa contra los habitantes de ila Banda Oriental; que el Go- 
bierno F«inoés se obligara "a prestax al duque de Luca una. asis- 
tencia entera de cuanto necesite ipara afianzar la monarquía en es- 
tía Provincias y hacerla respetable, debiendo oomprenderse en ella 
todo el territorio de la antigua demarcación del Virreinato del Río 
do la Plata y quedar, por lo mismo, dentro de sus límites la Provin- 
cia de Montevideo, con la Banda Ononíaj, Entre Rífxs. Corríentc:s 
y b1 Paraguay". 

Artigas hace triunfar la idea republicana. 

Y en estas tramitaciones se andiíba, cuando Artagas derrumbó 
al histórico Congreso de Tueum\áín e hizo triunfar para siempre la. 
idea republicana en todo el Río de la Plata. 



CAPÍTULO XIII 



APARECE ARTIGAS EN El. ESCENARIO 

DE I/A REVOIyUCION DE MAYO 



Los progresos de la Revolución en 1810. 

De eseasii importancia fueron li)s progresos ele la Revolución de 
Mayo durante el año 1810. 

La Juntíí Giiberaativa dej^MM-tó al Virrey Cisneros y a loe Oido- 
res y Fiscales de la orjxaiiizaoión colonial, y publicó oon ful nK>tivo 
xm manifiesto en el que iliiejío de ratificar su absoluta fídelida<d al 
Rey y a las Juntas do E^iaña, denunciai>a así la oondncta de al;í:u- 
nos de loe funcionarios expulsadi>s: 

"Haíbiendo conciu'i"i<li> ol Tribunal para cuu^pliniientar a la Junta 
en el salón de la i"eal f"ortak'z:i, ie})it.ió el señor R«>'es el inisoio 
insulto que el señor Caspe liabía ejecutado en el Cabildo; y a Ijilta 
de ipalitos oon que escarbarse lo» dientes, lo verificó oon \ü& uñas, 
procurando a,umentiir el desiirecio <le la Junta con una acción tan 
indecente y ext.raña e.n 'iH^niibres de aquel nianro. Kl público mira- 
ba con horror el sisteirm de los Ministros, veía em sus acciones y 
)íalabra6 una semilla que produciría alí?ún dia una convulsión fu- 
nesta, y en la noche dtil 10 de junio dc«foírt> su colera, 'jior uua iu- 
íiiensa partida de 'pueblo. (|ue al retirarse a su i'iisii el Fisoal señor 
('aspe, aoomelió su persona <lándolc una formidjible i>ali»a". 

Toidbién organizó la Junta dos exinnliciones niiliUtres- 

Una de ellas, eon destino al Paraguay. Iba al raaiul ' ' 
no y fui rápidamente derrotada y esjpulsada. 

Lji otra, con rumbo al Alto Perú. Tras una mpi<la iu?ci<>ii eu 
(-órdoba, donde aprisionó y fusiló a T^iniers, (\»ucJu». Allende. Mo- 
reno, Orellfino y Rodríguez, obtuvo bajo el mando del general Bal- 
carc« la victoria de Suipaclia que costó a los realistas 40 muertos 
y 150 prisioneixís, entre éstos últimos Niet<). Córdoba y Sanz, que 
fueron l"nsi!a<los en la plaza de Potosí. Pero derrotada luego en 
el Desagua (IfT!». tuvo uiu> rolioi^rndnr n Buenos Aires en c<TTni>lotO' 
desorden . 



KANUAL DE HISTORIA URUGUAYA 109 

El distanciamiento entre Montevideo y Buenos Aires. 

Montevideo segiuía siendo, entretanto, el baluarte del dominio 
español en el Río de la Plata. 

Allí estaba en plena actividad la idea revolucioaiaria, desde an- 
tes de e&tallai' el movimiento de Mayo. Pero todavía los uruguayos 
no habían creído llegado el momento de hacer causa eomiin oon sus 
hermanos de Buenos Aires. 

¡Eran tantos sus agravios! Dosde el año mismo de la fundación 
oficiail de Montevideo en 1730, hasta la organizaeión de la Junta 
Gubernativa en 1810, no había dejado de estar agitado el amibien- 
te del Río de la Plata por razones económicas unas veces y por 
razones políticas otras, emanadas invariabJ emente del empeño de 
la eaipital en relegar a Montevideo a un rango subalterno. 

Hemttei seguido paso a paso el proceso eeonómieo de esas agita- 
ciones, en que las autoridades bonaerenses abatían el diesarrollo 
indius-triail y comercial del Uruguay y abandonaban su vastísimo te- 
rritorio a lia voracidad portuguesa,; y hemios seguido paso a paso 
el proceso (político de esas mismas aácita'ciones, en sus divei-sas eta- 
pas de la reconquista de Buenos Aires por Montevideo; de la ne- 
gativa de Buenos Aires a auxiliar a Montevideo; de la Junta Su- 
prema de 1808, atacada por los mismos prohombres que luego ha- 
brían de glorifioarla en 1810. 

Montevideo había sido la Cenicienta del Virreinato, a despecho 
de las nobles y fecundas iniciativas que le habíain tocado en lote en 
cada gran momento histórico de la vida colonial. 

Todo eso estaba actuando bajo forma de factores de efervescen- 
cia, de distanciamiento, de agravios entre ilae dos ciudades del Phi- 
ta, en el miomento en que Artigas se arranea las insignias españo- 
las y cr,uza el Uruguay ^la.ra ofi-ecer sus sen'icios a la Junta de 
Mayo . 

Es un paréntesis que se abre en la vieja y ardor'osa controversia, 
y que se abre 'ix)r iniciativa del más grande de los representantes 
del pueblo uruguayo, o, ntós bien dicho, de la mjás acabada exte- 
riorización de su medio aimlbiente. 

Pero, ante todo, ¿quién es ATtigas"? ¿De dónde sale? ¿Qué es h) 
que ha hecho antes de eraiprender su mai'oha a Buenos Aires? ¿Y 
cuáles son las ideas políticas que lleva en su caibeza? 

Los antepasados de Artigas. 

"Belgrano vivió cincuenta años. Nacido en Buenos Aires en 
1770, miurió aiUí mismo en 1820. Solamente los iiltimos diez años 



lio EDUAnno ACr:\Tn>o 

de su vida perteueoen a la historia poliüt,. ... ,,. ,,...,, ,.ueK ant*;- 
de 1810, ni el país ni el homíbre tuvieron \-ida ¡pública. I41S colo- 
nias, icomo las vírgien«s, vivían paara su elau»lro". 

íistas palabras «le Alberdi san de rigurosa aplit-ación a todoti lors 
proceres de la Anaérica española y es inútil, por consigtiiente. 
ecliarse a averiguar lo que hacían y «^-v-., < -'in en las fxrimerat: 
etajpas de su existencia ignoradas 

Nació Artigas en la ciudad de MoiUcvidoo el 10 de junio de 17()4. 

Sn padre, don Martín José Artigas, actuó en ila vida cívica va- 
rias veces, como mieraabro del Cabildo de Montevideo, y ©n la mi- 
licia llegó a conquistar el grado de capitán, que era el más alto a 
que podían aspirar los americanos dentro de la organización colo- 
nial. El Virrey Vertiz, de regreso de su exjjiiedición a Río fJr.!: - 
de, contra los portugueses, dejó destaeoidos en el fortín do Sai! la 
Tecla dos pequeños destacamentos al mando de Martín José Ar- 
tigas y de Luis Ramírez. El fortín fué rodeado por una numerosa 
fuerza portucruesíi ail mando de Pintos Bandcira. qire realizó, sin 
éxito^ cinco furiostis asaltos, hasta que agotados los víveres y mu- 
niciones después de veintisiete días de lucha los sitiados tuvieron 
míe capitular. Del heroísmo de la reeistencia, da idea la forroa el^ 
que la guarnición salió del fortín, según el testimonio de los s^ ño 
res Larrañaga y Guerra.: los salrl.iirloe. con sus nrmis y los r.nñ > • .- 
con ■ la mecha encendida ! 

Su abuelo, don Juan Aim-iM.» Artigas, ariij;"ri.-.-. uvi.t ... ii«- 
Ros Aires al tiemnipo de ila fundación de Montevideo. En el report*» 
de tierras, le tocó un solar ubicado en la calle Washington, <•'(■•( 
Pérez Castellano -y Maciel, donde según íodas las probabilid;,":<- 
iiiboió el Jefe de los Orientales; y nn oam^po de estancia en Casuptüt 
,jue explotaba en compañía de sus hijos. Antes de su an-ibo al 
Plata había actuado en los ejércitos de España, y aquí reanudó su 
carreña militar, con ei grado de ca,pátán, tomaJido parte acJiva en 
numerosas expediciones contra los indígenas, contra los port-ugue- 
ses y contra los malhechores que infestaban la caiüipaña uruguaya. 
Fonnó parte del primer Cabildo que tuvo Montevidieo en 1730. 

Campañas militares de Artigas dorante el coloniaje. 

Ha referido el mismo Artigas sus primeras camipeñas, en una 

repi^eson! ación que dirigió al Roy de Es^paña el 24 de octubre de 

180.1. gestionando su retiro, como "ayudante mayor del cuerpo de 

caballería de blandengues de la frontera de Montevideo". 

Extraetaimoe el contenido de ese doouanento histórico: 

Iriigresó Artigas como soldado raso y en ese mismo rango fu(' 



MANUAL DE HISTORIA UürGUAYA ] 1 1 

designado c.i 1797 por el Virrey don Antonio Glag-uer Feliú, X)axa 
reclutar gente con destino a la formación del regimiento de blan- 
dengues, tarea que desempeñó ráipjda y satisfaiCtoriamente por los 
muiehos oonoeimientos que tenía de la caanpaña; 

Tuvo que marchar luego a la costa del Chuy, para observar a 
los portugueses que aeoipiaiban troipias; y allí .permaneció hasta que 
le llega,ron nuevas órdenes ¡para perseguir y aprehender a los la- 
drones y vagabundos qiue perturbaban la oamipaña. En esta, nueva 
ecanisión, que se proilongó hasta iprineipios de 1798, oibtuvo el mx3- 
jor éxito, pues hizo prisioneros, deeomasó mercaderías contraban- 
deadas y continuó el reclutamiento de soldados, por todo lo cual 
el Virrey le otorgó los desjpiachos de caipitén de milicias del regi- 
miento de caballería de Montevideo; 

Poco después se le destinó a Maldonado con el emipleo de ayu- 
dante mayor del regimiento de blaindengues, y al frente de sus 
fuerzas reanudó ila campaña contra los indios y eon,tra,banidistas, 
ajpresando gente y deoomisando mercaderías, hasta prineipios del 
año 1800, en que recibió órdenes para dirigirse a los ipiueiblos de 
Santo Domingo de Sorisno y Víboras y perseguir a los desertores, 
vagos, y ladrones que por aUí ¡pululaban, como así lo cumplió, reali- 
zaindo nuevos aiTestois e interceptando nuevos contrabandos; 

(Juando el Virrey marqués de Aviles resolvió ¡pioblar la frontera 
y designó para, realizar la obra al capitán de navio don Félix de 
Azara, éste pidió y obtuvo el ooneui-so de Aitigas para el reparto 
de las tierras y otras tareas que fueron interrumipidas por la, agre- 
sión porxuguesa; 

En tal oportunidad tuvo Artigas que marchar a las Misiones, con 
el coronel don Nicolás de la Quintana, para contener una invasión 
que amienazaba. En el trayecto se incorporó a la división del coro- 
nel don Bernardo Leoocq que se dirigía al mismo rumbo; y el nue- 
vo jefe confió a, Artigas eil cargo de ayudante, la dirección de la 
ruta y el cuidado de la artillería. 

"Las continuas fatigas de e=ta vida rural ipor esipacio de seis años 
y miás (concluye Artigan), las inclemencias de las rígidas estaeio- 
r^es, les cuidados que míe han rodeado en estas comisiones por el 
mejor desempeño, han aniquilado mi salud en los términos que in- 
dican las adjuntas certificaciones de los facultativos, por lo cual 
haillándome imposibilitado de oontin,uar en el servicio, con harto 
dolor mío, suplico a la R. P. de V. M. míe conceda el retiro en 
clase de agregado a la ipJaza de Montevideo y con el sueldo que 
por reglamento se señala". 

La solicitud pasó a informe del comandante del regimiento de 
blandengues don Cayetano Ramírez Arellano, y ese jefe dijo que 



112" EDUARDO ACKVEDO 

vlfctivaineiiU; Ai-ti^ras había iiiííix'sa*.*- ,....,.. ;-.„,..,... t,: ;iiin/.<> '¡v 
1797; que en el mismo año i-eeibió el níniubraaiñento <le capitán de 
inilk'ias <le Montevideo; y que auiiqne liiejro volvió a quedar in- 
f(»rpín"ado al reíjimienlo con el empleo di- ii.yudant<» anayor, no co- 
nocía la foja de servicios ooiTCspondientí' a las demás comisiones 
dcsemii>eñadas /]x>r el solicitante. 

Ya sea poi- efecto del trámite equivocado dado a la solicitud de 
retiro, o vrisi^ i»'obableniente porque el "\''irrey no quería despren- 
derse de un aiuxiliar tan importante, el heelio es que el rotiro fué 
denegado, y que Artií»as continuó en su fatiajante tarea de blau- 
•letig:ne . 

Un año y medio desipwés. en mayo de 180/5, Artiga**, que estaba 
<lostacado en Tacuarcanibó. volvía a diñarse al Rey. y esta vez 
]>ara solicitar su licencia absoluta, por la imp^»^»ibilidad de aegruir 
en el sei^icio. sejjún el certificado m^ico que iba adjunto a la so- 
licitud. 

Repetía &\ su nota que como soldado raso había recibido la co- 
misión de reclutar gente para, la foraiBcióii del i'Cínnüento de blan- 
dengues, obteniendo el eoncunao de más de 200 homibres. sin trasto 
alguno para el erario real ; que también como soldado raso, haJjía 
mandado varias comisio'hes encanninadas al cuidado de la campaña 
y <le las fronteras del río Santa María, contra ilos ladrones, cou- 
tia^hdistas e indios, "obligando .por sus servidas a Ioa jefe» a 
ífue lo <li&tinguiesen con el gi*ado de capitán de milicias y seguida- 
mente el die ayudante mayor de blandengues que obtuvo i^asado 
:i|>enas el año de la creación del i"eferido cnen>o"; que en su nuevo 
í'inpleo luibía emprendido cinco campañas considerables, destrozan- 
do diferentes cuadríillas de indios y apresando ladrones, contraban- 
distas y numerosas caballadas; que eran notorios, finahnente. los 
sei*vicios que hail>ía ifn'estado a don Félix de Azara para fundar 
las ]>oblaoiones y villas de Batoví en la frontera de Sa.nta María. 

Ttmniíialba Artigas su pedido, diciendo que esíaba a n>ás de cien 
leguas de distancia de la u^laza de Montevideo, ac<»mpañando al 
conwindante principal de la expedición, "sin eníbargo de loe graves 
jijulecimientos (pie sufría, jior haberle significado serle iprecisa su 
])ersona". 

Tareas de los blandengues. 

ApartHe, pues. Artigas ;|h>i- primei'a vez en da Iiit$toria del colo- 
niaje, pomo reclutador del ii^mionto de blandengues de Montevi- 
deo en 1797. 

Íjíuí fimciones de los blandengues eran principalmente de oarác- 



aiAXUAL DE HISTORIA URUGUAYA Ho 

iei" rural. Eslaibaii eneargados de la /policía de la caimpaña. Defen- 
^día'n la vida y los intereses de las localidades contra los malhecho- 
res; sostenían la integridad territorial, oponiémdose a da absorción 
portuguesa; impulsaban la renta pública, persiguiendo el contralban- 
•do de la frontera. 

La vida del blandengue ¡tenía que ser, y era realmente, una vida 
de continuo movimiento y de grandes fatigas. 

En 1795, es decir, dos años antes de ponei^e Artigas en activi- 
dad, el gi'emio de hacendados halbía presentadlo 'una solicitud al 
Cabildo de ]\íontevideo, •'en la que decía que el estado de la campa- 
ña era deplorable; que la producción \se perdía por fajita absoluta 
de brazos para recogerla ; que los destacamentos que tenían a su 
cargo la policía niral jamás aiprehendían a los malhechores, por- 
que los amparaban., o ;piorque conocían mal el mianejo del caballo 
y tenían pereza para galoparse una, docena de leguas. Solicitaban, 
en consecuencia, ¿os hacendados el restablecimiento de los antiguos 
destacamentos de soldados veteranos, dirigidos por jefes de buena 
fe, celo e inteligencia. 

El Síndico Procurador, a quien fué pasa/do el asunto, aconsejó, 
en cambio, la formación de un regimiento de blandengues, seme- 
jante al que ya existía en el otro lado del Plata para contener a 
los indios y que aquí podría servir p^ara el mantenimiento del orden 
en la cam.paña. "Los blandengues, decía el Síndico, gente toda de 
caanpo, acostumbrada a sus fatigas y a las del caballo, serían mii- 
cho m/ái9 a ipropósito ipara celar los desórdenes de esta campaña que 
1?. troi>a vetera.na". 

De una segunda representación que los hacendados dirigieron al 
ViiTcy en 1803, resulta que los blandengues eran pocos y no podían 
hacer frente a las numerosas exigencias del servicio. 

Véase el cuadro que traza de una iparte del país atacada por los 
portugueses : 

"Sus frecuentes incursiones, la asiduidad, el despecho con que se 
han manejado contra nuestra campaña y haciendas d'cspués de la 
publicación de ila paz, no dejan arbitrio ipara dudar que ha llegado 
el tiemipo de alcanzar ellos con sus obras a satisfacer bus conoci- 
dos deseos. En efecto, han extendido su mano los .portngues'es en 
mlás de diez y seis mil leguas superficiales de tierra comprendida'? 
entre el Ibicuy Grande y el Cerro de las Palomas". 

"Habitan nuestras posesiones; ocupan nuestros campos; corren, 
matan y benefician nuestros ganados y nuiestras haciendas, sin te- 
mor, sin cuidado y sin oposición". 

"Los requerimientos, los partes, los clamores de estos hacendados 
-son continuos, y sería infalible la ruina de todos ilo* que pueblan 

V. DK H. U. — 8 



114 EDUARDO ACEVEDO 

y ocupan los í'eraees <.i!iaianu.s ra!iiiK»s <iuc* cuirtMi tlesde ía- ir.ni- 
teras hasta el río Negfi-o, si la benéfica nía no de V. E. no contiene 
los procedimientoíí arbitiarioe, ipérfidoe y dolosos de ios portuerue- 
ses limítrofes, suoetliendo por forzosa consecuencia que el floreci- 
miento, el pingüe y fuerte comercio de los frutos del país toque su 
última decadencia". 

El gremio de hacendados formula el elogio de Artigas. 

'Un nuevo documento de los haceixlados vamos a extractar. Es- 
una declaración suscrita por Jos señores Miguel Zaiuora. Lorenzo 
Ulibarri y Antonio Pereyra, en su carácter de apoderados del gre- 
mio de hacendados del Río de la Plata diu-ante el período de 1802- 
1810. Foi-mula en estos términos el elogio de los sen-icios de 
Artigas : 

"Que hallándose en aquel tiem(po sembrada la cam>paña de un 
inimero crecido de (hombres malvados de toda casta, que la desola- 
ban e infuralían en los «laboriosos y útiles estancieros un terror 
[wnieo, ejercitamlo imipunemente roflxjs en las haciendas y orm- 
atroces delitos, solic.itamt>s de la superioridaid se siniese, en niiu- 
dio de auest3X)s males, nombrar al teniente de blandengues don José 
Artigas, para que mandando una tpartida de hombres de armas, se 
constituyera a la canupaña en pei*secueión de los pen'ci*sos ; y adhi- 
i-iendo el superior jefe excelentísñino marqués de Sdt>remonte -•' 
nuestra instancia, marchó Artigas a dar principio a su importante 
ooraásión. Se portó en ella oon tal eficacia, celo y conducta, qiu 
haciendo !y>risiones de los bandidos y aterrorizando a los que no- 
cayeron en sus manos por medio de la fuga, experimentamos den- 
tro de breve tiempo ilos buenos efectos a qi» as^iTáiiáibamos, viendo^ 
sustituida en lugar de la timidez y sobre«Mlf<> l ' .mi.'tn.l iL. c-^nívitv 
y seguridad de nuestras haciendas". 

Los primeros servicios, 

.De la foja de servicios que hemos extractado, resulta que Arti- 
gas tuvo necesidad de sftit;iv plaza do sf>!dndn rn?'!. para entrar en 
el ejército español. 

Como criollo deíbía «ir.-jn-iiiu n^-vi'>> i-nm- p» »)ut- >^- »>.ii:mm.i.4- 
ban dueños y señores de los territorios conqjiwsta<los . Pero eran 
tan relevantes sus condiciones |x*.reonales, que en menos de un año 
obtenía los despachos de capitán de mihcias y de ayudante mayor 
de Waiidengues, las naás altas jerarquías militares franqueadas a 
los americanos y adquiría la envidiable notoriedad de que instruyen 
Jas mumerosas comisiones a que fué llamado. 



MANUAL DE HISTORIA URUGUAYA 115 

El Virrey Olaguer Feliú le confiaba el mando de las expedicio- 
nes contra los malhechores, contrabandistas y ¡portugueses; 

El Virrey marqués de Aviles, recomendaba al célebre naturalistít 
don rélis de Azara, para sus trabajos de colonización de la fron- 
tei-a, los senicios diel ayudante Artigas y del teniente Grazcón, ''en 
quienes respectivamente concui-ren (le decía), las cualidades que 
al efecto se requieren"; 

El mismo naturalista don Félix de Azara, le entregaba la parte 
jnláis delicada de su obra colonizadora; 

El subinspector Sobremonte, eomunicaiba al marqués de Aviles,, 
la salida de una expedición de trescientos bilandengnes para com- 
batir a los cliarrúas, contrabandistas ^portugueses y bandidos de 
toda especie, con esta nota tan honrosa: 

''Me parecía muy del caso para dirigir a éstas (fuerzas) el ayu- 
dante mayor de blandengues don José Artigas, por su mucha prác- 
tica de los terrenos y conocimientos de la eaaaapaña; ¡})ero eoimio 
está a las órdenes 'del eapitlán de navio don Eélix de Azara, sólo 
lo hago ipresente a V. E. para que se sin^a resolver lo que fuere 
de 9u superior agrado"; 

E'l coronel L^cocq le oonfialba el cargo de ayudante en su expe- 
dición a tías Misiones; 

El gremio de hacendados pedía su designación para el comando 
de (la (policía de la camipaña y, teiuninada la tarea, aplaudía la efl- 
caeia de suis servicios y dejaba constancia de la absoluta corrección 
de .sius procedei'es. 

Algunos de estos jefes eran realmente superiores y a su cxintacto- 
podía vibrar lun cerebro tan vigoroso como el de Artigast 

Azai-a, por ejemplo. No era simiplemente un militar. Era a la 
vez un gTan naturalista, im geógrafo eminente, un ilustre historia- 
dor, a quien el Río de la Plata debe estudios oinginales de consi- 
derable imjportancia . 

¡ Haciendo prisioneros ! 

Hay que advertir que todots' los documentos de la ép>oca hablan 
de "los prisioneros" que hacía Artigas, hecho m¡uy significativo en 
épocas terribles eai que la muerte de iim malhechor, dé un contra- 
bandista o de un invasor portugués, a ninguna responsabilidad 
exponía. 

Todavía se custodian en los archivos nacionales partes militares 
y expedienteisi en los que consta que Artigas, aún en casos que ofre- 
cían margen al ataque, prefería exipomer su vida antes que matar 
a un bandido. 



116 ' EDUARDO ACEVEDO 

En 1797, ^r ejemplo, mardió Artigas eu i)ei-áecuciüu del por- 
^u^ués Mariano Chaves, acusado de contrabajido y asefiiuato, y 
protliicido el encuentro, eu vez de hacer fuego, se abalanzó perso- 
nalmente sobre el oiiminal y lo envió a Montevideo para su juz- 
iramiento. 

JSn las invasiones inglesas. 

Con nuK-lio brillo ivctuó Artigas en la reoonquistA de Buenos Ai- 
jca y en la defensa de Montevideo, 

El mismo ha referido, a solicitud del Cabildo de Moivtevideo, su 
actuación en la reconquista. He aquí sus palabras: 

''Hallándome enfermo en esta ¡^za^ supe se preparaba en ella 
^le >ius tix>pas y vecindaiio nna expedición al mando del oa(pitán de 
navio don Santiago Liniers, actualmente Virrey de estas l*ix)vin- 
cias, pai'a reconquistar del poder de los enemigos la ea^pital de 
Buenos Aires, con ouyo motivo me presenté al señor Gobernador 
don Pascual Ruiz Huidobro, a efecto de que me permitiese ser uno 
de los de dicha expedición, ya que no jxxlía ir i-on el cuerjH) de 
oue dependo, i)or liallai-se éste en aquella época cubriendo li>s va- 
ritis ipuntos de la campaña, lo que se sirvió concederme dicho señor, 
ordenándome quedase yo en esta ciudad ;pa.ra conducir -por tierra 
un pliego, como lo verifiqué, para el citado señor Santiago Liniers, 
destinándome desipués este señor al ejército nuestro que se halla- 
ba en los i-i>ri-:i]í>>; ilc 'MisiM-crc. JcsiL- (loinL» i);i>:iiii«is ;i i><"iii»nr <0. 

Retiix)". 

Kl GobiMiiail"!' Jimz liiu<l<i|jri> iK'iua a J^inuTs en «•! iilu-u»» iii' 
<|ue había sido portador Artigas, que por intermetlio de este otícial 
le comunicara el resultado de la expedición ix?eonquista<lora. 

Rendido a dis-creción el ejército de Beresford, Artigas volvió 
con la noticia del triunfo, y al cruzar el río Uruguay estuvo a pun- 
to de pere<'er, según lo acredita una orden de fpego del «násmo Go- 
bernador Ruiz Huidobro, datada el ló de agosto de 1806, que di- 
<5e así: 

"El ayiivdante mayor de Wandengiu?s don José Artigas, acaba de 
regresar de Buenos Aires en una comisión interesante del i"eal ser- 
vicio a que fué destinado por mí y en la qxvo estuvo j)ara }>erecer 
en el río, por haber naufragado el Ibote que le conducía, en cuyo 
<^aso perdió la maleta, de su rapa, apero, poncho y cuanto traía, 
por cuya pérdida, y los gastos que ha ocjvsionado la misma comisión, 
«ítimo «le justicia se le abone por la Real Tesorería <lel cargo de 
jjfited, trescientos y>e90S corrientes". 

Al nroducinse la segunda invasión inirh'sa, los blandens^ies lu- 



JIANÜAL DE HISTORIA URUGUAYA 117' 

cbarom bravamiente eu los alrededores de ^Montevideo y cuando se- 
(lispersaron las fuei'zas del Vin-ey Sobremointe y sufrió iiii fuerte, 
descalabro la gua.rnición de la plaza, el regimiento ¡penetró en la. 
ciudad, y sus jefes, oficiales y soldados subieron a las murallas y 
desde allí sostuvieron y cont-estaron el fuegx) del ejército y de la^ 
escuadi'a sitiadora, idía y noche, con pérdida de muclios de sus 
elem«ntos, y mant-eniéndose firmes en sus puestos hasta el 'momento- 
mismo del asalto. 

Hemos exitractado en otro capítulo el parte del eomii.iKlante del 
regimiento de blandengues, don Cayetano Ramírez de Arellano, 
quien luego de describir las diversas iperipeeias de la lucha, designa-, 
al ayudante mayor Artigas entre los oficiales que se portaron "coai 
el mayor enardecimiento, sin perdonar instante de fatiga, animan- 
do a lias tropas, sin emibargo de que no lo necesitaban por el ardor 
con que se arrojaban al fuego del enemigo". 

Sigue en aumento el prestigio del personaje. 

Los merecimienitos de Artigas debieron ir creciendo- 

Todos los testimonios iposteriores demuestran, efectivamente, la 
notoriedad y los prestigios del ¡personaje, aún después de embarca- 
do Artigas en la corriente revolucionaria y cuando el anatema es- 
pañol caía con furia sobre los criollos. 

En una exposición sobre el estado de jMontevideo y la campaña,, 
redactada en agosto de 1811 por don Rafael Zufriateguy, diputada 
al Congr^eso Niacional de Oáidiz y eon destino al mismo Congreso, 
se habla de la deserción de cinco oficiales de blamdengues, entre' 
ellos los capitanes don José Artigas y don José Roudeau; y so 
agrega : 

"Eistos dos sujetos en todos tiempos se habían merecido la inayor 
confianza, y estimación de todo el pueblo y jefes en general, por- 
su exactísimo desempeño en toda clase de servicios; ipero muy par- 
ticularmiente don José Artigas, por comijsionee de la campaña, ,por" 
sus dilatadas conocimientos en la persecución de vagos, ladrones,, 
contralbandistas e indios chanüas y minuanes que la infestan y 
causan males in-eparables e igualmernte (para contener a los portu- 
gueses que en tiemipo ide ¡paz aeostiumTjraban a usurpar nuestros- 
ganados y a avanzar impunemente sus estaibleeimientos dentro de 
miestra ilínea" . 

"Cuando de Montevideo /pasamos algunas tro(pas a la Colonia 
del Sacramento, para atender desde este destino a las necesidades 
de toda aquella camipaña perturbada por algunas partidas de in- 
eurgentesi; en este tiem'po en que se considerabam dichos eaipitane» 



118 .... .n.>0 ACEVEDO 

más neocüarios, desaparecieron de juiíiel punto en oonsorcio del cu- 
ra jiárroeo y de oiv" «ifir.;-.! <nl>!ili<'i-nM ,i,. los del nmnpv<> ..'v^tv'-v 
llamado Ortiguera''. 

En 1818, proyectó lu I oric tle .Madrid una gran t'X(ix.-daión uü- 
lilar eonlra el Río de tía Plata y finé encargado el maiñscal de cam- 
po don Gregorio Laguna de trazar el plan de operaciones. Pues 

bien, xéaiPo *■ *('->>;'m.~ ... -.v.—^-H" o' •>vin<pnl T.ngnna acerca 

de Artigíi- 

"Seitá niio de li>> priim rus (■uu!adi»w> del general alraei"s>e a su ipar- 
tido al guerrillero don José Ai'tigas, el que se 'halla hoy separado 
<le los insurgentes y en guerra con ellos y con los poiitngueeee. Es- 
te Artigas, era a] día de la revolución, ayudante mayor de un regi- 
niientí) de caJb<\lk'ría y tomó el partido de h»s insui-goaites; después 
el Rey. conociendo el mérito íle este oficial, lo indjuJtó y ascendió 
al grado de 'brigadier, cuyo despaoiio, bien sea 'jx»r la ipoca finura 
c mal nvodo con qu« los generales se han p<frtado con él, o porque 
no su))ieron atraerlo con dulzura, tío ha querido admitir, temerosa 
de que sea un engaño par.i. cogerlo y fusilado". 
' E\ historiador esj^íiñol don ^farianio Torrente, que al escribir su 
historia sobre la Revol.nción americana, examinó todos los archi- 
vos de s\i ipatria y oyó a todos los actores de la época, incluye a 
Artigas entre "los ofií-iales de valor y iprestigio" que abandonaron 
la causa española pai*a ponerse al ser\'icio de 1.a revol|uici<'«i . 

Vamos a invocar, finailanente, el testimi>nio del doctor Mariano 
Moreno, Seci'etario de la Junta G-ubernativa de Buenos Aires. En 
c-n (plan para consolidar la libertad e independencia del Río de la 
Piala, ,«e registran \*ar¡as clj'in.sulas relativas a 1» TVo\-incia Ae 
Mon'tí'vidfM"». rnnv lioiiiv>s;is para el pnVer orion^n^ Dioo la rT'm- 
8ula 7. 

"Sena muy del ruso :ur;iei"se ¡i lios muj<'1"s ¡•■m «•iiiiiinner inie- 
rés y promesas, así -por sus conocimicntoe que nos consta son rauy 
extenso»* en ila campaña, como »ix>r sus talentos, opinión, concepto 
y i"esp€to: cf>mo sotí los del capiltín de dragones don Jo»(' Ron- 
deam y k» del caij>itAn de blandengues don José Artigas, quienes 
piu>sta la cam(]>aña en e«te tono y c!>ncediéndf>seles faculta«lcs nm- 
jdias, conccí^iones, •rr.icias y preiTogativas. harán en poco tiomqio 
l>r<ígj'esos tan rápidos, que antes de seis mrt<es podrí.a tratarse de 
foni>alÍ7ar el sitio de la (plaxa''. 

T>a chíusula II.* indica la necesidad de enviar de Buenos Aires 
.iefes y oficiales entendido*» y>ara adelantar ten^n. ^i plar.a 

de Montevideo, y agrega : 

"Ya en este casí) ningmios iwdnátn ser irtás útiles para los ade- 
lantamientos do (•«íln -'^ :' '•••■ ■^'^" T- ■' Ií...wl-..,,, ,>o.- cíe ,.,»nn- 



MANUAL DE HISTORIA TTEUGUAYA 1 19 

■oimientos militares adquiridos eu Europa, como por las demás eir- 
ounstancias expresadas, y éste pai-a general en jefe de toda la in- 
fantería; y para la eaiballería, don José Artigas, por las mismas 
circunstancias que dbtiene con relación a la campaña". 

Artigas en 1810. 

Kr-a, pues, Artigas al tiempo de producirse el movimiento de 
^íayo en Buenos Aires, aiii personaje de relieve vigoroso; un per- 
sonaje que había /llegado a los puestos mlás altos a que (podían as- 
pirar los í-riollos durante el coloniaje; un personaje a quien mima- 
ban a la vez las autoridades espiañolas confiándule múltiples tareas 
y las poblaciones rurales que cifraban en él la conservación de sus 
vidas y la iseguridaid de sus intereses. 

VarioiS años m(á.s tarde, en 1818, cuando el Gobierno de Buenos 
Aires y la Corte de Río de Janeiro ponían ila proa contra Artigas, 
se i'esolvió aooim|pañai' la acción militar de los ejércitos con la ela- 
boración de una leyenda en que el Jefe de los Orientales resultaba 
.lUi antiguo bandolero del coloniaje, culiierto de sangre y de robos, 
con quien las autoriilades españolas habían tenido que transigir, 
dándole los despachos de oficial de blandengues para que dejara 
de matar y de robar y se convirtiera en perseguidor implacable de 
sus mismos compañeros de bandidaje. 

Tendremos mlás adelante oportunidad de examinar ese proceso 
fantástico. Por ahora, sólo necesitamos dejar constancia <le que al 
tiemipo de estallar la Revolución de Mayoi, Artigas m/archaba lleno 
de luz, sin sombras de ninguna esjpiecie, aclamado y prestigiado por 
sus eonitem,'poi1áneos. 

Trabajos anteriores de los patriotas uruguayos. 

El miovimiento de Hayo sorprendió a Artigas en plena tarea re- 
A'olueionaria. 

Dice don Joaquín Suárez en su autobiografía que en 1809 va- 
rios criollos, entre líos ejuales él imiisrao figuraba, acordiaron trabajar 
por la independencia e iniciaron con tal propósito trabajos de 
propa-ganda en la camii^aña uruguaya. El grupo tenía como agen- 
tes en Montevideo y Buenos Aires a don IMateo Gallegos y a don 
Francisco Javier de Viana, y se disolvió atite el anuncio transmi- 
tido por el primero de una partida que ihabía despachado el Go- 
bernador Elío en pei"secución de los conjui'adtv^. 

Doña Josefa Artigas declara, también que en la cdiacra del doctor 
Manuel Pérez, se reunían Larrañaga, Barreiro, Montorroso. los 



120 EDUARDO ACEVKDO 

hermanos de Aiiig-as, Otorgues y otros. i>ara converssar acerra de 
la independencia, indicándose ya entoiu-fs .1 doM .Tus.' \iii.ri„ ,,ii;i 
asumir la dirección del movimiento. 

De estos trabajos estaban i>erfect;iiiitiiio L-iiicraUos lub ipiuiL-rf.- 
de Mayo, según lo prueba al siguiente ipárrafo del int'ormf del 
doctx)r Mariano Moreno de 30 de agosto de 1810, relativo al envío 
a territorio del Uruguay de u-na fuerza de quinientos a seiseient<i6 
homfbres para la organización de escuadroiuís: 

"Teniéndose ¡presente el haberse atraído ya a nuestro partido y 
honmndoloe eon ilos ])rira<M-t»s cargos a un Valdenegro, a un Haltasar 
Valgas, a los hermanos y primos de Arligaí», a un Benavídez, a un 
Váisquez, de San José, y a un Baltasar Ojeda, etc.. sujetos que por 
lo conocido de sus vicios, son caii>aces para todcx, (pie es lo que con- 
viene en las circunstancias. ,]x>r los talentos y opinión pqpular que 
han adquirido por sus liechos temerarios". 

Dejemos de lado las apreciaciones malevolentes, dignas del len- 
trnaje de la época y contradichas por la pr<>¡iQa Junta Oubernativa 
que se encargó ipoco después de honrar a los oticiales uruguayos 
en la. persona de Manuel Artigas, man<lando esculpir su jiombre en 
la Pirámide de Mayo. , 

Lo que interesa destacar es que lo* trabajos ijíor la independen- 
cia que venían organizando los uruguayos desde 1809. eran cono- 
cidos en Buenos Aires al pix)duc¡rse el movimiento de 1810 y ya se 
les tom«ba como base de operaciones para marchar contra las mu- 
rallas de Montevideo. 

Se presenta Artigas en Buenos Aires. 

Desbaratados los Ira^bajos a que se refiere don Joaquín S^imrez. le- 
solvió Artigas poaierse al servicio de la Junta Gubernativa de Bue- 
nos Aires, (ix>r mucho que le hicieran vacilar las dos sombras de la 
fómiula de Mayo: el gífoierno a nombre de Fernando VII, y la 
absorción de las autonomías pronnciailes por Buenos Aire^. Sin 
duda, pensó que iju-onto {A .se encontraría habilitado para pedir 
y <>htener la indejxMídenfia de Es]»aña y para ]»edir y obtener un 
régimen institucional que garantizara plenamente la libertad de las 
})rovincia8 que no podían ni debían resigna i-se a un simple cambio 
de mandatarios omnipotentes. 

Y el 1') de febrero de 1811 salió de la ciudad de la Colonia, donde 
C!S<aba de guarnición, y cruzó el Uruguay, eti dirección a Buenos 
Aires. 

Algunos de los rumores de la época atribuyen la. detemiinación 
de Artigas a un atltereado eon su jefe el ¡brigadier don Vicente 



3IAIÍÜAL DE HISTORIA URUGUAYA 121 

l\Iuesas. No era imposible una disidencia entre el jefe del absolu- 
tismo español y el criollo que ya andaba en tren de rei\'olución. Pero ■ 
es lo cierto que las versiones más generalizadas no hablan de in- 
cidente . 

Rondeau refiere en sin autobiografía que Artigas llegó a Buenos 
Aires "fugado de la Colonia, donde servía a las órdenes del briga- 
dier Muesas"; y nada rdás agrega, como habría agregado si el alter- 
cado hubiera sido real, puesto que él estaba al corriente de todos 
los detalles de la fuga. 

El general don Nicolás de Vedia, lejos de mencionar en sus 
"Memorias" incidente alguno como causa de la fuga, hace decla- 
raciones que demuestran que Artigas estalba embarcado en la corrien- 
te revolucionaria desde aníes de producirse el movimiento de IMayo. 
He aquí sus palabras: 

"El q]ue esto escribe se haiUaba en Buenos Aires en los momentos 
de la Revolución, y fué ide los más aotivoía y acalorados actores de 
aquel sacudimiento ipiolítioo que será memorable en los fastos de la 
América; y desde el primer día en que la patria formió su gobierno 
y se segregó de la odiosa dominació» española, aseguró reitei"adas 
veces que Rondeau y Artigas abandonarían las banderas enemigas 
de la América, y se inooiiporarían a las de la ipatria". 

'*Su pronóstico se verificó después de corridos pocos meses. Pri- 
mero llegó Artigas a Buenos Aii^es, donde fué bien recibido de 
todos, especialmente del Grdbierno, que lo condecoró, le dio dineix) 
y armas para trasladarse a la Banda Oriental, para levantar una 
fuerza eomtra los españoles. No tardó en seguirle Rondeau. que 
miereció igual a-cogimiento y la misma misión que Artigas, pero 
dejando una opinión miáis favorable en el Gobierno por su capacidad 
\ moderación". 

Impresión que sus ideas producen en Buenos Aires. 

Estas últimas palabras del generail Vedia constituyen el única 
comentario de la, época acerca del cambio de ideas que fatal y 
necesariamente hubo entre Artig'as y la Junta Gubernativa. 

Rondeau era argentino y se ipresenitaba a la Junta como soldado. 
Estaba de acuerdo con la fórmula de Mayo, y minguna exigencia 
])odía brotar de sus labios. 

Artigas estaba en distinto caso. Las luchas económicíis y polí- 
ticas sostenidas por Montevideo contra Buenos Aires, habían creado 
nn ambiente uruguayo de acentuada autonomía, que obligaba al Jefe 
de los Orientales a fijar las condiciones de su incorporación al 
movimiento. 



122 EDUARDO ACEVEDO 

La oiieiilacióu que al poco tiempo aik)i)tó el pueblo uruaruayo en 
ti doble sentúlo de la independencia aibsoliUa de Esi>aña y de una 
constitución ])olítica que iusegurase la autoiionna de las ¡{Provincias. 
denauestra (jue Avt¡o:as ya touía ideas deíinidas sobre ambos puntos 
al (tieni)i>o de embarcari* con destino a Buenos Aires, la mismns 
ideas que habría de trnducir así en sus célebres Instrucciones de ISÜJ: 

"Piiiueranienle .pedirá la detilaración de la independencia absoluta 
de estas colonias, que ellas están absueltas ile toda obli<^ción de 
fidelidad a la corona de Esjpaña y familia de los Boi-ibones, y que 
toda conexión jK>lítica entre ellas y el Estado 4le la Eí^xiña, es y 
debe ser totalnienlo disuelta. 

"No admitirá olro sistema que el de confederación para <1 ííjuIo 
reeípiroco oon las proxnncias que fonneu nuestro Estado. 

"Como el objeto y fin del <r<Vbierno debe ser conser\'ar ia i^jraai- 
dad. libertad y s^iiridad de l«>s ciudadanos y k>s pueblos, cada 
provincia foiTnará su íjobierno bajo esas bases, ademiís del j?obiern<» 
supremo de la nación. 

"Así éste como aquél, se dividirán en P<Mler Legislativo, Ejecutivo 
y Judicial. 

"Estos tres resortes jani^s podrán ser unidos entre sí, y serán 
indei>end¡entes en sus 'facultades. 

"El í?obierno supix>m<> entenderá solamente en los neprocios arene- 
rales del Estado. El re^to es peculiar al gobierno de cada provincia. 

"Q"e 'procisa e indispensablemente sea fuera de Buenos Aires 
donde resida el sitio del «robionio de las Provincias T'nidas". 

No eran bases de circunstancias, ni el resultado de una impro- 
visación. Constituíhn el término final de una lenta evolución en las 
ideas (jue se inicia desde el día mi«iw de la fiwvdación oficial 
de Morttevideo, y que tiene sus etapas miis ilustres en los cabildos 
a:biertos de ISOfi y 1808 <[Me, resi>ectivamente, consajrran el derecho 
del pueblo uruíriíay*^ a darse un i^biemo protpio frente a España y 
frente a la capital del Virreinato. 

Con todo ese írruc64»> basraje debió, pues. Artiíjas cruzar el Urn- 
jruay y llejjar a Buenos Aires en febrero de 1811. 

Ya en 1806 hathía hwho <>1 mismo viaje, como oficial de blanden- 
pues, batiéndose denodadamente <l«4de los Corrales de Miserere y 
desde la plaxa del Retiro, para libertar a Buenos Aires de la con- 
quista insrlesa. 

lAliora volvía ]>ara 'batirse contra la doniinación cspañ(»ia y pera 
exiírir un:i (mui.-mIucÍóii iv)llfif'n <ini> L';ii:iiifiz!ii:i l:i Miifoiidmín do ^as 
provincia- 

Sus paiiiitiiis ilebuM'on prodiwir e.«iin]i<>i- <iun' los ]>nu'iT(s «te 
Mayo, cuyas ideas directnces pueden siníetizai-se así. secrún toda 



MANUAL DE HISTORIA URUGUAYA 123 

la amplia doonmentación de la época y la doctrina de los grandes 
historiadores argentinos: la monarquía, en vez de la reípúiblica ; la 
dominación absoluta de Buenos Aires, en vez de la autonomía de 
las Provincias. 

jii-tigas tenía que ser aceptado, sin emibargo. Era ila única pa- 
lanca para promover la insurrección del pueblo uruguayo contra el 
dominio español. Pero la Junta resolvió tomar pi'eeaueiones, y las 
tomó con rigor al releg'arlo a un ¡plano subalterno, para que no 
pudiera dar rumbo a los sucesos. 

¡Precauciones inútiles! Artigas tenía que alzar la cabeza, porque 
su cabeza era de gigante. Y la alzó, como vamos a verlo. 



CAPÍTULO XIV 

INSURRECCIÓN GENERAI, DIS LA CAMPAÑA URU- 
GUAYA. 



La obra de Artigas. 

La expedición al tenitorio uruguayo fué confíada al general Bel- 
prano, que en esos momentos abandonaba el Paragiuay co» su ejér- 
cito derrotado, y no podía, en consecuencia, asumir do iiiim-diato la 
dirección de loe trabajos. 

Pero desde su puesto suibalterno, Artigas se entregó en cuerpo y 
alma a promover la insurrección de las |K>blaciones rurales contra 
el dominio español, y las poblaciones respondieron entusiastamente 
a su llamado. 

El 28 de febrero de 1811, un grupo de lu'uguayos, a las órdenes 
de Viera y Benavídez, dio la señeJ del movimiento armado en la 
costa del arroyo Asencio, y esa señal se extendió en el aoto a toda 
la campaña, gracias a la extraordinaria actividad que había des- 
jíl^ado Artigas. • 

Horas después del movimiento de Asencio, el comandajite don 
Ramón Fernández, unido ya a las fuerzas de Viera y Benavídez, 
pasaba a la Junta Gubernativa el ])i'imer parte íuilitar de la cara- 
l)aña . Estü datado en la ciudad de Mercedes el 1.® de marzo, y 
en él comunica su autor que al frente de una división de 300 hombres 
había oou¡p€tdo el día antes los pueblos de Mercedes y Soriano, y 
que ya había ipuesto esos ilieohos en conocimiento de Artigas, resi- 
dente en Nogojtó. Provincia de Santa Fe. 

Artigas que era, como se ve, el inspirador y el jefe del movimiento 
empezado en Asencio, i^ecién se dirigió a la Junta de Buenos Aires 
a mediados de abril, en un oficio datado en Mercedes, que puede 
sintetizarse así: 

Tuvo necesidad de detenerse en los pueblos del Arroyo de la China, 
Paysandú y Mercedes, para restablecer el orden y de\-olver a los 
habitantes su tranquilidad perdida; se había puesto en comunicación 
con los vecinos nHáis caracterizados de la camfpeña, recibiendo de 
todas partes ofrecimientos de hombres y de recursos; ya tenía renni- 



MANUAL DE ÍIISTORIA URUGUAYA 125 

dos lüO blandengues armados, una división de oOO paisanos formada 
en el trayecto de Paysandú a Mercedes, y otra división considerable 
a la vanguardia de su camipamento; dos pao-tidas, de cien hombres 
cada una, recorrían las costas del Santa Lucía y las Minas; y en 
cuanto a trqpas españolas, las de la Colonia, estaban comupuesta de 
"700 a 800 infelices que, eomio se desvíen un poco perecerán, y que 
en caso de no salir, serán humiildes despojos del hambre y de la 
necesidad" . 

''Aguardo las órdenes del Excmo. señor Belgrano (terminaba el 
oficio), para dirigirme a Montevideo con la brevedad posible, y puede 
V. E. descansar en los esfuerzos de estas legiones patriotas que 
sabrán romper las cadenas de la esclavitud y asegurar la felicidad 
de la patria". 

lAntes de dirigir este parte, Artigas halbía arengado así a sus 
trapas preparándolas para el avance a Montevideo : 

"Unión, caros oam,patriotas, y estad seguros de la victoria. He 
convocado a todos los (patriotas caraeterizad'Os de ila campaña; y 
todos, todos se ofrecen con sus personas y bienes a contribuir a 
la defensa de nuestra justa causa. A la emipresa, compatriotas, 
que el triunfo es nuestro : vencer o morir, sea nuestra cifra, y 
tiemblen esos tiranos de haber excitado vuestro enojo, sin advertir 
que los americanos del Sur están dis)puestos a defender su patria y 
a morir antes con honor que vivir con ignominia en afrentoso cau- 
tiverio". 

Por segunda vez el Gobierno de Buenos Aires posterga a 

Artigas. 

Belgrano recién pudo cruzar el Uruguay con los restos de su 
ejército a mediados de abril. 

Su actuación eomo General en Jefe fué de muy pocos días, a 
causa de habérsele instaurado un proceso por los desastres de la 
camipaña paraguaya, que le obligó a retoi-nar a la capital. 

"La Gaceta de Buenos Aires" reconocía y aplaudía, entretanto, 
la magnitud de la ohra de Artigas. 

"La Banda Oriental de este Río (decía a principios de mayo) 
que sacudió con tanta energía y oportunidad la injusta agresión del 
despotismo, sigue obrando con el mayor éxito que pudiéramos de- 
sear. . . El déspota y sus secuaces no saben ya dónde iponer el ipie 
con seguridad: una incoante deoereión de los que más adictos se le 
mostraban; una escasez notable ya de todo mantenimiento en la 
desgraciada ciudad que nos ocupa, y mantiene aislada en su fana- 
tisnio, y cortadas todas sus mlás esenciales relaciones de comercio, 



126 EDUARDO ACEVEDO 

sin numerario, s^in vívereíí, y sin artas auxilio ni esperanza que la 
débil y despreciable (jue puedan fundar sus fanfarronadas y pia:;',')- 
nas: la necesidad de diputar una vaea con una acción de gin-rr;! 
entre los que saleai por elia y nuestras partidas, que les impide: 
feíi internación: en una palabra, la proximidad 3'a de éstas a I:i.- 
mismas muralla'?, de que se parapetan los jruapos, sin que se atrevan 
ni puedan resistirlo, toílo es obra de los valerosos habitantes de la 
Banda Oriental, y un anuncio de los n«)(M.^ moinoiifos (nii- ii-<i.im i1(> 
posesión al engaño". 

Nadie había soñado con lal acunuihuMm <if inoizas. iiv\- 
¡iiismo, al diriíjfiree a la Junta Gubernativa, a mediados de :i 
pix)nto para ponerse en marcha riunibo a Montevideo, decia que allí 
estaba "la raíz del úi'í>ol", y (jiie para arrancar esa raíz era ncc"- 
sario que le enviaran "fuerzas de consideración'' ; y agregaba : 

"Aún cuandí) no se consiga más que desviar a Elío de todas sus 
ideas en contra de la capital, habremos hecJio una gran obra". 

Artigas era el promotor de ese ciHisiderahlo movimiento de la 
campaña oriental. Pero la Junta Gubernativa lo había condenado 
al segundo plano, y en el segundo plano volvería a dejarlo. 

En reemipla») de Belgrano nomJbró, pues, a Rondeau. 

Primeras victorias artiguistas. 

'( lia llKT/.a ;ii Iliail(i(» Üv l)i.-;ui\ miv, .-.n |ih.-ihiMi ji a¡>i i.*|(>..(i a :;i 

giiariHción española del Colla, y otras a óixlenes de Manuel Artigas, 
de Balitíusar Vargas y del mismo Benavídez obtuvieron dos vir 
importantes contra trojjas españolas al mando del teniente «' 
Bustamante, atrincheradas sucesivamente en el Paso del Rey, de 
donde fueron desalojadas, y en la ciudad de San José, donde tuvie- 
ron que rendiree a discreción, después de un fuerte combate en el 
que cayó mortalmente herido Manuel Artigas. 

La batalla de Las Piedras. 

Despejado así o! cauMiM», avan/.o Ai ligas con el resto de mo xm-r- 
zas, que eoní»trtuían la vansíuanlia del ejército de Rondeau. y el 18 
de mayo de 1811 obtuvo sobre la guarnición española, que había 
salido a su encuenlro, la fíunosa victoria de I.<as Piedras. 

En su liarte oficial a la Junta de Buenos Airee, hace oonstar Ar- 
tigas que los patriotas tenían al principio 346 infantes, (250 pa- 
tricios y 96 blandengues), .'}')() homibres de caballería y 2 piezas de 
artillería; pero que después de la incorporación de üas fuerzas di 



MANUAL DE HISTORIA URUGUAYA 127 

Manuel Artigas, subió til eí'eelivo a 400 hombres, tle infantería y 
600 dtí caballeiía; y que el ejército espiañol se comiponía de l,2o0 
hombres, eintre los que íigurabau üOO infantes. 

Describe la batalla: 

"Exhorté a las tropas recordándoles los tiempos gloriosos de nues- 
tras ai-mas y el honor con que debían distingiiii'sie los soldados de 
la paitria, y todos ainánimies exclamaron con entusiasmo que esta- 
ban resueltos a morir en obsequio de ella. 

"Es inexipdicajble, Exemo. Señor, el ardor y entusiasmo con que 
mi ti'opa se empeñó entonces en rntezclarse eon los enemigos, en 
téiTninos que fué necesario todo el esfuerzo de los oficiales y el mío 
pai'a comtenerlos y evitar el desorden". 

"Los contrarios nos eaperabaii situados en la loma indicada arriba, 
guardando foi-mación de batalla, con cuatro piezas de artillería, dos 
dbuses de ¡a. treinta y dos colocados en el centro de su (línea y un 
cañón en eada extremo, de a cuatro. En igual form;a dispuse mi 
infantería, con las piezas de a dos* y se trabó el fuego más activo". 

"La situación ventajosa de los enemigos, la superioridad de su 
artillería, así en el número como en el caJibre y dotación de 10 
artilleros en cada 'una, y el exceso de su infanitería sobre la nuestra, 
hacían h\ victoria muy difícil; iperr) mis tropas enardecidas, se em- 
]>eñabaai imiás y mlás, y sus rostros serenos pronosticaban las giloiias 
de la patria. El tesón y orden de nuestras fuerzas y el arrojo de 
los soldados obligó a los insurgentes a sialir de su posición, aban- 
donando un cañón que en el momento cayó en nuestro poder con 
r.na can-eía de municiones". 

"Ellos se replegaron en el mayor orden sobre Lais Piedras, soste- 
nidos del incesante' fuego de su artillería, y como era verosímil que 
en aquel ¡punto hubieran dejado ailgunas fuerzas, cuya reunión nos 
era perjudicial, ordené que cargaran sobre ellos las oolumiias de 
caballería de los flancos y la encargada de cortarles la retirada. 
De esita operación resultó que los eneanigos quedasen encerrados en 
un círculo baistante estrecho : aquí se empezó la acción oon la mayor 
viveza por ambas partes, ¡pero desipué® de una vigorousa resistencia, 
se rindieron los contrarios, quedando el campo de batailla por nos- 
otros"' . 

"La ti-opa enardecida hubiera ipronto descargado su furor sobre 
la vida de todos ellos, para vengar la inocente sangre de nuestros 
heimanos acabada de verter para sostener la tiranía: pero ellos, al 
fin, participando de la generosidad que distingue a la gen¡te ame- 
ricana, cedieron a los imipulsos de nuestros oficiales em,pieñados en 
salvar a los rendidos". 

"La. suiperioridad en el todo de las fuerzas de ilos enemigos-, sus 



128 EDUARDO ACEVEDO 

posiciones ventajosas, su fuerte artillería y particulai-mente el esta- 
do de nuestra caballería, la inayor parte araiada de palos con cu- 
chillos enastados, liace ver indudablemente que las verdadei'as ven- 
tajas que llevaban nuestros soldados sobre los esclavos de la tiranía, 
estallan sienupre selladas en sus corazones inflamados por eJ fuego 
íjue i>r<.Hluee el amor a la paít'ria". 

Es admirable, concluye Artiga-s, "la fueraa con que el patriotismo 
ha electrizado a los habitantes todos de esta ca-miíaüa, que después 
de sacrificar sus haciendas gustosamente en beneficio del ejército, 
brindan todos con sus ijiereonas, en términos que podría decirse que 
son tantos los soldados con que puede contar ila patria cuantos son 
los americanos que habitan en esta parte de ella". 

Eil ejército esi>añol vencido en Las Piedras tuvo una pérdida que 
el ]mrte computa así: 97 muertos, 61 heridos, 482 prisioneros, de los 
cuales 18(5 tonuaron las armas de la patria y 296 fueron remitidos a 
d¡spí>sición de la Junta Gubernativa de Buenos Aires. 

La victoria de Las Piedras en el primer aniversario de 
la Revolución de Mayo. 

Jünuican liaibía quedado con el grueso de su ejcrciio en Merce<ios. 
> allí recibió el parte de la A-ictoria. En el acto lo elevó a la 
Junitii Gubernativa con las siguientes palabras: 

"En los transportes de mi mayor ale^a ^edicito a V. E. por 
tan im]K>rtante y plausible noticia, deseando vivamente llegue a tiem- 
jK) de que a táñente la celebridad del cumpleaños de la gloriosSi 
instalación de la Junta". 

Y, efectivamente, el parte de Artigas llegó a Buenos Aires el 24 
de mayo y fué publicado en un suplemento de "La Gaceta" el mismo 
día, de manera que el 25 de mayo de 1811, primer aniversario 
de la Revolución, pudo ser solemnizado en la forma que deseaba 
Rondeau. 

"Ija Gaceta" comentaba algunos días después el acontecimiento en 
estos entusiastas ténninos: 

"Entre las glorias y satisfacciones con que hemos oeleibrado el 
anivei*sario de la instalación de nuestro gobierno, s^erán siempre muy 
notables .las plausibles noticias que las han neoiniiañ.ailo <le las ven- 
tajas construidas de nuestros enemigos". 

"El déspota hace salir a l^as Piedras uii;i iiu;i/.;i \fiMajt».-<i. orasn 
toda la única útil con que contaba, para que los contenga y i)t(r;i\a 
en iparte el cruel asedio que ya experimenta; pero ella es derrotada 
enteramente, como lo fué antes la que salió a San José: su artille- 
ría, sus soldados, sus famosos marinos, todo viene a poder de mies- 



:íiaxüal de historia uruguaya 129 

iro; ueiierales; las avanzadas del ejército 'llegan ya a la Aguada y 
con los fuegos incesantes de la muralla se vea neoesita/dos a defender 
las panaderías". 

Puede decirse que la batalla de Las Piedras cambió de una manera 
fundamental el amibienite de Buenos Aires, que era a la vez de aba- 
timiento y de sangi'e. 

Su significado del punto de vista militar. 

Res)>ecto de lo primero, dan testimonio las siguientes .palabras del 
general Nicolás de Vedia, decidido adversario político de Artigas: 

''Celebróse en Buenos Aires la llamada acción de Las Piedras c(>n 
transportes del mayor entusiasmo- Este suceso no míenos brillante 
que ventajoso para todas las operaciones que le haibían de suceder, 
consoló los ánimios no poco afectados con el mal éxito que habían 
tenido nuestras armas en el Paraguay y la desastrosa derroita de 
nuestro ejército en el Desaguadero". 

Era la primera vez que las simples milicias se medíais con ¡as 
tropas de línea y las derrotaban. El dominio realista quedaba re- 
ducido al -espacio que rodeaban las miirallas de Montevideo. Y ese 
resultado a raíz de las derrotas de Belgrano en el Paraguay y de 
Balcarce y Casteilii en el Alto Perú, levantó el esjpíritu de todo el 
Río de la Plata y afirmó definitivamente la Revolución de Mayo. 

Tantas y tan grandes fueron las proyecciones de la victoria, que 
varias veces se ha intentado la tarea de rebajar el mérito del ven- 
cedor, coii argumentos que felizmente no pueden resistir a la crítica 
histórica . 

Hase dicho, en primer lugar, que las tropas esipañolas, lejos de 
componeree de veteranos, estaíban formadas prineipialmente de presos 
(le las cárceles de Montevideo. Eil Virrey Elío, efectivamente, or- 
ganizó una compañía de presidiarios que fué 'piuesta bajo el mando 
de Mena, un procesado también. Pero la documentación de la apoca 
in-ueba que cuando se daba la batalla de Las Piedras, la compañía 
lie pi-esidiarios corría a la altura del Yi, ^lerseguida por una fuerza 
patriota. 

En ouianto a la categoría de las fuerzas de Posadas, véase lo que 
dice el l.istoiiador don Mariano Torrente, que tuvo a la vista todos 
los archivos y que estuvo al haMa con todos los jefes españoles de 
la época : 

"Conociendo el imipávido Elío la necesidad de destruir oiportuna- 
mente la gran preponderancia que había tomado el enemigo, dispuso 

M. DK n. ü.— 9 



130 EDUARDO ACEVEDO 

tina expedición de 1,230 hombres de sus mejores tropas eoii im jírau 
íren de artillería. Toma posición este brillante cuerpo en el lugar 
de Las Piedras, confiando en que la superioridad de su disciplina y 
arreí:lo le haría triunfar de las informes masas de insiu'gente:», pero 
la veleidosa Fortuna no con^spondió a la veneración que se le pres- 
taba en el altar de los esfuerzos. El bullicioso Artijras desplegó 
en esta ocasión un valor indomable, y una decisión tan heroica qut 
lo (habría cubierto de giloria si la causa que sostenía no llevara el 
seílo de la reiprobación : se debió, pues, a sus esfuerzos la derrota 
completa de las fuerzas realistas que hubieron de retirarse en dis- 
persión a la plaza". 

Otro de los historiadores de la época, el Deán Funes, también 
enemigo político de Artigas, ha escrito es'tas i)aJabras después de 
describir los comienzos de la insurrección oriental: 

"Tan nípidos progresos llevaron la consternación al ánimo de Elío, 
quien conoció la necesidad de un gran esfuerzo para contener su 
marcha victoriosa. VAl doscientos treiata hombres de sus mejores 
tropas, ctm un gran .tren de artillería oci'jpan>n el lugar de Las 
Piedras. A pesar de sus ventajas en número, armas, situación y 
diseipliiMi, son arrolladas ipor unos hombres a qiuienes da gloría de 
vencer les hace olvidar su desnudez, su cansancio y su peligro, con 
todos los hoiTores de la muerte. El General don José Artiga*^ 
manifestó en esta ocasión, un gran valor y un reposo en la misnm 
acción oon que supo encender y mitigar, a un ipi>vu'.> tifiinm. 1m- 
pasiones fuertes y vehementes de su tropa". 

•Se ha 'pa'etendido también desconocer el mérito ¡,; 
Artigas, atribuyendo al Oeneral en Jefe ai^níino la 

"La batalla de Las Piedras, escribe el general Mitre. prepara<ia 
por los traibajos de Belgrano y ganada quince días después <!«' *»"- 
tregar el mando de los ejércitos de la Batida Oriental, etc.* 

Pero esta tentativa es tan insostenible como la .anterior, y para 
demostrarlo, bas^ta una sencilla con fronit ación de fechas. 

De lia propia relación hi.stórica del general Mitre, resulta que el 
9 de abril llegaba Belgrano a la Concopción del Uruguay, con ánimo 
de cruzar el río e instalarse en Mercedes ; y que el 2 de mayo tran>- 
fería el maJido a Rondoau, en euinplimiento de un deci"eto <!• 
titución, datado el 10 del mes anterior. El generalato había !■ 
simplemente 23 días de duración y hay que destarar el tiempo absoj- 
bido por los ¡preparativos del pasaje del Uruguay y marcha a Mer- 
cedes y por las indecisiones do Belgrano ante la orden del Gobierno 
Argentino que al principio había resuelto desacatar. 

Belgrano, pues, ni siquiera gozó de una semana de reposo para 
preocuparse de la campaña oriental, que estaba real y positiva- 



MANUAL DE HISTORIA URUGUAYA 131 

mente a cargo de Artigas, como tanipoco la tuvo Rondeau, alejada 
luasta entonces del teatro de los sucesos, y que sólo se resolvió a 
avanzar cuando la vanguairdia oriental ya estaba arrimada a las mu- 
rallas de Montevideo y bahía ipaiesto un sitio rigunoso a la guarni- 
ción esipiañola. 

En resumen, desde la llegada de Artigas a Buenos Aires para 
ofrecer sus servicios a la Junta Gubernativa (15 de febrero) hasta 
la victoria de La© Piedras y formaalizaeión del sitio de Montevideo 
(18 de mía yo), habían corrido simplemente tres meses, pero tres 
meses de gigaaitesoos esfuerzos y trasoendentales resultados, no obs- 
tante todo el emfpeño de las autoridades argentinas en relegar al 
segundo plano al Jefe de ilos Orientales. 

Su significado del punto de vista del respeto a la vida de 
los prisioneros. 

Ya hemos visto al ocuparnos del plan de operaciones redactado 
por el doctor Mariano Moreno y de los fusilamientos que siguieron 
a la sanción de ese plan, que para la Junta Guhiernativa de Mayo 
haibía que derramar sangre de prisioneros, porque sólo de ese modo 
era ipiosible, en su concepto, la consolidación del nuevo régimen. 

Era ese también el criterio dominante en todas las colonias esipa- 
ñolas, destacándose Venezuela por eil terrible impulso de que ins- 
truye la siguiente síntesis de sus luchas iniciales: 

Un gTupo de criollo® presidido por Briceño, "con el fim de destruir 
en Venezuela la raza maldita de los españoles europeas y de los 
isleños canarias, de manera que no quedase uno solo vivo", resolvió 
adjudicarse la mitad de sus bienes y brindar grados y premios a los 
que presentasen más de veinte cabezas de espiañoiles. 

Bolívar prestó su aprobación a este plan, con la única salvedad 
de "matar, por el momento, a los que se tomasen con las armas en 
la mano", y somieter a la aprobación del Gobierno de la Unión lo 
relativo a distribución de caudales y cabezas coirtadas. 

Provisto de esta credencial abrió la campaña Briceño con un cen- 
tenar de juramentadas, y pocos días desipués dirigía a Bolívar una 
carta escrita con sangre y le adjuntaba como trofeo de guerra dos 
cabezas de españoles. 

Balívar rechazó el presente. Pero en su piroclama datada en Tru- 
jillo el 15 de junio de 1813, decía lo siguiente: 

"Todo esipañol que no conspire contra la tiranía en favor de la 
juista causa, ptor los medios mlás activos y eficaces, será tenido por 
enemigo, castigado como traidor a la patria, y, en consecuencia, será 
irremediablemente pasado por las armas". 



132 EDUARDO ACEVEDO 

•'Españoles y canarios, contad con la muerte, aún siendo indife- 
a-entes, si no obráis activamente en favor de la libertad de Vemie- 
\znela. Americanos, contad con la vida, aún cuando seáis culpables" . 

Desde ese instante abrió Bolívar para fechar sus bandos, wtía 
nneva era en los anales americanos: "Año III de la independencia y 
primero de la guerra a muerte''. 

Y la gruen-a a moierte fué realizada al pie de la letra, y de ella 
■ae lia ocu|>ado el general Mitre en los términos que s\)ib8Ín:uen : 

"Preconizada como acto de fortaleza, explicada j)or la necesidad 
como cálculo <le fría prudencia, justificada como medio de li 
-dad, excusada por las perturbaciones morales de la época, i i 
con excepción de los españolee, la ha condeua«lo en absoluto como 
acto de feiM)cidad personal, que no estaba en la naturaleza elevada 
y mog-náninia aunque soberbia del dictador". 

"Es (jue la guerra a nuieríe estaba en el c<jrazón de los comba- 
tientes enconados por la lucha, y el dictador impregnado de las 
pasiones de sn tiorajx) y de su medio, y con sus instintos de críolli) 
americano, no fué sino su vehículo". 

*'La guerra a muerte no fué inN-entoda por Bolívar. Desde los 
■primeros tlías de la Revolución, las Provincias del Kío de la Plata 
proclamaron la doctriua terrorífica de que eran reos ile rebelióu, 
sin remisióa, los que encaibezaian resistencias contra sus anuas y 
en jiomlbre de ella perecieron en un patíbulo el ex Virrey li " 
y sus <"ompañeros civiles y militares, del mismo m<Klo que los 
rales y funcionarios del Alto Perú, que cayeron ipdúsioneros. Chile 
higuió su e.ieiu,plo, proclamando la misma doctrina y la ejecutó en 
el eoix>nel Figueroa. Los españoles, a su vez hicieron la jfuerra a 
muerte en Méjico, en el AKo y Bajo Perú, tratando como rebeldes, 
segúu sus leyes, a loy que levantaran armas contm el Rey". 

El Gobernador Elío, que había sido ascendido a Vin-ey y que 
■continuaba en Montevideo, proclamó la másina terrorífica doctrina 
desde los comienzos de la insurrección uruguaya. 

En abril de 1811. denunciaba al Cabildo que la.s fuerzas de M.m- 
nuel Artigas interceptaban correos y mantenían relaciones con per- 
sonas de la ciudad; ¡prevenía que estaba tomando "providencias jmra 
alejar y desbaratar esa canalla" y agreiEfaba: 

"Pero estoy convencido que sin adoptar el sistema de rigor militar 
cada vez nos hallaremos mlás incomodados. A fin, .pues, de usar rápi- 
damente del castigo merecido, procedená V- E. a hacer colocar a la 
mayor brevedad la horca en la iplaza, que a mi pesar deberé servir 
7>ara <|ne en ella expíen con prontitud sos orimenes los traidores a 
■su Rey a su Patria". 

Formalizado ya el «lovimiento insurreocional, expidió el Virrey 



MANUAL DE HISTORIA URUGUAYA loo 

nii pliego de insti'uceioii-es a 'os coimwidantes Buslamante, Sauníiiere" 
y Herrera, eaviadoe en auxilio de la guarnición española de Saii 
José, con esta cláusula : 

"Siemipre que se pueida aprehender a cualquiera de los que llevan 
armas en contra de la€ de nuestro monarca, se le aüeguraná y será, 
conducido a esta plaza: y si se le pillase en el acto de hacer fuego- 
contra las nuesti'as, coai una jusitifieación ante los ofíciaAes y dándole 
una hora de término, sem ahorcado y colgado en el sitio donde- 
cometió el eidmen". 

El Goberna;dor Vigodet organizó más tarde una comisión de sol- 
dados con el nomibre de "Bartida Tranquilizadora", y dio a su jefe 
un pliego de instrucciones, vaciado en el mismo molde: 

"Si se encontrase alguna gavilla de rebeldes con lais. armas en la 
mano, se les tratará como a reos de Estado, y si ^las urgencias y 
escasez de gente no le penniten enviarlos a Moiilevideo <> puerto 
más inmediato de donde con toda seguridad pueda remitirlos a. 
dicha ciudad, les formará el mláfe sumario y, convencido de tal hecho,,, 
los ham pasar por lais armas, dejando la cabeza de los tales colgada 
en los lugares más visibles y transitables". 

A mediados de 1812, la "Gaceta de Montevideo" se encargaba de- 
anunciar que una de las fuerzas de ila ^plaza, al mando del capitáa 
don Luis de la Roibla, había sorprendido e^ las sierras del Olimar 
Chico once bandoleros y que cuatro de ellos habían sido fusilados. 

"Sus cabezas, agregaba, se han colocado en los lugares donde- 
liabían hecho auayoi-es estragos: una en la cuchilla Grande, camino 
de Cerro haavgo: otra en el paso de Illeseas; ila tercera en el paso 
del Durazno, camino de Ceri'o Largo; y la cuarta en la capilla de- 
San Ramón". 

Artigas encabeza la reacción humani taria. 

Corría, pues, la sangre por todas partes. De uno y otro lado, en 
el campo americano y en el eamfpio español, la palabra de orden 
era ¡la guerra a miuerte, el sacnfieio de los heridiOi?, el exteirminio 
de líos prisioneros. 

Pues bien ; frente a esa ola general de sangre, se yergue Artigas 
y, realizando un caso iinieo en todo el vasto escenario á&\ continente' 
americano en armas, cura a los heridlos de Las Piedi'as y envía cen- 
tenares de prisioneros, con sois jefes y oficiales, a la Junta de Buenos 
Aires, sin infligirles ninguna ¡pena y respetándolos en toda forma!" 

Cuando los Imbilantes de la campaña oiiental se ponían de pie al 
llamado de Artigas, "La Gaceta de Buenos Aires", persuadida de- 
que la sangre española correría aquí también, como corría en todas 



134 EDUARDO ACEVEDO 

l>ai-tes, se expresalba en estos téiininos acerca de los orientales y 
■de sus primeros hechos de anmas en Asen ció, Soriano y Mercedes: 

"Es tal el entusiasmo que han itomado (por la bnena cAusa, que 
persiguen con energfía a cuantos saben ser de contraria opinión; si 
por su desgracia caen en su mano, «n naás fommlidad los pasan 
por las armas, persuadidos de que nnos liombres semejantes jamís 
podrán ser útiles a la sociedad que intentan destruir. No han dado 
cuartel ni a europeo ni a criollo que resistían obedecer a la capital 
de Buenos Aires. El ipuebln de Mercedes ocupan'i siempre un lu^ir 
muy distinguido en la historia de los hechos heroicos de da América''. 

En el concepto de que los prisioneros eran masacrados y de que 
los enemigos de la Revolución eran exterminados. "I^a Gaceta de 
Buenos Aires'' glorificaba, pues, a los i'evolucionariop oricuitales. 

El propio órgano oficial del Gobierno Argentino se encargó de 
pí'obaí*, ;pocos días deí^>ués, que la revolución oriental i'es^>etaba la 
vida de los prisioneros, fueran cabezas dirigetvtes o sianples soldados. 
¿En qué forma? Publicando los siguientes documentos: 

El ipai^e oficial de la acción del Colla, en que Benavídez coranvni- 
caba a BelgraJio que los realistas se liabían rendido a discreción, 
y agr^alha: "Los presos europeos y soldatlos 'prisioneros se h)s 
iremití al segimdo general interino don José Artigas, oon luna lista 
de todos ellos"; 

Los partes y oficios relativos ail ataque y toma de San José, sus- 
criitos por Quinteros, Artigas y Belgrano, y ima copiosa información 
periodística oomplementíiria, de la que resultaba que los iprisioneros 
tomados en las acciones del Colla y San José eran tre<»c¡ento8. y 
que ranoJios de ellos estaban agregados al cuartel general de Mer- 
cedes, ''obrando va con In mayor n(1hf«;ión n nno^lm rai^-ín coTitra 
Montevideo" 

Algunas ÚV la.'* H^UIS m- uns tu i.-iwini<>s «U- «t«.i.-» .niiwm:-. n'iiiiii«l*>r. 

a Buenos Aires, en las que figuraban .3 tenieníes coroneles. 2 tenien- 
tes, 1 ayudante. 2 sargentos. 2 cabos, 1 capeWán y 70 soldados: 

El parte militar de la batalla de I.4is Piedrat» y diversi>9 oficios 
posteriores en que se fljalba el aúroero de prisioneros y se daba 
cuenta minuciosa del canje de heridos cííjwñolos por soldados del 
ejército de Belgrano que «los generales paragunyus habían tomado 
prisioneros, y que el Gobierno de la Asunción había remitido a 
Ipe calabossas de la ciiudadela de ^lontevideo. 

TjA Junta de Buenos Aires, contagiada por la lectura de estos 
partes altruistas, se dirigió al Vinvy Elío el ijiropio 25 de mayo 
de 1811, en términos que significaban el repudio del si^ema de san?rio 
<\\xc hftbía imiperado liasta entonces en los documentos oflcialc 
lo.;: i,,w.i.,.w TTaI.w aquí: 



3rAXU-U. DE IIISTOIÍIA URUGUAYA 135 

"Los bufíius miilitai'es liaeen la guerra ski ofender los derechos 
de la liiümanidad. Su saña sólo se dirig-e eontra los que tienen las 
armas en la mano. La clem^encia ocupa su lugar desde el instante 
en que las rinden, porquie saben que la victoria no es un título 
para tratar mal a los vencidos. 

"Tomad ejemplo de esta Junta que sólo celebra las victorias que 
acaba de ganar por sus generales, en euanlto .pueden mejorar la 
suc!"te de estos pueblos". 

El sitio de Montevideo. 

Al ilía siguiente de la victoria de Las Piedras, Artigas se puso 
Cu marcha sobre IMontevideo y organizó el S'itio de la plaza. 

Lo demuestran estas palabras de un segundo iparte suyo al Go- 
bierno de Buenos Aires: 

*"E1 19 amandé algTinas partidas de caballería en observación has- 
ta el arroyo Seco y extramiuros de la plaza, a donde llegaran sin 
oposición : en la tarde reeibí aviso del Gobierno de Montevideo so- 
licitaixlo eil canje de prisioneros". 

"Trasladé mi campamento al Cerrifco para tenerlo en estado de 
?itit^ rigjnroso. Nuestras partidas continuaban interniáindose hasta 
las inmediaciones de la ciudad a cuyo i-ecinto se hallaJban reducidos 
los enemigos". 

Horas desipiués. intimaba Artigas al Oabildo la entrega inmedia- 
ta de la plaza en esta f oi-ma : 

"Oiga V. E. las voces de esas afligidas familias que perecer-iín 
pronto de hambre, el llanto de lias que han perdido sus hijos o her- 
manos en la batalla, el voto, en ftn, de todos eisos habitantes; la na- 
turaleza iSe resiente ipor tanta sangre veritida, y la humanidad, la 
conveniencia, la necesidad misma, todo está elanmndo por una ne- 
gociación que deje libres a nuestix>s hermanos para establecer los 
vínculos y relaciones que deben ligaiilos". 

"Pero si sordo a las voces de la humanidad, quiere V. E. au- 
mentar los males que afligen a esos haJbitantes quyo» sagitados de- 
rechos repi^esenta, proteisto que V. E. será partieularaiente res- 
ponsaíb'le de los daños que resulten y que experimentará todo el 
rigor de la justicia. Mis tropas enardecidas asaltarán, sí, esas mu- 
rallas, y verterán dentro de ella la sang-ie de sus hermanos; ipero 
V. E. senitiilá ya demaiíiado ta¡rde ilos efectos de una obstinación 
sin principios". 

Y al Virrey Elío le decía, al intimarle la rendición: 

"Reine pa?., señor, la paz que deseo: que nuestras bayonetas no 
\ uelvnn a teñirse con la sangi'e de nuestros hermanos y que esos 



130 KDT-AIínO ArK.VF.r.O 

vecinos cuya felicidad anhelo, tlislruteii de la bella unión que debe 
ligamos". 

Mientras Artigas se preparaba para el asalto, el general Bon- 
deau, que todavía con tin naba en su cuartal general de Mercedes, 
sunmciaba así al ejército argentino la victoria de I-<as Pieiliiis: 

"Soldados de la Patria: Nuestros lienuanoe y contpañerí»s de 
annas acaban de triunfar de nuestros enemigos en el eamiix) de ba- 
talla. Cuatrocientos y inlás prisioneroe con su General en Jefe ren- 
didos a discreción, después de un largo y («bstinado comibate, os dan 
el testimonio de esta irrefragjihle verdad: cañone-^. parque de arti- 
llería, municiones y demws, son despojos de su bizarría, esforzado 
valor e inti'cpidez. Eeos tan dignos compivl riotas nos llaman para 
que unidos gustemos con ellos las dulzuras de sus triunfos y nos 
diapongamos a alcanzar otros mayores. Sí, valerosos americanos; 
mañana emi>renderemos nuestra maixiha animados con ewia lison- 
jera idea: sobre los muros de Monte\-ideo están los laureles que ban 
de coronar nuestras sieiies: a merecerlos, soldados". 

'Catorce días contaba ya el sitio de Mon-tevideo cuand. 
Hondean al fíente del ejército argentino para asiwnir sur funcione- 
de General en Jefe. 

Y allí, ante las murallas españolas, volvió a dirigirs<- 
ce.dores de Las Piedras: 

"Nada hay tpie ipueda resistir al denodado valor con que habéi.-i 
allanado el ¡paso de cien l^fxias, recogiendo los laureles do la victo- 
ria en medio do la.<: acl a inn ciónos patrióticas de vuestros coMciiiitn- 
danos" . 

"Aniq/'iilado el d(*s¡>ot isnio eumpoo, cousoli^lnda iiii«'>;tr;i 
e indej>endencia y a-iegurados para siempre 1«« dere<^hos s;i 
de Fernando sobro este continente, las naciones ivpetinVu vuewtn» 

nombre, ¡la historia Ir.'icmitir'i onn •i«s'>ni1)r. i \-!H>s(i-;i iiW'Miiirin :i }¡i< 

eda-des venideras" 

El Gobierno de Buenos Aires levanta el sitio de Montevideo. 

('(vw la llegada de Kon<ioau quedó jubaiidonado el plan ile 
a las mumllas. que <o había trazarlo Artigas a raíz do In \' 
de Las Piedraí;. 

, Era un ]mmor ei roí-, aunque no irremediable, desde .¡.u ... . 
tuacdón de la plaza alejaba la posibili<la<l de una larga resistencia. 
Cada día ixísultaba. efectivaanente, muís difícil a la escuadrilla es- 
pañola el transporte, de ^provisiones de boca; y en cuauto a mimi- 
oiones, babian sufrido fuerte merma los <lepósitos de la isla de 
Ratas, a eonsecucncin de un soberbio nenlto do la*-" '■"»— •«"'^ ..-ii;. 
doras. 



SrANUAL DE niSTORIA URUGUAYA 137 

Pero un seguudd y raiivs rlcploralílc en'or se encargó de salvar a 
los esipañoles . 

Oigamos a Rondeau: 

"Tres meses habían ya corrido de sitio y no hay duda de que los 
habitantes de ila plaza se hallaban ya en grandes apuros, como pri- 
vados de carne y demás víveiies que les suministraba la eamipaña; 
pero los militares, especialmente sus jefes, respetaiban tanío al 
ejército de la Patria, que no se determinahan a hacer una tentati- 
va fuerte para ver si podían librai-se de las escaseces que siufrían, 
hasta que al fin consiguieron mejorar sus posiciones ipor un armis- 
ticio que celebraron lois gobiernos patrio y peninisular, ¡por el cual, 
según uno de los artículos, debía levantarse el sitio dentro de un 
téiTnino corto y ilas tropas de Buenos Aires debían retirarse a su 
Provincia y las de Artigas a la cost... del Uruguay, frente al Salto. 
Puntualmente ;se ommplió lo estipulado en este tratado, emibarcán- 
dose las primeras en el puerto del Sauce, como lo verificaron., y 
Artigas marchó al mismo tiempo al paraje que se le había señalado". 

Tratado de pacificación de 1811. 

El armisticio a cjfue se refiere Hondean, fué suscrito por la Junta 
de Buenos Aires y eil ViiTey Elío el 20 de octubre de 1811. Véase 
cu qué (términos estaba concebido: 

''Amibas partes contratantes, a nomlire de todos los liabitantcs 
sujetos a su mando, iprotestaaa soleminemienite a la faz del universo,, 
que no reconocen ni reconocerían jam,ás otro soíberaaao que el señor 
Don Fernando VII y aus legítini'os sucesores y descendientes. 

"Reconoce la Junta Gubernativa la unidad indisoluble de la mo- 
narquía española, de la cual forman parte integrante las Provin- 
cias del Río de la Plata en unión con la Península. 

"Eil Exemo. señor Virrey se ofrece a que las tropas portugueisas- 
Hc retiren a sus fronteras". 

Tales eran las cláiisuilas más significativas. Prescribían hus de- 
mias que las troipas dependientes del Goibierno de Buenos Aires 
desocuparían la Banda Oriental, y que los pueblos del AiToyo de 
la China, Gua\!eguay y Gualeguaychú, quedarían tamlbién sujetos a 
las autoridades españolas de ^lontevideo. 

i Qué razón podía haber influido en el Gobierno de Buenos Aires 
a favor del levantamiento del sitio de Montevideo, cuando todo- 
anunciaba ila caída inevitable de la plaza? 



CAPITULO XV 

IBI/ LieVANTAMIENTO üVíL SITIO DE MONTEVIDEO 

Sus causas determinantes. 

Sobre la base de la documentación de la ^poea, po<lría atribuirse 
Ja idea inspinulora del tratado de octubre de 1811, a uno de estos 
tree« factores fiíuidaraentales : los desastres del ejército argentino 
en el! Alto Perú, que obligaban a llevar a otro teatro las tropas que 
actuaban sobre Montevideo; la entrada de iin ejército padu.?ué« a 
(en-itorio urufjruayo para aiuxiliar a Ln autoridad española de Mon- 
tevideo; el pi^estifrio cfue ya circundaflm a Artijras y lo colocaba en 
el primer ipjano de la Revolución, a despecho de todos los esfr r- - 
para convertirlo en subalterno de los generales anrentinos. 

Vamos a determinar él íjrado de importancia de cada uno de cííoí. 
factores. 

Los desastres del ejército argentino. 

Kl ejército argentino había sufrido »in nuevo desastre en Huaquí 
a tines de junio, deil que recién se tuvo noticia en Buenos Aires un 
ni€6 después. Pero el desastre, lejos de abatir los unimos, sirvió 
ll>ara cxaltArl<»s. En su proclama del mes de julio decía la Junta 
Gubernativa: 

",• Hemos sido vencidos? Esta es una razón mns para pelear. La 
victoiiia nos es del todo necesaria, y la necesidad es la mejor y la 
irtás poderosa de las armas. Acordémonos que el Senado Romano, 
después de la den-ota de Cannes. dio gracia»» al Cónsul Varrón por 
no haber desesj^erado de la república". 

El triun\'iratxí que entró a ejercer las fiímciones ejecutivas de la 
Jqnta. decín '■ ••• "-'' menos entusiasmo a los ipueblos ;- '■"'•- •'" 
septienijhre : 

"Ea, comipalriolaíi. ciuxladanos ilustrí*. pueblos liibres de !a Amé- 
rica del Sur: no desnviyéñs en la mitml de la cArrera, Corred al 
templo de la Gloria, donde la Fama eriginá un aVtar a vuestra cons- 
tancia heroica. Perezcamos todos, o desaparezca ipara siempre de 
iiuestn> suelo «1 trono de la tiranía". 



:manüal de historia uruguaya 139 

Las fuerzas españok-s del Alto Perú podíarij sin duda alguiia, 
después del triunfo de Hjuaquí, avanzar por Salta y Tucuimá'n. 

Era necesaiio, en eonsecuiencia, rehacer el ejército patriota y 
volver a tomar la ofensiva contra el i-ealismo victorioso; pero sin 
abandonar las maginífieas iposiciones conquiis.tadas en Montevideo- 

Aún en el supuesto de que se hubiera considerado necesario el 
concurso de las itropas de Roudeau ipara las operaciones del Alto 
Perú, podía iinantenerse lia línea sitiadora con los soldados de Ar- 
tig-as, en cuya utilización no se (pensaba absolutamente, desde que 
las divisiones orientales, lejos de marchar a Buenos Aires como el 
rfóto del ejército, debían ir a situarse en la costa argentina frente 
al Salto. 

Artigas lo pidió insistentemente así y con perfecta ooneiencia de 
sus fuerzas, desde qjue el éxito de la insurrección oriental era obra 
suya, exclusivamente suya. Hasta después de la batalla de Las 
Piedras sólo habían figurado en lias divisiones artiguistas, algunas 
decenas de soldados procedentes de Buenos Aires; y en cuanto a 
suministro de armas, era tan pobre, que el parte oficial de la vic- 
toria consigna el hecho estupendo de que los soldados habían te- 
nido que esgrimir cuchillos enastados a falta de fusiles o de lanzas! 

Habla del alzamiento del sitio /uno de las testigos de la ^pioca, etl 
coronel Cáoeres: 

"Artigas se opuso diciendo que él aio podía abandonar a la furia 
y saña de los españoles tantos orientales como había comprometi- 
do; que se retirasen enhoraibuena las tropas de Buenos Aires y 
que lo dejaran a él que se consideraba eaipaz de hostilizar a los es- 
pañoles y a los portugueses a un tiempo; se hizo una junta pai-a 
tratar sobre este asunto en eil Miguelete, a la que asistieron todas 
las personas notables y de consiejo que había en aquella época; en 
la oual don Francisco Javiei- de Viana dbjetando a Artigas por su 
tenacidad, le idijo que con qué recursos ipensaba i'esistir a los por- 
tugueses que venían tan bien fardados, armados y equipados, y 
Artigas le contestó que "con palos, con los dientes y con las uñas". 

Si no se accedió, ;pu«s, al pedido de Artigas y de todos los orien- 
tales que le acomjpañaban, era porque aetua«ba otra oonsideraeión 
mVís iiniportante que la de reforzar el ejército a.rgentino contra los 
españrulcs que amagaban por Salta y Tucumán. 

La invasión portuguesa. 

Hemos hablado ya de las dos tendencias antagónicas qne existían 
en «la Corte de Río de Janeiro. El ipríneijpe regente quería anexar 
a su 'Corona el Río de la Plata, o poi- lo menos el ten'itorio urugua- 



140 EDUARDO ACEVEDO 

yo. En cambio, su consorte la piinoeea Carlota, liermaiia de Fer- 
nando Vil, quería mantener la dominación esipiañola, pero sobre la 
base de una monarquía cuya jefatura ocnimría ella misma. <le 
acuerdo con traíbajos que en la víspem de la Re\-oluo¡ón de Mayo 
contaban con d concui-so de la Lr<'iHT;ili«la(1 >]<• \'>.- ; nOionilnc^ iii- 
Buenos Aires. 

Pues bien: ante las gesii<>iu> iiv la ]>iiiifc>:i * anota, la < onc ])or- 
tug;uesa resolvió en febrero de 1811 que el Gobernador y Capitán 
General de Río Granide prestase todo el auxilio de tropas que le 
fuese solicitado jwr el ViiTey Elío. Y a mediados del mism<) nño. 
reiteraba así sus órdenes al general Souza: 

"Sin pérdida de liemipo trate de salvar esa plaza y pacititar el 
territorio de esa Banda dol Uruguay, entrando inmediatamente 
V. S. con la mayor fuerzji en el territorio eaipañol y dando al mis- 
mo tiempo los frolpes más decisivos, sin jierdonar V. S. esfuerzo 
algimo ipara que esta i'esolución sea acompañada del nuás glorioso 
éxito para nueetnií! anna.s, de lo onal precisa mucho el real sem- 
cio en esta oportunidad, i>ara asegurar el bwen efecto de las ^no- 
didas que desea ejecuta.r". 

Pero jumtjunente oon el ejército de Souza, era desfilachada una 
másión diplomática a cargo de don Felipe Contucci, de cuyos pro- 
pósitos habla así un autorizado testigo de la época, el Deán Funes: 

"I^evantando el último velo del misterio, hizo proponer a la Jun- 
ta revolucionaiña comprase su reeonoci miento por ima amnisión 
voluntaria y viviese asegurada que estos dorainias no volverían al' 
yugo español, aún cuando Femando VII recugieraso el trono de sus 
padres", 

Al tener noticia de la resolución de la Corte portuguesa, don 
Gaspar de Vigodet, que ocupaba la gobernación de Montevideo, dio 
una proclama en que decía: 

"Su Alteza Real el serenísimo Princiíjie Regente de Portmgal, 
acorde oon lop generosos sentimientos de su augusta espoita nuestra 
infanta señora doña Carlota, nos auxilia con troipes y víveres y 
os reconoce como los hijos más beneüiéritos de ila España y fieles 
vasallos de su hermano nuestro lunjulo monarca Femando Vil. 
Nuestra grartitiul no puede olvidar jamás esta ^lisfinoión del Go- 
bierno Portugués, «jive desinteresadamente y sin otraí» miras ]h>1í- 
licas ajenas de su alto carácter nos ayuda a purgar este fecundo 
RiwJo. haciendo desaparecer de él los delitos y los delin<*uentes". 

Pocos meses después, se encargaba la Junta de Buenos Aires de 
senaforar la cizaña ontre la Corte p<>vtn<:rn«^i v el Gobernndnr Vi 
godet. 

^'y . S. sabe — le de<Ma a Vigodfi \ ,i;i \ i>i4i los oficina ■■■' 



MAlsUAL DE HISTORIA URUGUAYA 141 

■Jes ■del general Soixza y del represeintaute de Doila Carlota, don 
Felipe Coiiiucci, eu ([ue se exigió de estii capital el reconoeimiento 
de la soberanía de aquella señoi'a en este continente, ofreciendo re- 
unir fuerzas a las nueistras para rendir ^a ¡plaaa en el caso de que 
manifestase alguna oposición al .proyecto". 

La invasión portuguesa se produjo a mediados de julio de 1811, 
Según la proclama del general Sowza, el ejército auxiliador sólo 
fee proiponía restablecer la tranquilidad de la eamipaña y evitar que 
■el espíritu de rebelión penetrase en los dominios portugueses. 

La Jumta. de Buenos Aires anunció al princijpio un refuerzo de 
1,500 honAres. Pero luego dejó que los portugueses invadieran el 
territorio de Maldonado, tranquilamente, sin qponerles resistencia 
. alguna . 

Uno de los grandes historiadores argentinos, el doctor Vicente 
F, López, ha escrito que con anterioridad al desasiré de Huaquí, ya 
la diplomacia de Buenos Aires estaba gestionando el armásticio que 
debía dar por resuiltado el levanitamiento del sitio de iMontevideo ; 
y que la gestión había sido iniciada ipor don Mannel de Sarratea 
en la víspera de su ingreso al triunvirato que asumió las funciones 
ejecutivas de la Junta de las Provincias Unidas. 

Y la; información del doctor López estlá. confirmada, por una nota 
del Ministro portugués a la Junta Gubernativa, expresando que au 
Grobierno sabía que el de Buenos Aires aceiptaíba su mediación en 
la luclia con Montevideo y que en consecuencia de ello venía a ofre- 
cer como base de an^glo que el territorio uruguay<i ((uedase bajo 
1.1 exnUisiva dependencia de Elío. 

Esa nota es idel 30 de mayo de 1811, es decir, doce días después 
de la batalla, de Las Piedras, y por lo tanto njuy anterior a Hua- 
quí. y sobre todo a la llegada a Buenos Aires de la noticia del 
desastre . 

La Corte iportuguesa i'esulta^ba solicitada simoltláneamente por In 
diplomacia de Buenos Aires y por la diiplomacia española, en mo- 
mentos en ffue Artigas, según el historiador brasileíío Pereira da 
Silva, lanzaba sobre la frontera jwoclamas y papeles incendiarios 
encaminados a promover el levan tamienito de los pueblos y la libe- 
ración de los esclavos. La reconquista de las Misiones probable- 
mente, que constituía una de las obsesiones de su espíritu! 

Sea de ello lo que fuere, (lo esencial es que la entrada del ejér- 
cito de Souza alentada por la di|plomiacia de Buenos Aires, tam- 
poco podía actuar como factor del levantamiento del sitio. 



142 EI'UABDO ACEVEDO 

£1 prestigio de Artigas como causa del levantamiento del 
sitio. 

Queda eatx>noes como razón determinante del levcmtamieuto del 
sitio la aureola que ya circundaba a Artigas y que lo colocaba en 
el primer plano de la Revolución, a despecho de todos lo« esfuerzos 
para convertirlo en sabalterno de los generales argentinos. 

Artigas era el jefe único e indiscutible de los oiientaJeti. bi.i 
otros recursos que los que él mismo po<lía levantar, liabía llegado 
a la cumbre; y el dermmibe español en ^Slontevideo, inminente ya, 
podía convertirlo en arbitro de los destinoí^ del Río de lia Plata. 

Los estadistas de Buenos Aires que conocían &as ideas, y que 
por eso mismo se hatóan emipeñado en alejarlo de la acción diri- 
gente, tenían que experimientar grandes alarmas ante el prestigio 
oaxla día más acentuado de ese railitnr ciudadano que 8v>bre los es- 
combros de la dominación e¿ipañola llegaría a erguií^se conti'a el 
centralismo absorbente de la capital y arrancaría a las iprovinciaí^ 
del nuevo tutela je que se íes haibía impuesto. 

Halbla el general Nicolás de Yedia de los geneifilatns de Belgrano 
y de Rondeau : 

"Pero a pesar de su justo resentimiento, .-_ ...: jn¿to, ni mona- 
natural. Artigas concurrió con sus fuerzas el primer sitio bajo las 
órdenes de Rondeau, ¿pero no pudo dejar de dar muestras de su 
encono y de lo poco conforme que estaba en el lugar subalterno 
que se le hacía ooujpar, lo que desde luego llegó a conocimiento del 
Gobierno, que ptBO en ejercicio muchos medios para deshacerse de 
un jefe que invadía su política, y se consideraba independiente a! 
frente de u-na crecida población que lo tenki por su verdadem 
caudillo". 

Quiere decir que frente mismo a .las murallas de ^Iwiitevideo y;i 
se había tenido el propósito de darle el golin? a Artigas, y debe, 
entonoesi. atribuirse al fracaso de la tentativa la medida raías radical 
de levantar el sitio cuando la plaza estaba pn')xima a rendirse, según 
resulta de In declaración del general Rt^ndeau. 

Honores al Ejército Oriental. 

Al publicarse el tratado de pacificación, el Gobierno de las Pi"o- 
vinoias Unidas tiró im decreto declarando al Ejército Orienta!, 
"benemérito de ila Patria en grado heroico", y luia proclama q\ie 
concluía así: 

"Pueblos v conciudadano? de la Banda Orientatl : la Patria os ey 



MANUAL DE HISTORIA URUGUAYA 143 

den Jora de los días de gloria que imáls la honran. Saea'ificios de 
toda esiptecie y una oonstanicia a toda .prueba harán vuestro elogio 
eterno. La Patria exige en este momento el sacrificio de vuei^tros 
deseos, y ipor miu^eho que parezca contrariada esa propensión genial 
a servirla, luchando con los rigores de la guerra,, quiere economizar 
esa sangi'e que le es tan preciosa, para que oportunamente emplea- 
da decida de su suerte". 

Artigas hace la historia de la campaña. 

Artigas ha hecho la historia del levantamiento del sitio en un 
oficio memorable que dirigió ail Grobierno del Paraguay en diciem- 
bre de 1811. 

La insurrección de 1811 y sus resultados. 

Refiere los comienzos de la insuTreoción oiiental, una vez que éi 
se puso a las órdenes de la Junta Gubernativa de Buenos Aires: 

"No eran los paisanos sueltos, ni aquellos que debían su existen- 
cia a su jornal o sueldo, los solos que se movían; vecinos estable- 
cidos, poseedores de buena suerte y de todas las comodidades que 
ofrece este suelo, eran los que se convertían repentinamente en soli- 
dados; los que abandonaban sus intereses, sus casas, sus familias; 
los que iban acaso ,por iprimera vez a presentar su vida a los riesgos 
de una guerra; los que dejaban aoompañados de un triste llanto 
a sius m^ujeres e hijos; los que sordos a la voz de la naturaleza, oían 
sólo la de la Patria", 

Habla de la victoria de Las Piedras y de la imperdonable reso- 
luición de no atacar a Montevideo: 

"Los. restos del ejército de Belgxano que retornalban de esa Pro- 
vincia feliz, fueron destinados a esta Banda y llegaron a ella cuan- 
do los (paisanos habían libertado ya su mayor parte, haciendo tea- 
tro de sus triunfos al Collai, Maldonado, Santa Teresa, San José 
y otros puntos: yo tuve emtonoes el honor de diiigir una división 
de elilos con solo doscientos cincuenta soldados veteranos, y llevan- 
do con ellos el tei-ror y el espanto a los ministros de la tiranía, 
hasta las inmediaciones de Montevideo, se pudo logi*ar la memora- 
ble victoria del 18 de mayo en los campos de Las Piedras, donde 
mil patriotas armados en su mayor parte de cuchillos enastados 
vieron a sus pies novecientos soldados de las mejores tropas de 
Montevideo, iperfectamente bien armados; y acaso hubieran dicho - 
sámente ¡penetrado dentro de sus soberbios muros, si yo no me hu- 
biera visito en la necesidad de detener su maroha a/1 llegar a ella, 
con arreglo a las órdenes del jefe del ejército". 



144 EDUARDO ACEVEDO 

**La Junta de Bueuos Aires refoi'zó «1 ejércitu tle q\ie fui nom- 
brado segundo jefe y que constaba en el todo de 1,5U0 veteranos y 
uiás de 5,000 vecinos ai'maidos; y «o habiéndose aprovechado loti 
Iirimeros momentos después de la acción dol 18, en que el terror 
había sobrecogido los ániunos de nuestroti enemigos, era g>recis(i 
pensai' en un sitio fonnuil a que el Gobierno se detenninaba". 

"Así nos vimos emipeñados en un sitio de cerca de cinco meses, 
en que mil y mil accidentes privaron de que se coronasen nuestros 
triiunfos, a que las tropas estaban siempre prepaa^adas. Los eiiemi- 
'j:us fueron batidos en todos los piuitos y en reipeti<las salidas no 
recogieron otros frutos que una retirado vcrvronzosa d(V";-- ^' ' - 
muros que defendían su cobardía". 

"Nada se tentó que no se consiguiera: multiplicadas opcia<;ioncs 
mil il a ros fueron iniciadas ¡para ocupar la iplaza, pero sin llevarlas 
ia su (término, ya :porque el General en Jefe creía que se present;i- 
ban dificultades invencibles, o que debía esperar órdenes señaladas 
para tentativas de esta clase, ya por falta de inianiciones, ya final- 
mente porque llegó una fuerza extranjera a llamar nuestra 



I.os l'oi; TI (,i l-.sKS. 

.En cuanto a los (portugueses, si prt»sptM;il);ui i-ra i^rquc 
bienio Argentino no les resistía: 

"Yo no sé si cuatro mil ijjortugueses podrían j>enuitirse alguna 
vemtaja sobre nuestro ejército, cuando los ciudaidanos fjue lo com- 
ponían habían redoblado su entusiasmo y al patriotismo elevadlo 
los ánimos a un grado incalculable. Pero no habiéndoseles opuesto 
en tiemixi una resistencia, espenámlose siempre por monuíiitos un 
refuerzo de 1,400 homibres y municiones que había ofrecido la Jun- 
ta de Buenos Aires des<le la i>rimora noticia de ii*rupción de los 
limíti-ofes, y habiéndose ennprendi<lo últiraaraiente varias negocia- 
ciones con los jefes de Montevideo, nuestras operaciones se vieron 
como paralizadas a despecho de nuestras trQj>a&, y los ix>rtiigueses 
casi sin oposición pisaron con pie sacrilego nuestro iterritorio has- 
ta Aíaldonado". 

Actitud de los orientales ante el armisticio. 

Tasa a ocuparse de las negociaciones relativas al levantamiento 
del sitio, promovidas por don José Julián T^»''"*.? r4«prps«M!tanUi de 
la Junta Gubernativa de Buenos Aires: 

"Estos beneméritos ciudadanos tuvieron la iorluna de trascender 
la sustancia del todo, y una representación absolutamente jwecisa 



MANUAL DE HISTORIA URUGUAYA 145 

fcu luiesli'o sistema dirigida al General en Jefe, manifestó en tér- 
minos legales y justas ser la volunitaid general no se procediese a 
la conclusión de los tratados sin la anuencia de los orientales, cuya 
suerte iba a decidirse". 

"A consecuencia de esto fué congregada la asamiblea de los ciu- 
dadanos 'por el mismo jefe auxiliador". 

"Yo entonces, reconociendo la fuerza de su esipresióu y conci- 
liando mi opinión poilítica isol3re el particular eoni mis deberes, res- 
peté las decisiones de la supeiioridad sin olvidar el carácter de 
ciudadano y sin desconocer el imiperio de la su'bordinaeión recordé 
cuánto debía a mis compaisanos. Testigo de eus sacrificios, me era 
imposible mirar su suerte con indiferencia y no me detuve en ase- 
gm-ar del modo miás positivo cuánto rqpugnaba se les abandonase 
en un todo. Esto mismo había ya hecho conocer al señor repre- 
sentante y me negixé absolutamente desde el princiipio a entender 
en unos tratados que consideré ineonciliaibles con nuestras fatigas". 

''Segxiidamenite reipresentaron los ciudadanos que. . . el ejército 
auxiliador se tomara a la caipital si así se lo ordenaba aquella su- 
perioridad; y declarándome su gener'al en jefe protestaron no dejar 
la guei-ra en esta Banda hasta extinguir en ella a sus opresores o 
morir dando con su sangre el mayor triunfo a la libertad". 

"En vista de esto, el Exoraio. señor Representante, determinó una 
sesión que debía tenerse entre diciho señor, un ciudadano particu- 
lar y yo: en ella se nos aseguiró haberse dado ya cuenta de todo a 
Buenos Aires, y que esperásemos la resolución, pero que entiretaiuto 
estiuviéramos convencidos de la entera adhesión de aquel (robierno 
a sostener con sus auxilios nuestros deseos; y ofreciéndosenos a su 
noml^re toda, etla&e de socoiT'OS, cesó ¡por aquel instante toda so- 
licitud". 

"Marchamos los sitiadores a San José y allí se vieron precisados 
los bravos orientales a recibir el gran golpe qiie hizo la ¡pirueba de 
su constancia : el Gobierno de Buenos Aires ratificó el tTatado en 
iodas sus partes... y por él se entregaron ipiueblos enteros a la 
dominación de aquel mismo señor Elío bajo cuyo yugo gimieron. 
¡Dura necesidad! En consecuencia del contrato, todo fué preparado 
y comenzaron las operaciones relativas a é!". 

T.A inrir.nArTON' kk atasa iikl pitrblo ortrntal. 

Artigas, fiel a la disciplina, emprendió siu retirada de acuerdo 
■con las instrucciones reei'bidas, lamentando "la desgracia fatal de 

M. DK H. U. — 10 



146 KnT-Ani>0 ACEVEDO 

que lo6i orientales no tuvieíaii en la Jauíta de Bueuos Aires un re- 
presentante de sus inuprescriptibles derechos". 

Una 8orpi*esa le ag^uardaba. 

Véase en qué ténninoe la relata en el mismo oticio que venimos 
extraoíando : 

. ''En esta crisis terrible y violenta, abandonadas úas familiar, j>er- 
didos loB intereses, acabado todo auxilio, sin recursos, entregarlos 
solo a sí mÍ9nK)s, ;„qué podía eai>eran&e de los orientíiles, «no ijue 
luchando con su infortunio, cediesen al fin al ipeso de ellos, y víc- 
timas de sus mismos senitiraientos mordiesen otra vez el dt:ro fronn 
que con un impulso gloríoeo habían arrojado lejos de sít" 

"Pero. . , ellos se resuelven a dejar sus preciosas vidas aijt*^ .jin- 
fcobrevivii' al oprobio y la igTioniinia a que se les destiniai>a, y lle- 
nos de tan recomendable idea, firmes siempre en la {^audeza que 
los impuls<) cuando protestaron que jamiSs ;pi'estarían la necesaria 
exipreeión de su vohintad para saiicionao* lo que el Gobierno había 
i-atifiícado, determinaron gustosos dejar los pocos intereses qive les 
restan en el país, y trasladai'se con sus fatmilias a cualquier punto 
donde puedan ser libree, a ipesar de trabajos, miserias y toda clasi- 
de males". 

"Yo no seré capaz de dar a V. S. una idea del cuadro que pre- 
senta al mundo ila Banda Orienitjil desde ese momento: la sangTre 
que cubría Ins annas de sus bravos hij<.>s, recordó las .crríuides proe- 
zas que continuadas i>or muy poco más habrían puesto fin a su.= 
trabajos y sellado el principio de la felicidad más pura : llenos to- 
do? de esta memoria, oyen solo la voz de su libertad y unidos en 
masa raarolian carprados de sus tiernas familias a esperar mejor 
pro[)or(;ión (jmra volver a aus antiguas operaciones; yo no he per- 
donado medio aJgimo de contener el digno transporte de un entu- 
siassiu) ta>1; pero la inmediación de lias tropas .portuguesas disemi- 
nadas por toda la cam|paña, que lejos de retirarse con arreglo al 
tratado, se acercan y fortifican más y mtós; y la poca seguridad que 
fían en la palaba-a del señor Elío a este respecto, les anima de nue- 
vo, y determinados a no permitir jamás que su suelo sea entregado 
impiinemonte a un extranjero, destinan todos los instantes a reite- 
i-ar la tuTOtesta de no dejar las armas de la mano hasta que él n« 
haya evacuado c! país y puedan oUos gozar de una libertad por la 
Hue \ien>n derramar la sangre de sus 1pÍ'»« ví.cihi.Mi.li. <Mm v:il<ir s t 
iY)str6r aliento". 

"Ellos lo han i'esuelto. y yo veo que van a venüciuivt: c-uia tr.:i 
miro con admiración sus rasgos de heroicidad y constancia: unos 
qiíemando sus casas y loe muebles que no podían cx>nducir. otros 
caimoTiando leguas a pie por faitea do auxili'^'^ " '^"" i' >>>•''■ <-<>t.si|- 



MAIÍUAL DE HISTORIA URUGUAYA 147 

niklo sus cabalgaduras en e\ servicio: mujeres ancianas, viejos de- 
crépitos., .páiTulos ino<5entes aeonipañan esta marcha, manifestando- 
todos la mayor energía y rei&ignaeión en medio de todais las pri- 
vaciones" . 

"Yo illegaré muy en breve a mi destino con est« pueblo de héroes, 
y a la frente de seis mil de ellos q¡ue obrando como soldados de la 
Patria sabrán conservar sus glorias em cualquier (parte, dando con- 
tinuos triunfos a sox libertad: allí esperaré nuevaiS órdenes y auxi- 
lios de vestuarios y dinero y itrabajaré gustoso en prqpender a la. 
realización de sus grandes votos". 

Causas de la emigración del pueblo oriental, 

Toiin.s ius a (iv Ciliar i US de Artigas han ipaesto en duda la espon- 
taneidad con que las poblaciones rurales se incoiiporaban a da co- 
lumina en; marcha, y han invocado como prueba de ello, algunas 
frases de las "Memorias" del general Nicolás de Vedia. 

Es cierto qjuie el general Vedia dice que en el camparaento del 
Ajiií estaba toda la Banda Oriental, "porque es de sa.ber — agrega 
■ — <iue al alzamiento deil primer sitio, Ai-tigas arrastró con todos los 
habitantes de la camipaña"; que "sus comandantes amenazaban con 
la muei'te a los que eran morosos"; y que "no fueron pocos los que 
sufrieron la crueldad de los satélites de Artigas". 

Pero el ipiropio general Vedia refiere on otro ipasaje de sus "Me- 
morias" que Sarratea recibió orden de apoderarse de Artigas, pero 
que se abstuvo de cuanipilirla 'aporque temió qpe recayese sobre él 
la responsabilidad atentando contra im sujeto que ya entonces go- 
zaba de un renombre grande entre todos lo» pueblos de la unión"; 
y agrega, justificando sus palabras, que "el suceso de Las Piedras 
// la facilidad con que se había hecho seguir de los habitantes de untt 
inmensa campaña, ha¡bían conitribuído a vigorizar su fama". 

¿.Cuáíl de las dos afirmaciones delbe prevalecer: la que establece 
que Artigas ai'rastró al vecindario por medios violentos, o la que 
establece la espontaneidad de ese movimiento? 

El general Vedia que fo'rma.ba (parte deil ejército de Rondeau, se 
dirigió a la Colonia, con una división argentina de quinientos hom- 
bres, en busca de medios de transporte ¡para marchar a Buenos Ai- 
res. Y él refiere que juntamente con sus soldados subieron a los 
barcos ^^más de tres personas de todosi sexos, qnie huían de los 
godos, <K>mo ellos se explicaban". 

Q'uiere decir, ,p|Uies, que las p'Oblaeioues rurales no querían que- 
darse en territorio oriental y que las familias que estaban lejos de" 
la ruta de Artigas se incorporaban a Jas divisiones argentinas. 



14S EDUARDO ACEVEDO 

Ijo confirma el tioroiiel (Jláiceres, testigo presencial de los sucesos 
«n esta forma teniiimuite: 

"Se i-atificó, pues, el a.nnÍ8tieio, y se levantó el sitio de Mon- 
tevideo; el vecindario de la campaña abandonando sus clisas amue- 
bladas y todos sus haberes, siguió en proc<'SÍón a. Artigas de miedo 
a los españoles, y Artigas fijó su cam|po en el Ayuí, a inmediacio- 
nes del Salto, del otro lado del l'rnírn;iy. «-on cerca do nueve raiíl 
hombrt*" . 

Y también don Santiago ^'áz<^ue^, desde la tribuna del Congreso 
Oeneral Constitnvciilc do las Proviiu-ijis rnidas (leí Río de la Pla- 
ta en 1825: 

"Todos los (^ic «sí;!!! oh ;ipiu.i<i «ic iiian-iíai- mora do ia l^roviu- 
<'io y todos los que aunque hubieran de pasar por encima de gran- 
eles obsti'u'ulos, tenían bastante alma y firmejy» j>ara hacerí<i. siguie- 
ron la dirección del caudillo. Ya se ve de qué ip>restigio iiba cercado, 
y cómo en la angustia de loe qwe em¡¿rraban pesaba sobre el (Go- 
bierno su desgracia y las que arrastraba. Era el hombro de la 
época !" 

No era otro el lenguaje de los gobernantes de Buenos Aires. 

El general Vigodet.. Gobernador de Mointevideo, formuló el si- 
guient-e capítulo de agravios contra Artigas al finalizar el año 1811: 

Las di\'isiones orientales. Jejos de marchar para la (^olonia como 
las trojiíis de Rondeau. seguían oti'a dirección; Artiga»! an^astraba 
todas las propiedades de los vecinos; ipreparaiba elementos para 
una nueva guerra; iba levantando a la fuerza y con seducción a 
líis famijlias de la. cami)aña "de formn que ya no existía en (oda 
ella ni la <iuinta parto de sus habitantes". 

Léase ahora la contestación del Gobierno Argentin>. (luc llrva 
las firmas de Chiclana, San-atea, Passo y Rivadavia: 

"Art¡ga.s sigue sus marchas con destino a siituafse eii t-i t< rniojm 
de esta jurisíliooión, aunque el creí'ido número de familias que es- 
I>ontáneamen(e le sigue, o temiendo In dominación ix»rtnguesa o re- 
sueltas por qpinión a no someterse jamttís al gobierno do esa plaza, 
impide que se hagan aquéllas con la rapidez que fuera de desear. 
No está en manos de aquel general precaver la emigración de fami- 
lias y hacendados que le acomi>añan con los cortos bienes qiH» pueden 
salvar en medio de su conflicto". 

Repiíió Vigodet la denuiv'' ••■«"*•' \r,\.,^^ .>n c,, tnanifiesto de 
enero de 1812: 

"T41S familias han sido arrasir.idas u c ):i ciigañtís o a la fuerza y 
con ollas so han cometido toda clase de críjnenes: pueblos y estan- 
cias han quedado desiertos y todo el campo asolado; es seguro que 
casi no se hallará ejemplo de ferocidad y barbarie que (xueda com- 
ida rarse a la conducta de Artigas y del tropel que le sigue". 



MANUAL DE HISTORIA URUGUAYA 140 

Pero la explicación del éxodo volvió a darla el Grobierno de Buenos 
Aires, atl reiterar el propósito de proteger a Artigas y al pueblo que 
iba con él, iporque no conceptuaba justo ** abandonarlos a los furores 
de un extranjero empeñado en realizar conquistas contra iodos los 
prineiipáos del derecho de gentes", 

'^V. S. no crea — concluía el Gobierno Argentino — que ia cam- 
paña se tranquilice mientras existan en el territorio los portugueses. 
Sius vecinos ven sos fuerzas, conocen sus miras, no hallan en esa 
plaza un ejército que los conlenga, temen y huyen desjpavoridos a 
refugiarse en la división del General Artigas, abandonando sus hoga- 
res hasta que cesen sus justos recellos". 

La causa culminante expuesta por el mismo pueblo oriental. 

En ed Archivo General de la Nación Argentina existe una reipre- 
sentación del pueblo oriental que aleja toda duda acerca de la espon- 
taneidad de la emigración. 

Está datada en el campamento del Sallo el 24 de diciembre de 
1811 y tiene un encabezamiento que dice así: "los vecinos de la 
Banda Oriental unidos al ejército al mando del señor coronel Artigas,, 
representados por los que suscriben". 

'Hablan en ella los mianda.tarios del pueblo de la conveniencia de- 
señalar el Arroyo de la China como punto de concenitración de las 
familias orientales; hacen algunas referencias a la guerra contra el 
dominio español, a la invasión portuguesa y al tratado de octubre 
inspirado, ail iparecer, en el deseo de asegurar la vida, los intereses 
> la tranquilidad de ilos orientales comprometidos en la contienda 
armada, ,pero obligláindoles a marchar, "pif>r la senda de la humilla- 
ción", y concluyen así: 

"¡Qué distiinte estaría V. E- de creer que cuando se afanaba por 
proporcionarles mi asilo de seguridad, pag'ándoilo acaso al precio de 
no pequeños sacrificios, ellos se afanaban por proporcionarse un 
asilo de libertad, desde el centro de las desgracias! Aquel voío 
conti'a la tiranía nada se había deibilitado por sus ventajas siempre 
efímerais, y todo era mejor para los orientales que encorvarse de 
luievo bajo un yugo odioso. Si era ipreciso que su territorio fueita 
dominado por un gobierno despótico, disfrute él enliorabuena los 
pingües bienes que multiplicados afanes les habían prioporcionado; 
pero jamiás esperen los ministros del terrorismo, que bajo cualquier 
forma que se disfracen serían .soportables a ilos exponeutes; sea cual 
fuera la suerte que les pi'epare el destino, les detesitan de corazón^ 
les huirláhi siemipre, y en tanto que en aügún painto de la América 
respiren las almas lilbres, desde allí esperarán constantes el triunfo^ 



150 EDUARDO ACEVEDO 

■^e la justicia: así lo han verificado los que se presentan, y atro- 
pollaiMlo dificultades casi invencibles han segundo las marchas del 
■ejército hasta este punto". 

Al pie de esta representación, que era todo un proceso del armis- 
ticio y del levantamiento del sitio, escribió el Gobierno de Bneoos 
Aires : 

"Avísese al (reneral Artigas que haira saber a las familias emi- 
gradas, que el Gobierno tiene mny presente su representación do! 
24 de diciembre, para j)»roveer a su alivio y al premio de su heroico 
y disting-uido (patriotismo". 

Nada más necesitamos agregar ¡para que quede demostrado irre- 
fragablenienlc. que el movimiento emigratorio obedecía al jirestigio 
JiK-otmparaWe 4k'l Jefe de los Orientales y de la causa que él sus- 
tentalba contra los españoles, contra los portíigiieses y contra el Go- 
bierno de Buenos Aires. 

La Banda Oriental en masa, se transportaba así a la costa argen- 
tina, a la espera de una nueva y vigorosa campaña contra la dicta- 

.dura de Buenos Aires; contra el coloniaje español que tenía su ba- 
luarte en ]\Iontevideo ; y contra la conquista iwrtuguesa que, después 
■<le habeise absorbido valiosos y dilatados territorios que histórica y 
geográficamente pertenecían a Montevideo, pretendía clavar sus ga- 
rras en el ¡pedazo de tierra que todavía estaba libre. 

I^ Banda OrieJital en masa, hemos dicho. Y no hay exageración. 

>c¡ertanieJitc. Ejl general Souza, jefe del ejército jK)rtug»iés, declaraba 
a su Gobierno en oficio datado en la barra del arroyo San Francisco, 
a medijidos de junio de 1812, que en la ciudad do Paysandú vivían 
dos indios viejos, como únicos i>obla3ores! 

£1 Gobierno de Buenos Aires contra Artigas. 

Tjos orientjiltt» querían, pues, qnedanst» en .*!U Provincia '\'mm com- 
batir contra los portugueses y contra los espaiíoles; q\ierían ser 
oídos en \t» negociaciones con «1 Virrey Elío; querían tener un 
represen tjín te en la Junta Gubernativa, para asumir la defensa do 
.-US deixvlios . 

Y mientras retrocedían de la línea .'sitiadora » San José a la 
espera de una anunciada rost>lución favorable a esas pretensiones, 
les illegn la noticia de la celebración del tratado que entregaba al 
Vín'ey toda esa luyoica noblación rural que desde la costa del 
arroyo Aísencio hasta las muralla.*» de ^íonlevideo, había ido co- 
rriendo a los veteranos españoles, sedientos ahon» de represalias 
vensradoras. 

Bn medio de la deeeeiperación general de ía camipaña, Artigas es 



UAXUAL DE HISTORIA URUGUAYA 151 

aclamado Jefe de los Orientales y hacia su campamento convergen 
todos los habitantes rurales, con sus mujeres, con sius hijos, con sus 
muebles, resueltos a reanudar la lucha más adelanto y por el mo- 
mento a colocarse al abrigo de las gaiTas de los españoles y de los 
zarpazos de ilos iportugueses . 

Intentó la Junta al principio conjurar esa emigración en masa, 
que era la apoteosis del Jefe de los Orientales. 

El mismo Artigas ha referido los medios puestos en, juego para 
conseguirlo, en un oficio que dirigió a S arratea al año siguiente: 

"¡Qué no hiíso el gobierno mismo (para eludirlo! Se me figuraban 
en número excesivo las tropas pontuguesas que cubrían a Paysandú; 
se me acordaban los movimienitos a que podría determinarse Mon- 
tevideo; y por íáltimo, para inutilizar nuestros esfuerzos, se tocó el 
medio inicuo de hacer recoger las armas de todos los pueblos 
de esita Banda, y se circularon por todos lados las noticias mlás. de- 
gradantes, ti'atándosenos de insiirgentes . Nada bastó para arredrar 
nuestro ánimo resuelto, y seguimos nuestra marcha siempre sobre el 
Uruguay, sacando recursos de la inaposibilidad misma para aquel 
empeño" . 

Pero como a despecho de todo, la población uruguaya seguía el 
caraiino de la emigración, tnvo que reaccionar el Gobierno de Buenos 
Aires. 

En vez de ¡perseguir al Jefe de los Orientales, ratificó su mandato 
de origen papular; le nomlbró, ademiás, Teniente Gobernador del de- 
partamento de Yapeyú; y permitió que continuara bajo su mando 
el ouerpo de blandeng'ues de Montevideo y un pequeño parque com- 
puesto de 8 piezas de artillería y un repuesto de miuniciones . 

Artigas se apresuró a aceipitar el nombramiento el 31 de octubre 
de 1811. 

''El oficio de V. E. — 'decía al Gobierno de las Provincias Unidas — 
ratificando la elección que en mí hicieron estos dignos hijos de la 
libertad, em[peña mi reconocimiento de una manera imprescriptible". 
Y ajproveohaba la oportiunidad para trazar en estos términos el 
cuadro aflictivo de ila población en marcha: 

"Nunca podré dar a V. E. una idea que pueda conducir al cono- 
cimiento de lo añiotivo áe su estado: básteme decir que sólo ellos 
pueden sostenerse a sí mismos: sus haciendas iperdidas, abandonadas 
sus casas, seguidos a todas partes no del llanto, pero sí de la indi- 
geincia de sus caras familias: expuestos a las calamidades del tiempo, 
desde los primeros instantes en que resonó en esta Bawla el nombre 
augusto de la libertad, sin haber recibido en este gran período otro 
auxilio, otro pret que sólo cinco pesos; poíbres, desnudos, en el 
seno de la miseria, sin más recurso que embria^-arse en su bri- 
llante resolución". 



152 EDUARDO ACEVF.DO 

La reawióii del fJobiciiio de Buenos Aires era un siinpile parén- 
lesi.s en la oaunpaña contra el Jefe do los Orientales, spirniíln v 
a clamado por todo su puebl<i. 

Apenas llejrara a la costa ai-fiitiii:i. v;i se iH'^M'üría el iu:olpe en 
f onna más eficaz . 



CAPITULO XVI 

VIOI^ACIÓN DBI/ TRATADO D^ OCTUBRE D^ 1811 

De quién fué la responsabilidad. 

Ni) fueron civmiplidas íntegrameDte las cláíusulas del tratado de 
1811. El ejército portugués permaneció en d territorio uruguayo, 
y, como conisecueneia de ello, volvieron a eaeontrarse en guerra el 
Gobierno de las Provincias Unidas del Río de la Plata y las auto- 
ridades espiañolas de Montevideo. 

¿De quién fué la responsabilidad! 

Según los liistoriadores antiartiguistas, del Jefe de los Orientales. 

Pero la documenitación histórica demuestra que la cudpa corres- 
ponde a los portugueses invasores. 

El testimonio de las autoridades argentinas. 

Se alejaba Artigas tranquilamente de San José en dirección 
a la costa del Uruguay, ]jara situar su cam^iTamento en territorio 
argentino, ciiando recibió un oficio del Golbierno do Buenos Aires, 
anunciándole que "los portugueses, lejos de hacer movimiento algtmo 
retrógrado, se sabe que lo han hecho progresivo", y que era nece- 
sario que brescase el acuerdo con las tropas del Paraguay. 

Artigáis envió en el acto al Paraguay al capitán Arias, con un 
]ii1ieg(> de insitruceiones que. entre otras cosas, decía lo siguiente: 

"El ejército sigue sus marchas. E(l portuigués extienide sus: parti- 
das hasta nuestras inmediaciones. Roba y saquea escandaloísamente 
por todas partes". 

Al finalizar el año 1811, tuvo oportunidad el Gobierno Argentino 
de denunciar al Gob^ernador de Montevideo esa violación del tratado. 

"Rl ejército portugués, le decía, lejos de haber reitrogradado uní 
línea, ha recibido auxilios y continúa sus escandalosas lusuripaciones 
f;n las haciendas de esa campaña, mientras que nuestras divisiones 
an>iresuraron sus marchas a esta capital y al tenitorio de nuestra 
jurisdicción". 



irt4 EDUARDO ACE\*ED() 

Casi eu esos misiiiios momentos llegaba Artigas al Salto Gi'aude. 
y era allí atacado iK>r los portugueses,, viéndose obligado a des- 
prender una fuerza para batir a Jos atacantes y proseguir el pwisaje. 
Del i>a.nc que divi'>¡''' "I n. .).;..,-.,.. ,i.. t>,, ,,.,,,>,. \;,;.^ ,•...,, i..,., j.,., 
siguientes hechos : 

Que desde loe :pi'iui.cTtJíí ilius ik- ilicieiabrc úabiü ciupozado ol 
pasaje a la costa ai^ntina; que los portugueses continuaban su 
nioviuíioiiro de avance, con estaJblecimiento de cuarteles en el Gu«- 
leguay. en el AiToyo de la China y en la villa de Belén; que los 
orientales oer(!ados por todas partes, y sin ailimentos las familias 
<\uo aíTuaivlaban su turno ]>ara pasar el río, se hailnan visto en la 
necesidad de rechazar a las fuerzas portuguesas instaladas cu Belén. 

El Gobierno Argentino se dirigió a su turno a la autoridad espa- 
ñola de Montevideo pi'.ra denuuciai'le *'la conducta esc-andalosa de 
las divisiones portuguesas, que con siuí agi'esiones habían ijwecipi- 
tado ya nuestras armas a todas las consecuencias de un rompimiento", 
y }>etlirle, a la vez, su concurso para *'cons^uir del general 
portugués que suspendiendo toda hostilidad y retirando sus tropas 
■ de aquellos puntos, deje a Artigas en libertad jvira j>asar el Uruguay 
y situarse en el territorio de esta jurisdicción como está mandado". 

Y escribió a Artigad jnanifestándole el temor de que los portu- 
gueses y los españoles (pudieran renovar sus hostilidades en los ríos 
Uruguay y Paraná, y aniiaiciáaidole e] envío de tropas veterana}- 
para reforzar las divisiones orientales. 

"El Gobierno, concluía el oficio, cstfcí satisfecho de los conocimien- 
tos, actividad y celo de V. S. por la Ciuisa do ila Palria". 

En una s^und.ti nota, le avisaba que enAarcadas ya !;í., ,..,..,., 
expedicionarias coai deistiuo a Santa Fe, «ae había }vre»entado la escua- 
drilla española con órdenes de Yigo<leí ]>ara auxiliar a los j¥>rln- 
gueses; que la marcha tendría que hacei'se por tierra; y que, <'iii re- 
tando, adoptara providencias contra una divisióu de mil doscientos 

portugueses q" '-"'i'-- ■•';■'■ '" \r..i,i^..".i •'■••••íio do atacar a 

his orientaile?^ 

La escuadrilla española ioruiali//». cía reía; i lo, t-l b!oi|ueo del jiuerto 
de Bíienos Airet» y con tal motivo el Gobierno Arjrnliuo dirigió ui¡a 
protesta en que reiteraba su absoluta buemí ciunpliuiiento 

de lo paotado. 

"Todo el mundo, le decía, e» testigo que mientras por nuestra 
pal'tc «e cumplían l.^s condiciones estijndadas, no daban los pt)rt.ii- 
guesos ni aún señal de retirarse, que era el objeto nmmordial de 
nuestras negociaciones. El ejército de la patria levantó el sitio sin 
la menor denaora; la mayor iparte de su fuerxa vino a esta capital y 
una pequeña división al mando del General Artigas marclió a pasar 
.1 1] 1 riy. para defender a los pr.icWos de las Misiones de nuevos 



HANUAL DE HISTORIA URUGUAYA 155 

. insultos- La animosidad de los portugueses le puso en la dura 
precisión de rechazar uno de sus destacamentos. . . Los portugueses 
han avanzado a nuestro territorio de mala fe". 

A fines de abril de 1812, hablaba así el Gobierno de Buenos 
Aires al general Souza, jefe de las fuerzas invasoras : 

"Parece- que el ejército de V. E. aunque entró con el título de 
pacificador, toma el carácter de conquistador bajo las insinuaciones 
de 'los jefes de Montevideo, y con el ¡pretexito de asegurar los dere- 
chos eventuales de la serenísima señora infanta de España Doña 
Cariota; todos los partes y avisos anuncian que V. E. avanza a 
nuestro tenitorio, trata como enemigos a nuestros eomipatiiotas, hos- 
tiliza nuestras partidas, y se dirige a batirse con nuestras divi- 
siones". 

Ei testimonio de las -autoridades portuguesas. 

La "Gaceta de Montevideo", publicaba al mismo tiemjpo un docu- 
mento oficial demostrativo de que el ejército portugués no limátaba 
sus ataques al territorio uruguayo. 

Es un oficio ide mayo de 1812 en que el coronel Chagas Santos 
expresalba que habiendo tenido noticias de que las tropas de Buenos 
Aires se reunían oon áinimo de invadir las Misiones portuguesas, él 
había cruzado con sus fuerzas el río Uruguay a la altura del Paso 
de Santa Anna, matando, doscientos treinta homibres en el pueblo 
de Santo Tomé, destruyendo todos los edificios 'de ese pueblo y al- 
zando el ganado vacuno y caballadas de las inmediaciones. 

El vizconde de San Leoipoldo, que formó parte del ejército del 
general Souza, refiere en los ténninos que extractamos en seguida 
la invasión ai territorio uruguayo: 

D<>spuÓ3 de la batalla de Las Piedras, el Virrey Elío solicitó 
el apoyo de los ipiortugueses, organizándose con tal motivo en Bagé 
una división de tres mil hombres que tomó la fortaleza de Santa 
Teresa, y siguió en dii-ección a Maldonado. A esa altura de la 
campaña, libaron oficios del Virrey Eilío, anunciando la celebración 
de un tratado con Rondeau, y pidiendo vivamente el retiro de las 
ti'opaí; portuguesas. El general Souza, ''no accedió a las instancias 
de su aliado" . 

Rondeau se embarcó para Buenos Aires. Pero Artigas, que so 
llevaiba por delante a las (poblaciones de la campaña, agredió a los 
portugueses, dando lugar a ila reanudación de las hostilidades. El 
ejército de Souza ise dirigió entonces de Maldonado a Paysandú, 
en buscA de los orientales y marchaba de triunfo en triunfo cuando 
llegaron, en junio de 1812. órdenes de retrogradar a la frontera. 



]')(') Kltl'AUnO AOEVEDO 

«^iiiiiiiadas del Agtíiite DijikMiííltico p<)rru<racs. Radoniaplior. eonio c^^ii- 
:iecueiu'ia <le un nuevo amiistieio con la Junta de Bucikjs Aires. 

(,^ierra su relato el vizconde de San I^eopoldo con estas pala.bn<.« 
reveladoras del plan do eonquisrta qne traía el ejército j>orttig:iiés: 

"Supe iK)r pei"Sona Hdediiína (jue el Koy Don Juan había mani- 
festado que los dos sucesos que más ile habían hedió sufrir durante 
su estada eu Río de Janeiro, eran la muerte de sn «)bniio il infnntt» 
Don Pedro Carlos y e»te desairado annisticio'' . 

El histoiñiidoi" Pereyra <la Silva declara que d yiiiorai >(>u/a 
"vacikV antes de acceder al retiro de sus trupas; que diri.aió un 
oficio a la Junta de Baienos Aires con diversas observaciones relati- 
vas alguna* de ellas a la adtitud de Artigas contra los destacanwntos 
iportugueses : que mientras se producía este cambio de nota^ el 
ejército .portugués marchó en direcí'ióii a Pav'samlú. obligó a Artigas 
a vadear el río I-ruguay y destruyó las poíWaciones de Yapeyú y 
de Santo Tomé; y suministm el siguiente dato que basta y sobra 
para demostrar que el iiipinupliraiento del annisticio no radicaba 
en Artigas: 

La j)rincesa Carlrtta. que tenía conocimiento de una conspiración 
de los españoles en Buenos Aires, había consísruido que el príncipe 
r^nte transmitiera órdenes reservadas al general Souza para que 
se puíiiera de acuerdo con "N'igodet. y «se demoriíse en la Randa 
Oriental si los generales ee^pañolee así lo exigían, 

Pereyra da Silva reconoce también que el ivnneipe regenite reprobó 
públicamente la orden de retixígrndar a la frontera que había dado 
el diplonuático [wrtuguée al general Souxa, aún cuando tuvo que 
ratiñcarla j>orque ya había tenido cumplimiento. 

Otros testimonios de contemporáneos. 

Kl D«ín Piuies, al ocuparse del tnUado de octufore de 1811 ha 
escrito estas palabras que arrojan toda la reísponsabilidad sobre los 
portugueses : 

"Ijiv buena fe iii\elaba los i»as<»4 del Gcfcierno. al mismo tiem^io 
que la perfidia los de este enemigo solajifldo. T'na invasión osean - 
•«lalosa de su parte abrió de nuevo el teairo «le la guerra, y dio 
<K«as¡6n a las tropas del General Artigas para darles a entender qu«' 
nadie las ofendía impunemente. Tjas miras portngui'sas parece que 
eran un objeto desK'onopido ipara Montevideo. Por su iufVují» sc- 
dudor. ella rompió el tratado y renovó el Wtxpun» del puerto". 

El cfíronel Echeandía, otro testigo presencial de los sucosos, (esta- 
blece en sus "Apuntes Históricos, que una división ]->ortugueff:i 
rrrcbató Ins caballadas de las ftierzas orientales en el Salto; que 



MANUAL DE HISTORIA URUGUAYA 157 

Arli,^as dispuso eiilonees el pasaje de las familias a Ja costa entre- 
iTÍaua; que habiénidose aproximado nuevamente los portugueses y 
dispersado parte de las milicias orientales, ¡se resolvió en junta de 
oficiales, que un cuerpo de mil hom!bres saliera a su encuentro y 
los batiera, como en efecto lo hizo, ^pudiéndose continuar así el pa- 
taje a Entre Ríos. 

Artigas se instala en la costa argentira. 

Es couicluyente, como se ve, la demost^ración histórica de que el 
in.eumpjiraiento del tratado de 1811 no es imputa'ble a Artig'as, y 
¿í a los portugueses. 

La marcha de la división oriental tenía que ser lenita, (porque la 
distancia a recorrer era larga y el núcleo de familias que iba en 
pos del ejército obligaba a hacer continuos paréntesis de descanso. 

Pero era una marcha correcta e invarialblemente en dirección al 
Salto, por donde debía realizarse el pasaje al territorio entrerñano, 
como efectivameoite se realizó ail finalizar el propio afio' 1811. 

T.oc?^ portug'ueses, en eamlbio, lejos de retrogradar a la frontera, 
S€ extendían a todo el 'territorio uruguayo, obstaculizando la marcha 
pacífica de los orientales, con asesinatos, saqueos y ataques directos 
a la misma coil arana que Artigas hacía pasar a la costa argentina. 

Y conitinuaron así hasta mediados de 1812, atacando a los pocos 
pobladores que habían quiedado, consumando el saqueo de los ganados, 
y dirigiendo zarpazos a los mism>os pueblos de la costa argentina. 



CAPITULO XVII 

I^UCHA ENTR^ ARTIGAS 

Y nh GOBIERNO DB BUENOS AIRES- 



Artiga en su campamento del Ayni. 

Aciiibíiba <le iik>l*ilart>e Aríigas eu el Ayui, cuando llegó a su 
lie eaiu]>afia, en viaje de iiiiipee<:ión, el general don Nicolás de \ - ;.. 

Véase cómo refiere el objeto de su viaje el propio general Vediu : 

''Diré, por lo que pueda valer al objeto que aquí me propongo, 
que luego qne llegué del .primer sitio a Buenos Airee, mo nombró 
el Gobieino paia que' fuera a explorar las intenciones de Artigas y 
i. examinar la naturaleza de sus elementx)s de guerra. Eci cinco 
días anduve 185 lejruas para llegar al paraje en que Artigas eslaba 
acampado tsobre la <50sla dal Uruguay. Dos me detuve con éste en 
largas conversaciones y en otros cinco estuve en Buenos Aires, e 
informé al Gobierno que Anigas manifestalba los mejores sentimien- 
tos con respecto a volver sobre Montevideo, y que sus soldíuips ma- 
niobraban diariamente y hacían ejercicios de fusil y carabina oon 
unos palos a falta de estas armas, y por último que cuantos le se- 
guían daban muestras de un entusia«<nio el mi!U«< dii^idldo contra los 
godos" . 

"La vivewi con «jiu- |»iiilé al Gobierno hiü bueii;u^ (iis]i(ks;< luiit»» 
que yo había notado en él. fué oída con sombría atención, y dos- 
j-ués supe que el Gobierno no gustaba que se hablase en favor del 
caudillo oriental, pero yo había de6ein\f>eñado mi comisión con fran- 
queza y sin doblez alguna y así nada se me dio de la errada polí- 
tica de la administración". 

Artigas preparaba sus soldados para la nueva campaña contra 
los' españoles y portugueses, dentro de un régimen de absoluta de- 
pendencia del Gobierno de las Provincias Unidas. Nada había que 
objetar de ese punto de vista. Pero el Gobierno habría preferido 
encontrar juret^xtos /pera enjuiciar al estadista cuyas ideas tanta 
íilarma habían causado en Buenos Airee! 



MANUAL DE HISTOKIA ülíUCÜAYA 159 

Tal es el espíritu del relato del genei'ail Vedia, relato de alta im- 
poiitadi<;ia, como que emana de un advei"sario decidido de Artigas. 

Oigamos a otro testigo presencial, el capitán paraguayo don Baor- 
tolomé Laguardia, enviado por la Junta Gubernativa de la Asun- 
ción en marzo de 1812 para conferenciar oon Artigas: 

"Toda esta costa, del Uruguay está poblada de familias que sa- 
lieron de Montevideo; unas bajo las carretas, otras bajo los árix^les, 
y todas a la inclemencia del tiemipo, pero con tanlta conformidad 
y gusto que causa admiración y da ejemplo. La troipa es buena y 
bien di'scipilinada, y toda gente aguei'rida, la mayor parte eompiues- 
ta de los famosos salteadores y gandíos que corsaron estos campos, 
pero subordinados al General y tan endiosados en él que estoy se- 
guro que no ban de admitir otro jefe en caso que Buenos Aires 
quisiera substituir a éate. El General es hombre de entera probi- 
dad, parag'uayo en su sistema y pensamiento, y tan adieto a la 
Provincia que protesta guardar la unión con ella aún rompiendo 
oon Buenos Aires, (por tener conocidos los sinceros sentimientos del 
Gobierno de aquélla y malignos del de ésta". 



La justicia artiguista en el Ayuí. 

El testimonio del general Vedia y el del eajpitán Lag-uardia, va- 
len más, mucho raás que las afinnaciones enteramente calumniosas 
de algunos hi-gtoriadores posteriores, que presentan el campamento 
del Ayuí como un foco inagotaWe de crímenes, de inmoralidades, 
do corrupción y despotismo. 

En e! riquísimo Archivo General de la Nación Argentina, no 
existe un solo documento acusador, y en camlbio fíjgiuran muchos 
que reflejan el ambiente de orden y de patriotismo deil campamento 
en que se concentraba realmente la Ban.da Oriental. Vamos a ex- 
tríMjtar el contenido de algunos de ellos. 

AI tiempo de cruzar el Uruguay para establocei-se en el Ayuí, 
se vio ombligado Antigás a ordenar el fusilamiento de "tres desgra- 
ciados confesos y convencidos de haber cometido varios robos y 
violencias"; y decía con tal motivo al Gobierno de las Provincias 
Unidas : 

'''Mi ¡natural aversión contra todos los ci'ímenes, particularaniente 
hacia el horrorosio del hurto, y el interés que he concebido de que 
en este ejercito, compiuesto generalmente de ciu.dadanoe virtuosos, 
no se mezclasen los vergonzosos desórdenes que acarrean los male- 
vos, me han movido a "tomar todas ílas providencias convenientes 
para evitar esita clase de males; pero como no es posiíble infundir 



160 EDUARDO ACEVEDO 

sentimienUw; reotos a i'as almas habituadng a una eriniinal arbitra- 
riedad y oboecadiis en su** errores, y iiwr desgracia no se consigue 
i-eunir ivna multitud de hombres donde presida la virtud, nada ha 
sido bastante para cortar ile raíz los vicios antes de satisfacer a la 
justicia por medio de un castigo doloroso en su ejecución como útil 
en sus consecuencias". 

Artiíjas dirigió, a la vez. uu bando al ejército, del «^ue envió co- 
pia al Gobierno. Léase inio de sus jwrraftwí: 

"Si aún queda alguno mezclado entre vosotros que no abrigue 
sentimientos de honor, patriotismo y humanidad, que huya lejos del 
ejército que deshonra, y en el que será de hoy miás eserupulasii- 
mente i>er.s<^nido ; que tiemblen, pues, los malevos y que estén to- 
dos pei?:aiadidos de que da iixflexilble vara de la justicia, puesta en 
mi mano, castigará los excesos en la ipei'sona que se encuentre; na- 
die serú exceptuado, y en cualquiera sin distinción alguna se repe- 
tirá la triste escena que se va a presentar al público, para temible 
e<scamiienlo y vergüenza <le los malevos, satisfacción de la justicia 
y seguridad de los buenos militares y beneméritos ciudadanos.". 

Líiego de instalado en su campamento del Ayuí volvía a dirigirse 
Artigas al Gobierno de la.<< Provincias Unidas, para comunicarle Ja 
ejecución de otros dos delincuentes: 

**En odio al crimen, determiné y ftrnvé la sentencia de muerte que 
incluyo con el sumario... Vi el sentimiento de la humanidad, pero 
respeté el grito de la justicia". 

He aquí la sentencia que acompañaba: 

"(.'onfronlando los cargos y contestaciones de ambos, en que re- 
sultan plenamente ooíivencidtK del asesinato perpetrado por ellos 
de don Antonio Rivero, con robo y ailevosía, se^ún consta de decla- 
ración de aiulx>s reos, les condeno a que sufran la pemx capital, y 
resi)ei*to a no halber jvoporción para que sean ahorcados según 
previenen las ordenanzas, ncindo sean pasadas ixn- las anuas en l;i 
forma prevenida a la alevosía del hecho". 

Tal es la índole de h>s document<is que obrim m ci .Vicinvo lii' ¡a 
Nación Argentina: do<MUivenl<>! reveladores del ambienite de c<>rrec- 
ción. de respeto a los i)roce<lini¡entos i>enalcs, de hoiror al crimen 
C|Ue existía en el campamento del Ayuí, y que pulverizan todas las 
calumnias amo«ntonadas para an^ancar a Artigas de su alto sitial y 
convertir el territorio accidentalmente (M*upado por los orientales 
en un verda^lero intiei'uo de a8esina(t«is, de i"obos, de violaciones, 
pr^ididas, ejecutadas o toleradas p<n' el General en Jefe, 

Y hay que recordar d estado de angustiosa miseria en que vivían 
esas quince o veinte mil ipersonas a.^domeradas en el Ayuí a la es- 
pera do la reaiiudación de la lucha contra españoles y portugueses, 
para graduar todo el valor de las (j>alabi'as elogiosas del general Ve- 
■ uiñ y del capitán Laguardia. 



ÍIANüAL DE HISTORIA URUGUAYA 161 

En el Archivo de la Nación Argentina figura un oficio del Jefe 
<de los Orientales al Grobienno de lias Provincias Unidas, fechado el 
Uiisnio día de la ejecución de los dos asesinos de Rivero, que exte- 
rioriza el admirable ambiente de miseria, de orden y de patriotis- 
mo del vasto campamento del Ayuí, bajo forma de un soldado que 
Uoi-a de 'tristeza al ver que otro oomjpañero fuma y que él no puede 
imitarlo; pero que al sentir pasos y encontrarse con Artigas, enitra 
en uii estado de franca alegría, temeroso de que isai jefe vaya a 
ereea* que le faltan eiiitusiasmos para volver al caraipo de batalla! 

He aquí el icuadro que traza Artigas: 

"No se pueden exipiresar las necesidades que todos padecen, ex- 
puestos a la mayor inclemencia, sus miembros desnudos se dejan 
ver por todas parttes y un poncho hecho ,pedazos, liado a la cintu- 
ra, es todo el equipaje de astos bravos orientales". 

"He sido testiguo de las miáfe tristes expresiones de sus privacio- 
nes... ¡Qué rato tan cruel, Señor Excelentísimo, al ver correr las 
lágrimas de uno de esos héroes que observaba con la naayor aten- 
ción a otro compañero fumando, y reprimirlas ostentando ila ma- 
yor alegría al sentir que me acercaba!" 

Preparativos para la reanudación de la guerra. 

Las prevenciones del Gobierno de Buenos Aires contra Artigas 
sufrieron un iparéntesis en marzo y abril de 1812, bajo la presión 
de la actitud cada vez más amenazadora de los portugueses y de 
los españoles. 

Fué reforzado con tropos y material de guerra el campamento 
del Ayuf. quedando así habilitado el ejército para volver inmedia- 
tamente al territorio oriental. 

Artigas, qiue ya consideraba inminente la reanudación de Ja gue- 
rra. ?e dirigió al Gobierno Paraguayo isolicitando una columna de 
500 .soldados "'para ayudar a la toma de los pueblos orientales de 
!Mi=iones". y hacía a la vez este llamado a los que habían abando- 
nado las filas del ejército: 

"Don José Artigas, coronel de blandengues orientales, Teniente 
Gobernador dej departamento de Yapeyú y General en Jefe del 
ejército patriota destinado a la Bamda Oriental... a los deser- 
tores : 

"El día de gloria se acerca: venid a formar parte en las filas que 
habéis abandonado... Yo os llamo a nombre de la sociedad que 
ultraja.«íteis con vuestra deserción y os juro solbre mi honor que ella 
solo es recordada para manifestaros este decreto de clemencia... 

M. nK H. u.— 11 



l62 EDUARDO ACEVEDO 

lado, tpai'a asegurar el ilaurel que ciñe vuestras cabezas... Yo me 
olvido de todo y os convido a ser libres. Corred a saludar esta épo- 
ca suspirada por nuestros paisanos". 

Desabordante de alegría escribía a don Elias Galván. Teniente- 
Gobernador de Corrientes: 

"Saludemóí el momento grande que ha sido por tanto tiempo el 
objeto de nuestros dignos votos. Ya voy a abrir la camjpafia . . . 
Vamos, paisano, demos ahora un nuevo pábulo al ardor sanio quo 
hemos alimentado, miremos cx)n un placer respetuoeo este instanlo 
que hemos apetecido, que marca el ijirimer período de nuestro ti-áu- 
sito a la gloria inmortal". 

El 'plan qme Artigas í^ometió a la aiprolmción del Gobierno de 
las Provincias Unidas, consistía en la ocupación ii>miediata de jun- 
bas miárgenes del río T^niguay, reconquista de lias Misiones orien- 
tales y establecimie-nto del cuartel general en Santa Tecla, como 
medio de que los porit«gueses desalojaran el tenñtorio nrncunyo \- 
aeudieran a la defensa de sus propios interesas. 

"Todo esto, (prevenía Artigas en su oficio, es bajo ^ i r..i!<< (.n. lii- 
que V- E. quiera sean atacados los portugueses, porque de otro modo 
si V. E. sólo aspira a qne se retiren, yo marcharé luego a Monte- 
video que al instante abrirá sus puertas y no sena menester la san- 
gre para levantar en medio de eVa el pabellón sagrado". 

Los portugueses proponen un armisticio. 

l'ero los preparativot; contra los portugueses quexlaron cruzados 
1 or la ditplomacia inglesa que obligó a ila r«)r!te de Río do Janeiro 
a despachar al coronel Rademacher en misión de ijiaz. 

El enviado ll^ó a Buenos iVires a fines de mayo de 1812, y ou 
el mismo día de su arribo propuso y firmó con la garaivlía de la 
Gran Bretafia lui tratado cuyas cláusulas sustanciales pueden re- 
sumirse así : 

Cesación de hostilidades; armisticio por tiempo ilimitado; retín» 
<le las tropas "dentro de los límites del territorio de los Estados 
respectivos, entendiéndose estos límites aquellos mismos que se 
reconocían como tales antes de empezar sus marchas el ejércit'» 
iportugués hacia el territorio español". 

El general Souza, a quien fué comunicado el annisticio, hubo 
de oponerse al (principio a su ejecución y luego opl/) por demorar 
el cumplimiento hasta metliados de sep^tiembre. 

De todos modos, ya estaba descontado el j>eligro portugués, y en 
el acto Artigas empezó los preparativos para la reanudación del 
eitio de Montevideo. 



MANUAL DE IIISTOEIA URUGUAYA 163 

El Gobierno de Buenos Aires desorg aniza ei campamento 
oriental. 

De pronto llega al eanupiamento uruguayo don Manuel de Sarra- 
tea, representante del Gobierno de las Provincias Unidas; se hace 
reconocer como Generad «n Jefe; y arrebata las tropas veteranas 
de Artigas. 

¿ Qué es lo que había ocurrido? 

Cuando los portugueses preparaban su ataque solbre las costas 
del Uruguay, los españoles avanzaban por Salta y Tucumán, mul- 
tiplicálndoise en forma alarmante la supei-ficie y los ¡peligros del 
teatro de la guerra- Bn esas condiciones, Artigas resailtaba un fac- 
tor irreemip'lazable. Con el refuerzo de pocas tropas veteranas y de 
un parque regular podía desafiar a los portugueses y actuar sobre 
]Montevideo, reservando el Gobierno todos sus demás elementos 
contra la invasión española de que estaba amenazado por el Norta- 

Pero obtenido el annisticio de 1812, volvía a ocupar el primer 
T'ango el obeesáonante problema de la organización insititucioaial 
del Río de la, Plata. Artigas seguía inisdstiendo en la necesidad 
de una constitución y la oligarquía de Buenos Aires no quería 
admitir limitación alguna a sus facultades. Artigas seguía insis- 
tiendo en la organización federal, con la vista fija en el modelo in- 
superable de los Estados Unidos, y la oligarquía, de Buenos Aires 
se aferraba cada vez •wés al régimen mjonárquico y a la absorción 
absoluta de todas las iprovincias por la capital. 

Tal es una de las explicaciones. Otra podría ser ésta: 

Dada la importancia considei'able que había adquirido Artigas 
como consecuencia de la victoria de Las Piedras, del sitio de Mon- 
tevideo y de la emigración en masa de las poblaciones rurales íiI 
campamento del Ayuí, no era fácil desibancarlo ¡de la jefaitura pio- 
palar que desempeñaba y se recurría al pían de organizar dentro 
del eamipamento uruguayo un ejército enemigo, aunque aparente- 
mente aliado, para ipoder aplicar el golpe en el momento oportuno, 
como efectivamente se aplicó. 

Sea una u otra la explicación real, el hecho es que Sarratea tomó 
fl mando de las tropas procedentes de Buenos Aires; iraipartió or- 
denéis directas a las fuerzas orienitales; obtuvo que algunas de ellas, 
como el regimiento de blandiengues, abaldonaran a su jefe; y marchó 
con rumbo a Montevideo, seguido a larga distancia por Artigas y 
sus fieles orientales. 



104 EDUABDO ACGVEDO 



Artigas explica su disidencia con Buenos Aires. 

''Nosotros hemos \ uelio a quetiar sulo». pobres hasta el exceso... 
\i\ hn.mbre, la desnudez, todos los males juntos han vuelto a señalar 
nuostros días'', escribía, en tal qportunidad. Artigas a ía Junta del 
Paraj^uay . 

Por itercera vez, el Gobierno de Buenos Aires lo desalojaba de 
su posición natural. Primero, en favor de Belgnino, que basta ose 
momento solo tenía en su foja de servicios la desasli-osa campaña 
Klel Paraguay; híego, en favor de Rondean, de inferior categoría 
mililar, y sin sus grandes recursos para levantar la campaña orien- 
tal; y ahora en favor de Sarratea, ex agente diplomático encargado 
de estimular la invasión portuguesa de 1811, como ya hemos tenido 
oportunidad de verlo. 

Artigas se daba perfecta cuenta del ijwr qué de estos porrazos. 

Véase eónw expresaba a ila Junta Gubernativa del Paraguay su 
repugnancia a aceptar un simjple cambio de amos: 

"El pueblo oriental que abandonando sus hogares, cargado de 
*ius familiar y seguido de la miseria, se constituyó, iK>r e¡ resultado 
tle la campaña pasada, bajo una forma málitar para conservar una 
libertad que rubricó la sangre de sus conciudadanos delante de 
^IiHitevideo. pudo ci-eer alguna vez vei*se despojado de l<v< laureles 
<jue le ceñían... Ix)s orientales pudieron esi>erar ner derrotado»; 
l>or sus enemigos... (i>ero nunca pudieron figurarse liaiMar su des- 
gracia en el seno mi^no de sus hermanos, no p^idiendo estar jamfcís 
a sus alcances qué el auxilio con que volvía a soeoiTerlos Buenos 
Aires para lograr la gran consol ¡■dación, presentase a su vista la 
ahornaliva execrable de iwi desprecio el más ultrajante n de una 
esclavitud imhv inun-M. iniiv síii-'iilar v nniclm Tiii'm odiosa nur la 
prinrera" . 

"Si el .¡'iii'bl" lio K'.H'iios Airt'»^, c!:!)!!'!'!!) nv ías glorias uc iia.)or 
im.tJantado la libertad, conoció en su abjeto la necesidad de tra.«<- 
mitirla a los pueblos hennanos**. . . ha debido .limitarse a dar "el 
oamioter de auxiliadoras a Ij's tnrkuíic on<. 4i<>«i!ni. ^ ■niniu.nr Jn* 
cadenas de sus convecinos' 

"Txis orientales lo creyeron asi. mii' ... iiu oxisiiendo 

hasta ahora un pacto expreso que deix»^ ■ -iros jiueblos de la 

^'on federación la adminif^ración de su soberanía". 

"Atacados en sus fundamient4xs ios principios del sistema pro- 
clamado, se desvanecen sus dulzuras y el derecho abominable de 
conquista es el que 6>e presenta por fruto de nuestras trabajos y por 
;vremio do unos sen'icios que reclaman el reconocimiento de toda 



MANUAL DE HISTORIA URUGUAYA 16") 

Ir, América libre. ¿En quié puede garantir el pueblo de Buenos- 
Aires un compoiitamiento tal? El pueblo oriental es este: si los. 
auxilios de su generosidad e intei'és son prodigados en su olbsequio^ 
¿ cómo marchar llevando ila libertad a sus hogares, sin permitirles lá 
gloria de contribuir a ella, haUáíndose todos con las armas en la 
mano para llenar su objeto?" 

Artigas, que ya se había acostniraibrado a que el Gobierno de- 
Buenos Aires lo relegara invariablemente al segundo plano, habría 
aceptado en silencio el generalato de Sarratea, si lo hubieran man- 
tenido a él al frente de las divisiones orientales. Y así se lo decía 
al Gobierno, a raíz del incidente, ein abandonar la iperfeeta correc- 
ción de su conducta . Véase en qué términos : 

"Yo tuve a mis órdenes toda la fuerza que V. E. deslinó a esta* 
Banda: prescindiendo de mi ascendiente sobre algunos de aquellos 
regimientos, yo pude habenlos hecho servir a mis intereses perso- 
nales hast^i el iiüsitante mismo de mi separación. Rude impedir la 
lilegada del Exemo. señor general don Manuel Sarratea, haber ex- 
<• usado su reconocimiento de General en Jefe. . . j)ea"o yo a la ca- 
beza de los orientales por el voto expreso de su voluntad, aspiré 
íiolo a, preservar su honor, y se habría precisamente sofocado toda 
desavenencia si, sin dividirlos, hubiera yo marchado con ellos como 
su jefe inmediato". 

Y olvidando todos sus agravios, agregaba en ese mismo oficio,, 
que si había que mandar fuerzas a Tucumán para contrarrestar la 
invasión española, retirara el Gobierno de la Banda Oriental todas 
las tropas necesarias, que él se encargaría de illenar los claros con- 
loe soldados que se le congeniaban fieles. 

1^^'mpeño inútil, porque lo que se buscaba era su alejamiento de 
la zona de influencia política. Al persuadirse de ello, escribía a 
la Junta del Paraguay en dos de sus oficios: 

''Nada tendré jamiás que increparme a la vista de la autoridad 
oue levanta el cetro de hierro y se ostenta como un conquistador,, 
profanando sacrílegamenlte el derecho sagrado de los pueblos a cu- 
ya somibra fomenta su egoísmo". 

''Yo continuaré siempre en mis fatigas por la liibertad y gran- 
deza de este pueblo... y en medio de los mayores apuros no me- 
prostituiré jamás. Libertad, igualdad, seguridad, son nuestros vo- 
tos; libertad, igualdad, seguridad, serán nuestros dignos frutos". 

La expulsión de Sarratea. 

Fracasadas las ipi'imeras negociaciones, resolvió Artiga» cambiar 
de táctica, dispuesto a impedir que se consumara una nueva y do- 
lorosa conquista en substitución de la que él había hecho vaioilar eni 



166 EDUARDO ACEVEDO 

*1 campo de Las Piedras. Inteixjcptó los iieciu-sos a Sarratea, a la 
vez qiK? promovía en esta fonna su separación del ejército: 

"No cuente ya V. S. con nin^no de nosotros. El pueblo de 
Buenos Aires es y seilá siemjjre nuestro hermano, pero nunca su 
Gobierno actual. Las trqpas que se hallan bajo las órdenes de V. E . 
serán siempre olbjeto de nuestra consideración, pero de ningún 
modo V. E.'' 

Sanatea envió entonces dos diputaciones al campamento de Ar- 
1 liras en el Yi, y sus delegados en unión cou los del Jefe de los 

Orienitales, suscribieran en ciuti) iT<. ISir? nn.i^ Ivim^; ,1,. uji/ nm- l.'i'Ñ 

que se establecía: 

>E1 retiro de Sarratea y de vanijs jelua de :>u cs'atti» luay >i"; que 
las divisiones oiientales quedarían bajo las órdenes inmediatas de 
Artigas; que las tropas de Buenos Aires actuarían como auxilia- 
doras . 

Coinciden estas bases, suscritas por don Ramón de Cáceres, don 
Felipe Pérez, don Sebastián Ribero, don Juan Medina, don José 
Agustín Sierra, y don Tomás García <le Zúñiga, con un iphego de 
l">roiposiciones qive Ajügas mandó al Qobienio de Buenos Aires 
j)or intennedio de don -Tomtáte García de Zúñiga para gestionar una 
declaración que dijera que 'Ma soberanía paiiticular de los pueblos" 
era el "único objeto de nuestra Revolución". 

Pero Sarratea había abierto negociaciones simplemente con el 
piifii|}ósito de engañar a Artigas y arrebatarle el resto de sus fuer- 
za.'?, y así que consideró llegado el momento de descargar el golpe 
l>ublicó su famoso, bando de febrero de 1813, en el que luego de 
hablar "de In b;nbara y sedicitisa conducta del traidor a la Patria, 
José Artigas", ofrecía un indulto general a todos los desertores de 
los cuerpos de línea que estuvieran refugiados en el Ejército Orien- 
tal, siempre que se acogieran "a la inmediata }>rotección del Qo- 
bienio bajo )«« ónlene.^j Aol señor coronel de milicias don Fernando 
Otorgues". 

Otorgues denunció la tran'-' -^ Vi-i;.-i< v l" ..mi-...r.', ,.1 l> .n.l.i <%.. 
que se le declaraba traidor 

Y Artigas dirigió a su anlagu¡U:sLa un ultiiu.;:.;:u, en el que ile.>- 
pués de i-eferirse a las versiones que lo presonta;l>nn en connunica- 
<ión con Has aiitoridades de Montevideo, le decía: 

"T^ libertad de América forma mi sistema y plantearla mi úni- 
co anhelo. Tal vez V. E. en mis apuros y con mis recui'sos. . . se 
habría ]>rostituído nti . Aún en el día, cuando V. E. parece que 
hace el último esfuerzo pnra aburrinne, Montevideo emjieña míut 
.««US pretensiones sobre mí. Con todo, no hay circunstancia capaz 
de reducii-me a variar de opinión... T^n lance funesto podrá arran- 
carme la vida, pero no envilecerme". 



l^rANUAL, DE HISTORIA URUGUAYA 167 

Tenía su orígeu el cargo de traidor en ciertos trabajos que reali- 
zaban las autoridades españolas de Montevideo ¡para sacar partido 
de las desavenencias, entre Artigas y Sarratea- ¿Cuáles eran esos 
trabajas? 

En el plan de reeonqiuista militar Kieil Río de la Plata, formulado 
en 1818 por el mariscal de camipo don Greí^orio Laguna, a requeri- 
miento de Fernando VII, de que ya hem,os hablado, se oeu,pia ese 
reputado técnico español del presti§n^o del Jefe de los Orientales y 
dice cou tal motivo: 

"El Rey, conociendo el mérito de este oficial, lo indultó y ascen- 
dió al grado de brigadier, cuyo despacho ... no ha querido admitir". 

Antigás marchaba, pues, contra Sarratea. Pero a la vez marcha- 
ba contra ilos españoles, sin querer aceptar transacciones con nin- 
guna de las dos fuerzas en lucha, firmo en su (propósito de consoli- 
dar la libertad de su Patria. 

Llegada la disidencia a tales extremos, se reunieron los jefes y 
oficiales argentinos a invitación de los coroneles Rondeau y Freneh, 
y de esa jatnta de guerra salieron dos resoluciones de impoi*tancia : 
una en que se decía que los militares allí congregados eran ajenos 
a la nota de traidor danzada contr-a "la benemérita persona" del 
Jefe de los Orienitales; y la otra por la que se decretaba el inmedia- 
to regre.-so a Buenos Aires del general Sarratea y del grupo a él 
vinculado, y se ponía el ejército bajo el mando de Rondeau, hasta 
i:ueva oi-den del Gobierno. 

Lo que dicen los contemporáneos. 

Explican los «señores Dá.mas(> Lan'añaga y José Raymundo Gue- 
rra las disidencias entre Ai'tigas y Sarratea antes de llegar a ilas 
murallas de Montevideo y durante el segundo sitio: 

''Artigas nmica qiaiso reconocer absoluta deipendencia : exigió ser 
reconoí-ido como supremo jefe de los orientales, y qme sus tropas 
fueran reputadas de ejército unido y oonfedei'ado. 

"En una palabra, sosltuvo la independencia y unión de esta Ban- 
da con las demias iprovincias', según la constitución de los Estados 
norteamerieamOs . 

"De aquí i'esultó no haberse acercado al sitio hasta i)asados al- 
gunos meses, fijando desde luego su cuartel generad en el Paso de 
la Arena del Santa Lucía Chico, hasta que el ejército de Buenos 
Aires quitó el mando a don Mamuel de Sarratea, que halbía venido 
<íomo vocal v representante del Gobierno de Buenos Airéis a man- 
dar en jefe". 

Toda la inquina del Gobierno de Buenos Aires contra Artigas 



168 EDUAnnO ACEA'EnO 

destle el eoiiiieiizo de la insuireceión orieiWal. cstú explicada alií- 
en esas ,iJ»alabras de I^ri-añaga y Guerra, 

Artigas quería una constitución fetleral y el Gobierno de Buenos 
Aire& quería mandar fnnio .ln.ñ,. v o'Ü.ív j^n t<vlaíi las i>n)vincias 
de su jurisdicción. 

Una disidencia de imiiuluio;^ liindumontiules. como se ve, que 
cada día se agravaba y repercutía inüs inleiisanieiite en t<><lo el vas- 
to escenario del Río de la PJata. 

En cuanto a los prooe<iimientos de que eohó mano Sarrat<ía en el 
campamento del Ayuí y en el íerritorio uruguayo, ipara aislar y 
ilesprestigiar a Artigas, y en cuanto al resultado final d^l incidente, 
Jíay tamibién en las decía iticiones de Uv* contemuioráncis. \ al i osos 
elementos p«ra la defensa del Jefe de Jos Oneiiitalc- 

Habla el coronel (díceres de la llegada de SaiTat<':i :i i:is ¡noxi- 
raidades del campamento del Ayuí: 

"Este hombre luego que llegó, traíó de desmoralizjir al ejército 
de Artigas, 3' de deshacer esa unión que constituj^e la fuerza; al 
efeoto empezó por seducir a Jos jefes de más ca<i>ac¡dad que aquél 
tenía, ofreciéndoles oro, eharreterasS y galones. . . y en seguida los 
pidió con los c.uer|X)s que cada uno mandaba y que eran los me- 
jores del Ejército OrienHal, especialmente el de Wandengues que 
mandaba Vázquez". 

"Artiga.« los enti-egó sin decir una palabra". 

'^Marchó en seguida Sarratea con un inmens<í y lindo ejército so- 
bre Montevideo. Artigas con sus divisiones de milicias... se que- 
dó a retagxiardia. escoltando el numeroso oonvoy de fandlias que 
r^resaba n sus hogares, y Sarratea que lo miraba ya con .1. 
ció, porque lo consideraba vencido. em)[)ezó a desaira nlo y i 
zarlo". 

Fué entonces, wmtinúa el testigo, que Artigas intercepíó el par- 
que y la c(miisaría que venían para el sitio, obligando con esa acti- 
tud a Sarratea a nombrar una comisión compuesta de don Ramón 
de Cíileeres, don T«>nwis ira reía, don Felr|ie Pérez y don Juan Merlina, 
con el encargo de manifestar al Jefe de h» Orientalís* que él estaba 
dispuesto a i-esignar el mando en otro jefe de su confianza. Con la 
mediación de esos respetables vecinos, consiníió Artigas en que el 
]>a¡rque y la comisaría se incx)rporaran a las fuerzas argentinas, 
bajo la i>romesa de que fueran sejiarados varios jefes. 

Pero Sarratea. concluye el coronel Piioeres. se negó a cumplir el 
jmeto, dando lugar a que sus propios siibordinados lo exptilsaran 
del ejército. 

Habla el general Nicolás de Vedia: 

*'Sarrate4i ««upo aprovecharse bien del poder que le daba su repre- 



MANUAL DR HISTORIA URUGUAYA 169 

senta-ción para arrancar al Geneiial Artigas laí> fuerzas que tenía 
a isus órdenes; supo, ademlás, con su batoilidad ganar a su devoeión 
ailg'unos jefes que maindaban Jas divisiones de milicias de los dife- 
rentes cuerpos orientales, y 'de facto el regimiento de blandengues 
que comandaba don Ventura Vázquez;". 

El doctor Anchorena dice que había orden de matar a Ar- 
tigas. 

En 1820 sostuvieron una polémica fpor la prensa el doctor Tomás 
Manaiel Anehorena, de imporltante actuación política en el escena- 
rio argentino, y don Manuel de Sarratea, a propósito de las desave- 
nencias de Artigas con el Grolbierno de Buenos Aires. 

Dijo Sarratea en el curso de la .i^iolémica que él había recibido 
órdenes terminantes del Gobierno para prender a Artigas en su 
campamento del Ayuí. y remitirlo a Buenos Aires, pero que se ha- 
bía abstenido de «lio "para evitar las funestas couvsecuenciag que 
preveía de tal medida". 

Y replicó el doctor Anchorena que era el propio Sajrratea quien 
había indicado al Gobierno la necesidad de atacar a viva fuerza al 
Jefe de los Orienltales durante el segundo sitio de Montevideo, y 
que eonti'ariando las instmeeiones pacifistas que tenía había, lanza- 
do el bando en que se le declaralba traidor y había regala/do además 
i\ Otorgues nn 'par de pistolas pava que lo asesinase, segúni carta 
privada que Artigas mostraba a todo el mundo. 

El coronel Oáceres confirma esa formidable acusación del doctor 
Anehorena en la siguiente forma: 

"Cuando Artigas estuvo en el paso de la, Arena antes de la ex- 
nnlsión de Sarratea. había tratado éste de hacerlo asesinar, valién- 
dose al efecto de don Fernando Otorgues; en Montevideo existe 
aún la persona que anduvo encargada de este negocio: yo he teni- 
do en más manos las ricas pistolas que Sarratea mandó a Otorgues 
para este fin; mas Otorgues era pariente de Artigas y le desetrbrió 
la trama, a pesar de que le chuipó muchas onzas a Sarratea". 

La soberanía iiruguaya seg^ún el concepto de la época. 

Caraeterízando la política de Sarratea, escribía Artigas al Go- 
bierno de laí! Provincias Unidas en febrero de 1813: 

"El pueblo oriental es, en concepto de aquel ilustre general, de 
un orden inferior al resto de los homíbres, sus armas poco eficaces 
a la redención del ipropio país, sus votos de ninguna importancia ^ 



170 i-DT-Mír.o ACEVEDO 

aún en lo que máe; iuinetiialauíente le concienie. y la libertad con 
que se le convidó en otro tiempo que viivímx inús incautos, la ha 
de recibir ahora como presente que le concede la ma«o férrea de 
un conciuLslador". 

Pero «''1 sabía bien que al caracterizar así feí política de Sarratea, 
carnet enzaba a la vez la política fundamental de la olijjarquía que 
detentaba el gobierno <lie las Pix)vincia6 Unidas desde el día de la 
revolución y que seguiría detentándolo por largos años todavía. 

AI mismo tiempo que Sarratea detsarticulaba el campamento urn- 
irnayo, d Gobierno de Buenos Aires prevenía al sreneral Vigodet 
que el ejército portuínu« reitrocedía ya a sus fronteras; que de Es- 
paña no podía aguardar recursos; qiíe las fuerzas de la Patria es- 
taban prontas ipara emprendei' la marcha; y conokiía pidiendo la 
entrega do la ]>laza. bajo las siguientoK condiciones: 

Qae Montevideo tendn'a i^epresentación en el Congreso de las 
Provincias Unidas; que serían respetados en bus cargos todos los 
em|)leados ciWles, militares y eclesiásticos; que en el caso de triun- 
far España de Napi;>león, el Gobierno de las Provincias Unidas de- 
volvería la i>laza de Montevideo "en el mismo estado, bajo la ga- 
rantía de la Gran Bretaña". 

Tal era la propuesta fonnulada en agosto de 1812 mediante ofi- 
cio que lleva las finnas de Obiclana. Pueyrredón y Rivadavia: mien- 
tras durase la guerra napoleónica, Montevideo fonnaría parte de 
las Provincias U^nidas; concluida la guerra en condiriones felices, 
sería devuelto a Eapaña ese rico pedazo dal territorio nacional. 

La Banda Oñenlal era un bien susceptible <le ijwsar de amo en 
amo, siíi previa consiüta de sus lu)bitant«s. 

Si la neg«Kíiación fracasó, no fué por la inactividad de la diplo- 
macia argentina que puso a contribución itodos sus recursos, sino 
yHíT la altiva resistencia del (Gobernador Vigodet. sintetizada en esta 
frase «le su respuesta: 

"Sus jílbsurdas pn>i>os¡ciones, las desecha el honor, las condena 
la justicia y las execra ol carácter es]>añoI que no sabe, sin envile- 
cerse, permitir se ile iprqjwngan traiciones a su Rey y a su Nación". 

Había armonía plena entre las ideas de Sarratea y las ideas del 
Gobierno. Los dos reducían a cero la soberanía de la Baiula Orien- 
tal: los dos partían de la bas«» de que im jweblo no tiene derechos, 
sino gt>l)eruant«í que lo administran como cosa propia. 

Y era natural, en consecuencia, que dirigieran la proa contra 
Artigas, el i|*i>rt «estandarte del réginrven federal de l<>s F*stad«>8 üni- 
di»s. <|ue ya desdo el cani|>aniento del Ayuí era señalado a la o|¡- 
ir«r(|uía de Buenos Aires como el modele» obligado del Río de la 
P1.mI:i! 



CAPITULO XVIII 
ni, s:bgundo sitio d^ montisvid^o 

Los orientales lo inician. 

La eanupaña iniciada ip'Oi- San-atea en el Ayuí, había terminado, 
pues, frenlte a las murallas de Montevideo, con la expulsión del 
pj'omotor del incidente. 

Durante todo el lapso de tiempo que media entre uno y otro ex- 
tx'í?rao de la eontíenida, el ejército, argentino había ido caminando 
en dirección a Montevideo y a su i-etag-uardia habían seguido tam- 
bién los restos del ejército de Artigas. 

Unas y oitras fuerzas se proponían la reanudación de las hosti- 
lidades contra los españoles, pero marchaban desunidas, en crudo 
antagonismo mlás bien dicho, un antagonismo que no era de perso- 
nas, sino de ideas fuíidamentales de gobierno, como hemos visto- 

A cierta altura de lia marcha, Sarratea desprendió una fuerte 
vanguardia al mando de Rondeau, con insti"uceiones (para foima- 
lizar el sitio de Montevideo. Esa vang'uardia estaba comj^iuesta 
principalmente de los batallones oríentales arrancados, a Artigas en 
tíl Ayní. y de un cuerpo argentino, el 6." de línea, que comandaba 
e] coronel Soler . 

Pero cuando Rondeau llegó a Montevideo, ya un gTupo de orien- 
tales, al m^ndo dal comandante José Enrique Culta, había organi- 
zado el sitio riguroso de la plaza. 

De Cult-a se han dicho horrores, como se han dicho horrores de 
todos los oficiales de Artigas. 

Oigamos, sin emlbargo, la voz de un contemporáneo ilustre, don 
Frainciseo Aonña de Figueroa, realista decidido que estaba dentro 
de los muros de la ciudad y que itenía a la mano todas las fuentes 
de infonnacióii que miás directamente podían utilizarse para el pro- 
ceso contra "el bandolero", si ila historia del I)andolero hubiera 
sido cierta: 

"Era un hombre vulgar, pero de grande valor y opinión eiilie los 



1 i'¿ EDUARDO ACEVEDO 

campesinos. El .se alzó en la eamipaña a. liacer la gruerra por su 
cuenta, a la voz de libertad que a la distancia proclamaba don .To.<;ó 
Artigáis iiwtalado general y como .patriarca de los orientales. 

"Culta, con un grupo de paisanos mal ammdos, empezó a liaeor 
eoiTerías en ila campaña y algunos (le=iórde.nes y violencias. T'ero 
después, don Tomás Garda de Zúñiga que se hallatxi a su cabeza, 
lo llamó, lo aconsejó bien y le proporcionó ropa y armamento; lo 
mismo hizo el compatrioía don Pedro J. Sienra. quien con grandes 
i'iesgos y loables astau'ias logró proporcionarle armamonlo y dinero, 
con lo cual Culta empezó ya. a hacer la guerra de un modo regular 
y con cierta disciplina, amnentando su ertklito y oí número de su 
gente; de manera que el 28 de septiembre de 1812, según consta de 
oficio, ya tenía trescientos cincuenta hombres". 

"Tomó prisioneras varias guarniciones realistas en los pueblos, 
y caballadas y armamentos; y así, acosando y jíersiguiendo a cuan- 
tas partidas se le oponían, se presentó en el Cerrito el 1.* de octu- 
bre de 1812, pudicndo decirse con e.xactitnd que él con sus orienta- 
les plantó el .sitio de la iplaza veinte días antes de llegar el ejército 
argentino con él general Rondeau". 

De sus soldados se ocuipíi también Figueroa. Uno de ello*, «jiu' 
actuaba como correo, fué capturando por las avanzadas de la plaza 
y conducido a la ciudad, donde "se comió" los pliegos que llevabo, 
para impedir la divulgación de su contenido. Condenado por mi 
consejo de guerra a sufrir la pena de trescientos azotes, y ya en el 
lugar del suplicio, se le ofreció el perdón si revelaba los secreto.s 
de que era ifwrtador. Pero el valeroso criollo contestó f\\\e no po- 
día delatar a nadie y que prefería sufrir la tortura, como efectiva- 
mente la sufrió. 

Culta so incorporó en el acto con su gente al ejército de Rondeau; 
actuó con brillo en La batalla d«! C-errito, mereciendo que su nom- 
bre fuera destacado en los partes y relaciones militares de la épo- 
ca; y encabezó, juntamente con otros ("ompañeros. un asalto heroico 
a la escuadra española, fondeada en el puerto de Montevideo, del 
qiie resultó el apresamiento de un bergantín, que fu¿ recoixjuistíido 
por los españoles, cayendo Culta entre los prisioneros y teniendo • 
que pnrirar su heroísmo en l<is cjílalíozos de la Cindadela. 

Otro dato initei-esante de mi foja de serv¡cif»s : 

Según el testimonio de Acuña de Figueroa, Culta fué el ijiriiner» 
en alzar frente a las murallas de Montevideo "la insignia blan<»a y 
celeste" . 



•MANUAL DE HISTORIA URUGUAYA 173 



La batalla del Cerrito. 

E\\ 31 de diciembre de 1812, salió de la plaza una cohimna de 
cerca de 2,000 soldados, con el propósito de asaltar por sorpresa 
■e\ campamento del Cerrito. 

Vamos a extractar de la autoibiografía de Rondeau la descripción 
del lamentable estado de indisciplina y desorganización de las fuer- 
zas sitiadoras, sólo imjputable al alto comando que todavía ejercía 
Sarratea: 

Dos días antes de la batalla había Uegado el coronel Francisco 
Javier de Viana, con el nomibramiento de mayor general y un, 
oficio de Sarratea, ordenando que se le entregara el mando del 
ejército. Al anunciarse la salida de la guarnición de la plaza, se 
comunicó reiteradamente el suceso al nuevo general; pero éste se 
¡imitó a contestar que nada ¡tenía que bacer, y que Rondeau toma- 
ra .¿^us medidas. Realizado ©1 ataque, el 6.° de línea huyó de su 
puicsto con el coronel Soler, vestido de soldado raso y cargando 
fusil en vez de esip^ada. "No me detuve en reprocharle aquel dis- 
fraz tan contrario a las pnáicticas militares, y lo que es más, al 
es]tíritu de las ordenanzas, ipox'que mi dbjeto pirincipal en aquellos 
momientos era hacer volver el baitallón al combate". 

Tal es el iprimier cuadro de la baitalla del Cerrito. Rondean, 
.suplantado por Viana, tiene que asumir la dirección del ejército, 
porque el nuevo general declara que nada le corresponde hacer 
frente al enemigo que avanza. Y el jefe del 6.° de línea ai-gen- 
tino, cambia sus galones por el uniforme de soldado, sin preocu- 
jíai'se de quién había de reemplazarlo en la jefatura dal batallón ! 

Felizmente, Rondeau pudo llegar a tiempo para imponerse al 
batallón en fuga y hacerlo retorna-r al campo de batalla, donde 
actuó con gloria, a la .par de log cuerpos orientales que se habían 
rí0.silenido en sus posiciones, y que cargaban valientemiente al ene- 
mi ?,o. Y gracias a ello, al cuadro de la derrota sucedió el cuadro 
de la victoria, la victoria del CeiTito que obligó a los españoles a 
eneerrars^e dentro de las murallas de Montevideo, tal como lo habían 
hecho durante la primera carapañía a raíz de la victoria de Las 
Piedras . 

Artigas se incorpora a la linea sitiadora. 

La noticia de la victoria del Cerrito lleg^ al campamento de 
Ai'tigas pendiente todavía el ioonflieto con Sarratea. 
Resuelta la separación de este último por iniciativa de sus pro- 



.171 EDUARDO ACEVEDO 

pios subalternos, y aprobada la actitud de esos subalternos por el 
Gobierno de las Provincias Unidas, el Jefe de los Orientales í^^ 
incorporó a la línea sitiadora. 

"Nada naás resta a mis anhelos después de tener la honra de 
felicitar a V. E. por el reatablecimiento de la paz" — decía, oon 
tal motivo, Artigas, al (xobierao en su oficio de 27 do tVibrcn» de 
1813 — "la discordia desapareció de entre nosotros". 

Los soldados de Artigas se destacaron en la línea >:ii¡i.i..r,i (.«.r 
ra«go8 oiotables de heroísmo y de bunnanidad, según ol diario his- 
tórico de don Francisco Acuña de Figueroa, esp>ec¡alraente Juan 
Antonio Lavalleja, que solía presentarse comipletianvente solo frente 
a las irincberas, para desafiar a los españoles, quienes, un día, le 
j, repararon una emíboíscada y le hiciertfn una formidable descarga 
•le la que >a¿ió iles<i; y Fructuoso Rivera, notable también \^ov su 
^aIentía y por su humanidad con los prisioneros. 



CAPITULO XIX 

DURANTE ni, SEGUNDO SITIO DE MONTEVIDEO 
La aran contienda de ideas entre Montevideo y Buenos Tlires 

El Gobierno de Buenos Aires exige el sometimiento de la 
Provincia Oriental. 

tíaiTatea había sido expulsado de la iínoa sitiadora. Pero las 
ideas de Sarratea eran las ideas del Gobierno de las I*rovincias 
Unidas, o niiás bien dicho de ila oligarquía que se hajbía adueñado 
del Goibierno desde el día misanio de la Revolucióa, de esa oligar- 
quía que desconocía en absoluto la autonomía de das provincias, que 
centralizaba iodos los poderes en Buenos Aires, y que trabajaba sin 
descamso por el establecimiento del régimen monárquico en el Río 
de la Plata. 

Con la expulsión de Sarratea no podían desaparecer, en conse- 
cuencia, las causas determinanites de los conflictos con Artigas, las 
causas que ya habían actuado bajo fonna de relegación reiterada 
del Jefe de los Orientales, de ilevantamiento del primer sitio, de 
anarquía en el Ayuí, y aún de tentativas audaces para aprisionar 
al (portaestandarte de la idea republicana y del régimen federal. 

Había corrido apenas un mes desde la incorporación de Artigas 
a la línea sitiadora, cuando llegaba de Buenois Aires la. orden de 
proceder al reconocimiento y jura de la Asamblea General Cons- 
tituyente, 

Una consulta al pueblo. 

Artigas contestó en al acto que él no se üGgaba a cumplir la 
orden, pero que necesitaba un breve aplazamiento de la ceremonia 
a efecto de que los pueblos orientales enviasen los diputados que 
debían pronunciarse sobre el particular. 



.176 EDUARDO ACEVEDO 

Salta a los ojo;, la dlfereucia fundamental de criterios. Pai-a 
la Asamblea Constituyente y para el Gobierno de Buenos Aires, 
Aiti^jas podía disponer de los destinos de la ProTincia. Orieoial, y 
por eso se limitaban a exiginle un juramento personal. Para Ar- 
tigas, en canibio, era necesario que el pueblo se reuniera y desig- 
nara diputados encargados de prestar o no prestar el juramento 
que se exigía. 

El primer congreso de la Provincia Oriental. 

El 4 de abril de ISlií se reunió el congreso que debía resolver 
ese ipuntü importantísimo. 

Era la primera vez que ilos pu€ft>lo6 orientales elegían uu con- 
greso, aunque no era la primera vez que ele^fían autoridades. A 
raíz del levantamiento del q^rimer sitio, en efecto. Ai-tlgas había 
KÍdo aclamado Jefe de Jos Orientales jwr los hombres »lc aiinas, y 
por las poblaciones rurales que abandonaban sus hogares y se co- 
rrían al Ayuí para no sufrir el yugo de los t«}>añoles ni los zar- 
pazos de los poi-tuguesos. 

Artigas consideró, pues, que había terminado su mandato iix>pu- 
lar, y así lo dijo a los diputados del pueblo, en estos términos que 
nivnca serán bastantemente elogiados, como que se ant¡cii)«ban [mv 
decenas y decenas de años al len{fuaje de los mns grandes estadistas 
siidamericanos : 

**Mi autoridad emana de vosotros, y cila cowa por vuestra pre- 
sencia soberana. Vosotros estáis en el pleno gooe de vuestros de- 
rechos: ved ahí el fruto de mis ansias y desvelos, y vetl íi'-' * 

bien, todo el premio de mi afán". 

Todos los estadistfls americanos desconocían entonces y sij;iiieit>ii 
desconociendo durante largo tiempo to<lavía la soberanía p<»pular. 

En el fondo de sus cerebros per8¡<?tía el sedimento colonial del 
oriiren divino del gobierroi, con la sola variante de que al monarca 
verdadero había sucedido un monarca sin corona, que iKxlía, cora») 
t>l anterior, gobernar a su antojo y como patrimonio pri>p¡o a 2os 
pueblos subyugados. Y lo que es en el escenario del Río de la 
Plata, especialmente, el monarca ein corona, no sólo absorbía todos 
los derechos j>opulare«, sino que los contrariaba cruelmente, ai bus- 
car testa'í coronadas en todas las cortes del mundo, sin solución de 
tontitiuidad, desde la víspera de la Revolución, en que ios ojos S4? 
«lirigían a la princesa Carlota, hasta la catástrofe del año 182U, 
en que el Congreso de Tucuraán, derrumbado por Artigas, eatu- 
<tiaba ima negociación secreta 'para la coronación del príncipe d*- 
Luca y de una princes^i del Brasil- 



aíANUAL DE HISTORIA URUGUAYA 177 

■Sigamos oyendo a Artigas : 

"La Asatniblea G-eneral, tantas veces anunciada, empezó ya sus 
funciones en Buenos Aires. Su reconocimiento nos ha sido orde- 
i;a<lo. Resoher sobre este particular ha dado motivo a esta eon- 
j^regación, jjorque yo ofendería altamente vuestro caná/cter y el mío, 
vulnerando enormemente vuestros derechos sagrados, si pasase a 
resolver por mí una materia reservada sólo a vosotros". 

Con estas admirables palabras dejaba explicado el aplazamiento 
pedido a Rondeau, Artigas había sido aclamado Jefe de los Orien- 
tales, y en ese carácter ejercía al mando sobre los hombres de 
armas y sobre los vecindarios rurales. Pero no era dueño de los 
oiientales, ni podía disponer en ninguna forma de sus destinos. 
Y por eso los llamaba para trasmitirles la orden de proceder al 
roeonocimiento de la Soberana Asamblea reunida en Buenos Aires. 
La contestación pertenecía al pueblo y no a su jefe. 

Entrando luego al fondo del asunto del día, decía: 

"Ciudadanos: Los pueblos deben ser libres... Por desgracia 
va a contar tres años nuestra Revolución y aun falta ^una salva- 
guardia general al derecho popular. . . Estamos aún bajo la fe 
de los hombres y no aparecen las seguridades del contrato ... Es 
muy veleidosa la ]>robidaid de los hombres; sólo el freno de la 
Constitución puede afirmarla". 

Proelamiaba así Artigas la albscikita necesidad de que el Río de 
la Plata se diera una constitución. 

Hasta entonces sólo había regido la voluntad caprichosa de los 
mandatarios, el despotismo de los gobernantes. Y era urgente salir 
de ese estado inorgláiuico y dictar una carta política que sirviera de 
freno a la.s autoridades y <de salvaguardia a los pueblos. 

Mariano IMoreno había proclamado en 1810, desde las columnas 
de "La Gaceta de Buenos Aires", ideas análogas. Extractamos de 
sus notas editoriales: 

"Algunas, transpoitados de alegría ipor ver la administración pú- 
blica en manos de patriotas, que en el antiguo sistema habían ve- 
getado en la oscuridad y abatimiento, cifran la felicidad general 
en la circunstancia de que los hijos del país obtengan los empleos 
de que eran antes excluidos generalmente, y todos sus deseos 
quedan satisfechos cuando consideran que sus hijos optarán algún 
(lía las plazas de iprimer rango. El principio de estas ideas es 
laudaible; pero ellas son muy mezquinas y el estrecho círculo que 
las contiene podría ser alguna vez tan j>eligroso al bien público, 
como el mismo sistema de opresión a que se opone. El país no 
sería menos infeliz i)or ser hiji>s suyos los que lo gobernaran mal." 

«r 
Sí. T>E H. U.— 12 



178 EDUARDO ACEVEDO 

''Otros, ap'adecicl'js a las tareas y buei)as intenciones del presento 
(k)bierno, lo lijan fM>r último término de sus esperanzas y deseos. . . 
Sin embargo, el pueblo no debe contentarse eon que sus jefes obren 
bien. El debe ;uspiraT a que nunca puedan obrar mal; que 
BUS pasiones tengan un dique más lirme que el de su propia vo- 
luntad; y que delineado el camino de sus operaciones por reírlas 
í,\ie no esté en sus manos trastornar, se derive la "bondad de! 
íxobierno no de las personas que lo ejercen, sino de una constitución 
íimie que obligue a i'.o! sucesores a sor isfiuilmente buenos que ios 
j rimeros, sin que en nin-^ún cnso ilc.io n é^tos la libertad <1e hacerse- 
malos impunem«enu 

"No tenemos un-a <'(>iisi luieíon. v >iii eii;i ^'^i (jmiinTica la n'iiciuau 
que se nos promete". 

Por proclamar estas ideas, había tenido Mariano Moreno que 
abandonar el es<ienari<) de la Revolueión de Mayo y qiH' marcharte' 
a Kuropa, iprovisto de unas credenciales de aírente diplomática^) con 
las que se procuraba disfrazar el decreto de pro8cr!i>ción hvuza<l<i 
Ifior todos los <Ieniá8 ]>ixSciert>8 resueltos a reivindicar para elloe la 
lierencia de facultades omnipotentes de los Reycsi de I'>vpañn y de 
sus tenientes loe Virreyes. 

Murió el ilustre Secretario de la Junta de Mayo en la mitad del 
camino, y hubo que arrojar su cadáver al Océano. 

•'Tanta ag:ua era necesaria |>ai"a aparrar tanto fuejro". exclamó su 
rival triunfante, don Cornelio Saavedra, al proseífuir en el j^au de 

orjoranización de una dicladn-.-^ ■-■•■ '■■' ■'•' - '•■ '•■ ?•■ -""•• -i i'^ 

antiguo Virreinato. 

El Jefe de los Orientales daba, puct;, el hra/.u . o Maña- 

no al levantar la bandera de las instituciones en e! > . • - de abril, 
como habria de darlo de nuevo al fundar la Biblioteca de Monte- 
video, reanudando otro gesto del numen de la Revolución de Mayo. 

Concluye su discurso Artigas: 

''Examinad si debéis reconooer la ^Vttauíiblea |K)r obenleciuiient.» o 
por pacto. No hay un solo motivo de conveniencia i>ara el primer 
caso, que no sea contrastable en el ee^undo, y al fin reportaréis la 
ventaja de haberlo concillado todo con vuestra lil)ei-tad inviolabl»-. 
Esto ni por asomo se acerca a una separación nacional: garantir 
las consecuencias del reconocimiento, no es neyar el reconocimiento''. 

Hermosas conclusiones, como se ve. 

Para la Asamblea General Constituyente, para al Gk>bierno do 
las Provinciap Unidas y <i>ara Hondean. la Provincia Oriental d«^- 
bía jurar obediencia lisa y llana. Ixis pueí)los no tenían «lerecbos. 
y en consecuencia estaban obligados a seguir a remolque de los 
nuevos amos que les haibía dado la Revolució" ■!" "^^lyo. 



iXANUAL BE IIISTOEIA UKUGUAYA 179 

Para Artigas, eu camibio, el reoonocimieuto debía prestarse eon>. 
condiciones que garantizaran las libertades de ¿a Provincia. EJ. 
quei'ía ardientemente mantenerse en el seno de las Provincias Uni- 
das. Jam^ le había asaltado la idea de independizar a la Banda 
Orienital. Pero la Banda Oriental debía conservar su autonomía y 
aio ser tratada como una colonia de esclavos! 

Las condiciones que impone la Provincia Oriental. ■ 

Y el Congreso Provincial a quien aisí baiblaba, fué también de su 
0;pinión. ün día después, es decir, el 5 de abril, volvían Jos dipu- 
tados orientales a celebrar sesión y resolvían reconocer a la Asam- 
blea Constituyente congregada en Buencs Aires, sobre la base de 
ciertas oondieioues encaminadas a garantizar la libertad y los de- 
rechas de la Provincia. 

Entre esas condiciones, figuraban tres de índole institucional y 
permanente y cinco de carácter transitorio. 

Decían las primeras: 

''Será reconocida y garanitida la confedemción ofensiva y defensi- 
va de esta Banda con el resto de las Provincias Unidas, renuncian- 
do cuailquiera de ellas la subyugación a que se ha dado lugar por 
la conducta del anterior Grobierno. 

"En consecuencia de dicha confederación, se dejará a ^fca Ban- 
da la plena libertad que ha adquirido como pirovincia compuesta de 
;]>ueblos libres; pero queda desde ahora sujeta a la constitución que- 
emane y i'esulte del Soberano Congreso General de la Nación y a 
sus disposiciones consiguientes teniendo por base la libertad. 

"En virtud de que en la Banda, Oriental existen cinco eahiklos en 
\eintitrés pueblos, se ha acordado deben reunirse cinco diputados 
en la Asamblea Constituyente, cuyo nom'bi'amiento, según es,pontá- 
nea elección de los puelblos, recayó en los ciudadanos don Dáinas<> 
Larrañag'a y don Mareos Vidal por la ciudad de Montevideo; don 
Dálmaso Gómez de Fouseca por Maklonado y su jurisdicción ; don 
Felipe Cardozo pior Canelones y su jurisdicción; don Marcos Sal- 
cedo por San Juan Bautista y San José; doctor Francisco Bruno' 
de Rivarola. por Santo Domingo de Soriano y su jui'isdiceión". 

Prescribían las seg'aindas: 

Que Artigas y sus tro¡)as habían garantido la seguridad de la 
1 'a tria y eran los veixla<lerf)s defensores del sisitema de liberta,d i)!^.!- 
cJainiado en América; que no se procedería a un nuevo llevan tamien - 
to del sitio de Montevideo, ni se disminuirían los auxilios que re- 
clamaba la tomia de la plaza, ni se removería a Rondeau del cargo- 
de jefe del ejército auxiliador; y finalmente, que se devolvería el 
armamento del regimiento de blandengues, llevado iX)r SaiTatea. 



180 KDUAKüO ACEViOX) 

Hállase firmada el acta de la sesión en que »e adopt-aron estas 
^lecisiDUfti por los sij>:uien.t€s dlputadoB: León Pérez, Juan Jüs*? 
Duran, Pedit> Fabián Pérez, Ramón de Cáoeres, Felipe Pérez, 
Francisco Antonio Bustamante, Pedro Vidal, Manuel del Valle, José 
Antonio Ramírez. ^ía.iuiel Martímez de Haedo, Francisco Sierra y 
Antonio Díaz, este último como Secretario. 

Adoptaba, pues, el Congreso Provincial el gobierno federativo 
para la orc:anización definitiva del Río de la Plata; reservaba a la 
Banda Oriental todas las lifbertades locales; cstaWecía (pie ninjfuna 
il)iro\-incia i)o<lria subyugar a las otras, como metlio de desmontar a 
Buenos Aires de su diciladura; exigía una constitución política, que 
pusiera freno a la arbitrariedad de los gobernantes; y enviaba cin- 
co diputados al Congreso Constituyente para sostener el derecho y 
las ideas de los pueblos orientales. 

Pliego de instrucciones a los diputados orientales. 

Una í^niana después, prontos ya los cinco diputad**; para em- 
barcarse con destino a Buenos Aires^ Artigas entregó a cada uno 
de ellos el famoso pliego de instrucciones que subsigue: 

"Primeraniíente i>edirá la de<'laración de la indc<pendencia abso- 
luta de estas colonias, que ellas están absneitas de toda mbligación 
de fidelidad a la corona de España y familia de los Borbones, y 
que toda conexión política entre ella y el Estado de la España, es 
y debe ser totalmente disuelta. 

"2." No a<linitiró otro sistema que el <le confederación para el 
pacto recíproco de las provincias que formen nuestro Estado. 

".3.° Promoverá la libertad civil y roliiri'>s;i <■" '-•■'•■ -" f'vi.x.,^;,:., 
imaginable. 

"4." Crni<> el objeto y fin del gobionio »l«.'bt' ser musoiviir la 
igualdad, libertad y seguridad de los ciiuladanos y de los pueblos. 
<«,da provincia formará su gobierno bajo esas bases, adenlás del 
Gobierno supremo de la Nación. 

"'i." Así éste como aquél, so dividirtátn en Poder Legislativo. Eje- 
cutivo y Judicial. 

"6-° Estos tres resortes jamás .podrán testar unidos oniíx' sf. v 
serán independientes en sus faeultadtí<. 

• "7." El Gobierno supremo entendertí solamente en ht^ negocios- 
generales <lel Estado. El resto es i>eculiar al gobierno de cada 
provincia . 

''8." El lerritorio que ocupan estos pueblos desd« la costa orien- 
tal del Uruguay hasta la fortaleza de Santa Teresa, forma una 
sola provincia, denominándose: la Provincia Oriental. 



MANUAL DE HISTORIA URUGUAYA 181 

"9." Que los siete ipueblos 'de Misiones, los de Batoví, Santa Te- 
ría, San Rafael y Taciiaremlbó, que üoy ocupau injustaniiente ios- 
portugueses y a su tiempo .deben iieelamarse, serán en todo LienijjO' 
territorio de esta Provincia. 

"10. Que esta Provincia pior la ipresenie entra separadamente en 
ima ñnne liga de amistad con cada una de las otras para su defen- 
sa común, seguiidad de su libertad y para su mutua y general fe- 
iicidad, obligándose a aisistir a cada una de las otras contra toda 
violencia o ataques hechos sobre ellas o *obre alguna de ellas, por 
motivo 'de religión, soberanía, tráfico o algún otro pretexto cual- 
quiera que sea. 

"11. Que esta Provincia retiene su sobex-a.nía, libertad e indepen- 
dencia, itodo iP'oder, jurisdicción y dei'eclio que no es delegado ex- 
presamente por la confederación a las Provincias Unidas juntas en 
congreso . 

"12. Que el puerto de Maldonado sea libre para todos los buques 
(^ue concurran a la introducción de efectos y exportación de frutos, 
poniéndose la correapion diente aduana en aqiued pueblo; pidiendo al 
efecto se oficie al comandante de las fuerzas de Su Majestad Bri- 
tánica sobre la apertura de aquel puerto para que proteja la na- 
vegación o comercio de su nación. 

"13. Que el puerto de la Colonia sea igualmente habilitado en los 
términos preseriptos en el artículo anteiior. 

"14. Que ninguna tasa o derecho se imponga sobre ai'tículos ex- 
portadas de una provincia a otra; ni que ninguna preferencia se 
dé por cualquiera regulación de comercio o renta a los puertos de 
una ipirovincia sobre los de otra; ni dos barcos destinados de esta 
Provincia a otra, serán obligados a entii''ar, anclar, o pagar derechos 
en otra. 

"15. No permita se haga ley para esta Provincia sobre bienes de 
vsxtranjeros que mueren intestados, sobre multas y confiscaciones 
que se aplicaban antes al Rey, y sobre territorios de éste, mientras 
ella no fonne su reglamento y determine a qué fondos deben apli- 
carse, como única al derecho de hacerlo en la economía de su ju- 
risdicción . 

"16. Que esta Provincia tendrlái su constitución territorial: y que 
ella iiene el derecho de sancionar la general de las Provincias Uni- 
das que fomxe la Asamblea Constituyente. 

"17. Que esta proviucia tiene derecho para levantar los regimien- 
tos que necesite, norabi'^ar los oficiales de compañía, reglar la mili- 
cia de ella para la seguridad de su libei'tad, por lo que no podi'á 
violarse al derecho de los pueblos para guardar y tener armas. 

"18. El despotismo militar sex-á precisamente aniquilado con tra- 



182 EDUARDO ACKVEDO 

-bas constitucionales qne aseírui'en inviolaWe la soberanía de los 
pueblos. 

"19- Que precisa e indispeiiísablemeut* sea fuera de Buenos Ai- 
res donde resida el sitio del Gobierno de las Provincias Unidas. 

"20. I^a Constitución s^arantirá a las Pi-ovincias Unidas una foi- 
ma de gobierrko republicana j que aíi^ure a cada una de ellas de 
las violencias doméstioas, usurpación de sus derechos, libertad y 
segiíridad de su soberanía, qtie oon la fuerza armada intente algu- 
na de ellas sofocar los principios proclamados. Y asimdsmo pres 
tara toda su aíencióa, honor, fidelidad y religiosidad a todo cuanto 
crea o juzg^ue necesario ¡para preservar a esta Provincia las venta- 
jas de la libertad y mantener un ««^Aienio librí*. de piedad, justicia, 
moderación e induatria. 

"Delante de Montevideo, 13 de abril de 1813. Es copia, Artigas". 

Un segundo cor/greso oriental organiza el régimen interno 
de la Provincia. 

•El congreso provincial reunido el 4 de abril se ocupó de la or- 
ganización institucional de las Provincias Unidas del Río de la 
PUata y del régianen jwlítico y económico a que cada una de ellas 
debía estar sujeta con relación a las demias. 

U'n segundo cougreso provincial reunido el 20 del mismo mes de 
<»bril, organizó la autoiidad municipal encargada del mantenimiento 
del orden interno. 

Extractamos del act^ de la sesión de ese día: 

''Expuso el ciudadaJio don José Artigas los desórdenes, abusos 
■y excesos que en la campaña se notaban, y que él no podí:^ '•■>"■ 
bath*. por la necesidad de mantenerse on la línea sitiadora". 

"Ijo cual oído atentamente ipor la multitud de ciud; ■! i .|ik' 
L'5-^Labau reunidos por sí y en representación de la ProM rm. des- 
pués de una reflexiva y bien meditada conferencia, acordaron por 
el mayor número de votos que convenía a la Provincia Oriental y 
que era su volmitad irrefrsvgaW.e el que se estableciese un cuerpo 
mnuiicipal que entendiese en la administiración de justicia y demás 
i.efiocios de la economía interior del país, sin perjuicio de las ulte- 
riores providencias que para este mismo ipropósito emanen de la 
•Asan^bUía Soberana del Estado, con acuerdo de los respectivos di- 
putados de i'sta Provincia". 

"Y en consecuencia, convino toda la asamblea en hacer las elec- 
eiones de miembros que han de formar dicho cuerix) municipal en 
los ténninos siguientes: el ciudadano «Tose Artigas, Gobernador mi- 
litar y sin ejemplar Presidente del cuerpo municipal; los ciudada- 



HAXüAL DE HISTORIA URUGUAYA 183 

■nos Tomás G a reía de Zúñig'a y León Pérez, Jueces generales,; el 
ciiuladaftio Santiago Sierra, Depositario de los fondos públicos de 
esta Provincia; el ciudadano Juan José Duran, Juez de economía; 
el ciudadano doctor José Revuelta, Juez de vigilancia y asesor en 
los casos que esté im:pedido el ¡propietario; lo® ciudaídanos Juan 
Méndez y Francisco Pía, Protectores de pobres; el ciudadano doc- 
tor Bruno Méndez, Ex^poisitor general de k PiX)vineia y Asesor del 
cuerpo municipal; el ciudadano Migual Barreiro, Secretario del 
Gkxbierno, y el ciudadano José Gallegos, Escribano público de di- 
cha corporación". 

El rdoetor Bruno Méndez, Vicepresidente de la Junta, se dirigió 
en seguida a la Asamblea Constituyente remiida en Buenos Aires 
para anunciarle *u insitalación, expresarle sus buenos deseos a fa- 
vor de la unión con las demás provincias, y pedirle un refuerzo 
de auxilios militares ipara triunfar de los españales encerrados en 
^.íontevideo. 



Una» tentativa de conciliación que fracasa. 

l-hi el inter^'alo que media entre los dos congresios provinciales, 
Rondeau comunicó a Artigas que había recibido instrucciones para 
oír y resolver las solicitudes del pueblo oriental. 

Su oficio era m;uy expresivo, como que todavía no habían tras- 
cendido las eomdiciones del reconocimiento del Soberano Congreso. 
Helo aquí : 

"Después de las fatigas y agitaciones de espíritu que tanto 
tiempo ha sufrido V. S. con geinerosa constancia, por precaverse 
de que algún nuevo género de poilítica mezquina o amibiciosa inten- 
tase ofuscar desde los primeros días de nuestra libertad naciente 
la dignidad del pueblo oriental, que en parte milita bajo su esela- 
reeida conducta, yo tengo la singulai' satisfacción de poder infor- 
mar a V. S. que el Supremio Gobierno Ejecutivo, adoptando de 
buena fe los medios m¡ás liberales y eficaces para remover del con- 
cepto de V. S. cualquier duda o incertidiunbre en aquel respeeto, 
me autoriza e instruye suficientemente por sus últimas comunica- 
ciones deil 6 del corriente, para oir y tratar con V. S. en el asunto 
de sus solicitud^ y las del pueblo oriental". 

iContestó Artigas en el acto que nada era tan^ lisonjero, tan sa- 
tisfactorio y tan glorioso para él como esa comunicación; y tras 
ama ligera referencia a agravios pasados, conciluía así : 

"Por fortuna llegó el iperíodo de la organización del Estado y él 
liará brillar su Constitución". 



184 EDUARDO ACF.VEDO 

"Mientras ella no existo, foiii Provincia cree jíí'ecisar sus pri- 
meros pasos, y en consecuencia yo tendeo la honra de incluir a V. S. 
los adjuntos ipapeles que hacen el objeto de sus miras y son el tra- 
tado que vamos a concluir V. S, y yo". 

liba entre los papeles el acta de la sesión del congreso, relativa 
al reconocimiento de la Soberana Asamlblea Constituyente. 

Y ai>enas conin-ido su texto quedan)» interrumpidas las negoeia- 
ciooies y se reaivudó la lucha contra Artij^as, o mlás bien dicho, con- 
tra do6 principios que Artigas proclamaba des<le su alto sitial de 
Jefe de los Orientales. 

El plan político de Artigas. 

Ijas decisiones de los dos oon.írresos provinciales de abril de 1813, 
y las instrucciones complementa lias dadas a los diputados que de- 
bían incorporarse a la asamblea arjientina. con^ituyen el pinito de 
¡irranque y a la vez la fórmula definitiva de la orjwnización ins- 
titucional del Río de la Plafn '• 'i" -ma maíiern urenerajl de t<Mla la 
América del Sur. 

Nada hay en la historia de la Hcvolución que se aproxime siquie- 
ra al valor político de esas decisiones y de esas I nst micciones, |>or 
lá a^lmirable visión del porvenir qne revelan y por el vigor de orien- 
tación de qne invariablemente estuvieron acompañadas oii todns la.<5 
alternativas de una ilanra y porfiada lucha. 

Han transcurrido ya cien años desde entonces, y lodavía el pro- 
írrainn trabado ipor Artigas frente a las murallas de ?.íontevideo 
continúa exteriorizando el ideal de estos países del Plata, la aspi- 
ración incesante de los que están en la llamura y el freno de los 
que están en las alturas, de tal monera y con laJ exactiínd que cada 
acto de projn>?S() |>olítico resulta siemipre una feliz aplicación de 
aquel programa y cada salto atávico o cada acto atentatorio ilo 1^^ 
autoridades, una simple violación d« sus famoeos postulado- 

1 V I V 1 1 f I > I.- V 1 1 1- V í • T V I 1 1- 7^ <» I ' t V A 

A Ule ludt), la in(le|)eiuiencia abf^ohita de España. 

Todavía seguía la Revolución gobernando a nombre de Fernan- 
do VII, sin i>er juicio de cañonear a los soldados de Fernando Vil 
«jue defendían ilos muros de Montevideo o qaie avamzaban jxir el 
lado de Tucunián, Todavía se censuraba a Belgrano j>orque alzaba 
la bandera celes4e y blanca, en vez de alzar la bandera «'íV>''"ola> 
que er;i la IimihIci;) del Tt (liicriio (li> Ins Piovíucíms T'iii(l.i<. 



MAXUAL DK HISTORIA URUGUAYA 185 

No podía ser nrás sana la exiger,cia. El Río de la Plata ha- 
bía roto sus amaiTas coa el dominio esQ>añol y era necesario y eo- 
i'reeto, eu eonseeiienoia, enteirar de nna vez paia siemipre ]o» 
proyectos ele restauración 'borbónica en que antes habían pensado 
i!os proceres de mayo y en que todavía seguían pensando miuehos 
de ellos cuando Artig-as formulaba la piimera base de su plie<ro de 
instrucciones. 

La IDKA FEDERAL ES DE ARTIGAS. 

Hay que recordar que cuando Artigas iproclamaba el gobierno 
i'epuiblicano, todo el Río de la Plata vivía y pensaba en pleno ré- 
gimen monárquico. Ni uno isolo de los ,prohombres de Buenos Ai- 
res era republicano. Por convicción, por hábito, o por circunstan- 
cias del momento, todos ellos trabajaban en silencio o públicamen- 
U; por la implantación de una monarquía, única forma de gobierno 
(.lae encontraba ambiente entre las clases iluistra.das de la época. 

Daindo forma a su idea favorita, exigía Artigas el estaWecimien- 
lo del régimen federal sobre la doble base de un gobierno nacional 
que atendería los intereses de toda la nación y de gobiernos pro- 
vinciales que garantizarían la igualdad, la libertad y la integridad de 
los ciudadanos y de los /pueblos de su jurisdicción; y como medio 
de asegurar el equilibrio de las autoridades, que t-anto el gobier- 
no de la nación como el gobierno de las provincias fueran ejercidos 
ijor intennedio de tres Poderes, el Poder legislativo, el Poder Ejecu- 
tivo y el Poder Judicial, que jaimé® podi-ían refundirse y que serían 
independientes en el ejercicio de sus respectivas; facultades. 

Se trata también en este caso de un pensamiento original de Ar- 
tigas, y de un pensamiento tan grande, que se haai realizado y se 
continúan realizando esfuerzos de todo género para arrancarlo de 
t-u haber hisitórieo y adjudicárselo a otros. 

Para unos, la iniciativa emana del dictador Francia; ipara otros, 
es el resultado de viejas tendencias españolas; para los miás, es 
gloria exclusiva de Mariamo Moreno, a quien se ha llamado "após- 
tol del federalismo". 

El dictador del Paraguay empleó ila palabra "federación" en uno 
de sus uncios. Pero la palabra aislada, sin una explicación, sin un 
complemento caialquiera que mostrara el alcance que atribuía a ese 
vocablo . 

'El individuali.smo español, exteriorizado en la institución de los 
cabildos, en la autoaiomía de ilas cindaides, coexistió durante tres- 
eienitos años con un centralismo absorbente que el gobierno de Ma- 
yo recibió y conservó intacto, hasita que Artigas lanzó, difundió 
e hizo triunfar la idea federal. 



186 EDUARDO ACEVEDO 

En citanto a Mariano Moreno, ni la más remota noción tuvo ja- 
más del federalismo que hoy existe en la República Argentina. 

Mariano Moreno consagró algrunas páginas ■áe "La Gaceta de 
Buenos Aires" al federalismo, pero no de las Provincias Unidos 
del Río de la Plata, sino de todas das naciones de la Amonen ospn- 
ñola; y entonces, para fulminarlo en estos términos 

"Es una quimera pretender que itódas las Am»Miivi.s í-víjki ñolas 
fonnen un solo Estatlo. ¿Cómo podríamos entendemos con las Fi- 
lipinas, de quieíies a^penas tenemos otras noticias que lavS que nos 
eom-unica una carta geogiiátíca? 

"Pueden, pues, las Provincias obrar por sí solas su constitución 
y aneglo. deben hacerlo, parque la naturaíeza misma les ha preftr 
jado osta conducta en iltis producciones y límátes de sus respectivos 
territorios . 

"Yo desearía que las Provincias, reduciéndose a los límites que 
hasta ahora han tenido, formasen separadamente la constitución 
conveniente a la felicidad de oada una, que lle\'af9en siempre pre- 
sente la justa máxima de auxiliarse y socorrerse mutuamente; y 
que reservando para otro tiempo todo sistema federaticio, que en 
las presentes circunstancias es inverifioable y podría sor perjudi- 
cial, tratasen sollámente de una alianza estrecha que sostuviese la 
fraternidad que debe reinar siempre y que únioam^rnte pueden sal- 
vamos de las pasiones interiores, que son enemigo más t^^rrible 
paxvk un Estado que intenta constituirse, que ilos ejércitos de las 
potencias extranjeras que se le qpongan". 

En este estudio de "La Qeoeta de Buenos Aires", habla Mariano 
Moreno de la América del Norte, ifiero no de la población civili- 
zada, sino de las tribus salvajes de toda la América ílel Norte, y 
de un Consejo (leneral de Caciques en que se acordaba la guerra 
o la rw7. En cuartto a los Estados Tenidos y a su famosa constitu- 
ción federal, ni una sola palabra les dedica- 
Años más tarde, el doctor Manuel Moreno, desterrado ]x>r el go- 
bierno de Pueyrredón, tmo oportunidad de conocer y estudiar en 
los Estados Unidos el régimen federal; y, al editar los escritos de 
su hermano, injeiió un párrafo de su cosecha que concluía con <«- 
las palabras: 

"Puede, pues, haber confederación de naciones como las de Ale- 
mania, y pue<lc haber federación de sola una nación compuesta do 
varios Estados soberanos, como la de kw Estados Unidos". 

El Ateneo de Buenos Aires, que reg>rDdujo en su BiWioteca los 

escritos (le Mariano Moreno, advierte en una nota que el párrafo 

de qtie nos ocupamos no figura en el editorial de "La Gaceta", aún 

cuando el doctor ]\íanuel Moreno lo publica como parte iutegrantf 

-^e ese editorial. 



MANUAL DE HISTORIA URUGUAYA 187 

¿De dóridtí sacó xVrtigas la idea inspiradora de sus iustrucciouea 
subre el régimen federal? 

Ciertamente que de su entusiasmo ardoroso por los Estados Uni- 
dos, entusiasmo que no decayó en los años subsiguientes, como lo 
demuestra este acuse de recibo de una obra histórica que le envió 
de regalo ei Cabildo de Montevideo : 

'"Espero igualmente los dos lomos que V. S. me oferta referen- 
tes al descubrimiento de Norte América, su revolu-eión, sus varios 
contrastes y sus pix>gresos hasta el año 1807". 

''Yo celebraría que esa historia tan interesante la tuviera cada 
uno de Jos orientales*'. 

Artigas tenía, ademiás, a su lado, formando parte de su consejo, 
homlbres de mucha inteligencia, de vasta ilustradón y de notables 
aptitudes .para el estudio, como Pérez Castellano, Larrañaga, Ba- 
rreiro y Mon terroso, a quienes podía entregar una idea en la se- 
guridad de que saibrían desarrollarla como el máfe encambrado de 
sus contemporáneos. 

El redactó con toda seguridad las Instrucciones que llevan su 
fli-ma., como redactaba toda su corr^esip-ondencia y todas sius resolu- 
ciones oficiales, según el 'testimonio irrefragable de Robertson. 

Pero aian cuando la forma no le perteneciera, el pensamiento era 
suyo, pereonalmiente suyo, y esto es lo esencial. 

La conducta, de Artigas desde el día en qne llegó a Buenos Aires 
para incorporarse al movimiento de Mayo, hasta el día en que lle- 
gó a la Asunción para no volver a actuar más en el Río de la Pla- 
ta, es de firme y tenaz acatamiento a la idea federal, que él no 
abandonó ni traicionó jamás, y que impuso y pr'estigió para siem- 
pre con el ejemplo de su formidable apostolado. 

T^ organización (política qrae hoy tiene la República Argentina, 
es obra de la iniciativa y de la propaganda de Artigas, y es tam- 
bién la glorificación mlás grande del Jefe de ilos Orientales. 

Las AUTONOMÍAS provinciatjís. 

'Proclamadas a.sí las tres bases cardinales de la organización ins- 
titucional del Río do la Plata: albsoluta independenda de España; 
adopción del gobierno republicano; y establecimiento del régimen 
federal, con la misma organización de poderes que existía en los 
Estados Unidos, había cpie preocuparse de garantizar ila libertad 
do las provincias y la libertad de los ciudadanos. 

Y Artigas aborda la tarea coax la misima elevación de criterio. 
Tenía por delante el cuadro de las desgracias de las Provincias 
Pnidap, espe;ialirienlc de la Provincia Orienta!, por obra de la pi'e- 



188 1..M..UW0 ACEVEDO 

potencia de Buenos Aires, o más tóen dicho de la oligarquía militar- 
y política que se había apoderado de todos dos resortes de la ad- 
ministración pública; y procaraba evitar su repetición. ¿En qué 
t'oraia? 

Garantizando la libertad civil y i*elijnosa en totla su extensión 
imaginable; acordando a las provincias t«>da la parte de soberanía 
no delepfada expreesamente al congreso, el derecho de tener anuais. 
el derecho de organizar su propia fuer^^i militar, el derecho de dic- 
iar su constitución provisional y de cx>neurrir a la sanción de la 
íH>nstiín<'ióii iiacii)n:il : <'\Íl>Í(>iu1o frnhns cficní-cs f»imír:i <■! ili'<ni)fisni(t 
militai-. 

Y conumunlo cslf^s posluia'ios, (jue (.'riin oiu<>i!o»'s iinli>ciuii)k'< y 
siguen siéndolo todavía a los cien ailos, exigía Artigas que la capi- 
tal de las Provincias Unidas del Río de la Plata tmiera su asiento- 
fuera de Buenos Aires. 

Durante toda la evolución colonial. Buenos Aires ha*bía herido 
intensa y reiteradamente a Montevideo, y durante la Revolución 
había también desconocido sus derechos y sacrificado sus intereses. 
Em Buenos Aires residía, además, ila oligarquía que se atribuía el 
gobierno de todas las demias proWncias. 

Tanto, pues, por razones históricas, como jM>r razones i>olíticas. 
era urgente transportar la capital a otro lado, y así debían exigirlo 
los diputados orientales, como medio de garantizar la libct-t.id de 
las provincias y de asegurar la estabilidad de la (paz. 

Reconquista de las Misiones. 

Tenía que ipensar tamibién Artigas en el eii.-<.i.i. n, ..» ■ ,< i. ■..'... . 
de la Pro\nncia Oriental. Por efecto de la inconcebiWe incuria de 
las autoridades españolas que liabían tenido asiento en Buenos Ai- 
res, todo el vasto territorio del Attó»itico. que lúst^rica y geognéfi- 
camente pertenecía a Montevideo, estaba en manos de lo» poi-tu- 
gueses. 

Artigas no lo olvidaba, Pero limitándose a las usurpaciones c(hi- 
temipoiifJneas a la época en que él había actuado como oficial de 
l)lamdengues o como subalterno de Azara, exigía la reintegración 
de ías superficies en que estaban diseminados los pueblos d« Mi- 
siones. Batoví. Santa Tecla y San Rafael, eon el patriótico propó- 
sito de restaurar algunos de los marcos de la Provincia Oriental. 

i'.nra nsfjfnrar oÍ «ic^cnvoilviniieuto industrial y <v>nicrci:ii «n- 1,t 
Pnn'incia Oriental, exigía finalmente Artigas la plena habilitación 



MANUAL DE HISTORIA URUGUAYA 189 

-<-úuiit;reial de los ¡panertofi de Maldouiido y de la Colonia y la pros- 
cripicióu de toda tasa o derecho sobre los artículos que exportase 
una provincia con destino al eonsiumjo de otra. 

La habilitación de Maldonado había figurado entre los primeros 
decretos de la Jiuiita Gubernativa de IVIayo, y esa medida, como 
las demás de su índole que registran las Instrucciones, tiene el in- 
variable sello de absoluta permanencia que caracteriza el progra- 
ma de Artigas. 

Organización interna de las Provincias. 

Eii cuanto al seg'undo congreso provincial del mes de abril, sus 
conclusiones concuerdan con las del iprimero y ponen de relieve la 
absoluta fijeza de la orientación aítiguista. 

Había que organizar el Tégimen interno de la Provincia, mien- 
tras no se dictase la constitución nacional por la Asamblea reunida 
en Buenos Aires. Y Artigas en vez de proceder por sí y ante 
sí, convoca un congreso que crea el paresto de Gro'bernador militar 
y organiza un cuerpo municipal para el mantenimiento del orden 
interno, eiligiendo simiultáneamente las personas que debían ocupar 
los empleos ereados. Todo se articula y se correlaciona armónica- 
mente en el admirable plan institucional de Artigas. 

Al año siguiente, el Supremo Director don Gervasio Antonio de 
Posadas, disponía, en camlbio. como de un feudo, de la Pro\'incia 
Oriental . Léase su decreto de 7 de marzo de 1814 : 

"Considerando que el territorio de la Banda Oriental por su ex- 
tensión, fertilidad, situación topográfica y crecida población, debe 
formar ipor sí solo 'una parte constituyente del Estado... He ve- 
nido en declarar, como declaro por el presenite decreto, que todas 
los pueblos de nuestro territorio con sus respectivas jurisdicciones 
que se hallan en la Banda Oriental del Uruguay y oriental y sep- 
tentrional del Río de la Plata, formen desde hoy en adelante una 
de las Provincias Unidas, con la denominación de Oriental del Río 
de la Plata, que eerá regida por .ii,n Gobernador Intendente, con las 
facultada acordadas a los jefes de esta clase". 

Actitud que asume el Gobierno de Buenos Aires. 

Los dos congresos orientales del mes de abril respondían, p.ues, 
al mismo movitnienito patriótico de autonomía local y de unión sin- 
cera de las p-rovincias sdbre la loase de una constitución federal 
-calcada en la de los Estados Unidos de Norte América. 



190 EDUAnnO ACEVEDO 

Artigíis no quería aUsoluUunentc la sejiregación do ila I'rovincia 
Oriental, pero tampoco quería el manleniniiento de la ilietaJura de 
Buenos Airee. Su ipunto de mira era la sanción de una caita or- 
gláffiica nacional y de c-artas orgánicas provinciaJes, que hieierau 
imposible el despotismo interno e impidieran <jue la capital conti- 
nuara subyugando a todos los demás pueblos de la unión. 

iPeiX) dentro de ese progi-ama no tenía cabilla la oligarq.ií;i «.m 
se había apoderado del gobierno de las Provincias Unidaj^. 
consecuencia, Qlla resolvió asumir actitudes radicales contra o p"¡- 
taestaodarte de la constitución federal. 

FA plan de cam])aña de la oligarqiu'a puede deseoimponerse «sí : 

Desconocimiento del congicso del '> de abril, mediante el lechazo 
liso y llano de los cineo diputados elegidos para llevar la ropreson- 
fación de la Provincia Orieníail en la Asamlblea Constituyente: 

Desconocimiento del congi-eso del 20 de abril; 

Alzamiento del .«¡itio de Montevideo y nii>tura do hostilidades 

£1 rechazo de los diputados oñcntales. 

La crónica oficial de la ^Vsamblea Constituyente, expjica así el 
re<'luizo de los diplomas orientales en las sesiones de junio de 1813: 

"Habiendo ocurrido ei\ una de las sesiones anteriores, mediante 
un oficio dirigido al Secretario de la Asamblea, los dipatadoB que 
se dicen electos por la Banda Oriental, ncompeñaivdo como única • 
credencial la,s partas de aviso que les comniiicaban algaiMis indivi- 
«luorís de m{ue11os ¡pueblos, se a<*ordó no liac«r hipar a su incorpo- 
ración liíisln (Míe \ ÍmÍ«'S«'M «'M foriii:! I>:i>i:iiit<' sus r«siMMilivr»s fxi- 
tleres ' . 

"El S<'crei;iri() iia j)u»'st(i a chiiskíciíhioh «u- la Asamblea este in- 
cidente, y él ha precisado aún de nueva discusión sobre el particu- 
lar, repitiéndose ila lectura de las mencionaílas cartas". 

**Rn gruida los ciudadanos Vidal, Gómez, Valle, Monteugudo y 
4i{j<06, por el orden qne pidieron la ¡wlntoi-a, demostraron que 1 « bie- 
lendidos po<leres enm inilos por ineoníestables principios. Por wm 
pai-te resultaba la elección hecha i>or compri>misi> de los ¡meblo* 
en una sola persona, habiéndose nombrado cinco ccHuproraisarí ¿ 
,para elegir los cinco diputailos ocurrentes, y sin que haya oon^lr.n- 
cia de ilas cartas en (jue sancionó el ccnnpromiso. prescindifffido de 
si en el caso es kgít.imo y conforme a la convocatoria del 24 de oc- 
tuljre la elección hecha ^wv comi>n>miso. A nuis de que los referi- 
dos avisos sólo vienen firmados por im individuo cuyo carií«i©r se 
ignora, a excepción del ciudadano Artigo ; •',, ' ■, 

dirigida al ciudadano Larrañaga". 



MANUAL DE HISTORIA URUGUAYA 191 

•"Estas justas eoiiskleracioues fueron ampliñeaxla« en el debate y 
después de ecncluído recayó el siguiente decreíto : 

•'La Asam'blea General ordena que se devuelvan por el Secreta- 
rio en copia certilicada ilos documicntos que ban presentado para 
incorp'Oa'arse los cinco diputados que como electos pior la Banda 
Oriental los han exhibido, por no hallarse bastantes al indicado 
efecto, quedando por ahora en la Secretaría los originales". 

Tal es lo que eí^tablece el acta oficial de la sesión, firmada por 
don Vicente López como Presidente y don Hipólito Vieyítes como 
Secretario. 

El regilamento de 24 de octubre de 1812 a que hace referencia el 
acta, establecía que los vecinos de cada cuaTÍ>el o distrito nom'bra- 
rían nn. elector, y esos electores en consorcio con el Cabildo elegi- 
rían el dipalado de la ciudad, pudiendo "todo ciudadano, al exten- 
derse los poderes e instrucciones de los diputados, indicar a los 
electores lo que creyera conveniente al interés general y 'ail bien y 
felicidad común". 

Los diputados eran, pues, rechazados ipor supuestos defectos de 
forma en sus poderes o diplomas. Y defectos de forma imposibles 
de subsanar, porque ya estaba resuelto, efeotivajmente, ei! Gobierno 
de Buenois Aires a ejercer una formidable presión militar sobre los 
orientales, como lo veremos más, adelante, al ocuparnos del tercer 
Congreso Provincial reunido en diciembre de 1813 bajo el sable de 
Rondeau. 

Conviene advenir, desde luego, (jue en materia de vicios electo- 
i'ales podía la oligarquía gobernante aplicar a codos ios codiícios 
en que le tocó actuar, la siguiente confesión de don Gervasio An- 
tonio de Posadas, uno de sus ilustres componentes y jefe del Gobier- 
no durante estas luchas contra Artigas: 

"Mi elección ipara Suipremo Director del Estado (enero de 1814), 
se hizo lo mismo que se han heeiho, con miáis o menos estrépito, con 
puebladas o sin ellas, todas las elecciones de gobernantes desde el 
mes de mayo de 1810 hasta la fecha en que escribo (1829) y lo 
mismo que se han practieado todas las- elecciones de diputados así 
en las ciudades como en los partidos de campaña, es decir, se ha 
hecho revolucionariamente" . 

j, Peí'o existían realmente Adcios en los diplomas de los diputados 
orientales? 

Véase lo que dos de esos diputados, don Dámiaso T-ííirrañag"a y 
el doctor Mateó Vidal esea-ibían a Artigas desde Buenos Aires, al 
adjuntarle la crónica oficial de la sesión que había ¡publicado "El 
Redacter de la iVjsamblea" : 

"Por su simiple lectura comprenderá V. S. que se procura per- 



192 EDÜABDO ACBVEDO 

suadir y se toma ipor funda rntíiito de nuestra no admisión por aho- 
ra, el haber presentado los diputados electos por la Banda Orien- 
tal como única credencial las cartas de aviso que les oomiunicabau 
ülgunos individiuis de aquellos pueblos". 

"V. S. juzfíará de todo el fondo y veracidad de esta aserción, 
lueg"o que sepa que dos documentos presentados por loe apoderados 
aeclaiuauíes. no sólo fueron loe oficios de los respectivos poiebUn 
que representaban rubricados por las justicias y testigos, en loe 
fjue no HÓlo lo-5 noticiaban el acord:'irlo iu>nilbnnn.ieiito. sino <|iie cu 
él se lo ratiñcaban y aún exiponían sintiesen aquellos doouimentos 
jior suficienteí; poderes para con ellos presentarse y obtener la co- 
rrespondiente incorporación en la Soberana AsaanWea, sino que 
aún aírregamos, principalmente los dos qoie alhajo suscribimos, el 
acta de 5 de abril por la que consta de un modo indudable nuestro 
nombramiento". 

"Si, pues, **E1 Redactor" liace mériío en su exposición de la 
carta de aviso dirigida al ciudadano Larra ña^a, que si no producía 
efecto favorable ni menos disparaba el menor daño y fué acompa- 
ñada a los papeles presentados por un involuntario accidente, nos- 
otros ignoramioe en qué funde el tan decidido estudio que se ma- 
nifiesta de no hacer referencia de la expresada acta, siendo asi que 
era el documento principal en que añanzábamoe nuestras solici- 
tudes". 

Artigus busca una fórmula de conciliación. 

Es ooneluyente, tH>mo se ve, la arg'urnentación de Ijarrañaga y 
del d^xítor \'^idal. Todo estaba en forma. Pero entre los papeles 
marchó confundida ima carta innocua que n«da tenía que ver con 
los dipknnas. Y la Asamlblea ron.«5ti1uyente. dejando de lado 1<ts do- 
(umenljos de imiportancia, exactamente oMno si no ee hubieran pre- 
sentado, t<)ma ipie en esa carta innocua para decir que ella no cons- 
tituye un diploma electoral! 

Ix) que halbía en realidad es que los diputados orientales eran cin- 
co hombres de pensamiento que llevaban a la Asamblea Constitu- 
yente el plieja^> de instrucciones en que se proclamaba la indepen- 
dencia ai>S4»ln'ta de España, ol jrobicrno republicano, la confedera- 
ción 4le las provincias sobre la base de una jírani c<>nstituci<Sn nn- 
ci<»nal y constituciones provinciailes, la autonomía local, el estabh'- 
cimiento de la capital fuera de Buenos Aires: proposiciones todas 
ellas que chocaban cxuitra las ideas de la oligarquía iniperante, y 
ípu', sin embargo, podían abrirse camino y acaso triunfar en un 
pran debate público imih.. i-l mw i>i;iii <!iii;h...í; il.. ifi-.iiiini T.-n-f-jiñn- 
pa y sus compañero- 



MANUAL DE IIISTOEIA URUGUAYA ] 9¿J 

Todía la oligarquía impei'aiitt; dedar rollar en silencio sus planes 
y liasta disfrazarlos en ios documientos destinados a ila publicidad. 
¿Pero cómo soste^uer desde la vaos alta tribuuia del país, que era 
iiecesario seguir gotbernando a nomlb're de Fernando \íl; que liabía 
que traer un Rey al Río de la Plata; que el gobierno era el patri- 
monio de un .pequeño grupo de pei'sonas; que las provincias no 
leuían dereolios de ninguna especie; que no había pai'a qué san- 
cionar una constitución? ¿Ha:bríaai, acaso, tolerado los pueblos esos 
discursos, aún sujpoaiiendo que algunos oradores se hubieran ames- 
gado a pronunciardos ? 

Tal era la isituación que creaiba en Buenos Aires la llegada de 

los diputados orientailes, y de esa situación gravísima sólo podía 

salir la soberana ib>aml3lea, cerrando las puertas, como las cerró, 

a tollos los que no /pensaran como ella, a todos los que no estuvieran 

dispuestos a aceptar el yugo de la oligai'quía gobernante. 

Para Artigias el golpe era formidable. 

Halbía ereído llegado el inomento de sustituir «I imiperio de las 
instituciones al imperio de l-os hombres; la libertad, al despotismo; 
la autonomía vivificante de las localidades, al centi'alismo matadoi* 
de Buenos Airees; y he aquí que la propia Asamblea Constituyente 
llamada a dar satisfacción a la prolongada expectativa de los. orien- 
tales, resuelve extremar las persecuciones y alejar toda esperanza 
de concordia, de afianzamiento poilítico, de progreso institucional, 
de adelanto económico, que eso y mucho más significaba el rechazo 
de los diputados! 

J.untamente con la resolución de la Asamiblea Constituyente se 
ai^ticulaba un amplio plan de medidas contra los orientales: el le- 
\antamiento del sitio de Montevideo; el acantonamiento de fuerzas 
en las costas del Uruguay y del Paraná; la. entrega de su pasa- 
porte a don Tomás García de Zúñiga, que había ido a Buenos Aires 
con varias solicitudes de los pueblos. 

Peix) Artigas, lejos de aieeptar el rompimiento úe hostilidades a 
que lo arrastraba la oligarquía imperaaite, resolvió apelar a todos 
los recursos pacífícf)s, con el intento patriótico de que no se ma;lo- 
grara la qportuuidad histórica de dar al Río de la Plata una carta 
política que evitase en el poi-venir la repetición de los grandes gol- 
pes de aiutoridad que en esos mism^os momentos se extremaíl)an tan 
•'ruelmente en Buenos Aiius. 

íinvió, pues, un pliego de instrucciones a Larrañaga para que se 
ajproximara al Gobierno y buscara soluciones transaccionales, y di- 
rigió una expresión de agra\'ios al mismo Gobierno, en la que luego 
de emunerar los diversos actos y medidas de que eran víctimas 
Jos orientales y de recordar todo lo que la Provincia había sufi-ido 
M. i'K II. I". — 1;5 



194 EDUARDO ACEVEDO 

por mantener sus pnucipios y procurar conciliarios con los intere- 
ses generales, decía: 

"¿Pero hasta cniindo, Excmo- Señor, ha de servir est* modera- 
ción a garantir los proyectos de la intriga?... Por fin, si exami- 
nadas lodas las proporciones y hecha la combinación debida, halla 
V. E. que sólo la unión puede poner el sello a nuestra obra, fije- 
mos las garantías de esa unión... La historia de la regeneración 
de esta Provincia es demasiado recienle... Es un delirio formar el 
proyecto de subyugarla... Digista V. E. del empeño: entre con 
nosotros al templo augusto de la confederación . . . Esta Provincia 
penetra las miras de V. E-, ella está dispuesta a eludirlas; i>ero ella 
ruega a V. E. aparte el motivo de sus temoi-es: ella tiene ya t<Klas 
sus medidas tomadas, y ai primer impulso de sus r»'><»rfos han! 
conocer a V. E. la extensión de sus recursos irresistibles... El 
ciudadano Dámaso A. liarrañaga, está enicar^ado de (-(Micluir esta 
cuestión. Mis con ciuíla danos esperan de rodillas el resultado". 

Artigas se dirigió al mismo tiempo al Gobierno <lel Paraguay para 
hacerle conocer el giro (jue iban (oniandi> los negocios del KÍd di^ 
la Plata. Le decía que el Gobierno Argentino acantonaba tropas 
en el Paraná y Uruguay y distribuía tres mil fusiles para humillar 
fv los orientales: que al finalizar el mes de mayo se había dado 
orden de proceder al levantamiento del sitio de Montevideo, a pre- 
texto de la llegada de una expedición española ; que si esa oivleii 
no había .temido cumplimrien'to, era por efecto de trabajos de Ron- 
ílca.u ; y agregaba : 

"Buenos Aires, constante siempre en su proyecto de hollar la 
libertad de los puetblos, ha avanzado su« pasos }• los lia marcailo 
con el escándalo... ¿Qué luicer delante del cuadro de nuestros Ira- 
bajos, humeando aún la sangre de nuestros hermanos, desierta nues- 
tra campaña, extinguidas nuestras pingües haciendas, y hechos todos 
al testiuMMiio de las miserias, a la vista de una libertad (pie se nos 
anunció en una forma la más seduciente?'' 

Del pliego de "instrucciones y de conocí mienl os", que Aiiigas 
envió a Lan-añaga, extraemos eetas nuevas frases reveladoras del 
mismo proi>ósito de ira la imión constitucional del Río de ila Plata : 

"Pregnuitarn al Gobierno qué es lo que exip'e de los orientales; 
que por Dios entre a garantir la unión; <\\\e la continuación de 
estos pasos no hará unís que atrasar los progresos, deí sistema, sin 
que él U^ie a consolidar sus planes; que eí»té muy se^puro de que 
sean elh>s cimles fueren, nosotros sabremos, biíndinlos; que todas 
las (medidas están, al efecto, tomadas, y sólo resta la ejec4ición. 
I^ asegurará que jamás podrá, llenarse la idea de levantar el sitio 
y que crea firmenN"'*" """ >v> da paso algún-» •"■»' "" oono/^-nnos 
su fin". 



11 ANUAL DE HISTORIA URUGUAYA 195 

'Eiíia Provincia ha tenido noticias muy piositivas de que el Gro— 
bierno de Buenos Aii'es levanta tropas con el fin, preeisa,iaiente, de 
garantir sus proyectos sobre ella, . . Esita Provincia estái alarmada 
contra «1 despotismo j si sus prosélitos se han multiplicado, ella nO' 
es menos libre. Sería muy ridículo que no mirando ahora por sí, 
prodigase su sangre al frente de Montevideo y mañana ofreciese a 
otro nuevo cetro de hierro el laurel mismo que va a tomar de sobre 
sus miurallas. La Provincia Oriental no pelea por el restableci- 
miento de la tiranía de Buenos Aires". 

Larrañaga trasmite la fórmula conciliatoria. 

Después de largas entrevistas se encontró Larrañaga habilitado 
para trasmitir a Artigas las proposiciones del Gobierno Argentino. 
N^óase cuáles eran: 

La Provincia Oriental enviará cuatro diputados, en vez de cinco. 
Esos diputados, en unión de todos ilos demias, detenninarán la forma 
de gobierno a implantarse en el Río de la Plata. Los diputados 
tle la Banda Oriental expondrán lor sí mismos sus derechos y san- 
cionarán lo que conceptúen más útil y conveniente. En cuanto al 
régimen interno, el general Rondeau invitará a los hacendados pro- 
pietarios a una reunión en la que se establecerán las justicias y se 
tomarán las medidas de protección que se estime más convenientes. 

Artigas aceptó la idea de una nueva elección de diputados, cre- 
yendo en el primer momento que se dejaría a /los orientales en plena 
libertad de acción. 

Pronito debieron disiparse, sin embargo, sus patrióticas esperan- 
zas, jpues anunciaba al Oobierno Paraguayo que su comisionado don 
Tomiáb Grarcía de Zúñiga halbía tenido que regresar de Buenos Aires- 
sin poder dar cumplimiento a su comisión; y agregaba: 

"No hay remedio. Se quiere precisamente que se esté sólo a las 
deliberaciones de Buenos Aires. 

"Ese extremo de senilidad a que se quiere conducirnos, ultraja 
í\ la justicia". 

Pasemos, entretanto, al seg-undo ca.pílulo del plan de medidas 
del Gobiei'no de Buenos Aires contra el programa de Artigas: el 
desconocimiento de la junta municipal creada a fines dal nii'és de 
abril . 

El gobierno económico de la Provincia Oriental. 

La Soberana Asamblea Constituyente que había rechazado a los 
¿itintadof! orientales surgidos del eongi'eso de ó de abril, tíimpoco-- 



!«:.() EDrARDO ACEVEDO 

recDiiociu i\ .;:i .iuniu .v;iiiiu¡i>ai surgiila del cungreíso úvl 20 «leí 
Jiiisnip mes. 

E] doctor Bi"uiio Méndez, Vicepresideute de la Junta, comunicó 
*u instalación a la Soberana iVsarablea y al Grobierno de las Pro- 
viiK-ias Unidas. Pero, ni uno ni otro se dieron por entendidos de 
los otícios recibidos. 

A'rtig:as rtni)rociió ese acto de desprecio en su expresión de agí 
vio» al Gobierno y repitió el reprt>ohe en el pliego de iiistmoci<ines 
a Larrañaga. 

Por toda respuesta, fueron libradas órdenes a Rondeau i>ara 
autorizar una reunión de hacendados que se encargaría de establecer 
las justicias y de tomar las medidas de protección miís necesarias, 
■cjue era precisamente el programa que había alK)rdado y resuelto 
el conífreso del 20 de abril. 

El Grolbierno de Buenos Aires consideraba, pues, como no ex¡¿i- 
tente el cuerpo municinal, y eso que estaba en plena actividad, y 
que siguió fuaioionando hasta que un tercer congr'xjsít) provincial 
hizo tdbla rasa de ese oi^^anismo artigmista, para reemplazarlo pior 
«)tr«> qiYe res}>oniflía al cpntralismo a.l)sorbente de la Capital. 

Vivió p<K'Os meses el cuerpo mrimici(|K»l que presidía Ailigas 
^8u corta historia esta ilustrada por una vigorosa tentativa que pione 

de manifiesto la orientación <l*'l .»r.>;iin/,uL»r v >¿ii i\.iunil.i nr.i.ri-rnn.i 

<le progreso económico . 

Apenas constituido, se iIuiltiu al doclor Joso .Muinifl iviez l ab- 
teLlano, ¡pidiéndole sus apuntaciones sobre agincultura, "por lo mucho 
<|ue pue<len sen'ir al fomento de aquélla y alivio de los que de nuevo 
.'^e empleen en tan laiMlalble ejercicio". 

El doct^^r Pérez Castellano liabía estudia<lo agricultura en su 
chacra del Miguelete, durante cuarenta años, y estaba liabilitad* 
|>ara dar a la caimpaña el impulso que ambioionubji Aiüiras desdo !;i 
línea sitiadora de Montevideo. 

Aceptó, pues, el encargo- Pero como la ^preparación de uii« ».i. 
tilla debía ser lenta, invocó la Jimta razones de urgencia para pe- 
dirle que remiliem al Gt>bierno. n>es a mes. lo que fuera escribiendo, 
en fonna de entregas parciales de Ui obra en preparación. 

La contestación del doctor Pérez €aí>tellano (b idea de las estre- 
checes en que se vivía: 

"Como me failtaba papel en que €í«eribir, rae acordé de uin libn» 
de marquillas en que tengo otras apuntaciones ciiriosas, ya propias. 
ya copiadas, y en las hojas blancas de ese libro estoy escribiendo mis 
rvísticas oteen'acioneR, y llevo ya en borrador catorce hojas sin 
haber etalido del principio; porque la agricultura en este país pres- 
cribe al <iue quiere tratar la materia con claridad y de un modo 



MANUAL DE HISTORIA URUGUAYA lí!7 

que sea útil, un caiujiK) tan vasto como el qv.e se presenta en nuestras 
cai:apiñas a la vista del que las observa, que es un campo. dÍ2"ámoa!o 
a.sí, sin horizontes y sin término". 

Cuenta, el mismo Pérez Castellano (.j^ui- t-iun iaiii(.ís y iau grandes: 
¡os dieg-usíos que él experimentaba frente a la obra destructora de 
la giierra, que al empezar a escribir le j)areeió que la pluma "se le^ 
iba a eaer de la miaño''. 

"No obstante — agrega — venciendo la repugnancia que tenía de 
entrar en materia y sacando, como se suele decir, fuerzas de fla- 
qiuezia, tomié la pliima y comencé a eseriibir sin plaUj eampezando 
por lo priniiero que se me ocurrió como 'miáis necesario a un labra- 
dor, que son los cercos, ipixes éstos eran puintualmente los que pri- 
mero violentaban y vencían los soldados para hacer de das propieda- 
des cnltivadas un campo raso, lii dili.S'encia fué .teadre de la 
b^Jena\-entura, porque experimenté que con el escribir hallaba alivio 
í» mis males; pues a miás de distraerme de los que diariamente me 
cargaban, me servía de mucho consuelo sólo el pensar que mientras 
conspiralban tantos a destruir, era de ánimos generosos el edificar; 
y yo míe envanecía de que podría contarme en el número de éstos,^ 
si por mi parte hacía lo que me era posible en sostener aquello- 
misimo que muchos tiraban a derribar". 

Esa tamljién tenía que ser la situación de ánimo de Artigas,^ 
cuando iba a golpear a las ¡puertas de la chacra del sabio agricultor,, 
para i>edirle que hirviera de guía al paisanaje y preparara al sol- 
dado para el momento de \la paz. transformándolo de destructor en 
eonstruictor . 

Estaba, efeetivaiujente, en lo más recio de la lucha, combatiendo 
a la vez contra la guarnición de Montevideo que pretendía mantener 
el cetro del coloniaje español y contra el Grobierno de las Provincias 
Unidas que pret/endía ¡sustituir ese ceiro i>nr od-o do cuño criollo, 
pero no menos agoibiante. 

¿.Dónde había recibido el Jefe de los Ofioii tales e^a raagiiífica 
orientación económica que enton<*es se traducía en elaboración de 
.Übros y cartillas de propaganda, y que más tarde, en el largo os- 
ti'a-oisimlo del Paraguay, se traduciría en trabajo personal y dire<'io 
de roturación de tierras y de cría de ganados y de aves? 

Em la frontera uruguaya, segnramiente, al lado de don Félix de 
•Azara, el célebre naturalista, su jefe inmediato en la obra de colo- 
nización abordada por el Gobierno Español en 1801, cuando la in- 
vasión iportuguesa. que ya se había tragado enormes temtorios, po- 
nía en riesgo las Misiones orientales y ame-nazaba otras zomas valio- 
sis de la Provincia de Montevideo, 

('olonizaiido. e^fimuhmdo Ion trabajos agrícolas, daiulo háhitoe- 



198 EDUARDO ACEVEDO 

vsedeutarios al paisanaje erraütt', se organizan los grandes faotores 
de la paz y se defiende, a la vez, la integridad del territorio nacio- 
D&l: así pensaba, sin duda alguna, el gran Azara al bosquejar el 
plan de colonización de la frontera ui'uguaya; y así debió com- 
preuderlo también Artigas, que era su s^nndo, o im& bien dicho, 
6u brazo ejecutor en la camipaña económica que tan tjirdíamente !>o 
iniciaba contra los portugueses! 

Amenazas de alzamiento del scgiindo sitio. 

Ll^;amos a ila últinm etapa del plan adoptado por el Gobierno 
de las Provincias Unidas a raíz de los congresos provinciales de 
a:bril y de las instrucciones dadas por Artigas a los diputados que 
debían llevar la representación uruguaya en la Soberana Asambdea 
Constituyente: el alzamiento del sitio de Montevideo. 

En BU oficio de 30 de junio, relativo al rechazo de los diputadot^ 
-orieutailes por la Asam'blea Constituyente, haWa iVrtigas al Go- 
bierno del Paraguay de una orden de levantamiento del sitio dada 
por la autoridad argentina a fines de mayo anterior, y revocada en 
virtud de trabajos (Je Kondeau. 

Hay que advertir que a fines de mayo ya estaban los di(j>utados 
orientales gestionando su incorporación y estaba alborotada la oli- 
gai*quía imperaiite, con motivo de las decisiones del congi^eso y del 
•pliego de instrucciones que llevaban los eleeí-os, 

¿Serían infundados los temores de Artigas f 

Léase .lo que ha escrito Rondeau en su autobiografía, al referirse 
a1 arribo de uii refuerzo de tropas españolas y a la aetitiul del 
Gobienio de Buenos Aires: 

"Ale ordenó terminantfflnente que lev^untando el sitio me retirase 
a la Colonia, con lodos los cuerpos de tropas que pertenecían a 
Buenos Aires, y que allí lendría transportes para conducirme y 
conducirlos a sus valizas: grande fué la sorpresa que ine oausó esta 
resolución inesperada, y haciendo violencia a los jnincipioe de i>be- 
diencia y subordinación militar en que estaba educado, me propuse 
observar a! Gobierno, <'oui<) lo hice, que la medida era poco medi- 
tada, porque si se fundaba en que el ejército sitiador y)odía ser 
batido por las tropas de la plaza en caso de ser atacado, presunción 
jinica que por entonces yo supuse la haflbía ocasionado, era total- 
mente equivocada, iporque las tropas de mi mando eran superiores 
en inimero y uo cederían taníbién en valor a las que loe «lemigrts 
pudieran presentarme" . 

"Me fué ordenado ]>or segunda vez lo llevase a efecto, imponien- 
do'-» ..■.••.,,,1-.. , •,><.>, v,w-.,1,;i;,1.,,1,>^ .; ^^,^ 1n p:ili,„>Ko" . 



MANUAL DE HISTORIA URUGUAYA 199 

•■Sujetáiulome, pues, a la responsabilidad con que se me ame- 
nazaba, volví a replicar a S. E. ;se sirviese mandar inteligentes que 
se impiiKiesien de lasüuerzas del ejército y posiciones que cubría". 

El Gobierno envió entonces a la línea sátiadora una comisión 
militar de la que formiaba parte el barón de Olemberg. 

•'•'Trasmitido su informe al Direotor Sapremo, se vio en la pre- 
cisión de tolerar la prosecución del sitio". 

Haibla en seguida Ron'deau de dos sucesos posteñores a la reti- 
rada de Artigas de la línea sitiadora: que hubo que pedir a Buenos 
Aires 500 hombres para llenar el daro; que con^ieron dos meses 
sin conseguirse un soldado; que ai fin se presentó Alvear con 1,500 
hom'bres y un decreto para asumir lel mando de la línea sitiadora; 
y comenta así su destitución : 

"¿Y quién podría dudar de que esta maniobra tan poco digna 
del Gobiei'no de Buenos Aires, tuviera ipor origen lo que antes he 
indicado? Prevenciones que me atraje ípor no haber levantado el 
sitio y retirádome a Buenos Aires con las tropas argentinas cuan- 
do entró en Montevideo el refuerzo de tropas españolas, y de cuya 
acertada opinión me han justificado los resultados; y si este juicio 
no fuese exacto, ¿por qué motivo se mandaron a esta Banda miil 
quinientos hombi'es cuando ya la plaza de Montevideo estaba para 
rendirse, no halbiondo pedido yo miáisi que quinientos en circunstan- 
cias que era de esperarse una acción general por el elaro que me 
dejó Artigas en el sitio, como queda dicho? ¿Por qué se me relevó 
por el geneí^al Alvear cuando ya no tenía él enemigo con quien 
batirse, y que bien mirado le hacía ¡poco honor tomar lel mando del 
ejército en ese estado de cosas, sólo pai'a reeoigier los laureles que 
yo en dos años de constancia y peligros había, conseguido ganar?". 

Rondeau atribuye al refuerzo de (tiopas españolas la reiterada 
orden del Gobierno de Buenos Aires, aunque él se encarga de probar 
con su propio testimonio y con el testimonio de la comisión militar 
que presidía el barón dte Olemberg, que tal i-efuerzo en nada amen- 
2'uaba la formidable situación de la línea sitiadora. 

Por otra parte, si ese huibiera sido el motivo real de las órdenes, 
no se explicaría que ya a raíz de ila caída de la plaza, es decir, 
cua/ndo preeisamente los sucesos ifban a dar ila razón a Rondeau, 
fuera éste destituido y se enviaíría a otro ipiara recoger el fruto de 
la victoria. 

La ceremonia de la entrega del innando a Alvear tuvo lugai' el 17 
de mayo de 1814, y en el mismo día llegaba al campamento la 
noticia de que la. escuadra de las Provincias Unidas, al mando del 
^ilrairante Brown, "que enarfbolaba la insignia española", había des- 
hTiído totalmente la escuadra de Montevideo. Sitiada por tierra 



300 Fnr.APnn *rKvrno 

y i>l<«| iuti< i.i [>iri 11 III'. la u .lili iiHiKn f.-»ji;un>i¡i >iii'' ¡'v»uia o '11 . 1 II •,i;i 1 

iMi lias iniirallas itiientraií iu> se acotaran los víveres almacenados. 
í|iwí apenas alcaaizabaii para dos o ii"es íieniana^. conw «'toctivu- 
itMjutte sU'Cedió, pues ol 23 tle junio entrabsi Alvear a M«ntevi<le<> y 
salía el ejército espiañol ail amparo d© luia cjipitulación militar. 

iberia inexiplicable, ¡pues, la aetitnd <k?l Groftñerno Ar^ntino al 
(lestituir a. Kondeau, si el motivo inspirmlor <lel levatitíimiento ílel 
.«itio hubiera sido el peliíjTo i\ que quedaba expuesto el ejémcitO' 
arjíentino oon la inror;p<»nicii'm A<- ;t1vi;i(i< lin:;)P;>!w.v i -.;i>;ir!<>lí.< .1 
la plaza de Moaitevide«i. 

Pero el cuadro se aí'huM rt'lacii>iuiiuk) úi i-filetatla (.)rilfn li».! ii*- 
conirreeos de abril y pliejro de in.'^truccioiios cdnplementario, con eJ 
i-echazo de los diplomas por la Asíimí>l<«v Constituyente, y con la 
elección de otros nuevos diputados qn" .i"i>''-'>i ^..>- .vi«.r;,i,.^ 1..,;,. 1., 
presión del Gobierno de Buenos Aire 

Ija iprirnera orden jiara ed levatitamiciito del siii*> c> df liüts de 
mayo, cuando el escenario político de Buenos Aires estaba profun- 
damente ajritado con motivo de los congresos orieníales del mes 
anterior, y sobre todo, de la llegrada de los cinco diputados que veníair 
r. íplautear desde la tribuna de la Asamblea Constituyente el pro- 
blema de la indei"K^idencia de Es|>aña, el problema de la organiza- 
ción federal del Río de la Piala y el problema de la íiasla^-ión de 
la capital de las Provincias Unidas. 

A la olifrarquía no le convenía en e.'^'s ni">jn<'nn>s la caina <lc 
^íontevidcii. Y la razón es níivia. Sobre los escomlbros del dominio 
esijiaño] em{H'/,aba a alzar-^e el de l(js orientaUv. que «'va un dominio 
mincho más temiWe (;x>rque contaba ya con todas las poblaci(i:;(< de 
la earapaña y owi las simpatías de las provincia» del ditonl 
tijTHs podría acaso ors:anizaT sobre esa base una fuerza veniadc'a- 
mentí' incontnirrcsta'bb» que actuaría, dentro del propio ntnlbiente 
nacional, con el derecho de intí^rrar sus a.snnvbleas y de contribuir a 
la formación de sus gobiernos. 

Ante ese grave peligro fué dic,t4ida. pues. \i\ primen» orden de 
levantamiento del sitio, y esa orden no tuvo cumplimiento jmrque 
KoikIcsiu ]>udo convencer a todo el mundo que la íruaruición de 
Montevideo estaba a punto de randii'se, y faltó a la oliírarquía el 
coraje .ww.,-..-; >.-. .,••,...,,).,,. i., ,.,.-,.,.„.. .i, ;i;,i.,,i ,1.. .--> .i,..-. 

acierl' 

' IaT r(iU'i;u-iúii de la tuiu'ii úv tjiu' liabla Ivoüdeau. cturcsiiKííuU' a 

una sejriwida etapa de üa lucha con Artigas. 

Rechazados los diputados del congneeo del ,') de abril se ac«>rdó. 
<'<mro hemos dicho, lyior intermedio de Larrañaga la celffcración de 
uti nuevo congreso provincial que oíegiría. los cuatro diputados lla- 
mados a integrar la Asamblea Constituyente. 



?rANUAL DE HISTORIA URUGUAYA 201 

.Vfligas empiezo a mover todos los resortes cívicos para que ese 
lercer congreso se desarroillara eu el mismo amibieute de absoluta 
libertad en que habían actuado los dos leong'resos anteriores. Ron- 
deau, en ca^mibio, recilbaó instrucciones paii'a aislar a Artigas del 
congreso, y iJ<ara actuar ,jnilitanniente sobre éste, en forma de <iue 
los nuevos diiputa-dois no fueran a Buenos Aires con exig>en<?ias o 
condiciones de ninguna espiccie. sinio dispuesitos a pasar por las 
horcas caudinas de la oligarquía impenante. 

En esta segunda etaipa de la liir-iha tenía que haber y hubo alter- 
nativas favorables y contrarias a los propósitos del Grobiemo de 
Buenos Aires, y hubo miás de una oportunidad, en consecuencia, 
para reiterar la orden de levau'lannieuto del sitio, como reeiu'eo de 
inmediata realización, o como medio de ejercer presión sobre los 
orientales, trayendo a la memioria de todos el recuerdo de las inde- 
cibles angustias de ila expatriación al Ayuí. 

Hay otro anteceíleute muy valioso acerca de la persistencia de la 
causa inspiradora de la orden de levantiamiento del sitio. 

En diciembre de 1813, cuando se reunía el ter*eer Congreso de la 
Proviinicia Oriental para la ©lección de diputados a la Asamblea 
Constituyente, y libraba Hondean una batalla política contra Ar- 
tigas, tramitaba en Río de Janeiro un acuerdo para restablecer la 
dominación es(pañola en el Uruguay, actuando don i\Tanuel de Sa- 
rratea, en calidad de Ministro negociador, con el concurso de la. 
Embajada inglesa. 

De conformidad al armisticio que se proyectaba, el Gobierno de 
Buenos Aires procedería al inmediato retiro de las tropas sitiado- 
ras de Montevideo; el territorio uruguayo quedaría bajo la juris- 
dicción española, mientras se arribaba a un tratado definitivo; y 
se obligaríaai aimibos Gobiernos en el cast) de que, "algún jefe militar 
se atreviese a no obedecer las órdenes. . . a sujetarlo por medio de 
la fuer7.a, tratándole a este efecto como enemigo de la tranquilidad 
pú'bliea' ' , 

Fracasaron estos planes contra Artigas. Pero el Gobierno de 
l-?uonr)s Airr- ■ ■■'■•■■ — ■-,.. ..i;;,- directamente las g'estiones en Mon- 
icvideo. 

Hablan los iseñores D/unao^o íjari-añaga y José Ra^anundo Guerra: 

"Eí 1.° de abril de 1814 llegaron a Montevideo los doctores 
Gómez y Edievarría, comisionadlos por el Gobierno de Buenos Aires 
para tratar del armisticio, sin que se arriíbara a nada en las c<m- 
ferencias que celebraron con los comisionados de la plaza". 

Díjose entonces, "que Buenos Airees ]iro]X)nía levantar el sitio 
siemipre que Pezuela se i-etii'ara con su ejército del Pei'ú al Desagua- 
dero, con otras esi^ecies casi iguales a las del aannistieio celebrado 



-202 EDUARDO ACEVEDO 

en el Janeiro eutre los Embajadores de España y de Inglaterra y 
don Manuel de Sarratea, despreciado por Vigodet; y que éste, para 
saber la voluntad del 'pue/blo pasó oficio al Cabildo a fin de que. 
hiciese oina convocatoria de vecinos, de que resultó la lesoogida 
reunión de 80 en las cufias capitulares, quienes de común acuerdo 
votaron por la guerra. A ¡lesar de lo cual, los comisionados de 
este Gobierno propusieron, en última conferencia que se hiciese tre- 
f»im hasta que viniesen diputados de Pezueda y de Artigas, y entre 
todos se ¡tratara de In paz. con lo que los de Bue!u>s Aires no se 
eonforanaron". 

No cabe du*.... ,...vv-. ..t .,..». i., orden de levantar el sitio de 
MonteAñdeo, surgida a raíz de la celebracióri de los congresos de 
abril, se ntantiivo sin interrupción como una amenaza contra h^ 
(Miéntales, y que si no aJeanzó a crisftalizar ■debe atribuirse a la 
resistencia de Rondeau y al fracaso de las diversas gestiones dipJo- 
máiticas encaminadas a descargar lui golpe de msza sobre Airtiga.s 
o, más bien dicho, .sobre su hermoso programa, de organizaciósi ins- 
titucional del Río de la Plata. 

El tercer congreso de la Provincia Oriental. 

Se quería evitar a todo trainf^ 1:i inniH'iicin <!<' Ai-tit-^s en las 
nuevas elecciones de diputados. 

Rondeau mismo lo confiesa en <u ;uii<)i)ioLTraiia : 

'*E1 Gobierno estuvo tan franco que permitió la reunión del 
congreso pretendido, ipero no fué Artigas el coradsionado para con- 
vocar los miettiíbros o diputados que habían de formarlo, sino yo 
bajo de unas instrucciones que se me acompañaban, siendo también 
nombrado Presidente para la elección preparatoria: dispuesto todo 
]x>r los trámites establecidos, y señalados el día y casa en que 
debían reunirse los diputados, concurrieron puntualmente en núme- 
ro de vei/nitiocho, habiendo los pueblos en la elección procedido con 
nn>cho tino, pues se filaron en los hombres más espectables y de 
luces como ;para <!• ir tan aiUo encJirgo: en la apertura del 

í'ongi'eí'o fui recle, -identc, y en tres días de S(«;inn quedó 

sancionada la forma de gobierno". 

Todo el proceso del tercer oongr€S«> orientail, reuni<io <-n la r..- 
pilla Maciel. está condensado en &^a» palabras del jefe del ejército 
' Mtador: el Gobierno de Buenos Aires autorizaba la convocatoria, 
pero las elecciones debían hacerse bajo ía dirección de Rondeau, y 
el congreso que restiltas© de esas elecciones debía ser presidido ])or 
Rondeau. Era el medio heroico de que los diputados a la Asamblea 
ronsti4uyente no llevaran el pliego de instrucciones surgido del 
congreso de abril ! 



MANUAL DE HISTORIA URUGUAYA 203 



La crónica del tercer congreso hecha pop uno de sus 
miembros. 

El doctor Pérez Castelilano, uno de los homibres miás íntegros de 
su «poca, iiitervinio en el congreso de la Capilla Idaeiel, eonio re- 
pi-esentante dql pueblo de Minas, y él ha dejado una circuiíistanciada 
relación que demuestra que aquello no fué congreso sino imposi- 
ción lisa y llana de la A'oluntad del Grobierno die Buenos Aires. 
Vamos a extractarla. 

Juntamente con el acta de su elección o diploma, recibió el doctor 
Pérez Castellano una nota del comandante de Minas, convocándolo 
para las sesiones en el cuairtel general de Hondean y un testimonio 
de documentos emanados de Artigas en que éste expa'esaba que los 
■ electores debían estar autorizados para oxaminar lo resuelto por los 
congresos de abril, debiendo con tal objeto ocurrir, en ¡primer tér- 
mino, a su alojamiento^ y seguidamente, al de Rondeau, todo ello 
de acuerdo con lo convenido entre amibos jefes. 

No pudo menos de expresar extrañeza el doctor Pérez Castellano 
al enterarse de que el Grobierno de Buenos Aires había ordenado 
que el congreso sesionase en el cuartel general y bajo la presidencia 
del General en Jefe . 

"Y ahora que nos dicen que somos Ubres y que hemos roto las 
cadenas de una esclavitud la miá,s ignominiosa, se señala por lugar 
del congreso para la elección de los dijputados a la Soberana Asam- 
blea Constituyente un cuartel general, bajo las bayonetas y sables 
de todo un ejército !" . 

Esa obsen-ación indujo a Rondeau a miodifiear las instrucciones 
de Gobierno de Buenos Aires, y por efecto de ello al congreso, en 
vez de reunirse en el cuaiitel general, se reunió en la capilla de 
don Francisco Antonio Maciel. 

Desde el primer día se pereuadió ya el doctor Pérez Castellano 
por i0l rechazo de varias mociones, que lo que se ¡procuraba "no era 
el bien de esta Provincia, sino el que ciegámiente obedeciere y que- 
dase sujeta, al Supremo Gobierno". 

En la sesión del segundo día, pidió uno de los electores que Ron- 
deau bajara de la Presidencia, como medio de que fuera libre la 
elección de diputados a la Soberana Asamblea Constituyente, a lo 
que otro replicó que ol '."piieral había ocurrido a íla Capilla Maciel 
■■sin trqpa. 

"Esta causal pareció generalmente muy débil, pues aunque el 
Presidente hubiera eonoumdo sin tropa al congreso, venía acom- 
pañado 'de un ayudante que se quedó a la parte de la puerta de 



204 EDUARDO ACEVKDO 

afuera, y a la menor oourtraseña podía llamar de alpíii punto cer- 
caiH» ocho o diez dnw»ones qu'e oon sus sables no hubieran ilejado 
títere oon cabeza, si el Presidente tuviese mala intención''. 

Aunque todos consideraban que da moción, "era fundada y bien 
becha", se resol\ió que el general ctmtinuara en la presidencia aten- 
diendo a su notoria moderación. 

Procedióse luego a la elección de loe tres diputados a la Ajsamblea 
Constitniyemte, saliendo triunf antes don Mareos Salcedo, don Dá- 
maso l.iarrafiaga y el doctor Luis Chorroarín, oJ primero y el ter- 
cero oriuiidos y vecinos de Buenos Aii'es, 

Hubo una prortesta: los dijpiitadcxs de siete n ocho pueblos soí^tu- 
vieron que antee; de ila elección debían liaber concurrido los elec- 
tores al alojamiento de Artisras, pero la mayoría declaró que era 
¡mpiv>cedeate la ¡proteerta. 

Kii la sesión del último día Rondeau leyó una nofca del Gobierno 
de Buenos Aires autorizando la creación de una municipalidad en- 
cargada de arreglar contiibuciones. Y el congreso, amj^vliando el 
jmnsamiento. votó la cmeaeión de una corporación compuesta de tires 
l>ei"sonas, con las atribuciones de Gobernador Intendente de l'w- 
vinda. 

Habiendo expresado Rondeau que le parecía que el Gobierno de 
Bironos Aires quedaba j'a reconocido •-*>-• '-i •^"—f" o.;,."'-' .-.«..ii^/í 
el doctor Pérez Castellano: 

"¿Cuándo se ha re<'onocido? Yo no só ciuiud*>; lo qnt' yo >-i'. »** 
que el mismo derecho que t-uvo Buenos Aires para sustraerse ni 
Gobierno de la metrój.x>li de España, tiene esta Randa OrientAl 
para sustraerse al Gobierno de Buenos Aires. Desde que faltó la 
pcrsiflia del Rey, que era el vínculo que a todos unía y subordinaba, 
lian quedado los pueblos acéfalos y con der<»cho a gobernarse a sí 
mismos" . 

"A esta réplica que hice callaron todos, y nadie habló una pa- 
labra ni en pro ni en cotvtra de eWa: y «sí no puedo decir si les 
sentó bien o mal". 

"Sólo puedo decir <que se echaba bien de ver j>or el trencral 
silencio que sobre esto ipnnto y alírún otro de que se ha hábjado. 
observaron nmchos vocales en quienes yo i'vcx>nocía sutleiente ins- 
frticción para hablar nitro, que no ihabia en ellos la libertad nece- 
saria para tales casíis. y que sólo enmudecían de temor y espanto". 

^'Yo. por lo menos de mí qMtedo decir que también lo tenía y 
que no aé por qué espc^-'v -- •'<■ < ••'■^•- -> fi-> ;..>.>-... i. ...-.;., ..." .-.^..k í 
a decir lo que dije". 



MANUAL DE HISTORIA URUGUAYA 205 

I! congreso no tenía' libertad. 

Tal es la nelaeión del doctor Pérez Castellano, testigo indisou- 
tible y no discutido por su inteligencia, su preparación, sus mag- 
nífieaí; condiciones morales y el medio independienite en que vivía, 
fueríí de la influenc-ia de Artiii-as y fuera de la influencia de 
Rondeau. 

A los factores de silencio y de terix>r que él invoca, hay que 
agregar la insisitente amenaza de levantamienito del sitio. 

Ya liemos dicho que precisamente en la época del congu'eso de 
la Capilla J\Iaciel fué reiterada a Rondeau la orden que se le había 
(lado a i"aíz de los congresos de a-bril, de retirarse a la Colonia y 
(le allí a Buenos Aires, y qiue en esos mismos días también la diplo- 
macia argentina gestioinaba un atmisticio para la enti-ega del Uru- 
guay al dominio esfpañol. 

Rondeau, que no se resignaba a pei-der la gloña de rendir a la 
guarnición de Montevideo, tenía que ejercer una presáón enonne 
sobre dos miembros del congreso, agregando al argumento de 
las bayonetas el recuerdo de lo ocurrido a raíz del levantamiento 
del primer sitio, bajo foi-ma de pérdida absokita de inilereses y de 
emigración en masa, para escapar a ila venganza de las autoridades 
españolas. 

La miayoría del Congreso de la Capilla IMaciel. cediendo a las 
exigencias premiosas del moimiento, resolvió, pues, reconoea- a la 
Asairnlblea Constituyente sin condiciones de ningnna especie. 

Artigas apela ante el pueblo. 

^Vjiigas se encontraba en distinto caso. El era el Jefe de los 
Orientales; tenía que encauzar el movimiento institucional dal Río 
de la Plata ; la gran bandera que estalba en, sus manos no podía ya 
ser arriada ; y, en consecuencia, debía resistir a la presión militar 
de las circunstancias, por graves que fueran, ¡porque nníás arriba 
•que ellas estaban los principios tutelares de la Revolución. 

El congreso de la Caipilla I\faciel, teniendo en cuenta que algunos 
de los diplomas estalblecían la obligación de eooieurrii" al alojamiento 
de Artigas, a fin de examinar las actas de abril, designó una 
Comisión ospeeial para que se aproximara al Jefe de los Orientales, 
y le pidiera su concuri'encia al (local de sesiones con los documentos 
respectivos . 

Pero la Comisión dio cuenta de que Artigas se negaba a concu- 
] T*ir, "concibiendo un desaire que se le luicía por iparte de los pue- 
'Wos a quienes había citado para que eoneurrieraii a su alojamien- 



S^'O EPÜARPO ACTXT.VO 

iw . > «jiie en aqiK-1 ¡r ¿u n.ina u-iua ijiíe exponer, 'li .looiinicjito 
que remitir'*. 

Eso dice el acta <le la sesión eorrespontlieníe a los días 8 y 9 
de diciembre de 1813. El acta, de la segunda y última seisión. co- 
rrespion diente al 10 deí mismo meB, habla de un oficio de Artigas 
que sólo taivo el voto favorable del eletrtor don Manuel Muñoz do 
Haedo, según el cual el congreso debería susjjender las sesiones a 
la espera de ima nueva convocatoria de los pueblos anunciada por 
el Jefe de los Orientales. 

Veamos lo que decía Artiga en ese oficio: 

Eil levan tamiento del primer sitio y la admirable emigración que 
aseguró la integridad del territorio, ''obligaron al pueblo armado a 
establecer unas garantías que sirviesen de «¡poyo a su seguridad 
ulterior". Cuando llegó el momento de reconocer la Asamiblea 
Conslituyente, el Congreso fijó las coudidones de ese reconociraien- 
to, y creó, además, im gobierno económico de que era Pre*!Ídente el 
mismo jefe militar de la Provincia. 

Pues bien: ila autoridad de ese jefe y la voluntad de los ¡iweblos 
lian sido desconocidas y atropelladas. 

"Estoy en que vuestras facultades sean extensivas: a cnianto coit- 
venga al pueblo entfero; pero una proposición tan general no podní 
dai'os la autorización bastante para desbaratar ciegamente las ga- 
rantías convencionales que el pueblo estableció para su seguridad. 
Yo no quiei'o insinuaros en esto que precLsamente delbáis estar a 
las actas. Vosotros podéis ronii>erlas; i>ero vosotros <leb«''¡íi teiiei" 
la prudencia de examinanl.is". 

"Suspended vuestras sesiones, ciudadanos electores. Yo voy n 
escribir a los pueblos, y entonces veré si su voluntad es la misma". 

"Esperad las e-xplioaciones de vuestros constituyentes: yo no pue- 
do ni debo prescindir de ellos; y mientras, sabedlo, ciudadanos elec- 
tores, yo estaré únicamente a lo deliberado en las actas del .'i y til 
de abril; cualquiera determinación qive adelantéis en coniírario. la 
desconoceré abiertaimente y vosotros responderéis a los puobU»s del 
escándalo" . 

Artigas «e dirigió al mismo tiemipo a los cabildos y vecindarioí*. 
•pidiéndoles que declararan si halbía existido el iprop<')sito de que el 
Congreso desconociera la autoridad del Jefe de los Orientales, y de 
que los electores no fueran a la sesión a que él los había invitado. 
• "Sea V. S. sieguro, tenninabn la circular, de que para mí nada 
hay n»iis sagrado que la voluntad de los pueblos, y que me s( nnrnv.'^ 
al momento si es realmente su voliuvtad no reconocerme". 

Desairaik» por el congreso que presidía Rondeau. apielai»a .i>i 
Artigas al veredicto popular. 



MANUAL DE HISTORIA URUGUAYA 207 

i^i^.a ic. i.-.ivo...,;, leiííau que ^c. xa\'ora;bIes al mant'enimien.to de las- ■ 
resoluciones del congreso de aibril, y eia forzoso imiiDedii-ílo cion 
actos do fuerza o cO'ii amenazas de levantamiento de sitio. Y contra 
el pueblo se alzó el isable de Rondeau, ¡para iariponer el mismo 
silencio que había reinado en las votaciones de la Capilla Í.Iaciel. 

Al vecindario de Canelones, procuró intimidarlo Rondeau con las 
bayonetas, daaido con alio lugar a un oficio en que Artigas le ad- 
vertía el riesgo de envolver al país en una anarquía funesta frente 
a frente del enemigo. 

Al veciudai-io del Colla le prevenía que si daba un paso tan poco 
reflexivo, "sería consiguiente la le\'antada del presente sitio y que 
se repitan los males a que fué expuesta la Provincia Oriental en 
la del pasado. Apan'temos estas desgracias aprobando unas actas 
que haceíi el honor de esta Provincia", 

Al Cabildo de Soriano que acabai¡a de declarar la vigencia de (las 
actas de abril, le hablaba en términos igualmente graves: 

"El paso que V. S. ha dado fomenta la desunión. Ella va a ser 
inevitable en la misima Bainda Oriental; yo lo preveo y V. S. y 
líos demias pueblos serian los solo culpados si ven renovai-se el cuadro 
lamtentalble que hizo la desgracia de esta Provincia en la retirada 
del sitio pasado. El Gobierno Saipremo, noticioso de es-tas ocuiTen- 
eias, es muy justo que haga retirar sus tropas". 

Artigas había buscado fórmiulas. transaccionales . Pero sin éxito. 
Las res|;>uestas de los pueblos, favorables a los congresos de abril, 
iriitalban nnás y más a Rondeau, y el peligro del levantamiento del 
sitio era ya inminente. 

La polémica sostenida en esa oiportunidad, ilustra un punto muy 
importante del congreso de la Capilla Maciel. 

Se había convenido, y así lo comunicó Artigas en sus oñcios e 
instrucciones, que los electores se reunirían primeramente en el 
camipo oriental a efecto de exastninar las actas de abriil. 

Pues fbden : Artigas reconvino a Rondeau en estos términos cate- 
góricos que aclaran el alcance de la sesión previa en el campamento 
orieuital y qae denoincian el medio de que se valía el General en 
Jefe para im:pedir esa sesión imiportantísima : 

"El congreso a que invitó V. S. a nombre de la autoridad 
suprema, deMa, según m:is circulares, ser ¡precedido dejl flue S(9 
tuviera en mi alojamiento. Habiendo ya los pueblos expresado su 
voluntad .soíbre los mismos asuntos, era preciso que yo los instruyese 
del por qué de la nueva invitación. Ellos, entonces, resolverían, y 
í^egún sus resoluciones, ipasarían o no al cuartel general. Si ellos 
no lo expresaron así en las eredenciales y podíeres de sus respectivos 
electores, fué un defecto involuntario que los constituyentes o jefe~= 



ÍÍ08 EICABDO ACEVEDO 

luvierou al exteutler las aciats guiándus^ ,..4... <ilo Uel bonau-M vj,.l- 
V. S. se sirvió pasarles, según ellos mismos me lo han confesado, 
y de lo que yo estoy ib«sta.utement€ convencido". 

Quiei*e decir, pues, que lu sesión previa en el campamento oi-ien- 
íal, podía no tseí- se^iruida de la reunión deíinitiva en el campamento 
de Rondeau, si los alecrtores optaban por, el mantenimiento de las 
i-esoluciones de albril; y que el sentimiento poipuilar se inclinaba al 
maulenúnieuto, se encargaban «ie revelarlo a diairio las eomtesla- 
ciones de los cabildos y vecindarios. 

Y quieie decir íamibiéu que Rondeau envió im borrador de acta 
c de diplomsi a los ciwnandaníes locales, alterando lo ineordado, y 
de uiiA manera substancial al prescribir que lus electores se reuni- 
rían en el cuartel general, sin pasar antes i)or el de Artigas. 

Arrinconado Hondean ante el descubrimiento de la artimaña de 
que se había valido pai*a aju.ular la influencia de Artigas y e,jercer 
una presión militar avasalladora sobre el <x>ngi'esc», no i)iido des- 
conocer líi realidad del hecho, y se limitó a decir en su destíai'go 
que el iborradoi' que había pasado a los camandantcs de campaña 
para extender el acta de las elecciones *'iio era obligatorio para 
nadie", deplorable excusa trabáindoee de instrucciones del General 
en Jefe a sus oficiales subalternos! 

Artigas se ve obligado & abandonar la linea sitiadora. 

Totlas las soluciones conciliaioriiu* lin¡l)í:iii sido (mi.->;iv.i<1;iv 
Artigas y halbían fracasado. 

Rechazados los diputados orienliiU> jxir («hmk» «u-l i'rom-.ima 'if 
prinicipids que iban n defender, tso i-ecurría a h^s prix*e<liniientt>s de 
fnerz.i para que el nuevo congreso reconociera iivoondiciona/mcnte 
al Gobierno de Buenos Aii'es. Y cuamlo Artigas, que quería siu- 
cenamente la (paz, apelaba a la rntifíoación popular, movía Rondeau 
sus bayonetas contia el pueblo y declaraba a los cabildos su pn»- 
]>ósito de piiooeder al levantamiento inanediato del sitio! 

¿Qué actitud debía asumir Artigas frente al fracaso de las fórm\i- 
los pacifistas ? 

¿Reconocer ja legitimidad «leí congreso de la Capilla MncielT Pero 
el "Congreso de la Capilla ^íaciel dei-ogaíljo las condiciones e instnic- 
cifwies para la incor.iK>iación de la Ban<ln Oriental a las Provincias 
Tenidas del Río de la Plata: alza'ba en reemplazo del dominio es- 
pañol, el dominio de Buenos Aires, o más bien dicho de la pequeña 
i>ligarquía que se había a|p«Klerado del gobierno y que lo explotaba 
en exclu.sivo proveciio de sus intercíos políticos; anulaba la soIk-- 
lainía popular: atacaba el dosmoi mismo de la Revolución; trans- 



JIANÜAL DE HISTORIA URUGUAYA 209 

fuiiiíaioa una gran contienda de ideas en una miserable lucha de 
personas, ajena a todo principio institucional. 

¿Romper bostilidados con Buenos Aires, dando ilugar al inmediato 
levantamiento del sitio? Tampoco. Artigas no quería absolutamente 
la independencia de su Provincia; quería la unión con las demás 
provincias, pero una unión a base de instituciones que asegurasen 
ías autonomías provinciales. Ademáis, el levantamiento del sitio 
Lonstitutuía un peligro muy grave para ilas poblaciones de la cam- 
paña que todavía no se habían repuesto de las enormes pérdidas 
sufridas con motivo de la expatriación anterior. 

Quedaba una tercera solución: el alejamiento de los orientales de 
la línea sitiadora, a la espera de una eventualidad favorable a la 
leanudación de la política de eonicordia nacional. 

Y Artigas adaptó esa última solución. En la moche del 20 de 
enero de 1814 se retiró de la línea sitiadora seguido de casi todas 
las trqpas orientales, pero en un tren de perfecta tranquilidad, 
sin hostilizar al ejército argentino. 

(Era ya Artigas un personaje de vigoroso relieve en las provin- 
cias ide Santa Fe, Entre Ríos, Oorrientes, Misiones y Córdoba, que 
habían aplaudido las Insitrucciones a los diputados orientadles siurgi- 
dos del congreso de albril, y quie aceptaban isu acción directriz en 
la iuclia que ellas tamlbién se preparaban a sostener eoin¡tra el cen- 
tralismo de Buenos Aires. 

Todavía no había sonado, ;9in embargo, la hora de una concen- 
tración de fuerzas, y el Jefe de los Orientales habría continuado 
en su actitud de pacífica expeotativTa, si el Gobierno de Buenos 
Aires no hubiera iniciado, oomio inició, el crudo roímipimiento de -las 
hostilidades en forma que denota la barbarie de la época. 

Por el decreto de 11 de febrero de 1814, el Gobierno deelaraJba 
a Artigas "infame, fuera de la ley y enemigo de la Patria"; pre- 
venía que diebía ser "penseguido y muerto en caso de resistencia"; 
y ofrecía una prima de seis mil pesos a quien lo enitregara "vivo o 
ni'uerto" . 

Ya no ei'a posible prolongar la actitiid de expectativa. Artigas 
lenía que defender su gran bandera de principios, y en el acto se 
l>u«o en mairolia. Dejando en posiciones estrat^gioais a las divisio- 
nes de Otorgues y de Rivera, se diiigió a tías Provincias que i'eeo- 
nocían su influencia, resuelto a organizar un vasto movimiento de 
<)))inión susceiptible de repercutir en Buenos Aires y de promover 
la unidad nacional sobre la base de instituoiones libree, de las mis- 
mas instituciones ya programadas por él a raíz del congreso pro- 
vincial del 5 de abril de 1813. 



M. DE H. U — 14 



CAPITULO XX 

ARTIGAS RECHAZA TODOS 

IvOS OFRECIMIENTOS DE I/OS ESPAÑOLES 



En la víspera de la batalla de Las Piedras. 

Desde los comienzos de la insiirreoción de la campaña oriental, 
proeumron las autoridad^ españolas atraerse el concurso de Ar- 
tigas . 

Se refiere a una propuesta del Virrey Elío, en la que inteninieron 
don Antonio Pereyra y don Manuel Villagrán, la siguiente réplica 
de Artigas datada el 10 de mayo de 1811 : 

"Sólo aspiro al bien de mi Paíria en la justa cansa que sieo: y 
si algún día los americanos del Sur nos vimos reducidos ad • 
miento, hoy estamos resueltos a hacer valer los derechos c\ 
tiranos mandones nos tenían usurpados". 

"Así, qyues, desprecie xistod la \'il idea que ha concebitix, .-m-umio 
de que el premio de la mayor consideración jamlnis será suficiente a 
doblar mi constancia ni hacerme incurrir en tan horrendo crimen". 

Durante las luchas entre Artigas y Sarratea. 

Mí'is taniíí, cuando NnrntU'.a doí^arrollaba sus i)iniu's <*«>iiira Ar- 
tigas, i-eanudaiwi los españoles da tentaiiva. en la foima de que 
instruye el siguiente oficio tle don Luis de Lari-obla, datado el 10 
de febrero de 1813: 

"El señor capitám general don Gaspar de Vigodet, su fiel amiev). 
ha puesto en mi anano la ancha o fácil comisión, pues depende «Ir 
usted, de liacerle presente ser eternamente su amigo, que sólo de 
ustetl el alto gobierno de la nación se «cueixla, para lo que le ha 
expedido una reail orden en su favor; que usted quedará en la cam- 
paña con el grado y como quiera; que podm formar cueri)o.« > 
oficiales; mandándole despaclios en blanco o dándolos uísted al modo 



MANUAL DE HISTORIA URUGUAYA 211 

mejor que lialle; y que siendo usted el único general de esta cam- 
piaña, se le franquearían sin demora alguina los auxilios que nece- 
sita para libertarla, sea oon aranas, gente, municiones y dineix); y 
el Exemo. Cabildo hace a usted la miáa solemne protesta d'e adherir 
a cuanto usted proponga bajo la justa recoimipensa de su unión 
con j\Iontevideo, su Patria, y con sus amigos, que son todos sais 
habitantes" . 

He aquí la eooitestaeión de Artigas, tal como la ha trasmitido a 
la liistoña don Francisco Acuña de Figueroa, quien en esa época 
liacía causa oomiún con las autioridades españalasi y tenía a su dis- 
posición los archivos oficiales: 

"¿Qué míe importa a mí del eroipleo de comandante general de 
eampaíía ofrecido por Vigodet, si el voto umánime de sa:^ habitantes 
me señala más alto destino? Y aunque así no fuera, prefiero ser 
independiente a cuajlquier cosa". 

Y al margen del oficio de Larrobla, escribió estas palabras des- 
bordantes de honradez cívica: 

"Sirve para la vindicación del Jefe de los Orientales, que des- 
preció el convite en las circunstancias miás apuradas". 

No se tratalba de un ofrecimiento personal de Vigodet^ sino de 
un decreto de la Corte de Madrid, el mismo decreto de que ya nos 
ha hablado el mariscal Lagaina, por el cual se acordaba a Artigas el 
grado de brigadier. 

Después del bando que puso a precio la cabeza de Artigas. 

Con miotivo del decreto de Posadas que ponía a pi^o la cabeza 
■de Artigas, volvieron los españoles a gestionar el coneui^so del anti- 
guo oficial de blandengues. 

Véase lo que le escribía el general Pezuela, invocando órdenes del 
Vin-ey de L¿ma, en oficio datado en Jujuy el 5 de mayo de 1814: 

"Estoy impuesto de que V. S., fiel a su monarca, ha sostenido sus 
derechos combatiendo contra la facción : por lo másmo cuente V. S. 
y sus oficiales y tropa con los premios a que se han hecho acreedo- 
res, y ipor lo pronto, con los auxilios y cuanto pueda necasitar: 
para todo acompaño las instrucciones a que se servirá contestar". 

Había creído el Virrey de Lima qiie piof el heelio de estar en 
hostilidades con el Golbierao de Buenos Aires, se asociaría a los es- 
pañoles. Pero (la eointestación del Jefe de los Orientales, no tardó- 
en volverlo a la realidad de los sucesos que se diesenvolvían en el 
Río de la Plata bajo el ariete artiguista que maniobraba confci'a 
todas las tiranías, fueran de la nacionalidad que fueran. Véanser 
los términos de la magnífica respuesta de Artigas a Pezuela: 



212 EDUARDO ACEVEDO 

"Han enííañado a V, S. y ofeiwJkk) ira cai^ter cuando ie han 
inform'ado que defieaKlo a su rey... La sangre y la deeolaciwi de 
AmcTiííi la ha cansado la amabición española... Yo no soy ven- 
dible, ni quiero más premio a mi emipeño que ver libre mi nación 
-del poderío español". 

En k inósniu üix>rtunidad, las autoridades de Montevideo des.])a- 
chaban comisiones al cam|pamenilo de Otorgues, en la esperanza de 
arribar a un avenimien'lo. 

En el "Diaiio Histórico", de don Framciseo Acuña de Figueroa. 
hay nunieixxsas referencias a esa gestión a la que puso término el 
teniente de Artigas, con un e-xpresivo oficio daiado el 26 de mayo 
<le 1811, en que incita así ail Cabildo a plegaj«e a la causa de la 
iiMÍepen<len<¿a: 

"Halble V. S. pwr medio de sus ^presentantes, déseles a éstos la 
investidura de absolutos poderes, que usando ellos del majestuoso 
idioma de la libertad y felicidtud de los orientales. 1<>s \ivns- y acln- 
imwianes sucedenán al ruido de las armas". 

Artigas combatía contra todos los despotismos. 

Cada vez, pues, que la oligarquía de Buenos Aires asestaba uuo de 
sus goilpes fonnidablcK al Jefe de los Orientales, saJían comisiones 
y se escaibían oficios desde to<los los focos españoles para halagar 
al peiv^guido con honores y ||>ei'spe<it.ivas de revancha. 

Efli esos miii-nios unoníeuilon o en los nveses sabsiguientest. la ban- 
<lera española, era enarbolada por el almiraivte Brown frente a 
MonteNñdeo, como" insignia aigentino, y la diplomacia ejercida iK>r 
Sarratoa y ix>r próc<?i'es <le la elevada talla moral de Kivadavia y 
de Belgrano, hacía protestas de vasallaje ante ol trono de Madrid 
y procuraba instituir ima mioíiarquía española on lA Río do la PIa.t;t. 
El amíbdente inclinaiba a las transacciones. 

Pero Artigas no traneógía. Era el únioo ix-juiblicano de la líi'- 
volución y el único estadista que entonces proclamabji que arriba 
de los honíbres esitaban las instituciones. Y eeos dos ||W'inc.ii)i<is, 
condensarlos en sus famoíuis Instn>cciones de 1813, le obligaban a 
rechazar todas |las fórmulas traneaecioiMiles por angustiosas que 
fueran las circunstancian en que invariablem«!nte vivía. 



CAPÍTULO XXI 
:ei/ gobierno argentino en Montevideo 

Capitulación de la plaza. 

Cuando Artigas cse retiró úe la. línea sitiadora era ya tan angus^- 
tiosa la situación de la plaza, que los españoles no se atrevieron a 
sacaí" partido del brusco delbilitamiento que sufrían las fuerzas de 
Koiijdean. 

Pero el puerto estaba aTaierto a Ja im/pontación de artículos de boca 
y así continuó algunos meses todatvía, hasta mediados de mayo de 
1814, en que la escuadra de lias Provincias Unidas al mandt) de- 
Brown, que enarbola;ba la bandera española, atacó y destruyó a la 
escuadra de Montevideo, quedando desde ese momento la plaza abso- 
lutamente aislada. 

Agotados los víveres, se ñndió la guarnición española el 23 de 
junio del misimo año 1814. ¿Pei'o, en qué forma? 

Dos partes dirigió Alvear al Supremo Director de las Provincias 
Unidas. 

En eil primero, datado el 20 de junio, se exjpresaba a&í: 

"A esta llora, que son las tres y miedla de ia taiidie, aeaíba de 
enti-egarse por capitulación la plaza de Montevideo al ejército de 
mi miü.ndo. En eoasieeuencia, pasado mañana debe ya tremolaír el 
l>abellón de la libertad en la Fortaleza del Cerro". 

En el segundo, datado el 30 deil mismo mes, se expresaba de 
—la otra manera: 

''Aunique por mis antleiúores comunicaciones, participé a Y. E. 
que estfi. plaza se había entregado al ejército de mi miando por ca- 
pitulación, no habiendo sido ratificados los artícailos propuestos por- 
ella, resultó que el día 23 del corriente, tomando .todas aquellas 
medidas de precaución que debió sugerirme la frecinente exi>eriencia 
de la mala fe de su goibierno, míe posesioné de todas bus fortalezas, 
parquea y demás titiles concernientes al fondo público. E;sta opor- 
tunidad ocasionada por la mailicia o delbilidad del general ©nemigo' 



214 EDUARDO aoevi:do 

«D diferir hasta aquel a-cto nuestra i-atificación iie6i>ectiva sobre 1<> 
pactado, me ,pix)porcio(nió apoderarmie de la ciudad a discrecióü. 
haciendo que las troipas que la guarnecían salieran a extramuros, 
quedando deportadas e¡n la casa de ilos negros y panadería <le 
Pérez. Sucesivamente determiné el arresto del general Vigodet e<>:i 
toda la oficialidad veterana que había en ella, apoderándouw junt;i- 
mente de los buques que se hallaban en la bahía y demás pertrechos 
navales". 

El general Vigodet, ex jefe <le la plaza, dirigió una protesta ai! 
Gobierno de las Provincias Unidas, ilustrada con todas las piezas 
relativas a la capitulación, trabándose con tal motivo una polémiea 
en la que Alvear, después de invocar varios ipreocdentes de palabras 
en]|l>eñadas y no cumiplidas por los militares, concluía así: 

"Pero estas opiniones y estas leyes están fundadas en una v 
bien manifiesta: que siendo las violencias, las muertes y loe eeti 
lícitos en la guerra sólo en cixanto conducen necesariamente a xin 
fin justoi, delben ser lícitos y laudables los ardides, lo» enisaños 
y estraitagamas que excusan aquellos mades, en lo que se consulta u 
la humanidad y la equidad natural". 

Tal era el criterio de los grandes adversarios de Airtigas: todo 
era lícito en la guerra, basta el engaño, hasta la violación de loíi 
pactos. 

La plaza se había rendido, efectivaraieate, por capitulación. Pero 
después de i^endida, Alvear aprisioiiió a dos jefes y oficiales; dis- 
tribuyó parte de los soldados en las filas de su ejército y a todos 
los que no haibían querido traicionar su bandera, los embarcó con 
destino a Buenos Aires; secuestró todas las embarcaciones í>articu- 
lares que había en el puerto y las i^rqpiedades y merciiderías do 
españoles ausentes; e impuso al pueblo una contribución extraordi* 
naria y otra ordinaria que debía pagarse niensualnteivte. 

Eoiitre las cláusulas de la capitulación figuraba ima que autorizaba 
al ejército esi^añol pai-a retirarse a Maldonado con todo su anna- 
mento, a fin do tomar allí los havoos que habrían do onnduoirln a 
Pispaña . 

Pues bien: c»a t-lúiusiila lu\o jm^ho princiiu" u<- »jti-..i»i<>n ti 
mismo día 2.3 de junio. Un testigo presencial y do alt;i respetabi- 
lidad, don Francisco Acuña de Figueroa, luego de referir que a ía-* 
doce del día salía la guarnición española, compuesta de 2,600 hom- 
bree, en eolumna cerrada, con bamderas desplegadas y cuatro piezas 
de artillería, agi'ega el siguiente dato: 

"La columna de tropas de la plaza verificó su salida por el por- 
tón de San Juan o del Sur, ii>ara no encontrarse con eJ ejércit » 
sitiador qi>e ivn-ji Impor >ím <>nti*;u1n so nnrr»\iiii:i1)a v.i al nortóii de 
San Pedro". 



iíANUAL DE HISTORIA URUGUAYA 215 

"El general Airear, al divisar la coliiimna que salía por el lado 
del Sur, destacó a su jefe de vanguardia Valdienegro con tropas, 
l^axa que al pasiar el ejército realista le hiciera ilois saludos y honores 
de la guerra, lo que fué una cierta martifieaeión para los vencidos". 

A los seis días, agreg'a el señor Acuña de Figueroa, es decir, el 
30 de junio, la capitulación fué hecha pedazos- Paseáibanse libre- 
mente por la ciudad los oficiales realistas y muchos sojldados de los 
que estaban acantonados en la casa de los negros y cercanías aguar- 
dando el embarque para España, cuando fueron aiTestados todos los 
oficiales y como 500 soldados. En seguida marchó fuerza a la casa 
de los negros a recoger las ai-mas y notificar a la tropa que los 
que no quisieran ingresar en los cuerpos argentinos serían enviados 
a Buenos Aires. 

^luchos se enrolaron anite el temor de nuevos sufrimientos, pero 
unos trescientos, termina el señor Acuña de Figueroa, "prefirieron 
ser tratados como prisioneros y fueron embarcados como tales a 
Buenos Aires. 

El general Antonio Díaz, decidido alvearista, afíima que "los 
vencedores y los vencidos quedaron sorprendidos en presencia de 
los actos realizados después de la caipitulación". 

Otros dos contemporáneos muy antorizados, los señores LaiTañaga 
y GuetTa, refieren que el eajpitán de navio Vargas, uno de los oamd- 
sionados de Vigodet, "se encargó de la redaeción dd tratado, adhi- 
rienxlo A¿vea.r francamiente a todas las ipiroposiciones y condiciones, 
tantas y tales que a ser cumplidas se hubiera dudado quién era el 
vencedor y quién el vencido"... pero "los resuWados del honorífico 
tratado consistieron en no cumplirlo los .sitiadores". 

Alvear tiende una celada a Otorgues. 

íjuimee días antes de la capitulación, escribía Alvear a Otorgues, 
jefe de las fuerzas artiguiatas: 

"Nada, me sena najas plausible, nada miás lisonjero y satisfactorio 
que lia plaza de Montevideo en poder de mis paisanos. En el día 
se halla en los últimios apuros y desea entrar en negociaeión. Yo 
no admito ninguna como no sea la enti-ega de ésta, a usted. IjO 
que quiero es verla en ipoder de mis paisanos y no de los godos a 
quienes haré etemiaimiente ila guerra. Para el efecto, mándeme sin 
perder un solo insitante dos diputados plenameiiite a.utorizadios que 
vengan a tratar con los de la plaza de ]^.Iontevideo del modo y 
forraia con qiae deben hacer la entrega de elila". 

"Las fuerzas de mi actual ejército hacen falta en el Perú, y yo 
■que me veo animado sólo de los verdaderos intereses de la libertad 



2Í6 EDUARDO ACEVEDO 

y u»ii.v di^taJite de pei"sonali<lades, creo un deber uuu .neiider a las 
necesidades efeotivas de mi país, d«si)reeia.ndo i)ai-tidos tjue ^ólu 
sineii para nuestro descrétUto y pai"a exponer la causa camún'\ 

¿Qué se pro]>onía Alvear 2! diñgii-se en tal foiina a Otorgues? 

Esta dos eoeas: impedir que el general Vigodet resolviera entre- 
gar la iplaza a los orientaloe, en vez de entregarla, a los argeii ' 
hipótetáís muy veix*dmil dadas las tenitativas anteriores para ( 
derse <*on Artigas, y el heeho muy reciente de halber salido el 
cabildante Aíorán en cumiplimiomo de una ctnnisión al caiui»ajmy)i!> 
uruguayo; y adormecer a Otorgues», para desti-uirlo más fácilmente. 

Cuando el ejército argentino entraba a Monte\ideo, Otor,^'uívi se 
corrió a I-Jis Pie<lras confiando. segaranM.'nte, en la efectividad de 
las prx>raesa« que se le habían hecho. 

Alvear, que consideró llegada la hora del ataque, salió inmedia- 
tamente de la ciudad), y el 25 de junio, o sea dos días después de 
la reedición de la plaza, dirigió el siguiente oficio a don José 
Moldes, coir.aiwlanite de armas de ^Iontevide>: 

"Acabo en este momento de den'otar comipletameiite a Oíx)rgués'*. 

"Este hoaabre no tuvo \'ailor para esiw-'ranne y iprt'ííentarnie ba- 
talla. Cuando llegué al campo de la acición, yo tenía sólo 120<) 
homlbrí>s: con i>arlamentt>s lo estuve enitnelenit«ido ha.<ta que a Inc; 
hiete de la nwhe me llegó infantería y el tenietiíe c«.)roneI Zapiola. 
V ^1 i>erder instaaites cargué entonces a los eootrarios, no ab9t,int<' 
la oscuridad de aquel momenito". 

"Ellos han sido destrozados completamente, y yo he conseguido 
un número muy considerable de calballadas, '> \ pri&ionenví" . 

Confiesa .¿Uveai', couio se ve, que estuvo ■ kmhIo oon par- 

lamentos" a Otoi^ués, a la espera de refuerzos pam caer de noel»' 
sobre su camiii«mienito desprevenido! 

El general Antonio Díaz, declara en sus "Meanorias" que cuando 
Alvear lle^LTÓ a Las Piednun. OtormuVi dirigió a su encuentro con 
bandera de parlamento al doctor Revuelta y al capitá)i Siíonz, peni 
qn«e Alvear ai'restó a los iKirlament arios como anarquistas y traido- 
res y cargó en seguida sobre Otorgues, sorprendiendo sus fiu 

La "Memoria de l<»s stipe.>íos de armas" insería en la Col. 
l>amas. agi"ega (jue esos dos parlan^entirios habían sido peílidiK-. 
l)or Alvear para oomlbimar una forma de avenimiento, y que cuando 
los orientaleB esperarían el regreso de los comisionados. "Alv«ir 
cargó sobre ellos obligj'mdolos a retroceder hasta d pueblo de Ca- 
nelones, donde se inJenpuso la división de Rivera". 

Para atenuar la crudeza de este plan de exterminio, a base de 
engaños, que empieza a de^arrollaive desde antes de la capitulación 
de Montexideo, hanse invocado dos documentos relativos a supne*»ta- 
comiilicidades con los españoles. 



-VAXUAL DE HISTORIA URUGUAYA 217 

El primero de ellos, es un oñcio de Otorgues a ios jetes españoles 
prisioneros, datado el día sigiuiente de la capitulación. He aquí su 
contenido : 

''Las initrigas de un Goibierno que desipiués de tratar de su pro- 
tt'cción nos ha sido infidenite, ha colocado esos valientes soldados en 
el seno del precipicio y del deshonor. Esta majiicha que permaine- 
cerá delante de todas las 'niaciouies entre nosotros, puede obscure- 
cerse enteramente si V. S. quiere ccrtocarse bajo nuesitra protección'". 

Eis posible que ila carta fuera fraguada para dar pretextos al 
exterminio del campamenito oriental. Pero aún siendo auténtica, 
su contenido no podía sorprender a, Alvear que acababa de tratar 
directamente con Vig'odet desip:ués de anunciada la intervencióai prin- 
cipal de los orientales y de expresado el propósito de entregarles 
la plaza . 

Es m& i¡)obre todavía etl otro documento. Se trata de un oficio 
en que don Luis de Lari'obla, icomu'nica al encargado de negocios 
de España en Río de Janeiro, en novienubre de 1814, que "por 
noticias fidedignas recibidas de Río Grande de San Pedro, parece 
que loe jefes de la Banda Oriental José Artigas y Fernando Otor- 
gues han comisionado sus. dipntados pidiendo auxilio para continuar 
la guerra en nombre del señor don Femaindo VII contra los rebel- 
des de Buenos Aires". 

No esitá firaniado y, además, carece de todo interés como docu- 
mento de prueba: porque se limita a recoger un chisme que corre 
en el Brasil; porque la resolución siempre inquebrantable de Arti- 
gas contra el dominio español, exoluj^e toda duda acema de la per- 
fecta invainabilidad de su conducta; y porque al tiempo de escribirse 
ese oficio, hacía ya cinco meses que la guiarnáoión española ha'bía 
capitulado y ni huellas qnedaiban de las trqpas de Vigodet en Mon- 
tevideo . 

En resumidas cuentas, Alvear se propuiso adormecer a Vigodet 
con .icna capitulación honrosa que tenía el propósito de violar; y a 
Otorguiís con promesas enoairaánadas a facilitar el exterminio arti- 
guistn mediante iin sólo gculpe de mano, sin necesidad de incómodas 
marchas, ni de penosas campañas. 

La administración argentina en Montevideo. 

; Cómo vivía, entretanito, la iplaza de Montevideo bajo la domina- 
ción del Gobierno de Buenos Aia'cs'? 

El 4 de julio de 1814 .puiblicó Alvear un bando de L-onliscación 
general de bienes e intereses de ausentes, ordenando, de acuerdo con 



2t8 EDUAlíDO ACE\'EDO 

iiir.il iitciuiies del Direclur .->i4»ii.i.¡».». que líodas las cantidades resul- 
tantes de consignacioines. habiüitaeiones y crédit«is de individuos re- 
sidentes en España y sus colonias, fueran denunciadas en el t/'rmino 
de 48 horas, bajo pena a los ocultadores y remisos d(> coiinscMí-ióii 
de la mitad de sus bienes. 

Un mes después, el 10 de iv^osto, ei iliiniiiKio uc :a >n'i. 
Asamlblea, doctor Peda'o Paiblo Vidal, diricrió al cx>niiercio de 
tevióeo una circular en la que hablaba de la necesidad de conservar 
el orden y prevenía a cada vecino que: 

"El Director Supremo necesitando hacer cuauítiosos gastos para 
íiri'ojar del Perú al eneindsro que lo tiraniza, se ve en el caso <V' 
ordenar a usted que en el preciifx> término de ocho días cutreírno 
indispensablemente en la Tesorería de esta ciudad ila simia de... 
pesos". 

•De la severidad con que se procodía dan testimonio el caso del 
comerciante don Manuel Diago, quieii no tenieixlo dinero en caja 
tuvo que entregar, !{x>r concepito de la cuota arbitraria que ee lo 
había señalado, seis telescopios y un mioroecopio qi»e fueron envia- 
dos en el a«to a Buenoe Aires para su tasación y traspaso a' 
Goflbierro; y k» tres documentos oficiailes que indicamos a conti- 
nuación : 

Una roj')resentaeión del cotmencdo ai c.)misionado argentino doe- 
lOfT Nicolás Herrera, die enero de 181.5, solicitando la reforma dtl 
régimen contiibufivo como medio de evitar, decían lo? " 
que al que debe pagar mil .'¡e le cobre cien y al que debe 
se le cobi'e nñl; 

Una representación dol Cabildo, de febrc:,; ... ......... ..... . .!- 

ira los secuestros, prisiones y demias medidas diotadas para extra<'r 
comti'ibuciones, cuyo resultado ijurincipaL decía el oficio, "ei:. 
estuvieran engrillados en la cárcel por no poder pagar su « 
diveiías peisonos que constituían el únicí) sostén de sus familiai»: 

Una exposición del doctor Nicolfe Herrera al Gobierno Argen- 
tino, datada el mismo mes de febrero, en la que desT>ué8 de refe- 
rirse a casos de embargo de lítiles de los negociantes y imieblcs 
de las ca'^as. habLiba de la anonKvlía "de terminar la guerra de la 
Banda Oriental y al miíwno tiempo fomentar «na de sus causas, co- 
mo don José Artigas supon ■ -'^ .1 tratainiipnto do esto v<vind—--^": 
y eonoiluía así: 

""Llamando la atención supivuia liacia el <ilann»r general del ve- 
cindario, liacia el llanto de las famálias, hacia el desierto que se ha 
fonnado en el seno de la mejoír población, y sobre todo hacia las 
conse<niencias que debemos esperar si emneñados en sostener .pro- 
videncias, nada liiciéramoe por suavizar este ciíncer que va dcv<>- 



jUANUAL DE HISTORIA URUGUAYA 219 

raudo la infliieneia del Gobierno Suprenno y estalbleeieiiido sobre su 
propia debilidad ilos triuníos de un soldado a quien no pueden opo- 
nerse Ms aramias por causas de que supongto a V. E. informado, ni 
el eonc-epto ni el clamor del pueblo ¡porque no trabajamos para 
ganarlo" . 

El régimen político de la Provincia. 

¿ Sería m>ás tolerable el régimien político impuesto a la Banda 
Oriental? Ya hemos dicho que por decreto de 7 de marzo de 1814, 
a. raíz de la eamipiaña emprendida contra Artigas, el Supremo Di- 
reotoi" Posadas dispuso administrativamente de la Provincia Orien- 
tal como de mi feudo, fijando sus límites y tlesignjándole un Go- 
bernador Intendente, isin la previa cousiulta a los pueblos de cuyos 
deátinos se disponía. 

La intendencia fué de&em(i:;eñada por don Juan José Duran has- 
ta pocos días desipués de la rendición de la plaza, en cuya oportu- 
nidad el Director Pasadas, prosiguiendo en el mismo camino de 
comipleta absorción de las autonomías locales, creó el empleo de 
Gobernador político y 'militar de ila Provincia Orient.al y designó 
para ocuparlo al coronel don Nicolás RodrígTiez Peña. 

El nuevo Gobernador dirigió en el acto al Calbildo el siguiente 
oficio : 

''Habiendo dispuesto S. E. el Director Supremo que los capitu- 
lares que actualmiente coauponen la Municipalidad de este pueblo 
cesen en su oficio y sean elegidos en su lugar los individuos com- 
prendidos en la nota adjunita, dis^ponidm V. S. que reunido ese 
cuerpo precisamieate el día de mañana y icoiivocados a la sala ca- 
pitular los que deihen entrar al desempeño de los^ cargos, se los dé 
inmediata posesión, ipirevio el juramento de estilo y el reconoci- 
miento del gobierno superior que rige las Provincias Unidas del 
Río de la Plata". 

En !a nota adjunta figuraha'n todos los cargos y sus candidatos 
respectivos, desde el de Alcalde de iprimer voto, a favor de don 
]\íanuel Pérez, hasta el de Portero, a favor de don Alejo Martínez. 

Xo se corutenitaiba, puies, el Gobieimo de Buenos Aires con el nom- 
bramiento de Gdhernador; im,ponía tamlbién la lista de ilos capitu- 
lares con prescinden eia d!el vecindario de MontevideOj, para que no 
quedara ningúiU resqiuicio ni \lálv,ula de escape a las ideas de auto- 
nomiía y de i'égimien institucioiial que tan honda repercusión habían 
tenido en los congreisos de aibril die 1813 y en los actos, a que esos 
congresos haibían dado lugar. 

Hasta 1812 había sido de ley y de ipa-íáetica que el Cabildo cesante 



220 KDUAK'.lO AfiAKDO 

eligiera iil Civbiikix) (lue debíii .saci.ik-ilo. l\»ro en dieieníbre <lo cüt 
año, de a«u«i-do oon la nueva carta «apañóla qiie aealbiiJ>a de jurar- 
se, la elección de cabildantes quedó librada a mi colegio de 16 elet- 
tores votados d'irectaanente por el pueblo; y la elección popular si' 
repitió en dicieraibre de 181. 5, y resultó uniy acerUwla, dice dcm 
Francisco Acuña de Fi<^iiei'oa. 

Quiere decir, pues, que el minino abs«i!utistno ts^pañol había diul" 
al pueblo <Je Mon-tevidco el deiiecbo de elegir a sus col)iIdai>t€K, y 
que en cairíbio la Revolución de 2kIayo, no <fl)eitaaite su pn>^rania 
<lc libertad y de consagración <le la solxn-ain'a jx^pular, iniiK)nía a 
la Provincia hasta el nonibramiento de 'ix>dei*o6 ! 

¿Cónx) ])odíaii araionizarse los iprincipios políticos de Artijias con 
esas práoticafi que reoonoentrahan en Buenos Aires lodos y cada 
uno de los resoltes del gobierno de ilas Provincias Unidas del Kí'> 
de la Plata? 

Prosigue la guerra contra Artigas i 

Los comienzos de la ivdirainistiracióu del cm'onel don Nicoli'w R<>- 
dríguez Peña pai'ecJermí favorables íi un aveninúen4<v 

El niuevo CrobernadiM- se dirijrió efeetivaniiMrte a Artigas en tér- 
minos homrosoeí !i)ara el Jefe de los Orientales, cuya cabeza estaíxi 
todavía puesta a precio: 

"Por la ipirimera vez — le deeía — tengo el placer de «lirigimie n 
V. S. movido de ilas circunstancias felices que mc>ivot?ii nu- 
mutuas fclicitacioiies. estimulado, aderabt». ]h>v la af«Mición c«> 
siempre he mirado su j>ersona. íx» intereses de la Patria, ]>orquc 
V. S. ha trabajado con tant4) desvelo y el «imciter en qn'' m».» lii- 
llamos, hacen necesaria la aipertura de nuestras relaciones' 

"Mucho es k) que la Patria esjXM'a de nosotros en eet»» preiicx».- 
momenlos. y V. S. que tanlx) se esfiHiiTA en rt«tabkx^>r los dfat* 
de dulairra y de vi<la que n^ts piden nuestixis benna-no», va a tener 
una parie la más distingtti<la en este negocio'*. 

Pocos días después, el Dii'eotor Ptisa<las, autor d«l monsti'uos'» 
bajido de oxtenninio del 11 de fobrero, declaraba a Artigas '■^' 
servidor de la Pailria"; lo re)><mía "en su grado de coi-onel «Ir! 
gimiento de blandengues con íod<» sus honoi'cs y i>rerrogativas" ; 
y le confería "el empleo de comaivdante general de la caminar- ' 
Monvtevideo'- . 

Dentro de este nivevo anubiente. pmlo Alvear i^eanuilar *•! 
iniciado en la vísjiera de ila i-endición de \r«M>tevideo : aibrió n • 
ciaciones oon Artigas; obinivo el nombramiento de oomisioiindiK 
para el ajuste de un tratado; simula el embaixiue de sus troi)as 
para Buenos Aires; y cuando todo el mumlo creía que efectiva- 



■:MAXUAL de historia UnUGUAYA 221 

mente se iba a proicl'ucir la entrega de Tvliontevideo a los orientales, 
lanzó su ejército contra el camipaiiaerito de Otorgues eai Mamiarajá, 
obteniendo el coronel Dorrego, mediainite este airdid, urna completa 
victoria y mucbos prisioneros, entre ellos la familia de Otorgues. 

De los exeesoBi eomietidogí por la soldadesca, da idea el siguiente 
párrafo de un oficio de Otorgues al delegado extraordinario del 
Gobierno Argentino doctor Nic-oliáis Herrera: 

''Mi bija, digno objeto de mis delicias, ha sido víotima de la las- 
civia de nn hombre desmoralizado y la violencia se oiptuiso a su ino- 
cencia, i Qaié cuadro itan lisonjero para un padre honrado y amante 
de su famiilia! ¡Y qué bases para fundamentar un goibierno liberal 
y vii'tuoso ! . . , Permítame V. S. que me haya separado algún tan- 
to del objeto general, pues el anjor paternal ha trastornado mi 
iiazón" . 

Podía tratarse de un hecho aislado, se dirá. Pero dos teisitigos de 
tan alta autoridad moral íM>mo don D|á,maso Larrañaga y don José 
Raymundo Guerra, declaran que después de e-u victoria de Marma- 
rajá las fuerzas argentinas se retiraron a la, Colonia, y que allí, en 
\m baile dado en la ciudad, el coronel Borrego sirvió cantáridas a 
las señoras! 

¡Había llegado la oportunidad de elegir diputados! 

La Provincia Oriental carecía de representación en el CcMigreso 
Comsitituyemte que funcionaiba en Buenos Aires desde 1813. Los 
diputados surgidos del loongreso provincial de a,bril habían sido re- 
chazados. Y los que ipooteriormente designó el congreso de la Ca- 
pilla Slaciel tamipooo alcanzaron a oeupaír sus bancas. 

Celebrando eil resultado del ataque al oamipamento de Otorgues 
en Mármara já, dirigió en octubre de 1814 el nuevo Golbernador in- 
tendente de Montevideo, don Miguel Estanislao Soler, esta circular 
a los Alcaldes de carapaña, con instrucciones para la ©lección de 
los representantes orientales: 

'•'Ahoi-a que la juistieia por ante la.s airmias de la Patria ha ani- 
fiuilado los grupos de bandidos que alteraban la tranquilixlad de la 
Provincia, es llegado el easo de que se hagan requeribles las supre- 
mas intenciones, y para ello lie dispuesto que en el día de mañana 
se proceda a la elección de los dos diputados". 

Para que la elección de diputados fuera buena era necesario que 
los oiientales no pudieran votar: en primer ilngur, porque eran 
bandidos que alteraban la ti-anquilidad ipública; y en segundo lu- 
gar, porque querían que las Provincias Unidas del Río de la Plata 
tuvieran la constitución miáis adelantada del imimido, exactamente la 
misma, constituición que tiene actualmente la Repúbilica Argentina. 



222 EDÜAKDO ACEVEDO 

La guerra de exterminio. 

Al finalizar el año 1814 el general Soler transcribía al cui-onei 
Dorrego "para su conocimieuto y puntual observancia", un ■ 
<lel Supremo Director de las Pro\'incias L'nitlas, en el que se 
mendaba la mayor actividad en la campaña contra Otorgué»» 
agujaba lo siguiente: 

"Tampoco puede V. S. iperder de \iei& que todas las veníoja^í 
que se logren sobre el enemigo serán iiifi-uctuoeas si el eeeanniento 
no k) contiene en los límites de la suboi\linación y del deber. Ello.^ 
débeu ser tratados oodh> asesinos e incendiarios, supuesto que sus 
incursiones -no respetan ni los derechos de la guerra y de la huma- 
nidad. Todos loe oficiales, vivrgentiís. cabos y jefes de partida quf 
se apr^ieiwhuí con. las ainnas en la mano serán fiusii!ad<ifi y los (lo- 
mas remitidos con seguridad a esta Banda occidental »lel I'aram'i 
para que sean útiles a la j>atria en otros destinos". 

Pocos díat< antes ha,bíase dirigido el Golbierno de Buenos ' 
ft loe jefes Bhis José de Pico, Miguel Estanislao Soler y C'< 
dante General de la Banda Oriental, en estos términos: 

"Considea-aaido el Dii-ector Supremo que los medios de sua^'':v' 
y de condescendencia empleados luista ahora con los que <li 
ciadamente siguen el partido de <lon José Artógae^ no han surlido 
los efectos deseados, ha venido en ratificar las medidas tom«wlas i>or 
el- genei-al Carlos Alvear, sobre la confiscación de los bimes raíces 
y mtiebles de los americanos que siguen al (referido Artigas y a los 
jefes de sus divisiones, to<la vez que no se ipi-esenten y vuelvan n 
sus hogares dentro del término de cuarenta ilías". 

"Sus bienes se repartirán a los lunerioanos patriotas, que siguien- 
do el sistema de la Unión, único que salva el territorio de los peli- 
gros que lo cercan, obedecen al GKAierao de las Provincias Unidas". 

Batalla de Guayabos. 

Bajo el imfiniilso de estas órdenes furibiuidas, recinulcció la cam- 
paña contra Artigas. Pero esta vez con resultado adverso. 

El ejército de Dorrego, fuerte de 1,700 hombres, fué <otalniento 
deshecho en la Ibatalia do Guayabos el 10 de eneix> de 181.'), ixn 
Ri\-€ra ai frente de una división de 1,000 soldados de la que también 
formaban iparte Lavatlleja y Bauza. 

Tan enorme fué el ideebande, que Dorrego cruzó el Uruguay an, 
una veintena de soldados solamente. 



Jí ANUAL DE HISTORIA URUGUAYA 223 

El ejército argentino desaloja la plaza ¿e Kcnte video. 

La doiniuacióii argtnitiiiia quedaiba eirciui&cripta desde ese mo- 
mento a la ciudaxi de Montevideo, a su turno sitiada rigurosamente 
por las fuerzas de Otorgues. 

El lü de febrero, escribía el nuevo Director Alvear a su delega- 
do el doctor Nicolás Herreff'a : 

"Es imposible que podamos mandar víveres poa* lo que cuestan 
y 11)0 haiber iplata para ello; aáií van todos ilos buques paora que ven- 
gan todos los pertreabos de gueiTa y efectos pertenecientes al Es- 
tado; es preciso que se sostenga el sitio hasta la última hora, y que 
se emlbarque todo sin deja,r un grano de pólvora ni un fusil". 

Una semana después, el general Soler, jefe de la plaza, expresa- 
ba al delegado Herxera: 

■'El ejército corre a su disolución... Es neoeBario tomar una re- 
solución que tal vez no será posible cuamlo estén los enemigos en- 
cima, porque enitonces el mismo pueblo abiirá sus puertas y serán 
sacrificados los que queden para la última operación". 

"Tengo fundados motivos .piara solicitar, como lo hago, que V. S. 
me releve del cargo de general y del gobierno interino de esta Provin- 
cia. . . franqueáttidome el buque necesario para restituirme a la 
capital" . 

Ya no era posible aguardar miás. Y el 24 de febrero empezó el 
eml>arque, con destino a Buenos Aires, de todo el valioso material 
de guerra que la dominación española haibía amontonado eii ]Mon- 
tevideo . 

Según las órdenes de Alvear no debía dejarse a Artigas ni uii 
fusil, ni .mi grano de pólvora. Los fusiles y loa icañones pudieron 
embarcarse. Pero la pólvora era mucha, y en la im,pasibilidad de 
conducirla toda se resolvió echar ilos sobrantes al agua; y en esa 
tarea, se (trabajaba cuando llegó orden de apurar y de emiplear pa- 
las, cuyos instrumentos al rozar con el .piso de piedra produjeron 
da terrible explosión que destruyó el depósito y los edificios conti- 
guos y que costó la vida de ciento veinte peiisonas. 

El rico archivo de Montevideo fué abandonado, dicen Larrañaga 
y Guerra, "a discreción de la chusma, perdiéndose por ital barbari- 
dad una miuiltitud de preciosos expedientes y docimientos" . 

Había también orden de arrasar la fortaleza del Cerro "emplean- 
do la guarniedón con azadas y ipioos", según oficio del Gobierno de 
Buenos Aires al geneial Soler. Pero la orden no fué cumplida por 
intervención del delegado doctor Herrera, quien invocó "la mala 
impresión que causaría ese .paso" en perjuicio de las tranisacciones 
que se tramitaban con los sitiadores. 



224 EDUARDO ACEVEDO 

Damlo cuenta niás adelante el delegado doctor Herrera al Go- 
bierno de Buenos Aires del desempeño de su misión, reflejaba en 
esta forma el estado <1<>1 (mim-cííh ;ii'r<'nfini» en l.-i v^ivín ,L. Li /L><- 
ocup ación : 

"El general don .Miyud k..siaiii¿lao Nolor me luzo prt'seiUe a, los 
pocos días de mi llegadií que era necesario emibarcar las tropas y 
retirarse a la capitial sin ijwrdida de instantes, poixiue la seducción 
de líos enemigos, el odio del pueblo y la escandalosa déseivílón que 
£•6 espeiimentalba en las tropas, le hacían temer con fundamento 
una sedición militar o una disolución del ejército, cuyos resultados 
serían los más funestos para la Patria'*. 

Tal fué el desenlace de la dominación argentina en Montevideo. 
Iniciada el 23 de junio de 1814, con la violación de las capitulacio- 
nes pactadas, ila confiscación de las propiedades espaüolas y la ab- 
sorción aljsoluta de la autonomiía pi-ovinoiaL temúíiaba el 24 de 
febrero de 181.'), bajo la floble presión del odio del pueblo y de la 
deseneión de los soldados, eefrún el pix)pio testimonio dé! delirado 
argentino. 

Ya se ve con cuánta razón exigía Artigas ima constitución .polí- 
tica que garaaitizara las autonomías avades y a la vez la soberanía 
de toda la nación, en Ja fomia anuplia que denuncian los dos con- 
gresos de abril y el pliego de instrucciones de que emanaba la gue- 
rra a muerte decretada contra los orientales! 



CAPITULO XXII 

EXTIi^NDE ARTIGAS SU ACCIÓN 

A IvAS PROVINCIAS ARGJSNTINAS 



Los prestigios de Artigas. 

ilieiitras que sus tenienlties seguiami luohaiudo así en la campaña 
oiienlal y obligaban íinalmient-e atl ejército argenitino a desalojai" la 
plaza de Montevideo, Artigas ainaJgamaba fuerzas y formaba am- 
biente a favor de un movimiento político que garantizara los de- 
rechos de los ^pueblos. 

Aclamiado "Jefe de los Orientales" a i-aíz del levantamiento del 
primer sitio, era aclamado luego "Protector ide dos pueblos libres" 
por las Provincias de Santa Fe, Córdotoa, Emtre Ríos, Corrientes 
y Misiones. 

E,l Deán Funes, miem|bro activo de la oligarquía que se había 
apoderado del gKxbiemio de ks Provinicias Unidas, declara sin am- 
bages que "líjs orientales tenían levantados tronos en sus pechos al 
General Artigas", y habla con asomlbro de: * 

"Este homlbre singular que une u'na sensibilidad extremosa a una 
indiferencia ail ipareeer fría; una sencillez insinuante a mía grave- 
dad respetuosa; una franqueza atrevida a una familiaridad cómoda; 
un patrioitisano exaltado a .una fidelidad a veces sospechosa; un len- 
gua.je siempre de .paz a una inelinaicáón nativa a la discoi'dia ; ;iui 
amor vivo por la independencia de la Patria a un extravío clásico 
(le su camino". 

Don Benigno ]\lartíuez, historiador de Ent.re Ríos, condensando 
el juicio de la generación anterior a la suya acerca de la acituación 
descollante de Artigas en la política argentina, recuerda eil entu- 
fciasmio de aquellas épocas de lucha, y agrega : 

"El historiador imipa.rcial no puede dejar de reconocer que se 
necesita mnoha popularidad, dotes especiales de oa:rlác)ter y no es- 
caso ingenio para que un homlbre pueda ser olbedecido y aceptado 
como Protector en cinco provincias argentinas". 

M. DE II. r.— 1,^> 



226 EDUARDO ACEVEDO 

"En su caráot-er <le ProtecWr de los pueblos tl«l lUoral, invi^iía. 
por decdrJo así, ila primera magistratura de nuestras nacientes vi- 
llas; era el verdadero director de la política a la que se hallaban 
ligadas las Provincias de Santa Fe, Corrientes y Entre Ríos". 

El Oalbido de Córddba, luego de invocar la libertad, "idolo de 
lodos los pueblos americanos", le decía a Artigas: 

"Si V, S. es el protector de esa libertad, ¡ cuan dulce y consoladora 
no debe ser esta idea ad virtuoso y patriota pueblo dé Córdoba!". 

"Este pueblo da a V. S. las gracias ,por su proteoeión y en uso 
de ella ha proeedádo a la eleoción de un luievo jefe". 

En el Museo Nacional de Alontevideo existe el eomplejnento tle 
este oficio: una espada con vaina de ovo y las siguientes leyendas: 
"Córdoba en sus primeros ensayos a su Protector el inmortal Ge- 
neral don José Artigas"; "Córdoba independiente a su Protector 
(ion José Artigas, Año 1815". 

Don Urbano de Iriondo, historiador de Santa Fe, oouí^mporáneo 
de Ariigas, al referir log sucesos malitares do marzo de 181Ó en que 
loK sasiíafesinos vencieron a los ejércitos de Buenos Aires "con la 
protección del General Artigas", tiene esta mención muy hoairosa 
para la bandera artiguLsta: 

"El Cabildo nombró de Gobernador interino a don Francisco An- 
tonio Candioti hasta que se pudiem reunir el pueblo i\)ara nom- 
brar en propiedad, y lluego se enarboló la Ibaaidera de la Jibeilad 
con toda solemnidad en medio de la plaza, compuesía de una faja 
blanca en el icentro, dos cek^1«>^ n i<'< in'l-»^ v mín «ni.nniíi.li mu.- 
la cruzaba". 

OtiX) historiador posterior, el señor I >nipleait*iUa el emi- 

dro así: 

"La «tJuación de Santa Fe en esos moment«is no podía ser má»< 
critica: las masas del ipuéblo exaltadas por la federación habían 
levaintado altares al General Aittigas, y declarado guierra a muerte 
a todos los que entre sus eneanágos se encontrasen". 

La causa de los orientales era la causa de las demás 
provincias. 

. ¿Por «|ii,- iii.ulía tan t'uiusiastanw""'' '■ '')■•■■ ■i>»!«'"í-«;< • 
Provincias Unidas? 

Oigamos lo que decía Bclgrano al Gubiernu de Uikiui^ Au\c-. a 
mediados de 1812, relatando In mtiroha dol rjérrito exp<'dicionario 
del Alto Perú: 

"Ni en mi camino «U'l Koüain'. m m ¡hjuvi ím^iv i"í, .. . hi 



■ilANUAL DE HISTORIA URUGUAYA 227 

Provincia de Cardaba y su eaipital, ni en las ciudades, de Santiago^ 
Tucuimján y J.uj'uy, he dbservado aqueil enitusiasmio qiue se manifes- 
taba en los pueblos que recorrí cuamd» mi primera expedición al 
Paraguay; por el contrario, quejas, lamentos, frialdad, total indi- 
ferencia, y diré más, odio mortal, que easi estoy ¡por aseg'urar que 
preferiiían a Goyeneeibe cuando no fuese más que por variar de 
situación y ver si mejoraban". 

"•Créaimie V. E.: el ejército no está en país amigo; no bay una 
sola demostración que me lo indique; no se nota ium solo hombre 
que se una a él, no digo pa;ra sei'virle, ni aún para ayudarle; todo 
se haee a cosita de gastos y sacrifieios" . 

'"Se nos trata como a verdadeiios enemigos". 

En otro oficio pedía Belgrano al Gobierno, como medio de res- 
taurar eil primitivo entusiasmio, que se hiciese coanjprender a las pro- 
vinieias "que Buenos Aires no quiere dominarlas, idea que va cun- 
diendo hasta en los pueblos interiores y de que ya se trata aún en 
la misma Cochabamiba" . 

La causa ide los orientales era, ipues, la causa, de las demás pro- 
vincias que no querían resignarse a que la Revolución de Mayo- 
sigiúficara un simiple cajmibio de aanos. 

Artigas aclamado por Buenos Aires a raíz del demimbe de 
Alvear. 

Fácil le fué por eso mismo a Artigas, a raíz de la liberación de 
Jiontevideo, organizar un vaisto movimiento federal contra la dic- 
tadura de Buenos Aires. 

Esbozando su campaña escribía ail Cabildo de Montevideo desde 
f:u euariel general en el Paraná: 

"Hasta el presente yo no he hecho más que cumiplir con los debe- 
res de Un buen ciudadano, emjpeñando los esfuerzos que han estado 
a inis alcan6«5 para verla libre de los tiranos. Allanado gloriosa- 
mente ese paiso, era de inidisipensable necesidad tocar todos los re- 
fcories que afianzasen en lo sucesivo eil triunfo de la libertad. Por 
lo mismo he continiuado mis afanes en las demás provincias vecinas, 
creyendo adelantar con este suceso la inviolabilidad ulterior de 
iniestros derechos". 

Procuró Alvear contener el tori'ente. 

"Fijad la vista sobre el territorio en que hace sus incursiones el 
Jefe de los Orientales — 'decía en stt famoso mianifiesito de marzo de 
1815 — ^y hallaréis eil cuadro de los beneficios que os prepara. Los 
camipos desiertos, saqueados los pueblos, las estancias incendiadas^ 



828 EDUARDO ACEVEDO 

Jii^ iaiiuiiii> fii ¡lili >.•-•. ik:>i I iiKiíi la lortuiia iianuMuar »le los ciuda- 
danos, despi-eciada la relifriúa sAnta d<í iwiestros nuiyores, luts aso- 
sinos con el mando, autorizados k>8 imís horreiuJos erúiienes y el 
jjaís anjáfc heraiioso del mundo convertido en un teoitro de saiigrre y 
desalación: taJes son los resultados de la anarquia que tratan de 
introducir aquellos caudillo* en nuestro territorio para eonipletai- 
í«us miras de amil)ición o de piei'ñdia". 

Bajo la .presión de sus bayonetas, tamíbién el Cabildo de Buenos 
Aires lanzó un bando contra Artigas: 

"Un avent.ureix) — decía — se ha levantado alrodetlor de nuestra 
patria... Ya ha convertido en lucres de muerte to<los aquellos 
puntos por donde ha pasado su inflinjo devoraidor. . . Con el vano 
título de Jefe de los Orienfcailes y Protector de los pueblos Ubí'es. 
don José Artigas dirige ya los baiuididos que le siguen a ocupar 
vuestras propiedades, a dilapidar \'ue«tras fortunaíi. a derriuithai- 
vuestro gobienio, a hmmoUar y taJar a la gran capital, a atar, en 
fin, a los que han nacido en la cuna de la lilx'ilad, a si carin de 
desolación, de ruina y de espanto", 

Pero el torrente era irresistible. Eil misiiio i»j.'r<iio «ic Üiumio- 
Aires que est-alba. bajo el mando del general Ignacio AJvarez, re- 
solvió haioer carea coiHún con Artiga*^, y cayerom con estr('i>ito, en 
abril de ISl.'í, el Directorio y la Asamihli'.i r.institiivi'üti'. 1 >< «los 
baliiartes de la oligarquía porteña. 
'En la víspera del derrunihe escinhia Amigas ¡v goiiorai A iva re/ : 
*'ili moderación en todos los pasos estiá de manifiesto y seria me- 
nos liberal en mis ideas si un solo acto designase que las armas de 
mi mando son coirtra el pueblo de Buenos Aires'', 

•'Tonga V. S. la dignación y demás oficiales de su mando de 
creer que mis desvelos son por la salml de 1<'- " " -; y nmiy ivco- 
nwndablemente «1 de Buenos Aires, En ello .>oñado mi ho- 

ror y sería desmentir inmediatamiente el sistcíiia si con una exclu- 
sión vergonzosa miras<> -i i.-.n-»"/"-;*-. i^,w.ki,, ,],. tí,,,.,,,^ \;.-'>v; í^.w.i-, 
del rango de los demsi- 

"Por lo mií»mo, creo snurratii» nii bue;¡ úv^cd ante i;-'(<!c>. y ♦jue 
solamente obrai'án mis tropas cuando trncrnn que conrtnirrosinr ti- 
i'aíios", 

Prwlucid.) el dei 'H-, '■•>«-'■'■ •• ■ ' V'vn-rr ,i, 

Imitad popular": 

*'E|lla debe ser la norma <\e uUerioix's prondeneias i^ra (|iie las 
^nrtudeo sean respetadas y tiemjblen los tíñanos a presencia <le los 
jnieblos enérgicos, T-ia libertad nacieuite es oeioea y los magistrados 
delKMi acredit-nr que ham llenado la pública confianza. Allanado este 
j>aso, los devaás son consiguientes. En consecuencia, la guen*a civil 



MANUAL DE HISTORIA URUGUAYA 229 

t's tenminada y mi primera providencia al recibir el honorabi1e de 
V. E, filié repasar m^ tropas el Paraná". 

Amte una actitud tan altruista, el Calbildo de Buenos Aires se 
apresuró a desagravia r al procer en esta piroelama que dirigió al 
pueblo : 

'"Empeñado el tirano en alaimnar al .pueblo contra el que única- 
memte suponía invaisor injusto de nuestra Provincia, precisó con 
amenazas a esta corporación a autorizar con su firma la infame 
proclajma deil 5 del corriente. Ella no es más que un tejido de im- 
putaciones las más execrables contra el ilustre y benemérito Jefe 
de los Orientales don José Artigas", 

"Ciudadanos: deponed vuestros recelos; vuestros verdaderos in- 
tereses son el objeto de los desvelos de vuestro Ayuntamiento, y 
para, afianzarlos .procede de acuerdo con el jefe oriental; la recti- 
tud de intenciones del invicto General es tan notoria y Ja ha acre- 
ditado de un modo itan plausible, que no potléis dudar de ella sin 
ngraviar su decoro". 

No se contentó con ese manifiesito el Cabildo de Buenos Aires- 
En una segunda resolución que lleva a su pie las firmas de Escala- 
da. Oliden, Belgrano, Conrea, Ctieto, Vidal, Rufino, Barros, Zamíu- 
dio y Bustaraante, coioipletó en esta foi-ma su nota de desagravio: 

"Deseando dar a ilos pueblos un testimonio irrefragable del apre- 
cio que le ha miereicido la- conducta del Jefe de los Orientalesi don 
José Artigas... Ha acordado que los ejemplares (dte la inicua pro- 
clama) que existen y conserva en su archivo sean quemados¡ públi- 
camiente por maino del verdugo en medio de la plaza de la Victo- 
ria... y que este adto que .presenciaría en la galería del Cabildo el 
Exemo. Director reunido con esta corporación, se ejecute con auxi- 
lio de tropa, asistencia del Alguacil Mayor y Escribano de este 
Ayuntaipáento" . 

Se refiere reiteradamente en amibos documentos el Ca.bildo a ac- 
tosi de violencia y amenazas de Alvear para arrancar el bando con- 
tra Artigas. ¿En qaié consistían esa» violencias y amenazas? 

Establece Zinny que Alvear citó a los cabildán.tes a su campa- 
mento de ilos Olivos y amenazó con fuisila/mientos si continuaban 
dosobedeciendo sus órdenes en lo relativo a la proclama contra Ar- 
tigas, y que entonces cedió el Cabildo, previas algunas alteraciones 
de forma encaminadas a suavizar las expresiones de la piroelama 
de Alvear. 

Un presente de carne humana. 

El üuevo Gobierno que se instalaba en Buenos Airee a raíz del 
deniimibe de Alvear, era una .simiple variante de ila misma oligar- 



230 EDrARDO ACE^-EDO 

-quía ■contra la que había com'baticlo Artigas. No ei*a dable osp<»iar, 
■en consecuencia, un cambio de rumbos políticos. Pero Artigas su- 
ponía, sin duda alguna, que la lección recibida aprovediaría a los 
•sucesores del Director demiirlbado, y se abstuvo de llevar adelante 
6u iplan de campaña. 

Uno de los primeros actos de ese Gobierno consistió en el envío 
al campamento de Paysandú, de \m presente de carne humana. 
. Oigamos al general Antonio Díaz, uno de los siete jefes qive la 
oligarquía destinaba al sacrificio: 

El Gobierno surgido de la revalución de abril encarceló a mu- 
chas personas notables de la administración de Alvear: Ministrosi 
de Estado, Diputados de la Asamblea Constituyente y jefes del 
ejército, con ánimo de hacer un fusilamiento ejemplar. Fué ejecu- 
tado el coronel Enrique Pa/llardel. Pero esa primera ejecución 
produjo malísimo efecto en el pueblo y hubo que variar de plan . 

Siete de los jefes (j>erteneciente8 al ejército que Alvear destina- 
ba al Perú, fueron engrillados y i^emitidos a Artigas "para que los 
fusilase o hiciese en ellos venganza del modo que quisiese como 
adictos al gobienio legal que acababa de ser derrocado*'. 

Eran el eoronel Venfcui-a Vázquez, el coronel Juan S. Fernán- 
dez, el coronel Matías Balbastro, el comandante Ramón Ijarrea, el 
maypr Juan Zufriat^uy, el ooanaadanjte Antonio Pallaxdel, y el 
comandante Antonio Díaz, autor de la relación histórica que ex- 
tractamos. 

Artigas, después de mirar a los jefes engrillados, entre los cua- 
les figuraba el coronel Vázquez que había traicionado su causa en 
el Ayuí .para pinjarse com el batallón de blandengues orientales ni 
ejército de Sa^^atea^ habló en ee<x)R términos: 

"Sienito, señores, ver con esos grillos a hombres que han peleado 
y pasado trabajos por la causa. E»l Gobierno de Buenos Aires me 
los manda á ustedes para que los fusile; pero yo no veo los motivos. 
Aquí me dice (señalando \m papel que tenía en la mano), que us- 
tedes me han hecho la guerra, pero yo sé que ustedes no tienen la 
culpa. . . Si es que ustedes me han hecho la guerra, lo mismo hacen 
mis jefes y anos ofiíoiales olbedeciendo lo que les mando, como uste- 
des ha'brán obedecido lo que sus superiores iles mandaron ; y si hay 
otras causas, yo no tengo que ver con eso, ni soy verdugo del Go- 
bierno de Buenos Aires". 

Después de conversar con todos, se quedó un rato pensativo, y 
<3Íjo con una sonrisa de diesprecio: 

^'¡Vaya, que ni entre infieles se verá una cosa igual!'* 



MANUAL DE HISTORIA URUGUAYA 231 

Contra la dictadura de la Capital. 

Pocos días después del derrumbe de Alvear, ananciaba Artigan 
al Cabildo de Buenos Aires la próxima reunión de un congreso de 
las provincias que estaban bajo su niando y proiteeción;, para rati- 
ficar el reconocimiento del nuevo gobierno, y pedía que entretanto 
•fueran allanadas las diferencias que halbían obstaci^ilizado la efec- 
tividad de la unión. 

Desde el levantamiento del primer sitio, decía en su oñcio, la 
Revolución de Mayo ha quedado prostituida ,por el absoluto desco- 
nocimiento de las libertades locales, y ese desconocimiento se ha 
acentuado postei-ionnente hasita dar origen a un a;bierto sistema de 
conquista que convierte al Gobierno de Buenos Aires en dueño y 
*eñor de ilas demiis provincias ; y en consecuencia, antes de la reunión 
<lel congreso, es necesario celebrar itrausacciones capaces de infundir 
"una confianza tal cual se requiere para dar al gobierno instalado 
todo el nervio conveniente al ejemicio de sus ailtas funciones". 

Otro doeuimeniío notable salió el mismo día de la pluma de Ar- 
tigas: un manifiesto al pueblo de Buenos Aires, insistiendo en la 
necesidad de la unión. Ai'tigas foiTmiíila en ese manifiesto el proce- 
so de la guerra civil d^oladora provocada ix>r el Gobierno con sus 
expediciones militares a las provincias; .piero a la vez fonnula la 
unión con el pueblo de Buenos Aires que habiendo sido "el prime- 
ro en proclamar la. dignidad ipopular, sus esfuerzos por consolidar- 
la sólo podían excitar en él la dulce y noble satisfaccióm de ver en 
los demás pueblos los monumentos preciosos que se le erigiesen para 
inmortalizar la gratitud piopular". 

Artigas propone como base de pacificación el sistema fe- 
deral. 

( 'ediendo a las reiteradas gestiones de Artigas para dirimir las 
diferencias políticas que habían dado origen al conflicto con Alvear 
y fijar las bases de la unión con las provincias, el Gobierno de Bue- 
nos Aires encomendó a los señores Blas José de Pico y Francisco 
Bruno de Rivarola la tarea de entrevistarse con el Jefe de los 
Orientales y arribar a fórmiulas transacción ales. 

Los comisionados presentaron un i^liego, cuyas disíposiciones fun- 
damentales pueden sintetizarse así: 

El Gobierno de Buenos Aires reconoce la independencia de la 
Banda Oriental ; renuncia a siis derechos sobre ella ; se obiliga a 



23? EPrARDO ACEVrOO 

ayudarla en caso de ludia contra España; y declara que entre am- 
bas Provincias no habrá lugar a reclamos por concepto de jrastos 
y auxilios anteriores; 

Las Provincias de Entre Ríos y Corrientes quedan en libertad de 
declararse independientes o ide ponefn<« bajo la protección de cual- 
quier otro Gobierno, 

Artigas presentó otro pliego. He aquí sus conclusione> : 

Se reconocerá el acta del congreso del ó de abril de 181;. M»i>it' 
incorporación de la Banda Oriental a las Provin<»ias T'nidas del 
Río de la Plata bajo forma de paicto; 

Todas las ijirovincias tendrán iguales dignidades y privilegio*; y 
cada ama renunciariál al pix>yecto <le su'byugar a las demás; 

La ConstiifiK'ión q»e dicte el Congi'eso General tendrá jwr base 
la libertad; 

Se dealarará que la ocupación de Montevideo jwr las trojvis de 
Alvear no fué realizada con fines de conquista, restituyéndose, en 
consecuencia, el material de guerra extraído de la plaza y acordán- 
dose las c(>rai)ien.<5ao¡ones y reembolsos procedentes de contribuciones 
y <*onfiscacione(; decretadas; 

lias Provincias de Entre Ríos, Corrientes, Misiones, Córíloba y 
Santa Fe, quedan amparadas al i*égimen de libertad establecido por 
el co-ngreso de abril, ha.-^ta que voluntariamente quieran «'paraise 
de la dirección del Jefe de U>s Orientailes. 

Hay, como se ve. diferencias siibsrtanciales entre loe tU)> ,..-_.. 

Artigas quería la libertad e igualdad de todas las (pronncias; que 
la unión fuera la obra de un pa/'ln; que la nación entera fnern re- 
gida por una constitución a base de libertad. La oliganpiía de Bue- 
nos Aires no deseall)a que se hablara de igualdad, ni de pacto ni de 

constitución T>i>"!i>nM,V i.,.r<iii.. ,.l'-. ,,ii<.i-í.. ,...)>Tn-i-.,- ,li,.|.it.,,; >ln,,.,.1,. 

al país einterc 

Artigas quena cxti-ndi r a las cinco pravin*-ias do .-^u pr.iicitora- 
do el régimen de libertad que el oongi'eso de 181.1 hal)ía da<lo a la 
pi'ovincia de su nacimiento. Pero la oligarquía, aunque tenía que 
reconocer la situación inconmovible de Artigas en Entre Ríos, Co- 
rrientes y Misiones, quería destruir su influencia en Santa Fe y 
( ordoilia.. o más bien dicho, quería resei*varse esas dos provincias 
<*«>mo patrimonio j^i-ojiio. 

Artiga» quería reconstituir el iporque <ie Monitevideo, y la oligar- 
quía deseaba i'eseniárselo para atacar con mayores seguridades de 
éxito al .Tefe de los Orientales. 

Artigas quería mantenerse abs(i!utain<»nte dentro de la unidad 
nacional. Y la oligarqiüa. con tal de que<lar tranquila, ofrecía la 
independencia absoluta n la Banda Oriental, a Entre Ríofs Corrien- 



]\rAXüAL DE HISTORIA URUGUAYA 233 

En ík'ifiíiiitiva, Artigas actuando .como "Protector de los pu'éblos 
libres", planteaba, el problema de la reorganización de las Provin- 
cias Unidas dal Río de la Plaía, exactamente en la misma forma en 
que lo había planteado dos años antes, frente a las miurallas de 
Montevideo, actuando como Jefe de los Orientales. Por eso exigía 
el reeonocimientio 'del acta de incorporación sancionada por el eon- 
ai^eso de abriil y hacía extensivas las j^íarantías die esa acta a las 
cinco provincias cuya dirección política le había sido confiada. 

No funcionaba ninguna asaralblea constiitiiyente. De otro modo, 
Artigas habría promovido, como en 1813. la elección de dipivtados 
y habría dado a los electos las mismas famosas Instrucciones que 
recibieron los diputados orientales en esa oportunidad. 

Era cuestión de tiempo, sin embargo. Aceptada la incorporación 
en la forma propuesta por Artigas, la Asamblea Constituyente te- 
nía que ser convocada, y las inatruceiones para organizar las Pro- 
vincias del Río de la Plata sobre el modelo de ilos Esitados tenidos 
tenían q.ue i'eaparecer. 

Los comisionados de Buenos Aires dieron, pues, por fracasada 
su misión . 



Un congreso artiguista. 

Pero Artiga?, que no quería romper la unidad nacional, resolvió 
reanudar las negociaciones sobre la base previa de la convocatoria 
de un congresio en que tendrían i'eipresentación la Banda Oriental, 
Santa Fe, Córdoba, Entre Ríos, Corrientes y Misiones. 

El 23 de junio de 1815 reuniéronse los diputados en la Con- 
cepición del Uruguay. 

Era el primer congreso federal que funcionaba en la América 
del Sur. como el de abril de 1813 halbía sido el primer congreso pro- 
vincial de la América española. ¡Dos grandes glorias del arti- 
guismo ! 

Artigas dio cuenta circuns-tan ciada al congi'eso de las proposi- 
ciones que acababan de ser discutidas y obtuvo el momíbramienito de 
una alta delegación encargada de trasladaree a Buenos Aires, para 
gei-''tionar las bases del acuerdo que tanto anhelaba. 

La alta delegación estaba compuesta del doctor José García de 
Coissio, diputado por Entre Ríos; doctor Pascual Andino, diputado 
por Santa Fe; doetor José Antonio Cabrera, dipiutado por Córdo- 
ba; y don JMiguel Barreiro, diputado por Montevideo. 

Lleno de patrióticas asperanzas, escribía Ai-tigas al Grobierno de 
Buenos Aires: 



234 EDUAEW) ACEVEDO 

■•Aii.s¡<>^.j .^ii-uiiJii- del restablecimiento de la conoouiía. ¡le p ■ 
en ejecución todas las medidas y reunido a este fin el congre> 
üeral de los pueblos y ^provincias que se haillan bajo mis órdeiiee» 
y protección". 

"Yo espero que V. S- tendná la dignación de ver en est« paso 
una nueva muestra de mis ardientes deseos de restablecer la fra- 
ternidad y la unión, una unión tanto más preciosa cuanto no hay 
un «olo motivo que no se emplee en mandarla, y cuyas consecuencias 
bienhechoras ■ deben hacernos dignos a todos de la r<' ■<'i;..i;i<i.'m .1.. 
Ja América y de las bendiciones de la posteridad". 

£1 Gobierno de Buenos Aires contesta con la guerra. 

Los comisión ad()'> del conjrrt^so fetleral iwesentaroii al <¡ 
Sáenz, delegado del Groibienio Supremo, dos únicas proposici 

Según la primera, "habría unión ofensiva y defensiva entre las 
pjx)vincias que se hallan bajo la dirección (W T'^*'" 'i' '■>- n.;».,*..!..^ 
y el Excmo. Gobierno de Buenos Aires". 

De acuerdo con la segunda. Rueños Aires devolvería liua i»ai'le 
del parq;ie de guerm extraído do ^fontevidoo v "la inirnntn" na.' 
también había sido extraída. 

■pran dos bases bien modeslus. \n no m- ii;ii>i;iii:i «u- <'í5:íiiii/.íi- 
ción institucional, porque tal exigencia .podía considerarse como la 
causa dal fracaso de las negociaciones última?. Simplemente, un 
pacto de unión v pniic (!<> l:is ¡mnas :ii niiicadas n In i>lnzá de 
Mon/tevideo ! 

El rechazo me, sm ('.nu)arL;«i. iiunimaiiie. i^a sd'a \(\r;\ tw 
imi>ortaba reconocer derechos a las provincias y la oligarquía <; 
mandar sin trabas ni rertrancas. 

La diputación federal, quemando los últimos cartuchos de acuerdo 
con las instrucciones de Artigas y del congreso, renunció entonces 
al pacto de unión, y también ail reintegro del material de guerra, a 
cambio de una declaración de ]>az. Ya que nada podía oonsognirse 
del centralismo absorbente de ila oligarquía, por lo menos que la 
t>ligarqnía se lU-'— w-v 1- i-'-'^.- ^.oMt.-, inc ,.,^,^y\noy■^^ ,.;,'.vp;t,.>. 
devastadores ! 

Véaí^» la fúrmiila aittipuista: 

"ívos ciudadanos don José García de Cossio, don José Antonio 
Cabrera, don Pasc\ial Andino y don Miguel Barreiro, diputados por 
el congreso de los pueblos orientales para tratar la paz con el 
Excmo. Gobierno de Buenos Airee», la concluyeron con ei ciudadano 
don Antonio SAenz, nutorizado j'or S. E. para el efecto, i» 
siguiente única proposición: 



MANUAL DE HISTORIA ÜRüGUATA 235 

''Habi'á paz entre los territorios que se hallan bajo el mando y 
¡irotección del Jefe de los Orien tales y el Excmo. Gobierno de 
Biuenos Aires". 

Ko encontró mejor acogida esta fórmula angustiosa, en que a 
tod:> se renunciaba con tal de asegurar la paz a las pro"\ánieias. 

El doctor Sáenz propuso otra fórmmla en cuya virtud también 
"habría paz, amistad y alianza perpetua entre el Jefe de los Orien- 
tales y el Gobierno de Buenos Aires, y entre los ciudadanos que 
residen en los territorios que están bajo el efectivo mando y pro- 
tección de cada uno"; pero con estos agregados: 

"Anib'Os territorios y gobiernois serán independientes uno de otro; 
el Paraná será la línea de demarcación que los distinga; se obligan 
taimibién a remitir diputados ai congreso de Tucumán"'. 

E.stos debates quedaron interrumipidos por un acto brutal del 
Directorio. 

Lo que fundamentalmente quería la oligarquía, era arrebatar la 
Provincia de Santa Fe al protectorado artiguista, y ante las pri- 
meras resistencias resolvió ir a la conquista armada. En conse- 
cuencia, los delegados del congreso federal fueron arrestados y el 
general Viamonte, que ya estaba al frente de un fuerte ejército, 
marchó con destino a ila. Provincia amibicionada, a la vez que el 
Director Supremo don Ignacio Alvarez, explicaba así la guerra a 
los santafesinos: 

"La desgracia común ha querido que no se presenten por el Jefe 
de los Orientales bases decorosas ni justas para el restablecimiento 
de la concordia". 

"Yo envío esas trapas a vuestro territorio, porque esi de interés 
de todas las provimcias hacer imipenetrable esta puerta a la guerra 
civil" . 

"Si el caudillo orieníail ama la paz, las tropas de Buenos Aires 
no osarán perturfbarla" . 

El propio Director se encargó de comiunicar a Artigas ambas 
medidas. 

"He enviado fuerzas a Santa Fe, le decía, con las instrucciones 
que manifiestan las ;piroclaoaas que incluyo. Los diputados de V. S. 
lian padecido alguna detención en su despacho, porque halláindose 
informados de la indicada medida, temí precipitasen a V. S. para 
oponerse a que se realizase con el sosiego que conviene a todos". 

Los señores Barreiro, Andino, Cossio y Cabrera, ante el atentado 
de que eran víctimas, salieitaron su© pasaportes miediante \m es- 
crito en que hacían constar que las bases por ellos propuestas ha- 
bían sido rechazadas "sin habérseles llamado ni oído"; agregaban 
que el código sagrado de las naciones les permitía salir de Buenos 
.\ires; y concluían con estas palabras: 



236 KDT-AnnO ACEVEDO 

"Que en respeto a tan iuc<».itrastables principios no continuará 
la detención de nuestras personas, vulnerando en nuestro cai-ácíer 
a aquellos estabdecimientoe universales, tanto más cuando sernos 
espectadores del armamento que se hace en ct)ntradicc¡<)n con el 
objeto de nuestra venida, a pesar de hallarse en ol eoucei>lo de 
V. E. aún pendiente la nearociación" . 

Artigas y el Congreso de Tucumán. 

Con lia jirisión de los dijputados del confrreeo federal, euip¡ez« 
un nuevo y formidable plan de jruerra del Gobierno de las Pro- 
vincias tenidas contra Arlifías. 

La ex{>edición militar del g-eneral Viamonte a Santa Fe. . 
tituye la primera parte de ese plan, paiie poco eficaz, desde M'i« 
meses después el jefe expedicionario y todo su estado mayor iisu*- 
chaban prisioneros al campamento de Purificación, donde sus '*i<las 
debían ser resiieftsulas, pese a la doctrina de la época que orde^a'»'^ 
el sacriflcio de todt» los prisioneros de valimiento. 

La entrefra de la Provincia Oriental a la Corte Port upiiesa, <*"^- 
tituía la sef?mida parte del .plan del Directorio, y esa sí debía ^"^1" 
plena eficacia, porque el ct>nqui.«*tador traería un fuerie ciíJ'eito 
para traí>ajar en combinación con las tropas de las Provincias ! 

Enitre las bases propuestas a ilos delegados artiguistas fifriu 
envío de diputados al Congreso de TuciHnkln, y más de una vé *'■' 
«do censurado el Jefe de los» Orientales i>or haber hecho el ■ ' 
en torno de esa .asamblea. 

Y. sin embargo, la actitud de Artigas estaba impuesta po I'>í" 
sucesos. 

La reunión del congieso de Tucumán coincidía con el fi*aca^ ^*^ 
las negociaciones de {>az, con el arresto de los dipirtados artmi-*- 
(as, con la ex|>edi<-ión del genei-al Viamonte a Santa Fe, cot n"n 
negociación diploimítica para entregar la Provincia Oriental '<'^ 
portugueties y, ante todo y sobre todo, con el ambie"*" ,...,n,M,Hco 
que se iba acentuando en tomo del nue\'o congre->^' 
. ¿C/ómKj era posilble que Ariigas. haciendo tabla rasa df todi "'- 
sucesos, reanudara la tetitativa que en circunstancias inmensa ^nt*' 
más favorables había fracasado en 1813? 

Cómo trataba el Gobierno de Buenos Aires a las provinf^S- 

/ I 'ai a (|ué se resenaJxi «•! (iobifiim lU- liiu'ii<>> Aires la Proiií*"^ 
de Santa FeT ¿Acaso para extender hasta ella la acción civili?'^ra 
de la capital? 



aiANUAL DE HISTORIA UEUfiUAYA 237 

Oigamios a don Urbano de Iriondo, testigo piresencial de los su- 
cesos <¡iue narra : 

Santa Fe tenía vetrdadera aversión contra el Gobierno de Buenos 
Aires. Cuando contó con la protección de Artigas^ iprodujo el le- 
V antaanáento que dio por resultado la rendición de las tropas que 
mandaba el general Díaz Vélez. INÍás tarde el general Viainonte, 
con su ejército de 1,500 homibres, ocupó la ciudad. 

"Casi toda la oficiailidad era un puro libertinaje. Una Noche- 
buena, estando celebrándose la misa de gallo en el templo de la 
>\lerced, entraron varios de ellos con lámpai'as tomadas en la puerta 
de la iglesia, y andaban alumlbrando las mujere^s, tendiéndose en los 
escaños y contestando a gritos con eil coro, a las oraciones de la 
inisa. En la novena de la Purísima Concepción del templo de San 
Fi'ancis'co, aparecieron en camisa y con la demias rapa bajo el 
brazo, paseándose entre la m;iiehedu.mibre de imiujeres que salían del 
Temj^lo. Otra vez, en las oua renta horas del Carnaval en la Iglesia 
3.ia(riz, tiraban cohetes adentro de ila ig'lesia desde las puertas; y 
«tros muchos más hecdiois escandalosos de que dejaron rastro. A 
los vecinos de esta ciudad los miraban con desiprecio". 

En marzo de 1816, subleváronse los santafesinos, de nuevo oon 
la iproteeción de Artigas, y otra vez el ejército de Buenos Aires 
tuvo que rendii'se. 

Una tercera tentativa de conquiiSta se produjo a los pocos meses. 
La expedición que estaba a cargo del general Díaz Vález no se portó 
mejor que las anteriores. 

"Pnso guardia en algunas de las casas principales de la ciudad, 
sin duda para imiponer contribuciones como se vio después;, y dejó 
e\ pueíblo a discreción de su tropa, la que desde el mismo día 
empezó a saquearlo y a cometer mil eseiálndalos y atrocidades en la 
población". 

Termina Iriondo sus "Apuntes" con la transcripción de un oficio 
que años más tarde dirigió el general Ijópez, Gobernador de Santa 
Fe, al Cabildo de Buenos Aii^es, formulando) el piroeeso de la oli- 
üLirquía imperante, un proceso terrible que recapitulaba así: 

"La Provincia de Santa Fe ya no tiene nada que perder, desde 
que tuvo la desgracia de ser invadida por unos ejércitos que pare- 
cía que venían de los mismos infiernos. Nos han privado de nues- 
tras casas, porque las han quemado; de nuestra* propiedades, por- 
que las han robado; de nuestras familias, porque las han muerto 
por furor o por hambre. Existen solamente campos solitarios por 
donde transitan dos vengadores de tales agTavios, para renovar dia- 
riamente su juramento de sacrificar mil veces sus* vidas por limpiar 
la tieiTa de irnos monstruos ineom,paral)les ; conocen que de otro 



238 EDUARDO ACEYEDC 

modo es imposible lograr tranquilidad, y que se inulíiplicai. ... .... 

víctimas sin akaaizar jamás una paz duradera que tenga por base- 
la igualdad de derechos y la pública felicidad". 

Para eso, 'pties, se persistía en sustraer a Santa Fe del protecto- 
rado de Artigas: ipara destruirla, porque no se sometía ciesramentt 
a la férrea '"l!<'*««1>T-n 'V' <'^■^ capital! 



CAPITULO XXIII 
CÓMO gob:i$rnaba artigas 

En las provincias de su protectorado. 

Acabamos de expoiier el pirograaia político del protectorado de 
Artigas. Es el mismo pro^ama de verdadera autonomía provincial 
y de am>plias garantías institucionales votado por el congreso orien- 
tal de abril de 1813, Como Protector de los Pueblos Libres, quería 
Artigas ipara Santa Fe, Córdoba, Entre Ríos, Corrientes y ]\Iisiones, 
exactamente lo mismo que había pedido com-o Jefe de los Orientales 
para la Provincia de Montevideo. 

No puede darse un altruismo más notable, ni un respeto miáe 
íirme a la idea de la solberanía popular, de la que siempre fué 
portaesitandarte entusiasta . 

Lo reconocen el historiador de Entre Ríos 'don Benigno Martínez, 
cuanido afirma que Artigas respetaba la autonomía de los pueblos 
argentinos; el estadista eorrentino doctor Pujol, cuando refiere que 
la revolución áe Corrientes, promovida por Artigas en 1814, se ca- 
racterizó ipor el respeto a la vida de los vencidos, y pK>r la elección 
popular de nuevo Gobernador; el historiador de Córdoba don Igna- 
cio Garzón, al esitableeer que cediendo a un ultimátum de Artigas 
cayeron las autoridades que había )puesto allí Buenos Aires y surgió 
por primera vez, en 1815, un gobierno de origen piopular, en pleno 
cabildo abierto; el historiador de Santa Fe don Urbano de Iriondo, 
al refeiñr que los Gobernadores enviados por Buenos Aires esquil- 
maban a la población y que a prineiipios de 1815 estalló un movi- 
miento popular que fué seguido de la designación die un Gobernador 
por el Cabiildo provisionalmente, y por el pueblo luego, a la sombra 
de la bandera tricolor de Artigas. 

E! protectorado sólo se hacía sentir, pues, en favor de la acción 
popular amplia, fiel siempre Artiíías a su programa de libertad y 
de autonomías provinciales. 



240 EDUARDO Af;EVEDO 

Y cuando iK>r excepción asumía el g-obienio aifruno de sus te- 
nientes, eutouces era para dar lecciones a los {gobernantes argen- 
tinos. 

Sejnin la relación histórica de Robertson, fundada en lo que el 
mismo ^I}|udo ver o confirmar y en el testimonio cotaplementario de 
un testigo presen<?ial de los sucesos, cuando Andresito llegó a Co- 
rrientes regía allí un gobierno dependiente <le Buenos Aires que. 
entre otras cosas, acíibaba de exterminar a mi pueblo de indios y 
de reducir a la esclavitud a los niños de otiu i>oiblac¡ón indígena. 

Andresito, que iba al frente de una división de indios misioneros, 
libertó a los pequeños secuestra<los y arranca a la vez. de las casas 
en que vivían, un núnvero igual de niñoíi corivutinos. Después de 
una semana de cautiverio, cuando ilas familias de Corrientes estaban 
en la raayor desesperación, el teniente de Artigas «publicó un bandi» 
convocando a las madres, y una vez que las hubo reunido hizo eJ 
proceso de las injusticias de que habían sido víctimas los indív ¡ 
y devolvió la li'bertad a "todos l«is niños, con estas palabi-as n 
rabies : 

"Llévense a sus hÍj(VS pero recní'vdcn sicínnrí» nui. 1:i- m:v1rc- 

indias tienen taanbién un corazón" 

. Durante los siete meses del gobierno üe An(lre>it<) súh) se e- 
un robo, el robo de un pañuelo, y su autor fué arrestado y < 
gado. Ni un ?iOÍlo delito más, y eso que los soldados estaban des- 
nudos y con una ración tan pobre y tan intennitente, que para no 
morirse de inanición tenían que mascar trozos de cuero mojado! 

Tal es lo que dicen los hermanos Robertson. terribles <!' 
de Artigas cúan(k) haWan del personaje en términos genei 
sus glorificadorcs cuando tienen que referir los hechos concretOF que 

lü gobierno de Artigas en la Provincia Oriental. 

Tna vez desocupada la plaza de Montevideo por el ejército ar- 
gentino, el Cabildo invitó al coronel Otorgiiés a que se hiciera cargo 
de la ciudad. 

La conitestoción de Otorgues, datada en su cuartel general de 
Canelones el 25 de febrero de 1815. es un dociunento de verdadero 
cuño artiguista. 

"Me ipareoe conveniente — decía — qne el Excmo, Ayimtanrientc 
continúe interinamente en el mando de esa plaza, hasta que en 
oportunidad dos pueblos en quienes reside la í*oberanía disj)ongan 
y elijan lo más adaptable y oompatiible con sus intereses, st^un < 
de que las providencias de V. E. sertín por mis armas auxiliini¡is"\ 



MANUAL DE HISTOIíIA URUGUAYA 241 

Ei'a ]a doetriiia de Artigas, aplicada en un medio aimbiente que 
acababa de sufrir la dicitadura de Buenos Aires: el gobierno corres- 
pondía al pueblo y el pueblo debía ser convocado (para la elección 
de sus mandatarios. 

Pero las circunstancias eran muy exeepcionailes. La iplaza aban- 
donada reclamalba un gobernante. El Cabildo insistió, pues, en su 
pedido y entonces Otorgues se resolvió a tomar a su cargo la ciudad. 

¿Quién era Otorgues? 

Don Fernando Otorgues figura entre los primeros patriotas de 
la insurrección oriental. En su chacra del Pantanoso se reunían 
desde 1809 Larrañaga, IMonterroso, Barreiro y otros para proyectar 
el movimiento revolucionario que debía encabezar Artigas. Cuando 
el movimiento se produjo, en 1811, Otorgues .siublevó su distrito y 
organizó una fuerte ooliumna con la que se incoriporó al ejército de 
Artigas, conquistando entonces ilos despachos de teniente coronel 
que le fneix)n expedidos por el Gobierno de Buenos Aires. 

Dos de susí rajas autorizados contemiporláneos, don Dámaso Larra- 
ñaga y don José Raymund'o Guerra, han condensado su impresión 
propia y la impresión de la época, en astas palabras que abarcan 
buena parte de la agitada acituaeión del teniente de Artigas: 

''Otorgues, )por más que no faltará quien lo desscriiba. con otros 
coloridos, era hombre sencillo e inclinado al bien, dócil, generoso 
y buen amigo. Nació de padres pobres, y por eso no consiguió 
ama cultura correspondiente a sus talentos nada comunes, porque 
tiene previsión y con faciilidad se impone de cualquier negocio. Su 
natural candor le hace susceptible de dejarse guiar por personas 
jieligrosas, pero si consiguiese a su lado algún bien intencionado 
director, procederá siemipre con rectitud en todos respectivos". 

Otro contemporáneo, el historiador don Juan Manuel de la Sota, 
describe en cambio a Otorgues y a sus subalternos como verdaderos 
bandidos . 

Seg-ún él, los españoles y porteños, "ariscos" eran ensillados y 
montados en las aceras de Montevideo; los saldados arraneaban las 
mercaderías de las casas de negocio; los frailes eran desnudados y 
atados en la calle, obligándose a los transeúntes a escupir o besar 
las espaldas de los toríturados. 

"Montevideo era, entretanto, no un pueblo, siru) un desierto; 
todo era destruido: la moralidad atacada en sus fundaimentos, los 
bombres pei-seguidoe, ilas mujeres gimiendo, la civilización insultada 
y el barbarismo aplaudido; el leniguaje viciado por el abuso de los 
•equívocos y frases groseras inventadas por Artigas de "sacar a 

M. DK II. U. — IG 



242 EDUARDO ACEVEDO 

los hombres". 

Tal es la fuente de iiiíurmación de lo¿ dclracivi-tíb de Aiuyiu-, 
la única fuente de información, aunque casi todos se a-bstieuen de 
citarla, porque comprenden qne las vinculaciones de don Juan Ma- 
nuel de ia Sota con Alvear dan carácter sospechoso a sus refe- 
rencias. 

La frase "tocar el violín" nació en la época de Rosas, y a.sí 
se encargaron de comprobarlo los ilustres argentinos que redactaban 
"El Nacional" en 1842, precisamente cuando de la Sota preparaba- 
materiales para su libro. Pero era una frase horrenda y el his- 
toriador no vaciló en darle notable antigüedad para herir la memoria 
de Otorgues, o mes bien dicho, de Artigas, poi*que ol fin (principal 
era ese. 



Dos bandos de sangre de Otorgues y de Alvear. 

Hemos dicho que la autoridad del historiador don Juím Mm m.s 
de la Sota es sospechosa, y nos será fócil demoetrarl" 

Durante el mes de marzo de 1815, se dictaron dos h. <-i- 

bles en el Río de la Plata, ante el anuncio de una gran ''»'i 

militar española. 

Otorgues, en el suyo, decretaba la muerte coivtra todos 1<).> ^ . . 
nales que expresaran ideas contrarias a la libertad de la Provincia ; 
contra todos los que criticaran las ideas del Gobierno c u-»- 

o corrillos sospechosos; contra todo el que se hiciese j '«ti- 

sú propia mano ; contra todo el que atacase directa o indirectamiente 
la libertad de la Provincia. 

Y el Director Alvear decretaba, en el suyo, la pena de muerte contra 
todo español que "de palabra o por escrito, directa o indirectamente, 
ataque el sistema de lUbertad e independencia que han adoptado 
estas (provincias" ; contra todo "americano que incurra en semejante 
delito"; contra "todo indi\-iduo que directamente o indirectamente 
trate de seducir a los soldados"; contra todo divulgador de noticias 
alarmantes "cuando de resultas de ellas acaeciese algrún movimiento 
que comprometa el orden público". 

Ambos Gobiernos del Plata eoloc»ában?c así en el mismo pl; 
de severidad. 

Pero convieoie advertir que mientras que i1a plaza de Montevideo 
era esencialmente española y tenían, en consecuencia, los criollos 
que estar siempre en guardia; la de Buenos Aires era, al contrario, 
esencialmente americana, y podía el Gobierno mo^ratve menos mi - 
vioso con los españoles- O k> que es lo miamo, Otoiígués tenía pre- 



MANUAL DE HISTORIA URUGUAYA 243 

■iextos para hacer efectivo su bando con algún escarmiento, mientras 
que Alvear no los tenía. 

¿Qué dice, entretanto, la historia? Que Otorgues a nadie mató, 
y que Ailvear, en icamibio, fusiló al oficial español José ITbeda, y 
hubo de amarrar al banquillo a otro oficial llamado Trejo. 

Ubeda fué ejecutado en la madrugada del Sábado Santo, y col- 
gado en el cenitro de la plaza Victoria, donde el tpueblo lo confundió 
en los primeros momentos con uno de los tantos judas de los fes- 
lejos de Pascua. 

Pues bien: al ocuparse del fusilamiento, hace la sigudente con- 
irosión el historiador de la Sota: 

"Desgraciadamiente, al autor de estos "Cuadros Históricosi" le 
euipo el ser destinado con su compañía a ejecutar a este valiente". 

El detractor de Otorgues, era, como se ve, oficial de Alvear y uno 
de sus más adictos oficiales. Y esa filiación basta y sobra para 
explicar su inquina contra Artigas, autor del deiTum/be de Alvear, 
y contra los tenientes de Artigas. 

Una elección popular de mandatarios. 

Ya sabemos de qué manera el Gobierno de Buenos Aires había 
entendido la autonomía de Montevideo: remitiendo al coronel Ro- 
dríguez Peña, Gobernador .político y militar de la Provincia, la lista 
íntegra de los capitulares que debían integrar el Cabildo de 1814, 
sin olvid:ar el más pequeño detalle, porque haeta el nombre del 
Portero de la Municipalidad era objeto de los cuidados del Director 
Posadas . 

No podía subsistir ese Cabildo después de evacuada la plaza por 
el ejército argentino. Pero los procedimientos de renovación tenían 
tiue variar de arriba a'bajo, dentro del ambiente artiguista. Y así 
sucedió, efectivamente . 

En vez de un decreto gubernativo, <iomo el que el año anterior 
había dictado el Gobierno Argentino, destituyendo al Cabildo espa- 
ñol, hubo una aisamblea ¡popular y de ella surgió el nombramiento- 
de una delegación encabezada por don Juan María Pérez, con el 
encargo de expresar al Ayuntamiento los deseos del pueblo. El 
Cabildo encontró atendible el pedido. Y entonces, recién entonces^ 
Otorgues, resolvió ipromiover la reorganización de las autoridades. 

■Véase su circular a los Comandantes Militares de campaña: 

"En ninguna ocasión mojor que ésta, deben los pueblos 'usar de 
la libertad que tanto hemos defendido, por lo que recuerdo a usted, 
muy particularmente, haga entender a ese vecindario las facultades 
que le esbáln concedidas de poder elegir un Cabildo a su satisfaceióny 



424 EDUARDO ACEVEDO 

^el mismo modo que el jefe que haya U« mandarlos, dándose cuenta 
o|>oi-tuiiaimente de los sujetos que sean oloftti> para 'os t-midcos 
<50ucejiles y Comandante de ese pueblo". 

Quiere decir, pues, que ipara Otorgues al jmrum (•ctMi>|>uii(ua no 
sólo la elección de sus Cabildos, sino también la elección de sus 
Comandantes Militares, o sea de los tenientes del propio jefe de 
la Provincia. 

Y tal era, efectivamente, la gran orientación política del arti- 
gui*mo: en el ij^ueblo e$>taba el origen de ttxlas las autoridades y 
al pue'blo había que recurrir para la reoríraiüzación de la Pro- 
vincia. 

El doctor Pérez Castellano y Artigas. 

El ¡ilustre Pérez Castellano actuó conu> swiaiUi- t-u i>;i> ruTcn.m^. 
El \nvía en el distrito del Miguelete. y fué a depositar su votto al 
saladero de don Juan José Dunín. Allí encontró a muchos otros 
compatriotas que habían ido a votar, y aprovechó la oportunidad 
para leei'l» una iproclama en que "el arroyo Miguelete", habla- 
ba así: 

"Amados habitantes de mis riberas: desde que en ellas pisó el 
Gobierno de Buenos Aires se marchitó su hennosura, porque sin 
cesar talaron sus sauzales y alamedas que las adornaban, saquearon 
las mieses y las frutas que os enriquecían, y su crueldad llegó al 
extremo de arrancaros la esperanza de vivir, destruyendo vuestros 
frutales, y haciendo de vuestras posesiones un caimj|>o raso". 

"Agradecimiento eterno, ¡prez inmortal! a nuestros libertador<-< 
j al ilustre genio que ios acaiudilla y dirige sus pasos". 

"Una luminaria para el sábado 4 del presente marzo, si lo per- 
mite el tiempo, o para la nodie más inmediata en que lo permita, 
publicaní con lenguas de fuego nuestra alegría". 

"Cesen ilas lágrimas <|ue me afligieron por m|ís de dos años v 
aimientaron mis corrientes". 

Se trata de un testimonio del ntóe alto valor histórico resjMícto 
de Artigas y respecto de Otorgues. 

Pérez Castellano, el iniciador de ila Biblioteca Nacional de Mon- 
tevideo, era uno de los hombres mfis inteligentes, más ilustrados, 
•más rectoe de su <^poca. El y su discípulo y continuador Larra- 
ñaga, han dejado en el Río de la Plata huellas imborrables de 
ciencia y de virtud. 

Pues bien: el dootor Pérez Castellano acusa al Gobierno de Bu< 
nos Aires de haber talado la Provincia Oriental durante dos iiños. 
«ontados desde el segundo sitio hasta la evacuación de la plaza de 



MANUAL DE HISTORIA URUGUAYA 245 

Montevideo. Y en cambio, a Otorgues y a sus homibres les llama- 
"libertadores"; y a Artigas "el ilustre genio que los acaudilla y 
dirige sus pasos" . 

Los desórdenes de la época de Otorgues. 

Habían sido exeeleules los comienzos de la a^lministración de 
Otorgues- Pero luego ocurrieron desórdenes y violencias que La- 
rrañag'a y Guerra han referido así : 

"Elegido el nuevo Cabildo presidido por el Alcalde de l.er voto- 
don Tomiás García de Zúñiga, se desarrolló una política de toleran- 
cia, que no perseguía a los españoles ipor sei* españoles". 

"Esa conducita tan liberal ocasionó disensiones. Los descontentos 
rodearon a Otorgues, y ellos, a pretexto dé servirlo y desempeñarlo, 
diseminaron en esta ciudad el terror y el espanto. La trqpa, que 
hasta aquel momento había mantenido una eomaportaeión ejemplar, 
se entregó a la licencia. Algunos ofieiavles se señalaron con la eon- 
duciía más temei'aria y depresiva. Renacieron ilas violentas exac- 
ciones. Y para colmo de males, fué suspendida la seguridad indi- 
vidual, de.iándola a discreción y arbitrio de un tribunal erigido bajo 
el título de Vigilancia", 

"La referida facción era privadamente adieta al sistema de de- 
pendencia de Buenos Aires, que repugnaba a Artigas y Otorgues, 
pero éste, sin caer en ello, estuvo a dos dedosi de distancia de romper'" 
con Artigas" . 

Tail es lo que dicen los contemporáneos más autorizados. Kl 
gobierno de Otorsaiés ha^bía ercipiezado su marcha a base de una 
política de amplia tolerancia. Pero los agentes y amigos del Direc- 
torio, con el doctor Lucas José Obes a ila cabeza, que querían a 
todo trance destruir a Artigas, se trazax'on un plan verdaderamiente 
diabólico. Rodearon a Otorgues; se ganaron su confianza; y orga- 
jiizaron luego un prograimia de persecuciones encaminado a prestigiar- 
el restablecimiento de la dominación de Buenos Aires. Y son, pre- 
cLsamente, esa^ actos de violencia, emanados de los enemigos de 
Artigas, los que ailgunos historiadores invocan como cabeza de pro- 
ceso contra el gobierno de Otorgues! 

Han dicho los señores Larrañaga y Guerra que, ipor efecto de 
las intrigas directoría les, estuvieron a pimto de romper lioslilidades 
Antigás y Otorgues. Fué así, efectivamente. 

Ante los anuncios cada día mus reiterados de expeiiiciones espa- 
ñolas y portuguesas, Ai-tigas libró orden a Otorgues, para que en 
el acto trasladara sus tropas a la frontera. Otoi-gués reunió aX 
Cabildo con ol propósito n.nn rento de ponoi'lc en imfiesión del go- 



246 EDUARDO ACEVEDO 

bierno. Pero no bien acababa de hablar, cuando se produjo un 
tumulto i)opular *'" '" "'-^-"^ -ifi <•"" -i'» ""<'nta así el ac<;i ■'"' 
Cabildo : 

"Y estando en cstj se avucú a la sala capitular una iK>rciün <!.■ 
hombres con el nombre de pueblo, diciendo en un borrador que 
traían y leyeron, que pedían que el señor don Fernando Otorguc's 
no entregase el mando del gobierno, sino que continuara en él oom<» 
hasta aquí, en lo político y militar, pidiendo al radsmo ti«npo que 
se hiciera nueva elección de Caibildo, porque no tenían confianza en 
6Us representantes". 

Pero insistió Artigas. "Es urgentísimo, decía al Cabildo, que no 
se dilate un minuto más el cunuplimienito de mi última ordo' ''' 
rcipito a V. S. que neceáto esa caballería en la frontera", 

Y al Cabildo pubHcó en seguida un bando comunicando qu< 
entrado en ejercicio del gobierno político, y que "el bcMi' - 
Gobernador'* salía con su ejército a cwbrir la frontera. 

La administración de Otorgues, que no había alcanzado a con mi 
cuatro meses de vida, terminó así por efecto de ima medida «lo 
guerra, y en un ambiente de plena cordialidad con el Cabildo que 

clocaba ■'' "'*' OoUki-H'I'Iov í<ii-iiw1íí v^ í~.iI'i1>'i r>n iivdvli'i iinivi In 

frontera . 

•Verdad i's (juc i'rcntt al elo;^iü del Cabildo, aparew ti! .iiucí'» 
adverso de Artigas en un oficio a don Miguel Barreiro, que dice así : 

"Los suoesoe ocasionados por los reiterados desórdenes de quo 
Tía sido víctima esa ciudad, por loe desaciert-os del jefe, burlando mis 
disposiciones y mñ permanencia necesaria en campaña para repplor 
al enemigo, me han puesto en el caso de separarlo i* 
fijándome en su ipersona para reemplazarlo en su c , . 

Pero no hay Cfue olvidar que íoe promotores de loe desórdenes 
a q'ue se refiere Artigas, eran precÍRamente los que trabajaban poi- 
la caiusa del Directorio, y procuraban {por todos los medios un 
i.'w pimiento entre el Jefe de los Oriemtales y su teniente. 

La administración de Barreiro. 

I)oU Miguel Barreiro flun» ¡i iHv^i-iui'iMiai m ¡iuniiiii.>íun üíh nO 

Montevideo a fines de agosto de 1815. 

Véanse las instnic^'iones que Artigas dio a su nuevo delegad'» 
en tal oportunidad : 

"Aimque tengo iplena confianza en su honorabilidad y rectitu^i. 
creyendo como creo que oísted desempeñará la delegación dol go 
bierno con toda aquella moderación que debe existir en el carftpttr 
del funcionario pirblioo, sin embargo, debo recomendarle muy enea- 



MANUAL DE HISTORIA URUGUAYA 247 

reciclaraente el que ponga usted todo su especial cuidado y toda su 
atención en ofrecer y poner en pnáctica todas aquellas garantías 
necesarias para que renazca y ■se asegure la confianza pública; qne 
se respeten los derechos privados, y que no se moleste ni persiga a 
nadie ipior sus opiniones privadas, sienapre que los que profesen 
ideas diferentes a das muestras no intenten perturbar el orden y 
-envolvemos en nuevas revoluciones". 

Y complementando su programa hablaba así al Cabildo del nuevo 
mandatario : 

"I.a manera de entablar nuestro comercio, la economía en todos 
los ramos de la administración pública, el entable de las relaciones 
extranjeras y otros varios negocios, forman el objeto de su misión. 
V. S. tendrá en todos ellos la intervención competente, para que 
dirigiendo a un mismo fin nuestras miras, icontribuya así cada cual, 
en la parte que le con*esponde, a fijar la felieid'ad del país y rea- 
lizar el triunfo de la libertad". 

La guarnición militar de la plaza fué confiada a don Fructuoso 
Rivera, a quien Artigas recomendó especialmente "el más severo 
castigo a cualquier oficial que, otlvidando s-u honor, cometiera el 
menor atentado" . 

"Hágase V. S- resipetar en las cabezas, escribía a la vez al Ca- 
bildo, para que sus siubalternos sean obedientes". 

Un programa lleno de gramdes ideas, como se ve: los dereclios 
individuales debían ser plenamente garantizados; la divergencia de 
opiniones políticas no debía dar origen a medidas represivas de 
ninguna especie, salvo que se intentara alterar el orden público; 
había que promover y organizar el desenvolvimiento eeonómieo del 
país; el Cabildo, lejos de quedar aislado, debía tomar intervención 
en todos los asuntos de su competencia; ipiara que los subalterno? 
i'imiplieran su deber era necesario que los superiores dieran ejemplo 
de i^erfecta corrección, 

¿, Cómo cumplieron ilos nuevos mandatarios las instrncciones del 
Jefe de los Orientales? 

Hablan Larrañaga y Guerra de la acció-n de Rivera: 

"Xinguna tropa del miundo se ha mostrado tan subordinada y 
atenta, en medio de la suma desnudez en que se hallaba". 

Hablan los cniismos testigos de la acción de Barreiro: 

"Desde luego trató de aliviar ai pueblo y de observar a sus per- 
ppíruidores. La Junta de Vigilancia fué deshecha". 

■'Los gastos deil Estado, que antes recrecían en manos de asen- 
tistas, se redujeron a la mayor economía. Los ingresos públicos 
eran administrados con prudente regla. Una economía bien enten- 
dida los hacía suficientes sin necesidad de recurrir a las exacciones 
extorsivas" . 



248 EDUARDO ACEVEDO 

"\íi\ lili, este joven austeramciit' desimeresatlo se inosiraba. i-oii 
admiración de todos, versadísimo y veterano en los más arduos iie- 
jTOcios. Su más que mediana instrucción, su genio vasto, su corazón 
sensible, y un feliz conjunto de .prendas morales. l'> hifií-rcm miinr 
como el iris de la <5oncordia. 

"El dio vado a cuanto estuvo a su cargo, cnu incs.ie/'.a y mu 
afectación, manteniendo al imismo tiempo la plaza en buen estado 
de defensa". 

Las glandes lineas del gobierno de Artigas. 

Líi a(luiiiii>ii<u-ióii (le Barreiro se extiende desde agfoeto de 1815 
hasta enero de 1817, en que fué e\-acuada la pi!aza de Montevideo 
bajo la presión portuf^uesa. 

En vez de seg'uir paso a paso su desenvolvimiento, vamos a indi- 
car las grt'a'n'd^ líneas que trazó el Jefe de loe Orientales durante 
i"í»e lapso do tiempo, y que, efecrtivamente. sirvieron de mnrcn / 
de programa sv sus delegados »le Montevideo. 

K>í MATERIA DE DIGNJDAD NACIOKAL. 

Procuró siem/ixre Artigas fortificar el sentimiento nacional. El 
Gobierno Oriental debía tratar, en su concepto, de potencia a po- 
tencia con todos los demás Gofbiernos del mundo, sin achicarse ante 
ninguno, fuera quien fuera. 

En agosto de 1815. atendiendo una gestión del jefe de la escua- 
drilla inglesa para facilitar el comercio, habilitó los puertos de 
Montevideo, Maldonado y Colonia, con expresa exclusión de Bue- 
no8 Aires, mientras el Directorio tuviera cortadas fus relaciones 
con los orientah^s. Debió el comandante reclamar contra Ja exclu- 
sión. El hecho es que Artigas previno al Cabildo que en cns»-» do 
no aceptarse el inteiva-mbio en la forma propuesta, debían ser re- 
tirados de la costa uruguaya toilos los barcos ingleses. 

"V. S. no se reba.ie — agregaba — un ápice de su rapresenta- 
ción... los ingleses deb<n conocer que ellos soti los ibenefioia'lo- 
por .lo mismo jamtás deben imjwnernos, sino, al contrario, soni'- ■ 
a las leyes territoriales, según lo verifican todas las naciones \ 'a 
marina inglesa en sus puertos". 

Poco después autorizaba el envío a Buenos Aires de las decla- 
raciones prestadas en un sumario: indicaba qtie mientras no que- 
dara comprobado el delito, ninguna otra meilida podía autorizai"so: 
V entonaba la fibra patriótica del Cabildo en esta forma: 

"Es preciso que V. S. prevea las consecuencias y, sin rebajar 
la dignidad de su rtfl^íresentación, traite de igual a igual". 



:maxü-al de historia uruguaya 249 



En ;njatkria de acatamiento a la soberanía popular. 

Tain'biéu luchó Artigas iueesanl emente a favor de la reorganiza- 
ción iiistitucimial. Si nada edificó, fué por las continuas guerras a 
que lo arrastraba el Gobierno de Buenos Aires, 

La idea de ir a la fuente originaria de la soberanía, constituía 
mía verdadera obsesión de su espíritu. 

Sus convocatorias a raíz del levantamiento del primer sitio y sius 
notables congresos provinciales durante el transcurso del segundo 
sitio, resurgen en 1815 y 1810 bajo las administraciones de Otor- 
gues y de Barreiro. 

Apenas derruimibado al gobierno de Alvear, resuelve reunir un 
congreso encargado de reorganizar la Provincia y de fijar, a la vez, 
las bases de incorporación a las demás Provincias Unidas. 

De acuei'do con sus instrucciones de aibril de 1815, el congreso 
debía reunirse en la ciudad de Mercedes, y para que los diputados 
electos respondieran exactamente al voto de los pueblos, formuló 
un reglamento notable del punto de vista de las medidas encami- 
nadas a asegurar la eficacia del sufragio. Léanse estos extractos: 

'Cada voto debía ir dentro de un sobre en blanco, iceiTado y sellado; 
cada votante escribiría su nombre en el sobre ante el Presidente 
de la mesa; los sobres serían rubricados por el Presidente y por 
un escribano; el escribano numeraría y anotaría los sobres a me- 
dida que se fueran presentando y ilos depositaría en una caja; 
concluida la elección, las cajas serían transportadas al Cabildo; 
ol propio Ca'bildo. pre\'io cotejo de cada mío de los votos con la 
numeración y anotaciones correspondientes, practicaría el escrutinio. 

Cuando los orientales se preparaban ¡para estas elecciones, se vio 
])recisado de muevo Artigas a ponerse al frente de las provincias 
argentinas que respondían a su protectorado, en razón de que el 
nuevo Director Alvarez reanudaba la política de Alvear y obligaba 
a organizar otro congreso, eil congreso federal de la Concepción 
del XTruguay, de que antes hemos liecbo mención. 

'Más adela.nte todavía, en marzo de 1816, ante la actitud del 
Directorio en la Provincia de Santa Fe y de los portugueses en la 
frontera, volvió Artigas a dirigii-se al Cabildo de ^rontevid(M>. pres- 
tigiando en esta forma la idea de un congreso: 

"Las complicaciones aumentan y no quisiera por más tiempo te- 
ner incierto el objeto de la Revolución. Pueden adoptai'se medi- 
das rauy eficaces para no inutilizar nuestros sacrificios y aventurar 
nuestra suerte. El negocio es importante y no quisiera fiar a mi 
resahición lo que a todos interesa. Por lo mismo creo oportuno la 



25T) EDUARDO AOEVEDO 

ri'uiiK):i (le un congreso general- Deseo ilcnar la conlianza ac mis 
conciudadanos, y que ellos me inspiren sus recíprocos sentimientos. 
Afií podrán adoptarse medidas salvadoras, y nuestra seguridad inte- 
rior se atíanzará sobre loe polos de ila opinión y del poder". 

Está reflejado Artigas todo entero en este oficio. Había llegado 
el momento álgido de la crisis internacional. Era necesario asumir 
actitudes radicales. Pero antes de hacerlo, necesitaba ponerse al 
habla con sus coinciudadanos, recibir sus inspiraciones, y buscar el 
apoyo de la opinión ]i't1i1í<-.i. ii i-i -mi' había dado y seguía dando 
importancia principal. 

Es conveniente agregar (juc cada vez que ocurría una disidencia 
grave con el Cabildo o se fonnulaba algún cargo fundamental con- 
tra la orientación política adoptada, Artigas reunía también a los 
dLputados de los pueblos para resitr";"- <■> mando y st^uir comba- 
tiendo como soldado, 

A mediados de 181 'i juzgó que el Labiildo no tomaba en cuenta 
sus opiniones advei'sas al establecimiento de nuevos impuestos y 
otras decisiones administrativas; y eu el acto se dirigfió a la Junta 
Electoral para la convocación de diputados y al Cabildo para que 
designara la persona a quien debía entr^ar las tropas y el parque 
de gueiTa. La Junta Electoral com-unicó que la elección de dipu- 
tadas había recaído en los señores Dámaso Larrañaga^ Lucas José 
Obes y Prudencio Murguiondo, y el conflicto quedó solucionado 
después de un viaje de los diputados al campamento de Purificación. 

A fines de 1817, en lo más recio de la guerra contra los piortu- 
giieses, se le censuró públicamente por la infle.vibilidad de su con- 
ducta con relación a PueyíTedón. 

Artigas publicó entonces tina proclama y a la vez dirigió una 
circular a los Cabildos para someterse a la voluntad del pueblo. 

"Se denigra mi conducta ipor la desunión con Buenos Aires", 
decía en su proclama. Pero "recordad la historia de nuestras des- 
gracias, la sangre derramada, los sacrificios de siete años de i>enailidad 
y de miseria". Y luego de hacer referencia a sus reiteradas ten- 
tativas para arribar a una conciliación, invocaba el manifiesto de 
Moreno, Agrelo y Pa»io, los tres ilustres argentinos desterrados por 
Pueyrredón, para demostrar que no le eran imputables las causas 
del fracaso . 

El acta de la asamblea celebrada en la Colonia establece que 
""sonó en el concurso una voz general: ¡NÍva Artigas, viva nu. 
jefe Artigas! A él nombramos al principio, él ha de ser ni. 
jefe mientras le dure ila vida y muy contentos con cuanto ha hechn 
estamos y con cuanto en lo sucesivo haga". 

Fueron iguabnente entusiastas las demás respuestas y eutonc»'*^ 
Artigas, ratificado en el poder, dirigió a Pueyrredón la famosa 
conminatoria de que raÓÉs adelante tendremos que hablar. 



sraxual de historia uruguaya 251 

El respeto a la institucióíí de los Cabildos. 

'.rraduce el raás elevado concepto de la institución de los Cabildos 
el sisruiente párrafo del oficio en qne Artia:as initimaba la rendición 
de I\Iontevideo, a raíz de la bataiUa de Las' Piedras: 

"Entre cuantas autoridades ha creado la ipolítica, no hay alguna 
ni más honrosa ni miás ¡sagrada que la de los Cabildos; no hay otra 
■que pennita el dulcísimo atributo de padres de la Patria, títialo 
casi divino bastante a llenar los deseos de la ambición más glo- 
riosa" . 

y de ese elevado concepto jamás fué desmontado Artigas en el 
curso de su azarosa lucha. 

Ante la resistencia del Cabildo a seguir sus indicaciones prefería, 
como hemos visto, la renuncia, a un golpe de autoridad que cual- 
quier otro gobernante habría dado sin vacilar en esos miomentos de 
crisis terrible. 

iBólo una vez se dirigió en tono agTÍo a los capitulares de Mon- 
tevideo. Acababa de fraeasar la negociación de ipaz iniciada a raíz 
del derrumbe de Alvear. Artigas había prohibido el tráfico con 
Buenos Aires. Pero eil Cabildo, invocando la posibilidad de una 
expedición militar española, ¡pidió emlbarcaciones al Directorio y 
autorizó la salida de personas y mercaderías. 

"]Mis órdenes sobre el particular — escribía con (tal motivo Ar- 
tigas — han sido repetidas y terminantes y su inobservancia no piue- 
de sernos favorable. En V. S. he depositado la salvación de ese 
pueblo; y él está exiánime y será el mayor dolor verle expirar en 
manos de suis propios hijos. Sean los padres de la Patria más 
inexorables con su deber. De lo contrario, aún me sobran bríos pa- 
ra fií'mar su exterminio. No es difícil, calcule V. S. los sentimien- 
tos que arrancan de mi corazón estas expresiones". 

'^Háganse los magistrados dignos de sí, y merecerán las conside- 
1 aciones de sus conciudadanos". 

Hay, como se ve, un vocablo desgraiciado que no llevaba euvuel- 

' el propósito de exitenninar o echar abajo el Ayuntamiento, sino 
íle caracterizar la extrema gravedad del momento en que el Cabildo 
•aparecía burlando la eficacia de planes relacionados con la defensa 
militar del territorio amenazado. 

Por lo mismo que respetaba a los Cabildos, reaccionó desde los 
<?omienzos de su gobierno contra el nomlbramiento por vía adminis- 
trativa que había instituido el Directorio de Buenos Aires al tomar 
posesión de la plaza de Montevideo. 

La primera medida de Otorgué^; consistió, efectivamente, en la 
^«ntrega al ])uoblo de la elección del Ca1>ildo de 1815, Y en fonna 



252 EDUARDO ACEVEDO 

todavía más amplia fué elegido el del año siguiente, al que Artigas 
dio la denominación y las atribuciones de 'Tabildo Gabernador'". 
coníiando su elección a ilos delegados ipopulares de loe distritos y a 
los delicados de los denaás Cabildos de la Pi-ovincia. 

El pi^ecnlente fué recordado con orgullo, en plena dominación 
portuguesa, por los capitulares de 1823, al pedir y obtener en la 
primera etapa de la evolución de la indepeiidiencia la elección po- 
pular y al asenitar con tal motivo en el libro d« actas "que no se 
<!ebía desprender el ipu€*blo del benefic'" que ya gozó cuando el año 
lí), nombrada esta corporación poi- eleoeión j>opular se halló reves- 
tida del canák'ter necesario para tratar con «1 jefe del ejército, pior 
quien v por Su ^^^.•l íi-^imiI Fiílclí'-iinn i'ni' i-.m^MíTMil;) imühk li'irfinn;) 
su representación". 

Otras reforanas uuinici¡>ales liierou resueltas o proyectadas pur 
Artigas en el curso del año ISlfi. Entre las ijirimeras. figura la di- 
visión del territorio en taintos cantones o departamentos como eran 
los Cabildos: Montevideo, ]\Ialdonado. Soriano, (luadalujie. San 
José y Colonia, rigiéndose i>or Jueces todos los demás pueblos que 
■)><)r su escaíia ,población no podían tener Cabildo; y entre ]a» se- 
gundas, la distribución y deslinde de funciones de cada autoridad 
de la Provincia, t^area que resolvió librar a las delibei'aciones de un 
congreso qiie no pudo reunirse, poro" ^ '■' — ■ n lo impidió. 

Las leyes y su cumplimiento. 

Difundiendo dos bases d»' sana administracinii. eseribía Ailiiras 
al Cabildo en 181 '> : 

"Sea siempre prwnln a <>ir n'ci.iiiiacunK's y iJirdi» en i'esoix t"ria>^ , 
significando la necesidad de atender t»)doE: los reclamos, "pero de 
estudiar mucho iIjis resoluciones para no comeHer una injusticia. 

"Cualquier excepción de la ley que se haga, será un motivo de 
causar oeloe en los d<miiis ciudadanos. Et«te es por cierto el peor 
de los males, y para evitarlos sean todos iguales a presencia de la 
ley". 

• El Cabildo de 181() se estrenó con varios bandos, lo cual dio mé- 
rito a una significativa felicitación de Artigas que constituye todo 
Un programa de sensatee gnibernativa : no basta diotar ileyes; hay 
qire cumplirlas: 

"Lo (|ue interesa es el mayor celo por la observancia de los ar- 
tículos expresados. Sin él serán pomposos los títulos del Padre de 
la Patria... V. S. debe ser un \>-"vw q»^ t^^o lo ipreven'-n. ins- 
peccione y remedie". 

En otra opí>rtunidad aplainlía ;u■^i '.m ,1,, d^l Cabildt» relativo 

ftl pesaje de los cueros ¡por medio de 'li i i> municipales: 



>IAXUAL DE HISTORIA URUGUAYA 253 

''Todo el mimdo conoeerá las ventajas; pero ellas serón ciertn- 
jii^nte infructuosas si V. S. no toma a su cargo instituirlas en los 
lugares destinados" . 

''Sancionado el proyecto, deben establecerse los medios de su eje- 
cución, de lo contrario es superflua toda resolución". 

Atendía Artigas con especial cuidado las exigencias de la admi- 
lústraeión de justicia. En 1815 escribía al Cabildo: 

"Procure V. S. fijar tía seguridad individual, tanto en esa eiu- 
<:.¡il como en la campaña y castigando severa joiente al que fuese 
csado a quebi'antarla. Para eso nombre V. S. sus Jueces pedáneo.s 
en los ipaiitidos y exhorte a los Comandantes de campaña para que 
los auxilien y por su parte contribuyan a castigar los excesos y 
plantear el orden, la quietud y el sosiego". 

De cómo se aplicaban en el cuartel general algunas de estas ba- 
ses de lia admiTiistraeión de justicia, da idea una carta del mismo 
año a don Antonio Pereyra, influyente personaje de la época que 
reclamaba contra una medida reilativa a testamentarías de extran- 
jeros. Xi dictaba excepciones odiosas, ni impedía a los mag'istrados 
la corrección de los errores en que pudiera él incurrir. Véase efec- 
tivamente : 

"He dado mis órdenes generales^ para que con respecto a ellas 
obi-en los magistrados subalternos, y a ellos toca decidir. .. Si cree 
-que mis providencias no iprcdneirán resultados favorables, eso sólo 
servirá pai'a que otro enmiende Ja plana". 

Liis i;.\ipLK<OS PÚBLICOS. 

Xo concebía Artigas el desem(peño de empleos públicos como un 
medio pennanente de vida, sino al contrario, coimo un sacrificio 
transitoxio que la Patria tenía el d'erecího de exigir a sus hijos. El 
ciudadano necesitado debía dedicarse al trabajo fecundo de la ga- 
nadería o de la agricultura! 

TmI es el hermoso programa con que en 1816 despedía a un so- 
licitante de empleos. 

"Es un eiTor creer que los emipleos en un país ilibre darán a na- 
die subsistencia: lo primero, porque siempre seiián de poca dura- 
ción; y lo segundo, que por nuestro estado de indigencia jamás se 
podrá con el sim(ple emipleo aventurar la suerte de un ciudadano. 
Yo soy de parecer aproveche usted la oportunidad de los terre- 
nos que se están repartiendo en la Provincia, pidiese alguno y de- 
dicándose a su cultivo hallaría en él su descanso y el de su famüia"- 

Eran ideas que aplicaba dientro de su propio hogar. En 1816, 
■escribía al Cabildo que su ipadre, riioo estanciero del coloniaje, ha- 



EDUARDO ACEVEUO 

bía quedado c ... por efecto de la Revolución; y pedía j^>... 

él medios de la-abajo iguales a loe que a otros vecinos se eslabau 
proporcionando en esos mismos momentos. Léase su oficio: 

"Me es suimameute doloroso oir ios lamentos de mi padre a quien 
amo y venero. Acabo de recibir por el correo una solicitud suyu 
relativa a la mendicidad en que se halle, y la necesidad que tiene 
de tomar algún ganado para criar y fomentar sus estancias y oon 
ello ocurrir a las necesidades de su familia. Yo, sin embargo d<' ha- 
llaiToe penetrado de lo justo de su solicitud, no he querido reMjt- 
verla, líbmndola a la decisión de V. S. Todo el mundo sabe que 
él era un estanciero dé crédito antes de la Revolución y que por 
efecto de ella misma todas sus haciendas han sido oonsmnidas o 
extraviadas. Por lo mismo y estando decretado que de las haciendas 
de los emigrados se resarzan aquellas quiebras, es de esperar de la 
generosidad de V. S. libre la ordenación conveniente, a fin de que 
se le den cuatrocientas o quinientos reses en el modo y forma que 
V. S. estime más arreglado a la justicia. Yo no me aitrevo a fir- 
mar esa providencia, ansioso de que el mérito decida de la justicia 
y no se atribuya a parcialidad lo que es obra de la razón". 

Ya aaiteriomwnle el Cabildo, para facilitar el traslado a Monte- 
video de lia esiposa de Artigas, doña Rafaela Vlllagrán y de su hijo 
Jiísc María que residían en Canelones^, había resuelto amueblar una 
casa, costear la educación del niño y pasarles una pensión de cien 
pesos mensuales. 

Artigas contestó en el acto que "janiás podría consentir eea exor- 
bitancia". Sólo aceptaría que se le proporcionara educación a su 
hijo y una mens4ialidad de cincuenta pes<t> para -«iibíHstPnpin He h 
familia . 

"Aún esta erogación, agregaba, hubiera ahon*au.. .. .,..<.-..... .<.-.* 

do naciente, si mis facultades bastasen a sostener esa obligación. 
Pero no ignoi-a V. S. mi indigencia y en obsequio de mi patria, 
ella me empeña a no ser gravoso y sí agradecido". 

Volvamos al nombramiento de enapleados. Dentro del admirable 
criterio artiguista, el empleo público constituía un puesto de sacri- 
ficio a la patria y en coaisecuencia podían libremente aspirar a su 
desempeño los que estuvieran en situación de honrar a h a<lminis- 
tradón fwr su inteligencia, su laboriosidad y su rectitud de con- 
ducta, fueran amigos o fueran adversarios del gobernante. He aquí 
lo que decía al Cabido de Monitevideo en 1815, al aprobar el nom- 
bramiento de 'un decidido adversario suyo, ra£^ verdaderamente 
notable que demuestra que Artigas todo lo ««criticaba ail supremo 
interés general, hn-^ta su amor propio de hombre: 

"Hallando \ . s todas las cualidades iprecisas en el ciudadano 



MAXüAIi DE HISTORIA URUGUAYA 2ó5 

Pedro Elisondo para la adaninistración de fondos públicos, es in- 
diferente la adhesión a and ipiersona. Póngalo V. S. en posesión de 
tan importante ministerio y a V. S. toea velar sobre la delicadeza 
de ese manejo. Es tiemipo de probar la honradez y que ilos ame- 
ricanos florezcan en vintudes. ¡Ojalá se penetren todos de estos 
mis grandes deseos por la felicidad comlún". 

En el mismo año pedía al Cabildo una propuesta de emipleados 
e insistía con tal motivo en que sólo fuesen incluidos en la lista 
aquellos candidatos que por sus cualidades mereciesen el honor de 
la designación. ¿Qué otro gobernante ha renunciado así espontá- 
iieamjente a la designación dii'ecta de los empleados ipúblioos, coirao 
rnedio de asegurar ila bondad de los nombramientos? Oigamos a 
A rtigas : 

"Me manifestarla V. S. una relación de todos los empleados y 
una pi'opuesta igualmente de todos los patricios que paiedan des- 
empeñar algunos servicios. Para ello siempre proponga V. S. 
aquellos hombres que por sus iconocimientos, adhesión y pirudencia 
merezcan la pública estimación". 

Dentro de tan radicail orden de ideas. Artigas debía naturalmen- 
te fiscalizar mucho la conducta de los empleados públicos, para pre- 
miar a los buenos y castigar a los ^míalos. 

En 1816 naufragó en las costas de San José aun barco procedente 
de la Concepción del Uruguay. El cargameinto fué saqueado y con 
tal motivo se levantó un sumario que dejó en la impunidad el aten- 
tado. Pero Artig"as pidió el sumario y encontrándoilo insuficiente 
se dirigió al Cabildo de San José para estimular su espíritu de in- 
vestigación, con lo cual obtuvo el descubrimiento de los autores 
del saqueo. 

Otro sumario ¡pádió Artigas: el de una denuncia popular contra 
los capitulares García de Zúñiga y Cardoso. Desipiués de examinar- 
lo, se declaró incompeitente para terciar en una acusación que par- 
tía del pueblo y contra representantes d'eil pueblo y dictó esita sen- 
tencia verdaderamente asombrosa: que el pueblo mismo resolviera 
el incidente, a cuyo efecto el Cabildo llamaría a elecciones para la 
provisión de los dos: cargos conicejiles ocupados ipor aquellos ciu- 
dadanos. Y así se hizo! 

Fomentando el desarrollo económico. 

Artigas abordó desde el iprioi-er momento eil proiblema de la re- 
población de la campaña. Las estancias habían sido arrasadas y 
era necesario preocuparse de siu reconstitución, repartiendo las tie- 
rras y los ganados abandonados por los españoles, entre los que 



25B KKlATil'O ACKVEDO 

iifi:»».-^ uf iiii>t-i üi luiuiiiii iiiviit' i 11^ Un." a lá iifnuí';! iiafiu.iai . ;. la ;;l 

tioctrina que la Revolución de Mayo había difundido en todo el Río 
(le la Plata. He aquí las bases del reglamento que Artigan sancio- 
nó en 1815: 

El Mc&lde Provincial distribuirá terrenos y ganados de emigra- 
dos y enemigoe de la R-evolución entre los n^ros libi*es, indios y 
criollos pobres, y asimismo designará tres subtenientes de pro- 
\incia y jueces juris-diccionales j)edáneo!> para velar \>ov la tranqui- 
lidad de la campaña. Seiiá obligatoria la construcción de ranchos 
y corrales en el preciso término de dos meses. Ceda agraciado no 
l)odni recibir más de una sueiie de camuK) y tendrá prohibición 
de enajenarla o gravanla antes del arreglo definitivo de la propio- 
dad de la Provincia. El Alcalde Provincial y sus subalternos pro- 
curará que los ganados distribuidos sean amansado-^, '••'^t••1,l■^.. 
sujetos a ix)deo y marcados. 

A ia sonrbi-a de estas medidas, continuó el lento pro<.^>o del ues.- 
arrollo económdco de la can^naña. 

El Ayuntamiento de Canelones formuló un plan de fomento agrí- 
cola, que fué aprobado por el Cabildo Gobernador de Montevideo. 
Destimlbase a chacras o tierras de labor todo el <ei*reno eircundan- 
te de la \álla de Guadalupe con dos leguas de diámeti-o; las chacras 
tendrían seis cuadras cuadradas destinadas a trigo, huerta, plantío 
de bosques, descanso de tierras o variación de semillas de un año 
í I otro, y prados naturales o artificiales {Wira los aninuiles de labor; 
los lotes í-e darían en proj'viedad y no en arrendamiento; dentro de 
los ocho meses habría que consJtruir rancho, pozo de balde y prin- 
cipiar la labranza; se gestionaría «na protección e^i>ecial tlel Go- 
bierno, a favor de loe trabajadores de las cimeras; todo labrador 
tendría que plantar quinientos árboles por año, como medio de pro- 
]><Tnder a la regularización de la>s lluvias y ad desarrollo dn la in- 
dimtria de la madera. 

La Idealización de este henmií^o plan quedó a cai>;o «le mi.i ..,.:- 
ta de Aífriowltura" que fui puesta ^bejo el patronato de Artigas. 

Sin dejar de aplaudir los móviles patrióticos a que respondía, 
creyó, sin embargo. Artigas que el i)ensamiento era todavía prema- 
tioro y que "onuprenderlo todo en eeos momentos sería no abarcar 
nada". Juzgaba, sin duda, que había que limitarse al progi-ama de 
fomento ganadero que él había dictado y que efectivamente era la 
obVn mis imperiosa para la cam^vxña en ruinas. 

El Cabildo de Montevideo, jior su i>arte, resolvió estimular la 
repoblación ganadera mediante la prohibición de ila matanza de va- 
c.Ts, teniendo en cuenta, decía el decreto, "los enormes desastres y 
dt4r¡mento8 que en li>s últimos tiempos lia sufrido la campaña en 



MANTAL DE HISTORIA URUGUAYA 257 

SUS haieieiKks, debido al influjo de las eii'cuustancias, fatalidades 
de la g'uerra y mil otras concausas de desitrucción y miseria que casi 
lian transformado en desaipaeible yermo uno de los ¡países más fe- 
cundos de nuestro continente". 

Otra iniciativa importante tomó el Cabildo de acuerdo con el 
plan de fomento rural que había dictado Artigas : la celebración 
de una junta de hacendados encaminada a uniformar esfuerzos y 
a camibios fecundos de ideas enitre los principales factores del pro- 
sieso de la campaña. 

Presidió la Junta el Alcalde Provincial, y como medida previa 
propuso y olstuvo el Comandante de Armas don Fructuoso Rivera 
■que se recabara de Artigas una orden de reconcentración, en el 
cuartel general, de todas las tropais: que guarnecían los diversos pue- 
blos y ipartidos de la camipaña, entregándose da policía a las mili- 
cias que los mismios pueblos organizasen. Como causa determinante 
de esa sustitución de fueirzas, invooálbase que las tropas y sus co- 
mandantes, lejos de garantizar al hacendado le causaban perjuicios 
eon matanzas abusivas de ganados. 

La medida fué aprobada por Artigas, y ella constituye un nuevo 
testimonio dé la liberalidad del régimen artiguista : uno de los co- 
mandantes de armas hace el proceso de sus colegas y señaila como 
remedio al mal de la inseguriidad pública la sustitución de las tro- 
pas por milicias locales somietidas a severo contralor; y el jefe su- 
perior, lejos de protestar, acoge la denuncia y aitiende el pedido 
de los hacendados. 

Estalla Artigas tan entregado a su grande y ipatriótica tarea de 
Ja reorganización de la campaña en ese primer año de su gobierno, 
que no transcurría una semana sin que reiterara sus exhortaciones 
al Cabildo y sometiera a su estudio y resolución medidas de positiva 
importancia . 

"Sería convenientísirao (decía en uno de sus oficios) anites de for- 
juar el .pilan de arreglo de la campaña, que V. S. publicase un 
bando y lo transcribiese a todos los pueblos de la Provincia, rela- 
tivo a que los hacendados poblasen) y ordenasen sus estancias, por 
sí o por medio de sus capataces, reedificando sus iposesiones, suje- 
tando las haciendas a rodeo, marcando y poniendo todo en el orden 
debido para obviar da confusión que hoy se experimenta despoiés 
de una revuelta general. Prefije V. S. el término de dos meses 
para operación tan interesante, y al que hasta aquella fecha no 
hubiese cumplido esta determinación, ese mniy ilusitre Cabildo Go- 
bernador debe conminarlo eon la pena de que sus terrenos serán 
dcipositados en brazos útiles, que con su labor fomenten la pobla- 
ción y con ella da prosperidad del país". 

M. DK H. V. — 17 



25B EDU^JÍDO ACEVEDO 

Pero no basiaba ai>egarar la uariquiiidad de los veoiiulariu* ru- 
ínales . e impulsar el progreso gfanaKJero mediante el reparto de tie- 
rras y animales. Era también necesario acimentar la i»bladón de 
la campaña, sin echar mano del extranjero que en esas épocas cons- 
tituía un peligro» mediante una evolución fecunda de las tribus in- 
dígenas, para vijneularlas al trabajo y alejarlas de la depredación 
destructora en que vivían. 

A mediados de 181(5 anunciaba Artigas al Cabildo el arribo al 
ouartel general de Purificación, "adeaiHáis de !•» guajvuriies que lo- 
nemjos reducidos a nuestra sociedad, más de 400 indios abi^lx»nes 
c<m giis correspondientes familias" y agi'egaba : 

"No dudo que ellos serán imiy útiles a la Provincia y que totlo 
sacrificio debe dispensarse en su obsequio, consiguiendo con ello el 
aiunento de la (población, que es al principal de todos los bienes". 

"Estos robustos brazos darán un nuevo ser a eatas fértiles cam- 
pañas, que por su despofblación no desbordan todo |o que en sí en- 
cierran, ni todas las riquezas que son capaces de producir". 

"Es preciso que V. S. nos provea de algunos útiles de labranza, 
arados, algunos ipicos y palas e igualmente algunas hachas para que 
empiecen estos infelices a formar sus iK>blaciones y onuprender. sus 
tareas. Es también necesaiio que V. S. me remita semillas de t >- 
dos Jos granos que se crea útiles y necesarios para su subsistencia". 

El aumento de la población es el principal de todos los bienes y 
. a realizar ese aumento y a promover ese bien deben <•: > 
todos los esfuerzos del g<>l>ernanile: tales son la:^ ideas (.. 
mosa nota digna del lutis ¡previsor y mus grande de los estadisui- 
americanos. "Poblar es gobernar", diría luego Alber'l'. "•"• •^- '"- 
ilustres panegiristas del Jefe de loe Orientales. 

Con intenso cariño seguía Artigas la evoiueión de la> tnb 
dígenas. Criando el pueblo de Concepción de las Misiones *•> ■ 
a fabricar .pólvora, se aipresuró a remitir una muestra de ese pro- 
ducto al Cabildo, para liablarle una vez ntís de la necesidad ui- 
di-ctar medidns de foroento: 

"Así todos a porfía .se emj>eñarán en descubrimientos luiles, y c! 
Gobierno tendrá la satisfacción de ver pr,>nv>vi(l;« la indrstria <k*l 
país y con «illa su adelantamiento". 

El ejercicio del comercio estaba .>iijfni mihímiu' ¡¡i l»<-\(«imii>ii 
fuertes trabas. Ceíliendo a los temores y jieli^^jos de la época • 
'CaJbildo de Montevideo dictó, pues, «un bando según el cual los e- 
tablecimientos de sebos, eneros y otros productos del país, con< 
rían a cargo de americanos y que, en general, s^o eUos podrían 
ocuparse de la coo^iwa y venta de mercaderías. 

"Estas ventajas. <lecía iVrtigas sA Cabildo al aprobar el band... 
debemos concederlas al hijo del país para su adelantamiento. 



UAXüAL BE HISTORIA URUGUAYA 259 

'•y. S. castigue al que fúmese ilegal en sus contratos o al que por- 
su mala A-ereacióu degrade al honor americano. Enseñemos a los 
paisanos a ser virtuosos a presencia de los extraños, y si su propio 
honor no los contiene en los límites de su deber, conténgalos al 
menos la pena con que sean castigados". 

Es así como pensaba y como procedía el Jefe de los Orientales. 
Dentro del estrecho marco que trazaban las exigencias revoluciona- 
rias, solo al criollo era dable dirigir las comentes comerciales. Pe- 
ro como el monopolio 'podía fomentar abusos intolerables, alzaba 
Ai'tigas con anticipación una hennosa bandera de estímulos a las 
l)ráctieas sanas del comercio y de implacables castigos de las inmo- 
ralidades y fraudes . 

(JUNTKA LAS CONTRIBUCIONES. 

Era angustiosa la situación del tesoro público en los comienzos 
del gobierno artiguista de 1815. 

Para hacer frente a los compromisos, que apremiaban, proyectó 
el Cabildo de i\íontevideo una contribución mensual sobre las casas 
de comei'cio. 

Artigas andaba recorriendo y organizando las provincias some- 
tidas a su protectorado cuando llegó a sus manos la consulta del 
Cabildo. Su respuesta datada en el Paraná constituye todo un 
programa de intensa reacción contra el régimen de contribuciones 
y confiscaciones que sombrea al iperíodo de la ocuipación de la pla- 
za de Montevideo por las tropas de Alvear: 

"En general me parece que no están los pueblos en aptitud de 
recibir esos pechos cuando los varios contrastes los tienen redu- 
cidos a la última miseria. ]*iíi dictamen en esta parte fué siempre 
que se les dejara i-espirar de sus continuadas gabelas, para que 
empiecen a gustar las delicias de la libertad". 

''Los males de la gueiTa (agregaba ail día siguiente) han sido 
trascendentales a todos. Los talleres han «ido abandonados, los 
pueblos sin comercio, las haciendas de camipo destruidas y todo 
arruinado. Las contribu'ciones que siguieron a la ocupación de esa 
plaza, concluyeron con lo que habían dejado las crecidísimas que 
señala-ron los 22 meises de asedio, de miodo que la miseria agobia 
todo el país". 

"Yo ansio con ardor veillo revivir y sentiría mucho cualquier me- 
dida que en la actualidad ocasionase el menor atraso". 

Era la tercera vez que el Cabildo insistía en su gabela, y Artigas 
en vez de imiponer su voluntad, como la imponían a diario todos 
los g'obernanteis de la época, concluía así su oficio: 



"200 l.fi Ai. ,nj ACEVEDÜ 

"Si €6ta consideración no es bastanite a ixnj>edir su roeolucióii, 
«n manos de V. S, quedanál el ralando del pueblo, segíin lo ordeno 
•€«1 esta fecha, y entonoes determine su superior agrado". 

La idea de extraer oontribucitmes a (pueblos crudamente on- 
dos por la guerra, careció de ambiente aún en medio ñv L-u» 
más terribles de su vida. 

Deepués de la derrota de Tacuarembó, Aiiiiras i-m/.o vi m» > m- 
gruay ]Xira organiz^ar lun nuevo cuerpo de ejército. Véase lo que 
escnbía al comandante enlrerriano don Ricai'do Ix>pez en feí)rer»> 
de 1820. refinéiidose a la defensa de las provincias de la li'-r;i tV- 
-deral: 

"Para mí este n<» es al nuvyor trabajo, sino los r<'cui>i>^ lU' su 
manienimiento. Yo no .tne atrevo a sacarlos del vecindario, si él 
voluntariamente no quiere prestarlos''. 

Un gobernante tan enemigo de las contribuciones, de'bía natural- 
mente mostrarse parco en los gastos y severo en la fiíwalización de 
los iK>coes ingresos con que contaba el tesoro de la Provincia. Y t* 
Jo que demuestra, efectivamente, su oorrespondencia con el Cabildo. 

En 1815 indicaba la necesidad de algunas reíalas de fisc^ilización 
.aduanera <^'".i;. —'-..■ .. .,^,..r:>r.,,- i.> ,.i.i< ,.v.w.!.> >>,,,•,.,.,,,.;/,,, -ir. i^.^ 

rentas : 

■ "Sobre olio jruardo lanuí eüci'n,i>uias¡Ua4 quf hasta la l'eí-lia no 
he recibido un í<olo centavo que no haya sido por conducto o con 
.conocimiento de ese gobierno. Así es que desde que pi'sé la Pro- 
ráicia, después de la expedición a Sanita Fe, todo mi cuidado ha 
sido velar sobre el aumento de estos fondos públicos y poner un 
orden en su establecimiento, requerir a los receptores i>or su con- 
sen'ación y expreítarlcf» la responsabilidad de su manejo". 

"Es ipreciso que ilas oficinas vayan llenando sus deberes y que la 
economía de todo vaya entrando en orden. Mis esfuerzos y los de1 
Delegado no bastan: es preciso que V. S., encargado del gobierno 
inmediato de la Provincia, se desvele igualmente por coadyuvar 
)i'uestros esfuerzoí» y hacer que sucedan a los días aciagos y lamen- 
tables, la serenidad de otros 'benignos en que resplandej^can las vir- 
. tudes de los orientales**. 

Pocos días después volvía a hablar tA Cabildo de la necesidad do 
ordenar la hacienda pública, mediante reglas para la recaudación 
Ae los fondos y una fiscalización periódica de todos los ingresos: 

'Traoticada esta diligencia dos veces en cada año, sena dificul- 
t-osa una mala administración, y a los magistrados muy obvio el 
calfulav sobre los fondos do i1a Provincia y arreírlar su inversión 
sobre sn disminución o aumento. Antes de concluirs*' este año, es 
preciso quede arreglada '^^♦•^ .i,^.^,-.^,.\.\,. o.ivi ,.i.,. ^;l•^•l .1.. noim-) f., 
«1 año entrante". 



MANUAL DE HISTORIA URUGUAYA 261 

"Los primeros eai la represen taeióu de la ,conñanza de un piieblOy. 
deben ser los ejemplares donde a^premlan las virtudes los demás 
ciudadanos, y cualquier nota en su comporíaeión es tanto miás exe- 
eralble y reprensible cuanto es elevada su deeoraoión" . 

Tart era el hennoso ¡jrog-rama. financiero del Jefe de los Orienta- 
les : tmny pocas conitribueiones ; un gran espíritu de economía ; la 
más severa fiscalización de las rentas; el cálculo exacto de los gas- 
tos sobre la base del producto efectivo dé las reeaiadaciones ; y por 
encinosa de todo, la conducta intachable de los superiores, sii'viendO' 
de ejemiplo y de norma a todos los demás ciudadanos. 

Nada parecido a esto presentan los deratáfe escenarios de 3a Re- 
volución americana. 

La enseñanza pública en sus diversas í-oríias. 

Otra de las ipreocupaeiones de Artigas era la difusión de la en- 
señanza pública. No podía hacerse mucho en medio de las conti- 
nuas agitaciones y de las enormes penurias de la época. Pero cada 
vez que se abría un paréntesis de tranquilidad, volvía a pensar el 
Jefe de los Orienitales en la educación de sus conciudadanos. 

En 1815 fué reabierta la única escuela pú'blica. que había funcio- 
nado durante el coloniaje. Su director don Manuel Pagóla, vincu- 
lado al régimen caído, predica'ba contra la independencia, y fué des- 
tituido por el Cabildo. A>rtigas amplió el fallo, prohibiendo a Pa- 
góla tener escuela privada. 

"Los jóvenes — escribía con tad motivo — rdeben recibir un influjo- 
favorable en su edtieación para, que sean virtuosos y útiles a su país- 
No podrán recibir esta bella disposición de un maestro enemigo de 
nuestro sistema". 

Para ocupar el puesto vacanite. fué nomlbrado el presibítero don 
José Benito Lamas, que actuaba como capellán en el cuartel gene- 
ral ,de Purificación. Era hombre de vasto,s conocimientos, que ha- 
bía desempeñado con brillo el profesorado de Filosofía, y del que 
Artigas se desprendió pesaroso, según su comimieación al Cabiildo, 
j>or ser de mucho valimiento, decía, los servicios que prestaba a los 
pueblos . 

En el curso del mismo año pedía Artigas al Cabildo cartillas con 
destino a una escuela de primeras letras que haWa resuelto fundar 
en su cuartel general y a la vez "resmas de papeil para escribir y 
para hacer cartoichos de pólvora", la tarea civilizadora y la tarea, 
«le la defensa nacional impuestas por las exigencias de la época, 
que a1 Jefe de los Orientales hermanaba en su oficio. 

En 1816 resolvió Artigas conmemorar la efeméride del 25 de 
Mayo, con la inaiUiguración de la Biblioteca Pública de Montevideo. 



262 EDUARDO ACEVEDO 

A esa gr&n obra ediwativa, j'a había concumdo el doctor Pérez 
Castellano, oon su casa habitación de la ciudad y su biblioteca de 
jnAestigador y de estudioso, l^;adas expresamiente í>ara servir de 
asiento a la Biblioteca en su testamento del año 1814, del que fuó 
albacea ejecutor su discípulo don Dámaso Larrañaga. 

Y tocó a LaiTañaga, como primer director del establecimiento, el 
honor de pronunciar la oración inaug-ural, para la que estaba pre- 
parado por la intensidad de su inteligencia y por la extraordinaria 
multiplicidad de sus conocimientos, 

ÍEji ese discui-so memorable, recordaba Larrañaga que Montevideo 
había tenido la primera junta de goíbierno de ila América del Sur 
en 1808, sobre la que nada había innovado da de 1810, y agi'^jaba 
que con la apertura de la Bibliotoca ipública adquiría la ciudad un 
rango lan alto de gloria que muy pocos pueblos jjodrían disputar -e 
en la historia. 

Luego de hacer una síntesis magníficjv de las principales fuent<« 
de conocimientos que encerraba la estantería de la Biblioteca, exal- 
taba Larrañaga tíos grandes títulos del Jefe de los OrientaJes, en 
■ ténninos que conviene recordar, porque emanan del sabio más en- 
cumbrado de la Revolución: 

Habla del 18 de mayo de 1811 : 

"Día memorable por la aecion de Las Piedras, victoria la iníiís 
•decisiva, dirig^ida por el nuevo "WYishington que aún tan gloriosa- 
mente nos preside coi esta larga ludia". 

V refiriéndose al esfuerzo que rei>resentaba la creación de tina 
biblioteca "en medio de las ruinas y desolación de lias guerras ci- 
viles": 

"¿Qué ideas tan altas iw queréis qme formen (los sabii>s del an- 
tiguo continente) de un gobierno tan celoso y tan ilustrado, y «jué 
osi)eranzas tati lisonjeras no conccbn'm do sn« 1in1)it;infos con lan 
excelentes principios?" 

"El jefe que tan dignamente nos iiuigo. y i ■ : i ;-i indias, le- 
jos de temer las luces, las jwncn de manific>; • > .;. ,;ii su publi- 
cidad''. 

"Gloria inmortal y loor ¡perpetuo al celo patriótico del Jefe de 
ios Orientales, que escasea aún lo necesario en su propia persona, 
para tenor que expender con iprofusión m establecimientos tan úti- 
1(S5 oorao éste, a sus paisanos!" 

Para Larrañaga. pues, era Artigas ían grande corno Washington, 
y ese paralelo estaipendo lo formula el sabio de la Revolución ya 
casi al final del gobierno artiguista, desdé que pocos meses después 
se producía la inva«iión portuguesa y empezaba la heroica íuchn qu»» 
el Jefe de los Orientales habría de .««ostoner durante cuatro años 
antes d« internarse para siempre en el Para^rviay. 



MANUAL DE HISTORIA URUGUAYA 263 

"Seau los oiientales tan ilustrados como valientes", fué el santo 
y seña del cuartel general de Puriñcaeión, al día en que llegó la 
crónica de la inaiuguración de la Biblioiteca de Montevideo. 

De otra poderosa palanca echó mano Artigas para elevar el ni- 
vel de cultura de los orientales en esos momentos de intensa agi- 
tación o más bien dicho de ci-uda guerra. 

Montevideo colonial haibía tenido una pequeña imprenta, de la 
que se incautaron las tropas argentinas cuando se produjo ia des- 
ocupación de la plaza. 

Artigas, hizo gestiones a raíz del derrumbe de Alveai* para recu- 
perar esa. imprenta, y una vez obtenida ipidió al Cabildo que la hi- 
ciera funcionar por ouenita propia o dándola a algnín periodista. 

El Cabildo i'esolvió entonces fundar am periódico y designó a 
Lan-añaga censor o revisor del material de lectura, cargo que de- 
clinó eil agraciado invocando "sus sentimientos liberales sobre la 
libertad de imprenta y del don de la palabra, que como uno de sus 
primordiales derechos reclaman estos pueblos''. 

"Por otra paite, agregaba, los ipueblos de las Provincias Unidas 
se hallan en el nuevo pie de no tener revisores, sino que cada ciu- 
dadano tiene libertad de imprimir sus sentimientos bajo la respon- 
sabilidad correspondiente ail abuso que hiciese de esite derecho". 

xVnite la hermosa actitud de Larrañaga, desistió el Cabildo de la 
censura previa; pero oomjo faltaran periodistas, la imprenta que- 
dó reducida a la impresiión de cartillas y calones pai'a la enseñanza 
primaria y de bandos y iproolamas de las autoridades de la Pro- 
vincia. 

Cuando el Cabildo dio cuenta de la fallta de periodistas, contes- 
tó Artigas: 

"La.mento que no haya un solo paisano que se encai'gue de la 
prensa para ilustrar a los orientales, procurando instruirlos en sus 
deberes" . 

Tampoco descuidaba Ai'tigas la enseñanza cívica, y predicaba 
con el ejem:pIo cada, vez que los sucesos le ofrecían una opontuni- 
dad notable. 

A raíz del derrumbe de Alvear, eeilebró una soleraine sesión el 
Cabildo de Montevideo para testimoniar la g'ratitiud de la Provin- 
cia al Jefe de los Oriental»*. 

Sin nn solo voto discorde se concedió a Artigas "la misma re- 
presentación, jurisdicción y tratamiento que un eapátáln general de 
Provincia, bajo el título de Protector y Patrono de la Libertad de 
los Pueblos". Y para dar mayor realce ail homena.je, pidieron los 
capitulares* de Montevideo a los demás Cabildos de campaña que 
reunieran a los respectivos vecindarios y sometieran a su voto el 
aiordbramiento que acababa de ser otorgado. 



20-4 EDrARDO ACEVEDO 

Artiga*, no aceptó el homenaje. Pero reeitn e.\iju>u io^ imiua- 
mentos del rechazo un año después, eou motivo de divei-ijos hon4.>- 
res que el Cabildo de 181G había resuelto votarse a sí mismo, invo- 
cando las altas aitribucioues que ejercía como Cabildo Gol>vii!a4l<>i-. 

Véase ila hermosa lección cívica que dio al Ayuntaanieni 

"Los títulos son los fantasmas de los Estados, y sobra a. t-sa ilus- 
tre corporación tener la jíloria de sostener su libertad''. 

"El mundo expeetador obseiva aún nuestros menores, movimieu- 
tos y los hombres iliberales mirarán con indignación que Iw-^u-mi»; 
todavía las cadenas de nuestro envilecimiento". 

"Por lo mismo he conservado hasta el presente el título Ue un 
simii>de ciudadano, sin aceptar la honra con que el año pasado me 
designó el Cabildo que V. S. representa". 

Y es conveniente agregar que ese "título de ciudadano'' que tan 
empeñosamente reivindicaba Artigas, al reolmzar los despachos de 
capitán general, es el que real y f>ositivamonte destaca al procer 
ante la postoridiid. 

Su obra, su grande obra, es ante todo de ciudadano. Fué militar 
porque era necesario que alguien mandara los ejércitos. Pero el 
programa a cuya ejecución dedicó todas sus enervas, es fundamen- 
talmente cívico, de pf^ojiaüanda de ideales, de elaboración de carac- 
teres, de orientación de puebdos n baso do 'j-i'andt«s acciones y de 
formidables inapiulsos patrióticos! 



CAPITULO XXIV 

I,A I^EY^NDA DE SANGRE 

Una supuesta sombra del programa artiguista. 

No registra la historia de la Revolución americana nada parecido 
al programa del gdbierno artiguista, hedió carne en sus congresos, 
en sus instrucciones, en su propaganda y en sus actos. 

iConstituye la cumbre cívica mlás alta del escenario de toda la 
Am'érica española y es sólo comipa rabie del oitro lado del continente 
al pix)grama de "Washington. 

Hay una sombra, que suprimir, sin embargo, para que la cumbre 
resplandezca en tíxla su magnitud : la sangrienta leyenda de Cavia . 

Artigas y su conducta invariable con los prisioneros. 

Digamos desde luego que la actitud inicial de Artigas a,l remitir 
:) Buenos Aires los centenares de prisioneros españoles de los com- 
bates del Colla y San José y de la batalla de Las Piedras, y ail 
entregar al Virrey E^lío hasta el último de los heridos de esta últi- 
ma acción, se mantiene inalterable durante la guerra civil, como se 
mantenían inalterables todas las actitudes y principios fundamen- 
tales del artiguismo, fueran cuales fueran las eircmistaneias, favo- 
rables o adversas . 

En noviembre de 1814 se dirigía Artigas en estos términois a don 
Blas Pico, jefe de las fuerzas entrerrianas adictas al Gobiei'no de 
Buenos Aires: 

"Declarada la guerra contra estos pueblos inocentes por el Go- 
bierno de Buenos. Aires^ me he visito en la dura i)recisión de defen- 
derme y hostilizarlo". 

"Mi justicia ha triunfado poderosamente y tengo la satisfacción 
de asegurar a usted qiue me sobran prisioneros de Jas tropas de 
Buenos Aires para rescatar los que usted ha tomado de los míos". 



266 EDUARDO ACEVEDO 

"En esta vii+ud prop)on«ro a itsted un canje de srrado a jírado, 
oñeial por ofw?ial, subalterno por subalterno y soldado ipor soldado". 

"Doy este paso de humanidad para que estos y aquellos infelices 
gocen de tranquilidad en el seno de sus familias, y demos una 
lección al exti'anjero de que los americanos son diprnos de mejor 
suerte". 

Medidas contra los españoles. 

.í\,l»eiias coíi.Ni it iiKK) t'i uiMuciim ai I ii;iii>i;i, a laíz tu> t'vaouada la 
plaza de Montevideo ipor el ejórcito arerentino, se apresuró el Ca- 
bildo a dar esta nota tranquilizadora a los españoles: 

"Ante la balanza inalterable de la Justicia os presentaréis toda>í 
con igual respeío y seréis atendidos. El casual nacimiento no ser- 
virá como hasta aquí de acusación o prevención en los níaifistrados. 
Ya ha tenniíiado a<iue»lla efímera distinción entre los habitantes del 
mismo 'oaís. El .pobre, el rico, el extranjero y el americano, serán 
isuaUnente oídos y atendidos y h v-iin <1o ]} .Tiwiioia no se íiu.linnt-'i 
sino ante donde ella exista". 

"Unión, desciende -de esas ihjííioih's adonde le habían destonailo 
los enemiaros de los pueblo*; siéntate entre nosotros y fija tu tn):i > 
en la Banda Oriental". 

iPero al mismo tiempo »,.,. .,; Cabildo escribía esta )»roclama, 
Iie!?aban noticias gravísimas de reconquista española: una exi>edi- 
ción de diez mil homlbres al mando del cfeneral "Morillo, proec.1 
de España, atacaría a Montevideo en oomibinación con otn» ej<' 
procedente de Río de Janeiro al mando del ex Gobernador don 
Gaspar de Vierodet. 

El historiador don Juan Manuel de la Sota, testigo presencial de 
los sucesos (|ue narra y adversario decidido de Arti.iras. de<i!ara qvc 
"la población de A^ontevideo era en su nvayor jvarte española eur • 
pea y que sus hijos participaban casi todos de sus ideas". 

Frente al progrrama de fraternidad amplia de la proclama del 
Cabildo, sursría así el programa de la defen.«;a nacional. Ya hemos 
dicho que Otorpués pidilicó dos l)and«»s de muerte que se abstuvo 
de ejecutar, en tanto que Alvear curoplía los suyoe. Pero, aún 
cuando había el propósito de no derramar sangre, era necesario evita' 
que la masa ea]>añola de Montevideo pudiera servir de apoyo a las 
expediciones militares que se decían en ntaroha. 

Se decretó, pues, en primer lugar una apropiación paroial de 
bienes pertenecientes a flí»p«ñoles expulsados de la plaza, Ibajo forma 
de "empréstito docimwfntado", lo cual envolvía una idea de reem- 
bolso; y luego una confiscación general de intereses pertenecientes 



MANUAL DE HISTORIA URUGUAYA 267 

a peiisouas que se liubiereu ausentado d'eisji^)ués de la ooapación de 
ííontevideo por llos patriotas, y qaije no regresai'au dentro de treinta 
o sesenta días de la publicación del emplazamiento. 

Eran deiilorables, siai duda alg'una, las cunfiseaciones . Pero es- 
taban en las doctrinas y prácticas de la época, como es fácil com- 
piHjbarlo. 

En su célebre informe de 30 de agosto de 1810 aconsejaba el 
doctor iMariano Moreno a la Junta Gubernativa de Buenos Aires 
estas tres medidas: la confiscación general de haciendas pertenecien- 
tes a ganaderos que hubieran abamdonado sus ca,sas o establecimien- 
tos por cansas políticas y que no regresaran dentro del tercer día 
de los emplazamientos ip.úblicos; la confiscación de todos los barcos 
esjiafíoles y de sus cargamentos., sin averiguación previa de ante- 
cedentes políticos; la confiscación de todos los bienes raíces perte- 
necientes a inidividuos que hubieren seguido causa contraria a la 
Revolución . 

Días antes de la presentación de eise informie, ya la Junta de 
Mayo había decretado una confiscación general contra todos los que 
sin licencia se ausentaren de ila eiudad. 

Por otro bando de enero de 1812, el Grobierno de Buenos Aires 
declaró obligatoria la denuncia de los dineros o especies de todo 
género pertenecientes a españoles- Y de que el bando recibió eje- 
cución, da fe el Déan Funes, cuando dice, refiriéndose a las penu- 
rias de ese año, que ''la es-easez del erario fué auxiliada con una 
represalia de propiedades enemigas", agTegando que hasta octubre 
de 1817 ingresaron por iconeepto de pertenencias de extraños, alre- 
dedor de un millón y medio. 

Ya hemos dicho ta'mibién cuál fué &\ programa financiero del 
Gobierno Argentino, a raíz de la rendición de la plaza de Monte- 
video; confiscación general de todas las cantidades resultantes de 
testamentarías, consignaciones, habilitaciones y otros conceptos, 
¡pertenecientes a individuos radicados en Eiapaña o en las posesiones 
cSípañolas; eontribueion.es extraordinarias de guiemu a los vecinosi 
de ^Montevideo; confiscaición general de bienes a los artiguistas. 

Tratábase, ipues, de una. medida coiTÍente. Pero como se pres- 
taba a abusos, Artigas, instituyó un tribunal recaudador, compuesto 
de miembros del Cabildo, y dispuso con su aoostumbrado espíritu 
de amplio contralor en lodo lo relativo al manejo de fondos pú- 
blicos : 

''De estos intereses, como de cualesquiera otros que produjeren 
las projdedades extrañas, presentará dieho tribunal al resto de la 
Municipalidad mensualmenite una relación exacta de los producta*!, 
debiendo pasarlos a la Tesorería General con conocimiento del Ca- 
bildo ipjeno". 



268 EDUARDO ACEVEDO 

La leyenda de Purificación. 

Cuando Aj1:igas se encontró al frente de las seis provincias del 
Río de la Plata que lo reconocían com» jefe, o como protector 
(Monitevideo, Santa Fe, Córdoba, Entre Ríos. Corrientes y Misio- 
nes), tuvo necesidad de situar su cuartel general de operaciones 
cerca de las fuerzas que estaba encargado de estimular, de organi- 
zar o de acaudillar, s^pin los casos. Y fundó con tal objeto cerca 
de la confluencia d«l Da>T3ián con el Uruguay, el pueblo de Puri- 
ficación . 

£so ocurría a raíz de la desocupación de Montevideo por el ejér- 
cito argentino y de las insistentes noticias de reconquista española. 

Había que alejar de la i)laza a los dirigentes españoles que podíüii 
sen'ir de auxiliares a Morillo y \'igodet, y empezó entonces una 
activa corresjxwideneia entre Artigas y el Cabildo para el transporte 
de s()specli06»Te al pudl>lo de Punticación. 

Extractamos de los oficit» de Artigas: 

"Mande V. S. princi])almente a aquello», «un i»-; -.. i..m>i.|w < 
intereses serán tenaces en hacernos la guerra, teniendo entendid<» 
que allí van a subsistir para siempre, y así no se les proliibii1i'> que 
l)uedaíi conducii-se a su costa con familia e intereses lov; qne nnifraii". 

"Este es el lugar destinado ipara su purificación*" 

"Absuelva más bien V. S. de esta pena a los inteÍH<-> uiít^am- 
y labradores que pueden fomentar al país y perjndicarn(»s nmiy poco 
con su dureza". 

De la misma correspondencia que extractajnos resulta que el (Ca- 
bildo daba constan temen te esperas a las remesas; que los españoles 
seguían o<'upando sus casas de Monfevide<t. o se fijaban libremente 
en las pobIa<'iones de campaña, viéndose obligado Artigas .jwr esa 
causa a advertir que corría grave riesgo la organización de la de- 
fensa nacional, y que si las remesas no continuaban él devolvería 
la libertad a los reconoentrados; que los españoles de Purificación 
obtenían frecuentemente licencias ])ara salir en feusca de si» fami- 
lias e intereses radicados en Montevideo. 

• AHigas trasladaba, pues, a los enemigos del lugar en que i" 
perjudicar al lugar en que estaban vigilados. P^-io ...in sii< r.p 
t intereses, en forma de suavizar la pena. 

" TiO que. en cambio, no refleja ningún documento de i!a éiHH-a. .•i'i'-<' 
lutamente ninguno, es qi»e los españoles fueran martirizados en sp. 
nuevo alojamiento, ni siquiera incomodados en su r^men de vida 



jrAXUAr, DE HISTORIA UKrGUATA 269 

Desfilan ilustres testigos militares. 

Piuiíieaeióii no era uiia zona cerrada. Era un pueblo abierto, 
aunque custodiado por el ejército. Los esipañoles entraban por 
centenares y salían muchos de ellos en uiso de licencias. Todos 
habrían sido portavoces de los crímenes y albusos artiguistas, si los 
crímenes y abusos hubieran existido. 

Ya hemos oído al brigadier general don Antonio Díaz, luno de 
los siete jefes prisionei'os enviados a Purificación por el Gobierno 
de Buenos Aires ail día siguiente del derrumbe de Alvear. Artigas 
devolvió horrorizado ese presente de carne humana, dando una gran 
lección a la oligarquía de Buenos Aires. Los siete prisioneros pu- 
dieron ver y oir libremente, pero nada vieron ni oyeron que pu- 
diera oscurecer la aureola del Jefe de los Orientales. 

El propio general Díaz, decidido adversario político suyo, sin- 
tetiza así sus juicios: 

"Tratándose de Ai^tigas se debe decir que entre lo rntueho que 
?ería necesario escribir sobre el notíible caudillo para justificarlo 
ante la historia, delbería tenerse en cuenta que los Gobiernos de 
Buenas Aires fueron causa de sus desaciertos, cuando pudieron 
L'tilizar al hombre en provecho de la política americana, creando 
i.no de sus más vai'oniíles y poderosos defensores". 

]\íeses después, llegaba, otro notable grupo: al general Viamonte 
y su estado miayor; y miás tarde todavía llegaba mi tercer cortejo': 
el barón de Holemiberg y su estado mayor, unos y otros prisioneros 
de la liga fedei'al que acaudillaba Artigas y remiitidos bajo segura 
custodia al cuartel genei'al de Purificación. 

Todos ellos permanecieron en el campamento, estuvieron en con- 
tacto con los esjpañoles. vieron y oyeron libremente, recuperaron su 
libertad y obituvieron sus pasaportes para ir nuevamente, como 
fueron, a poner su espada al servicio del Gobierno de Buenos Aires. 
Y ninguna acusación han dejado: nada que signifique que el pueblo 
«le Pui'ificación fuera un sitio de sufrimiento, de martirio o de 
muerte. 

Lo que dicen Larrañaga y Guerra. 

Larrañaga, otro ilustre visitante de Purificación, ha dejado .sus 
i;n])resiones en esta memorable página de su diario de viaje que 
(•(Histituye la más alta apología del Jefe de los; Orientales: 

"A las cuatro de ila tarde llegó el General, el señor don José 
.A.rtigas, acompañado de un ayudante y una peqneña escolta. 

"En nada parecía un general: su traje era de paisano y muy 



2-70 EDUARDO ACEVEDO 

feencillo: pantalón y chaqueta azul sin vivos ui vueltas, zapato > 
media blanca de algodón, sombrero redondo con forro blanco y uu 
capoté de bayetón eran todas sus gaUus, y aún todo esto, pobre y 
viejo". 

"Es hombre de una estatura regular y robusto, de color bastante 
blanco, de muy buenas facciones, con la nariz algo aguileña, pelo 
negro y con pocas canas; apairenta tener unos cuarenta y ocho años". 

"Su conversación tiene atractivos, habla quedo y pausado, no es 
fácil sorprenderlo con largos razonamientos, pues reduce la dificul- 
tan! a pocas (palabras y, lleno de mucha experiencia, tieue ima pre- 
visión y un tino exta^ordinarios" . 

"Conoce mucho el corazón humano, principalmente el de nuestros 
paisamos, y así no hay quien le iguale en al arte de manejarlos". 

"Todog lo i-odean y le ^iguen con amor, no obstante que viven 
desmidas y filenos de miserias a su lado, no por faltarle i'ecursot-. 
sino por no oprimir a los pueblos con contribuciones, jirefiriendi 
dejar el mando al ver qv.e no se cumj.lían sus diüiKwiciones en esi;i 
l»arte, y que ha sido imo de log principales motivos de nuestr:! 
misión". 

"Nuestras sesiones duraron hasta la hora de ila cena. Esta fu»' 
correepondiente atl tren y boato de nuestro (íeneral: un poco de 
asado de vaca, caldo, un guiso de carne, pan ordinario y vino ser- 
vido en una taza por falta de vasos de vidrio, cuatro cucharas do 
hierro estañado, sin tenedores ni cuciiillos, sino los que cada uíh» 
traía, dos o tres platos de loza, una fuente de peltre, cuyos borde» 
estaban despegados, por asáento tres sillas y la petaca, quetlando los 
demás en pie". . 

Tal era el aspecto del cuartel general de Puriticación a mediado? 
de 1815, cuando fué allí Larrañaga con motivo de la renuncia <!•' 
Artigas ante la insistencia del Cabildo en cobrar un impuesto a ]o< 
comerciantes de Montevideo: «na vida de grandes privaciones, »U' 
verdadera miseria, j>ero a la vez de grajules afeclot» en tomo del 
jefe a quien todos adoraban por sus relevantes condiciones morale.- 
y por su fuerte inteligencia. 

De violencias, de mohrtirios y asesin&tos de españoles, ni una sola 
palabra contiene el diario de donde extraemos esa -píígina adnn 

Años después el mismo Larrañaga y don José Rayraundo (í • 
escribieron ama memoria histórica de la Provincia de Montevideo y 
de ella entresacamos esta relación de l<x sucesos posteriores- •' 
¿ño 1815: 

"Artigas había sido constituido caudillo supremo poa* la a' ' 
ción de los pueblos orientales: entiéndase como se quiera esta i- 
maeión que en las revohieioneB de todos los países ád mundo har 



:maxüal de historia uruguaya 271 

tenido siempre iguales síntomas; y cuando por adversidad o por 
contradicciones llegaba a considerar crítica su situación, ocurría al 
efugio de manifes.tar que renunciaba su autoridad en manos del 
pu€iblo, y que ellos libremente eiligieran pei-sonas mlás a propiósito 
para ejereeiila". 

"En estas demostraciones de despi*endimieuto, podía miuy bien 
obrar el arte, mas siempre correspondió un mismo resultado : que- 
daba reelecto y cada vez más afianzado en la representación sujie- 
rior y en el afecíto y confianza de sus gentes". 

''Su sistema constante de mantener la independencia de esta 
Banda Oriental, le hizo partidario de la independencia particular 
de rías demás provincias y de la federación de todas; y así como 
Buenos Aires había afectado de ponerlas en libertad de mandatarios 
españoles para sujetarlas a su primitiva dominación, Artig'as con- 
cibió el designio de constituií-se en proitector de la independencia de 
los pueblos libres, para que Buenos Aires, a título de capital uni- 
versal, no los dominara a todos". 

*'Este sistema no podía menos que ser agradable a las provincias 
y muicho más cuando se veían llenas de mandatarios bonaerenses 
todas ellas. De donde dimanó que habiendo sido el Entre Ríos y 
casi toda la Baaula Oriental parte de la Provincia de Buenos Aires 
en la demarcación antigua, se desagregaron con tanto ahinco, de- 
seando hacer lo mismo todos dos territorios de Santa Fe en la orilla 
occidental". 

''Ello es que esta máquina supo conducirla Artigas con tanta 
sagacidad y destreza, que a pesar de ser muy reducidos y escasos 
sus medios y recursos disponibles, ha ipuesto en consternación y ha 
contrabalanceado el poder de Buenos Aires no una vez sola". 

"Se han escrito por esta razón cosas que horrorizan, tratando de 
describidlo por meras anécdotas, pero no se puede dudar que este 
caudillo montaraz, ecónomo de papel y aislado en el peculiar con- 
sejo de su mente, es extraordinario y original en todos respectos; 
a lio menos debe decirse así en honor de las armas que no desdeñan 
medirse con las suyas". 

«Lan-añaga y Guerra esicribíam en esa época como adversarios 
políticos de Artigas. Los dos haíbían figurado en el estado mayor 
de la administración (portuguesa ; tenían que justificar su voto a 
favor <le la incorporación de la Provincia Oriental a la corona 
conquistadora; y lo habrían justifiícado sin duda alguna, con el 
proceso de Purificación, si el cuartel general del Jefe de los Orien- 
tales se hubiera transfonnado en un foco de crímenes. 

Nada hay, sin embargo, en su "Memoria Histórica" que deprima 
a Artigas. Por el contrario, todo le honra altamente. 



272 EDUARDO ACirV'EDO 

I,a jefatura de Artigas ora el resultado espontáneo de la aclama- 
ción de los pueblos, y cada vez que el jefe renunciaba a raíz dt> 
algíin incidente, volvía a ser reelecto con uiák entusiasmo y oon más 
-cifecto que nunca. Eso dicen Larrañaga y Guerra a^oerca del origen 
del mandato de Artigas; y explicando las disidencias con el Go- 
bierno de Buenos Aires, declaran que Artigas era al defensor de 
las libertades locales y de la idea federal, y que sobre la base de 
ese programa ha'bía llegado a organizar una fuerza considerable que 
él manejaba con mucha inteligencia. Para que nada falte al elogio, 
resulta del comentario final que "los horrores del artiguismo" eran 
simples instrumentos de combate de los enemigos de la federación 
de las iprovincias, es decir, de la oligarquía que se había adjudicado 
la herencia política del Rey de España! 

Impresiones de Robertson. 

Oigamos a otro visitante del cuartel general de Purificación: el 
comerciante inglés Robertson, autor de valiosas obras históricas re- 
lativas a lias ProWneias Unidas del Río de la Plata. 

Remowtaba Robertson el Paraná oon una ^partida de mercaderías, 
cuando fué asaltado "por varios soldados santafesinos. Entablad:) 
la reclamación, ordenó inmediatamente Artigas, en su calidad de 
Protector de los Pueblos, que Robertson fuera puesto en libertad, 
y que se devolvieran las mercaderías. I^a p limera njedida tnivo in- 
mediata ejecución, jiero no así la segunda, porque xnia liarte de las 
mercaderías había desaparecido en mamos. de los salteadores. 

Rolbertson restirivió entonces ir al cuartel general de Purificación, 
a fin de hablar directamente con Artigas, aprovechando así, dice, la 
oportunidad de ponerse en relación: 

"Con un hombre que se había elevad singular altura de 
celebridad y cuya palabra era en ese momento ley en todo el ancho 
y en todo el largo del antiguo Virreinato de Buenos Aires, oon hi 
sola excepción del Paraguay y de la ciudad de Buenos Aires, man- 
teniendo a esta misma ciudad en continuas ailarmas, metliante < 

rías de sus destacamentos que se llevaban los ganados y so n]>- 
nuaban a menudo a los subivrbios de la (población". 

Llwfado al cuartel geneivi' <•.'..-•.. ,.' —.•..i,.,, ..,,,, .. 
los ojos de Robertson : 

'"El excelen tísinyo sefVor Protector tle la mitad del ¡üit-vu u 
estaba ?*entado en una cabeza de buey, jimto a un fogón eno(>ii 
c:i el suelo fangoí*o de su rancho, comiendo «ame del asador y 

bebiendo ginebra en un cuenio de vaca. Ix> rodeaban una dnr 

de oficiales andrajosos en posición parecida y ocupados cu la u 
tcrea que su jefe. Todos fumaban y clmrlaban ruidosamtenle". 



jr ANUAL DE HISTORIA URUGUAYA 273 

''Estaba al Protetítor dictandio a dus seeretarioíi que ocupatbaii en 
turno de una mesa de pino las dois únicas sillas que había en toda 
la choza, y esas mismas con el asiento de esterilla roto". 

''Para completar la singular in<K>ngruencia de (la escena, el piso 
del departamento de la ehoza en que estaban reunidos el General, 
su estado mayor y sus secretarios, se enconta'aba sembrado de osten- 
tosos sobres de todas las provincias, distantes algunas de ellas hasíta 
mil quinientas millar de ese centro de operaciones, dii'igidos a Su 
l'xeelencia el Protector". 

"En la ¡puerta estaban ilos calballos jadeantes de los correos que 
llegaban cada media hora y los caballos de refresco de los correos 
que salían con igual frecuencia". 

"De los distintos campamentos llegaban a galope soldados, ede- 
canes, exploradores. Todos se dirigían a Su Excelencia el Protee- 
toi-, y su Excelencia el Pj-otector sentado en su cabeza de buey, 
fumaba, comía, bebía, dictaba, conversaba y despachaba sucesiva- 
mente todos los asuntos que le llevaban a su conocimiento, con una 
calma distinta de la non chalanee, que demostraba de una manera 
pi-áctica la verdad del axioma "vamos despacio que estoy de prisa". 

"Pienso que isi los negocios del mundo entero hubieran pesado 
sobi'e suis hombros, hatóa proceidido de igual manera. Parecía un 
hombie abstraído del bullicio, y era de este sólo punto de vista, 
si me es permitida la alusión, semejante al más grande de ios 
generales de nuestro tiemtpo". 

"Al leer mi carta de introducción, Su Excelencia se levantó de 
su asiento y me recibió no sólo con cordialidad sino también, lo 
que me soiprendió más, con modales comparativamente de caballero 
y de hombre bien educado". 

"rnieiada mi convereación, la initerrumpió la Megada de un gau- 
cho, y antes, que hubieran transcua-rido cinco minutos ya el General 
Artigas estaba de nuevo dictando a sus secretarios, engolfado en 
un mundo de negocios, al mismo tiempo que me presentaba excusas 
por lo que había ocurrido en Bajada y condenaba a sus autores". 

"El ii'aibajo del Protector se pa^olongaba desde la mañana hasta 
la noche, lo mismo que su comida, ^porque así que un correo Uegaba 
era despachado otro, y así que un oficial se alejaba del fuego don- 
de estaba el atsador oon la carne, otro tomaba su asiento". 

"Habiendo pasado ya varias horas con el General Artigas, le 
enti'eji'ué la oairta del capitán Percy y con. palabras tan moderadas 
como lo permitía la explicación de mi caso, inicié el i'eclamo de 
indemnización". 

"Ya ve usted, me contestó con mucha calma y naturalidad, de 
vijié manera vivimos aquí... Pagawle a usted en estos momentos 



274 EDUAEDO ACEVEDO 

(),000 .pesos, es algo lan fuera de mis alcances como abanarle 60,00(> 
o 600,000 pesos". Y levantando la tapa de una vieja caja militj?, 
agregó: "en esa balija de lona que hay en el fondo está todo mi 
tesoro, que llega a 300 pesos y antes de la libada de otra remesa 
debo eer tan cuidadoso del dinero como lo es usted". 

"Ante esas palabras, haciendo una virtud de ila necesidad, cedí 
a él voluntariamente, lo que por la fuerza no hubiera podido recu- 
perar, y sacando partido de mi generosidad obtuve del Exoelentí 
simo Protootor, en prenda de su gratitud y buenos deseos, algunos 
jirivilegios mercantiles de iii' ' ». relacionados con un esta- 

blecimiento que yo tcnín o'i í . qno rcinlocniron con rrtnos 

mis pérdidas". 

Tal es el relalw m- íi.<i>».m.-uii. » ¡ui liUiuni.u n»u »•;> ■.«it-imu _\ 

secuestrada en aguas de la Provincia de Santa Fe- Entablado el 
reclamo. Artigas iwde los antecedentes y ordena en el acto la li- 
bertad del eomerciante y la <lovolución de las mercaderías Tero 
una parte del cargamento había desaparecido y entonoee el Protectoi 
otorga al reclamante vanas concesiones que le permiten rec-r 
el dinero perdido. Eso en ilo que se refiere a la justicia art^ 
la más correcta de itodas las jui?ticias del Río de la Plata en eí»a 
época de lucha y de miseria. Y en lo que atañe a las altas cua- 
lidades inteleetuales del gobernante, el testimonio, de Robertsmi 
exhibe a Artigas trabajando de sol a sol en al cstivdio ' > 

de los asuntos de seis provincias; leyendo oHcios; aten 
sultas incesantes; y a la vez dictando a d<i6 secretarios, porque 
uno solo no bastaba pam el desempeño de la enorme tarea, tod<> 
eso en medio d^'l bullicio de una choza en la que entra y sade, sin 
cesar, la gente. 

¡Qué abismo enti* et^a descripción y la muy generalizada que 
exhibe a Ai"tigas como uu ignorante apenas lialbilitado para jwuer 
su firma al pie de oficie** y resoluciones que otro escribía y que él 
no entendía! 

Y es conveniente advertir, para que resalte miis la importancia 
del destimonio, q^ie \o» henninios Kobertson, que arribaron al Río 
de la Plata en 1815, al hablar d« los siioesoj anteriore» a esa fecha. 
que elh>s no conocían, copian el folltíto de Cavia y repiten c.m i'I 
que Artigas era un bandido lleno de sangre y de robos. 

Hablan otros ilustres testigos de la época. 

¿Arrojarán sonobras otros de los contemporáneos del glorioso pi i 
sonaje del Hervidero f 

Don Joaquín Sitórez figura entre los factores de la revolución «I» 



ÍÍAXÜAL DE HISTORIA URUGUAYA 275 

líi independencia desde un año antes del movimiento de Mayo. Pro- 
movida la insurrección de la campaña oriental en 1811, aotuó come?- 
capitán de málidias en la batalla de Las Piedras; siguió con la& 
fnerzas de Artigas liasta el campamento del Ayuí; concuirrió ail 
segundo sitio; formó partte de los cabildos de 1815 y 1816; y cuando 
los portugueses entraron a Montevideo, él marchó a camipíiña, se 
incorporó a Iss fuerzas de Bari-eiro, y ocupó en seguida el cargo 
de Comisario General de guerra hasta finéis de 1818, en cuyo año 
se dirigió al cuartel general de Purificación, para rendir cuentas 
áe su empleo y i-etirai-se a su hogar en procura de un bien ganado 
descanso . 

Quiere deeii-, que don Joaquín Suárez, uno de los personajes que 
miás se destacan en la historia nruiguaya por su patriotismo, su 
consagración sin ejemplo a la causia pública y la moralidad abso- 
luta de su vida, estuvo en contacto con Artigas desde el primer 
día de la Revolución hasita la conquista iportuguesa . 

Pues bien, él ha •escrito en su autobiogi'afía que Artigas fué ''el 
j)rimer patriota oriental; que no era sanguinario y sí muy sensible 
con los desgraciados". 

Del arraigo de los sentimientos, que esas palabras reflejan, da 
testimonio el hecho comprobado de que en el dormitorio del patricio 
sólo había awi retrato: el de Artigas. 

El coronel Ramón Cáceres, que después de haíjer i)restado largos 
e importantes seiTÍcios al ejército artigiiista., se separó de su jefe 
y eomlbatió contra él al frente de la vanguardia de Ramírez, hasta 
empujarlo al territorio paraguayo, de donde jamás volvió a salir,. 
ha ascrito en sus "Memorias." las siguientes palabras: 

"Artigas era hombre de bien, .patriota, desinteresado, muy hu- 
mano". 

En 1853, con ocasión deil proyecto de ley que daba el nombre 
de "Villa de Artigas" al pueblo fronterizo conocido hasta enitoncchv 
con la demominación de "Arredondo", el venerable constituyente doír 
Amtonino Domingo Costa hizo una ardorosa defensa del pereonaje, 
que el acta oficial resume así: 

"El señor senador demostró que los, hechos que tanto aquí como' 
en Europa se atribuían al General, en nada absolutamente le per- 
tenecían, mo sólo porque ena falso arraneasen de él o fueren órde- 
nes suyas, sino tamlbién porque eran eonitrarios a su carácter franco^ 
y humaaio, de que dio muchas pruebas". 

"Entre otras cosas se ha diicho que enchalecaba a los hombree 
con cueros frescos, dejándolos al sol para que el cuei*o seeámdose, 
oprimiese el cuerpo y brazos. Yo desmiento estos hechos : yo desa- 
fío a qiue se me cite un sólo ejemplo. Los que le han atribuido^ 



27t) EDUARDO ACEVEDO 

ilua atiüciilatl s^itejaiivt., ...< .lau eouocido de cerca al üenet-al Ar- 
tigas, iii conooeu la historia de nuestro ipaís*'. 

••Concluyó ijxidiendo que constasen en el acta sus reflexiones, 
i>aru que se viera que aúu existe un anciano oriental testigo de todi) 
lo ocurrido, que puede desmentir esos hecJios falsa o malicioiamentu 
propalados". 

Otros senadores oonteinportí.tieo6 taimbién de -¡Vi'tigas, orno don 
Francisco Solano Antuña, don Ramón Masiiii, don José Benito 
Líunas y don Antonio Luis Pereyra, adhirieron expresajnente al 
homenaje que el proyecto tributaba al Jefe de Iob Orientales, sin 
que en esa rama del Cuerpo Legislaitñvo, ni en la otra donde 
también fué saiiciontvdo, se levantara luia sola voz en contra. 

Los detractores de Artigas: 
Cavia. 

Todos los testigos im}>ortantes de la época son, como se ve, favo- 
rables a Artigas. 

Sólo uno depone «i cHMitra: don Pedro Feliciano Cavia, Secre- 
tario de don Manuel de Sarratea en los años ISl'i y 1813; Oficiai 
.Mayor del Ministerio de Gobierno y Relaci<Mieis Exteriores da! Di- 
rector Pueyrr«Hlón en 1817, 1818 y 1819; y defensor de Rosas en 
sus últimos años, désele la» columnas de "La (lácela Mercantil'*. 
<iue dirigía. 

Cavia era oriiindo de Buenos Aiivs y enemigo i>ersonal y poli 
tico <le A;i1igat!i. Enemigo personal, eú razón de haber exigido <•! 
Jefe de los Orientales su expulsión del ejéixíito sitia<lor de Monte- 
video en 1813, al protliKÍrse los incidentes con Sarratea. Enemí^ro 
prtlítico, i>or haber líermanecido invariableníentc al c ■ ; - -h- ' 
oligarquía que luchabí» contra Artigas. 

En 1818. Cavia publicó un libro infamatorio contra Aiiiga?, qu- 
terminaba así: 

"Al arma, al arma, seres racionales, contra este nuevo caribe des 
tractor de la especie humana". 

Debuta Artigas en <íse libelo como un Itandido que abandona e' 
hogar paterno ni frente de salteadores y con ( raba ivd islas que aso 
sinan, que roban, que difunden el terror en toda la campaña. Par i 
contener sus fechorías, resuelve ed Virrey Olaguer Feliú la creación 
del recriuiionto de blaaidengues de Monte%'ideo. ; De quién cc' ' 
mano ¡¡am tamaña empresaT Pues de Artigáis. Le regala en: 
los deHi>achos de ayudante mayor y. mediante ese reiralo. obticín 
que el capitán de bandid<is <» r-itiv-nr,-,. *>n <ii..ii>,. v .iliiia ni ««xter- 
rainio de sus oompaíierot- ' 



MANUAL DE HISTORIA TRüGUAYA "JTT 

Eiicararuiaclio mjás tarde al gobierno, tenía que empleai- todas su'$ 
fnerssas en obras feroces. Y es lo que Artigas efectivamente hizo, 
dice Cavia., como Protector de los Pueiblos Libres. 

Para demostrarlo, publica una "Relación de te asesinatos nicls 
lioi'roroeos cometidos en la Banda Oriental y Provincias de Entre 
Ríos y Corrientes durante la influencia de Artigas en estos paí&e.s 
en personas visibles y de rango conocido, los cuales han sido auto- 
lizados por el expresado Artigas en el mero hecho de haberlos deja- 
do ixapunes". 

Abarca 33 asesinatos, distribuidos en el curso de los años 1811, 
1812, 1813, 1814, 1813, 1816 y 1817, en todo el amplísimo escena- 
rio sometido al mando o protectorado de Artigas. 

En cuanto a fueintes o ipruebas, ni Cavia ilas exiiibe, ni nadie 
podrá exhibirlas jamás, sencillamente porque todo es fantástico en 
ese libelo que -el Gobiei'no de Pueyrredón resolvió publicar en los 
mismos momentos en que lanzaba itodos bus ejércitos contra Artigas 
para facilitar la acción de los portugueses en la Provincia Oriental. 

Hay que advertii' que eil libelo no tiene nombre de aiitor, y que 
Cavia se ocultó así por dos razones: porque era Oficial Mayor del 
Gobierno de Pueyrredón, int.eresado en el desprestigio de Artigas; 
y porque él había tenido a la mano los ricos archivos del Río de 
la Plata, en aNíontevideo, como Escribano de Gobierno y Secretario 
de la administración de Rodríguez Peña, y en Buenos Aires por el 
elevado empleo que desem.peñaba, y sabía ipierfectamenite que en 
esos areliivos no existí^ un <r>]n «InrMin-KMit.) ;ic!is;it«»ri!> contra el 
procer . 

La parte de novela relativa al coloniaje gira en torno de la 
1 ransf onnación de un caipitán de bandidos en ayudante mayor de 
blandengues; y que la transformación es falsa, lo demuestra el he- 
cho bien documentado de que Artigas ingresó en el ejército español 
como soldado raiso, y conquistó rápidamenite los galones por indis- 
cutibles servicios miilitares. 

Y la parte de novela relativa a los asesinatos, está apoyada en 
un supuesto "diario que llevaban varios orientales curiosos", sin 
que se diga quiénes eran ; sin publicai-se eise diario ; sin mencionarse 
el archivo donde existía o .podría ser iconsultado. 

Cavia habría publicado, en el mejor de los casoe, un estado de 
ios críinenes comunes cometidos en seis Pi'ovincias desiertas y cons- 
1 antemente devaettadas por la guerra civil; y en taíl caso la cifra 
de 33 asesinatas perpetrados en ocho años, no da base ciertamente 
T^ara clamai" contra las deficiencias de la policía artiguista. 

Porque, eteotivament«. en h fantástica i'elación sólo alguna vez 
(nu' otra ajiarece el nombre de Artigas. La generalidad de los 



278 EDUARDO ACEVEDO 

rasesinatos figfuran como de origen particular, ajenos a los gober- 
7mn)t<3s, lo que, sin embargo, no impide que el libelista diga que 
deben serle imputados al jefe "por el mero hecho de haberlos do- 
jado impunes". Sería exacta la tesis si Artij^as hubiera tenido en 
la mono a los delincuentes y los hubiera pcM-donado. Vcvo el libelo 
no llega hasta ese extremo. 

Sólo Un caso de Cavia ha muo (n>(iiiii<,>:;mn'> ]>()i í«>s ioiíízví' «it> 
la época : el fusilamiento del oficial correntino Genaro Perugorria, 
y ese caso es de una corrección absoluta. 

Va-mos a invocar, jmra demostrarlo, la propia historia correntina 
escrita ipor el doctor Vicente Quesada y el señor M. F. Mantilla. 

Se^n el doctor Quesada, en 1814 fué dcjpuesto el Gob<»i ' 
Domínguez, que dependía de Buenos Aires, y nombrado el (- 
nador Méndez, que respondía aJ movimiento de inde)>endencia looail 
encabezado por Artigas. El oficial Perugorria fué comisionado por 
Artigas ipara celebrar un acuerdo con el nuevo madatario; pero vn 
vez de hacerlo destituyó a Méndez y asumió el gobierno. "Cuéntase 
que Perugorria «braba así de acuerdo com Buenos Aires i>ara rc:<- 
lizar una oooitraiTevolución y volver al oentrailismo, y que estudiada- 
mente se había caiptado la amistad de Artigas para asegurar mejor 
los planes qne meditaba". 

Según el señor Mantiilla, Penigoma solicitó el nomjbr;!' !« 

>oomisionado para restablecer la concordia entre el Gk>beni: u- 

dez y otros elementos qne estaban en desacuerdo con él. Conseguido 
■«se propósito, marchó en a^^da con una escolta de blandengues; 
pidió al Grobieruo de Buenos Aires tropas de refuerzo; depuso al 
Gobernador ; y llegado el momento favorable, lanzó el grito contra 
Ai'tigas. 

Estiíiin de acuerdo, como se ve, los dos hicitoriadores de Corrien 
tes en que Perugorria, explotando su amistad con Artigas, solicitó 
un nombramiento y fuerTias que en seguida i>uso al servicio del 
Gobiomo de Buenos Aires, en guerra a la sazón ctm Artigas. 

El delito militar no tenía atenuantes y la situación políüca era 
imiy grave. Y por eso Artigas mandó verter esa sangre, la única 
.sangre qne nuuidó verter en toda su vida de homl>re justo, tolerante 
y humanitario. 

Tal es lo que queda de la leyenda de C'a\'ia. y al hablar de la 
Un-enda de Cavia, hablamos on -o-"—' -V i- u.-<>"/in n,w;..H;.^M;«(T 

■Rkkookr y I/)N0CHAMP. 

Todos los demns detractores del Jefe de los Orientales que han 
** ' b i stiori adores contemjporéneos del Río d<> 



ilA^ÜAL DE HISTORIA URUGUAYA 279 

la Plata, se lian limitado, efectivamente, a reproducir a Cavia en 
el concepto de que su elevada posición en Buenos Aires daba ca- 
rácter auténitico a sus acusaciones. 

Esos otros detractores ^on Reng-ger y Lo^ngcliamp, el general Mil- 
1er y ios hermanos Bobertson,. 

Reuggier y Longcliaimip, naturalistas suizos, arribaron a Buenos 
Aires con proeedeaicia de Europa en jmlio de 1818; un mes después 
remontaron el Paraná hasta Corrientes; y en mayo de 1819 obtu- 
vieron j>ermiso pai-a \:t&sar al Paraguay, donde habían resuelto ra- 
•dicai-se ¡para ejercer la medicina y realizar estudiois de historia na- 
tm'al. En 1825 emprendieron viaje de regreso a Buenos Aires y 
allí se embarcaron para Europa. 

(Este itinerario, que reproducimios del libro histórico que ellos es- 
cribieron, demuestra tres cosas: que los autores no estaivieron albiso- 
luta.'iBente en la Provincia Oriental), ni en ninguna de las regiones 
sometidas al protectorado de Artigas, salvo la ciudad de Contentes; 
que sus fuentes de información tenían que estar en Buenos Aires; 
que por la índole de sus estudios, escaso interés debían tener pam 
ellos las investigaciones ipiolítieas personales. 

Agregaremos que el arribo de los dos naturalistas suizos al Río 
de la Pilata, coincidía con la apaiición del libelo de Cavia, todo una 
publicación oficial emanada del prqpio í.íinisterio de Piueyn'edón, 
que debía tomarse eonio \\n evangelio por viajeros que no estaban 
ni podían estar interiorizados en las graves disensiones intestinas 
de que esa publiicación surgía. 

¿Qué dicen, pues, Rengger y Longchamp'? 

Que "vieron" a Artigas y a sus suibalternos medio desnudos; que 
Artigas era un célebre contrabandista y salteador de quien había 
echado mano el Grobierno Español para exterminar a los demás 
contrabandistas y .salteadores; que durante la Revolución se hizo 
patriota, pero que sus banderas eran el refugio de toda ila escoria 
humana, salteadores, asesinos, piratas, ladi'onesi, desertores, de todo 
lo cual resultaba que la marcha de su ejército era una cadena de 
actos de carnioería humana y de saqueos inauditos. "En obsequio 
de la verdad debe decirse, sin eraibargo, que Artigas jamás habría 
lle^'ado tan adelante su ferocidad; pero estaba rodeado de facine- 
roisos de quienes dependía", sobi^esaliendo entre los más infames, el 
fraile Monterroso que actuaba de Secretario y consejero jiersonal. 

Pues bien, cuando Rengger y Longchamp "veían" a Artigas me- 
dio desnudo en la ciudad de Corrientes, Artigas estaba en ila Banda 
'Oriental, pelea.ndo cuerpo a cuerpo con los portugueses. Es posible 
que ellos vieran a Andresito. Pero al confundirlo con Ar'tigas. de- 
'ninu'iai) l;i pxirenni liirereza de sus juicios. 



■J^\) EDÜAnOO ACEVEDÜ 

Y en lo que no podían "ver"' aceptaron la leyenda de Cavia, 
salpicándola con algunos nuevos epítetos i^eeogidos en ed ambiente 
oficial de Buenos Aires que se caldeaba cada vez nuáe bajo la pre- 
sión de la colosal resistencia, (jue Artigas oponía a los portiigueses 
fcn la Provincia Oriental y al Directorio en las Provincias de í^u 
pnoteotorado. 

El general Miller. 

OSc^ún ixísulta de sus "Memorias*', el otitial inglés Miller llegó 
de Inglaterra a Buenois Aires en septiembre de 1817. El Director 
Pueyrpedón le ctmwdió Ii»s ilej^j-ntilios íle ca.pdtán «leí ejéivito de 
San Martín. Antes de niaroliar a su destino i-ealizó una excursión 
exploradora a la Patagonia. En enero de 1818 cruzó los Andes y 
6C pl^ó sucesivamente a los ejércitos de Sají ^lartín y de Bolívar, 
liasta el año 182(5 en que volvió a Buenos Aii^es con los despacJi«>s 
de general. 

¿Qué observaciones ijiiei-sonales pudo rew>ger acerca de Artigas > 
de su gobierno este militar que sólo se detuvo en Buen(»s Aiitjs y 
Mendoza, y ífue pasó totlo su tiempo conÜMUtiendo en el Perú? 

S<^n él, Artigas era un facineroso, de cuyi>8 servicios i"esolvió 
valei*se el Gobierno Et^i^ñol para combatir a todos Ujs denkis l>an- 
didos que tenía» aterrorizado al país. Sus proce<limientos de ex- 
terminio eran expeditivos: cuando eran pocos los apreliendidoe, re- 
curría al fusilaariento previa una breve ceremonia ralisñosa en que 
se rezaíba '*el credo cimarrón": cuando eran muchos, entonces aho- 
rniba la póU-ora y "enchipaba" o en<*rraba el cueri|¥' «le ca«la 
bandido en un enero fresco de vaca que al encogcrsi» «'•nKliiiilnieinc 
producía ila muerte en .medio de horribles dolores. 

Se limita, jciies, Miller a re|^tir la leyemb» «le Tavia. «oii el sol" 
injerto de líos "eJiclialecamientos". una atr«M'i«lad «|ue <'l proj'io lib<'- 
lista no se atrevió a in»i>ntar a Artigas, temeroso, sin «luda, de qin- 
el libelo, rebasados los límites de la paciencia, fuera arrojailo por el 
lector, sin pnxVucir el efecto que el Gobierno buscaba con su publica- 
lión. Había tenido que contentarse el Oficial May«»r de Pney- 
rredón con incluir en sus ta.blas de sangre el caso «le tres individuos 
cosidos A imñaladas y onchalecadnn |H>r Pascual Charrúa. ¡Pen» 
íftté inmenso p,artid«> habría sacado si hubiera po«lid«> atribuir a 
Artigas la práctica de ^'s enchalecamientos (|ue Miller asrega por 
Ku cuenta y riesgo! 

Hay. efecílivamente, en el Río de la Plata una tradición «lo 
enohalecamientos, i>ero que e» absolutamente extraña al ariiguism»». 
Reza con el ca,pitián don .Torge Pacliec<^. V, .«*egún esa misma tra- 



yiA^UAh DE HISTORIA ÜKrGUAYA 2b I 

dicióii, iK) ííe ualab'a de un proeedimiento de sangre y de exterminio, 
8Íuo de simples medidas precauciouales y ti'ansitorias, para impedir 
ia fuga de los bandoleros apreliendidos y solamente mientras se les 
conducía, a siíb cái'felas o custodias. 

KOBKIÍTSON. 

Lorf hermanos Rol>ertson, de quienes ya hemos hablado, llegaron 
al Río de la Plaita y se dirigiei-on a. Corrientes, en 1815. Ellos 
fueron testigos de algunas de las cosas que nariun, pero de otras 
«imples repetidores de Cavia, 

Como repetidores de Cavia, dicen que Artigas carecía completa- 
miente de educación ; que aprendió a leer y escribir en el último 
período de su vida; que vivía eutreg'ado al contrabando fronterizo; 
(jue en ese génen) de vida llegó a ser el terror de la eampaiña; que, 
finalmente, el Gobierno Español eotnsiguió atraerlo mediante el ha- 
lago de los despachos de eaipitáu de blandengues; que los militares 
de Buenos Aires lo tenían en el concepto de uu hambre semábárbaro. 

Una vez cargados con este bagaje de Cavia, los hermanos Ro- 
bertson siguen hablando del Protectorado de Artigas en las pro- 
vincias argentinas y aplican, como es natiurail, el calificativo de ban- 
didos a los soldados que sostenían la. integiidad dé esas pi'ovincias 
contra el Grobienio de Buenos Aires. 

Pero cuando los hermanos Robertson tienen que describir hechos 
eoncreiíos, los hechos concretos que se desarrollaban bajo sus pro- 
pios ojos, entonces es ¡para honrar a Artigas y a siis tenientes, 
c-omo ya hemos tenido oportunidad de comprobarlo. 

Que los ''soldados artigúenos o bandidos" infundían el terror en 
Corrientes! Eso dicen, sin perjui>cio de agregar en seguida que An- 
<lresito salvaba la vida de los niños, y que sus soldados desnudos y 
hambrientos, obligadots a mascar pedaaos de cuero por falta de pau 
y de carne, eran tan respetuosos de los derechos individuales que, 
en siete meses de permanencia en Corrientes, sólo cometieron uu 
(U'üto. el robo de un pañuelo, y ese único delito fué castigado! 

¡ Que Artigias carecía completamente de educación y apenas sabía 
leer y esciibir! También lo aseguran repitiendo a Cavia, sin per- 
juicio de ti'azar luego el cuadro real del campamento de Puriñca- 
eióíi, en que «1 iprócer hace frente al enorme despacho de todo su 
gobierno, dicta simiultáneaime.nte a dos secretan!^, iinten-umpe a 
cada rato una tarea para reanudar otra, sin perder eil hilo de nin- 
{.'•uma, cosixs todas que acreditan la fecundidad y la flexibilidad ma- 
ravillosa del potente cerebro del .personaje! 



EOrARDO ACEVEDO 



Y nada más a favor de la leyenda. 

Taits tjoii las úiiicaá luciiifíj de la ¡(_\^';.¡.a auuiKuia {.-¡omo iin 
■evangelio por los historiadores aatiai-tig;:is:. .- <i<'l Río de la Plata: 
lo dice Cavia; 'lo vieron Rengger y Longohanij> ; lo asegum el ge- 
neral iíiller; lo afirman los hermanos Roberteou. 

Nada níáb existe en los aixihivos y bibliotecas para presentar 
"i'uuK» un bandido" y como "un gaucho briito y sin ideas", pre- 
cisamente al único procer no salpicado por la sangre y al de obra 
cívica más grande, más genial, más persistente de la Revolución, 
como que ha dado y continúa dan-do su fórmula ideal a todos lois 
]iu©blos en materia de régimen de gdbieiTio y de libertades jn'i- 
blicas! 

¿SeñaJamii alguna variante de sangre o de violencias, las crónicas 
portuguesas? 

Durante la conquista portuguesa de 1£<16. 

No hemos habla-do' todavía de esa larga vía crucis da! arliguisuin 
que empieza en agosto de 1816. con la invasión portuguesa, y que 
termina en febrero de 1820, de desastre en desastre, pero sin un 
*<olo desvío de rumbos. Será materia de uno de los capítulos sub- 
tiiguientes, 

Vonemos entonces que el resiunesi oficial de las <•: 
terizas t]e 1816 y principios de 1817 atribuye a los • 
baja de 3,190 muertne y de 360 heridos y prisioneros. Cada vic- 
toria ^wrtuguesa era s^uida de una verdadera carnicería. Y que 
así ei>nlinuari>n Ins cosas lo demuestra la bataila final de Tacua- 
rembó, con sus horrendas cifras de 800 muertos y 15 heridlos! 

Kl naturalista francés Auguste de Saint-Hilaire. que recorría el 
Braeñl en esa fedia, ha escrito las palabras qiie subsiguen, al hablar 
de Río Grande: 

"1.416 costumbi^es sanguinarias de los habitantes de esta capitanía 
inclinaban a la crueldad. En el encuentro de Taouarerabt') matai-on 
sin piedad a Jas mujeres yak» niños y habrían sacrificado a 
<o<loei los prisioiieros, si los oficiales no se hwbieran oipuesto a ello". 
* Y ¡ay! de ios que escapaban a la cuchilla exterminadora de los 
eampos de bntalla. Halbla don Juan Manuel de la Sntn. aivprsnno 
jíolítico do Artigas, de las derrotas de Andresito: 

"la sueHe de »Vte y de sus desgraciados cotc\\ku > m.i^ .^.^ .. 
jnás amarga. Atad<¥5 por el ])oscuezo con cueros frescos que socán- 
dose eran más fuertes qive el hierro, fueron llevados a pie hasta 1<>^ 



ilANÜAL DE HISTORIA URUGUAYA 283 

L-alabozos de Pürlo Alegre, en la Capitanía de Río Grraude, poi' 
L-eiiíeuare» de leguas, a, trabajar en las obras púiblicas, dándoseles 
por único sustento iin poco de faaiña a veces corromipida. Allí 
has-la 400 perecieron de miseria". 

''Los que cayeron pirisioneros en diferentes encimeníros de armas, 
fueron iguulmiente remitidos a Porto Alegre y Río Grande, ence- 
rrados en hediondos calabozos, desnudos y mailtratados como a bru- 
tos sin piedad; cargados de hierros se k'* veía que los liacían servir 
para nivelar las calles y .plazas dé Porto Alegre". 

Otro testigo de la époí-a, el brigadier general don Antonio Díaz, 
también adversaiio político de Artigas, dice al recapitular las causas 
de la guen'a entre ilas Provincias Unidas y el Brasil: 

"Era neoesaaio tener en cuenta también las injurias que por es- 
pacio de nueve años habían recibido estos pueblos: la depontaeión 
que en diferentes épocas 's^e ha^bía hecho de la camipiaña oriental y 
que alcanzaba a miles de hombres desde la primera remesa del año 
1819, condenándolos a una muerte probable en los climas ardientes 
o a la esclavitud no menos mortífera de ios buques portugueses". 

Refiere el almirante Sena Pereira que el general Curado, 'Spor ne- 
'•"saria seguridad acostumtoi'aba tener en su campamento a los pri- 
sioneix)s con grillos y que Lavalleja los soportaba todas las noches". 

Barreiro, el ilustre delegado de Artigas, pennaneció preso en un 
buque de guierra desde mediados de 1817 basta, mediados de 1820. 

Otorgues, Verdum, Lavalleja y Duarte. quedaron en los pontones 
o en los calabozos hasta ñiies de ese año. Manuel Francisco Arti- 
gas, confinado en la isla das Cobras, escribía en la misana época 
solicitando la intervención de personas de valimiento de Montevi- 
deo, a favor de "los paisanos que padecemos tantas necesidades y 
trabajos en los calabozos de abajo de tierra". 

¡Eran muy pocos los que podían sobrevivir al martirio. La ma- 
yoría sucnmíbía. oomo sucumbió Andt^ito, el reivindieaidor de las 
Misionas orientailes, el noble apóstol de la raza indígena que con 
tanto brillo había llevado el nombre de Artigas, así en los campos 
de baitalla como en la gobernación de Corrientes. 

•Aplicaba Artiga . Talión' a los portugueses? 

LlaJu,a, grandcniüi.L. ... .;ic:i,cióu que ni eu las crónicas de la gue- 
rra, ni en los partes oficiales, ni en las demás fuentes históricas de 
la época se acuse ail artigiudsmo de actos análogos. 

Ein junio de 1817 anunciaba Artigas ail Oobenvador Vera, de Santa 
Pe. una remesa, de prisioneros: 

"No inrdnríín e-i ilo<vo.. o p..YooM,^', oi.v;,,^o<5 ^jy ]f^<, prisioneros 



284 EDUARDO ACE^'ED<^ 

t..,<- i:.-^itKÍ pide \ lie iiianu.t<i.í iiüci"; al raomenío se íliritrii-tn müi-i 
ese destino, que ahí ijwr ahora son tobs útiles que aquí''- 

Y en diciembix? del niismo añ<>, liacía una remesa de marinos 
portufTiiescs apresados en las chistas del San Salvadoi- v icneíía al 
Grobernador de Santa Fe: 

"Ahí .piTeden ser ntás vitiles que acti y \ . S. les <una ci nt'.<iini> 
conveniente". 

Tales eran lias represalias de Artijras ctMitra las hecatombes que 
realizaban lo« |)ortugtieses y los martirio*i que Í!iii><m';ui ¡i 1i>< rw»- 
c<is sobrevivientes de loe campos de batalla. 

FjL iíkm'kto a la propiedad. 

Ijos iK>rt.u<í'iieses utilizaban el incendio y el saqueo como ,pn)ct'- 
dimientoB de "Tuerra. 

El capitán Moraes Lara, Joao Pedro Gay, vicario de San Borja . 
y ^lartín Moussy. nos dirán más adekinte de qué manera se am- 
dujo en la» Misiones argentinas el coronel Cbagas: incendiando to- 
dos los centros de (población, y trasJadatido a Río Grande toíios los 
valores transportables! 

El jreneral Lecor, que en el bando de 15 de febrero de 1817 decla- 
ró a los soldados de Artigas 'Salteadores de caminos", no {xxlía 
revelar mayor consideración ipor los intei"eses de c's<is «>ldados. 
" La obra "Noticias Históricas, Políiticas y B^tadísticae de las 
Pi'ovincias Unidas del Río de la Plata" registra mía carta de junio 
de 1825. en la que se afirma que con autorización del general I^e- 
cor, fueron transportados a territorio portugués m&s de cnatro mi- 
llones «le animales vaomnos, según las toinas de razón en Uis pasos 
fronterizos y que gracian a ello la caipitaAiía ée Río Grande, que an- 
tes de 1817 sólo tenía trece saladeros, Ueg^ a contar ciento veinte 

Ix» i>ortngi»e8es, lia escrito don Juan Manuel df la Sota, hacían 
"sus incursiones al Colla y Vacas, ejerciendo sobre los vecino^ 
inermes de esas campañas el despojo de las haciendas, toila espei'ic 
de saqueo de sus habitaciones y no pocas violencias en das familias, 
hasta dejándolas it^lucidas de un ñiomento a otro a la nM'udicidad. 
siii ;padre o deudos y aún sin Inwior si se les dejaba la vida". 

En diciemibre de 1817 publicó lieeor un maniticslo ofrwiendn 
amparo y ipirotección a los habitantes de la Provincia Oriental y. 
con tal motivo apareció una réplica aluMva a grandes saqueos ren- 
liandos en toda la zona fronteriza. Tanta notoriwlad tein'ají los 
liedlos den«miciad(iís que Leeor se vio obligado a dar \m segundo 
manifí(«to en febrero de 1818 para reiterar eu prxitección en razón 
de haber sabido, decía, "que algunos i>ortugueseR ■'' ' ■ '-"nwra 



JIAXÜAL DE 1-IISTOliIA URUGUAYA 2Í;5 

iiilciiiados en el territorio de esta Provincia, lian comietido exoeaos 
de eontiideracióii oii las estancias de los vecinos pacíficos y de ios 
iiiüsmois hacendados que r^den en esta plaza bajo la protección de 
las armas de Su Majestad Fidelísima". 

El general Martín Rodríguez, jefe del ejército argientino en la 
guerra contra el Brasil, pidió autorización a su Gobierno en febre- 
ro d>e 182(i ¡paira trasladar' el oampamento a ila línea fronteriza, 
dando como fundamiento que las exta-aceiones de ganado con des- 
tino a Río Graaide habían emipiolbrecido de tal manei-a a, la Provin- 
cia Oriental, que era necesario evitar el <X)mpleto agotamiento de 
las existencias por las fuerzas a sus órdenes. 

De nada de esto ha sido acusado Artigas por sus eontemipoi-áneos, 
pivjt'ba evidente de que en el cui-so de su gigantesca lucha «upo 
niantenerse respetuoso del derecho de propiedad, como se había 
aian tenido respetuoso de la vida de sus prisioneros. 

riivera escribía al Alcalde de Maildonado en octubre de 1817, es- 
limulaudo su celo de f umoionario : 

"'Para que sea i^e^etada la j usticia ... es preciso que los magis- 
trados... persigan o djenuncien a, los pervensos . . . Si ellos se ipre- 
óentan libremente en medio de los pueblos haciendo alarde de sus 
delitos. . . en ese caso sólo son resiponsables los (depositarios de la 
.justicia. Estos jamás deben incurrir en el error de creerse débiles 
para refrenar la mialdad. Toda la fuerza del Estado está instituida 
I)ara hacer respetar la autoridad judicial". 

Y poco después Otorgues se dirigía al mismo magistrado piara 
anunciarle que estaba obligado a vindicairsie ante Artigas, y agre- 
gaba : 

'"Xo sólo con esta mira, sino taanhién con la 'de castigar a cual- 
riuiei-a de mis subditos que hubiera contravenido a mis dis^posieio- 
nes; haciendo ailgunas vejacioaies al vecindaiio en sus 'personas o 
propiedades, espero de V. S., que 'oon toda brevedad me contente 
instruyéndome de la dependencia de quién han sido las partidas, 
oficiales o cualquier otra clase de individuos que hiuibieren inferido 
el menor perjuicio en la jurisdicción a su cargo, delbiendo V. S. 
estai" seguro de que. . . redoblaré mis medidas para cortar de raíz 
en lo que de mí dependa lois males que esttán oprimiendo y afligien- 
do a todos". 

Los tiempos eran de grandes apremios ünanciíjros y respetado así 
el dereoho de propiedad, había que proceder con notable parsimo- 
nia en los gastos. 

Nada lo demuestra, tan concluyen temen te como el decreto de crea- 
ción deil hospital militar de la Florida ©n febrero de 1817. Véase 
lo que prescribía Artigas al administrador: 



1:' ' trLA!¡:u) ACEVEDO 

"Pondrá especial cuidado en distribuir diajñameuíe cou la mayor 
eeoivomia y medida los intei^eses de cocina, sin que Wegíie a escasear 
na^a de cuanto contribuya a la asistencia prescripta por el médico 
y cada mes .presentajiá un estado de los artículos de esta especie 
que se hayaii consumado y otro del núnicro <!<• <Mif(^rmi>s. con n.iii- 
cias de los curados y estado de salud". 

Artigas juzgado por la diplomacia uorteamericana. 

A principios de 1818 ll^ó al puerto de Buenos Aires, en ¿a 

ta de guerra norteamericana "Congiress", mía comisión oficial en 

por el Pi^sidente Monroe para praoiiear el estudio de la situación 
de las Provincias Unidas del Río de la Plata fonu> paso i>revio al 
reconooimientít de In iiidojxndeaicia ^•otíl«la dos años nntcs on Tn- 
cumán. 

Formaban .,«t,.v <.v t.-a coniisióii ma.... .. .i.ii».^^^ nv .ni^ii-.-i., i.. 

Bitperior: Bland, Kodney, Gi-abam y Bi*ackenridge, este último e«)- 
nio seoi^tario. Cada uuo de los comisionados presentó un informe 
a RH Gdbierno y el secretario escribió sus imipresiones de viaje. 

Eil libelo ijifamatorio de Cavia, salía en eaos momentos de la im- 
.])renta ofícial y el Deán Funes escribía expresamente con destino 
a los comiaonados su ''Historia de las Provincias liiidas del Río 
de la Platíi de 181(5 a 1818", también a base de crudo antiartÍK:iiisnio. 

Pues bien : el comisionado Bland. elevándot^e a la altura de su 
talento de observador y de la imparcialidad de bu careo, empe//i 
})or desautorizaír en su informe a la prensa <le Buenos A " 
sj'uidola de sen'iüsmo ; demostró que en esa ciudad era 
todo el que se pronunciaba contra la autoridad y contra si» hom- 
bres dirisfenfes; y previno que para estudiar el antaífonisrao entri' 
Artistas y Buenos Aires había que separar la parte de apnsioiiada> 
rocrimioMicioneR de las causas verdaderas y fundamentales del co<i- 
flieto. 

H<Boha eí» separación, inido el eminente obsen*ador ver con ab- 
w)luta claridad que era de índole constitucional la causa única «le 
la guerra civil; que mientras que Artitras, con la vista fija en «' 
ejemplo de Norte América, quería elecciones popula-res, autonomía 
en las provincias y réí¡:im(en federal, el círculo inuperaiite en Bue- 
nos Aires rechazaba las primeras como peligrosas y condenaba las 
demás como opues^tas al desarrollo y al poder de ía capital. 

Pudo ver también que si Artigas no (ponía en práctica el régimen 
político que in«oribía en su prograimi, debíase sencillamente a qu»> 
su partido no estaba en el poder, ni tenía la prensa de su lado; > 
asimismo que si en los territorios de su dependencia inmediata m 



IIANUAL DE HISTORIA URUGUAYA 287 

regía coustitueión alguna, era por efecto áe la conflagración general 
en que se vivía. 

Otra eosa llamó su atención : la eoniiivencia. del Gobierno de 
Buenos Aires con los portugueses para anonadar a Artigas. 

Tal es la síntesis del extenso estudio del comisionado Bland . He 
aquí algunos de los páirafos que dedica a, las cauBias de la gueiTa 
civil: 

"Buscando las causasi de las desgraciadas disidencias y hostili- 
dades entre ilos partidos patiiotas y previa separación de lo que se 
i'eduee a isiimjples vitujperios y agrias invectivas, resulta que aqué- 
llas son de impoitancia vital, que tienen por objeto principios que 
afectan cocnsideraiblemiente el bienestar del pueblo y que emanan de 
criterios muy racionales acerca de la fomia de gobierno más con- 
veniente al país y más apropiada ¡para promover y asegurar el in- 
terés general a la vez que el interés particular". 

"Eil ipneblo de esta parte de la América española, tiene fijas sus 
mirad-as desde el comienzo de feuis lucjias, en el ejemplo y en los 
preceptos idte los Estados Unidois, en la orientación de su i-evolución 
y en la organizaeión. de sus instituciones políticas". 

"Sea que tales sugestiones emanen de un juicio comparativo, sea 
que reconozcan otra causa euaí quiera, es lo cierto que la idea de 
la conveniencia de g^obiernoe ipiropios, semejantes a los de los Esta- 
dos Unidos, con magistrados alectos por el pueblo y de su propio 
seno, se na generalizado y ha sido abrazada calurosamente ¡por una 
gran iparte de los patriotas". 

"En oposición a estos principios y a este partido, se levantó una 
facción en Buenos Aires, que, preocuipada de loe intereses y del 
progreso de su ciudad, se pi-'opuso establecer un gobierno centralis- 
ta, provisto de un ma,gisbrado su,premo, con análogos poderes a los 
del ex Virrey, aunque algo contenidos y fiscalizados mediante el 
iieSitaiblecimiento de las institucionesi civiles y ipotlíticas del coloniaje 
modificadas por las exigencias del nuevo orden de cosas". 

El segundo comisionado, Rodney, aún cuando no examina las 
causas del eonñicto, hace tam'bién el elogio de Artigas al declarar 
que "personas dignas de crédito" lo reputan "un amigo finne de la 
independencia del ipaís" y aj agregar que "incuestionaibleratente es 
hombre de tailentt>s poco commnes y excepcionales". 

El tercero, Graham, se limita a exponer lo? t/M-minos dpl «conflicto 
sin acusar ni defender a Artigas. 

■Esos informes con apéndices nutridos, en loc¿ que se registran va- 
rios oficios de Artigas al Gobierno de Buenos Aires, fueron pasa- 
dos ¡por el Pi-esidente Monroe al Congreso de los Estados Unidos 
que ya había iniciado el estudio relativo al Río de la Pl-!+?'. d'^-'-^- 



288 EDUARDO ACEVEDO 

oáiiidose en el débala lt)s diputados Poindexter y Smith, con discm- 
Éios en que se censuraba al Director Pueyrredón y se elogiaba a 
Artigas. 

"Pueyn'edón, dijo Poindextea*, es un jefe militaa' que gobierna a 
fcus miserables subditos oon una vara de Iderro. Haoe la ley y la 
define y 'promulga sutj decretos oon la piuita de las fbayoiietae." . 

lEl diputado Sinitilí leyó extnictos de diai-ios que presentaban a 
Artigas couio el único republicano del Río de la Plata; hombre de 
escasa ilustraeióu, pero tle mente fuerte, de grau cumprensióu, va- 
liente, activo, inteligente, consagrado a su país, adorado ¡wr su 
ejército y por el pueblo de su Piix>vincia; y tenninó su discurso, 
dicieiulb que la Corte Portuguesa, ¡im)otente para conquistax* ío<la 
la Ban<la Oriental, liabía obtenido la ayuda del Supremo Director 
"ijMira vencer al valiente y bizarro repivblicano General Artigas". 

Opinión de Alberdi. 

Juan Bautista Alberdi, uno de los más vigoix>t»os cerebros de la 
República Argentina, y el que más a fondo lia estudiado la orga- 
nización ipalítica de su país, explica también así el origen de In 
leyenda de odios: 

"Artigas quería que Montevideo perteneciera a las Provin<Has 
I'nidas del Río de la Plata con solo algunas limitaciones del , 
cwttral. Desde 1814 en que se tomó aquella plaza a los espaí; ... 
despidió del suelo aricntail a la» fuerzas de Bueivos Aires que se 
retiraron trayendo la artillería y ixvrque de esa Provincia : motlitla 
de guerra, prudente tal vez, que tlejó. no olistnnte, <leRaz<>iia<lo ««1 
espíritu local. A fines de 1816 envió Artigjis a su secretario Ba- 
rreiro con ipropoeiciones al Gobierno de Buenos Aires, en que ofiv- 
cía agregar la Provincia Oriental al Estado d^e las Provincias Uni- 
das del Río de la Plata bajo a! sistema fetleral. Artigas pro . 
eso desipíués de liaber tfiunfado de sus lulversarios l)onaeix?ins(- ■ 
la Batuda Oriental, siendo Doirego el último de los derrotados. 
Artigas decía que no quería salir del poder de los españoles jxirM 
entrar en el poder dé los de Buenos Aires. El Director Pueyrr<Mlóii. 
siguiendo el paivcer »1e tui círculo secreto que diiigía ía jn ' 
contra España, íksoí'hó la pix>posición de Artigas, el cual no ; 
en suscitar las resistencias de Entre Ríos y Santa Fe, dirigidas a 
disputar a Bueno *• ' ' , ' ', dar gobierno a l.ns provin- 

cias interiores"'. 

Indicada la nizóii t'inulaiiM'nial de la disidencia, véase cómo glo- 
rifica al jiersoimje: 

"Hay dos modos de escribir la historia : o según la tradición y 



ilANUAL DE HISTORIA URUGUAYA 280 

¡a Icyeixia ¡popular, que c.s ue ortlinarin la hisloria forjada por ,!a 
\;inidacl. una especie de mitología política can base histórica, o 
segúu los idocumeii(tos, que es la verdadera liisitoria, pero que pocos 
se atreven a esoribir, de niiedo de lastimar la \-anidad del paít? con 
la vei'dad'*. 

*'Se sabe que liay dos Artigias: el de la leyenda, ci-eado por el 
odio a Buenos Aires, y el de la verdad histórica''. 

^'Este úl-timio Artigas es un héroe". 

E] por qué de la leyenda. 

Tenía que iluehar Ai-tigas contra la inteligentísima oligarquía 
monarquiíáta que manopolizaba el gobierno de las Provincias Uni- 
das; contra los españoles que gobernaban en Montevideo y que des- 
¡Hiés de perder el poder cousei'varon todos los resortes económicos 
y sociales que podían dar autoridad a sus palabras; contra los por- 
tugueses que necesitaban juistiftear isiu conquista con ayuda de pro- 
pagandas aipasdonadas . 

Un 'bandido, un asesino, un eontirabandista, no podía levantar 
otra bandera que la del saqueo y la del asesinato, y todos los ad- 
\ ersaiios se unían en el propósito w^miún de perenadir por medio 
lie decretoe, falletos y tradiciones frag'uadas, que Artigas vivía en 
un antro de corrupeión y de saingi-e, eomiéndoisie en el asador a los 
jiorteños, a los españoles, a los ip,ortugue?es y a sus propios com- 
i 1 a triot :is disidentes . 

Y el glorioiso calimíjiiado dejaba correr en silencio todas lais dia- 
tiñbas, fuerte en su coneieneia sana y eada vez más seguro del éxito 
final de su apostolado. 

"El tiempo es el mejor testigo, y él justificará ciertamente al Jefe 
('le líos Orientales", escribía a Güemes. 

"Deje usted que hablen y prediquen contra mí . . . ítíis operacio- 
nes son más fuertes que sus palabras", escribía a siu teniente An- 
di-esito . 

"Tome de mi un ejemplo: obre y eaWe, que al fin nuestras ope- 
1 aciones se regnlatóiu por el cáilculo de los prudentes", escnbía al 
foronel Fructuoso Rivera. 

Fá.eil es eomipi-einder en estas condiciones por qué motivo Artigas 
ha sido execrado durante largos años: mientras que suis adversarios 
descairgaban todas sus ibaterías con el aipasiounmiento brutal que 
insipií'an las guerras' intestinas, él proseguía la gigantesca lucha, 
lleno de fe, pero en silencio, sin replicar a nadie, sin claises ilustra- 
das que defendieran sris principios y rechazaran los cargos furi- 
bundos encaminados a aislarlo de su medio y a desprestigiar su 
programa ! 



M. DK II. i:.~ 10 



CAPÍTULO XXV 

^h GOBIERNO DB BUENOS AIRES PROMUEVE I,A CON- 
QUISTA DE I/A PROVINCIA ORIENTAI< POR I,OS POR- 
TUGUESES- 



Artigas en la víspera de la invasión portuguesa. 

liemos hecho una triple síntesis del pix)}¡:TJUim. p<jlítÍPo d)e Aríi- 
}i«s, de eu gobierno efectivo en la Provincia Oriental y de su Pn>- 
fectorado en las cinco provincias que le estaban sometidas. 

El (])ro}n}vma palítieo de Artigas consistía sust4incialmen.te en ln 
adaiptación de las instituciones libres de los Estados l^nidos a UhU* 
el Río de la Plata, y exigía entonces la plena autonomía <le las 
.l)rovinciaí> dentro de una verdadera y ampü? unidad nacional. 

El gobierno efectivo del Jefe de los Orientales en su Proviaicia 
natal, era de Tespeto eseritpviUipo a la sobeiwiía i>opnlar, de í^ran- 
tías a t<xl€s los derechos individuales, de correcta gestión fina:in<'rn. 
de progreso sólido en materia de población, de instalaí'ióii 
dusírias y d'e enseñanza (MÍblica. 

Y en cuanto al Protectorado, era de abeoJuto acaitamieni 
libertades proviíiciales, do auxilio a los ipueblos ,pai"a que prnlieriiii 
independizare de la dictadura de Buenos Aines, y de ooneentiracióir 
de voluntades a favor del establecimiento del régimen federal- 

Dentro de estas grandes líneas generales había pugnado y scgin'a 
|)ugnand<> Artigas, tranquila y serenamente, ciwindo lo sorprtvidió 
la invasión i>ortugue?a de 1816. 

Si esa invasión se haibiera producido como resultado exclusivo «k- 
un pían de conquista, posiblenoente Artigas habría alzado los bra- 
zos al cielo ante la earvoranxn de que pudiera sellanse frente ad ene 
migo oonvún la soiíada unidad del Río de la Piafa, 

A mediados de 1815, refiriéndose a la formidable exjxxlición mi- 
litar española destinada a la reconquista del Río <!♦' '•> T''?»*'. l'Uiít 
escrito efectivamente al Cabildo de Montevideo: 

"Felicitémonos íntimamente por su llegada . . . Ella hasLa ñus o« 
necesaria en unos momentns en que íratójidose de cimentar con e! 



MANUAL DE HISTORIA URUGUAYA 291 

mayor vigor el restaiblecimiento 'del espíritu público en la frater- 
nidad de todos los pueblas, precisábamos de un objeto que con ex- 
(•lusióai die todo otro reclamase los cuidaidloei de todos. No hay duda 
de que esta es la época de ila consolidación". 

Desgraciadamente la invasión portuguesa, lejos de poder dar 
origen a iguales esperanzas, se producía de acuerdo Gon el Gabierno^ 
de Buenos Aires, o miáis bien dicho, había sido gestionada por el 
Gobierno de Buenos Aires como medio de triunfar de Ai-tigas y de 
s-u ¡progi-ama ipolítioo de reorganización del Río de la Plata. 

No actuaba en esos momentos ni siquiera el pretexto de la gne- 
iTa civil para iaivitar al conquistador extranjero con él regalo de 
una provincia. Toda la amplia zona de influencia del artiguismo 
(>staba en calnm, a la espera de una reanudación pacífica de las 
negociaciones con Buenos Aii-es que permitiera consolidar la unidad 
nacional sobre la base indeclinable de las autonomías provinciales. 



La diplomacia argentina traza el "programa de la con- 
quista portuguesa. 

Desde diciembre de 1815 empezó el Ministro Argentino en la Cor- 
te de Río de Janeiro, don Manuel José García, a instruir a su Go- 
bierno acei'ca del iplan de los portugueses, y a mediados de 1816 
tomiaba así la defensa de ese iplan: 

"Yo creo que €s un error imaginar proyecto alguno de sólida pros- 
peridad, mientras sus bases no se asienten sobi^e las ruinas de la 
anarquía que actualmiente nos devora". 

"Estoy persuadido igualmente, y aún la experiencia .pairece ha- 
berlo demiostrado, que necesitamos la fuerza de un poder extraño, 
no sólo para tei-minar nuestra contienda, sino para fomiai'nos un 
centro común de autoridad capaz de organizar el caos en que están 
convertidas nueisitras provincias". 

"El (poder que ise ha levantado en ila Banda Oriental del Paraná 
fué mirado desde los primeros momentos de su aiparición como un 
tremendo contagio... La desmoralización de nuestro ejército ha 
virivado al gobierno dé la fuerza suiiciente para sofocar aquel mons- 
truo" . 

"En tal situación, es preciso renunciar a la eqperanz;i, de cegar 
por nue.íitras manos la fuente de tantos males". 

"Es verdad que siempre ha sido temible la ingerencia de una 
prtbencia extranjera en las disensiones domésticas; pero esta regla 
demasiado comtin no parece aplicable a nuestro caso", 

"Los intereses de ila casa de Braga nza han venido a ser homogé- 



29'J EDUARDO ACEVEDO 

iious cou Itis (le miestxx) contiiienU", ipor efecto úel estAbleeimiento 
-del tixwío del Bnvsil y abolicióji del eolouiaje". 

En iwia segunda oomunicación oñcial relativa a la urgencia de 
activaT las rtej^ociaciones con la Coite [portuguesa, decía el Ministro 
Arjrcntino a su Gt>bievno: 

"Los pnneij)ios ¿puramente denuHírátioos son inoonibinables <'on 
los monárquicos. £il sie^ema actual de las Provincias del Río de la 
Plata, marchitará los frutos que puede prod'ucir la analo^^ía de in- 
tereses públicos cou sus veciaios". 

Se regalaría, pues, a la casa de Bragunza la Provincia Oriental 
y en seguida se crearía en Buenos Arres un trono que pudiera ar- 
iDouizar intereses con la Corte de Río de Jaiioiro. Tal ora el pro- 
y;ii\ma de la diplomacia argentina. 

Kn una tercera comunicacióai, hablaba el Ministro de ía expe- 
dición (portuguesa ya ¡jiróxima a p-artir y i)edía con mucha instan- 
cia que ei Directorio noanbrara, pora entendierse con su jefe el ge- 
neral Lecor. un agente que fuera "iDanso, callado y negociador". 

Actitud que asume el Congreso de Tucumán. 

El plan de entrega de la Provincia Oriental u la Corte portu- 
guesa y ci-eacióai de una monarquía en el Río de la Plata tenía tan- 
to ari-aigo en el seno de la oíigarqnía porteña dominante, que en 
Kw ejecución alcanzaron a inten'enir ptM-sonalmcnte tres Directores : 
^Uvarez. Balcarce y Pueyrredón, sin variantes de ninguna especie, 
oon un criterio i">erfectameni" .•n-int'.ni,--. i.xi ,A ,]>•] MÍMÍstiN» in>'v,(- 
ciador en Río de Jajieiro. 

Eli cuanto al histories» Congivsi» ne I neiuiü-ui. exi~>'.e un uliri.i ii«'< 
Dii"cct<>r Balca^rce al T»íinistro Argentino en Río de Jaüeirr). de 4 
(le mayo de 1816. que anticipa así sus impresiones: 

"El Gobierno ha daíln parte al C-ongieso Nsicional del estado »ji;v 
toman nuestras relaciones exteriores y de aninicios hechos por us- 
ttnl soil>i'c tías que <|)odrían o«table(H'rse con esa C^orte". 

"El Congreso ha mostrado las dií=»posicionej< más favorables a ene 
iV8i>ecto, y cree que los vínculos que lleguen a estrechar estas Pro- 
vincias eoii esa Nación, sean el mejor asilo que nf)s n'sta en rwr-^- 
inis ctinfliclos''. 

"El negocio .«e trata con un inten'-s y nna reserva qí»e parecen 
iiicroíbles en el estado crítico de nivestras cosas". 

Pero los actos ¿c resonancia del Congreeo quedabon subordina- 
<li^s a la obra efectiva de los cjéi-citos portugueses, los cnaíes recién 
a fines de agosto dieron su primer zarpar^) con la toma del pueblo 
•do AiTedondo v de la fort^aleaa de Santa Teresa. 



HAN UAL DE HISTORIA URUGUAYA ,293 

Había ile^-atki. ¡mes, la oportunidad de que la Soberana .^.samblea. 
diera el campanazo, y efectixamiente lo dio en su sesión del 4 ele 
>w;)tiem:bre de 181(5, sesión eompuesta de dos cuadros: uno destinado 
a la publicidad y otro destinado al trabajo secreto de la diplomacia. 

La parte destinada al piiblieo oonsistía en lui oficio al Director 
l'ueyrredón, diciendo que el Congreso ya no duda:ba de la salida de 
una expedición portug'uesa con destino a las aí^uas del Kío de la 
Plata, pero que ignoraba su objeto y que era, uecesaiio, en conse- 
ciiencia, que el Ministro de la Guerra ooronel Terrada, fuera, al eu- 
(Ttentro del invasor y "reclamando atentamiente el cumplimiento del 
armisticio celebrado por el Gobierno de estas provincia?) y la Corte 
del Brasil el año 1812, le pidiera ex,plicaciones sobre el tJibjeto y 
miras de la expresada exipiedición'\ 

Desde iii¡ayo, sin embargo, ya el Soberano Congreso estaba per- 
fectamente inteiioaizado del plan de conquista por la corresponden- 
cia 'del Ministro Argentino en Río de Janeiro (jue los Directores 
}>alcarce y Pueyrredóu le habían ido pasando, en demanda de ins- 
íritcciones. Pero había que salvar h\s apariencias ante las protestas 
populares! 

La p'arte destinada al trabajo secreto de la. diplomacia demuestra 
(¡ue la desig-íiación del coronel Tenrada sólo respondía al propósito 
de adoarmeeer al pueblí) y que lo que d Congreso quería era la ane- 
xión de la Provincia Oriental a la Corte poirtuguetsa y un trono en 
Buenos Aii-es con destino a la casa de Braganza. 

Del alcance de la designación del coronel Terrada. instruye el 
¡iliego de insitrucciones votado por el Conigireso con deisitino a otro 
comisionado que tamibién debería marchar al enioiientro del jefe deil 
ejército portugués para, decirle lo siguiente: 

"Que los pueblos, recelosos de las miras que p<Klrá tener el ga- 
l)incte portuguési sobre esta Banda, se agitan demasiada) y que esta 
agitación les haoe esipresar el deisieo de auxiliar al Genea*al Artigus, 
por cuya farón el Gobierao de estas Provincias querría pruebas de 
la sineeiindad y buen.ois sentimientos de aquel gahinete. capaces de 
a<i¡uietar ilosi u-eeelos de sns habitantes, pues sólo con el objeto de 
iranquilizarlos ha enviado un oficial pai'lamentario que solicite del 
general Leoor el oeae de sn expedición militar sobre este Río y te- 
nitorio oiiental, no obstante las indicaciones eon que se halla el 
Coüigreso de las disposiciones amiga.blesi de Su Majestad Fidelí- 
sima" . 

"Si durante el curso de esta negociaeión fuere acaso i-eoonvenido 
|M)r- algiomos auxilios que el Gobierno de estas Provincias hubiei"e 
<lado al General Artigáis, satisfará mtanifestando que él no ha po- 
dido proscindií- de e¿.te paso por no haber tenido hasta ahora del 



294 EDUARDO ACJa-^EDO 

■Gobierno l\)rtugii«i una garantía públÍL-a que aítegure este lerrilo- 
rio de sus miras justas, (pacíficas y desinteresadas; ipijes de lo oou- 
Irario se expondría a excitar la desconfianza de los pueblos y que 
entrando éstos en una convulsión general se t'rusitrasen los objetotí 
■de ambos gobiernos dirigidos segui-amente a poner en paz estas 
provincias y fijar las bases de su eterna felicidad, estrechando ¿as 
relaciones de uno y otro Estado e identificíiiiílo sns intorescs del 
modo nilás conforme a sus circunstancias". 

Son declaraciones gravísimas, como se ve. 1^»íí puebui» da] Río 
•de la Plata estaban agitados; podían quedar convulsionados de 
un momento a otro; y sólo ,para cngañaiitis y svdormecerlos es que 
el Coaigreso de Tucumán or<lenaba el envío del oficial ixirlamentario 
al eacuentiro diel ejéroüo invasor, aúu cuatn^ib eran conocidas las 
intenciones de los portugueses y el Congreso estaba <le acuerdo 
■con ellos! 

Ijas demás cláusula» del iP'H^o de instruocionís sancionado iiror 
til Congreso de Tucumán son relativas a la creación de un trono en 
Buenos Aires, y de su contenido ya hcmcB tenido oportunidad de 
ocuparnos anteriormente: el comisionado ofrecería sucesivamente al 
general Ijecor coronar "mi infante del Brasil" o en su defect» "que 
estas Provincias, formando un Estado distinto del Brasil, reconooe- 
4'ían por su monarca al <le aquél mientras mantenga su Corte en 
<^te continente, i>ero bajo una constitución que le presentaría el 
Congreso" . 

Un nuevo pliego de instrucciones sancionó el Conírrr.^rt do Turn- 
raán eo su sesión d* 11 de enero del año siguiente. 

A)U/torizaiba expresamente al Ministro Qarcia paiii ijin- hhhi.. 
llegar a la Corte ixxrtuguesa "la necesidad en que se había visto e! 
Supremo Director <le publicar su reclamación al íroneral I^eoor y 
eomunicaciones oon la, Banda Oricnta-l, pjira aquietar la general 
alarma que ya causaba la apToximacióo de las trapas portuguesas 
y satisfacer el clamor público"; lo recomendaba que dijera íambién 
<luo las Provincias del Río de ila Plata "no insistía¡n ya en las ideas 
puramente democráticos"; y reiteraba su propuesta a favor de 1» 
forotiación en Buenos Aires de un infante del Brasil, con la sola 
\anaute de que «n la n»eva lannarquía entraría también la Provin- 
<¡a Oriental. 

Quiere decir, pues, que todo ouaaito ee hacía a la plena luz del 
día por el Congreso y por el Director PueyiTO«ión o«mtra la inva- 
sión portuguesa, eran simples juegos «le artificio i>ara tranqiiilizar 
al ti)aís mientras ¡proseguía la negociación tenebrosa encaminada a 
asoíTurar la conquista de la Provincia Oriental y la creación • 
monarquía con sede en Buenos Aires. 

¿Se quiere ama nueva priieíxi de la connivencia del Congreso <i" 
Tucumián con los portugueí=vs? 



■MANUAL DE HISTORIA URUGUAYA 1^95 

^V piiucipios de 1817 resolvió la Soberana Asamblea trasladar su 
i>ede de Tucumán a Buenos Aires y previno expresamente a Puey- 
rredón que, mientras que esa traslación no se habiese consumado, le 
<jaeilaba prohibido toda deolaración de gmerra al Brasil. 

Pues bien : ¡ cuatro meses absorbió el traslado ! La última sesión 
cni Tucumán tuvo lugar, efectivamente, el 17 de enero; la primera 
sesión piropairaJtoria en Buenos Aires, el 19 de abril; y la primera 
sesión ordinaria, el 12 de mayo. 

De esa manera, podían diseulpaír su complicidad Pueyrredón, 
dicieixdo que ile estaba prohibido declarar la g-uen-a, y el Congreso 
alegando el reeeso impuesto por ol viaje de Tueumián a Buenos 
^iires, Y entretanto, el conquistador se haría dueño de la presa, 
<iue era lo que la diplomacia argentina venía preparando desde 
largo tiempo atrás. 

La prensa argentina prot^ta y los periodistas son das- 
terrados. 

No se limitaba la connivencia idel Directorio y del Congreso con 
lus ■portugueses a. deolaraeiones y ¡programas de gobierno. Se exte- 
rioj-izaba a la vez en aetos militares eincaminados a debilitar el 
ejército de Antigás, y a facilitar la obra de la conquista de la 
Provincia Orieotal . 

Al producirse la invasión, 'un gruipo de periodistas argentinos, en 
que se destacaban el coronel Dorrego, don Manuel Moreno, don Vi- 
cente Pazos Silva, el doctor Agrelo y el coronel French, inició desde 
las columnas de "La Crónica Argentina" ardorosa campaña contra 
ios porlug'uases y sus eómipliees y auxiliares los gobernantes, y di- 
] 1 1 omiáticos argentinos . 

He aquí los temas de esa campaña: 

Había que armar al pueblo y refrenai- a los invasores, "gente 
ignoranite y hozal que no juzga por su propia razón sino por su- 
gastión ajena'"; había que combatir el monarquismo, al que proeu- 
númn formar ambiente Güemes y Belgrano en proolamas íanzadas 
al día siguiente de la jura de la deolaratoña de la independencia; 
si las PfTovincias estaban desunidas era por culpa de la faeción del 
Directoa- Posadas que hahía rechay>ado a los diputados artiguistas 
en 1813; el Director Pueyrredón estaba obligado a castigar el ataque 
que los portugueses llevaban a uno de dos principales leiTÍtorios del 
Estado; la invasión era el resultado de los trabajos de la dipilomacia 
argentina en la Cocrte de Río de Janeiro, y Pueyrredón mantenía 
eii su ¡puesto al diplomático negociador don J\Ianuel José García ; 
la prensa oficial pedía que se hiciera el silencio ante la invasión, 



296 EDUATino ackvf;t>o 

J)ero el SlifUCln 11<» (Ic'uía :il jn'<ii;i iia«'>.'l-<- ciUi.nu» lut^.a n>^ iiMMim^ 

invaspr4?s lanzaban líiMclamas reveladoras <le i<ns ja-opüBití». 

Para asegiu-ar el anhelado sH!e!K'it> el Diivetor l'ueyrreilón de- 
]K>rtó eii febreix) do 1817 a loa rededores de "1^ ('r»'»iiic:i Araren- 
tina" y a otros eiiidadaaios que sefjin'an sus idea*;. 

Desde la eiiidatt de Baltinvore continuaron los de\poiwi'i<.s oi i r»- 
eeso de la connivencia d<'l (íobienio de Buenos Ainv cini kis por- 
tugueses. 

Dorrego, jete dtl ejército arireivtiiio venei<lo eu 181.") iM«r Iíís luer- 
zas de Artigas en la batalla de Guayabos, declaró <jue mmy pocos 
días anteis de .lanzar el Direetotio sus tn>pas contra Santa Fe. "un 
amigo'' le dijo que aíiuardalm de Tucuniiln pliegos de importancia ; 
(pie eí misoío amigo le anunció luego que había Uegaílo el corotiel 
Luna con los pliegos, agi'egando: 

"Debe usted estar contento, pues los (jwrtugueses n»> esperan ni:i> 
que el (pie se les designe el tieu^po jiara dar en tierra «s»n Artig«.«. y 
tomar posesión de la Banda Oriental. Yo soy o! agente de este 
negocio que no gira i>or Secretaría, l'n hijo de don Pedri> Andn's 
García, los eonducirá a su hennano al Brasil. Se nos ordena que 
l)ara la consecución de ('1 se alejen los que se crea hacen opnsi- 
ción: a Soler lo juzgo tal, y es intduda'ble (pie Iuc^-h» (jue venga el 
nuevo Director se le deHinaatá a la campaña <le Chile; si usttMl 
fiuisiera quedai"se con su madama .sin nK>veJ"s»e <le la I*rovincia do 
.Buení» Aires, no tiene nms que decir. «P*. 

"Kl ci"eía. sin duda, que como yo ha'bía hecho la guerra^ a don 
José AHigas. deseaba su ruina a t^xlo íran<«e". 

Clara e inequívocamente se i-efiere el coronel Dorrego :il di»c.ior 
Tagle, Ministm de Helaciones Fxlenoixvi del ííobienio de Buenos 
Aires». 

Ix» doctores Moreno y Agítelo y el s<.'fior Pazos Sih n pnl>M'-nrii!! 
a su vez un manitiesto, en el que decían ilo 8Íguient« 

"¿Qué delito es el nucí»tit), si como nn(» 4le taiil«»> .< n vtx.i -u- 
datos (pie estiln al alcance de IjhIo», hemos creí<lo con ellos «pie el 
Gobierno estalva iinphca'do en planes de '}H'rfídia y de tmición y 
í|i'e había llannado a los iporl uguescs que invadiesen el territorií»?". 

"De«de el tiempo de Alvear #e fomió el inferna! .proyecto de 
l>ostrar la Revolución a los ,pies del Rey del Brasil; este plftn luí 
seguido con nuís o menos descaro |>or las éjiocas siuH'^ivas hasta el 
actual Tlueyi'ix?<lón ; y ha habido conc4>ixlatos y mutua.- proni«>a> 
entit» líos jigentes de aquel PríuciiH' y nnestrWH MinisHiXís". 

Don Vicente Poííos Silva, ex redactor de "La Oa^irta de Buenos 
Air<w", hizo nua publicación j>or se|)ai"ado. cn la que. liieg.-» de re- 
ferirse a loe insistentes ti'abajoB monárquicos de la diploniaeia ar- 
gentina, iniciados por el Director Popadas sobi-e la Iwse del coro- 



►lANUAL DE HISTORIA URUGUAYA 297 

iiamieiito <le un piíueiipe (le la casa de Bia^anza, desciibía así la 
actitud de laa autoridades: de Buenos Aires al producir-se la invasión 
portuguestí. : 

''La Comisión Gubernativa tomaba niieditlas de (leíensa y había 
descubierto la ti'aieión, pues liizo saber oñcialmente al pueblo que 
los :pioiiU'g-ueses. ha'bían sido ¡llamados''. Pero lleg'ó Ptueyrredon a 
Buenos AÍ!"es ''y calmó el entusiasmo con su conducta indiferente'". 
"Todos advertían que no se habla.ba de loiS portaigueses en ningún 
papel públieo", y que, "les ¡periodistas se habían co-niplotado en 
\>ersuadiir de la conveniencia de establecer una nwinarquía". 

AgK'gaba Pazos Silva, que esa circunstancia le determinó a fun- 
dar "La Crónica Argentina" ; que Pneyrredón le reconvino dos ve- 
ces, expresándole quie no convenía hablar contra los portug-ueses. 
porque eil Gobierno t^nía motivos para no impedir la oeu^piacióii 
del territorio oriental; y cíue ipior haber ¡^ido desatendido, ilanzó el 
decreto de destierro. 

Las g-raves revelaciones de l;)s desteri'ado« llegaron oi)ortunanien- 
le a conocimiento de Artigas. 

En la eireuJar que dirigió en oetutore de 1817 a los Cabildos, al 
someter su eomdueta al venedieto ,popular, invoca'ba para explicar 
su disoreipancia eon el Dii'ee-torio el manifiesto de BaJtimore; y en 
<licierabre del mismo año, hablando con el Gobernador de Santa Fe 
acerca de Agrelo, J\Ioreno y Pazos, decía : 

"Ellos manifiestan el misterio de la inacción del (lobierno <le 
Buenos Aires, y sus inteneicnes apoyadas en Pneyrredón complo- 
IikIo. eoai el Congreso". 

"Lois orientales -piueden glo«"iarse de no estar manehadx)** con tan 
feo boiTÓn"'. 

La conquista portuguesa ayudada por los ejércitos argen- 
tincs. 

Todos los ilustres argentinos desteiTados estaban, pues, contestes 
en que al ejército portaigués había sido llamiado con el halago del 
regalo de la Provincia Oriental, y que la opinión pública e-stabit ni 
corriente de los trámites de tan monstruosa negociación . 

Pero uno de ellos, el eoimnel Dorr^o. agrega el dato muy signi- 
ficiíítivo "de que en la víspera, de la invasión a SaJita Fe" los 
■portugueses sólo aguardaban una señal para ilanzaírse contra Ar- 
tigas. 

Dos invasiones casi seguidas a la Provincia de Santa Fe decretó 
el Directorio, y una de ellas «=• la señal a los portugueses de que 
lipbhi o! eoroüel Dorrea'o. 



20*^ KDUARnO ACEVEDO 

La ¡primora expedi-ción fué onjauizada por el Director don Igiia- 
íio AJvarez, en plenas negociaciones con Artigas. El ejército que 
estaba a cargo del general Viiiraonte fué sitiado y rendido por las 
l'iierzas saiitafesinas. 

Se ordenó entonces a Belgjajio que acudiera con sus tropas. Pero 

■ístas se pusieron de acuerdo con las de Saivta Fe y con las de 

A.rt¡gíis, mediante el pacto de Santo Tomé en abril de 1816, y a 

Consecuencia de ello fué depuesto Belgrano y tuvo que renunciar 

Alvarez, 

El nuevo Director Balcurce inició aiegociacioiics de p»az con el 
prqpósito de ganar tiempo y añrmar su situación, puesto que estaba 
<>ra¡barcado en los planes de aniquilamiento del artiguismo. 

Arti^s lie contestó que él siem¡nTe había querido la paz; pero 
que las negociaciones debían f=er antecedidas por el retiro de las 
íiverMs invasoras de Santa Fe. 

Intervino el Congreso de Tucumán por intermedio del diputado 
don ^ligncl del Corro, arribáindose a un proyecto de pnz sobre la 
base de la autonoraiía de la Provincia do Santa Fe linsla l.i cons- 
titución que dictaría el Congreso. 

Como Artiga» no había estado retm-sfni.uli» en ia ciiifi-viicia, >c 
<-onviiiio que to<lo® los eojniisionados irían a Purificación i>ara llenjir 
«^ trámite que se juzgaba alisolutamente necesario- 

Corro ipasó aá Congreso u^n ejemplar del proyecto y se dirijifió 
en el acto al campamento de Artigas. Pero loe oomisionados de 
Buenos Aires no lo imitaTon y tm'o que retirarse. 

Es que Balcaroe, en vez de aeo'^ar la ind*íi>endeiip¡a de Sania Fe, 
había resuelto reiniciar las hostilidades. 

A priaicipioe de julio de 18ir> eí^cribír; Artigas al Dii'^'ct^'r i<»fi- 
riéndose a los preparativos de esa segunda invasión : 

"Cuando V. E. me invita a la i»nión por su favorecida <liíi -!> 
del que expira, he recibido loe ■partes tarto de Santa Fe, como 
«leí Pflraiiá, que la escuadrilla del mando de V. E. se haiUaba blo- 
queando aquellos puertos, y que por tierra se advertían iguales mo- 
vimientos del ejército de San Nicolás. En presencia de estos su- 
cesos. V. E. decidirá de lo injusto de su solicitud''. 

De todo lo cual, y muy osnecialmente de la actitud pacifísta de 
Artigas, quedó impuesto el Congreso de Tuoumán, según ío revela 
♦•> siguiente párrafo del libi'o de actas corresiwndiente a la sesión 
del 1.° de agosto: 

"So leyeron dos oficios notables del diputado don Migin'l del 
Corro. Eü primiero, en que con fecha 19 de julio desde la ciudad 
de Santa Fe. aviaa que en los momentos en que se decidía el Oencral 
Artigas a enviar diputados al Soberano C-ongreso, terminando con 



MANUAL DE HISTORIA URUGUAYA 299 

"(i?Lf lieelio las xiaisiiuas ■ul.'ícordias, liabía variado re¿:entinam;eu;te de 
ideas, en razón de no haberse ratificaidio los tratados de Santa Fe, y 
liabei" regresado a Buenos Aires los diputados que lo celebraron 
j ■piv>metieiron pasar a la Banda Oriental a tratar con dicho Gene- 
ral ; y por haiberse presentado en el río Paraná una escuadrilla cuya 
conducta era isospeohosa : ocurriendo al mismo tiempo la noticia do 
la expedición portuguesa de quien se 'persuadían los orientales venía 
de acuerdo con el Gobierno de Buenos Aires; avanzándose a pensar 
que ila iniciativa de este ¡pueblo a hacer de mjaincomún una vigorosa 
defensa era 'una pérfida asechanza". 

Esta nueva invasión tam.bién fracasó; los santafesinos tomaron 
prisionero al general Irigoyen, apresaron una x'^rte de la escua- 
drilla y expulsaron a las demás fuerzas invasoras que estaban a 
.<;argo del general Díaz Vélez. Pero ella coinstituía, sin duda algoaia. 
la señal que aguardaban los portugueses, siegún el coronel Dorrego, 
para lanzarse sobre la Provincia Oriental, como se lanzaron en 
seguida . 

El Director Balcarce, autor de la invasión, procuró salvar las apa- 
riencias y conjurar las alarmas a que daba origen el plan de con- 
quis'ta de la Provineia Orientail, mediante uina proclama en que 
dieeía: la Corte de Portugal ha despachado "un annamento miste- 
i'ioso" con el fin de ocUjpar la Banda Oriental- "La patria está, en 
peligro, salvémosila" . 

Pero el pueblo de Buenos Aires que estaba al corriente de la 
tramia y que veía que el Gobierno, lejos de tomar medidas ofensivas, 
cruzábase de brazos para dejar en comipleta libertad díe acción a 
los portugueses, se alzó contra Balearee, lo destituyó de sn alto cargo, 
y depoisitó el 'poder en una Comisión. Gubernativa mñentras llegaba 
-el nuevo Director Pueyrredón. En la proclama popular del 11 áe 
judio, se exiplioaba así la razón detei:minante de la medida: 

"El disimulo que le han merecido los arhitrios que en estos días 
se han visto isnisciíar, y la apatía, inacción y ningún leailor observado 
para pa^pai*ar la defensa del país en el peligro que amienaza la 
vida de la Patria, son otros itaíibos motivos imperiosas .por que 
clajitói la salud del pueblo y constituye la imposibilidad de poderse 
- üiseiTar en el mando Aon Antonio González Balcarce''. 

Artigas invita a Pueyrredón a la concordia. 

Ya ardía en gueiTa todo el Río de la Plata.. El Diroctoi-io había 
. onflaoTado la zona argentina que respondía al Protectorado de 
Artigas, y el ejército 'portugués había invadido la campaña oiñen- 
ia\. Eran terribles ln« aoni^nfionna nne n diario proTtinvín la con- 



H(X) EDUARDO AOEVEDO 

lltV i'licül «•laiil _\ íuiin i;i «ivi í ^^u>l«•l lio i !<• i.i- i ' i > >\ 1 1 icui> > ii;u;i> con 

el coníjuijítador cxtraiiijero. 

Pero Avtipra^', sobropoiiiéndose, cu:ihi siempre, u las i»a.<ioiies tl«'! 
inuraento, intentó todavía una reconciliación con Pueyrredón. sobre 
la base de la reoi'ganizacióii institucional del Río de la Plata. 

Los orientaíles, decía en su olicio del 10 de ocímbre *le 181 tí. "nt» 
lian omitido sacrificio jii fati^ra \h)V foaáyiwar a las ideas sagradas 
(le Ilibertad, de constiluií-se le^ralmenle'*. . . "sin por t*«to r«>inp<'r de 
ninjíún modo los vínculos de unión y fratenúdad que tan uwesariiís 
son". Haciendo "iigio do su soibei'aiiía han noinbnuK) por dos veces» 
sus irepresentantes qne debieron entrar eai el í'onfrreso, y ha sido 
<le8conocido este acto de gran interés )' trascendencia; se han cons- 
tituido nora-brando su «gobierno indítieo, y los r^^ultados han si«lo 
Jas hostilidades más injustificadas'*. . . '^Persistir, ahora bien, en e«<e 
camino de ciegas hostilidades y de amargas injiM^íieias, será pro- 
vtK'ar de nuevo las vías de la guerra y ahnnchir lo-s lírandes iuaJe<^ 
que se ha4i exi>erimtenta<lo en esa intenninabde ca<lena de violencia-* 
y desacatos"... "Creo inútil manifestar a V. K. que es bien cono- 
cido de todoB que on la unión está nuestix) po<lier, y que sólo ella 
r.liünzaiti nuestro presente y nuestro |M>ne«iir"'. 

Y temiinaba expresando la esix^-anza patriótica de que las altas 
conveniciicias de los pueblos del Río de la Plata, hicieran com- 
prender a PiieyíTedón la necesida<l de "empi-etiiAer otra marcha. 
manejando una «política maís elevada y jiatriótica (pie asegure loe* 
destinos de esta Provincia y los interese.-; generales, y lo de^'idían 
n ¡poner de su parte to<lo su ipiodeiviso eiini>eño en hacer desai»areeer- 
todos los motivos y justificadas quejas que •mantienen la desunióíi 
y discordia en mimnentos tan pivciosos que debían c<»nsagran»«' a la 
felicidad de la Patria". 

Acocado por tmlos lad«>s, teniendo (pie luioer frente a la airrtwión 
argentina y a la agrewón ]>ortnguesa. pero resuelto a .sostener la 
lucha hasta sus últimos extremos como haibina de sostoiierla, Artiga^ 
se yerg::o así frente a la oliganjuíav que trata de exlerniinaHo y !<• 
j-ide iK>r últimn. vez cfiie i-ejiccione a favor de la coiiwtrdia, que 
ix^pete la soberaaiía i)opnlar. que no ha^ja fuego confuí el n'irinieii 
Federal que continuaba .siendo la obi^sión de »u espíritu! 

Pueyrredón responde a Artigas con la guerra. 

Pero Pueynvdón. como .><iis a.n1e<M'soi>'s his generales Alvaix*/. y 
Halcarce, había entrado de lleno al plan de enfria ile la Pii»vincia 
Ori««ifal a los portugueses y aún cuando de tiempo en tiempo asumía 
una aclifud teatral para cí>ntener l>s arrebatos del projiio jMieblo- 



ÜAXIJAL DiJ UISTÜlíIA UKUGUAYA 301 

•<le But'uas Aires que ya luibía valteado iiiu Direetorio, su polítifc:i 
iüvariabltí exa y tenía que ser de continua oposieión al artig'uismo. 

Resolvió, ipiles, llevar la guerra civil a líntre Ríos, Corrientes y 
j\íisioneis, con el doble pix>pósito de reintegrar al centralismo absor- 
bente de Buenos Aires todos esos extensos territorios y de facilitar 
la acción de los iportugueses obligatrdo a Artigas al fraccionamiento 
de sus fuerzas. 

La expedición militar encargada de promover el ¿evantamiento 
de Entre Ríos marchó en diciembre de 1817 al mando del coronel 
?dontes de Oca. El Directoi-, que consideraba seguro el triunfo, 
lanzó mía proclama en que liablaba así a los entrerrianos y corren- 
X inos : 

•'Una opinión extraviada os ha hecho pasar días amargos... Con 
las mejores intencioines librasteis vuestra confiaíiza en el B'upuesto 
Protector de /los Pueblos, con;sagnándole el sagrado depósito de vues- 
tros derechos. . . Arrancad la simiente pernieiasia de esa doctrina 
antisociail que el peligroso patriota don José Artigas ha esparcido 
})or esos hermosos países". 

Entre Ríos, que ya tenía por delante el ejemplo heroico de Santa 
Fe, rechazó el zarpazo dle la oligarquía. El ejército de Momtesde- 
oca fué batido y dispersado a la altura del arroyo Ceballois, p«r 
las fuerzas urtignistas de RanAírez. Y la misma suerte conrió en 
la batalla d«l Sa.Uicesiío un segundo ejército de Buenos Aires al 
mando del general Marcos Balea rce. 

Un ir,;cs antes de em|>render la marclia Montesdeoea, .pero ya con 
pleno conocimiento de todo lo que se es^taba tramando. Artigas 
<li rigió a Pueyrredón isu famosa conminaitoi'ia de noviembire de 1817, 
especie de reeaipitnJación de todos los aetios que denfjinciaiban y pro- 
Ijflban la connivencia argentina con la conquista portuguesa, seguida 
<lel comentario enérgico que esa connivencia exigía y de que dan 
ideas estas frases de la nota: 

•'^■, Hasta cuándkD p.retende V. E. apurar nuestros sufrimientos?". 

■'La grandeza de los orientales sólo es eomlparahle a su abneg'a- 
cLcn en la desgracia: ellos saben acometer y desafiar los peligros y 
dominarlos: resisten la imposición de sus opresoresi y yo al frente 
íle ellos mairoharé donde primei'o se ¡n-esente el peligro". 

"Confieso a V. E. que teniendo que violentarme he podido domi- 
nar mi indignación, para no eom(pliear los preciosos instantes en 
<(ne la Patria reclamaba la coneenitración de sus esfuerzos, y p<H' 
Ja miíma razón invité a V. E. con la paz, ¡y V. E. me provoca 
;■ la guerra?". 

"líaiblaré ¡por e.'^ta vez y hablaré para siemiprc. V. E. es i-es- 
jíonsable ante la Patria de su inacción y perfidia contra los inte- 
r&-es generales. Algún día se levantará el tribunal severo de la 
Xa<'¡ón y administrataní jnsitieia equitativa y reeta para todos". 



302 EDUARDO ACEVEDO 

I*ueyne<16n prosiguió impertérrito su obra de exterminio 0:1 lodu 
la züituí artigáis ta. 

La Provincia de Saiiia Fe, que después de las expediciones de 
h» í^cneralee Viamonte y Díaz Vélez habían sido teatro de jji-andes 
e inútiles trabajos de insun'eoeión. fué miex ;i!i!<-tilt' invadida 'ksniu'^ 
de los d^a&tres de Entre Ríos. 

Marchó contra ella el general .l'.uui í\:ii:n>ii i-al-nrcc ai irvn;!- 
de un ejército de cuatro mil hombres, con tenibltó órdeiiesj del Di- 
rectorio 'para extraer de sus hogares a to<los los santafesinos y 
transportarlos a la Provincia de Buenos Aires, y quemar las poUa- 
oiones, bajo apercibimiento de muerte a los que se reedstieran. Un 
plan "de conquista, de despoblación y de exterminio", ha dielio el 
general Mitre. 

Eso ejército avanzó hasta los suburbios de la ciudad de Santa 
Fe y luego se vio obligado a contramarchar arrebatando de p«i«> 
loe ganados e iiicendiando las poblaciones. AI dar cuenta el generad 
cxpodieionario a Pueyrredón del cumipliimento de sus inst 
íH» disculpaba en esta forma de no haber extremado las vi 

"En otra ocasión manifestaré las poderosas razones que he twndo 
para no <lestruir la ciudad de Santa Fe, y causar a las familias 
honradas, que han quedado, el último mal". 

Estaba todavía Bailearce ooupaílo en la tarea de alzar U»s gana- 
dos, cuamdo llegaron de Entre Ríos y Corrientes refuerzos arti- 
guistas que el jpueblo de Santa Fe recibió a k» gritas jubilosos de- 
"¡Viva la Patria Oriental!". 

Tuvo entonces que apurar su retirada, desquitándose del desastre 
con el saqueo e incendio de la ciudad del Rosario. 

Balcarce fué reetnplazado por el general Viamcmte, quien al frente- 
de un ejército casi tan fuerte como él de ea antecesor, tom¿ la 
ofemsiva. Pero también fué derrotado por las fuerzas santafesiíia-'^ 
al mando de López, en las Barrancas del Carcarañal, y la Proviiu-ia 
de Santa Fe quedó otra vez dentro del Protectorado de Artigas. 

Otros actos de connivencia, con la invasión portuguesa. 

Aparte de las Invasiones «-n gran<le escala realizadjis sobre la 
base de ejércitos organizados en Buenos Aires a la vista de Uh\o 
el mundo, no dejaba ijiasar awia sola .semana el Directorio sin heri) 
a Artigas en las provincias de su Protectorado y hasta on la juropia 
Provincia Oriental!, doaide estimulaba la deserción de batallones en- 
teros, y franqueaba a los portugueses la entrada del río ooono medio 
de que las fuerzas de Montevideo ipivdierau comunicarse con las 
que operaban en la frontera y quedara el adversario envuelto entre 
dos fuegos. 



MANUAL DE HISTORIA URUGUAYA 303 

Era tau fonnidable esa guerra que partía de la propia capital 
de líus Provincias Unidas, que en diciemibre de 1817 estuvo tentado 
Artifras a dejar miomenitáneamente la Provincia Oriental a los por- 
tugueses ¡para dirigir sus ejércitos contra el Directorio! 

El caudillo Hereñú estaba insuri-eecionando la campaña de Entre 
Ríos con el concurso de Buenos Aires y Aiitigas escribía con tal 
motivo al Gobeinador Vera, de Santa Fe: 

"Ya he tomado la providencia de perseguirlo, remitiendo fuerzas 
para uno y otro lado, y si se efectúa la protección que le dispen- 
sará Buenos Aires, desatenderé esto para dirigir allí todos mis 
csf uoi^zos" . 

IVIeses más tarde expresaba al mismo Gobernador: 

''Es preciso desbaratar esta maldita combinación de portugue^e» 
y porteños... Los portugueses no son caipaces de llevar adelante 
Ku conquista... Hasta el presente sólo ocupan el terreno que pi- 
san, no obstante habernos encontrado tan distantes y divididas iw-es- 
Iras fuerzas". 

Y, lefeetivaraente, si los ejércitos «portugueses necesitaron cuatro 
años para extinguir la resistencia artiguista, a pesar de la formi- 
dable colaboración del Director Pueyrredón, el triunfo habría sido 
de los orientales si éstos hubieran contado con todas las fuerzas del 
Protectorado y aún con las exclusivas fuerzas propias, pero íraai- 
quilas, sin i!os fraccionamientos que imponía la guerra civil. 

Concluyamos: la entrega de la Provincia Oriental a los portu- 
gueses fnié pi'opuesta por el Director Alvarez a la Corte de Río de 
Janeiro, como medio de enterrar el programa artiguista de reorga- 
nización de las Provincias Fnidas del Río de la Plata a bas'e de 
un régimen republicano federal, calcado en la Cons.titMción de los 
Estados Unidois; y se hizo efectiva «por los Directores Balearce y 
Pueyrredón con el concurso aetivo del Congreso de Tncumiisi y de 
todas las fuerzas militai'es de la Nación. 



CAPÍTULO XX VI 



lyA CONQUISTA D© LA PROVINCIA ORI^NTAI, 

POR I<OS PORTUGUESAS 

Las primeras alarmas. 

l)«tf4Í« arjtxliadow do iHl.') empezó a sontiive fii la l'rontem un 
Jiiovimierito de reooneont ración de fuerzas <|iie debía jMovocnr \ 
]>rovooó alarmas en la campaña oriental. 

Si loe portugueses son realmente hostiles, f.s<.'iii)ia con tail nionvo 
Arlisias al Cabildo, "habrem<» de contrarrestarlos, jKírsifíuicmdo a 
iiuos limítrofes a quienes debeauos la mayor 5)aile de naseetras dcs- 
fíracias. Entretanto ])r<)eure V. S. que nuestras guardias se man- 
tengan únicamente a la defensiva y sus oomaiidentes guarden la 
mejor anruonín con sus vecinos. Estas son mis órdenes oomiini- 
cadas a cuña comandante en particular, y las que nuevamonle iic 
iHípetidí) a don Fernando Otoi^ués. Coo igual objeto estoy a la 
mira de las opeíacioucs de aquéllos, y no dude V. S. que en cun'"- 
<;iiier rompimiento ine8i>erad<» sonios bastantes a isosteiier micstra 
dignidad y dereeJios". 

Pero el maiv]ués <le Alégrete. Gobernador de Río Orand<*, kc 
apret«uró a explicar satisfactoriamente la oxíconoenlración iH>rtugiie- 
hü y el ambiente internacional volvió a serenarse. 

"Celebro que V. S. convenga conmigo en que es difícil que nin- 
gún extranjero nos ineomodic y que de nuestro «jsiego rcsnlto.n') 
•; reeisiuroente el orden y al adelantamiento de iMiestro sistema. Aca- 
.-c» la fortuna no «ios desampare y el año 16 sea la época feliz de 
los orientales". 

Así hablaba Artiga^ al Cabiulo de ^roníevidoo a p<inncipio^ <le 
enero de 1816. 

M\iy "pocos días después tenía, sin embargo, que rectificar sus 
jnioioB en presencia de wna carta de Río de Janeiro que anunciaba 
la llegada de un cuerpo de ejército proceden le de Lisboa, y el pr<V 
ximo arribo de otros cuerpos mtós, destinados a efectuar en nbri! 



UANÜAL DE HISTORIA URUGUAYA 305 

í'S ;iiíiyo. h\ conquista de la Barada Oiientail, con el grave agreg'ado 
de que la Cai'te portuguesa ¡parecía proceder úg acuerdo con per- 
sonajes de Dncuos Aires. 

Ante revelaeioneis tan concretas, empezó Artigas a organizar la 
defensa. Dio instrucciones precaucionales a sus jefes para que 
obs<}rvaran los sucesos, y escuibió al Cabildo: 

"Lo que interesa es que V. S., ¡penetrado de las circuinsitanoias, 
apure sus esfuerzos para que ningún americaino sea indiferente al 
sistema- Todo el mundto debe alistanse para venir en ua caso for- 
zoso. Lo mismo deberá hacer V, S. con la milicia cívica de esa 
plaza.. Entretanto no llegue esite momento, a nadie se ineomodai'á ; 
■el s©ná<5Ío continuará como liasta el piresente, diejando a los labra- 
dores, hacendados y jornaleros continúen sus laboresi hasta que véa- 
nlos venir esta tormenta que nos amenaiza". 

IVeparábase, pues, Artigas ¡para la luciía. Pero véase en qué 
íoiTua admirable: a los comandaintes de las guardias, fronterizas les 
reconíeudaba una actitud riguirosamente defensiva y la mayor ar- 
monía eoii los portugueses mientras ¡no fueran atacados; a Rivera 
y Otargués, que estuvieran a la expectativa; y al Cabildo de Mon- 
tevideo, que decretara el aliistamiento general, sin incomodar por el 
mom-ento a nadie, como medio de que la Provincia continuara la 
<p(bra de progreío y de resurgimiento de industrias que constituía 
lino de los caipítulas de su programa efectivo de gobierno. 

El Cs/bildo convoca al país a las armas. 

A lUíediados de junio d'e 1816 el Cabildo de Moaiitevideo llamó 
linalmenite a las armas, en una viril proclama que tUeva las firmas 
.le dorn Joaquín Suárez, don Loriemzo Justiniamo Pérez, don Juan de 
-Medina, don Felipe G-arcía, don Agustín Estrada y don Jerónimo 
I'ío Biaraqui, concebida en estos términos: 

''¡Habitantes de la Banda Oriental! El Gobierao de Montevideo, 
i'iUi{>eñado en vuestra libertad e independencia, tiene el placer de 
lia-blaros hoy para anunciaros los preparativos de una invasión por- 
tuguiesa, que por cartas de Río de Janeiro se destina para invadiimos. 
Esta noiticia que sólo (puede causar temiores en las almos débiles o 
apocadas, debe hacer i'enacer en vosotiros etl amor a la libertad y 
aquel aixlor y samto entusiasmo por su defensa que siempje fué el 
pi'ecursor de vuestras victorias." 

"La Patria os llama, y todos debéis correr a ella : en vuestras 
manos se díiposita hoy el bienestaT de viüestros hijos, de vuestras 
familias y de vosotros másmos: áe ellas depende vuestra libertad o 

H .DE H. U.- 20 



306 EDUAKUO Af;EVEDO 

esclaviíud perpetua: corred, pues, todus los que no os halléis aliü- 
taídos y os sentís heridos de ese fuego santo de la úibeilad. a recibir 
las órdenes de este Gk>biemo: él os será conípañero en ir>s lu'lia^roí: 
y partícipe de vuestros sucesos práipreros u advei'sos". 

Por su parte Artigas dirigió una circular a las guarúiius nnntc- 
rizas, ordenándoles que reunieran a los ^■ecinüds^ y que estuvieran 
pi-evenidas ipara iiapedir sorpresas. 

Empiezan las hostilidades. 

Lkks cueriK)8 de ejército organizó la Corte portuguesa: uno de 
ellos, compiuesto de las tropas de Río Grande y de Sam Pablo, a 
cairgo del marquéB de Alégrete y del general Curado; y el otJro, 
compuesto de las tropas (procedentes de Lisboa, a cargo diel general 
Leoor. 

El cuerpo de ejército <le Lecor, fuerte de cinco mil homíbresÑ <jue 
habían actuado bnjo la dirección de Wélliugton en las campañas 
contra Napoleón, constituía la base fundanifntal del plan de con- 
quista. Sus diversas unidades habían ido iU^?ando a Río de Ja- 
neiro desde diciembre de 1815 hasta innrzo de 181'). y m junio ?c 
j.iisieron en marcha sobre su presa. 

Según el almia'anle Sena Pereyra, q.v .♦ ..i... ,.,.,,v -.m v..i. ,.. 

expedieiooierio, el plan <le Lecor consistía en tomar la plaza de 
Montevideo, rechazar las fuerzas de Artigas a la Banda Occidental 
del Uruguay, {jenetrar en la Provincia de Entre Ríos y contiuuar 
la persecució» hasta la Provincia de Santa ÍV, dománando así toda 
la zona del artiguismo. PeiX) hubo después necesidad de alterar cf 
itinerairio, agrega. La expedición desemibarcó en Saavta Catalina, 
y de allí siguió por tierra a través de la Provirjcia de Río Grande, 
invadiendo finalmente el territorio uruguayo a mediados de octubre. 
pf)r la angostura situada enti'e el mar y la lagu<aa ?>Ierínt. 

Antes de esa irrnp<'ión ;por la Aaigostura, ya el estado de gixMni 
se había producido en twla la frontera por las fueraas do! marqués 
do Alégrete, Gobernador de Río Grande y del general Curado, apos- 
tadas en las niiárgenes del Uruguay y parte de las fronteras i«ir<s 
tres para actuar en coroibi nación con el ejército de Leoor. 

Ja rápida reconcentración de esas fuoraas invasoras a lo largu < li- 
la frontera había heoho creer a Artigas a mediados de junio que 
un combate era inminente y escribía com tal naotivo al Cabildo: 

"Tjfls tropos ya están en marcha, y yo salgo en breve a diriei 
las operaciones. Por noticias extraordinarias que tengo, del into 
rior de Porto Alegre se mueven tropas y acaso felizn»en1e vamos 
r, encontrarlas no a mucha distancia". 



MANUAL DE HISTORIA URUGUAYA 307 

'^En looiiiseeuencia, la gueiTa es dieclarada y V. S. nomibrará uit 
]í^?gidor que con escrupulosa co'iiducta proceda al emibargo y venta 
de todos los intereses de Portugal y de lo«. portugueses que no 
siendo notoriamente decididos por el si'sitema y avecindiados merezcan 
esta pena. Para ello deberá dicho Regidor asocia.rse del Ministro 
de Hacienda y «on él llevar la cuenta y razón precisa como de unos 
intereses iperteniecientes al Estado, y que ellos han de ser los más 
pi-eciosos ■recui'sos para sostener los esfuerzos dle la guerra"- 

Pero la invasión se retardó hasta fines de agoisito en que los por- 
tugueses atacaron y tomaron la g-uardia del piueblo de Arredondo 
y la fortaleza, de Santa Teresa. 

Casi en los mism'Os momentos Artigáis prevenía al Cabiildo que 
se ponía en maircha, rumbo a la frontera, al frente del resto de sus 
fuerzas, y foi-mailaba esta patriótica iiecomendaición : 

"Eintretanto, es preciso que se mantenga en ese deipartamentíj el 
orden instituido, la tranquilidad y unión de todo su vecindario''. 

Amplitud de la conquista. 

Afi^iTua el almirante Siena Pereyra que el plan ée persecución a 
Artigas» hasta lois^ límáteis' de la Provincia de Santa Fe, emanaba 
diel doc!tí>r Herrera. Eil hecho es que el voraz conquistador, no 
í^atisfecho con la Provincia Oriental, se proiponía extendier fus ten- 
táculos a les territorios de Entre Ríos, Corrientes y Miáones. 
¿Pei"0 quién era el autor del regalo? 

Don Nicolás Herrera, ex Minista-o de Alvear y factor importan le 
de la política direetorial, estábil; enteramente subordinado al Minis- 
tro Argentino en Río de Janeiro don Manuel José García. Nada 
lo demues/tra tan coneluyentiemente como esta deeilaraeión del doctor 
García al Director Balcarce, al anunciarle que el ejército portugués 
se ponía en marcha sobre la, Provincia Oriental : 

"Nuestro amigo Herrera estarla luego en Mon;(e^-ideo. El másmo 
iio lo sabe ui se lo diré hasta última hoi'a. El será depositario de 
nuestras comamicaciones, y así is'eráin más prontas y seguras. Será, 
además, encargado de otras eoisas". 

El doctor Hera-era formaría parte del estado mayor del genei*al 
Lecor; sería el deipositario y el agente de comunieaiciones de im- 
portancia. Pero él recién sabría todo eso al recibir la orden de 
enmarcarse! ¿Cómo atribuir a un agente tan secundario la inicia- 
tiva del regalo de las tres Provin^cias argentinas sometidas al Pro- 
teet/orado de Artigas? 

¡No! La iniciativa corresponde toda entera a la diplomacia oa- 
gentina, o más bien dicho a. los Direcitores Alvear, Alvarez y Bal- 



308 EDUARDO ACEVEDO 

-jaivo, que habían señalado sucesivamei.iv .-.. . rientacióii .« c.-.t .i.- 
pkxmacia, y que U)do estaban dispuestos a sacrificar con tal de 
"ímpetu r el triunfo del programa ipolítico de Artigas. 

£1 plan militar de Artigas. 

\r'A jjiui militar de los invasores quedó recién ratificado y uliinuun» 
-en un consejo <le srueiTa celebrado en Porto Alegre, a mediados del 
loes do septieuibiv, con asistencia <lcil Grabernadior de Río Grande, 
mai'qués de Alegi^te, el general Leoor, el general Silveira Pintóte, 
y otros miütares de alta graduación. De acuerdo con sus conchi- 
siones, debía ocupar el general Lecor las plazas de Maldonado, 
Montevideo y Colonia, mieníras las demias fuerzas se dirigirían »\ 
Sailto y Paysandú ¡pwre. atacar el centro de la defensa artiguista. 

Artigas había emyíezado :i mvfvir"- <ii i>lnn inílii.ir <L.«1<. lu-in- 
<:ipios de año. 

"No hay que vivir descuidados— tiscriLiia el Lili tic enero Uc iSil' 
a su teniente Andrcsito, Gol>ernaílor de las Misiones, — cuando los 
portugueses no se duermen. Sus movimientos son muy sospechosos 
y (nunca debemtos espierar a que nos sorprendan. Si ellos se pre- 
paran a hacer la tentativa ¡por algún lado, es "preciso robarlos la 
vuelta y entrarles por otro- I-rf> que interesuv en este caso es pasar 
el Uniguay por aniba del Ibieuy y entrar en sus ipoblacionos'' . 

En jonio, ya cuando los ejémtos portugueses marohaban solwv 
su presa y ol Cabildo do Montevideo había llamado a las amuis, 
volvía a escribirle a Andiresito: 

"No hemos de aguardar a que ellos prccisamenle nos ataquen. 
Debemos peoietrar a su territorio, a cuyo fin estoy tomando mis 
líxrovideucias para dar un golpe maestro y decisivo. Do lo ooii- 
ti-ario, el Portugal se nos eclia encima y nos aeabard de arruinar'*. 

Y desíüibríii ¡jarte de s'.i plan al Cabildo de r.Iontcvidoo en la 
forma que extractamos a continuación: 

Eil gruest) de las fuerzas orientales marcharía sobre la frontera. 
Rivera, con uaia imi'tida de eien hombres, iría a Maldonado, jíara 
. observar a los portugueses y poner en ixctividad las milicias de 
aquel punto, con orden de correrse a Montevideo en ©1 ciiso de que 
los invasores siguieran esa dirección; Otorgues, como jefe de la 
vanguardia, so dirigiría a Cerro l-<argo; las tiropas de Purificación 
se pondrían en niaroha sobre el cuartel general de los portugijoses 
en Safli Diego, al mismo tiemipo que las divisiones de Entre Ríos 
cubrirían las costas del Uruguay y reposarían <i' río a la altum de 
Jas Misiones orientales. 

Lo que quería, pues, el Jefe de los Oinn . ra.li.;:r i<l 



MANUAL DE HISTORIA URUGUAYA 309 

teati-o de la guerra en teaitorio ix>r,tugnés, medmute una doble 
invasión a través del Uruguay para reconquisitar las Misiones orién- 
tate y a través de Río Grande para atacar al marqués de Alégrete 
en sn propio cuartel general. 

Este plan recibió un fuerte principio de ejecución en los primeros 
días de seíoliembre . 

Andi^to eruzó el Uruguay a la altara ée las Misiones; Artigas 
!-:e dirigió al paso de Santa Ana sobre el Cuareim; y Sotelo y Ver- 
dum marcharon en conibinación, con orden de reimirse todos en las- 
márgsenes del Santa Miaxía. 

Andrés Guacurarí, como se llamaba originariamente; Amdrés Ta- 
euary, como aparece en las crónicas liiortuguesas ; Andrés Artigas,. 
comiD se firmó después de habei' sido adoptado por el Jefe de los 
Orientales; o Aaidresito, como vulgaa-mente le i]lamaban sus c^otti- 
1 emisora neoe, era un indio nacido en San Borja, según el testimonio 
de Joao Pedro Gay, vieaaño de ese pueblo. 

Al llegar a los miuros de siu ciudiad natal, ocupada, a la sazón por 
el general Chagas, Andresito habló así ail jefe portugués: 

"Rinda V. S. las axm,as y entreg'ue el último pueblo que me 
falta, pues vengo a a^escatarlo, no habiendo otro fin que me mueva 
¿' deiTamar la última gota de sangre sino nuestro suelo imtivo qui- 
tado Goax' toda ignominia en 1801, pues estos teiTitoxioisi son de los 
natm"ales misioneros a quienes coiTesiponde el derecho de gobernar- 
los, siendo tan libres como las demás naciones". 

Seis derrotas sucesivas. 

TfMlos los bis to'r i adores están couitestes en que el plan de Artigas 
habría hecho honor al mejor .de ilos generales de la época. 

¿Cu^ál fué, entretanto, su resaltado sobre el terreno? 

El cajpitán Moraes Lara, del ejército portugués, ha dejado una 
"Memoria de las campañas de 1816", que ipaiede extraetarse, así: 

Combate de Santa Ana. — 'Eintre una ipartida de Aii'tigas y oti-a 
de Curado. Tuvo lugar el 22 de septiembre. El tñunfo fué de los 
]K)r(iigai'eses. Pero los \^needOi'es tuvieron qne alxandoTiar el campo 
[xir falta de mainiciones. 

Batalla de San Borja. — Casi a las másdnias horas en qnie se des- 
arrollaba el combate de Saaita Ana, env dis!i)ersiada por el coronel 
Abren una división artiguista, al mando de Sotelo, que cruzaba el 
vio Uruguay en proteocióai de Aindresibo. El jefe victorioso se 
dirigió luego al campamento de Andi^esito, librándose con tal motivo 
el 3 de octubre la batalla de San Borja, en la que los portug-ueses 



ijli) EUl, AIS UU ACEVEDO 

<'onsiguieron uua nueva victoria qiie les permitió recuperar el le- 
iTitorio de las Misiones orientales. 

Batalla de Ibiraocay. — La oolumma arti?:udsta <lel coronel Venlnm 
fué derrotada el 19 de octubre por el brigiuiier Mena Bárrelo, 

Batalla (le Cartmbé. — ^El brigadier Oliveira fué atacado ix>r la 
columna qu© había penetrado a tenitorio portufrués ba.io la mmv- 
diata dirección de Artigas y triunfó do ella el 27 de octubre. 

Con esta victoria, dioe el capitíin Moraes I^ra. quedaban recupe- 
i-adas más de cien leguas de territorio portugués y desalojatl«»s 
cuatro mil soldados <le Artigas en los treinta y tantos «lías «luc 
corren desde el 22 de septienabre, día de la batakla de Sania Ana, 
hasta el 27 de octubre, <lía de la batjvlla de ('ar;invlH'. 

Acción del Arapey y batalla del Catalón. — Se internó en s^:ui<la 
al ejército portugués en t«rritorio uruguayo ooíi idéntico resultado. 

El 2 de enero de 1817 fué atacado, deshecho c ino<endiado el 
campcunento de Artigas en eJ Ajrapey, por el ejército de Abreu. 

Y el 4 <lel nuMuo nacs el grueso tic bs fuerzas «le ArtiiNis a! 
maiNlo de La Torre, atacó al marques de Alegi'ete en las ukíi- 
genes <íel Caitalán, con resultado «ksastroeo, pues los atacjintes «juc- 
daron totailmcaite deshechos. 

El ejército victorioso contraanaralió hasta la margen iz,(|uienhi 
del Cuareim y después de algunos «lía» oru7ió el río y «vupó sus 
cuartelas de invierno en Río Grande. 

La destrucción de las Misiones argentinas. — Otra columna por- 
tuguesa al mando del 'brigadier Chagas, recibió orden «le abrir ht»;- 
tili«lades contra los (í>uebl«tej di* la Provincia argentina de Misionen, 
y cruzó el Uruguay oon ese objeto en ©ñero de 1817. cu seguimiento 
de diversas partidas de Andresito. Véase <•<'»•••• .•.--.<..-. .' , ..,.,••;')■! 
Moraes Lara la obra da\ brigadier Chaga.< 

"Después «le i?aqueadaí? y demolidas las si«.tv .¡.ablaciones d«' Va- 
peyú. Cruz, Santo Tomé, Santa María, San Javier. Májiiies y 
Concepción, situadas en la margen derecha del Uruguay y solamenl«' 
saxíKwdos los pueblíis de San .losé. Ap«)stol€*» y San (^arlos; sa- 
quea<la y talada la canujiaña en una extención «le más Oe «»cl»enta 
leguas, de 1«> que result*') una rica presa de .scseirta arníbas de ; 
muclKX* y riquísimos ornain«vt4>s «le lias iglesias, seis mil cabu : 
yeguas, y otros artículos avaluado»* todos a precios ínirnxis en cin- 
«Tiertta «>ntos de reis; y íinalnnente. desput^ de establecidas la-s 
guardias necesarias <\iw debían quedar en la margen derecha dol 
Uruguay, on obsen-acitm «le los movimientos del enemigo, el briira- 
dier Chagas repasó aqn<el rí«i el 13 «le marz«i <le 1817. o«)n sus trov>as 
cubiertas de gloria y cairgndos de desjiojos del eiiemiigoy al que h.j- 
bían hecho las mayores hostilidades que es posiWe hacer, sin recibir 
otro perjuicio que el de un lKnnbi% llorido". 



MANUAL DK HISTORIA URUGUAYA 311 

La cifra de los muertos. — Hace ahora el capitán Moraes Lara 
i'l resumien de las eampañas ttel marqués cTe Alégrete y del g'eneral 
(^lirado en 181G y principios de 1817: 

''Tuvo <?1 enemitro. ¡irnr lo nienos, 3,1^*0 ¡muertos y 3G0 heridos y 
prisioaieros'" . 

La pérdida total de las portugueses sé)Io fué de ''135 muertos y 
"J()7 heridos". 

Lo.s plañen de Artigas interceptados por los portugueses. — Pre- 
viene también el capitán Moraes Lara, que la circular a los eo- 
nia'n:dain.te.s de la frontera y otros docuioentos indicativos del plan 
de invasión ideado por Artig-as, fueron intereeiptados por los por- 
I ugueses, y que a consecuencia de ello, el miarqut^ de Alégrete pudo 
adoptar medidas militares con el concurso del teniente general Cu- 
rado, a (luien coidió oi1 mando de las tropas. 

Tres observaciones sugiere la memoria del capitán Moraes 
Lara. 

En ¡¡,'irimer lugar, (jue cuando Artigas, creía sorprender, fué sor- 
prendido. Su admirable plan de llevar la guerra al terriíorio de 
Kío Grande, había .sido conocido y estudiado anticipadamente por 
el marqués de Alégrete y su estado mayor de jefes y oficiales, habi- 
litados por el secuestro de un correo ¡pai-a eubiir y fortificar 1(is 
puntos por donide debían invadir las oolummas orientales. 

Lasi tiropas de Artigas que marchaban illenas d!e confianza coiu la 
\ ista fija en los enemigos que maniobraban a su frente, pudieron 
fer a.sí rápidamente destrozadas por otros cuerpos de ejército lan- 
:-:ados eu ayuda de los pnntos amenazados, y que desconcertaban el 
ráieulo de los invasores. 

De ahí el desastre, y sobre todo la increíble rapidez con que se 
consumó el aniquilamiento de las fuerzas artiguistas en los comba- 
os y batallas de Santa Ana, Saín Borja, Ibiraocay, Carumbé, Ara- 
;i(íy y Catalán, que se suceden en etl intervalo que niiedia desde el 
l'l de septiembre de 1816 hasta el 4 de enero del año siguiente. 

En un oficio del marqués de Alégrete al ^linislro conde da Barca, 
'¡atado el 1(5 de julio de 1817. ixílativo a estas camipíiñas, se afinna 
que las fuerzas artiguistas ascendían a siete mil hombres, y que de 
ellas apenas mül quinientas prosigiueron la lucha contra Leeoí', por- 
(|ue ttxlas las demás habían sido derrotadas y deshechas por hi 
capit^jinía de Río Grande. 

l'ara dar ni/is impoa'tancia a sus vict(->rias. se han empeñado los 
generales e histoiiadoiies portugueses en demostrar que la supe- 
rioridad numiérica estaba invainablemente del lado de Artigas. 



312 EDUARDO ACKVEDO 

Se trata, sin duda, de una iiisotítenible leyenda, Da<Io el vajor 
oxiraordinario de los soldados orientales, que loei missmos ])arlcs 
oficiales m; apresuran a reconocer, no es presumible que invaria- 
blemenle o¡piusiera iú alto comando portugués fuellas inferion?'^. 
ridículamiente inferiores muchas veces, como en el cínnbate del Ar.i- 
l>ey, don-de s<ií,nm el capitián Moraes Lara 800 houibrtí^ mandados 
lH>r Artigas fuercMi derrotados por (500 portugueses; o la victoria 
«le Belén, alcanzada en octubre <le 1817 por Bentos Manuel al frente 
de Í)U hombres sobre el coronal Vendimi al frente de '.^00 soldados^ 
que dio base al marqués de Aléemete i»ra decii- al Ministro Bezerra 
que, "el valor de las tropas de la Capitanía y su superitmdnd 
nunca interrumpida sobix; el enemigo, encucirtra ¡jocos ejerai!i!>' ■■ • 
otra historia que no sea la historia portuguesa'^. 

Convengamos, pues, que las don-otas de la campaña de Río (lian 
<ltí tuviei'on su origen en el conocimiento anticipado ilel ploii <lc 
Artigas, que ipemiitió aeimiular fuerzas en dos punios que dfbínn 
ser atacados y co4i toda seguridad fuerzas dohlrs o trinl. 
(¡ue tenía el Jefe de los Orientales. 

En segundo lugar, que los soldados de Artigas |>ele«l>aii K-\>n wi- 
dadero heroísmo. So tnt.ta do un hecho quo roc<»n(M'<''ii lo.- pmnios 
historiadores portugueaes. 

. So^ún el 04vpitán Morat's l>:ii-a, la pixH'la:nm del Cabiido do Aioii- 
tovideo illaman/li> a las armas, "fué el primfea* pa.s<) p.ar.i decidir a- 
loB habitantes a una loca y obstinada defensa". 

"Es increíble que un enemigo indisciplinado, sin ontleu y p(uest<v 
en confusión, se auvntuviese qx)r espacio de dos horas en la creen- 
cia de pudor contrari'estar a nuestras armas", dice el coí-oncl Abr<'ii 
relatando su victoria do San Borja í^hre las fuoi-rns do Andrrsil • 
on las Misiones orientales. 

J^a bartalla de CaJ'umlx', atirn..i ti ..í,.,,...é .í-í...,.^ ¡...,... ... >. ,., 

<lo las más sangrientas do la campaña por el ftiror y al denuod" 
con que atacó constan lomonte el enemigo". 

"Kstos insurgentes pelean como dese9j)€nulos", exclamaba el geuf- 
ral Mena Barroto refiriéndose a loe soldados dte Airtigas en la ba);i- 
l!a de Ibiraocay, 

A las manifestaciones arrancadas |K)r el heroferao de los soldado-; 
artiguistas, hay que aírri»gar un hedió ,gran<kmacate Rgnificafivt»: 
|h retirada d» h» ejércitos del marqués de Alégrete y del «nrí'r.ií 
( 'lirado a raíz de las viotoiñas del Arapey y del Catalán. 

Había fracasado estrucoidosaroenite el plan de invasión ;i i»' i" 
Orando. Todas las divisiones de Artigas habían <|uedado aniqui 
la*las a uno y otro lado <le la frontera. El ejército de I>HH»r tintaba 
\:i »»!i AIi»nt<nid<«i V. >ii'i oiii.lví» >•<>■((. 1n>i riier/.'i.-; drl Muirniiés d*'* 



ir ANUAL DE HISTORIA URUGUAYA 313 

Alégrete y del general Curado, victoriosas en todos los combates y 
i'ebosantes de recui"sos, retroceden después de da victoria del Caitalán 
a la línea froiiteiáza y acto conltinno se internan en territorio poi'- 
tugTiés. 

Según el capitán Moraes Lara, (porque el ejército no tenía ordeu 
de avanzar . 

Pero como veremos más adelante, el pro'.nio mairqués de Alégrete 
se ha encargado d« atribuir el hecho a los orientales que volvían 
furiosameníte a la ofensiva a raíz de sus mayores desastres, obli- 
gando con ello a los vencedores a retrocedier a su frontera! 

y en tercer lugar, que los po'rtugueses consumaban verdaderas 
carnicerías en los campos de batalla. 

Es un'H denuai<íia que resulsta de los propios partes oficiales. En 
la batalla de San Borja y reconquista de las Misáoaiess hubo 1.000 
muertos y s<>lo 73 prisioneroe, incluyendo inujeres. En la batalla/ 
do libiraoeay, hubo 280 muertos y sólo 24 pri-áoneros. fin .la bata- 
lla del Caíalián, el número de m)i:>ortos fué de 900 y el de los pri- 
sioneros se elevó a 290, gracias al marqués de Alégrete, ([uien se 
elevó, ?egún el capitán Jloraes Lara. "al mayor graido de gloria 
por el heroísmo praciieado en la í-aridíid a que se entregó en favor 
y socorro de (los prisioneros h-eridos". 

Nada más terrible que el iies.umen general de esas y demás bata- 
llas de la eamipaña de 1816 y principias de 1817: 

.1,190 muertos y 360 heridos y prisioneros sanos, incluidas las 
mujeres . 

Descontando los salvados "por 1 heroísmo del luarqués de Alé- 
grete" en la baltalla del Catalán, queda reducido el saldo de todos 
los demás comjbates a 70 prisionera» escapadlos a la cuchilla por- 
tuguesa ! 

Tr altábase, (paies, de una. giierra en qae el conq'udsrtadoír no daba 
cuartel. Ixs heridos y prisioneros sanos que caían en kus manos 
eran degolílados en el campo de batalla. Y así podía ©1 veu'cedor- 
estaTnpaiT tan pavorosas cifras en sus partes ofieiales. 

Un ejemplo de la barbarie portuguesa. 

No han quedado rastros en la hisiloria urug'uaya de esas, gr.'^ndos 
luM^atorabes de prision©TX)« que apenas conocemos por lo que dicen 
los propias croniíítasi poi-tugueses , Ijos orientales que salvaban de 
nn desastre, morían en otro, y nada ipudo quedar esicrito acerca del 
plan de extonninio de que eran víotimia». 

Pearo la crónica, ¡portuguesa liasta y sobra en ciertos casos para 
üumiina.r el cuadro de la eonquista . Es lo que ocuri'e. por ejemplo,, 
con la de.strucición de los puebflos de la. Provincia de Misiones. 



314 EDUARDO ACEVEDO 

Habla Joao P«dro Gey, vicaiio de San Borja : 

El marqués de Alegrrete ordenó ail j^eneral ( liajras ■•(|ue «¡os: lu- 
yese todtis. los pueblos de las elisiones Oceideníales y ti'ajese su i>o- 
blacióu para ser repartida eníro las Misioties brasileñas"; y efeeti- 
vamwnte, ej j^eneral Cliagas "fué un íicA y <• >'..-i.nv.i,. ,.\.u.,^i,.,■ .\.. 
estas medidas extremas y exlenninadoras'' . 

"De líos ac-toe de horror que se ;p'rait^tica^()a cu c¿<»s parajes, lus- 
iraye el autor de la "Memunia Históric-a" del extinjruid'o regimiento 
«le infantería de Saiiíta Oaitalina que re^stra el caso de un teniente 
del rof^imienito jriuiraní, Luis Maii"a, que estnwi<;uló miís dte una 
ciiatuina y que se jactaba de ello, y que dcaciibe tainJ)ién el esiHM-- 
táculo de la inmoralidad, el sacrilcírio, el robt), el estupiTo en lo<lo 
su auge". 

Fueron asailtadoe y destruidos, aorre<¡:a, loe pueblos de Yapeyú. 
San José, SanU> Tomié, Apóstoles, Mártires^ San Carlos, Concep- 
ción. Santa María y Sivn Javier. Un año después el coronel Cha- 
fías volvió a las Misiones para persejjiiir a Androsito (pie se luibía 
atñncberado en la iglesia de San Cwrlotí. Chagas mandó atacar e 
incendiar la iglesia, y algunas brasas cayeron sobre los depósitos 
de jxilvora, produciendo un estruendo Ivorroroso. 

"Andresito y su gente, ante la inminencia de ser quemados o aiiila.*i- 
tados jíor los ipalos del techo que se desprendían y por loe ca- 
ñones que abrían boquetes, hicieron urna salida desesperada y con- 
siguioRm roüiper la línea portuguesa que circuiubba la plaza, ca- 
yendo heridos muchos de ellos... Trescientas jKírsonas de • ' 
sexos miurierou en este ataque maltratadas o quemados... ( : 
hizo destruir en el acto \o que quedaba en los p*jeblo8 de San Gar- 
lo*; y Apóstoles'". 

Es ilustrativo agr^irar que una de las |x>talaci<>nes misioneras. 
Yai>eyú. cuna del generail Saín Martín, fué saqueada e inceinliadi 
el l.T de febi^ro do 1817. precisartíente d mismo día y a la mi.«flna 
hora en que el héroe <le los Andes, des|>ués de vencer en Ohacabu- 
co, hacíh su en-traíla triimfal on Santiago <íe Cliile, notable <"" 
dencia que constituyo lodo un iprcweso ipara el flobierno de 1'» 
Aires y para el Congreso de Tueiunán. i)romotorcB y auxiliares d<> 
la conquista p<»rtuguesa. (|ue así exleiwlía sus zarpazo^ ''-•.> Vi- 
proviaicios wgentinns. 

Refiere Maa-tín de Moussy (jue de acuerdo con «1 i>laJi cU; «li- 
ción de las Misiones argentinas, fué arran«uV> fie su cas*a mi <■ 
tenario íllamado fray Pedro, universaimewte querido por sus virtu- 
des y transportado a las Misiones portuguesas; y traza este cuadro 
que puede presentarse como el cuadro general ile teñios los pueblir- 
visitados .por Chagas: 



MANUAL DE HISTORIA URUGUAYA OiD 

''Senitatlo a la oiilla ide! río, Jiiiró las llainias que se eieval)an deJ 
Itigai" doiule había vivido taiiitos años y que devorabau el temiplo y 
ias casas. Ento'iiees, rodeado de las ,pobres indias que Uora.bafu, de 
los aueiaaios, y niño© que habían sobrevivido, el viejo sacerdote Be 
enderezó y con lias manos tendidas a;l cielo, el rostro bañado em lá- 
grimas: ¡Dios mío! exclamó, hasta dónde ha subido la perversidad 
liuraaua fine yo pueda, ver hoy día vuestro augusto templo incen- 
iiiado, las reli(iuias de vuestros sainitos pirofanadas, los campos de 
xu-estros servidores asolados, sus asilos en llaraas, y ellos mism'os 
expirando ,bajo el sable asesino! Dios mío, perdoiiad a estos hom- 
bres, ¡jerdon adíes, pues no saben lo que liaeen!" 

Se complementa el desastre de Artigas en India Muerta. 

Ail mismo lierapo que los ejércitos del miarqués de Alégrete y del 
general Oivrado, con el iplan de Artigas en la miaño, destiruían una 
por una las columnas invasoras en Santa Ana, San Borja, Ybirao- 
cay, Caíumibé,, Ana^pey y Cadalán, todas las demrási fuerzas con el 
general Leoor a la cabeza vencían a Rivera y a Otorgues por la 
incontrasitable superioridad de sus elementos de gueiTa. 

La batalla de India INlueiita, librada di 19 de noviembre de 181(), 
agrega, una nueva derrota y a la vez nnn )Tn.ginn de gloria a la 
causa de los orientales. 

Rivera, que sólo tenía 1,400 soldados, mal annados y peor mu- 
nicionados, atacó a la vanguardia de Leeor, compuesta de 1,400 in- 
fanUís, 500 homibres de caballería y una diotación de 4 piezas de 
artillería,, bajo el m:ando deil general Pintoisi. 

Fué derrotado y sufrió una fuerte baja de 300 hombres entre 
muertos y prisioneros. Pero realizó actos íales de heT"oísmo que los 
■\encedoras tuvieron que abandonar el campo de batalla y replegarse 
al ejército principal. 

Véase cómt) describe ilo-* de las escenas de la batalla uno de los 
Jefes portnguesesi, e(l coronel Márquez Souza : 

"Faltaban aún algunos minuios para el mediodía, cuando sus 
cazadores montados rompieron el fuego haciendo un tiroteo infer- 
nal, el que era, codTespondido por nuestra parte avainzando en el 
mismo orden; pero pretendiendo el enemigo cercarnos por el flaneo 
derecho, faié cargado poi- uno de los escuadiiomes de la división, el 
cual fué envuelto... Entonces fué mandado el otro a apoyaiilo, y 
uno y otro se vieron envueltos: por niiestra ¡pérdida puede V. "E. 
calcular la iNísistencia del enemigo, que sólo después de maieha san- 
are cedió a la bravura de nuestros escuadrones". 



3l6 EDUARDO ACEVEDO 

'•("oiiR* la (x»ni])añía íjue hahi» ([IK'kukIo <nil)ri<.'ii(l<> i-l i>ax> de ]a 
retagaiaríiia nos qtiwlaba ya a grande <üstancia. i>relendió d ene- 
migo cortarla; mandé la mitad d« mi escuadrón a apoyarla, ppji. 
siendo óstc luego cargado por mía gi-atide fuerza, púsose en rt'.ii- 
rada, y como yo viese que se aproximaJm ya a su reta^'uardia. avan- 
cé con e! otro ro«dio escuadirón, y hvego que se vio atpoj-aílo el que 
venía en retirada, volvió sobre el enemigo. Escajpé no sé cónwi de 
(ros que denodadamente lue vinieron a alacAr al frewte mismo <lf 
iiu etjcuadrón" . 

"Finalmente, después de cualn» Iniras y inedia de fuego boni- 
ble oonseguiímios ila derrotív <leJ enorap^.,, Ximestra pérdida fué 
consitlerable" . 

"Des-pués de la acción nos pusimos en retirada y ayer a la nochr 
llegamos aJ campamento donde fué ixjdbido eJ gieneral por la tro- 
pa con vivas". 

Con la batalla de India Afuerta <|iiedaba franqueado a Ijeoor c! 

i-;ll|IUlii (le A!( illti'Vl<l<>ti \' ;1 i'l ^i> (liri<>T<'i con <ii «> ii'ivit <» 

La plaza de Montevideo se prepara para la defcnBa. 

. i. as uiuraJ/laíi y el panjiie tln Monte\'ideo estaban desmant<4a(ii» 
\H)i' obra del ejército de Alvear. Todos sus cañones y todo»? sus 
. fu.«?iles habían sido tmnsporlados ;i Buenos Aii-es y la pólvora de 
los gran<les depósitos fl«5<'ales ari"ojjida al ogiui. Artigas había ií«p«- 
tionado durante todo el curso del año 1815 la devolución de ese 
rico material de guen^a en previsión de cualquier tentativa de re- 
conquista cí^pjiñola. i)oro iiivariablcuíeule sin éxito. 

Al plane4U\se los prepai-ativos de la defensia coaiíra los ]x>rlugue- 
ses, d Cabildt) consultó aceiva de la conveniencia de proceder a la 
demolición de la» nniralla<« que circiuidaban le plaza^ inútiles i^ara 
loB oneníales, jH>r4) formidables jmra un ejército que "jiudieira ai'ti- 
llarilas. Ailigas, <|U«' <o<lavía ei-eía lejos el desastre, contestó: 

"Es preciso que los momentos s«ían n*uy apurados jwira la dciw»- 
lición de Uw rairros de osa ciwlad. Kilos iu!<9)iiran respeto y <>st4n 
en razón de sit fuenm pasiva <iuc siempre entra en el cálculo tlei 
enemigo para destruirla. Por lo demás, pierda V. S. cuidado que 
lt)s j)orttig;ie9es no niarcban'án muy sin recelo hacia ese punto can 
In rapirlcz de nuestros moviniientos. Muclia sangre debe derramar- 
se antes de veriftoarse bu empi'^esa, y creo bastante difíciíl su e.><'- 
cnción con 'tal que qnerantos ser libren". 

TTn ínes d<'íij>''.M''s llegaban noticias de ijivafdones pajcialtis en el 

f (MTltor!»» rr«>iif/»ri/(i. \- iV'soKí:! »•! P.-iliildn com el voló di> los «Til^i- 



JI ANUAL DE HISTORIA URUGUAYA 317 

xulai'GS Duráiii, jMecli¡].a, García, Est.radií, Sierra, Criró, Pérez, Trú- 
pani y Bianqui, abordar el probleiiíia ^del abasteciameiito de la po- 
blación, entre otras de ilas "medidas eoiiducentesi al sostén y defen- 
sa de esta plaza, estreeliamente reoomeiidada por el Jefe de los 
Orientales y quitar así a los portugueses toda esperanza de rema-^ 
ohar líJs grillos de la ser\'iduímbre a un pueblo que supo romperlos 
con energía y eonstancia inimitables, y que estaba dispuesto a pe- 
recer una y mil veces antes qae reniinciar a su cara y sagrada li- 
bertad" . 

Una revolución contra Barreiro. 

Con el propósito de organizar más rápidamiente la defensa, que- 
lió eoncentiiado ell gobierno en Barreiro, que era el delegado de Ar- 
tigas, y en don Joaquín Suárez, miembro del Cabildo y ciudadano 
\\e actuación culminante en las luchas de la in dependencia. 

Tkrs medidas adoptó desde luego el lUiuevo goibiemo: la salida a 
campaña del Batallóu de los Cívicos y el embargo de las mercade- 
rías portuguesas consignadas al comercio de Montevideo. 

"Una y oitra medida, dicen líos señares Larra naga y Guerra, alar- 
mó a los malcontenitios, nada conformes coa dejar la comodidad de 
sus casas y con haber de desprenderse de sus lucrativas comisiones; 
y así fué que en la noche del 2 al 3 de septiembre reventó una cons- 
piracicii mal meditada 3' peor conduicida, que ipTodujo por pocas 
horas el arresto del delegado y de algunas otras personas, cambián- 
dose la suerte con sólo no tomar parte ila guarnición de la cinda- 
dela". 

Eil Cabildo publicó con tal motivo un baaido por el que invitaba 
•ni pueblo a conicurrir a las .casas consistoriales "a explicar su vo- 
luntad y prestar siolbre ella sus smfragios, debiendo reitirai-se inme- 
diatamenite a sus respectivos cuarteles las tropas situadas en la 
plaza ¡para que de este iuiodo reluzca el voto general". 

ConcLiriieron al llamado unos cien ciudadanos, y abieirta la se- 
sión, "fué interrogaido el pueblo", dice el acta, acerca de la depo- 
KÍción y arresto de don Miguel Barreiro, delegado del Jefe de los 
Oriem tales ; don Santiago Sierra, Regidor Defensor de Pobre»; don 
Bonifacio Ramos, comandante de antilloría; don Pedro María Ta- 
veiro, Secretario del Cabildo; y otras personas. Y el ipueblo contestó 
que por haberlos "encontrado sospechosos y haber visto con desagrado 
la marcha del cuerpo de infantería cívica a campaña", agregamdo 
■que su voluntad eta que el Cabildo i'easumiera el gobierno^ 

Prometió el Cabildo al pueblo allí congregado "que su voluntad 
soría cumplida escrupulosamente". 



318 



KDUARnO ArKVFPO 



Dos tlíafis desfpiuife volvía a s^oiiar el Cabildo, i>©it> esta voz ]>ai:i 
anunciar que los jefes de la revolución estaban airestados o iiabían 
fuíjado y que libre ya de toptla violencia debía declarar y declaraba 
nula, y <de ninpnin valor su resolución anterior, inspirada en el 
deseo de evitar mayores desórdenes, debiendo i>or lo tanto coiili- 
nuar sinaplificado el gobierno en el delegado Bameiro y en el re- 
gidor Suárez. 

Quedó así sofocado un movinoiento que pudo alzar conx» bfindein 
la «salida a campiajia del Batallón de Cívicos y el eni!bar<^ de las 
raereaderías portuíruesas; ;pero que con toda segruridad arraiicalxi 
de trabajos del Director l^ieyrretlón para aislar a Artigas y cola- 
boran en la acción ooivfiada por la diplomacia argentina a dos ejér- 
citos portu^eses. 

I^rrañaga y Guerra, testigos preseneialeB de k» sueesos y oon- 
currente ej primero de ellos al cabdldo abierto decretado a raíz del 
arresto de Barreiro, <lioen efectivamente "que según se susurró des- 
pués**, existía el proi|)ófyto de "disponer que esta pla^a reconociera 
la dependencia de Buenos Airee e impedir con esto que las tropas 
portu^fuesae penetraran en la campaña^ y para calzarse el mando 
con este motivo los autores". 

El Cabildo se a¡presitró a tx>municar el grave suceso a Artigas. 
Pero debió hacerlo en forma vaga, píira que todo quotlara olvida<l<» 
f-egím resulta de este oficio del Jefe de los Orientales, datado el '.W 
de noviemibre de 1816, después de los glandes desastres miliíarefri 
que habían aniquilado í^iis ejércitos, pero no debilitado su respeto 
u la corporación representativa del pueblo: 

"No he recibido más que una comunicación de V. S. datada e! 
¡"í de septiembre y a ella contesté inmediatamente p<»r hu importan- 
cia. De6pu(''s no he tenido ninguna y no creo oportuno violontar 
de nuevo la artención de esa muy ilustre corporación, observando s \ 
profundo silencio s<»^)i\* la nn-olticióii Ao <-sii fimlad y -¡us fatnli-- 
consecuencias" . 

Artigus ordenn, la desociiDación de la plaza de Montevideo. 

Barroiro t-ii .Moni(.'vuiei» y Miarcz cu canipaña se entregaron con 
ardor a la organización de las milicias encarga<las de la defensa de 
la plaza . 

. I*ero ya ei"a tarde. Los invasores habían triiuifado en Santa Ana, 
San Bar ja, Ybiraocay, C^arumbé e India Muerte. Y Artigas, que 
í^ veía en la imiposibilidad de abandonar sos posiciones, so pena de 
eratireí?ar la cam.paña a los ejércitos de Curado y que tami>oco en- 
contraba en la pequeña guarnición de Montevideo base pera una 



MAXÜAL DE HISTORIA URUGUAYA 319 

defensa eík'az contra las fuorzas de Lecor que mai-chaban a foi-ma- 
lizar el siitio, escribió al Caibdldo: 

"Los poirtug-uiesies, según el orden de los sucesos y de ilos partos 
que se me han dado, se lanzaíi por mar y tierra a i-endir e^i plaza. 
Consultado por mi delegado si ella debe sostenei-se a todo trance 
según se lo tenía eneaxgado o s.i sería mejor desampararla', he re- 
suelto lo segundo, poi" no ser fláicil socorrer esa guarnición en razón 
de las ciivunsitaiiicias. . . La'f» divisiones que pudieran operar sobro 
esa ciudad se hallan en la frontera «iempr-e amenazada... Por ilo 
mismo he resuelto que toda la giuiarnieión salga afuera a obrar con 
el resto que hace la Tesistencia en la cam,pajaa, diebiéndose echar por 
tiei-ra los muros y ponei- en salvo todos los artículos y útiles de 
guerra para que esa ciudad no vuelva a sier el refugio de los per- 
versos y \los enemigos no «e gloríen de su con'ser\'aeión kí la suerte 
nos de¡para un momento favoi'aible". 

Respetuosio, invariablemente, del criterio del Cabildo, agregaba : 

"Sin embargo de lo expuesto, si V. S. halla posible y convenien- 
te el sostén de esa plaza mientras tentamos por acá la suei'te de las 
nirmas, V. S. puede probarlo. Deseo acertar con lo mejor y no 
quiei'o faltar en nada euian,do se traita de la salivación del país y 
de la confianza que él me ha depositado". 

Eran muy contumidemites las razones de Artigasi. No ha.bía ni 
batallones ni parques para resistir el empuje del ejéreito de tierra 
y de la escuadra que secundaba su acción; y el Cabildo juzgó tam- 
bién que era inevitable el desalojo. 

Lecor avanzaba lentamente sobre las muraiUas de Montevideo. 
ho?)tilizado noche y día ¡por las fuea-zas de Rivera y de Otorgues y 
de sus suíbalternos Juan Antonio Lavalleja y Manuel Oribe, desta- 
ciámdose entre los hechos de armas el combate de Pablo Páez, en 
que Otorgues destoarató uma columna, portuguesa. 

¿Qué hacían, entretanto, el Director Pueyrredón y el Congreso 
de Tucuinán'? 



CAPITULO XXVII 



Sn REANUDA I,A CONTI15NDA POLÍTICA , 

A TRAVISS DJeir PICATA 

La actitud del Director Pueyrredón. 

La conquisla había sido ij; romo vida y negociada por la diplo- 
uiacia argentina bajo los Directorioe; de Alvear, Alvarez y IJal- 
-oarce. El Congreso de Tucumán, por su iportc, hi^o de sej^ir la 
tramitaicióii diplomática y de colaborar en sus actos pr. i ' is 
con diversos actos de impoi"íancia, se babía esociacfo t lo 

a la obi*a mediante aquellos famos<is pliegos de instrucciones en que 
aceptaba xui monarca iportu$fués para regir los destinos del Río de 
la Pihia. y ordemilba que se previniera al general Leoor que todo 
«uanto hiciera o dijera el (Jobiemo Argentino contra la conquista 
<le la Pro\¡;icia Oriental resjx>ndía al projxjsiilo do evitar estallidos 
popiüai-es y de ninginia ainanera a senitim lentos de ¡protesta 
puewa. 

'Dentro de ese programa, los uüís enérgicos gesttis del Directorio 
y <lel Coní^reso, en el sentido de alzar v\ grito contra el invasor o 
de prometer rccui-sos a la Provincia Oriental, tenían que reduoiroe 
n simples actitmles teoti^alcs, y a eso quedaron reducidos, en efecto. 

Puej'iTedón llegó a Buenos Aires para haoeree carpo <lol gobier- 
no a fines de julio de 1816. Y en el aoto procuró tranquilizar ni 
jiuelblo que acababa de voltear a s>u antecesor Baloaroe y de obligar 
a la Comisión Ghiibcmativa que le reeraplasió interinannente, a en- 
viar a Artigas cien quintales de pólvom y trescientas monturas, po- 
bre au.xilio, sin duda., piero que resj^ondía a un \nbrante movimien- 
to popular del que mucho podía aguardai"se en el i.>or\-enir. 

El nuevo Diredor hizo efectivo ese envío, y escrübió cartas afec- 
tuosa» a Artiga» para obtener, como obtuvo, la libertad 4el gi^ne- 
i'al Viamonte y su estado mayor, aprisionados por las fuerza» arti- 
ííuistae de Santa Fe y conducidos ni cuartel general de Purificación. 

Twlo el Río de la Plata quedó convencido en los ])riniero8 nio- 



ilANUAL DE HISTORIA URUGUAYA 321 

JtíeiHOíj, de que con Pueyrredón se había operado uin cambio radical 
■en ía política argentina y de que era iiiminenite el envío de auxilios 
efica^ees a los orientales. 

Pero después de esos primeros» golpes de efooto. el nuevo Direc- 
tor se oruzó d¡e íbrazos, resuelto a no hacer nada, porque ya se con- 
sideraiba seg-uro en su puesto y la conquista portuguesa marchaba 
a paso de gigante. 

Tres meses llevaba ya en esa actitud de expeofcativia; tres meses 
largos* diu-anée los. cuales las fiuierzas de Artigas habían sido deiu-o- 
tadas •e>u Santa Ana, San Borja, Ybiraoeay y Carumbé; cuando el 
l)ueb(lo de Buenos Aires y los pueblos de las diemás provincias vol- 
\ieroii a agitaiise en .demanda de actos salvadores de la integridad 
.nacional . 



¡Saieii de Buenos Aires cuatro oficio¿ 



Pueyrred'ón resolvió entonces íii'mar cuatro oficios: uaio a Leeor, 
otro a Artigas, otro a Barreiro y otro al Caibildo de Montevideo. 

A I^cor, para hacerle satoer que "hi disidencia accidental en que 
quiera suponerse una y otra Baaida, no debilita el enlace oomiúaa de 
anibos pueblos para, la defensa de su libertad"; y exigirle a la vez 
(|ue "retrograde a sus límites". 

Era conductor del oficio el coronel don Nicolás de Vedia- 

A Artigas, para adj imitarle el oficio a Leeor, y expresarle su vivo 
anhelo a favor de "una reconciliación entre pueblos identificados 
con los principios y objetos de la Revolución de América". 

Al Cabildo, para decLiie que a causa del profundo siilencio en 
([ue se había mantenido Artigas, sólo había podido enterai"se de la 
invasión ¡portuguesa "por vías indirectas e ineficaces para fijar el 
juicio del Groibienio". 

Y a Barreiro, (para anunciarle el envío de eorndsionados al cam- 
paiinienío de Lecor y al camipament/O de Artigasu 

Al mismo tieimpo que lanizaba desde ¡su despacho eisos cuatro 
cohetes dte aa'tificio, colaboraba en el plan de ila conquista portugue- 
sa, tratando de arrancar a Santa Fe del Protectorado de Artigas. 

Haibían ya fracasado las resortes militara'^ con el desastre de los 
generales Viamonte y Díaz Vélez, y Pueyrredón i'esolvió r-ecurrir a 
la diplomacia. A fines de septiembre, refiriéndose a una fórmula 
(le concordia que estaba on tráínite, escribía al Gobernador Vera : 

"Me exltraña la indicación de que ell plan de estas transacciones 
exige que <no se le desagrade a don José Artigas, que tiene a ese 
pueblo bajo su protección. Yo es]pei"o que meditando usted seria 
e imípareialmente la naturaleza de las circuaistancias que nos ro- 
ja. DE U. U.— 21 



3!?2 EDUARDO ACEVEDO 

ili-;iii. inU'uit;;! «-mis t':irni(i m.' i[nv SI lifiii;>s (ir blisvaí" !.;i:i iilIei'Veil- 

rióii que dé sólidas {garantías a las transacciones i>endieii<tes, és<!i 
no piieíle ser otra que la del Soberano Conjrreso". 

Y a principios do noviemíbaie volvía a decir al Gobernador Vera : 

''No eobando de ver qué camino pueda adoptarse para reunir las 
circunstancias que V. S. descubre en la mediación del General 
Artigas, creo será lio mejor el que V. S. aittorice plenauHjnte a una 
persona que iposea toda su confianza y la despaelie a esta ciudad" 
para "acabar con la fuaiesta di\asión que arrastrairá al país al col- 
mo de los mayores sacrificios". 

Eso era lo práctico: aislar a Artigas, i^wira que los portugiíese."^ 
lo vencieran rnteis rápidaraiente! 

Volvamos a los oficios. 

El coronel Vedia fué al campainfun. ;. ijuu-u >.■ iiiium» a 

responder : 

"YIo continúo mif marcbas que sólo- puc'i isjKMididas p>r 

orden del Rey". 

*'Bn breve y de más cerca tendré mejor ooasi^ de poder mani- 
festar cuan de buena fe son mis operaciones Tnilitares" , 

Al caim>pamento de Aftigas no fué el comisionado. Pero el Jefe 
de los Orientales recibió noticias acerca de la misión del coronel 
Vedia al cajr^pamento de Leoor, por intermedio del Cabildo. \ l;i 
juzg:ó acertadamente en la forma que sulbsij^ie: 

"Este paso no basta a inspirarnos confianza, ni cx>lM>nestfl ¡ 
más las miras de aqviel Gobierno después que s.ipu que a '■- 
frontera ha sido invadida ha más de cuatro meses y él mantiene su 
comercio y rolacionos abiertas con Portuj^al. Por lo mismo, sea 
cual fuere la nilisión del dicho Vedia y sus resultados, no puedo, 
mientras, ser indiferente a la conducta criminal y reprensible del 
Gobierno de Buenos Aires. Por lo mismo lu* mandado tierrar los 
puertos y costas <a itoda comunicación con aquella Banda. Si esta 
medida no penetra en aquel Gobierno de nuestm indijoiación por 
su indiferencia y poca cscru'pulosidad en coadynvaír nuestro** es- 
fuerzos contra este extranjero sediento de ivuestra doaiinación, yo 
protesto no omitir diligencia hasta manifestar al mundo cnáero ini 
constancia y la iniquidad con que se propende a nuestro aniquila- 
miento" . 



La plaza de Montevideo pide auxilios a Buenos Aires. 

Pronto fueron puestas a pruel>a las protestas <le buena ;ur.:stan 
y de solidaridad repetidas por el Director Pueyrredón. 



MANUAL DE HISTORIA URUGUAYA 323 

Cuandio el ejército de Leeor y la eseuaidra que apoyaba ens mo- 
vimientos se dirigían a Montevideo que sólo disponía de 800 de- 
fensores y de murallas deeimaniteladas, Bai-reiro recabó aiixilios a. 
PueyíTedón. En su oficio de 30 de noviemíbre le decía: 

"Si la inv-asión de los portugueses en nuestro territario es uu 
motivo de alarmas que excite los esfuerzos de lasi Provincias Uni- 
das, estamos ya en circunstancias en que debe manifestarse de una 
manera efectiva. . . Si ha de ser preciso contrarrestarila alguna vez, 
¿por qué no se ha de creer más fácil hacerlo ahoira?... Sus auxi- 
lios remitidos aquí sin pérdida de instiantes llegaráin a tiempo opor- 
tuno . . . Cualesquiera que seaii los pactos que V . E . crea precisos 
al efecto, yo estoy pronto a sellarlos . . . Las diferencias que nos- 
han agitado anteriormente no deben conitribuii* a más que a liaeer- 
nos ahora más circunspectos, poniendo nuestros vei'daderas intere- 
ses en el debido punto de vista". 

Trató Pueyrredón de salir del atolladero mediante el proceso 
de recientes medidas de Artigas : la clausura de los puertos orien- 
tales la lias procedencias de Buenos Aires, ante la coin<niveneia clara 
y abierta con la conquista portuguesa; y el otorgamiento de paten- 
tes de corso por el jefe de las fuerzas artiguistas de la Colonia,, 
medida esta última que en concepto de Pueyrredón sólo podía ser 
autorizada pior los dos Gobiernos del Plata, es decir, Artigas que 
oomíbaitía contra los portugueses y el Directorio que los había lla- 
mado y que tratalba de auxilliarlos en toda forma! 

Obligaido luego a dar una contestación aoerea de losi auxilios pe- 
didos, llevó el deibate a un terreno en que él sahía, perfectamente 
que no había aonerdo posible con el Jefe de los Orientales. 

Dijo que los portugueses habían tomado como pretexto de la in- 
vasión la independencia en qme vivía la Provincia y que por lo tan- 
to lio primero que debían hacer los orientales era woonocer al Con- 
greso de Tueumán y al Direotorio de las Provincias Unidas. 

Anunciaba a la vez su propósito de remitir 600 fusiles, 500 sa- 
bles, 4 piezas de artillería y 200,000 cartuchos; o sea un pequeño 
lote del material transportado a, Buenos Aires dos añoi?: a-níes. Pero 
ese mismo pequeño lote de annamento "que se estaiba encajonando 
y aprestando", no podría ser enviado "con la ¡prontitud que deman- 
da.ba la inminencia del ¡peligro". 

Terminaba el Director diciendo a Barreiro que IMoníevideo no 
tenía Lsoíldados para sostenerse; "que los auxilios que se prepara- 
ban aiunoa podarían salvar la plaza amenazada de un poderoso 
ejército"; que el pedido de auxilios lo colocaba "en un verdadero 
peligro", desde que "si los manda van a ser presa del ejército in- 
vasor, y si 'no, queda en sospecha su interés por la salvación der 
ese pueblo". 



3?4 EDUARDO ACEVEDO 

"Fusiles, sables y cañones son instrumentos nulos cuaiido no hay 
brazos qite los manejen con destreza: 'jMtra contener ios suoesos que 
se precipitan, llagamos obrar la .política: este es el único arbitrio 
<iue nos queda, si no jjflra salvar infaliblemente la plaza, a lo mo- 
■•nas pavii intentarlo por los medios que están al arbitrio de nuestra 
HÍtiíaíiión". 

Pueyrredón exige el sometimiento incondicional de ia 
Provincia. 

.M it-:ii lii.s nj> MiK-ios SI* ci'n/.aban en el t-Muaiiii, «•! ♦«jt-icuo (io L>'- 
í-or .prose}?uía su movimiento de avance sobre la julaza y entonces 
resolvieron Barreiro y el Cabildo enviar en oomiMón ante el Direc- 
torio a las capitulares don Juan José Duran y don Juan Franicisco 
Giró "para transar cualesquiera desavenencias y tratar de los me- 
dios conducentes a la salvación de la patria" decía el mandato del 
Cabildo; y 'Spara que traten, estipulen y «invengan ct>n aquel 8u- 
pi*erao Oobierno cuanto concierna al mencionado obj«to y sus in- 
cidentes", ííecía el mandato de Barreira 

Partieron inmediatamente para Buenos Aires loe dos oomiaiona- 
dos y Pueyrredón ctMivoc/) una Junta extraordinaria de Notabl«>< 
para oir opiniones acerca de estos dos puntos: si debía enviai"se un 
agente diplomtiwtico a Río dé Janeiro para í>edir exT>licaciones ; si 
delyía declarante de inmediato la guerra al Brawl. 

EntiX) los consultados figuraba el ex Director don Ignacio Alva- 
rez, uno de los máí» acitivos '¡promotores de la invasión i>ortngnesa. 
Casi todt>s estu\neron de acuerdo en la necesidad do franquear aiuxi- 
lios a ilo« orientales. Pero en los demás puntos la diserepancia fu»'* 
grande: seis votos aceptaban dorecbameníe el «omlbramiento de un 
enviado diplomiático: cinco que la declaratoria do gneira corrospon- 
dúi prixTvtivamente al Congreso de TiícnunAn; cuatro que al Dii-cf- 
torlo con-espondía romper las hostilidades; y tres que la Provincia 
(Tnnental erra parte integrante de la Nación Argentina y que eso 
obligaba a ir n la guerra inmediatamente. 

Kaibíain quedado fnustrados los planes directoriales. Deí ambien- 
té de la Junta de Notables surgían tendencias y protestas contra U 
invasión 'portuguesa que no permitían al Gobierno oontiniMw de bra- 
zos cruzados. Era el ipueblo de Buenos Aires que acababa de actuar 
allí con una pre!=ióti extiraordinana a favor d<' Uis orientales. 

Pero Pueyrredón dcs\nó hábilmente el goJpe de niaza que se "ses- 
taba a la pdítica de connivencia con la Corte de Portugal. Recor- 
dando en esos momenitos. de verdadera crisis para su gobierno y 
Piara el Conarreso de Tucumrin. que toda la lincha con Ariigas gira- 



ilAXüAL DE JlISTOniA URUGUAYA 325 

ba en torno del programa político concretado en las lustrueeiones 
de 1813, pereiuidió a los eomisionados Duran y Giró de la ii«eesi- 
<l:wl de reconocer a las autoiidades .supremas de la, nación en la 
mismfa forma ineondioionail qaie ya haibía sido u'eohazaida expresa- 
mente por Artigas dinrante el segundo sitio de Montevideo y nos- 
leriovnienle 'b;ijo los gobiernos de Alveair y de Alvaaiez. 

Eil sabía que Artigas volvei'ía a exigir como base de i-eeonoci- 
n liento una oonstitueióin federal que asegurara las auton(«Tiías lo- 
cales. El sabía, ademiás, que Artigas no traicionaría nmioa a las 
Pi-ovincias de su Proiteetorado, ooino tendría que traicionai'las acep- 
tando el tutelaje de Buenos Aires. Y precisamente porque lo sabía 
es que exigió y obtuvo de los comisionado^;., a raíz de la -Tunta de 
Notables, la siguiente declaración : 

"Que el territorio de la Bunda Oriental del Río de ia Piala jurará 
iibediencia al Soberano Congreso y al Supremo Director del Estado 
Lii .la misma forma que las demias provincias: que igualmente jurará 
la independencia que el Soberano Congreso ha 'proclamado, enarb(J- 
lando el ipabellón de las Provincias Unida* y enviando inmediatamen- 
te a aquella augusta, Coi-poraeión tíos diputad'Ois que íssgún su po- 
blacióin le eoiTesponde . En eonsoouencia de esta estipulación, el 
Gobierno por su ipartie queda en facilitarle todos los auxilios que 
le sean dable® y necesite para su d'efensa". 

Mediaaito esta acta que Artigas tenía que rechazar porque imi¡)OT- 
taba el repudio de todo su soberbio programa político de reoj-gani- 
zación institucional del Río de la Pjlata y el someti'miento inco'ndi- 
cional a la misma oligarquía que había pactado la invasión portu- 
guesa, pwlía el Director lavarse las manos y acallar el clamoreo 
ipopular <|ue imipulsalba a la guerra. 

; í^ran, por lo menos, eficaces los auxilios que (cfrecía Pueyí'redón 
;i cambio de ese reconocimiento incondicional'? 

Dando cuenta del resultado de la Junta extauordinaria de No-^ 
lablet?, escribían los comisionados Diurán y Giró ¡vi Cabildo: 

l>as Provincias Unidas no harán declaración solemne de gueiTa; 
el Director eiwiará una emíjajada a la Corte de Portugal y otra, al 
ejército paa-a que suspenda sus marcihas; estando de hecho abieiio 
el estado de guerra mai'Charán en el aeto a Montevideo 300 solda- 
dos y 500 fusilles; el res-to del aiuxilio se dirigirtí a la Colonia. 

Al día 'siguiente, al adjunlaír el aota de ineoiiporaeióu, los comi- 
sionadí)is calculaban así las auxilios inimediatos: 200 quintales die 
p=(>Ivora, 1,000 fusiles, 8 cañones, 1,000 soldados, y vanas lanchas 
con destin*) a las familias que no estuvieran! dispuestas^ a sopiortar 
el sitio de la iTÍlaza . 

Lo f;nidamontal era la declaraieióii de a-uei'ra . Pero la guerra no 



325 EDUABDO ACEVEDO 

jKKlía ser declaratla al aliado, y .-.aoini-- .,f iui'olaua ui- iiii:i iulsjoh 
(liploiníática y de una exip<>dición auxiliadora que había el propó- 
sito de no reaüzar, y que i>or lo misino qued^ó siiboi'dinada a la ra- 
tiíicaeión del aeta por das anti>ridadt's oriéntalos. sal)i(':id<iS4> .m*» 
Artigas no la ratificaría. 

Barixíiix» y el Cabildo e.xiHiwinm que ellos iio iHxiían (ii>iK»iier 
tle la suerte de la Provincia, ni quitar n li>s pueblos el <lere;ho de 
<?stablecor las oondieiontv" de la incorporación. 

Saicando partido del incidente, Pueyrredóu reunió a sus Mi- 
lÚKtroe, don Vioente López, don Florencio Teri'ada y don José Do- 
jninfTo Trillo; les expuso que la diversidad de ojtLniones en el seno 
de la J'iuita de Notíibles hacía depender la declai-ación de giwn-a 
al Portufral de una votación del Congreso, y les pidió que dejaran 
constancia en acta certificada de esta protesta /pública y soloiune: 

"(Jiue él no respondía de los males que podían sobrevenir al or- 
«len y al Estado por la inacción eai que constituía i!a de<*isión ex]>re- 
sadu al Sufiirerao Glolbierno de su cargo, manifestando al mismo tiem- 
\>o que si no procedía jxír sí a declarar la guerra, era por reco- 
nocer que no estaba en sus facultades". 

Salta a los ojot* la futilidad del pretexto. Aún suponiendo que 
l^ara repeler una ajíresión armada tuviei'a necesidad de autoriza- 
ción, ¿por qué no recurría al Conjrr<<'> nn*- (•.»;!( ;nn;ilii ri,neionaiid<i 
íraiiquilomente en Tucimu'in? 

. Los dictiunenes de la Junta de Nulabl-'s lutíioi; c'U\ i.iiJi.».-, sin du- 
da aílguna, conlidenciahnonle a Tucumiám y como la grita contra la 
-oomiiveucia empezaba a caldear de nuevo la atmósfera, la Sobera- 
na Asi!m^bles\ anunció al IXrector el propósito de trasladar su sedo 
•♦le sesiones a Baen<v? Aires, y le adviHió expix^amente que mien- 
tras t«e traslado no se coivsumai'a le quedaba prohibido declarar 1« 
unerra a Portugal. 

riiímo lo hemos dicho nntoriomiente, el traslado empezó a meilia- 
\li>s de enero, en que fué clausurado al período de sesiones en Tu- 
eumsin y tenninó recién a mediados de aimyo, en que reahriéix)nse 
^!as sesiones ordinaria.** en la capital, después de cuatro lardos meses! 

Por su parte Pueynxídón. cei'ramlo la polémica con liarreiro y el 
Cdbáldo mediante el único auxilio que estaba dispuesto a prestar, 
vnvió a Rivera 300 monbiuas, 300 fusiles y 2 piezas de cami>aña. 

Barrciro reanuda inútilmente 3u ftestión. 

KrjM-aí^ada la misión de los señoi'vs Duran y Giró, envió Barrciro 
íi HueníK» Aiixsa, en busca de nuevas soluciones, a don Victorio Garcia 

j,. '/,',,;,.., V- /.-,> anunciaba pi> i.- .:/.< •, .n i,,.,! imv. i.i.. d vi.-iic 



MANUAL DE HISTORIA URUGUAYA 327 

de don Mar<?'t)'S Saloedo al cr.arlel general de Ai-tigas con las si- 
¿juienles bases de Pueyrredón : 

'"Paz entre una y otra Baiida ; comercio sin trabas ni interrup- 
ciones; reconocimiento de Santa Fe a este Gobierno, renunciando 
<lon José Artigas toda iDretensión sobre aquel pueblo ; devolución 
de prisioneros; y remisión de diputados con plenos poderes, así del 
general eomo de los pueblos, orientales, para ajustar un tratadit 
lirme y estable". 

Pi'^venia García de Zúñiga, en euaaito a auxilio de tropas, q'ue 
liaibía que renmiciar por el iBomento a toda esperanza, porque el 
Direotor decía, "que era preciso saber bajo órdenes de qué jefe 
irían", y en cuanto a declaración de guerra a los i^ortugueses, que 
se aguardaría la ideeisión del Congreso. 

El oíbjeto era, «orno se ve, sustraer ila Provincia de Santa Fe al 
l^oteetorado de Artigas, librando a la diplomacia, lo que no liabía 
iH>dido obtenerse ]^K>r las bayonetas. 

Todo lo demás se discutiría oportunamente, después que los ptn-- 
uigueses se adueñaran de la Provincia Oriental! 

Artigas rechaza la incorporación incondicional. 

Cuando se finuaba el acta de incorporación el 8 de diciembre y 
surgía el voto de protesta de Barreiro y el Cabildo, Artigas estaba 
peleando contra los portugueses a grandes distancias de Montevideo. 

Losi señoiies Duran y Giró resolvieron som^eterle la disidencia que 
acababa de iijrodueirse y para que su fallo fuera definitivo le ad- 
juntaran todos los antecedentes de la negociación. 

Ya liabían tenido lugar los desastres de Santa Ana, San Borja, 
Ybiraocay, Carumibé e India Muertn y e-talba en víspera de su- 
cuinil)ir la ])lazia de Montevideo. 

Pero Artigas mo desanayaba en ^^n noljle apostolado. Tenía .la 
obsesión del triunfo de su programa político de reorganización del 
Kío de la Plata, y cada derrota en vez de abatirlo parecía darle 
nuevos bríos gjara continuar su gigantesca luclia contra todos los 
des^Diotismos . 

Después do expresar a los coumsionados consaltantes que ni él 
mismo «podía disponer de la sueite de la Provincia sin pirevia con- 
sulta ail pueblo, fomaulaba el rechazo del aota de inconporacióai in- 
condicional en esta forma verdaderamente lapidaria por las an- 
gustias militai-es del momento y la obsecuencia inalterafile a las 
gloriosafi Instrucciones de 1813 : 

"El Jefe de los Orientales ha manifestíulo en todo tiempo que 
ama demasiado su Patria para sacrificar este rico patrimonio de 
los orientales al Ixajo precio de la necesidad"- 



328 EDUARDO ACKVEDO 

Artigas era el veixladero paladín <le la unióti naciojial de Unía!* 
las Provincias del Río de la Plata, |>ero de la unión nacional a bast* 
de instituciones, y no de dictaduras como las que ejercía la olijrar- 
quía de Buenos Aires, 

La aoeiptación del acta de incorporación inw»ndic¡ona¿ sifrniticniha 
la eiitregfa del país a K>s mismos que habían provocixlo y {)ac.tatl'» 
la conquista portugruesa.; el repudio absoluto de la idea i\$publieiuia 
y del ré^üíen federal; y ante todo y sobre todo el sacrilicio de l«>s 
más {rrandes principios inolíticos al éxito pre|K>tenle. 

De ahí esa cétóbre frase, la uu'ik julta, la unas patriótica, la dt- 
mayor temiple cívi<*<> i1«« indi Im lii-iorí;» il«> ^^^ Rinoim-i/in ;iiu»mí- 
cana! 



CAPITULO XXVIII 

I^OS PORTUGUESAS SB APODERAN Dii MONTEVIDEO 
PERO ARTIGAS CONTINUA SU GIGANTESCA I^UCHA 

Barreiro evacúa la plaza. 

Fracasadas la.s i^'estiones del Cabildo y de Barreiro para obtener 
auxilios de Buenos Aires, era forzoso que los 800 homüjres que cons- 
tituían la pequeña ijuarnieión de ]\íonte.video salieran a campafia 
].iara continuar da luchn en mejores condiciones de éxito. 

"El 18 de enero de 1817, dicen loa señoi'es Larrañaga y Guerra, 
liallámdose el ejército portugués sobre Pando, fué evacuada la plaza 
con el mayor orden, sin amden,te alguno ni de robo ni desgracia. 
Merecedor se hizo entonces Bari'eiro al reconocimiento público ijjor 
liaber ejecutado con tropas bisoña^i y en ocasicSn tan 'pelijíi'osa ilo 
que tal vez en Iniírcs semejantes na se í-()'isi<.'ii<' o.n^ troníos nco-;- 
tumlbradas a la nuU- severa disciplina". 

El Cabildo hace el proceso de Artigas y giorifica al con- 
quistador. 

Una vez evacuada la plaza, se reuniíS eil Cabildo para delibei'ar' . 
Asistían los señores .Juan de j\íedina, Felipe García, Agustín Es- 
trada, Lorenzo Justiniaiio Pérez, Jeróniímo Pío Bianqui. Faltaban 
los «mores Juan José Duran, Juan Francisco Giró, Joaípiín Suá- 
rez, Juan de León. José Triiipani y el Secretario Pedi-o María Ta- 
vey ro . 

fj!5iíaban en minoría, pues, los capitulares. Pei-o osa minoría, que 
haibía i'^suelto entenderse con el invasor, pasó a deliberar. 

Dijo el señor Pío Bianqui, q.ue "debían tomarse algunas medidas 
después del abandono de la plaza 'por ila fuerza armada que oprimía 
al vecindario" y que "libi'cs de aquella opresión l!>s capitulares se 
liallaban en el caso de declafrar y demostrar públicamente que la 
violenci:; había sido el motivo de toílerar y obe<leeer a Artigas'". 



■330 EDUARDO ACEVEDO 

Esas p;ilabras eondensaban el sentimieuio de la min.»' 
> c'OJisecuencia, fué sancionada la siguiente declai'ación : 

"Atonto u lialíer desaparecido el ticní.po en que la lepiiiH^'uUicioa 
<ltl Cahüd.i (í»taA):i ;iltrajada, sius vatos despreciados y estrechador^ 
íi obrar de la manera que la fuerza armada disjfwnía : vejados aún 
de la luismji soldadesca, y precisados a dar algunos ^>asOa que ea 
oti"a« circunstancias hubiei'an excusado, debían desplegar k» verda- 
deros seffiliniiontos de que estaban animados, pidiendo y admitiendo 
3a iiax>teceión de las armas de Su Majestad Fiflo1':<inin oiu- mar- 
«liaban liacia la plaza". 

D<js ctumisiones nombró eii el niiismo ai-H» i;i iiuni>ii;i ik-i t anun" 
]>ara entrevlstai"se con el general Lecor, jefe del ejército de tierra, 
y con el conde de Viana, jefe de la escuadra . Los comisionaílos 
eran los señores Lairañaga, Estrada. Viana y Pío Bianqui. 

El jefe de k expedición di¿ a dos comisionados aína copia de su 
7)roclan)a ; aceptó la jjropuesta (pie ellos le fornnilaban a favor del 
ínanlenimiciito del Cabildo; y les anticipó que tenía nii'.dia contianza 
en que los senitiniientos genen>si>s del monarca «segurarían a los 
orientales todas sus libertades. 

Con estas decflaraciones volvió a sesionar la minoría del Cabildo, 
] ar;» resolver, eonm efecHvamente lo hizo, que fuera ccitregada la 
ciudad, y "ee admitiese la ]>rotección que la bondad de Su Majes- 
tad Fidelísima ofrecía por niedio <lel ilustrísinu) general I^cor a 

ostots miserables países desolados por '•■ ••-••..,.-.. , i.-., ^i.i.. 

envueltos en espacio de tres años", 

(¿ueíló ri»s\ielto en esa misma sesión (pie al tlia si;;uitiiU' Siiidría 
"el Ayuntaanicnlo en ouea-po con ios «denuás tribunales hasta la 
puerta de la ciudad, donde haciendo eivtrega de las llaves el Sín- 
dico Procurador al expresado señor general, se le condujese bajo 
lialio H la Iglesia Matriz, donde se ontonasc un solemne tedeum 
<'n a(Uíi/)n df' gi-acias al TodojKuleroso ipor los beneficios que «i 
infinita misericordia se dignaba dispensarnos". 

El día 20 de enero se realizó la ceremonia die la entrega de la 
]daza. Txüoor jireguntó al Cabildo en el iwrtón de entrada si tenííi 
al;.'o qr.e pedir, y entonces ol Síndico Procurador señor Pío Bianqui 
''hizo plísente la necesidad de sofocar la exaltación de las pasiones 
que p«>r la divergencia de opiniones motivo de la guerra civil, había 
ocasionado varios insuMos dentro del mismio puobflo, pjvra lo que 
^>c.(\\ñ se toniíísen medidas serias que lo e\ntasen en lo sucesivo, ta«to 
jv>r la tras.-<i¡denri;i dUO cHo- tonínn. cnrinto por los/ -mnles que p<t- 
dían traer' 

"Segui-ílaiiuMiH" vv xiii:i'i.> ici L;<'iifi;.i l-i-;-ur) CU la forma acos- 
•tunil)rada. entre vivas v aclamaciones de goz^) que acreditaban los 



'MANUAL DK HISTORIA URUGUAYA 08 1 

-sentimientos públicos, a la Iglesia Matriz, desde da cual, después 
'leí tedeum se retiraron a las casas capóitularesi oon el mismo ajcom- 
i>añamÍ€uto y comitiva; tomó posesión de la ciudad; su» tropas 
<>cii,paron lus cuarteles y fortalezas de la plaza con el mayor orden 
V disciiplina; se enarboló el ipaibelUón de Su Maj&stad Fidelísinuí, 
(|ue Dios guarde, con salvas y repiques de campana". 

Todo esto consta en el libro de actas del Cabildo. 

Los señores Larrañaga y Guerra, que se incorporarotti a la admi- 
nistración portuguesa, liaiblan tamibién de las manifestaciones de 
regocijo. Véase en qué forma: 

''Entró solemaiemente a la plaza el General en Jefe barón de la 
lignina, en medio de da Municipialidad y bajo de palio, a la cabeza 
(le «u brillante ejército, dirigiéndose a la plaza mayor y a la samta 
Jgieüia ]\Iatriz, donde se cantó misa de gracias, finalizándose la fun- 
'dón con tedeum en medio de las aclamaciones y universal regocijo 
pirblico" , 

Entre aclamaciones e insultos. 

La actitud de la minoría del Calbildo había dado lugar, como se 
. e, a aclamaciones de gozo, pero a ila vez a manifestaciones vigo- 
rosas de protesta . 

Ha escrito ©n sus "Memorias" el almirante portugués Sena Pe- 
reira, testigo ipresencial de los sucesos que narra, qu« el día de la 
-entrada de las tropas de Leoor a Montevideo los españoles hicieron 
"mm dem'ostración de regocijo como indicando o ea'eyendo que las 
operaciones de nuestras fuerzas de mar y tierra no paisaban de 
auxiliares e iban a reivindicar los derechos de su soberano, recupe- 
rando sus pérdidas posesiones en la América del Sur'*. 

En Montevideo dominaíba absolutamente la población española y 
osa población estaba pei'snadida de que el triunfo (portugués signi- 
ficaba la vuelta al régimen colonial derrumbado. Tal es el oa'igen 
de lais aclamaciones de gozo. 

Ijos orientales, en cambio, ¡protestaban contra la minoría del Ca- 
bildo, y ide la energía de sus protestas da idea ila actitud del capi- 
tular Bianqui, en la ceremionia de la entrega de las llaves, cuando 
suplica a Lecor medidas severas contra la exaltación de las pasiones 
y especialmente contra los insultos del pueblo. 

En cuanto a la actitud ddl Cabildo, vale la pena de recordar 
que loe cinco capitulaires que atacaban a Artigas y bendecían a 
Leoor, eran los mismios que poco meses antes habían rediaotado y 
flrrtíndo la proclama que convocaba a las annas "contra la mise- 



*,-]32 EDUABDO ACEVEDO 

iifhle incursión de esclav<»s , ,v i'Cdiu .i n>^ wm-Muiii.-^ (im- r^ninMiin 
a íUistarsc, ip reviniéndoles cjue de ellos y nada msis que de ellos 
dqjHjndía «-f.ie el país fuei-a libre o fuera ese-lavo. 

Esa actitud, por otra paile, que tanto lian explotadti Ut» es<MÍl.> 
iva antiartijruietas, tenía ya notables ]xrece(TeiiteK en la historia de 
las Provincias l'nidas y seíruía íeniémlolos todavía. 

Hablando de la primera invasión injílct^a y de ;la lu^titud asumida 
IKu- la ix>blación de Buenos Aires, declara un testiiio tan autorizado 
como don Ignacio Niiñez, que "los inpleses individualmente, fueron 
distinguidfjs por las iprincipales familias de la ciudad y sus gene- 
rales ]>aseabíin de bi'acete en las calles con ilas Man-ó. <'ou las Escji- 
lada y Las Sannitea", y que los prelados de las conuiiiidatics reli- 
giosas halblaban así al general Bei-e&ford: 

"Aunque la ipArdida del gobierno en que so lia formado un [nu-iblo, 
ínxele ser una de sus mayores desgracias, también ha sido iraichas 
veces al jwimer pie de su gloria: no nos atrevemos a jxronostica r 
el destino de la nuesstra, i>ero sí a atsegurar (jue la suaviílad del 
Qobienio Inglés y las sublimes cualidades de V. E. nos consolarán 
011 lo que acAbamos de perdei*". 

Varios añívs imls tarde el Director Alvear ofrecía las Provincias 
Unidas a la corona inglesa y oríranizaba con ial iTi<.vf¡v(» luin misión 
diplonmírtica que ed general Mitre caHfic« de "núsión \ ergonzosa", 
aunque agregando que "no tenía en hu tiempo la misma gravedad. 
:itent<» el estado de desmoralización de la opinión pública y la cir- 
cunstancia de no habei'se deehirado aún la indei>endencin''. 

Pero revela la invariable orientación «le los hombrías dirigentes 
ol hecho de qué el Congreso de Tucimián, fresca aún la tinta de la 
dedlaratoiia de la independencia (9 de julio) autorizara a sus co- 
misíionados (4 de septiembre) ¡para aceptar del general Ix'cor el 
cstablecinueuilo de una monarquía ou Bner.ns Aires sobro la baso 
do la casa de Braganza . 

Si tales rRSOlucionCS l<>¡ii;i¡) i Ci Ml^ll>ln■<• riHi;¿n.-M>. i<-.i<>> mi («.m-- 

de la gueiTa y a los dos meses cscas<is de la jura de la indepeii- 
deneia nacional!, ;, l>or qn/í naponer que si la minoría del Cabildo, 
bajo la presión de las bayonetas de liCcor aceptaba el yug» portu- 
■ gucs y conducía al triunfador bojo palio, era en razón del odio que 
insiprraba Artigas? 

Las instrucciones de Lecor. 

KJ treneral Ixic^r traía un pliego do iiustruccioiics do la ('«mi.- mc 
Porfu>ral. (|ue jnwde reeumirse así: 



ai Ais- UAL DE HISTORIA URUGUAYA ooo 

Organizai' sobre la base del terriitorio uruguayo una capátauía de 
i a que sería Gobernador el ¡propio Leeor; prometer garantías a 
todos los ha-bitarit'es y la conservación de stv.s sueldos al Gobernador, 
oñciales y tropas de Mamtevideo, ei la plaza se entregaba sin resis- 
tencia; conservar al Cabildo, con sus atribuciones; ofrecer a Arti- 
gas una residencia en Río de Janeiro, con goce de sueldo de coronel 
de infantería; expresar al Golbierno de Buenos Aires que la expe- 
dición n(j pasaría a la otra margen del Río de la Plata. 

De acuerdo con estas instrucciones Lecor conservó al Cabildo y 
empezó a desarroillar un (plan de absorción que tuvo pleno éxito en 
la ciudad. Ija campaña, en cambio, seguía peleando incesantemente. 

El Cabildo se convierte en ejecutor de la conquista por- 
tal gfuesa. 

Pocos días después de instailado I^eeor en el Golbierno, resolvió 
el Cabildo comisionar ante la Corte de Río de Janeiro a los señores 
DáiUiaso LaiTañaga y Jerónimo Pío Bianqui pura expresar al Rey 
sus ag-radecimientos y ges'tionar la ineoiip oración de la Provincia 
Orieiit-al a la corona portuguesa. Resolvió a la vez destituir a los 
capitulares don Joaquín Suárez y don Samitiago Sierra, "que habían 
abandonado sus cai'gos concejiles volumtaria y m.aliciosamente", y 
¡neinitegi'ar en sus bancas a los señores Juan José Duná<n y Jua.n 
Francisco Giró, previa pirestación deil competente juramento de fide- 
lidad. 

Los señores Larrañaga y Bianqui sólo pudieron obtener en Río 
de Janeiro que Leoor fuera confirmiado en su empleo y algunos 
víveres para su formidable ejército que estaba rigurosamente sitiado 
]mv las fuerzas artiguistas. En cuanto a la incorporación de I'a 
l'rovincia Oriental, 'tenía que sufrir y sufrió el más absoluto fra- 
'Qaso en razón de que las grandes potencias europeas amenazaban a 
la (yorte iportuguesa con declararle la guerra si no devolvía a Bí^- 
paña su antigua coilonia de Montevideo. 

;, Con.seguíaise, por lo menos, con esas humillaciones, el respeto y 
Ja consideración del conquistador? 

Véaí?e lo que dice don Juan Manuel de la Sota, uno de los tes- 
tigos de la época: 

'^iran entonces repetidos los insultos y desaires que hacían los. 
MÍlciales de la, guardia principal del Cabildo, sometiendo a mil 
vejaciones a los vecinos de Montevideo y aún a sus ipropios capi- 
tulares, obligándolos para poder entrar a las oficinas, a hacer un 
<»írcuio alrededor de las arníuis, con sombrero en mano, negarse a 



n34 EDUARDO ACEVEDO 

dar auxilio para la encarcelación de personas y otros mil denuesto^ 
que forniaban un contraste con el título de Excelencia qne investía 
la oon>oración". 

Pero el Cabildo, lejos de interrumpir el cumiplimiento dal pro- 
gnuna de albsorción que lo trazara el conquistador, recaló a la 
Capitanía do Río Grande en 1819, con el pretexto de reunir fondos 
jmra construir un faro en la isla de Floroí^. las fortalezas de Santa 
Teresa y de San ^Hguel.. y una consideralde zoiin de fíTintorio a 
todo Áo largo de la línea fron-teriza! 

Prosigue Artigas su gigantesca lucha. 

Después de üius jrrande^? dís-astres de Santa Ana, San Borja. Ybi- 
raocay, Canimbé e India Muerta, y cwuido ya l^eeor niar<rhab«i 
sobre Montevideo, Artigas escribió al Cabildo : 

"Antes de veinte días creo que tendremos alin'm nuevo RHMu-uen- 
tro eon las divisiones portugíuesas que se hallan a nuestro frente. 
Si tonemios un resultado feliz, como lo espero, no dudo que mino- 
rarán muy en breve nuestras desgi*acias. De cuailquier modo, V, S. 
debe contar oon que mis esfuerzos serán siempre eficaces y sosieni- 
doe y que nuestra eanupaña se teñirál en sanare antes que el ]>or- 
tngués la domine''. 

El reencuentro se ipirodujo, efectivamente, <lentro del plazo que 
señalaba Artigas. Pero una vez más oon resultados desadtj'osos 
para el Jefe de los Orieivtales, en el Arapey, donde estnivo a pimío 
de caer prisionero y en el Catalán, la batalla más sangrienta de la 
camipaña, según al capitiám Moraes I^ara. 

Poto su fe en el triunfo final no decaía. 

"Sin embai'go de ser apurados los moroentoe". e^ruDia ;ii \xu- 
beniadin" Vera después de la batalla del Catakin, "tengo es|>enin- 
zas de ver recuperado el honor y la gloria de los libres. El ataque 
fué sangrientísimo y ya triunfaiíte al fin se decidió en contra. 
¡Cómo ha de ser! Redoblaremos ios trabajos; pero los tiranos no 
se gloriarán de nuestra dominación". 

Los ejércitos portu^fueses sitiados por los orientales. 

. l)e^;;;i:c> <ic lii \ ici<>i m tn-\ (^italáu, el ojérfito (¡lu- ii.iu.imi.i.,;,. i ,, 

marqués de Alégrete y el general Curado, se retiró a Río Grande, 
.*^?gún ya hemos dicho, sin atreverse a ipermanecer en el campo de 
batalla y mucho menos a seguir avanzando en territorio uruguayo. 
Y frente a él quedó Artigas con sus diezmadas pero bravns di\i- 
t iones. 



MANUAL DE HISTORIA URUGUAYA 3o5 

E'íi esoS' mismos momentos el ejército <le Lecor, dueño ya de Mou- 
tevideo, qnedaiba rigurosamente sitiado por las fuerzas de Barreiro, 
de Rivera, de Otorgues, de LavaMeja y de Bauza, que estaban en 
las proximidades de Montevideo o diseminadas en puntos estraté- 
gicos de la eamipiaña para impedir todo contacto entre los dos po- 
derosos ejércitos portugueses conquistadores de la vieitoria en siete 
batallas, pero inmovilizados en sus respectivos, campamentos, y sin. 
^:oder comibinar absolutamente ninguaia acción de cooijimto. 

En la "Memoria de los sucesos de anuas" que algunos historia- 
dores atribuyen a Rivera, y que con toda seguridad fr>é escrita 
|ior un testigo presencial, se estaibleee que el ejército de Leccr quedó 
durante tres meses encerrado en la ciudad, sin realizar salida alguna 
contra las fuerzas patriotas que ocupaban el Manga y el Peña rol, y 
que se ooraían hasta el Cerro para arrebatar las caballadas que 
allí tenían ilos invasores. 

Recién en los primeros días de julio, agrega ese testigo, realizó 
el barón de tía Laguna una primera salida hasta Toledo en busca 
de trigo y de miaíz, abñéndoise eanaino a través de las partidais que 
le disputaban el terreno palmo a palmo. Dos meses in¡ás tarde 
realizó luna segiuida expedición hasta Canelones al frente de 500 
hom'bres, hostigado incesantemente ipor los patriotas, a cuyo fremte 
estaba Rivera, que no le dieron descanso ni a la ida ni al regreso, 
y que aprovecharon esa misma opiortunidad para llevarse toda la 
ealbalilada concentrada en el Rincón del Cerro. 

Para defender sus medios de rntovilidad se vio obligado Lecor, 
dice la "Memoria" que extractamos, a construir una zanja o corta- 
dura desde la Barra del Santa Lucía hasta el Buceo, provista de 
reductos artillados con piezas de grueso calibre. 

Otro testigo presencial de los sueesos', el coronel Oálecíres, esta- 
blece en sus "OMemorias" que una división de 400 hombres, a cuyo 
frente esitaba Lavalleja, organizó un verdadero sitio en torno de 
' fontevideo ; que eil general Lecor salió al fin. con la mitad de su 
ejército en dirección a la Florida; que una columaia que se separó 
del grueso del ejército con ánimo de forrajear, fué dispersada por 
las guerrillas de Lavalleja; que entonces Lecor se puso en retirada 
y Barreiro marchó en su seguimiento con el grueso de las fuerzas, 
instalándose en el Paso de la Arena, desde cuyo punto estrechó 
rigurosamente el sitio de la plaza. 



.■;36 EDUARDO ACEVEDO 



Lecor lanza un decreto de exterminio contra los orientales. 

I^eoor intoutó vencer esta resistencia por medio del terror. De 
ahí su sensaeional decretó de marzo de 1817: los ¡prisioneros arti- 
jruistas serían considerados oomo salteadores de caminos y pertur- 
badores del sosi^o publico; sus estancias serían quemadas; y sus 
familias serían conducidas a bordo de la escuadra. 

Y Pueyrredón se ve obligado a protestar. 

La noticia de este báiibaro decreU» n.-u a líut-iu>> aiiv> jimia- 
mente con el parte de la ^^etoria de Oliacabueo, El pueblo de la 
capital!, cstiunulado por lui aconUíciraiento que exaltaba sa patrio- 
tismo hasta el delirio, volvió a exigir medidas contra los portogueses- 
Y el Director no tuvo nKús remedio que salir de su silencio. Diñgiú, 
pues, un mensaje al Congreso de Tucuntón, un mianiñesto al país 
y un oficio a Lecor. 

"Los edictos, decía en el mensaje al Congreso, vaii a priKlucir 
ou los pueblos el efecto de exaltar los clamores, ex|poniendo a vio- 
lentas convulsiones al Estado o extinguiendo su ardor patriótico toda 

\ez que j^or parte del Gobierno se note la menor apatía El 

noble oi^ulK) que se ha apoderado de todos los corazones después 
de la glüi-iosa jorniula de Ghacabuco, los ha heelio indóciles para 
contemiporizar con un extranjero que ejecuta hostilidades en el suelo 
]>atrio, que siibyuga a nuestros hermanos y profiere amenazas en 
iixingua <lel nomllH-e americano". 

l"'^na revolución contni las auU>ridad<*. coiistituMa.'í : ;tai era o! 
iomor que asaltaba a Pueyrredto! 

Véase ahora en qué forma hablaba al p;iis act'ica .i»- ay ct»uquisia 
liontuguesa: 

*'Mi tolerancia respecto de una medida venladeramente hostil no 
ha venido otro fundamento que la esperanza que se mo había ins- 
]ñrado de que ella era dirigida a la diolia y engrandecimiento del 
Kstado. Todos mis anlieúos habían «¡do ineficaces |)ara penetrar 
este misterio a que s>e vinculaba nuestra fortuna y nuestra gloria. 
]a necesidad de contemporizan con el espíritu público alarmado con 
injuriosas soríi|)echas contra la integridad de mis sentimientos, por 
instigaciones sediciasas. me obligó a dar ]>asos menos seguros para 
la consecución de ta» importante descubrimiento; sin eraíbargo, aun- 
que on medio de bastante oscuridad llegué a comprender que los fines 
-de la Corte vecina no eran compatibles con los de que se habían 



MAS UAL DE HISTORIA URUGUAYA óü i 

iieciío dignos los pueblos arg-entinos por su coiastaucia, valor y he- 
¡roico saerificio. Para poner término a tantas inoertidumibres, ne 
haílaiba en vísperas de partir un enviado extraordinario a Río de 
Janeiro" . 

■'Eu estas circunstancias recibo en la noche de ayer un edicto 
publicado el 15 de febrero ppdo. por el general Leeor, cuyo conte- 
nido causará espanto en todas las naciones civilizadas". 

Confesaba, ipues, el Director siu connivencia con los portugueses, 
avuique procuraba atenuarla "con el misterio" de la conquista, que 
no era tal misterio sino un hecho perfectamente conocido y hasta 
documentado en una abundantísima correspondencia diplomática en 
hi que habían intei-venido sus tres predecesores: Alvear, Alvai'ez y 
líailcaree. 

En el oficio a Leeor asumía Pueyrredón la defensa de los orien- 
tales. Era el medio de adormecer al pueblo de Buenos Aires., que 
sabía voltear Directorios antiartigiuistas. 

'•'V. E. (le decía) pretende tener derecho a ese territorio por la 
protección que dice dispensarle y sobre esta base onenta con el 
consentimiento de los puntos subyugados. Los bravos orientales se 
han proipuesto acreditar que las fuerzas de V. E. no son capaces 
de dispensar semejante protección, y a este efecto han emprendido 
sus hostilidades sobre esos mismos pueblos que V. E. confiesa man- 
tener en indefeccióii!, ail paso que pretende someterlos a su yugo. 
Para cubrir este vacío de poder, apela V. E. al extraño arbitrio 
de una mal entendida represialia., y al mucho más extraño proceder 
aún de declarar salteadores de caminos a los defensores de la li- 
bertad". 

"Aunque los orientales no fueran, como son, hermianosi, la sola 
razón de vecinos autorizaría a este Gobierno para interesar todo 
su ipoder en favor de ellos por la infracción de un derecho que 
corresponde vindicar a todos \los Eistados americanos indistintamente. 
Pero ya he repetido a V . E . que el territorio oriental; sustrayéndose 
a la dependencia de determinados gobierno», no ha pretendido rom- 
per los vínculos de una, unidad moral con los demás pueblos sus 
hermanos, con quienes protesta estrechar cada vez málsi sus relacio- 
nes". 

"Los orientales Siostienen su causa y la de los pueblosi occidenta- 
les a un mismo tiempo: así es que han sido y sierán constantemente 
auxiliados de esta capital hasta que V. E. desaloje al territorio 
de que se ha apoderado con violencia". 

Don Manual José García, el agente diplomático argentino que 
actuaba en la Corte de Río de Janeiro desde la éipoca de Alvear, y 
que había sido y eontinuaba siendo el confidente de todos los go- 

M. DK H. U.— 22 



ii'dS LDUARUO ACEVEDO 

beriiaiites ¿fe su país, tomó a lo serio las publicaeioneb de Pucy- 
ri'edóu y se apresuró a ciilmar así sua ímpetus: 

"Demos por supuesto que triunfamos de los portugu«ües, y que 
los obligamos a desalojai- la Banda Oñcntal... Entouoes el poder 
de Artigas aparecerá con mayor ímipetu y sarií irresistible. . . Enton- 
ces habremos gastado nuestras fuerzas, atrasado nuestras rela«ioue» 
exteriores y debilitado aiuestros ataques al enemigo oomún, no para 
reoobi-ar la Banda Oriental, siuo para robustecer a un monsínio 
que revolverá sus fuerzai* y desgarra-m la.s Provincias''. 

Estas idea.s del diplomsitico argentino que había i>actado la in- 
vasión portuguesa, eran las ideas de los Directores Alvcar, Alvarez. 
y Balcaree, y continuaban siendo las ded Director PucyiTedóu y del 
Congreso de Tucimián. rí'sueltos todo.s a majJtener la dictadura que 
ejercía la oligarquía de Buenos Aires sobre las demás proTÍiicias y 
a ownbatir oonx> una calamidad nacional el programa artignista 
condensado en las Instruceionee» de 1813. 

Estimulando el caos en el campo arti^^ta. 

T<Kla6 las protestas de Pueyiix?dón debían i>erderse y se perdiai> 
en el vacío, desde que sólo respondían al pla-n de impedir la insu- 
rrección nacional! encabezada por el propio /pueblo de Buenos Aires. 
En cauíibio, tenían pleno éxito las traíbcjos del Director para fa<n- 
litar la acción de los portuginesee. 

El Deán Fmies, testigo presencial de los sucesos que narra y 
setor en muchos de ellos, al referinse a esle mismo período liist-ó- 
rico de grandes reveses artiguisti» car el campo de batalla, y a la 
vez de energías inagotables de ilos orientaJea, se expresa en la forma 
que extraolamos a continuación: 

El sentimiento de la unión con Buenos Aires .se generalizaba. El 
Director, en vista de ello, mandó una partida de armaí^ a la Colonia 
y se ip'Uí»o el habla con Rivei'a, quien aceptó la metliación «¡empre 
que fuera ratificada por Artigas. El partido favorable a la unión 
conta;ba con Barreii^o, con Bauza y su Batallón de Libertos, e;>n ef 
comandante de artillería Ramos, con un cuerpo de cazadores y al- 
gunas milicias. Don Tomás García de Znñiga, fué nom5>ra<lo co- 
' mandante en jefe para entenderse co^ Buenos Airc^. r{iv<-i:i nidi»' 
entonces refuerzos a Artigas y triunfó de los demás. 

Tal es la declaración del Deán Funes, advereario «e(:(ii!u> «i»- 
Ajrtigas. Ella revela la existencia de una vasta conspiración de 
Pueyrredón encaminada a (producir la guerra civil en ci campo de 
W '^ripntales y a facilitar, en consecuenda, la conqnisí;; itDHin'iip- 



MANUAL DE HISTORIA URUGUAYA 33 í)' 

sa ; y de lUia conjuración que tuvo efectos, terribles para Artigas,, 
íuinque sin conducir al anonadamiento comipleto (jue perseguía el 
Directorio . 

Nos referimos a la desei'ción del Batallón de Libertosi, de que- 
era jefe el coronel Bauza, imo de los conjurados, segnin eil Deán 
Fimes. He aquí sus antecedentes: 

A mediados de mayo de 1817 bulbo una junta de jefes y oficiales 
en Santa Lucía Grande, "con el fin de deliberar lo miás análogo a 
los votos que hemos expresado por la unión de esta Provincia eon> 
las demás del continente americano". 

Así reza el encabezamiento del «cía en que los conjurados des- 
tituyen al comandante general de ila vanguardia don Fructuoso Ri- 
vera, ''por falta de la debida recipa'oeidad y confianza", y nombran' 
vn su lugar a don Tonifás G-areía de Zíiñig-a, "en quien concuri-en, 
¡vdemáis del sufragio general, las cualidades más recomeaida.bles" . 

Pocos meses después de esa junta de gnieira que concuerda per- 
fectamente 'Con loei trabajos de Pueyrredón a que hace referencia el 
Deáln Funes, el coronel Bauza se em'baTCaba para Buemosi Aires- 
con su Batallón de Libertos. 

El almirante Sena Pereyra que oomo/ndaba el buque encargado 
del transporte de la tropa a Buenos Aii'es, ha descrito así este epi- 
sodio de la. eoinnivencia del Directorio con la conquista porbugue.sa :■ 

De acuerdo con las comunicaciones entre el general Lecor y su 
asesor oficial don Nicolás Herrera con don Rufino Bauza y don* 
Manuel Oribe, el batallón de artillería, s;i tren, cañones y arma- 
mento, serían recibidos por eil ejército iportugués en día y hora, de- 
terminados y embarcados en seguida con destino a Buenos Aires 
bajo el compromiso de no pelear contra las armas imperiales. El 
batallón entró a Montevideo, y mientras se preparaba el emba.iTjue 
se trató de pei'soiadir a los jefes y oficiales de la conveniencia de 
quedarse en la plaza. 

"Pero la (pertinacia de don Manuel Oribe, mancebo de un carácter 
imperioso y ardiente, frustró todos los medios". Durante la tra- 
^■{ísía expjlicaron Bauzíá y Oribe su deserción en esta forma : 

"Que no queriendo sen'ir a las órdenes de un tirano qne vence- 
dor reduciría el país a la feroz barbarie, y vencido, lo abandonaría 
al extranjero, a lo que ellos ni ipatriota alguno debían sujetaree, 
echaron ma.no de un nltinao recurso que al mismo tiempo salvase 
su honor y su patriotismo". 

Ban'eiro quedó envuelto en líi coinjuraeión encabezada por don 
Tomás García de Ziiñiga, o por lo míenos fué arrestado y procesado- 
por orden de Artigas, según declara el coroneil Cáceres que inter- 
venía como Secretario en el proceso. 



340 EDUARDO ACE\'EDO 

A fines de fábirero de 1817 escribía Pueyrredón a San Martín: 

"De Artigas nada sé, sino qae estaba en el Hervidero haciendo 
nuevas reuniones para hacer sin duda nuevos sacrificios. Me estoy 
entendiendo con Frutos Rivera". 

Alj:funos meses después procuró entenderse también con Otorgues, 
ouien al principio cayó en la celaida, según lo revela este ¡párrafo 
de un oficio a Pueyn^ón, datado en agosto: 

"Por acal estián tomadas todas las medidas que faciliten el acier- 
to. El objeto es obligar a don José Artigas a que oiga el clamor 
generaü". 

lia deserción del Batallón de Libertos, único resultado práctico 
de estas maniobras, obtenido en octubie del mismo año, debilitó 
grandemente el sitio de Montevideo: eran 600 soldados veteranos, 
con el único tren de artillería que había podido oi^anizaír el exhaus- 
to parqiue artiguista- Pero no rompió la línea sitiadora, y como 
consecuencia de ello los dos grandes ejércitos portugueses que ac- 
tuaban en da fronlera y en Montevideo siguieron incomunicados, 
tan absolutamente incomunicados, que un año y medio después de 
la capitulación de Montevideo todavía el marqués de Alégrete y el 
general Curado ignoraban dónde estaba el ejército de Ijecor. 

Pueyrredón franquea a la escuadrilla portu£^esa la entra- 
da al río Uruguay. 

X<» pudiendo abrii-í»e paso í>or tierra, resolvió finalmente I^ecor 
or-rauizar una escuadrilla al mando de Sena Pereyra. 

Había q"e ¡pasar por el canal de Martín García y el oficial <!<> 
HTnrina Bwrrozo Pereyra se trasladó a Buenos Airee» en bn 
autorización, la que le foó concedida en el acto. 

"Bn las conferencias habidas con Barroco, parecía qne el Oobicr- 
¡riD de Buenos Aires marchaSxa de acuerdo con el tronoral I^ecor en 
todo lo que tenía relación con la destrucción de ArtÍLMs v iiii(«slra 
<>ci pación pacífica", dice el almirante Sena Perey 

Annquie Buenos Aires, agrega, juzgaba que Moimcvkicm lomiíi 
parte integrante de su territorio y destacó en diversas oport'nnda- 
des misiones a cargo dd coronel Vedia y de otras iiersonas, el 
hech(» es que siempre protestaron "los emisarios al generad I.<ecor 
y el mismo Director a Bam-ozo qup tal iproceder nada tenía do 
]>ositivo. siendo su único objNo tranquilizar n las Provincias del 
interior, inquietas por nuestra proximidad y ipor los continuados 
triunfos adquiridoí» por nuestras anwas". 

De esta forma especial de ila connivencia de PueyíTetlón con Locor. 
«staba instruido Artigas desde meses atrás por cuatro marinos por- 



«ANUAL DE HISTORIA URUGUAYA o4l 

titg-ueses aprisionados en la. eosta. del Sau Salvador, quienes decla- 
raron ante el Alcalde que del puerto de Montevideo habíaiu salidí) 
varias balandras armadas, i'umbo al Paraná, oon licencia expresa 
del Grobierno de Buenos Aii'es, y que al enfrentarse a Martín García 
el eomandante halbía pasado a euniplimientar a/1 jefe argentino que 
estaba allí de apostadero, reanudando en seguida el viaje río arriba. 
Así lo decía don Bonifacio Gadea a Artigas en otíeio datado eu 
septiembre de 1817. 

Gracias al Directorio, los dos ejércitos portugueses ' se po- 
nen al habla. 

Se^íún Sena Pereyra, en mayo de 1818 la escuatlrilla ywrtu- 
guesa remontó el río Uruguay "ipara abrir comunicaciones con el 
ejército del general Curado". Al llegar al paso de Vera hubo ne- 
cesidad de contestar eil eañoneo de una batería situada en la eosta. 
entrerriana, y poco después aipareció en la margen oriental una 
fuerza portuguesa al mando de Bentoisi Manuel, la cual cruzó el río, 
apresó las baterías y las embarcaciones que allí es.taban y regresó 
con maicho botín y bastantes prisioJieros . 

Hubo verdadero regocijo en el cuartel general de Curado, agrega, 
al tenerse noticia de la victoria de India Mnerta, de la capitulación 
de Montevideo y de la deserción del BataMón de artillería de Arti- 
gas, con su jefe Bauza a la cabeza. 

Cuando la escuadrilla estuvo de regreso en el puerto de JMonte- 
AÍdeo, termina, el almirante Sena Pereyra, y recibió Lecor noticias 
acerca del estado del ejército de Curado y de los prisioneros que 
había en su eamipamento, entre los cuales figuraba Liivalleja, "gran- 
de fué el regocijo público y un entusiasmo general se manifestó en 
todas las clases, formándose desde entonces una fuerte oipinión i)iara 
a,brirse luego la eamjpaña y acabar de una vez con el enemigo". 

De estos datos resulta que recién en ana,yo de 1818 supo Curado, 
))or boca de Sena Pereyra, el tiiunfo de India Muerta alcanzado por 
Leeor en noviemibre de 1816, y que hasta el momento en que Puey- 
rredón franqueó el canal de Martín García, a la escuadrilla portu- 
.guesia, Lecor en Montevideo y Cui'ado en la frontera, sólo eran 
dueños del ten'eno que miaterialmente pisaban, y que todo lo demáte" 
jjertenecía a ilos orientales! 



CAPITULO XXIX 

ARTIGAS VTJBI/VE A I,I,BVAR , 

I/A GUERRA A RIO GRANDE 

Y oraaalsa d Bi¿rcIto contra Buenos ñires 



Por qué los portugueses retrocedieron después de la bata- 
lla del Catalán. 

A pesar de sus victorias de Santa Aiia, San Borja, Ybiraocay, 
'Carumbé, India Muerta, Arapey y Catalán, los dos grandes ejér- 
citos poi*lugues«5 habían quedado, pues, inmovilizados en sus res- 
peotivos cuarteles y canupamentos de Montevideo y de la frontera. 
. El marqués de Alégrete. Gobernador de Río Grande y G^ueiul 
en Jefe de los (portugueses en <la batalla del Catalán, explicaba así 
«n no de marzo de 1817 al Ministro conde da Barca, d motiv.. de 
su retroceso a ia frontera a raíz de la victoria alcanzada : 

El ejéi>cito portugués empezó a seguir la misma dirección qxui 
llevaban los orientales derrotados, y eso obligó a Artigas a tran? 
portar a la costa argentina latí familias, las reservas de municiones, 
2o8 ganadob y las eaballadasi, "'quedando yo, eíitonees, persuadido 
de que el eiK'iiii-"''» "<> hh' ("siHM-jiría y qxw livaciiaría i>l lado oriental 
del Uruguay 

Pero al tcsveí- Mía do iiain-r apuiaiio l¡is niarciuus, lie;4:.uon noticias 
•<U' que los orientales habían jvcoiiquistado Snnta Teresii y (amto 
Largv> e intercepta<lo las <i*Mnunieaciones "entre esta Capitanía y 
todos los cuerpos al mando del teniente general Carlos Fcdorici» 
^oor, amenazando el imii>ortante ipunto de Bagó, 'm»! guarnecido'*. 

En vista de ello, concluye el nwrqnés de Alégrete, hubo una Junta 
de olícialee, y quedó resuelto la suspensión de la marcha. 

Habla el coronel Cáceres de la espantosa miseria en que vivían 
kis soldados orientales: 

"Sin embargo, estas hombros eran tan constantes y tan entusia-- 



MAÍÍUAL DE HISTORIA riíL'GUAYA ;)43 

tas que el que salvaba de tan frecuentes derrotas procuraba luego 
-a. Artigas para incorporarse y continuar en el senúcio". 

"En su tinánsito por Corrientts y Misiones salían los indios a 
pedirle la bendición y seguían con sus familias e hijos en i)roeesióu 
<letras de él, aibaiidonando sus hogares". 

Ta! ora la fuerza inmiensanDente- prestigiosa ante la que se inti- 
niidaba el vencedor del Catalátn. y que daba pie al mismo Artigas 
para decirle al Gobernador Yera, de Santa Fe, ail aeiisar recibo 
de algunos! iiltiles de guerra, en febrero de 1817 : 

"'Ellos tendrán el uso que corresponde desde que a pesar de los 
contrastes, nuestros esfuerzos serán siempre enérgicus y sostenidos. 
Vo me hallo con más de tras mil homíbres reunidos y no será taflt 
fá'Cil al enemigo adelantar sus iproyeetos impunemente. El toca 
la imposibilidad de nuestra obstinación y vigoi^osos encuentros. Teme 
<^on razón el furor de los hombres lilbres y al pasar la frontera debe 
r-reer ■sica nuestra resistencia más uniforme y empeñóse^". 

"La suerte nos ha diesairado. pero ella podrá cansarse de sernos 
ingraita". 

La cegunda/ coiitrainvasión de Artigas. 

Pero Artigas no se resigtuiba a. tener inmovilizados a los portu- 
gueses, ni tampoco aceptaba la guen-a de recureos, que era la ruina 
^xbsoluta de la cam)paña uruguaya. 

iEn mayo de 1819 resolvió, pues, i-epetir el plan de cüutrainvasión 
que lie había fracasado en .seiptiemfor© de 1816. Sin mayor éxito, 
desgraciadamente, porque de nuevo sus comunicaciones cayeron en 
manos del enemigo y de nuevo en vez de soirprender fué sorjíi-en- 
dido . 

Entre las comunicaciones secuestradas pívr los destíicamentos por- 
tugueses, figuraba un oficio en que Artigas anunciaba su raaix'ha 
a la frontera para entrar en Santa Ana al mismo tiemipo que An- 
dresifco |)enctraría en las Misiowes orientales. 

"Yo no ipienso descansar, decía Artigas a Andresiio. Si ellois 
.acudieran también a este punto en razón de híillai'se usted ya de 
este lado, no se alarme, que mis movimientos serán rápidos al mismo 
tiemiK» que usted ipenetra en los pueblos de arriba. TiO que inte- 
resa es que el teniente Caire apresure su entrada por el Itoicuy, a 
ver si logramos reimir las dos divisiones para niardiar si fueiu 
posible hasta Santa María. Para mí es indudable que si los por- 
tugueses so ven estrechados en su territorio, Curaido volverá al cou- 
iíinente". 



344 EDUARDO ÁCEVZDO 

Un ci*anista jwrtugués, el mayor Auj^nst» Fansto do Souzn, «Ios- 
oribe así la segainda con (i-a invasión : 

'"El «nevo plan «le Artigas inicia<lo ahora i ->, ,.,.~ o|x»ra<nonos 
de Andresito, era tan audaz y bien concebido como el anterior. An- 
«Irés ail invadir las -Miiiiones ;[;or el Norte atraería luwia ese lad«v 
las fuerza.s brasileñas y las iría enfcretenie:uIo con algiinas «ruerrj- 
Uas, a la vez que el caudillo con el grueso de la. división si,(niiend«> 
per la Sierra de San Martinho. iría a sorpreawler al jfwiernl Patricio 
Cámara en Santa María da Boca do Mont4?; y ^íor un ;^)!pe de- 
mano asolaría ei! Itío i'ardo. Caclmeira. Trumi)lio y proximidades 
de Porto Alegre; marcharía a reunirse al jefe Maiiuel ('airé, quien 
a esa feoha pasaría el Ibicuy; y ambos irían a incorporarse al ejér- 
cito de don José Artisras. entre Lunarejo y Santji Ana. a fin d<' caer 
sobro las tuerzas del «feneral Curado con grandes jiro])abilidades «I«^ 
t'xito" . 

"Por fortuna nuestra, habiendo el capitán Bentos (íonziiUv,. ;.. 
Silva batido y aprisionado el 6 de mayo al famoso coronel Otorgóles, 
sufrié) <aeri«is trastornos la «uT<'S|M>nde.ncia enti'e Jos «-audilUts, (|U0- 
(lando Andresito luejro de ociii[)a<l'«>s los puebl«<s de anñba indeciso 
acerca de lo que debía hacer". 

Como resultado del" secuestro de la correspondencia, Andi>psit*> fué 
batido iK>r los portujrueses. y luego apiñsionado. martirizado y re- 
mitido a iNia fortaleza de Río de Janeiro, ilomle tmiriú. 

"Yo vengo a amj)ai'an»s, yo vengo a 'buscaros porque eois mi.*? 
semejantes y hemianos. yo vengo a i*omper las cadenas de la tiranía 
il>ortugucsa, yo ven.iro, poi* ftn. a daros lo que los portugueses «is 
han quilatlo <le9d'e el año de ISOl por causa de las intritras «^pa- 
ñoías''. 

Tal era uno de los .pnrrafos de la ¡«'«M'lama de Andresito a lf)s 
pueblos de .Mi.«iones donde hail)ía llevado la simiente de la« los- 
trncciones de ISIX en la esperanza de oonstititir ima provincia 
autónoma, dentro de his Provincias Unidas del Río «le la Plata, 
con todf>s los indígenas diseminados a una y otra nvargen del río 
1 Uruguay. 

El último y glorioso esfuerzo. 

,1)06 de ^o&' gi-andes tenientes de -iViügas había siik» balidos en cT 
cursí) de esta segunda invasión y sufrían el nuirtirío en las cárceles 
portugueeas. 

Sólo quedaban fuerzas aislaíla» que, aunque toda^ ía oponían ba- 
rreras formidables al movimient/o «le los ejércitos portuguesee. duo- 
ñfjs ya de pueblos y zona*» in»fNirtant<*s. no ¡jn-rmitían tomar la «>feii 



irAXUAL BK KISTORIxV URUGUAYA 345 

siva y la ofensiva era la base predilecta de las operaciones aríi- 
guistaB. 

Otro jefe cnalquiera, el mtás gi'aude de su época, se hambría some- 
tido a la fata/lidad de los sucesos. 

Pero Artigas no ;podía sometei-s^e a la fatalidad de los ¿.uices-Js 
mientri-s estuviera rodeado de un centenar de hombres, porque tenía 
la obsesión de la victoria íinal, y jwrque como apóstol de un gran 
progi-ama político estaba resuelto a no arrollar su bandera . 

Su último esfuei'zo tenía que ser digno de la gigantesca iucba 
en que estaba coroipronietido contra la conquista portuguesa y contra 
las autoridades de Buenos Aires que habían provocado esa conquista 
y que ila ayudaban en toda forma. 

Resolvió, pues, organizar las fuerzas de las provincias argentinas 
de su Protectorado para voltear al Director Pueyrredón y al Con- 
gi'eso de Tuoumán, y reofi'ganizar los restos de las fuerzas orienta- 
les para llevar ;^oor tercera vez el teatro de la guerra a ten-itorio 
enemigo, doble plan qne respondía a una sola y excilusiva idea 
directriz, ila vieja idea directriz, causa de la lucha con Buenos Aires 
y de la eonquista portuguesa: la reorganización de las Provincias 
Fnidas del Río de la Plata a base de una carta federal calcada en 
el modelo de la constitución do 1:1^; Estado^ T'^nidos de Xorto Amé- 
rica . 

SigaTOos, pues, la evolución de esot? dos movimientos íinales que 
tan diverso éxito debían alcanzar: el triunfo deil federalismo en 
Buenas Aii'es, oon el derniím'be del Directorio y del Congreso de. 
Tucuraán. y la derrota de Artigas en su contienda contra los por- 
tugueses . 



CAPITULO XXX 



ARTIGAS ES DERROTADO POR I^OS PORTUGUESES 

PERO TRIUNFA EN BUENOS AIRES 

Artiga prepara el movimiento federal contra Buenos Aires. 

Desde fines de 1818 y en todo el coreo de 1819. procuró Artigas 
unificar las fuerzas de las Provincias de su Protectorado para lle- 
varlas sobixí Buenos Aires, considerando, y con razón, que el I)i- 
lectorio y el Congreso constituían el grande apoyo de loe porUi- 
.jrueses y a! único obsluifulo a la (ML-^aniz.uióii r(M>i'hlic;i¡..i (1<'I Tífi 
tle la Plata. 

Al Cahildo de Santa Fe le liat>lai):i ;usi vw i!<)\ uinnro (¡o ini> 
'de la acción conjunta de los Gobiernos de Buenos Aires y del Brasil: 

"Ellos han ajpurado sus i'ecursos {xira echar el íiltimo resto eobn- 
Santa Fe y los primeros ensayos en Frailo ^luerto han ínan¡ff'<'="l'i 
que el briillo del -poder se edipsa por el brillo de la ju5*ticia"" 

"Los iport-ugueses tienen ig^ual suerte en nuestra Provincia; .va 
no tratan de conqui«*tar siíio <le consen'arse ; su inacción es ijjrual 
on tod;tó partes. Han jí'anado las costas atríncherándixse". 

"En consecuencia, creo que es llegado el caso de correrse el velo 
> que los pueblos cumipflan con su deber. Sa«ta Fe ha dado un 
ojemiplo. El bastan^ para arrastrar iras de sí el entiLsiasnu» de 
loíí. d«más". 

"Roto ese extremo de la com'binación, ilos portugueses desmayarán 
en su eraip-resa". 

"En ufuión con Buenos Aire» no han ixKlido logi-ar su proyecto 
después de dos años y medio de guerra, ¿oórao potlrún asegimirlo 
f^o\(^, intimidados y cada día rtí&s débiles? 

"Píspero que V. S., animado de k» más generosos sentimientos 
on favor <le la Provincia y do la causa común, quiera elevarlos 
■ al contx'imiento de las demás". 

En una seguiula nota de febi*ero siguiente, expresaba Arti.ías al 



MANUAL DE HISTORIA URUGUAYA 347 

mismo Cabildo de Santa Fe que el año 181!) era el indicado paia 
deaeorxGr el vaío de la coíijuración trairijada por los doiS' Gobiernos, 
y agregaba refiriéndose a Buenos Aireas: 

"Ella se ha canstituído en arbitra de sí misma y de las deraá.s, 
abusando del nombre sagrado efe los pueblos, no para aliviar su 
opi^esión, sino para reagravarla". 

"V. S. 'Ufismo habrá oído diCeir que los ipueblos aún laboran en 
i^uoi-an<!Ía; que aún no tienen un juicio prematuro para sancionar 
sus derechos, ni la edad suficiente .para su emaiicipiación . Con que 
en suma, nuestra suerte sei'áí la de los africanos, que ipor su igno- 
rancia viven sujetos al pei'petua y duro yugo de la e&eilavitud". 

"Los pue<blos no tienen raáis derechos que los que quiere conceder- 
les Buenos Aires, ni otra enmaiicipación que estar bajo su tutek". 

"Para mí nada más lisonjero que los pueblos expresen su vo- 
luntad, pei'o no ipor los trámiteisi del Congreso de Tucumlán, cuyos 
resultados hace tresi años lloramos". 

En diciembre <d>e 1818 felicitaba al Gobernador López, de Santa 
Fe, por haber triunfado en Fraiile Muerte sobre las tropas que el 
Directorio había vuelto a lanzar contra e^sa provincia hei'oica, y 
•'gregaba eon relación al G-olbierno de Buenos Aires : 

''Muy lejos de atender a las incursiones del portugués, que atenta 
í^obre nuestra dignidad y derecho, se empeña solamente en destruir 
aquellos pueblo® que sostienen la patria con honor y derraman la 
sangre por verse libres de tii'anos. Sin duda es nuestro delito y 
él ha. avivado la expedición sobre Santa Pe". 

"Ija sangre americana ha sido derramada para sacudir el yugo 
infame del qpresor español, ¿oon qué derecho pretende ahora entre- 
garnos a manois del portugués?" 

"Este delito nacional ya no puede ocultarse: se ve precisado a 
la realización de su oomjpromiso: se halla en descubierto; y las 
provincias son el blanco con que pretende cubrirse: finge motivos, 
prepara expiediciones y muy lejos de alairmar al espíritu público 
eondra cjI portugué,s invasor, e^ todo su emipeño eompliear los mo- 
mentos y envolver las Provincias de la confederación en su ruina". 

"Por lo mismo, sea todo el emipeño de V. S. recordar a las Pro- 
vincias el deíber sagrado que les insta de ipersegaiir a sus opresorcis 
y no a sus hermanos. Ellas deben reconocer que habiendo sido 
violado® sus derechos y ilos de la nación, son los jueces para resi- 
denciar al Gobierno de Buenos Aires y Solberano Podetr Repíre- 
sentante". 

"Ya no es posible ocultar los hechos: ellos llevan estampados el 
sello de nuestra dignidad : reunamos nuestros esfuerzos hasta dar 
a la Patria un día de giloria y a las Provincias el goce de su 
libertad". 



3Í8 EDUARDO ACEVEDÜ 

■■\ . S.. aniínaUo de! niejür coló para el contrarreslo dt* tan ini- 
cuos opresores, uo debe iperdonar sa^iificio para adelantar un pa^» 
hacia los «pueblos heiinanos y convíKtímdoloH a una reunión {jeneral 
activar Ifiis intereses do la ¡ruerra ntntra la li:r.i de Buenos Aires y 
el Braail". 

En un nuevo oñcio al Gobernador de Sa..io i\. datado también 
en dieieuil>re de 1818, dalm Artigas inutrnceiones. pam ])romover el 
Jcvantaniiento de la campaña de Buenos Aires: 

"Deibe pei*seguirse a Baleai"e<í y su ej»''reiio devt>rador, hasta obli- 
gfanlo a salir de la jurisdicción de loe An'oyos; <le allí no deben 
])asar uuestras avanzadas; de allí sólo debe «.«timularsc la campaña 
de Buenos Aires y comprometer su veciiulario por la unión, csti- 
irtulándolo con mi proclamación", 

Y en otro anunciaba al Goliernador López el envío de tivjwii» 
para auxiliar a Santa Fe y también a Córdoba "con las instruceio- 
ues comipetentes para libertíir a esta Provincia de la dominación 
porteña y entusiasmarla diripriéndole mis proolamaciones" ; y con- 
cluía así: 

"No hay remedio, es llegíulo d día de c»>nfusióii ptu-a Buenos 
Aires y en que los pueblos deben ae^urai* su futuro desiino sobre 
la sólida baso de la inviolabilidad de sus derechos*'. 

El programa del movimiento federal. 

Estos ofícios, restos dispersos de \mn activísima correspondencia 
de Artipfas, desaparecida en írrau part^, denuncian lo.s >rrnndes linea- 
mientos del tplaii que trababa «1 l'rotc<-'«" ''•■ '"- i'....M..^ i .i....^ n 
fines de 1818 y tnrmienzos de 1819. 

Fomiulamlo el procest» de la olijr«ix|nia de Hiuud.s Aiu>, <U(¡;u ¡jiuc.s. 
que ella liabíu ali-aítlo a los portuu^ui*íc«; que l<«s ayudaba mediante 
el cx>nciui«!o de h)s ejércitos nacionales; que mantenía las Y>rovÍTicias 
bajo una fén^ea dictadura a título «le su ifrnomncia, que era también 
la razón en (pie se asentaba la trata de nenrog <lc África. 

Para contrarrestar esas dos í^ranfles c:»i'.ami(hulcH: la contpiista 
extranjei"!» y la eeclavit'nd intomia, priK'uraba .'Vrtijías ivnnir en 
una sola aspiración a todas las proviivcias, sin excluir I» campaña ck> 
Buenos Aires, y projK>nía (M>nio t'ónuula de ajn*^ipación de fuerzas 
un gran conarreso «pu* enlabiaría juicio de rcsponsabili<.l«<l al l)ir«M-- 
lor Pueyrredón y ni (.'ongríiso de Tucnnián, al (V>ns?reim de Tucii- 
uián "cuyos resultados haee tres añí»s Uoramos", e.xclamalm Artiga**, 
recaipitulaíido en esa frase ei! lar?;<) proceso |)arlamentario que eui- 
jieza con la conquista porlup-ucsa y que remala con el proyecto do- 
coronación del príncipe de Luca, enlazatlo con una pinncesa de la. 
mi.sma familia real couquistadora . 



MANUAL DE HISTORIA URUGUAYA 349 

Artigas da las últimas instrucciones a ca teniente Eamírez. 

El trabajo de reorganización de fuerzas contra el Directorio y el 
Congreso de Tucumán continuó durante todo el año 1819. 

En agosto ¡trasmitía Artigas al comandante Ramírez, el jefe de 
más alta jerarquía de la Provincia de Entre Ríos, varias info^rma- 
oiones procedentes de Buenos Aires, y le decía: 

"Yo no dudo que ail repaso de una fuerza al otro lado del Pa- 
raná, loa porteños se verán en conflicto, y por uno u otro medio 
seráin obligados a iHJmper esa liga vergonzosa con los portugueses". 

''Aseguirado ese ipiaso, los demás vendrán a su turno". 

'Tara realizarlo espero el contesto de Santa Fe... Yo por mo- 
mentos espero el contesto de Sotelo y marohar al Cambay". 

"De allí o de aquí avisaré inmediatamente lo precisio confoi-mc 
al pjau que de tengo 'Comunicado. No estará de más que usted 
vay;i. escribiendo por calballadas a algunos amigos de la otra banda 
del Paraná, y que se vaya alarmando la eamipaña, que es lo que 
más interesa tener siempre favorable y mirar a su veeindaiño con 
irj debida consideración". 



Cae Pueyrredón y ocupa su lugar Rcndeau. 

Pueyrredón, que debía estar al corriente del vasto pian de Av- 
tigas, resolvió eliminarse del escenario político, 

A mediados de 1819 renunció el cargo de Director de las Pro- 
vincias Unidas y fué reemiplazado por el general Rondeau, quien 
en el acto desipaclió em.isarios al oamipamento de Artigas, aparen- 
temente para gestionar su coneurso contra los españoles, pero en 
reailidad con el propósito de conjurar la tormienta interna próxima 
a desencadenarse. 

•'Empiece usted — contestó Artigas — a desmentir esas ideas mez- 
quinas de su predecesor y a inspirar la confianza pública: emipieee 
u.>led con el rompimiento eon ilos ¡portugueses y este piaso afianzani 
la seguridad de los otros". 

"Nuestra unión es el mejor escudo contra toda y cualquier especie 
de coalición". 

"Empécemeos por el que tenemos enfrente, y la expedición espa- 
ñola hallará en la ruina de los portugueses el mérito de su des- 
engaño". 



35o EDUARDO ACE\-EDO 



La conimivencia de Rondeau con los poilugueses. 

l^a declaración de guerra al Brasil: tai era la base indeelinable 
para Artigas, quien con razón juzgaba que sólo así podía ini^aree 
una reacción radical contra la política de que emanaban la con- 
quista, de la Pirovincia Oriental y el estado de pennanente guerra 
civil en las pírovincias de su Protectorado. 

Era albsurdo, en efecto, que se gestionara su concurso contra la 
exjpodición española, al miaño tiempo que se le remachaban los 
grillos de la conquista portuguesa. 

Cuando Artigas formulaba esa base única de pacificación, ya La- 
bia teniid<> amplia publicidad en el Río de la Plata un oficio de 
Rondeau a l^ecor i-ecabando el envío de tropas a la Provincia de 
Entre Ríos para actuar en combinación con las de San Martín que 
niaroharíain contra Santa Fe, atacándose así al artiguismo ramul- 
fáneamionte en sus dos principales focos de energía. 

Rondeau tachó de apócrifo ese docnmeoito datado el 2 <le febrero 
de 1819. Pero que era autentico resulta de otro oficio suyo a don 
Manuel José García, agente diplonoíático argentino ante la Corte de 
Río de Janeiro, del ' 31 de octubre del mismo íiiío. cuando ya las 
fuerzas de Artigas se ponían en marcha soibre Riicíhjs Aires, ilabin 
(le las vacilaciotties de Lecor para entrar con sus ejércitos en las 

l'jTOvincias argén' '■'■i-^, lím* fnltn (L» iii-;trii/'('i(iii(>s ilo sn f1<)T)i<>riii): 

y agrega: 

"Bajo este coutupiu es de ncfcsulad ab><j;uta <iue ti'iUc ^ . >. 
de obtener de cese gabinete óixlenes terminantes al barón, j^ana que 
cargue con .sus tropos y aún la escuadriWa sobre el Entre Ríos y el 
Paraná, y obre en oombinación con nuestras fuerzas, debiéndose sf 
guardar la condición precisa de que sólo hayan de ocupar aquellos 
puntos mientras este Oolbicmo se pone en aptitad de hacerlo, o más 
bien q;:e híibrún de dejarlos libres lucu^'o »iuc se les ])idan por el 
Go!)iemo" . 

San Martín y Belgrano ante el ejército artignista. 

Pero los aoontccimfient«5 apuraban; no era posible aguardar la 
repuesta de Río de Janeiro; y el Director Rooideau tuvo que echar 
mano de los ejércitos que comandabnn San Martín y Beügrano, las 
don figuras más grandes de la independencia argentina. 

El primero se (preparaba para libertar al Perú cuando recibió 
la orden de retrogradar a Buenos Aires. Pero lejos de cimiiplirla 



■MANUAL DE HISTORIA URUGUAYA 351 

pi*ü»ig'üió 1.1-aiiquild y resueltaiüieute su tarea., detsacatando al Mi- 
nistro de la GrueiTa, general Irigoyen. 

Sari' Martín explicó así su actitud, algunos meses después, al abrii' 
su giloiioea miaa-eha contra los españoles: 

"Comipajtriotas : Yo os dejo con el profundo sentimiento que cau- 
sa la perspectiva de vuestras desgTaeias: vosotix)s me habéis actri- 
joinado aún de no haber contribuido a aumentarlas, porque este 
liabiría sido el resultado si 3"o hubiera tomado una parte actiya en 
la gueiTa eonti'a los fedeiralistas ; mi ejército era el único que con- 
servaba su moral, y lo ex|ponía a perderla abriendo una campaña 
en que el ejemplo de la licemcia armase mis tropas contra el orden. 
En tail caso era preciso renunciar a la empresa de libertar el Peró, 
y suponiendo que la suerte de las armas rae hubiera sido favora- 
Ijle en la guerra civil, yo habría tenido que llorar la. victoria con 
los 3iiismos vencidos. No; el general San Martín jamás derramani 
la sangre de sus compatriotas, y sólo desenvainará la espada contra 
lo® enemigos de la independencia de América". 

Ya desde marzo de 1819, cuando las tropas de Santa Fe tenían 
que contrarrestar a lias de Buenos Aires, San Martín se había di- 
idgido a Artigas en iguales términos: 

"No puedo ni debo analizai* las causas de esta guea-ra entre her- 
rríanos amieri canos. 

"Peno sean cuales fueren las causas, ca'eo que debemos cortar 
toda diferencia y dedicarnos a la destrucción de nuestros crueles 
enemigos los españoles, quedándonos tiempo para transar nuestras 
desavenencias sin que haya, un tercero en discordia que pueda 
aprovecharse de estas críticas circunstancias". 

"Mi sable jamjás se sacará de ila vaina por opiniones políticas, 
como éstas no sean en favor de los españoles o sius dependencias". 
Belgra.no, en cambio, mucho más apegado a la disciplina miiUtar, 
acató la orden del G-obierno de Buenos Aires y se puso en marcha 
luicia el lea.tro de la guerra civil. Pero ¡cuántos sufrimientos mo- 
rales le esperaban! 

Sintetizando sus iraipresiones escribía al Dii-ector en abril de 
1819 : 

"Es urgente concluir esta desastrosa guerra de cualquier modo. 
Todo es desolación y miseria: las c"::sas abandonadas, las faniiilias 
fugitivas o arrastradas, los cam(pos desiertos de ganados y caballos, 
todo, en fin, invadido de hombres que se han destinado a una gue- 
rra de las más tenibles que pueden presentarse". 

"El ejército que mando no puede acabarla; es un imposible; po- 
drá contener de algún modo; pero poinerle fin, no lo alcanzo sinO' 
por un avenimiento". 



35J EDUAlíK) ACEVKÜO 

Ai aproximaise al Rosario pidió a! Grobieruo recimsos con des- 
lino a sus trapas que estaban desnudas y hambrieutiis, y «e piedido 
taai justo le valió un reppiK'lve que es todo un proceso de la políti- 
ca imperante. 

"Los orientales, decía el Gobierno, nos han liecho vent^ijosamon- 
te la {guerra, porque no pagan a sus tropas, ni satisfacen el pre- 
cio de los artículos que arrebatan para su subsistencia. Sin em- 
bargo, cuentan con los brazos de aquel tei'ritorio, a los rtro obliíran 
con el terrorismo a illenar su objeto". 

La réplica de Belgrano eonstituye el miejor elogio <i(.'i aniuniNiim: 

"Tampoco deben los orieíitales al tciTorl«:mo la gente que se les 
une, ni las vicboñas que los anaa'quistas han consoírnido contra las 
armns del orden. Aquélla se lies ha aumeníado y les sigue por la 
indisciplina de nuestras tropas y los excesos horrorosos que lian 
cometido haciendo odi<j&a hasta el nombre de la patria". 

Tuvo que dimitir Belgrano, a la mita<l de la jonuida, por el vmú 
estado de su salutl. Y gracias a ello, no presenció la sublevaciÓJi 
de BU ejército por causas que eü generai P:-' '"" <i'* '"s jefes del 
motín, explicó así: 

Que se culpaba a las autoridades de Biic-iio^. .Uic» do traición al 
país; de violar la Constitución que acababa de jurarse, y de pug- 
uar por la erección de una monarquía! 

£1 ejército artignista en marcha hacia Buenos Aires. 

De acueitio con el pian de iVrtigas, las fuerzas de Entre Bíoe y 
de Santa Fe pusiéronse en marelia sobre Buenos Aires en octubre 
do 1819, para derrumbar al Directorio y al Congreso de Tuoumun. 

La .piroclania del jefe entrerriano Ramiivz, teraúimba con luia 
incitación a sus compatiiotas "para arrojar del mando a los dés- 
potas, restablecer la igualdad civil entre los pueblos y ciudadanos, 
y fuertes en la unidad acabar con el amlbicioeo jK«*tugLiÓ8 y oon í<ís 
lestos de la impotencia española". 

El Gobernador López, de Santa Fe, invitaba «u su ¡proclama al 
pueblo de Córdoba a concurru* con sus hivestes guerreras al movi- 
miento, bajo la promesa de airancar esa Provincia de manos de sus 
opresores; y garantizaba a todos "los mó» felices resultados y la 
protección invencible del inmortal Artigiís. vvnce«lor de riesgos y 
minador de bases do toda tiranía y el liériH' (iiie cual olro Hércules 
diñdiría eon la espada sus siete cabezas". 

El ejército iba al mundo de Ramírez, por .su cali<ia(l do subalter- 
no directo de Artigas, como que en el lenguaje oficial de la íV|>ooa 
Entre Ríos, (/orrientes y Alisiones formaban parte imtegrante de la 
Banda Oriental. 



>IANUAL DE HISTORIA URUGUAYA 353 

Artigas reanuda su ofensiva contra los portugueses. 

Artigáis a su turno se puso en marcha hacia la frontera áe Río 
Gh-ande. intentando por tercera vez el traslado de la guerra a te- 
rritorio enemigo. 

A mediados de noviembre de 1819 exponía sus ideas y sus planes 
vn estos términos que extractamos del oficio dirigido al comandante 
de la derecha, don Felipe Duarte: 

Las tropas inactivas del cuartel general consumen mucho y arrui- 
nan a la Provincia. Al llevarlas a territorio portugués, se o'htiene 
!a doble ventaja de consumir ganados del enemigo y de obligar a 
Jos invasores a correr en defensa de sus proipios intereses. 

Todas las otras fuerzas deben mantenerse en sius puestos en ob- 
servación de lias divisiones portuguesas. 

"Es preciso que cada legua que avance el enemigo le cueste mu- 
cho trrjbajo y miueha sangre*^. 

'•usted es el encargado de ese punto y el solo responsable de las 
tiperaciones : estoy cierto que un em(}3eñ'0 común debe poner térmi- 
no a nuestras desgracias en este verano". 

AI miisnio tiemipo escribía al Cabildo de Canelones: 

"LfOs recursos ise consimaen; y el número de tropas que tengo re- 
unidas no es fácil sostenerlo sin mucho detrimento de los intereses 
mismos de la Provincia. Por \lo mismo he resuelto marchen estas 
tropas, dejando los demás puntos eulbiertos y fiados al desenspeño 
de los respectivos comandarates" . 

"Todos de acuerdo podemos dar un día grande a la patria y su- 
perar lasi dificultades que hasta hoy han hecho inútiles nuestros es- 
fuerzos" . 

Pero es nuevamente derrotado. 

Cuando Artigas resolvía así trasladar por tercera vez el teatro 
de la guerra a Río Grande, los dos grandes ejércitos portugueses 
sufrían los rigores de un verdadero sitio. 

Leoor i}>ermaneeía encerrado en Montevideo al abrigo de las for- 
talezas y de lia famiosa zanja que se extendía desde la barra del 
Santa Ijucía hasta el Buceo, con reductos artillado!?^ en toda su 
extensión . 

Y el general Curado, que había conseguido avanzar hasta el Rin- 
cón de Haedo, costeando el río Uruguay al amparo de los cañones 
de la escuadrilla de Sena Pereyra, no gozaba de mayores liberta- 

u. nn II. u.— 23 



354 EDUARW) ACEVEÜO 

des. Véase, efectivamente, lo que dice en su Memoria el almirante 
Senil Percira : 

"Fué el Rincón <ie Haedo convertido en un vesrdadcro punto mi- 
litar: se cen-ó la entrada con grandes úrboles; se abrió por un lado 
de ésta un ancho y profundo foso; y se levantó un earupamento 
rej^ular". 

Las eiroiinstancias parecían, pues, favorables para la coutraiu- 
vasión. Pero una vez mláfe la correspondencia de Artigas fué inter- 
ceptada poi' los destacamentos iportugueses, según se infiere de un 
oficio del conde de Figueira, Gobernador de Kío Grande, datado 
en diciemlbre de 1819, acerca del conocimiento anticipado que tuvo 
del avance de A.rtiga6 y de las medidas precauoionales que le fué 
dado adoptar para repeler él ataque. 

Marchaba, pues. Artigas, contra fuerzas que estaban sobreaviso y 
que di-sponían de toda suerte de elementos bélicos para combatirlo. 

Asimif^mo consiguió el 14 de diciembire de 1819 una sonada vic- 
toria contra las fuerzas de Abreu, la victoria de Ybirapuitán, en 
territorio [portugués; y con igual éxito atacó a los generales Abren 
y Oámara en el paso del Rosario y en el Ibicuy-Guazú. 

Pero niarcJió en ayuda de lo»* atacados el conde de Figueira y 
entonces se vio obligado Artigas a evacuar el territorio enemigo y 
a dirigirse a das nacientes del Tacuarembó, donde libró su última 
y sangrienta batalla el 22 de enero de 1820. 

Según el parle oficial <lel conde Figueira, el ejército de Artigas, 
J'r.erte de 2,.")(H) hombres, tuvo 800 muertos y I-*) heridos, despro- 
porción horribU> que denuncia, la veixiivdera carnicería n 'iiu- •<»■ en- 
tregaron los i)ortugueses en el campo de batalla- 
La campaña oriental se somete a los portugueses. 

Pocas seraenas. antes de la batalla de Taciwrembó el Caíbiido de 
Montevideo había iniciado y concluido (negociaciones para el some- 
timiento al dominio portugués de varios jefes, oficiales y soldados 
de las Ronas próxinms a la capital, bajo la promesa de conservar- 
les la oi-ganización que tenían. Toda la división de Canelones, con 
RiB» jefes y oftciales a la cabeza, coronel Candia, comandante del 
Pi>no, capit/in liópez y tenientes Bargueño, Figueredo y Casavalle. 
fué incoiiporada así al ejército portugués. 

Después de Tacuaremibó los comisionadlos del Cabildo gestionarofi 
y obtuvieron el sometimiento del coronel Fructuoso Ri^ •"•!• «i "*f.. 
de más valimiento que le quedaba a Artigas. 

A principios de marzo de 1820 anuncialba Rivera al Cabildo que 



majsla:^ i>k histokia uruguaya 355 

se ponía en marcha rumbo a Canelones para haoer efectivo sa coin- 
promiso . 

"Desde el 'momento en que determiné reconocer al gobiemuí de 
¿a capital como autoridad del país (decía), na4a mlás consulté que 
el aniquilamiento total ide la anarquía y el restablecimiento de la 
tranquilidad, creyendo siempre que el Excelentísimo Cabildo era el 
autor de tan grande y plausible empresa, inspirada sin duda yor 
los sentimientos más patrióticos". 

Expresó en otro oficio que durante el eumo del armisticio en que 
Hc estudiaban, con ila mediación del Cabildo, las proposiciones de- 
paz, hizo irrupción en su campamento una fuerza portuguesa al 
?nando de Beníos Maniuel para intimarle el reconocimiento del go- 
bierno de Lecor; y que aún cuando él habría «podido retirarse y eon^ 
linuar las hostilidades, no Iralbía querido hacerlo en el deseo de 
evitar los males que produciría la guerra. 

Según el almirante Sena Pereyra, cuando Artigas cruzó el Uru- 
guay después de Tacuarembó, Rivera, desacaitando la orden de in- 
corporarse a su jefe, se internó ail frente de 200 hombres en di- 
rección al Queguay; y en esas circunstancias marchó a su encuentro 
Bentos IManuel con ánimo de forzarlo a combatir o negociar, pu- 
diendo realizaree esto último con la mediación de don Julián Es- 
pinosa. 

El conde de Figueira, vencedor de Tacuarembó, establece tam- 
bién en su comunicaciones oficiales que Rivera desacató, según todas 
das probabilidades, la orden de Aríig'ais; licenció la mayor iparte dé 
sus tropas, y retrogradó al frente de una columna de cien hombres 
con ánimo de someterse, iporque de otro modo no habría hecho el 
licénciamiento. 

Afirma a su vez el coronel Cáceres que después del desastre de- 
Tacuarembó, Rivera se puso "en relación con los portugueses por 
conducto de don Francisco Joaquín Mnñoz y de Duran", y agrega: 

"Esta noticia hizo desesperar al General y resolvió abandonar el 
país, y es por e^to que hasta sus últimos momentos no quería oir 
hablar de don Frutos, pnos culpaba a éste porque su defección da- 
ba el triunfo a los portugueses". 

Durante la segunda pi-eíidencia de Rivera fué enviada al Para- 
guay una delegación militar con el encargo de gestionar la repa- 
triación de Artigas, y éste, sin abrir ni contestar los pliegos, reite- 
ró a las autoridades (paraguayas su deseo de morir eu el destierro. 

La forma de la, negativa parecería confirmar la versión del coroneF 
Cáceres. 



S56 EDUARDO ACEVEDO i 

El ejército artiguista voltea al Directorio y al Congreso 
de Tucumán. 

Ijis comunicaciones del conde Figueira a la Corte de Río de Ja- 
neiro fijan el 14 de febrero de 1820 como fecha efectiva de la eva- 
cuación del territorio oriental por Artigas y sus tropas. 

En esos rai&mos momentos las fuerzas artiffuist&s, a cuyo iienu- 
ibaai Ramírez y López, derrotaban a R-ondeau en la batailla de Ce- 
peda (1.° de febrero) y dirij^ían al Cabildo de Buenos Aires una 
nota y al piM'blo una .proclama exigiendo la disolución del Direc- 
torio y del Congreso de Tucumán y la organización de un gobierno 
que real y posiüviinvente emanase del safragio libre para pactar 
oon las deimí« provincias. 

Eran las dos únicas exigencias que formulaban 'los jefes vence- 
dores, fieles al programa de Artigas ya ejecutado a "■''' •'•' 'i-"-'-"!"- 
be de Alvear. 

Junlaincnte con esa nota al Caibildo. adjuntalba Ivamiroz uua 
eonmimatoria de Artigas al rrMTjii'sn «.o Tucurr.''in y ol rartc do la 
batalla de Ybirapuitán. 

En su conminatoria dauma ci 2< m- (iM-RMimif tu- lói:-, «ltr¡a .m- 
tigas al Congreso: 

"Merezca o no Vuestra Soberanía la confianza de los pueblos que 
representa, es al menos indudable que Vuestra Soberanía debe ce- 
lar los iniere^es de la nación. Esta representa contra la pérfida 
coalición de la Corte dal Brasil y la administración directorial, Ixk<» 
pu€ft;li>s revestidos de dignidad («tan alarmados p;)r la inseguridad 
de sus intereses y los de ila América. Vuestra Soberanía decida ccxi 
presteza. Yo por mi parte estoy resuelto a prot^per la justicia de 
aquellos wfiicrzos. I A sangre americaua en cuatro años ha corri- 
do .sin la niienor consideración: al presente Vuestra Soberanía debe 
ecoivouiizarla si no quiere ser rran<Mi;-able de su« rnn«(W<yiria-« 
ame la soberanía de los pueblos" 

I^i inmediata declaración de gm-na ai liraísil y v,i :-.i ntio.w ..i 
disolución lUal gobierno; tal era el dilenia de Artigas al C-ongres • 
de TnoumAu, del que éste se enteró en su sesión del 7 de febrero 
de 1820. 

Al atljnular el parte de la batalla de Ybirapuitán. decía Ramírez 
"al Cabildo: 

"lí<> recibido de S. E. el Protector de los Pueblos Libres, la eo- 
muniwtcióii que incluyo a V. E. Ojaló.' que los resultados eorre*!- 
pondan a nuestros deseos, poniendo pronto término n nim -Míen a 
«troz que va a sepultar n la na'^ión entre bits ruinas*'. 



MANUAL DE HISTORIA URUGUAYA .JOi 

''P'iieck' V. E. leer los .partes de aquel jefe inmortal para icr.cir 
líiia idea exacta, de los sucesos". 

El Congreso contestó al Cabildo, por cuyo intermedio había re- 
cibido la conminatoria de Artigas: 

''Que instruido del tenoi- de las eomiíinieíiciones de Ramírez y de- 
las contestaciones, tenía ihi satisfacción de declarar que ellas eran- 
conformes a sius sentimientos, así como las medidas de que se ocu- 
{)aba a consecuencia de la nota del Jefe de los Oiientales don José 
Artigas" . 

Y el Caíbildo .se dirigió a su vez a Artigas para adherir a la cam- 
paña contra el Directorio: 

"Coai efecto, este pueblo ha sido la primera víctima cjue ¿e ha 
sacrificado en el altar de la aroíbieión y la arbitrariedad, y al eo^n- 
curso funesto de tan fatailes causas es que debemos^ atribuir ese tro- 
pel de males y horrores civiles que nos han cercado por todas 
partes". 

Había llegado la hora del derrumbe. 

El ex Director Pueyrredón, acusado por el anatema popular co- 
mo colaborador principal de la conquisita portxiguesa y de la gue- 
rra civil, resolvió eludir eil veredicto que le estaba decretado y se 
presentó al Congreso ¡pidiendo venia para salir del país "de un 
modo decoroso, capaz de dejanne albiertaí^ las i)uerias para volver 
algún día a la patria". 

La resolución del Congreso de Tucumián encaminada, sin duda 
alguna, a aquietar al .país, tenía que defraudar y defraudó al soli- 
citante. Hela aquí: 

''Eil Congreso ha resuelto que conviene a la tranquilidad pública 
í-algan fuera del país el Ministro de Etetado en el Departamento de 
Gobierno, doctor Gregorio Tagle y el brigadier general don Juan 
Martín de Pueyrredón, hasta que mejoradas las circninetancias 
puedan o libremente restituirse al seno de .su hogar o iiesponder a 
rnríros cpie se les tenga que hacer". 

Hisco t.inlbién el Congreso un llamamiento a la patria. 

Pero la conminatoria de Artigas exigía mucho más que eiso. Y. 
vn consecuencia, el Cabildo de Buenos Aii'es. que se había encar- 
gado de su ejecución, exigió y obtuvo el 11 de febrero la renuncia 
del Director Rondean y la disolución del Congreso de Taicúmán, 
pxipidiendo con tal motivo un memoraible bando en que hacía cous- 
!ar su acatamiento a la idea, federal en esta forma: 

"Que habiendo los .poderes, públicos penetrádose de los deseovs 
tienerales de las provincias sobre las nuevas formas de asociación 
que apetecen, el Soberano Congreso ha casado y el Supremo Direc- 
tor ha dimitido en manos del Ayuntamiento el mando que le esta- 
ba cometido". 



í558 EDUARDO ACEVEDO 

Pocas semanas di'spués los miembros del Congreso eran encar- 
•celados por alta traición, iniciando el proceso el nuevo Gobernador 
do!i ilanuel de Sarratea con una proclama en que decía: 

•'El Gobierno se ha visto obligado a descargar contra e^tos cri- 
miiiales los primeros golj>es de su ipoder". 

Aesí concluyó el Congreso de Tucumán. Constituido on 181o awi- 
iro de un amlbiente monarquista y de perfecta solidaridad con la 
C(írto portuguesa sobre la base del sacrificio de la Provincia Orien- 
tal, deoTOtó lia indepiendencia, pero sin abandonar jamiás la idea de 
substituir el trono español ip»í>r otro trono que fué sucesivamente 
ofrecido a la csjsía, de Braganza y a varios Príncipes de Europa. 
Todavía al caer tenía entre manos el plan de coronación del girín- 
eñpe de Luca y de una princesa del Brasil!, tan arraijíadas y pei- 

Artigas era el jefe de la coalición triunfante. 

Son decisivos los documentos oficiales que acabanios de relacionar. 

Artigas era el organizador del mox-imiento de Santa Fe, Entre 
liíos. Corrientes y Misiones contra el Gobierno de Buenos Aires. 
A él correspondía el imipulso y a él correspondía la fórmula del 
niovimiento. Ijos generales Ramírez y Ixipez, que .marcbaban como 
tenientes suyos, lejos de ocultar su rango subíUterno lo denunciaban 
al i-eferirse al Protector de los Pueblos Libres, tratamiento que >e- 
guían (láJndole. Antes de hablar en nombre propio, da')V" ''•-■> > 
la conminatoria • de Artigas al Congreso de Tucumwn. 

Taiii'poco el (^^ongreso i>onía on duda la autoridad SiíjJioriui Uw 
^Vrtigjis. En su sesión del .3 de febrero, a raíz de la batalla de Ce- 
peda, sancionó este oficio al Directorio cuyos términos revelan que 

Kajnírez, General en Jefe del ejército, desajpar'"': •■ -* ^"* 

alxsorbido por Artiga* : 

"Exigiendo el actiial osta<lo crítico y peligroso del pam !.■*> hms 
eficaces y extraordinarias medidas, para .salvarlo de los inniinenies 
riesgos que lo amenazan y hacer cesar la ominosa guen*a con San- 
ta Fe y el Jefe de los Orientales, se autoriza, ete." 

uMlás expresivo todavía .se manifestó el Cabildo de Buenos Aires 
al reatíuiniir el goibierno de las Provincias Unidas .;)or la renuncia 
del Directorio y disolución del f'ongreso de TucuniAu. En su pro- 
clania del 11 de febrero invocaba: "el cúmulo de desgraciada» cir- 
cunstancias de las intestinas desavenencias con las Provincias her- 
manas limítrofes de la Banda Oriental y Santa Fe". 

Para a\ Cabildo, como para el Congreso, el territorio de Entro 
lííos fomir.ha pnrto Hr la Banda <»■•:.-<'■•' - ••■>•• '-^ > '"> l" Tn,.-,,.;,»- 



MANUAL DE HISTORIA URUGUAYA 359 

uaban a la par de Santa Fe y juzg'a.bau que el General «n Jefe del 
«ajéreito victorioso era un laero teniente de Artigaa 

Algunas semanas antes, cuando las ti'opas de Ramírez y López 
■;e ponían en marcha hacia Buenos Aires, el general Díaz Vélez 
•dirigió una circular en que pedía caballadas "para la campaña 
-contra Artigas y Santa Te"; y agregaba: 

"Artigas y sus secuaces no se han contentado con arruinar las 
hermioeas y ricas campañas de Entre Ríos y Banda Orientad". 

"Nuestro Gobierno Supremo quería hacer la paz... pero Arti- 
gas y sus secuaces de Santa Fe nada más quieren que destruir y 
^^iniquilarnos enteramente". 

Tal era el lenguaje corriente de la época: Artigas y Santa Fe, 
exvnsiderándose a Ramírez comió un simple sdbaltoruo, sin perso- 
nería lOTopia, a pesar de que la jefatui'a del ejército estaba en sus 
manos! 



La Victoria Política de Artigas. 

Fl derrmn'be del Directorio y del Congreso de Tuoumáii y la 
Tíieptación en principio del régimen federal por el Cabiüdo de Bue- 
nos Aires, habían sido, pues, la o>bra exclusiva de Artigas. Los do- 
.iiimentos oficiales hablaban tamibién de Santa Fe, porque jamás 
i)UÍs.() Buenos Aires involucrar esa Provincia en la zona artiguist^, 
;i ia par de Enti'e Ríos, Corrientes y Misiones. Pero como Santa 
Fe formaba parte del Protectorado de Artigas, la acción principal 

directriz correspondía siempre a éste, y así resulta de la 'proelaraa 
:!el Gobernador López al pueblo de Córdoba al emprender marcha 

i>brtí Buenos Aires. 

Demoraría todavía algún tiemipo la evolución de la idea artiguis- 
tn triunfainte en Cepeda, pero desde el día >de ese deiTimibe quo- 

1 i aban incorporadas a la vida política argentina aquellas soberbias 
instrucciones del año 1813 que Artigas dictara a los diputadlas 
o neníales que debían integrar la primera Asamblea Constituyente 
lie líus Provincias Unidas y que esa Asaimíblea se encargó de recha- 
zar con estrépito jjorque contrariaban las corrientes de la época, 
cargadas de monarquismo, de dictadura y de absoluto desconoci- 
miento de la» autonomías iprovinciales. 

Y de tal manera quedaban incorporadas a la [)olítica argentina, 
que la actual constitución nacional y las actuales constituciones 
provinciales de ese país .henn,ano siguen respondiendo tcxlnvía hoy 
-al modelo ai'tiguista, piidiendo decirse sin exageración alguna que 
todo lio bueno que ellas contienen está en germen en las Tnstruc- 



360 EDUARDO ACEVEDO 

ciones de 1813 y que los vacíos y defectos que la expeiiencia se- 
ñala en ellas tendrán que corregirse de acuerdo con las r^lab qm*- 
trazan esas mismas Instrucciones paixi asegurar la perfecta liber- 
tad de los pueblos y mantener a los gobiernos dentro de sus ve!- 
daderas órbitas de acción. 



Artigas traza el programa de la revolución triunfante en 
Cepeda. 

Kl derrumbe del andamiaje «iireoiorial se jirodujo. como hemos 
dicho, el 11 de febrero de 1820, veinte «lías despuéíj de la bataiüa 
de Tacuarembó. 

Eran imiy lentas las comunicaciones y a Buenos Aires sólo hii- 
bía lUegado hasta et-e momento el parte oficial de la batalla, de Ybi- 
rapuitán, que Ramírez se apresuró a trasmitir al (""abildo con x\n 
mensaje revelador del rango i^ubalterno que oeupalbtv con relación 
a Artiga», a quien seguía dando el tratamiento de "Su Excelencia 
el Protector de los Pueblos Libres". 

A los tres días del deirumibe directorial, Artigas se dirigí;i . 
rrientes, no en calidad de fugitivo, como lo presentan dos palles 
.portugueses, sino rebosante de bríos para reanudar la lucha contra 
los invasores y ajla vez dar fonma definitiva a la victoria política 
que sus tenie)ites acAbal)an de obtener en Buenos Aires. Para eso^ 
haibía dado órdenes a sus subalternos de «pie lo siguieran al cruzar 
el Uruguay, <fue algunos no acataron, como Rivera. 

Y en el acílo se puso al habln '"" ';'^ •v'ton<lades <le \í>í\i\¿< la> 
provincias de »u Protectorado. 

Al Cabildo de Santa Fe le decía ni lí) dv lebrer* relaeii»iu\nd<». 
sin duda, el desastre de Tacuarembó con fia victoria de ('epetla : 

"Parece que la suerte se ha empeñado en favorecemos en medio 
(le los contrastes y que In América serí libre en medio de Ins grande?? 
contradicciones" . 

*'Su(i;era<.la la barrera del poder directorial, ¿qué restará, pue-s, 
para sellar el mérito de nuestros afanes y que apai'ezca triunfante 
la libertad de la América? Nada, en mi concepto, 8Ín<> que las Pr-»- 
viiicias quieran realizanla", 
, "Por este deber oficio a todas informándolas en los principios 
(pie deben rejBrular nuestra conducta en lo sucesivo". 

"Todas deberán convenir en mío q\ie será el juroí-uraor y elemen- 
tal de nuestra libertad civil: que loe pueblos sean armados y g:i- 
rantidos en su segundad por sus propios esfuerzos". 



MANUAL DK HISTORIA URUGUAYA oül 

''De otro modo es difícil eutrav con Buenos Aires en avenimien- 
tos razonables, sin que luego se vean desmentidos los mejores es- 
fuerzos; yo por lo mismo permaneceré inexorable ail frente de las 
Provincias mientras no vea asegurado eso paso tan. necesaaio". 

A don Ricardo López, que estaba al frente de ilas fuerzas de 
Entre Ríos durante la ausencia de Ramíi^ez. le escribía el 20 del 
mismo mes : 

''Cuando repasé el Uruguay fué c(anpplido de mis enemigos. En 
mis anlerioi'es había prevenido a usted este caso próximo posible, 
y mi resolución de buscar homlbres libres para coadyuvar sus es- 
fuerzos. Este esi todo mi deseo, y por llenarlo no diide usted que 
estarán prontas mis tropas y las deníás que tengan las otras Pro- 
vincias de lia liga, luego que se presente algún enemigo". 

"Para mí este no es el mayor trabajo, sino los recursos de em 
mantenimiento. Yo no me atrevo a sacarlos del vecindario, si él 
voluntariamente no quiere prestarlos". 

"Yo esipero las contestaciones de Ramírez sobre mis liltimas ins- 
traicciones". 

"Si esta vez no terminan los males de un modo satisfactorio a 
las Provincias, tendremos que redoblar los trabajos". 

"Entretanto, he creído oportuno contestar a las insinuaciones de 
Córdoba ipor afirmar los intereses de la liga y oficiar igualmente a 
las otras provincias p^ira reconcentrarlas en los principios que de- 
ben entablarse". 

De estas piezas aisladas que conservan la< archivos argentinos, 
resultan observaciones muy importantes: 

Que Artigas haiblín. cruzado el Uruguay sim desaliento!?. Derro- 
tado en la batalla de Tacuarembó, volvía a la zona de sa. Proteeto- 
]ado eu busca de hombres libres para reanudar su gigantesca lu- 
cha. Lo único que le preocupaba era la falta de recursos, porque 
él no se atrevía a sacarlos f>or la fuerza. 

Que para los acuerdos que debían suscribirse con Buena< Aires, 
a raíz del derrumbe del poder directorial, él había enviado "ins- 
li-ucciones" a Ramírez y estnba eí;,nerando las respuestas de siu te- 
ñí ente. 

Que con el propósito de unifoniiar opiniones so había dirií>ido 
a las autoridades de !«u Protectorado, indicando comió base pi'cvia 
a todo otro paso, el reconocimiento por Buenos Aires del derecho 
<le lia» Proviiudas a organizar sus propios ejércitos. Artigas, que 
conservaba fresca la enseñanza de la crisis de 1815 en que sus 
fuerzas derrumibaron al Gobierno de Alvear sin otro resultado cjiíe 
c! de apurai" más aún los sufrimientos de las Provincias, veía en 
vsn- base previa el éxito de la obra de reorganización política del 
Río de la Plata. 



3^2 EDUARDO ACEVEDO 

Que no obstante saig continuados reveses militares en la Pi-ovin- 
^tia Orienta!, seguía en todo su apc^eo el prestigrio de! Protec- 
torado, como que hasta Córdoba, que sólo accidentalmeale se había 
íicogido a él en años anteriores, volvía resueltamente sus ojos a la 

W'^A l"t'(l<M:il . 

m trobernador Sarratea arma a Ramírez contra Artigas. 

I 'ero cuando Artigas se ocupaba así -de reunir gente y de armo- 
nizar opiiniones entre las Provincias y de enviar instrucciones al 
<*.Íército de Cepeda, era teatro Buenos Aires de una habilísima in- 
iriga encaminada a producir el derrumbe del Protectorado. 

Don .Manuel de Sarraíea liabía v>ido designadlo Gobernador de 
Buenos Aires por una junta de representantes del i)ueblo, a! 17 de 
febrero de 1820. 

Era el desorganizador del ejército del Ayuí, sediento de vengan- 
zas desde la época del segiuido sitio de Montevideo, en que fué de- 
;}>uesto y embarcado i>or sus propios subalternos a oonsecuen ■• ■ 
un ultimiilum; de Artigas. 

Habían tenido tiempo ác llei,'ar, por otra i)iarle, noíieias cirtaii>- 
taiiciadas acerca» de la batalla de Tacuarembó, de la incorpioracióin al 
dominio portugués de las fuerzas de Canalones, y soibre todo de la 
actitud de Rivera, el jefe de Tiayor volumen del ejército artij ' ' 

Soibraba ajnbiente para inflar el amor propio de los ge 
vk!torios<if5 ; probarles que ellos en ese momento eran más fiíeríen 
que su Protector; y que podían desbancarlo y ocupar el primer 
rango, sobre todo- si «1 Gobierno de Buenos Aires les daba soldados 
de línea, armamento y dinero para poner en pie de guerra . 
lra¡>as propias. 

F^ hecho es que el Gobernador Sarratea se trasladó al campa- 
mento del Pilar y allí redactó el 23 del mismo mes de febrero un 
Iratado de pacificación que fué ñrmado por Ramírez y López, cuya* 
dLsjxKvicionfí; ]>rincipalcs jmeden sintetizarse así : 

El régimen federal responde a un voto de totla la nación y ser;'v 
materia de las deliberaciones de una asamblea de diputados libre- 
mente elegidos; 

Ijos Gobiernos de Santa F«' y Entre Ríos recuerdan a Buen<»s 
Aires el estado difícil y peligroso en que se encuentra la Banda 
Oriontaí! y «speran que rc:mtirá au.xilios a esa Pi'ovincia aliada ; 

Se enNáarA nna copia del tratado al capitán general de la Ban- 
«la Gnontal don José Artigas, "para ffue siendo de su agrado enta- 
ble do nuevo la« relaciones que puedan conveniir a los intereses de 
la Provincia de «u mando, cuya incorporación a las demás federa - 
]r^ <io miraría como un dichoso acontecimiento". 



MANUAL DE HISTORIA URUGUAYA o63 

Tales eran ilas cláusulas esenciales del convenio público. Depo- 
-ütaban la simiente federal en Buenos Aires. Pero destruían el Pro- 
tectorado; arrancaban a Ramírez del rango subalterno en que se 
había mantenido invariablemente; eliminaban todo pedido de de- 
claración de guerra contra ol Brasil; y dejaban a Artigas absoluta- 
mente aislado, sin perjuicio de que si él encontraba de su agrado 
iodo ^o, entablara negociaciones ipor su cuenta! 

Hubo tardbién un convenio r^ervado del que se conocen elemeii- 
los incompletos o tmncois. 

En el libi'o de acuerdos del Cabildo de Buenos Aires, dejó cons- 
tancia Sarratea de un oficio de Ramírez sobre entrega a Entre Ríos 
de 500 fusiles y 500 sajbles. El general Mitre ha dicho que la cifra 
debe estar equivocada, puesto que cuando Ramírez exigía el cum- 
iJimiento de lo pactado, ya Sarratea había girado órdenes para la 
entrega de 800 fusiles y 800 eables. 

El tesoro y el parque de Buenos Aires debieron volcarse total- 
mente en el campamento del Pilar, para entusiasmar a los vence- 
dores de Cepeda. 

Lo demuestran dos documentos del Cabildo bonaerense. Uno de 
ellos es el bajndo de 28 de marzo de 1820 que imipone a cada ciu- 
dadano la obligación de presentarse con sus ipropias armas, "sien- 
do constante que el erario de la Provincia se hallaba completamen- 
te exhausto"; y el oti'o es la circular de 15 de julio del mismo año, 
en que se dice que ni el ti'atado de paz del Pilar con los Gobiernos 
de Santa Fe y Entre Ríos, "ni las posteriores generoi^LS demostra- 
ciones hechas con esos Gobiernos, franqueándoles con la mayoi' 
liberailidad gruesas cantidades de dinero, armamentasi costosos, ves- 
tuarios ,para tropaiS y otros auxilios de diverso género... haibíau 
sido motivo bastanite para aquietar y contener en los límites de la 
justicia y honestidad a Santa Fe". 

Do! concurso de tropas tío se tienen cifras, aunque sí datos que 
deinuestran que tampoco fué escatimado. 

Habla el general Lucio í.íansilla, ' comandante en esa época, de 
su intervención en las conferenciáis del Gobernador Sarratea oon 
los jefes del ejército federal: 

"Ramírez, especialmente, simipatizó conmigo, concediéndome ma- 
yor confianza en sus juicios persotnailes, miuy distintos de los de 
López y Carrera: ellos se pertenecían a sí mismos; no así Ramí- 
rez, que era subalterno de Artigas, edn más categoría que la de co- 
mandante del Arroyo de la China". 

"Ahora bien : en el tratado público y secreto que yo conocía se 
estipulaba: 1.° que Artigas ratificaría este tratado por lo que hacía 
•.a la Provincia Oriental .principalmente; 2.° que bahía de susipen- 



364 EDUARDO ac:evedo 

der hot>tili<lad€S contra las fuerzas brasileñas q\xc ocupaíbau ia Ban- 
da OrientaJ; 3.° que Buenos Aires entregaría a Ramírez una caí. 
lidad de dinero, un annainento conDik'to ¡ara l.dOO soldados y í- . 
oHeialidad'- . 

"En un momento de expansión y «•oiiiianza con iüuuirez. U- diji- 
()U€ juzgaba (jue Artigas no ratificaría el tratado, resen-undo 1m 
idea de que tampoco le daría un solo i>est) «i una tercerola. Ra- 
mírez me contestó que si Artigas no aceptaba lo hecho, lo pelearía 
y que si era de mi agrado me invitaba a la pelea. Eludí la reo- 
puesta y me retiré a la ciudad. Convoreé acerca de esto con el G»)- 
liernador SaiTatea y le manifesté la idea de aoom4)añar a Ramíi-ez 
con el fin de trabajar por el tratado, haciendo lo que conviniera se- 
jirún el caso se ¡presout jise . Sarratea aceptó y me dio una licencia 
temporal". 

Agregaremos que Mansilla partió con el ejército de Ramírez y 
que a la actuación de la tropa que é\ mandaba se debe la denx)ta ció 
Artigas en la Bajada del Paraná, de consecuencias abeo hitamente 
decisivas para el éxito de la campaíia emprendida a instancias de! 
írobernador Sarratea. 

No pueden ser niás significativas sus declaraciones en lo (fiie ata- 
ñe a la jorarnnín '!<■ Rnuiíri'/ \ i l:i< «•l.'r;sMl;i< si^i-ictns <1<'1 1iíiI;h1<» 

del Pilar. 

Kamírez iio Icnia per-^'iuMia piapía. Liw un simiílo suhaltfiMí») 
de Artigas, con el empleo efectivo de comaaidante del Arroyo de 
la (^ina; y en ese carácter .permanecía en su tienda de General 
en Jefe del ejército triunfador de Cepeda! 

Y en cuanto a -las cláusulas secretas, ellas imponían la cesación 
de la guerra contra h»! portugueses, y en cambio, la apertura de 
hostilidades contra Artiga-s a cuyo efecto se daba dinero, se daba 
armas y vestuarios, y se aeordaba licencia a un oficial, hahlándosc 
ya eii el campamento de la próxima pelea contra el Protector cotik» 
de una cosa llana y trillada en anteriores conversaciones. 

Un cambio bnisco y radical de orientación! Terminada la batalla 
de Cepeda empezó la pei'secución de las tropas directoriales. E! 
comandante Píriz se adelantó a cortar la retirada y a incendiHi 
el campo ipara hacer ni¿is apurada la situación do los fugitivos. 
Ramírez, que observaba el cuadro, despachó en el acto a su ayuda nti 
Bartolomé Hereñú, con esta orden : "Diga usted a Píriz y a los 
otroa jefes que se limiten a observar la retirada: esos infantes 'i(>- 
hacen falta para vencer a los portugueses". 

Tal es lia declaración que el propio don Bartolomé Hereñú lu/. • 
al historiador de Entro Rías, señor Ruiz Moreno. Y se comprend' 
que así pensara Ramírez. El movimiento contra Buenos Aires re- 



MANUAL DE HISTORIA URUGUAYA .']G5 

pondía al .propósito fundamental de provocar el ro.ii)|pimiento coa 
Portugal . 

Fué necesario todo el talento diplomático de Sarratea para des- 
viar las armas de Ramírez y de López del teatro en qae actuaban 
los portugueses y dirigirlas al teatro en que actuaba Artigas. 

Una página de la época, la "Relación de los sucesos de armas 
oourridois en la Provincia de Corrientes desde 1814 hasta 1821'' 
que el doctor Juan Puyol publicó en la "Revista del Río de la 
Plata", describe la llegada de Artigas a territorio correntino después 
de la batalla de Taouaremibó, y agrega: 

"Artigas contaba con la su'perioridad de ilas fuerzas de su teniente 
ti entrerriano general don Franeiseo Ramírez". 

"El general Ramírez ^áctorioso, entró a Buenos Aires más por las 
intrigas de los .partidarios de Artigas que por las armas, y a su 
regraso lo habilitan de una fuerte escuadra al mando del general 
Monteverde y bastante armamento de toda clase; llega a la capital 
dal Paraná, y se protnuneia contra Artigas". 

Comprueba, también, como ®e ve, el rango subailteruo de Ramírez 
V ineorpoi^a al material de guerra entregado :por el Gobernador Sa- 
rratea la escuadrilla de Bu-enos Aires. 

Artigas, vencido por Sarratea, se retira al Paraguay. 

Regi'csaba, pues, Ramírez, a su provincia natal en pleno tren de 
gu-crra: con el tratado del Pilar y el abundantísimo material bélico 
•que le había dado Sarratea para dar eficacia prtáctiea ai tratado. 

Apenas llegado a su destino, detuvo en la Bajada del Paraná 
lina partida de fusiles que Artigas despachaba con destino a Co- 
rrientes. 

Fué la serial del romjpimiento de las hostilidades. Desde su cam- 
pamento en territorio correntino Artigas increpó a Ramírez su con- 
ducta en esta foi"ma: 

"El objeto y los fines de la Convención del Pilar celebrada por 
V- S. sin mi autorización ni conoeimáento, no han sido otros que 
oomfabuilarse con los enemigos de los pueblos libres para destruir su 
obra y atacar al jefe supremo que ellos se han dado para que los 
l)>roteg̀se" . 

"No es menor crimen haber hecho ese vil. tratado, sin haber obli- 
gado a Buenos Aires a que declarasie la guerra a Portugual". 

La lucha se inií'ió con ventajas ipara Artigas, cuya¡s tropas triun- 
faron en los combates del Arroyo Grande y de las Guachas (junio 
■de 1820), pero la balanza se inclinó del ilado de Ramírez en el 



366 EDUARDO ACEVIUO 

combaie de la Bajadla del Paraná gri'acias al tren de artillería y af 
batallón de cívicos que comandaba MansiUa y desde ese momento 
Artigas no piído reaccionar y fué batido en todos loe encuentros. 

Casi al mismo tiemipo da escuadrilla entregada por Sarratea apre- 
saba en Corrientes el material flotante del artiguismo . 

Y Artigas, profundamente decepcionado, se aproximió entouoee a 
la frontera paraguaya, y previa autorización del dictador Franoia.. 
la cruzó el 23 de septi(^nbre de 1820, desaparecdeado })ara siemipre 
del escenario del Río de la Plata. 



CAPITULO XXXI 



R]eCAPITUI,ANDO. I, A OBRA EFECTIVA 

DE ARTIGAS EN El/ RIO DE I^A PLATA 



Puntos de vista fundamentales. 

De cinco punios <Ie vi:?(a fundamentales cabe encarar al personaje 
que en esa forma desaparecía >para sienuptre del escenario del Kío 
de Ja Plata: 

Como apóstol de la idea republicana, en lucha contra la oiien- 
1 ación monárquica de sus contemporáneos; 

Como propagan dista incansable de la soberanía popular, contra 
la doctrina prevalente de las facultades omnímodas de los gobiernos; 

Comió promotor único de la organización federail del antiguo Vi- 
rreinato del Río de la Plata, contra la absorbente oligarquía que 
desde la ciudad de Buenos Aires pretendía monopolizar todos los 
resortes gubernativos de las Provincias; 

Como fundador de pueblos, a base de legendarias altiveces de 
eonducta y de ineomij)arables sacrificios cívicos por el bienestar 
ííonerail permanente, cantra la tendencia de sus contemiporáneos a 
doblegarse a las tutelas extranjeras en holocausto a la tranquilidad 
del momento; 

Y finalmente, como (portaestandarte de las ideas de humanidad 
y de orden, euaTido la bandera de sangre y de violencias reoorría 
li'innfante y llena de .iiresligins el vasto escenario de la América. 

Ffl republicanismo de Artigas. 

I!)atido forma definitiva a sus ideas políticas, .prevenía Artigan 
en las Instrucciones a ios diputados orientales que debían incor- 
jyorarse al congreso argentino del año 1813, que "la Constitución 
garantiría a las Provincias Unidas ima forma de gobierno republi- 
cano que asegurase a cada una de ellas de las violencias donaésticas. 
usurpación de sus derechos, libertad y seguridad de su soberanía,,, 
que con b fíiorz;'! nnnada in;ío-:^" •" •^l-rmia de ellas". 



36i^ r;!>r'Ai;r.r) Ari-n-i nn 

l'ii año autcs de la IvjvoUicióii , habían tratado los jmx'ercs 
'<\e Mayo, con Aloreno, Ba'grano y Saavedra a la ca-beza, de alzar 
un trono eu Buenos Aires, y si el plan fracasó no fué por falta 
de empeño de sus (promotores, sino por efecto de compJicacioneá 
í>olíticaíi y diplonaátieas que obstaculizaron el viaje de ila princesa 
Carlota. Y la idea surgida así en la vípera de la Revolución, 
estaba tan profundamente arraigada, que a raíz de la declaratoria 
de la independencia no vacilaba el Congreso de Tucunuán en ofre- 
<íer reiteradamente el mismo trono a la dinastía de Braganza. 

"Exigir que hombres tan cabalmente instruidos y tan capaces 
como Jos hombres de la Revolución, ha dicho el doctor López, pen- 
saran y creyeran qiie era repúíbliea y forma deíinitiva de su go- 
bierno aquel movimiento descabellado y sin freno que los llevaba 
arrebatados en alas del tiempo, sería precisamente negarles las vir- 
tudes, la provisión y la actitud con que trataban de sailvar la Pa- 
tria de acuerdo con los elementos de orden científico que imperaban 
en x'i tiemipo. Y que busícaram una monarquía constitucional y par- 
lamentaria como tórmino de su tribulación, no j)uede hact'i-seles 
cargo ninguno; porque, ademfc'ts de que eso era eminentemente pa- 
triótico on sn tiempo, aunque hoy nos aparezca como ilusorio, 
ellos, aunqne arrastrados por esa ilusión, no economizaron tampoco 
los ddborcs m las esfuerzos que les imponía la salvación de la 
Patria". 

"La i)arte ilustrada, agrega el general ^litre, carecía de expe- 
riencia y tenía ideas muy incompletas sobre derecho público, no 
habiéndose i>opularizado aíin las instituciones de la república norte- 
americana. Educados bajo el régimen monárquico, sin niAs leccio- 
nes que las que ilé suministraba la Europa, y viendo triunfante por 
todos lado.s la causa de los reyes, la mayoría de los hombres ilus- 
trados de aquel tiempo era momarquista, algnnos ipor elección, otras 
l>orque la creían la única organización posible, y los más porque 
la consideraban indispensalble para asegurar la independencia y dar 
estabilidad al gobierno". 

Tal es la causa fnndamental de la gran lucha que tiene por teatro 
rl Río de la Plata desde los albores de la Revohición hasta 1820. 

Todos las hombres de }>ensamicnto y de acción del escenario ar- 
gentino estaban encnu7.ados on la corrieníte monárquica. 

Sólo Artigas tenía fe en la república. Hasta en i'a tribuna del 
rntr/rf^-o Norteamericano de 1818. podía resonar sin rectificaciones 
la voz del que lo proclamaba el wiico remnlblicano verdadero del 
Río de la Plata. Ya en esa époc.n Artlira* hnhía hecho fracasar 
ol plan de anexión de las Provincias Unidas a la Corona inglesa. 
ihrn M Pr ' • \'' r'ontinuad'> •^" ^f;-';>^l••'> n-nv'., ■< 



-MANUAL DE HISTORIA URUGUAYA o 69 

favor de la Corona portuguesa eoljre la base de la oonqniista de 
Ja l'rovineia Oriental. Dos años después de extinguido el eco de 
los debates Jiorteamericanos. cuando el movimiento artiguista de 
1820 derruTrtbaba el andamiaje monárquico del Congreso de Tucu- 
juán y de los Directorios de Pueyrredón y Rondeau, se daban las 
últimas instrucciones para el ooronamiento del príncipe de Luca 
en el Río de la Plata, y la diplomacia argentina apuraba sus recur- 
sos para que los ejércitos francesas dieran estabilidad a ese nuevo 
trono qae debía quedar enlazado con la dinaeitía de Braganza. 

La influencia artiguista era absoluta en cinco provincias argen- 
tinas (la Banda Oriental, Entre Ríos, Corrientes, Misiones y 
Santa Fe), que eran también, con la sola excepción de Buenos 
Aires, las provincias de mayor empuje cívico y militar; y actuaba 
poderosamente en otras que. como Córdoba, se acogían a su altruista 
Protectorado en momentos de crisis. De ahí la gran fuerza de 
Artigas, constituida, puede decirse, por casi toda la masa viril de 
las Provinciais Unidas, a la que él llegó a inocular fanatismos por 
el pensamienio republicano durante su lucha contra el monarquismo 
porteño definitivamente vencido en 1820. 

IjOs historiadores antiartiguistas hain llamado bárbaras a esas po- 
blacioTies fanatizadas por el Jefe de los Oiientales y Protector de 
ilos Pueblos Libres. Pero la fnneión política que ellas realizaban, 
era la función progresista y civilizadora, que rompía los moldes 
estrechos de la vida colonial, pñra crear el gobierno propio y dar 
expansión plena y vigorosa a todas lae fuerzas comprimidas durante 
trps siglos de lutelaje abrumador. 

Suprímjruse a Artigas del escenario de la Revolución, en el ic- 
ríodo de 1811 a 1820, que es también el período de formación vigo- 
rosa de Jos pueblos del Río de la Plata, y las provincias argentinas 
habrían eonstituído lógica y naturalraiente iina monarquía, y no una 
monarquía autónoma, sino una monarquía tributaria de otras más 
fuertes que habrían reanudado con ligeras variantes el régimen del 
coloniaje español. 

La soberanía popiilar y la dictadura gubernativa. 

No es aplicable ciertamente al Río de la Plata este cuadro de 
Vicuña Mackenna acerca del ]-»ueblo tihileno al iniciarse la Revolu- 
ción de la independencia : 

'Tin una cama de pellones, con uti burdo rebozo de bayeta echado 
a la cabeza, que le tapal)a la vista, el alma remojada en agua 
bond'í:) V los labios húmedos de vaporoso chacolí, dormía Chile, 



370 EDUARDO ACEVEDO 

joven gig-ante, mauso y j^orilo, huaso, semibárbaro y beato, sii fiesta 
(le coáono, tentlido entre viñas y sandiales, el vientre repleio de trigo, 
para no sentir el hambre, la almohada repleta de novenas para no 
tener miedo al Diablo en una obscura noche de reposo. No había 
por toda la tierra niin so]a voz ni soñnl de vida y sí solo hartura 
y ipereza". 

Las inviiMoiit's m^ic^as iiabum (Íc'síiltuuío ya ai coiony del Kiu 
de la Plata, política y económácamente, cuando estadio la contienda 
ton la metrópoli. Pero la Revoiación resultó piara el pueblo sim- 
plemente un cambio <le amos: en vez del amo español, un amo 
porteño que se suplantaba al derrocado, en el ejercicio de todas sus 
atribuciones y que hasta lo excedía en privüegios irritantes. 

''Forzada así por loe sucesos — ha dicho el doctor López reli- 
riéndose a la Junta Gubernativa de Mayo — a convertirse en un 
poder militar y adesivo, tuvo que ser un poder despótico, al mismo 
tiempo que un poiler de oipinión. Y así fué que delante de su 
influjo prepotente y absoluto, hubieron de caer por el momento 
todas las garantías del nuevo régimen, y con ellas todas las foraias 
que atemperaban el 3>oder público, para no dejar miáis autoridad en 
pie que la que debía encabezar y armar el movimiento del país. 
Era oiiesitión de vid.a o muerte; y bien sabido es que en estos casos 
no hay lugar para la libertad ni para otra lucha que la de las dos 
banderas que se dísputaiban la soberanía. Imposible fué en los 
diez primeros aiíos, de 1810 a 1820, asegurar sobre un feíreno sóHdu 
o! sistema de garantías y de procedimientos que constituye 
bienio representativo". 

Para dos proceres de mayo, el ipueblo carecía de derecluis, y en 
consecuencia, podía pre&cindirse de su voto en las decisiones polí- 
ticas de más alta importancia. Nada lo demues-tra tan concluyen 
temente como hís i-xlanes monárquicos de que acabamos de hablar. 
Los DirecttH'ios, lo mismo que los congresos, se consideraban habi- 
litados vpara, ofrecer tronos & todas las dinastías de la tierra, sin 
consultar absolutamente a los gobernados y desconociendo, »] con- 
ti*ario, sus votos y aspiraciones republicanas, en ne-^ociaciones di- 
plomriticas tenebrosas y debates parlamentarios que debían mante- 
jierse reservados *b«jo apercibimiento de muerte, como de ello ofrecí- 
ejemplo el Congreso de Tucumán al discutir en 1817 In fórmula .!• 
¡'lianza con los portugueses p«ra apurar la conquista ' ' " 
yincia Orientail. 

Artigas, en cambio, sólo i¥)tlía vivir en contaeto directo vami «1 

crisis. 

En la víspera del levantamiento del primer -ilu», ' .niina a i-».-^ 



MANUAL DE HISTORIA URUGUAYA 371 

orientales para piersuadi riles do la 'necesidad file liaeei-se representai' 
en el seno del Gobierno Ai-gentino, y obtenía en esa asanublea inicial 
la jefatura de sus compatxiotas que en seguida ío rodeaban y lo 
seguían hasta el canapamento del Ayuí. 

Más tarde, durante el segundo sitio, al recibir la eomunicaeión 
en que se le exigía el juramen-to de obediencia a la Asamblea Cons- 
tituyente argentina, llamaba al pueblo a elecciones y reunía el fa- 
moso congreso de abril de 1813, ante ©1 oual resignaba su autoridad 
y solicitaba instrucciones que lo habilitaran para resolver el pro- 
blema que acababa de plantearse, y que por su naturaleza estaba 
fuera del alcance de sus atribuciones como jefe militar. "Yo ofen- 
dería altamente vuestro carácter y el mío, decía a los diputados allí 
reunidos, vnilinerando enormemente vuestros derechos sagrados, si 
pasase a resolver por mí una materia sólo reservada a vosotros". 

Miás tarde todavía, cuando las derrotas que le infligían los por- 
1 iigueses se agravaban con, laa hostilidades del Directorio argentino, 
y alguien hablaba asimismo de la necesidad de someteree sin con- 
diciones a la Unión Nacional, volvía Artigas a reunir un congreso 
y allí resignaba su alta investidura y afirmaba su propósito de 
acatamiento a todo ilo que el patriotismo y las necesidades del mo- 
mento pudiesen imponer a sus conciudadanosi, elocuente prueba de 
la que tenía que surgir y surgió con nuevos y mayores prestigios. 

Señalamos simplemente la actuación de Artigas en ti'es períodos 
extremos de su larga y accidentada campaña cívica, llena de otros 
incidentes reveladores de su invariable acatamiento a la voluntad, 
popular, lo mismo en el ejercicio de su mandato de Jefe de los 
Orientales, que en su suiprema magistratura federail de Protector 
de los Pueblos Libres, dentro de la cual, valga el testimonio irre- 
cusable de los historiadores provinciales, gozaban las Provinciasi 
de la elección libérrima de sus autoridades, y se respetaba amplia- 
mente la autonomía de las autoridades así surgidas. 

Es que ilas ideas y los plames de Artigas, eran también las ideas 
\ los planes de las provincias que lo aeataJban, y entonces las san- 
ciones populares servían para afirmar y robustecer al mandatario, 
en vez de dificultar su marcha, como se la dificultaban a la oligar- 
quía gobernante, obligada a ocultar sn^, iilnno^ y snw idn.m pnra evitar 
i as (protestas de los gobernados. 

El régimen federal y la campaña artiguista. 

Es miáis acentuado todavía el antagonismo entre Artigas y los 

'!>ró(íei'es de la Revolución, en materia de autonomías provinciales. 

El plcl)isr'ito del 25 de mayo parecía encaminado a la eonsa- 



ST2 EDUABDO ACE\£DO 

iiLiviÓ!) di' esas autonomías provinciales, desde qae mandaba coii- 
vooiir 11 ios vecindarios para la elección de <lii)utados oneargad<i.-> 
de diclu-r la forma de gobierno que considei'aseu más conveniente. 
Poro, la clase dirigente se encargó en seguida de desviar ese grande 
y fecundo impulso inicial, transformando a los aniembros de un con- 
greüo constituyente en resorte? de la Junta Gubernativa, donde de- 
bían quedar inutilizados o, como dice el doctor Ló|]>ez, "iivfluenciados 
]Kn- el medio revolucionario de la capitail''. 

Se quería de todos modos concentrar en Buenos Aires la direc- 
(ión única e irresponsable del gobierno. Y por eso se aplazaba la 
Constitución y se convertía a las 'provincias en simples cusas, dc*;- 
provistas de derechos y de fueros, como que hasta sus mismos man- 
datarios debían salir de da prepotente y avasalladora capital. 

Para Artigas, en cambio, el principio de la unión nacional estaba 
sulMn^linado a la constitución y a las autonomías provinciales. 

*'Va a contar tres años nuestra revolución, y aún falta ima sal- 
vaguardia general al derecho popular. Estamos aún bajo la fe de 
los hombi"cs, y no aparecen las seguridades del contrato. Es muy 
Teleidosa la probidad de los hombres; sólo el freno de la constitu- 
ción puede afirmarla". 

Tales eran sus ipalabras a los diputados orientales del o«xngTes'> 
provincial de abril de 1813. Y dando una fórmula concreta y defi- 
nitiva a los que debían ser intérpretes de sais ideas en el Congreso 
Constituyente argentino, exigía como condicióai indeaünable de in- 
corporación de la Banda Oriental a las Provincias ünidjts, e! 
régiint'u federal existente en las Estados Unidos, con su gi-... 
nacional y sus gobiernos proviaicialos, distribiiídas en tres podero. 
legislativo, ejeo.itivo y judicial, independientes en sus facultades 
y limitados por h)s derechos del hombre y del ciudadano y por 1m 
fueros proviuciaí'es, en forma de evitar el de8i>ol¡smo interi) 
subyugación de unas provincias por otras. 

Las declaraciones CA>ncretas formuladas en esa oportunidad j)"" 
Artig:i«, signen exteriorizando el ideal del jjctriotismo argentino, y 
ya hemos dicho que antes que Artigas nadie absolutamente en el 
Río de la Plata sabía lo que era el régimen federa»), ni tenía 1.) 
más remnta noticia de lo que ese régimen significaba, incluso Ma 
nano Moreno, el numen de la Revolución de Mayo, para quien 1 1 
federalismo consistía exclusivamente on una liga de todas üas nacion<^ 
de la América esipañola. 

Se ha avanzado, con el propósito de ülevar a otras cabezas la 
aureola, que Artigas era adversario decidido de la unión nacional. 
ouando es lo cierto que on todos y cada uno de los grandes inci- 
dentes de su campaña contra el centralismo monárquico de la oli- 



MANUAL DE HISTORIA URUGUAYA 373 

garqaiía porteña, exigió siempre d mantenimiento de la unidad sobre 
la base indeclinable de instituciones que estuviesen arriba de la 
voluaitad omnímoda y caprichosa de /los gobernantes. 

''Exaüiinad, decía, a los diputados provinciales del congreso de 
abril de 1813, si debéis reconocer la Asam^blea por obedecimiento o 
por pacto. No hay un salo motivo de conveniencia para el primer 
caso, que no sea contrastable en el segundo, y al fin reportaréis Iíl 
ventaja de haberlo concillado todo con vuestra libertad inviolable. 
Esto ni ,pior asomo se aeerca a luia separación nacional: garantir 
las consecuencias del reconocimiento, no es negar, el reconocimiento". 

Y de ese programa escrito en la línea sitiadora de Moiitevideo, 
no iie apartó jamiáB, ni aún bajo la pi*esión de los. cruetles y euonnes 
desalientos que le u^roducía la actitud del Gobierno de Buenos Airesy 
al subyugar a las demás provincias y entenderse con el conquista- 
dor extranjero para exterminar a las disidentes. 

liase dicho y repetido también que el génesis del federalis.uio im- 
perante hoy en la Ilepúbiiea Argentina, se remonta a la convención 
del Pillar, obra de Ramírez y de López, que hacían prevalecer su 
nacionalismo sobre la política separatista de Artigas, siendo así que 
los lieehos y los documentos de la época iprueban irrecusablemente' 
que esos dos caudillos actuaban simplemente como tenientes del 
artiguismo, y que su iprogi-ama federal era el del jefe que los había 
puesto en movimiento contra el Directorio y el Congreso, aún cuan- 
do llegado el momento de suscribir el pacto recibieran del mismo 
Gobierno de Buenos Aires impulsos y elementos para desconocer 
la jefatura de Artigas, o, más bien dicho, para suplantarse a ella. 

Artigas fundador de pueblos. 

¿Representará algo miás, Artigas, en el génesis de las naciona- 
lidades del Río de ila Plata? Si es el aipóstol y el portaestandarte 
de la idea federal hecha carne finalmente en la República Argen- 
lina, ¿podrá figurar también entre los preeniisor-es de la "República 
Oñenta! del Uruguay?". 

(-orno Jefe de los Orientales, puso a contribución todas las extra- 
ordinarias cualidades de que estaba dotado para formar un pueblo 
lie grandas tradiciones propias y de vigoroso relieve internacional. 

Obra suya, exclueivamente suya, fué la insurrección de la cam- 
paña oriental en 1811, coronada por la victoria de Las Piedras y 
t'l eslableeimieuto d«l primer sitio de Montevideo. 

(Cuando la oligarquía iporteña, alannada por los prestigios de esjx- 
obra, decretó el levantamiento del sitio. Artigas reunió a sus com- 
jíatriotas para decirles que estaba dispuesto a oontinnar la lucha. 
a falta de a!'raa.s, "eo)i ipalos, con los dientes y con las uíías!" 



o74 EDÜAKDO ACEO.iK» 

No pudo hacer erectivüti sus propiósitvrs r .i t.^vr- iuuinciiiue.. a r;iii>a 
de actos del Gobierno de Buenos Aires que iaolinaban al ajjlaza- 
mieuto de la guerra; y se retiró a la otra margen del Uruguay, 
seguido por el pueblo oriental, que lo había aelnnmdo jefe y que 
estaba resuelto a compartii* su suerte, y que en prueba de ello diri- 
gía una reipresentación al Gobierno Argentino, <liciéndole que seguía 
al ejército, porque no podía encorvaiisc de nuevo Ixijo el yugo ex- 
tranjero y porque quería vivir en cualquier otro punto ilibre del 
continente americano, hasta que la justicia se ciuufpjiera lainbit'n eii 
su prajiia tierra. Los hombres de aquel tiempo, ha dicho el coronel 
Cáceres. respiraban patriotismo hasta por los poros. 

Libada al fin la hora de reani»dar la lucha contra los esipañoles 
y los poi-tugueses, volvió Artigas de la emigración, y ai! frente siem 
pre de su -pueblo continuó la campaña mdütar, a la vez que en me- 
morables congresos iprovinciales despertaba y educaba el sentimiento 
cívico de sus compatriotas. 

Pero .s-u obra vigorosa, y definitiva de consolidación del Pueb!" 
Oriental, se desarrolló m(ás tarde, en los cuatro años corridos desde 
181() hasta ]820, defendiendo pajlino a palmo el territorio nativo 
contra la conquista portuguesa. Había dicho al CabiHo, a raíz de 
sus ]>rimeras derrotas, "que la camuña »<■ teñiría en sangre antes 
que el iporbugués la dominase", y cimiplió su .programa con una 
cf^mstancia y un entusiasmo tan eaionaemente contagiosos, que su? 
soldados volvían a buscarlo, a raíz de sus derrotas, resueltos como 
íl a no aceptar en ninguna fonraa la subyugación de la Patria. 
Cuando todos se doblegaban ante la conquista prepotente y desaipa- 
reoíau uno tms otro dos cuerpos de ejército escalonados para bi 
defensa del tenntorio, él volvía a levantar su bandera de reconceti 
trnción de los dispersos, eti medio de colosales ipruebus de oljsecuen- 
<.ia a los princifiños i>olílicos proclamados, como lo atestigtia su 
resipuesta a los capitulares de Montevideo que a cambio de auxilios 
de guen"a entregaban a Pueyrredón el dominio de la Banda Orlen- 
íail sin instituciones de garantía: "el Jefe de los Oinentales ama 
<lemasiado su patria para sacrificar este rico patrimonio al bajo 
precio de la necesidad". 

¿Qué rdfk necesita Artigas par» ser considerado fundador dol 
Pudblo Oriental, si con su sangre, su constancia, su lieroísmo. su 
desinterés, su carácter y sus principios políticos, creó vínculos que 
antes no existían, entre todos los habitantes del territorio, les dio 
tradiciones de gloria, despertó siis sentimientos cívicos y e<lucó e3 
cariAcler nacional en la escuela del sacrificio a los intereses genera- 
les, de 1h.<í altiveces de coivducta y de la consecuencia a los principios 
jqjwiblicanos, cuando todo su medio ambiente era fwesa del desalien- 



MANUAL DE IIISTOlíIA URUGUAYA oTá 

to, de los temores del momento y de l:i falta de grandes y nobles 
ideales? 

Una sola cosa no hizo Artigas : estimular entre sus eomi^atriotas 
la id«a de segregarse de las Provincias Unidas para organizar una 
repiWica independiente. Si hubiera sido un caudillo del moílde 
común, como cualquiera de los que surgieron en el país después 
de su eliminación absoluta del escenario, la idea de presidir una 
repúíblica sobre la base de la Provincia Oriental y hasta de las de 
Entre Ríos, Connentes y Misiones, como reiteradamente le ofreció 
al Gobierno Argentino, habría constituido su grande y realizable 
aspiración del momenito. Pero Artigas, que era una gran cabeza, 
a la par que una gran voluntad, quería una patria amplia y pode- 
rosa, eompuasta de todos los pueblos del Río de la Plata, que 
entrarían a ella con su organización propia, con sus .poderes legis- 
lativo, ejecutivo y judicial, con sus derechos garantidos y en plena 
actividad, a la somlDra de una constitución que sólo acordaría ail 
gobierno central la adlministraeión de los intereses generales, y que 
al arrancar el asiento de ese poder de la ciudad de Buenos Aires, 
donde dominaba la oligarquía monarquista y centralista, lo trasla- 
daría con toda seguTÍdad a la de Montevideo, convertida así en 
cabeza de la nación más fuerte de la América del Sur. 

Se hizo finalmente carne el pensamiento de Artigas en la Repú- 
blica Argentina. Pero la Provincia Oriental, que los Directorios 
habían entregado a la conquista ¡portuguesa, no ipudo seguir la 
misma suerte. Disputada por argentinos y brasileñoiSi, hubo que 
canventiirla, para que la balanza no se inclinara a un lado más que 
a otro, en república independiente, vale decir, en lo que Artigas no 
haVía aceptado antes y no habría aceptado jamás en su noble obse- 
sión de constituir la gran federación del Plata. 

Quiere decir, pues, que Artigas es realmente el fundador del 
régimen federal argentino, y que su estatua surgirá en la Plaaa de 
Mayo, algún día, cuando desaparexea la tradición de inconcebibles 
calumnias amasadas por el odio a sus principios (políticos hoy triun- 
fantes, aunque todavía no enteramente glorificados por ila aplica- 
ción real y efectiva del institucionalismo norteamericano que él pro- 
clamaba; pero quiero decir también que no es el fundador, ni si- 
quiera el precursor de la "República Oriental", que a ese título ni 
podiía ni debería erigirle estatua alguna, sin falsear la verdad 
histórica . 

Pueden tranquilizarse, sin embargo, ilos orientales. Eso no ameji- 
gua el prestigio del gran personaje, ni aún del ¡puiuto íle vista de! 
patriotisimjo local. Porque si es cierto que Artigas quería constituir 
una patria amplia y poderosa, no es menos cierto que en su fecundo 



'.jIÚ EDUARDO ACKVEDO 

l>laii; la Pruvincia Oriental <lebía ser la cabeza del colocuj sudameri- 
rauu, y para qiu» tisii cabeza tuviera verdadero valor i'ii 
tle-sarrokló cu ella, eu odio años de liicbas g^igaiitescas. v 
y ejemplos de los que más dignifican y retemplan a los pueblo.^, 
haala el extremo de que puede decii-se que si falsea la historia el 
(jue aíirma que Artigas t« el fundador de la "Rejpública Oriental'', 
también la falsea el que itóegura que esa inde})endeiu'ia fué mi re- 
galt» de la Inglaterra, del Brasil y de la Argentina, desde que Ar- 
tigas había formado uii pueblo de hombres libres coa enei'^ías para 
reivindicar sus destinos contra todas las dominaciones y contra to- 
das las imposiciones de la tierra. 



La bandera de Artigas era de humanidad y de orden. 

De la orientaeión de la Revolución de Mayo, da idea el célebre 
dictamen de Mariano Moreno sobre los medios pnftcticA>s de con»*»- 
lidar la lilwrtad e ¡n<lej>endencia, consistentes en ''cortar cal}eú:ii^. 
verter sangre y sacriücar a toda cosia", y no simplempnte sobre el 
■puj>el, como «lo demuestran las ejecuciones de Liuiers y de sus com- 
jiañeros de (V)rdobii, _y las de Nieto y sus (H>ni})añeri'« del Alto Terú. 

Ya había hecho correr sangre de prisioneros el terrorismo de la 
Revolución Francesa infiltmdo a los proceres de Mayo, cuando ajpa- 
reció Artigas en el escenario de I:» Banila Oriental. **la Calabria 
del Plata'', según el doctor Vicente F. López. 

Peto el Jefe de .los Orientales?, lejos de obedecer al sangriento 
impulso argentino. y a la tradición de calumnias inventada por Cavia, 
proclamó la doctrina de que la vida del prisionero es sagrada, y de 
acuerdo con ella entregó al Virrey Klío todos los heridos españoh^'i 
que habían caído en el campo de T>as Piedras, y ivmitió U»8 • 

prisioneros a dis|>osición de la Junta de Buenos Aires?, Iw-i.. 

»1e<wión que tenía que imponerse y se impuso a hw proceres de Mayo 
y les dio tema ipai*a declarar justamente en el primer aniversario 
de la Revolución, "que la>* buenos militares hacen la guerra sin 
(.fender los derechos de la humanidad; que su .saña »*«ílo se dirige 
contra los que tienen las armas en la mano: que la clemencia ocupa 
su lugar desde oí instante en que las rinden, porque saben que la 
victoria no es un títu'lo para Irata-r ninl a los vencidos". 

Y de ese camino no C(»nty7nioran arrnncarlo lr»> nrá.^ iri'aiidle.^ 
excesos de sus antagonistas. 

T^ guerra civil, que es geneiiiítin-iii«- m inn> <(ui| \ >íiii>;hiíi.íi i.i 
lie tmlas las guerra.s. sólo suscitaba en su alma, inñnita coimiisera- 
ción. Dígalo sn oficio de •'» de novieralMe de 1814 al comandante 



MAXUAL DE HISTORIA URUGUAYA 377 

tlou Bla-s Pico, proponiendo después de una larga y victoriosa eam- 
paña al canje de todos los pirisioneros, para que "los infelices (es 
Artigas (juien habla) gocen de tranquilidad en el seno de sus fami- 
lias y demos una lección al extranjero do que los americanos son 
dignos de mejor suerte''. 

No era otro el amlbieute de Purificación, donde los prisioneros de 
guerra recuiperabau de ordinario su libertad, como de ello ofrecen 
decisivo testimonio el general Viamonte, el coronel Holemiberg y 
todos los jefes y oticiales que constituían el estado mayor de esos dos- • 
mili! ares y los jefes engrillados que el Gobierno de Buenos Aires 
envió ailí a raíz del derrumbe de xVlvear para que Artigáis pudiera 
hacer mi acto de veng'anza. 

Y durante la guerra con los portugueses, cuando las represalias 
podían encontrar su más amplia y decisiva justifieaeión, Artigas 
remitía prisioneros a Santa Fe, al solo efecto de que estuvieran 
seguros, mientras los ejércitos de la capitanía de Río Grande dego- 
llaban sin (piedad a los hombres, a las mujeres y a los niños que 
caían en S'US manos. 

Se tra.ta ele un amplio isistema de resipeto a la vida y lambiéu a 
ÍMS intereses, según lo demuestra el hecho de que al mismo tiempo 
que en toda la América recorría victoriosa la bandera de las expo- 
liaciones. Artigas renunciaba en 1815 la jefataira de los orientales 
ante la insistencia del Cabildo a imiponer contribuciones al vecin- 
dario exhausto, y expresaba ail comandante don Ricardo López, a 
raíz del desastre de Tacuaremibó, que para reorganizar sus fuerzas 
sólo contaha con los ofrecimientos espontáneos del vecindario, pues 
él no se atrevía a sacar nada a viva fuerza! 

(uñando así hablaba, ya había sabido caracterizarse Artigas en el 
uobierno pior altas condiciones pai'a inculcar a sus conciudadanos 
hiílbitos de trabajo; por «1 espíritu de justicia eti la resolución de 
iodos los conflictos; ,por su principio invariable de que paira cada 
empleo es necesario buscar al homba'e más apto, aún cuando el 
candidato sea enemigo personal del gobernante; por una tendencia 
uTarcada a la honradez administrativa y al desarrollo del más amplio 
contralor de los funcionarios públicos y de sus actos. 

Dentro de ose proginima de humanidad y de orden, puede expli- 
(;arse otra de las peculiaridades de Artigas : su constante adhesión 
:i todos los hojnbres que se destacaban por la virtud o por el talento. 
Al producirse ila invasión portuguesa, estaban al frente de los más 
■\ltos puestos públicos y de consejo, don Dámaso Larrañaga, don 
Miguel Barroiro, don Joaquín Suárez, don Juan José Duran, don 
Juan Francisco Giró, don Tomás García de Zúñiga, don Lorenzo 
Justiniano Pérez, don Juan María Pérez. En cuanto al ejército, 
"muolias veces le oí laraientarse, dice el coronel C;iceres, de que 



oís EDUARDO ACEVEDO 

pocos hijos de familias distinguidas quisieran militar bajo sus ór- 
denes, tal vez por no ipasar trabajos y sufrir privaciones*'. 

Y eso, no obstante que sus avanzadas idea^ i>olíticas lo divori'in- 
ban de la mayoría de los hombres ilustrados de la RcvoluciÓTi, rv 
sueltos a 'raajitener los moldes centralistas y monárquicos de la hr 
i'encia colonial . 

Artigas y Washington 

Ningún otro (piersonaje de la Revolusión sudamericana agruTia 
así tantas cualidades descollantiee . 

Todos los proceres de Mayo, y en general, todos los proceres de 
la Revolución sudamericana, eran monarquistas, por razones per- 
manentes los linos, .por circunstancias del momento los otros. Nin- 
guno de ellos se encontraba habilitado, en consecuencia, para ejer- 
cer el apostolado de la nueva idea. Rom{)ían con mano vigoro«i 
loe mold/es del coloniaje español, y en eso hacían gramle y fecundo 
apostolado. Pero, llegado el momento de la reconstrucción, en rey. 
de ir derechamente a la organización institucional de las fuerza.s 
libertadas, volvían los ojos a las monarquías eurojieas y aguarda- 
ban de ellas la organización y el im<pulso que no se atrevían a 
buscar dentro de las (propias fronteras de la Patria. 

Hay que alzar ila vista hasta Washington, como lo hacía Laara- 
ñaga, el sabio de la Revolución, para el estudio comparativo dei 

.7,.f,. ,1,. 1,»^ (hiont.ilrv; V T'rntivt.),- do 1..-; Pilolilix LilílV?! 



CAPÍTULO XXXII 

ARTIGAS ISN ni^ PARAGUAY 

Los perseguidores de Artigas, perseguidos a su tumo. 

No alcanza i'oii a gozar de su íriuufo los dos instrumentos de que 
Sarratea se había vailido para destruir el protectorado artiguista: 
Ijópez y Ramírez. 

Pendiente todavía la guerra entre Ramírez y ArLigag, y explotan- 
do precisamente ila disgregación del ejército que había triunfado en 
Cqpeda, el Gobierno de Buenos Aires resolvió apoderarse de la 
Provincia de Santa Fe. 

Véase «ómo explicaba el Gobernador Lóípez al Cabildo de Buenos 
Aires la celada de que había sido objeto a raíz de la celelbración 
del tratado del Pilar: 

"Pasados aquellos días aciagos, no siendo ya necesaria la per- 
manencia deil ejército, a la primera insinuación del Gobierno, orde- 
namos su retirada con la satisfacción de haber observado durante 
el tiempo de nuestra permanencia en Buenos Aires una conducta tati 
liberal como imparcial. Volvimos persuadidos de que jamás ya 
seríamos obligados a derramar sangre americana, porque creíamos 
en las promesas del Gobernador y confiábamosi en los esfuerzos de 
unos americanos hartos de experiencia y de sufrir opresiones". 

"Mas en vano : no halbíamos pasado San Aiitonio de Areco, cuan- 
do interceptábamos cartas del general Soler al coronel Vidal, pi- 
diéndole unirse y organizar una fuerza respetable contra los tu- 
nantes que les habían dado la ley: así se expresaba para señalar 
a los que habían cansado con abrazos en demostraciones de grati- 
tud : .para que Buenos Aires obtuviese otra vez el rango que de 
justicia le correspondía". 

Riamárez, que ya había vencido a Artigas y que activaba su per- 
secución, respondió, a mediados de junio de 1820, al llaimiado del 
Golbernador de Santa Fe con un manifiesto en que anunciaba su 
propósito de marchar contra Buenos, Aires, invocando : "haberse 



380 EDUABDO ACEVEDC 

(juebrantadu el tratado del Pilar por el Gobierno de dielia I^rovin 
cia, que liasta buscaba ascsinoe que atentaran contra su vida". 

Ante la nueva lu-remetida el (jobiernu de Buenos ^Vires cambi»' 
de táetica: lU'upust» una fónnula que luomontáneameute iranqui 
lizaba a Santa. Fe, sobre la base del inmediato saeiiticio de Kamínv.. 

Ya estaba detinilivamente terminada la contienda artij^ústa, cuan- 
do Ramírez se vio obligado a solicitar el concuiiio de Lújkcz i-onUa 
liuenos Aires. "El gran juieblo duerme y niarc'.u» poi torconi v<;' 
a recordarlo", decía en su proclama. 

Pero Santa Fe, lejos de responder al llaiuiulo. >c juepan) pai;i 
Ja guerra. Un fuerte ejército ai'gentino al mando del coronel La 
Madrid juaichó en su ayuda y Uei;ó en momento «»]v)rtuno, cuando 
las primeras fuerzas sjuitafesinas ei*au batidas y el doctor Seguí. 
Ministro de López, proclamaba a los furtivos en términoe vibrantes : 
**Ciuda(buu>s: ¿quién comipra valor? ¡Yo vendo!". 

Fué también den-otado el ejército argentino; ^ro gracias a su 
coiucui-so pudo López rebacer sus fuerzas y vencer a los entrerriand- 
eu el encuentro ftnai. 

líamíi^z abandonó el campo de ibatalla con una petiueña ooluraua 
en la que nuirehaban el corone! Anacleto Meiiina y el padre M' '• 
rrotío, dos de Iok sei*\'itloi"es de Artiga.s. Pero fué muerto du- 
la persoeución, y su cabeza enviada a López, quien la embaló en 
un cuero de carnero con orden de <|ue fuera t^oltM-ada dentro dv 
una jaula de hierro en la iglesia Matriz de SaJita Fe. 

Azolvamos a Artigas. 

La entrada de Artigas en el Paraguay. 

Fl dictador Francia ha descrito así la lleirada del Jefe n 
Orientales el 23 de septiembre de 1820: 

''Artigas, i'edíicido a la última fatalidad, vmo i-.iim<> iuliuvo ..; 
pas4» <le Ytapuíi y n>e hizo decir que le penniticse \i!asar el regtt^ 
de sus días en algún ipunto de la república, por venst; fK'rst^guid» ■ 
aún de los suyos, y que si no le conceílía este refugio iris: a 
meterse en los montes. Fjra im acto no sólo de humanidad sin»» 
honroe»o para la República conceder un asilo :v am jef«' desuracia*!" 
í|ue se eiitregíiba. Así, mandé un oficial con 20 húsal-t«^ |iira qnr 
Jo trajesen, y aquí se le tuvo red tuso algún tiempo en el c<mvenl*' 
de Ib MctcxhI, .sin }>ei'mitirle comunicación con gente de afuera, "i 
haber ijwdido jamás hiJblar conmigo aunque él lo deseaba". 

Agrega (pie llegó "sin más vestuario ni tv^uipaje que una eha<, 
<'ol<»rada y mía alforja", y que despiu's de haber ¡lennantrido .' 
tiempo en el convento de la Merced, faé enviado a Curugnatí coi. 
' ' sirvientes que lU'vnibn y un asistente que se le dio. 



MANUAL DE HISTORIA URUGUAYA 381 

Artigas relata su entrada al Paraguay y su régimen de vida. 

Eu 1846 fué visitado Artigas por su hijo José María, y he aquí 
las dtealaraeiones qite hizo el ilustre proscrito en lai oiportumdad : 

Pudo seguir luchando contra Ramírez, porque todavía conservaba 
fuerzas a sus órdenes, "]:>ero el dolor que le causaban los males de 
una guerra fratricida y prolongada... tuvo tal poder en su cora- 
zón, que le decidió a abandonar todo y buscar un asilo en el Para- 
guay" . 

En su eaompamento de Corrientes, recibió la visita de dos caci- 
queas del Chaco que iban a ofrecerle tropas, que él no acepitó. 

Tanibién recibió allí un oficio del Cónsul norteamericano radicado 
en Montevideo, ofreciénidole elementos y recursos para trasladarse 
;t Estados Unidos, y seguridades de que el Gobierno de Wiáshingtou 
lo recibiría con verdadero placer. Pero él se limitó a agradecer la 
generosa invitación, ñrme en su proipósito de dirigirse al Paraguay. 

Llegado al término de su viaje, con algunos oficiales y soldados 
libertas, solicitó autorización para entrar en territorio paraguayo, y 
el dictador Francia mandó en eil acto un oficial con su respuesta 
afirmativa , 

Previa entrega de su espada y su bastón, fué introducido de 
¡loclie ei¡ la Asunción, y alojado en el convento de la Merced, donde 
permaneció seis meses consecutivos isin haber visto jamos al dic- 
tador. 

Despuós fué enviado a Curuguatí (San Lsidro) coa una pensión 
-de treinta y dos ipesos mensuales, que le fué remitida regularmente 
por espacio de diez años. 

T^i fertilidad de aquella zona inclinó su voluntaxl a los trabajos 
agríedas. Cuando Francia fué consultado sobre el particular por 
el comandante de Curuguatí, hizo averiguar si Artigas no tenía 
bastante con su pensión, anticipando que en tal caso se aumentaría; 
peí o luego de saber que lo que desealba el proscrito era distraerse, 
le proporcionó bueyes, ainados y demás útiles de labranza. 

Con sus propias 'míanos desmontó un terreno montuoso, construyó 
cuatro habitaciones, trabajó la tierra, y llegó a tener un centenar de 
cabezas de ganado y todos los iproductos de chacra necesarios para 
vivir. 

Desde eso momento resolvió distribuir entre los ¡pobres su pensión. 
Pero al enterarse de ese rasgo, el dictador suspendió las remesa? 
mensualas, juzgando que si Artigas repartía su importe, era porque 
lio 1<» necesitaba. 

F,l día del fallecimiento del dictador Francia, so libró orden de 



382 EDVAHM ACEVEDO 



lili (.'.-•iw UWll I 



iii.i Artigas. La partida eucargaúa «u- riuiii>lir la orden 
encontró al Jefe de las Orientak>s al 'pie del arado, con el pecho y 
las csjialdas desnudas para resistir el calor. Pidió y obtuvo per- 
miso pai-a ponei^se la camina y en segtiida fué tMu-oirado on un 
calabozo durante un mes, con baxras de grillos. 

Algún tieuii)a después fué trasladado a la Reculcia, disianit.' una 
l^ua de la Asunción, y más adelante se le dio en Iguialu una de 
las chacras o quiaitas de la familia del nuevo Presidente I^i>ez, qur 
«rji donde vivía, al tiempo de la visita de que nv.» ocupamos. 

AHÍ estaban oon él su viejo asistente Ijcncina y un caballo zaino 
(jue había llevado de la Provincia Oriental y en el que cabalgaba 
bauo y átgil todavía. 

Tal es f»l extracto de las apuntaciones de viaje de José María 
Artigas. 

Artigas, padre de los pobres. 

I uii(r> ún> lí'M iiinniiiis (i<' la ('it.n'a i-^uin i*>»nu'sU'^ i'ii <|iic' Artigas 

llevó on el destierro una vida desbordante de virtudes. 

Renggcr y Longohaiup, que aceptan como iwi evangelio la tradi- 
ción calumniosa de Cavia, al describir el cuadro que tenían por de- 
lante en el Paraguay, declaran, sin ambages, que Artigas "era el 
jnadre de los pobres". 

Wasliburn, que repite a Cavia en la misma fowno, tieelara <jiie 
Artigas itíalizaba ''obras de caridad nunca oídas en el Paraguay". 

Eil vicario de San Borja, Joao Pedro Gay, expresa que Artigan 
'*an la tranquilidjvd del retiro, se mostró trabajador y humano, cul- 
tivó su chacra, fué el padre de los pobres de su distrito y sirvió 
de ejemi)l() a todo* jxir su excelente conducta". 

Habla Artigas con el general Paz acerca de su pleito con 
Buenos Aires. 

El ilustre general argentino don José María Paz, que también 
visitó a Artigas en 184G, trasmilió al Presidente del Senado Ori- 
don Lorenzo Jusliniano Pérez, algunas declaraciones dol prr 
í|ne reprodujo en esta forma ¿a prensa de la époo;i 

"Yo no hice otra cosa que responder con la guerra .> nr^ m;iii^-j<»r» 
tenebrosos del Directorio, y a la guerra que él me hacía por eonsi- 
doraniKí enemigo del centralismo, el cual sólo distítba un paso del 
realistno. Tomando 'i or moilolo a los Rstados í'nidos. yo qucrí:i 



MANUAL DB HISTORIA URUGUAYA 383 

la autrniümía de las piX)viaeias, tlláiidole a cada Estado uu gobierno 
proi3Ío, su conisLitueióii, su bandeiu y d derecho de elegir sus repre- 
sentaiiteis, sus jueces y sus gobernadores entre los ciudadanos natu- 
rales de tada Estado, Esto es lo que yo había pretendido para mi 
provincia y para las que me habían proclamado su Protector. Ha- 
cerlo así habría sido darle a cada uno lo suyo. Pero los Pueyrre- 
dones y sus acólitos querían hacer de Buenos Aires una nueva Roma 
impei'ial mandando sus procónsules a gobernar a las ptrovincias mi- 
litannente y desipojarlas de toda represen t ación política, como lo 
liieieron rechazando ilos diputados al congreso que los pueblos de la 
Banda Oiiental liabíau nombrado y poniendo a precio mi cabeza". 

El Gobierno de Rivera gestiona inútilmente la repatria- 
ción de Artigas. 

Cinco años antes de esas entrevistas, en 1841, sa había intentado 
la repatriación de Artigas, con ocasión de la muerte del dictador 
Francia, que aiTaneaba por primera vez a/1 Paraguay del aislamiento 
absoluto en que vivía. 

"El Nacional" de Montevideo, que era en esa épioca el órgano 
más caracterizado de la intelectualidad argentina, inició una entu- 
siasta campaña periodística a favor de la vuelta de Artigas, sobre 
la base de un decreto salemne que abriese las puertas al glorioso 
vencedor de Las Piedras, costeara con fondos del tesoro público sus 
gastos de viaje y le otorgara todos los honores debidos a su rango 
y a sus antecedentes. 

El general Rivera, Presidente de la Rejpiública a la sazón, des- 
j achó una comisión encabezada por el ayudante mayor don Federico 
Albín, con el progi-ama de gestionar el regreso de Artigas y de 
¡.(•ompañarle hasta Montevideo. 

Ya el nuevo Gobierno Paraguayo se había anticipado a ofrecer 
¡a autorización y ilos medios para realizar el viaje, y ya Ai'tigas 
liabía contestado que quedaba muy agradecido, pero que pedía "que 
so le concediese la gracia" de terminar sus días en San Isidro. 

T.os pliegos de Rivera fueron entregados a Artigas juntamente 
con una nota del Gobierno Paraguayo, en que se le reiteraba el 
ofrecimiento anterior de elementos para emiprender su viaje de i^- 
üreso. Pero Artigas se negó absolutamente a contestar a Rivera y 
devolvió los pliegos, insistiendo eai su ¡pedido de que lo dejaran 
morir en la chacra que habitaba. 

Han quedado en el misterio las razones determinantes de esa- 
'■'-'■'■ •'■-''';. Vivo eon tnrln nrnliabilidnd nctnabnn estas cuatT<^: 



304 EDUAHlM» ACKVUX) 

La con-ducla ile Kivera a nú/, üe .la batalla tle T; 
\QZ de sejíivü" a la banda occidental, había retrogrji ,, ^ 

lierse en contacto con los comisioaiados del Cabildo, abandonajiti" 
las baiwleras cuando iriás necesidad tenía Artigas de robustecer su 
autoridad para asumir ia dirección de las iiegociiuíioncs entre el 
ejército triunfante en Cepeda y el Gobierno tle Buenos Aires; 

La conducta de sus compatriotas más culminantes al plegarle a 
la conquista portugu»a desde la ocupación de Montevideo) por las 
fuerzas de I^ecor; 

I^ incorporación de la Provincia Oriental a las Provincias Uni- 
das del Río de la Plata sin condiciones ni instituciones de ninguna 
especie, y subsiguientemente la segrejra<ción de la Provincia en fu: 
ma de república indejiendiente sólo portpie así convenía a los paíst.^ 
limítiHjfes: dos golpes de maza contra el Congreso <le abril de 1813 
y contra las ínstriufii>iies dada:?; e:i i\.--n coorluniflnd a l<)s diputados 
orientales; 

El estado crónico <ie guerra civi:! que iiaoian «i..iic'iauo y soguiau 
decretando sus propios tenientes en las luchas por la independencia. 

Y es forzoso reconocei- que hasta en ese gesto de seguir arand > 
la tierra paraguaya para buscarse el alimento con sus propias nu. - 
r.os, a los ochenta años de edad, cuando sus coiuipatriotas lo in\i- 
taban a volver en triunfo, resulta Artigas un ¡procer sin ejeraiplar 
en todo el escenario de la Revolución americana, tanto por la admi- 
rable consecuencia a sus ideaües políticos, ouanto (por el esf.ierzo que 
representa el haberse sabido sustraer a las contiendas de bandería 
personal entro blancos y colorados para no salpicar con sangre í1« 
hermanos su túnica de fundador do pueblos. 

Artigas murió casi repentinamente en su rcfiidencia de los alv»' 
dedores de la Asunción el 23 de soptiembre de 1850, el mismo día 
(ii que «imiplía treinta años de ostracismo voluntario. 

Su cadáver fué conducido al cementerio jwr cuatro únicos acoii.- 
I añantes y su asistente el negro Martínez. 

Tenía (ifl<(«?i'!i v sr>i«{ año^j «L» ivlad. Tiuf»^ liahía na('id<i pii lanio 
de 17fi! 



CAPITULO XXXIII 

CAUSAS DB I^OS Dl^SASTRieS MII/ITARES J>n ARTIGAS 
Cuatro años de incesantes derrotas. 

La lucha eini>ezada a ñnes de agosto de 1816 en la frontera 
oriental raiediante el asailto de los portugueses a la guardia del pueblo 
de Arrendondo y a la fortaleza de Santa Teresa, terminaba así con 
la expatriación de Artigas en septiemlbre de 1820, 

Cuatro años de lucha incesante en qiie Artigas había temido que 
liaeer frente a los ejercitas de ila Corte de Río de Janeiro, a los 
ejércitos del Gobierno de las l^rovincias Unidas del Río de la Plata 
y a eus propios subalternos que se retiraban fatigados, como Bauza 
y Rivera, o que volvían sus aromas contra el jefe, como Ramírez. 

¿A qué 'pueden imputai'se las derrotas militares que ensangrientan 
ese período? 

La desigualdad numérica de las fuerzas. 

Eu junio de 1816, al espoiner al Cabildo de Montevideo su plan 
de guerra, decía Artigas abarcando la totalidad de lias fuerzas dis- 
ponibles en la Provincia Oriental y en las de Entre Ríos, Corrientes 
y Misiones, a cargo estas últimas de Sotelo, Verdum y Andresito: 

"Cuento sobre 8,000 hombres prontos a abrir la campaña". 

El marques de Alégrete. Gobernador de Río Grande, asignaba a 
Artigas cifra más baja en uin oficio al Ministro conde da Barca, de 
julio de 1817. Valga su testimonio, "en ciertos momentos" las 
Tuerzas artignistas haibían subido "a siefe mil hombres", de los cuaileí. 
solamente 1,400 pudieron .proseguir la lucha contra los ejércitos de 
Iveeor, porque los demás habían sido destruidos por los ejércitos de 
Río Grande. 

Se trata todavía de una cifra muy exagerada. Al escnbir ese 

M. DK H. U.-^ 25 



&86 EDUARDO ACEVEDO 

<)fi€Ío trataba el marqués de ¿Vlegrel^ «le pouer de relieve el enorme 
esfuerzo desplegado por las divTsiones de su mando, "acusadas, decía. 
de falta de cooperación en las operaciones de la gueiTa", y es 
iiaturail que inflara las tifraü del onoai¿í?o en vez de reilucirlas. 

¿A cuánto ascendían, en cambio, las fuerza» portuguesas? 

Según la "^Memoria de los sucesos de armas", escrita en 1830 jior 
"Un oriental", que algunos liistoriadores lian atribuido a Rivera: 

"La línea de operaciones se extendía por la parte sur de la fron- 
tera de Santa Teresa hasta los pueblos de Misiones por el Norte. 
El ejército era la parte <le tierra constaba más o menos de quince 
a diez y seis mil hombres de toda arma, el cuaJ invadió el territorio 
de la Banda Oriental en tres columnas". 

Deodoro de Paíscual, que al escribir .sus ^'Apuntes para la ITit^- 
toria de la RepúWica Oriental" tuvo a su disposición los archivos 
brasileños, dice que el ejército invasor se componía de trece a ca- 
torce mil hombres distribuidos en esta forma: seia mil va la divi- 
sión ,princi|¡)aJ, a cargo del general Lecor; dos mil en da columna 
del general Pintos, que marchaíba cerca de la primera; dos mil en 
la colmnna del general Silveira; y el rest<» "" ' --^ f-.j...,., . ^ <)..i 
penerjiJ Curado y del marqués de AI^reLe. 

Don Juan Manuel